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Conferencia Pastoral 2007 | Reseña biográfica de Adoniram Judson

Reseña biográfica de Adoniram Judson

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Introducción
Cuando nuestro Señor Jesucristo se reunió con sus discípulos en una de las ocasiones después de su resurrección y antes de su ascensión, les dio lo que llamamos la Gran Comisión en las palabras conocidas que encontramos en los últimos versículos del evangelio de Mateo:

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Sabemos que muchas veces las iglesias del Señor han sido lentas en llevar a cabo esta comisión. Pero el Señor de todo poder ha hecho cosas para empujar o dirigir sus iglesias hacia el cumplimiento de su misión. Hay naciones que una vez oyeron mucho del evangelio y hoy día oyen poco. Hay naciones que por diferentes motivos no tienen el evangelio porque odian el evangelio. Algunas naciones creen que cualquier persona que no acepta a Mahoma como profeta es digno de muerte; otros países tienen la actitud que cualquier persona que no cree en el ateísmo de su país o en la idolatría de su país que esa persona es enemigo del país. Ha habido y hay naciones que deben oír el evangelio.

Durante el siglo 18 el Señor envío un gran avivamiento a partes de Inglaterra y Escocia y a las colonias de los Estados Unidos. Parece que junto con eso y como consecuencia había un despertamiento entre las iglesias sobre el deber de llevar el evangelio a las naciones del mundo que estaban en las tinieblas de las falsas religiones. Hombres como William Carey de Inglaterra llevaron el evangelio a la India y por medio de sus informes, y de otros misioneros, Dios llamó a otros hombres a dedicar sus vidas a la difusión del evangelio del Señor Jesucristo.

Uno de esos hombres llamado así y enviado para predicar la palabra de Dios a los paganos se llama Adoniram Judson, un hombre protegido y preservado y capacitado por Dios para hacer una obra grande en la nación de Birmania (llamado Myanmar hoy día). Wikipedia dice: La Unión de Myanmar es un país del Sudeste asiático antiguamente conocido como Birmania. Limita al norte con China, al sur con el mar de Andamán, al este con Laos y Tailandia, y al oeste con la India, Bangladesh y el golfo de Bengala.

Antes de seguir, quisiera mencionar que hay algunos libros disponibles sobre la vida de Judson. El libro por su hijo Edward y varias biografías breves y estudios se pueden encontrar por medio del internet (véase algunas referencias al final). Casi todo el mundo reconoce que el libro básico para un estudio de la vida de Judson es lo que se llama “Memoir of the Life and Labours of the Rev. Adoniram Judson, D.D.” por Francis Wayland, publicado originalmente en 2 tomos (disponible en un tomo todavía, pero no sé si es completo). Como veremos, Judson, destruyó o mandó que fueran destruidas a casi todas sus cartas y documentos personales. Los informes oficiales a la Junta de Misiones no fueron destruidos y Wayland tenía acceso a ellos. También, la última esposa de Judson, trabajó de cerca con Wayland para ayudarle producir las memorias. El libro titulado “To the Golden Shore” por Courtney Andersen es un favorito mio y la fuente principal de esta reseña. He leído la biografía escrita por su hijo Edward (muy interesante e instructivo), y un libro por Sharon James sobre la vida de la primera esposa de Judson, Ann (Nancy) Hasseltine, “My Heart in His Hands”.

Vamos a mirar ahora algunos datos sobre su vida y labores.

Nacimiento y juventud
Nació en Malden, Massachusetts, 9 agosto 1788 (año de la ratificación de la constitución de los EEUU). Adoniram fue el primogénito de Adoniram Judson, Sr. y Abigail Brown Judson. Aunque Adoniram fue “Junior”, su nombre a la larga fue tan famoso que casi nadie añadía el nombre “Junior”. Su padre era pastor congregacionalista, sumamente calvinista y conservador en sus creencias. Como todo pastor de su comunión, creía en el bautismo de bebés y por supuesto, Adoniram Jr. fue “bautizado” como bebé. Adoniram padre era muy estricto y tuvo grandes ambiciones en referencia a su hijo. Solo Él que escudriña todo sabe hasta donde esa actitud influyó en su hijo por bien o por mal. Años luego en su vida Judson tuvo luchas dentro de sí, y pensó que su vida había sido dominada por ambición, orgullo y vanidad – de manera que mandó que su familia destruyera todas sus cartas como una condición para que él firmara un documento legal que la familia necesitó. Aquí, tenemos que aprender los peligros de tratar de vivir a través de los hijos las ambiciones nuestras. Puede ser que sufran como sufrió Judson. Hay que reconocer que en algunas cosas Dios dotó a Judson Jr. con capacidades extraordinarias. Era un genio destinado para una obra grande. Por ejemplo: A la edad de tres aprendió a leer en una semana, y leyó un capítulo de la Biblia a su papá cuando llegó de un viaje. Pudo resolver enigmas difíciles de matemática. Su papá le dio un libro de tales “enigmas” y llegó a ser perito en ellos. Luego, a la edad de diez había hecho mucho progreso en latín y griego. Estudió navegación también. Comenzó en el segundo año la “universidad” (R.I. College) en 1804 (16 años de edad). Se graduó número uno en su clase. Ganó muchos honores.

Conversión y llamamiento a ser misionero
Judson era un estudiante excelente, pero por la influencia de otro estudiante, Jacob Eames, Judson abandonó la fe de sus padres y se hizo deísta. Tenía muchas ambiciones carnales aunque no dijo nada a sus padres. Trabajó un año en su propia escuela, pero a cumplir 20 años de edad, Judson informó a sus padres que quiso “viajar” y abandonó su hogar para buscar el cumplimiento de sus ambiciones.

Tenía el deseo de estar en el “teatro” y viajar a NY. Por unos días estaba con un pequeño grupo de actores, pero a la larga se disgusto y decidió buscar su caballo en la casa de un tío y continuar su viaje. Su tio era pastor también, pero no estaba. En su lugar había un joven ministro con el cual Judson habló y la actitud del joven le tocó, porque vio un hombre sincero, pero no severo. Luego siguió su camino y llegó a una posada. Allí la única habitación estaba al lado de la habitación de un hombre moribundo. Judson dijo al dueño del lugar que eso no sería problema, pero en realidad se conturbó por los gemidos y la lucha mortal de su vecino y comenzó a preguntarse si estaba preparado para morir, cosa que, supuestamente, no debe conturbar a un deísta. Por la mañana Judson preguntó al dueño del lugar que pasó con el hombre enfermo. Le informó que se murió. Judson pidió si sabía quién era y el hombre le dijo que el nombre del difunto era Jacob Eames. El “amigo” de Judson que le persuadió del deísmo estaba muerto. Ese golpe fue tan grande que regresó a la casa de sus padres, lleno de dudas y luchas.

Por la sugerencia de unos pastores amigos de su padre Adoniram entró en el seminario de Andover, buscando respuestas, en octubre de 1808 (20 años). En diciembre halló paz y su deseo fue saber cómo ordenar su vida para agradar a Dios.

Mediante la lectura sobre Carey, y un libro de M. Symes An account of an embassy to the kingdom of Ava, se sintió llamada a servir como misionero extranjero y a Birmania en particular.

Misionero
Adoniram Judson no fue el único hombre que tenía interés en llevar el evangelio a los países paganos. Había otros estudiantes en Andover que antes estaban en Williams College que tras un tiempo de oración protegidos de las lluvias por un “almiar” (¿sabe lo que es?) se dedicaron al servicio del Señor. Habían formado una pequeña sociedad de personas dedicadas a servir al Señor como misioneros. Judson fue invitado a formar parte de ese grupo, y unidos y llevados por el celo, lograron convencer a las iglesias congregacionalistas de formar una Comisión o Sociedad para enviar a misioneros. La Junta que tenía poder para enviar a misioneros fue establecida en el año 1810 y los primeros misioneros de los Estados Unidos a países extranjeros fueron ordenados y comisionados en el año 1812 – Adoniram Judson, Samuel Newell, Samuel Notts, Gordon Hall y Luther Rice (el único soltero). Su destino fue el sur de India.

Pero Judson hizo algo 1 día antes de su ordenación. Se casó con Ann (Nancy le llamaron) Hasseltine, mujer admirable en muchos sentidos. Su carta a su padre, pidiendo permiso de casarse con ella es extraordinaria. Como dice una reseña:

“Seis meses antes de salir para India, Judson escribió una carta al padre de ella, pidiéndole su hija. En parte de la carta decía:

«Deseo preguntarle si usted puede consentirme partir con su hija la próxima primavera, para no verla nunca más en este mundo; si usted aprueba su ida y su sometimiento a las penalidades y sufrimientos de la vida misionera; si usted puede consentir en su exposición a los peligros del océano, a la influencia fatal del clima del sur de India; a todo tipo de necesidad y dolor; a la degradación, a los insultos, a la persecución, y quizás a una muerte violenta. ¿Puede consentir usted en todo esto, por causa de Aquel que abandonó su morada celestial, y murió por ella y por usted; por causa de las perdidas almas inmortales; por causa de Sion, y la gloria de Dios? ¿Puede usted consentir en todo esto, en la esperanza de encontrarse pronto a su hija en la gloria, con la corona de justicia, gozosa con las aclamaciones de alabanza que tributarán a su Salvador los paganos salvados del infortunio y la eterna desesperación, por medio de ella?».

”Increíblemente, el padre dijo que ella debía decidir por sí misma. Ella escribió a su amiga Lydia Kimball:

«Me siento deseosa y expectante, si nada en la Providencia lo impide, pasar mis días en este mundo en las tierras de los paganos. Sí, Lydia, tengo la determinación de dejar todas mis comodidades y goces aquí, sacrificar mi afecto a los parientes y amigos, e ir donde Dios, en su Providencia, tenga un lugar para establecerme».” 1

Salieron el fin de febrero hacia India. Llegaron como a mediados de junio, pero en ese viaje algo muy inesperado sucedió.

Sus convicciones bautistas
Durante el viaje, Judson estudió sobre el bautismo. Sabía que iba a conocer y hablar con el bautista, William Carey, aunque no sabía que Carey y sus asociados evitaban hablar sobre ese tema con hombres como ellos. Parece que Judson quiso tener argumentos bíblicos sustanciales para sostener su posición al conocer a Carey. Estudiando su Nuevo Testamento en griego, llegó a creer en la posición bautista. Le puso en una posición tensa. Al principio aun su esposa se le opuso mucho. Ella no quería ser “bautista”. A la vez, otro misionero en otro barco, sin saber nada de la luchas de Judson, experimentó lo mismo, Luther Rice. No había bautistas en el barco con Judson, pero en el barco donde Rice estaba había unos bautistas y Rice había tenido unas discusiones fuertes con ellos. Aunque los métodos eran diferentes, creemos que Dios produjo en ellos la inquietud que los llevó a estudiar sus Biblias y seguir la verdad sin pensar en las consecuencias; sin influirse por otras consideraciones.

En su contemplación del tema, algo que conturbó a Judson fue: suponiendo que se convirtiera un señor con siervos e hijos. ¿Serán los siervos e hijos parte de la iglesia, porque se supone que debe bautizar la “casa” del hombre como Abraham circuncidó a todos en su “casa”?

Adoniram y Ann pidieron a los bautistas que los bautizaran y en septiembre de 1812, el pastor Ward, asociado de Carey, los bautizó en la capilla bautista Lal Bazar. Luego, Rice se convenció por completo y también se bautizó. Como una nota aparte, a la larga en 1817 el papá de Judson, 67 años de edad, renunció el pastorado de su iglesia, fue bautizado por inmersión y se unió con una iglesia bautista.

En aquel tiempo de su bautismo, Judson preparó un sermón largo sobre el bautismo que Carey, Marshman y Ward publicaron en Serampore. Audubon Press hizo una edición (en inglés) en el año 2000 que está en venta todavía (véase referencias al final).

Por supuesto, ese cambio de creencias presentó un problema serio, porque se dieron cuenta que no pudieron seguir como misioneros de las iglesias Congregacionalistas y no tenían idea si los bautistas pudieron sostenerles económicamente.

Prepararon cartas que se tardaron meses en llegar a los Estados Unidos. Informaron a la Junta misionera congregacionalista del cambio y, ayudados por Carey y asociados, suplicaron a unos pastores bautistas en los Estados Unidos de formar una sociedad y apoyarles.

Mientras tanto, otro problema enfrentó a todos los misioneros americanos. Los ingleses no les permitieron quedarse en la India. Tras varios problemas, finalmente Adoniram y Ann decidieron ir a Rangún, Birmania donde estaba un hijo de Carey (Felix), y en julio de 1813 llegaron. Vivieron con los Carey (ella portugués, nacida en Birmania), en una buena casa. Carey había hecho un poco de trabajo hacia la traducción de la Biblia en birmana.

Rice tuvo que volver a los EEUU por razones de salud y aunque quiso venir de nuevo como misionero, no le permitieron. Sin embargo, fue usado grandemente para despertar una consciencia de misiones entre los bautistas por toda parte. Se dedicó a buscar ayuda económica y otros obreros para trabajar con Judson y otros misioneros. Hizo mucho bien.

Hoy día parece que todavía hay algunos que tienen miedo de seguir las Escrituras. Siguen más bien las tradiciones humanas y argumentos racionalistas. No pueden pensar en una humillación más grande que ser llamado “bautista / sumersionista”. Adoniram y Ann Judson y Luther Rice supieron de cómo los bautistas fueron despreciados. Pero el amor a la verdad les dio el poder de echar al lado los reproches humanos. El amor a la palabra de Dios debe ser la única razón que tenemos para creer o practicar cualquier cosa que esa palabra enseña.

Trabajo misionero en Birmania
La primera vista de Birmania y de Rangún mostró a los Judson que necesitarían la fuerza del Señor. Era mucho peor que la India. Callejones estrechos, casas de bambú, pobreza grande.

En cuanto a la comunicación, aun la esposa de Felix Carey no hablaba casi nada de inglés. Era portuguesa, nacida en Birmania. No había ingleses ni americanos. Para comunicarse tuvieron que aprender el idioma birmano, sin gramática, sin diccionario y sin un maestro que sabía nada de inglés. En eso Adoniram y Ann fueron como unos niños, señalando objetos a su maestro y repitiendo lo que dijo. Se dieron a sí mismos con afán a esa tarea, pero el idioma fue tan diferente que para ellos su progreso pareció ser muy lento.

En enero (1814) se movieron más cerca a la ciudad para tener más contacto con la gente y practicar el idioma, pero tres meses después (marzo de 1814) debido a un fuego que destruyó gran parte de la ciudad, tuvieron que volver a la casa grande dedicada a la misión. Mientras tanto, Felix Carey decidió trabajar por el gobierno en Ava, la capital. Los Judson dijeron adios a Felix y a su familia. Nunca iban a ver a la Sra. Carey y sus dos niñitos más, porque Felix perdió su esposa y sus dos hijos en el viaje hacia Ava, ahogados en el río durante una tormenta.

Adoniram y Ann continuaron su trabajo en el idioma, ella usándolo más en el gobierno de la casa, pero él dominando la gramática y otras cosas para poder traducir la Biblia. Iba componiendo una gramática y una lista de palabras para un diccionario.

Miramos unas áreas específicas de dificultades:
RELIGION. Los birmanos eran (y todavía la mayoría son) budistas. No creyeron en Dios eterno, un solo Dios personal Creador. Esa idea no entró en la cabeza de ellos. Aun su idioma no tenía una manera adecuada de comunicar esas verdades. Había mucha superstición. En Rangún había una pagoda enorme, una de las maravillas del mundo, con el techo cubierto de oro, que contenía reliquias como ocho pelos de la cabeza de Gautama Buda. También, había grupos étnicos como los “karen” que eran animista.

CONDICIONES SOCIALES: En Birmania, todo dependía del favor del encargado del área, y finalmente del favor del rey. Dar regalos fue una manera de vivir. No había incentivo a los birmanos a trabajar porque si prosperaban los encargados buscaron como apoderarse de sus bienes. Por lo general, los Judson gozaron del favor de los virreyes en Rangún. Pero, en dos ocasiones Judson fue a la capital, a los “pies de oro” (al rey) para buscar permiso oficial para enseñar, porque un virrey había dado una señal de desaprobación y casi en seguida el interés que muchos habían mostrado desapareció.

COMUNICACIONES. A se tardaron meses la comunicación. A salir de viaje, si había algún contratiempo, muchas veces no había manera de comunicarse. P.e., no fue hasta 1815 que Adoniram recibió la noticia de que los bautistas de los Estados Unidos le iban a apoyar y que venía un hombre que sabía usar una prensa. Hicieron arreglos para enviar una prensa a Rangún.

En otra ocasión Judson fue a visitar un sitio y esperaban que estaría ausente como 3 meses. Nunca llegó a su destino y no pudo regresar a Rangún por 7 meses. Casi todos pensaron que estaba muerto y algunos estaban listos para abandonar la misión cuando él llegó al fin.

SUFRIMIENTOS PERSONALES: A ellos nació un bebé que llamaron Roger Williams Judson. Ese bebé trajo mucho gozo a la vida de los Judson, pero sólo vivió 8 meses. Se enfermó y murió y la tristeza fue grande. Sin embargo, reconocieron la perfección de los caminos del Señor. La Sra. Judson se enfermó frecuentemente. A la larga en 1821 Ann hizo un viaje a los EEUU buscando ayuda médica. Volvió en 1823. Judson también tenía tiempos de enfermedad de vez en cuando – dolores de cabeza fuertísimos o fiebres de la selva. Uno o dos veces un viaje por barco fue el medio propuesto para curarle, y parece que funcionó. Otras veces fue ayudado saliendo temprano a los campos montado sobre un caballo.

Vamos a volver ahora a comentar sobre su trabajo misionero: Apoyado por la persona que imprimía las páginas de su traducción y por otros misioneros que llegaron y aprendieron el idioma, Judson comenzó a enseñar públicamente. Después de 6 años vieron al primer convertido bautizado. Después de 10 años tenía el Nuevo Testamento básicamente traducido. Pero había una interrupción seria a sus labores misioneros y su vida y labor fueron expuestas a peligro serio.

El año 1923 fue el año que su esposa llegó de los EEUU. Judson estaba en la capital Ava, disfrutando algún favor de la familia del rey y de uno de los príncipes más alto del país. Pero esas circumstancias favorables cambiaron rápidamente cuando Inglaterra declaró guerra contra Birmania y comenzó a derrotar de los birmanos. Después de varias derrotas, el gobierno pensó que había espías entre ellos, y en seguida todos los extranjeros fueron considerados como espías. Un comerciante inglés había cambiado unos cheques para Judson y por eso el rey creía que Inglaterra estaba pagándole. Pronto, todos los extranjeros fueron encarcelados cruelmente en 1824 y quedaron así cautivos hasta 1826 – 21 meses: 17 en prisiones y 4 con restricciones.

Durante el tiempo del encarcelamiento de Judson su esposa se dedicó a preservar la vida, visitando, llevando comida, haciendo lo necesario para cuidar a los prisioneros. Su conducta era valiente, especialmente considerando que ella estaba encinta. Su bebé, llamada María nació en enero de 1825.

La vida de Judson estaba en peligro, pero también el único manuscrito birmano del Nuevo Testamento estaba en gran peligro. Judson mandó a su esposa a ponerla en una almohada tan fea que ningún carcelero la deseara. Así por meses, lo tenía con él. Pero, cuando al fin los oficiales birmanos mandaron que le soltaran de las prisiones, porque necesitaban su ayuda como mediador, no pudo llevar la almohada. En la providencia de Dios, un carcelero tiró la parte dentro, sin darse cuenta de lo que era, y un discípulo de Judson que fue a ver si había algo de sus cosas allí, lo encontró y así fue preservado. Dios obró en la grandeza de su providencia, y los birmanos muchas veces han llamado la Biblia birmana la “Biblia de la almohada”.

Judson pudo regresar a Rangún y allí los ingleses le invitaron a acompañarlos a establecer una fortaleza que fue llamada Amherst. (Luego, los ingleses hicieron otra ciudad llamada Moulmein, y de allí Judson hizo su trabajo por el resto de su vida, como su centro de mando, protegido por los ingleses excepto cuando hizo sus viajes.) Adoniram y Ann hicieron una casa allí. Pronto los ingleses pidieron a Judson que les ayudara en su trato con el emperador en Ava. Judson no quiso ir, pero como los ingleses dijeron que iban a buscar una clausula en el acuerdo con el emperador birmano garantizando tolerancia religiosa, Judson se unió a la embajada inglesa que visitó a Ava. Esa tarea exigió la separación de su esposa y de su niña enfermiza. Ellas se quedaron en la nueva ciudad de Amherst. Entonces vino el golpe fuerte.

Golpe fuerte
Judson sabía que su niña estaba enferma, pero no estaba preparado para la carta que llegó con el sello negro. Pensó que contuvo noticia de la muerte de la pequeñita María, pero se pasmó a saber de la muerte de su esposa Nancy, en octubre de 1826. Recibió la noticia en noviembre. La sepultaron pronto, cerca de su casa. Judson no vio el lugar de su sepultura hasta enero de 1827. Su tristeza y sentido de culpa fueron grandes. Luego su hija pequeña murió en la primavera de 1827. Después de eso recibió noticia de la muerte de su padre que había muerto unos meses antes. También murió una birmana cristiana, muy querida.

Judson comenzó un auto examen severo, pensando que la ambición le conmovía – ser el primer misionero americano, el primero en llevar el evangelio a Birmania, darles la primera Biblia en su idioma, y así por el estilo. A Judson pareció que Dios aprobó su misión, pero le hizo enfrentar a sí mismo y su amor a sí mismo con lecciones severas.

Entró en un tiempo de depresión y tendencias y prácticas místicas, buscando como morir a sí mismo y vivir para Dios. Rechazó honores; destruyó cartas que otros le habían enviado, y cartas que había escrito a otros de su familia les obligó a destruir como condición de firmar un documento legal que ellos necesitaron; hizo una disposición de sus bienes; pidió una reducción de su sueldo, y otras cosas. Por un tiempo vivía en una choza, con un hoyo en la tierra al lado, hecho para contemplar la muerte y sepultura y descomposición del cuerpo. Comió comida simple. Prácticamente no tenía vida social. Por casi un año trabajaba poco en la traducción de la Biblia. Después de un tiempo de 40 días en los cuales salió solo con su Biblia por la mañana y regresó solo por al tarde, un tiempo de contemplación solitaria en la selva (que los birmanos vieron como un milagro debido a la presencia de muchos tigres), parece que Judson se dio cuenta que esa clase de vida no era provechosa contra la carne y comenzó a dejar ese ascetismo.

Volviendo a trabajar con entusiasmo
Ya por 1830, comenzó a trabajar con entusiasmo. Los años 1831 a 1833 fueron dedicados a terminar la Biblia y al final de enero de 1834 terminó la Biblia con muchas acciones de gracias, y sintiendo cierto alivio, miró bien a su vida y también miró bien a la viuda de un misionero.

George Boardman murió temprano en el año 1831. Su esposa Sarah se quedó trabajando con los “karen”. Judson le escribió una carta de condolencia en 1831, pero parece que no había mucha correspondencia entre ellos. Cuando ella se enteró del hecho que Judson había terminado toda la Biblia, le escribió una carta alabando la traducción del Nuevo Testamento que ella leía continuamente. Parece que esa carta fue todo el estímulo que Judson necesitó ya que había terminado el trabajo arduo de la traducción. El primer día de abril de 1834 Judson salió de Moulmein para visitar la misión donde ella trabajaba. Llegó el 6 de abril y se casaron el 10 de abril. El tenía 46 años y ella 30. Su vida matrimonial fue fructífera y gozosa.

En 1835 terminó la revisión del AT, vio el convertido número 100 bautizado, vio una hija nacer, el comienzo de su familia. Su familia creció, cinco hijos sobrevivieron.

En 1840, Judson hizo otra revisión de la Biblia; siguió predicando y trabajaba en el diccionario birmano, no con gusto sino con un sentido de deber. También supervisaba a los predicadores, enviándoles a muchos sitios con el evangelio.

Otro cambio grande
Judson salió de los Estados Unidos en 1812 y nunca había regresado. Dios le preservó por medio de enfermedades, peligros de ladrones, peligros de enemigos, de los 21 meses como prisionero. En 1845, después de 33 años de servicio, su esposa Sarah se enfermó y tomaron la decisión de embarcar para los Estados Unidos, por recomendaciones médicas. Pero ella no llegó porque se puso mala en el viaje y murió en Santa Helena y allí fue sepultada. Judson continuó el viaje con sus cinco hijos.

Visitó y habló en varios lugares en lo Estados Unidos. Allí conoció a Emily Chubbock, una autora que usaba el nombre “Fanny Forrester”. Habló con ella sobre su deseo de ver unas memorias de Sarah publicadas. Después de un poco de tiempo, decidió que ella no debe escribir las memorias solamente, sino tomar su lugar. Así, Judson se casó de nuevo en junio de 1846. En julio de 1846, Judson dejó sus tres hijos mayores y se fue con Emily hacia Birmania.

Volvió a Birmania, a sus dos hijos que vivían todavía. Siguió trabajando, procreó una hija, pero su fin estaba llegando. Se enfermó y otra vez los médicos recomendaron un viaje en alto mar. Judson dejó a Emily y fue con uno de los misioneros Thomas Ranney y un siervo. Murió en el barco y fue sepultado en el mar.

De sus hijos, dos eran ministros, y también el primer hijo de Sara (George Dana Boardman). El hijo mayor era médico. Otro se unió con el ejército de la Unión la en la guerra entre los Estados y fue incapacitado por heridas recibidas. En cuanto a las hijas: la mayor fue maestra y la menor, la de Emily, se casó para cumplir la alta vocación se ser madre.

Un biógrafo comenta respecto de Adoniram Judson: «Él tenía 24 años cuando llegó a Birmania, y trabajó allí durante 38 años hasta su muerte a los 61, con un solo viaje a casa de Nueva Inglaterra después de 33 años. El precio que él pagó fue inmenso. Él fue una semilla que cayó a tierra y murió. Él «aborreció su vida en este mundo» y fue una «semilla que cayó a tierra y murió». En sus sufrimientos, «llenó lo que estaba faltando de las aflicciones de Cristo» en la inalcanzable Birmania. Por consiguiente, su vida llevó mucho fruto y él vive para disfrutarlo hoy y siempre. Él podría, sin ninguna duda, decir: «Valió la pena». 2

Dejó la Biblia en el idioma de Birmania, hizo una gramática, casi terminó el diccionario. Publicó miles y miles de tratados que el Señor bendijo. Vio a muchos convertidos y misioneros establecidos en varios lugares y trabajando con diligencia.

Judson descubrión que pudo usar dos canales para alcanzar a los birmanos: los oídos y los ojos. Los birmanos leían y por eso Judson siempre usaba tratados, muchos tratados en la obra en Birmania. Usualmente no regaló a ningún tratado a menos que la persona pidiera y entonces, no rehusó. El Señor usó esos tratados, desde el primer convertido en adelante. Había contacto personal y enseñanza y predicación, pero muchas veces los tratados fueron los medios para despertar interés y dirigir a los llamados hacia la predicación de la verdad o las clases dadas por Judson y luego por los enseñados por él.

Judson trabajaba arduamente, no sólo como traductor, sino como predicador, maestro y autor de tratados, supervisando la obra por años.

Judson era calvinista en su fe, bautista en sus convicciones y excepto por el desvío hacia el misticismo en su tiempo de depresión, un hombre estricto en todos los principios y fundamentos de la fe. Como William Carey y muchos otros de aquellos tiempos, Judson y sus esposas eran post-milenialistas. 3

Su hijo Edward comenta sobre su propósito como misionero. “¿Qué propuso este hombre joven de 25 años con su esposa joven, viviendo en medio de campos de arroz de las partes bajas de Birmania, con sus caras hacia los pueblos y ciudades llenas de idólatras…? Su propósito fue socavar una religión anciana, arraigada profundamente en el corazón y en las costumbres de 400 millones de seres humanos. No propusieron hacerles sentir las influencias por las cuales el cirstianismo sería presentado como una religión del estado y las rodillas obligadas a doblarse a Cristo… Procuraron una revolución más grande, o sea, nada menos que un cambio de creencia y de corazón de cada individuo. Los millones de birmanos tenían que ser tomados uno por uno y sus afectos dominados y sus personas transformadas por la religión de Cristo. Estaban seguros que en la masa del pueblo alrededor de ellos había un hombre acá y allá enseñado por la providencia de Dios y madurado por el Espíritu. A tal persona si la historia de la cruz pudiera llegar entonces la aceptaría enseguida diciendo, ‘Esto es exactamente lo que deseo’.”

¿Y los medios para hacer esto? Solamente el evangelio de Cristo. Las verdades antiguas.

Esas verdades contradecían al budismo por completo – un budismo sin Dios, sin alma, sin pecado.

Judson no propuso “civilizar” para preparar la mente.

“Tenía confianza implicita en la promesa de su Amo, ‘He aquí estoy con vosotros para siempre’. Creía que Cristo estaba con él obrando en el corazón de los paganos, abriendo la puerta desde adentro.”

No pensó como algunos que era inútil tratar con los viejos y por tanto sería mejor tener escuelas para niños. Había escuelas, pero subordinadas a la predicación a los adultos. Buscó alcanzar los hijos por los padres, no vice-versa.

A Judson le gustó predicar y comunicar el mensaje uno a uno y en grupos.

Su hijo también comenta sobre el carácter de su padre. Dice que era un hombre de oración, muchas veces orando mientras caminaba solo. Y comentando sobre su trato con otros, dice que había algo atractivo en su persona y conducta. “Había venido desde lejos y había sufrido penalidades porque amaba a los birmanos… Poco a poco descubrieron eso; y el poder del predicador está en proporción directa a su capacidad para inspirar confianza y afecto” 4

Cerca al sitio donde Judson nació hay una piedra con un mensaje en memoria de Adoniram Judson. Traducido a español 5 dice:

In Memoriam
Rev. Adoniram Judson
Nació el 9 de Agosto de 1788.
Murió el 12 de abril de 1850.
Lugar de nacimiento: Malden.
Lugar de sepultura: El océano.
Su obra: Los salvos de Birmania y la Biblia birmana.
Sus memorias: Están en lo alto.

Notas

(1) (http://biografas.blogspot.com/2007_03_01_archive.html)

(2) http://biografas.blogspot.com/2007_03_01_archive.html

(3) Véase Iain Murray’s The Puritan Hope

(4) Todas las citas de Edward Judson se encuentran en las páginas 59-61 del libro en las referencias que siguen.

(5) http://biografas.blogspot.com/2007_03_01_archive.html

Referencias:

Anderson, Courtney. To the Golden Shore. The Life of Adoniram Judson. Judson Press, 1987

James, Sharon. My Heart in His Hands. Ann Judson of Burma. A life with selections from her memoir and letters. Evangelical Press, 1998

Judson, Adoniram. Christian Baptism. Audubon Press edition, 2000. Based on 1846, 5th American edition of the original work done by Serampore Press (William Carey), India.

Judson, Edward. Adoniram Judson, a Biography. American Baptist Publication Society, Philadelphia, 1902 edition. This book is available on line in PDF format at: http://www.wholesomewords.org/missions/bjudsoni.html

Otras biografías breves en ingles sobre Judson: http://www.wholesomewords.org/biography/biorpjudson.html

En español:

http://biografas.blogspot.com/2007/03/adoniram-judson.html

Nota sobre bautistas en Birmania (Myanmar) que aparece en el artículo sobre Myanmar y enlaces hallados en Wikipedia via Google: …In 2003, the [Myanmar Baptist] Convention had 629,146 members in 3513 churches. Myanmar Baptist Convention has 17 affiliated conventions under its umbrella, and is a member of the World Council of Churches and the Baptist World Alliance.

A mis hermanos que asistieron la conferencia de pastores hispanos en la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, NJ, en mayo 2007, puedo enviarles una copia por correo electrónico. Sólo pido que me ayudan corregir cualquier error y mejorar la presentación. Cualquier sugerencia para hacer esta reseña más útil y edificante será agradecida.

Su hermano y co-siervo en el evangelio del Señor Jesucristo,
Noble Vater

Mi dirección de correo electrónico (email) es:
ndvater@yahoo.com

Apéndice.

Un himno escrito por Judson (en inglés).

Come, Holy Spirit, Dove divine,
On these baptismal waters shine,

And teach our hearts, in highest strain,
To praise the Lamb for sinners slain.

We love Your Name, we love Your laws,
And joyfully embrace Your cause;

We love Your cross, the shame, the pain,
O Lamb of God, for sinners slain.

We sink beneath the water’s face,
And thank You for Your saving grace;

We die to sin and seek a grave
With You, beneath the yielding wave.

And as we rise with You to live,
O let the Holy Spirit give

The sealing unction from above,
The joy of life, the fire of love.

Versión de Nicolás Martínez, en Cántico Nuevo. (Tercera estrofa alterada.)

Desciende, Espíritu de Dios sobre el bautismo a realizar;
Y haz que al Cordero, con fervor podamos juntos alabar.

Tu ley amamos, tu verdad; tu cruz tomamos con amor,
Cordero muerto por salvar y libertar al pecador.

Haz que a las aguas al bajar, podamos hoy por tu poder,
Con Cristo, muertos al pecar, gloriosamente en Ti vivir.

Y al elevarnos otra vez con Cristo en su resurrección,
Enciende nuestra débil fe, inflama nuestro corazón. Amén.

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2006 Pastors’ Conference | The Papal Antichrist II: Contemporary View

The Papal Antichrist II: Contemporary View

 

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2006 Pastors’ Conference | The Papal Antichrist II: Contemporary View

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2006 Pastors’ Conference | The Papal Antichrist I: Protestants View

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2006 Pastors’ Conference | The Papal Antichrist I: Protestants View

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2006 Pastors’ Conference | The Great Exchange

The Great Exchange

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2006 Pastors’ Conference | The Great Exchange

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2003 Pastors’ Conference | Marks of a Faithful Ministry II

Marks of a Faithful Ministry II

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2003 Pastors’ Conference | Marks of a Faithful Ministry I

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Special Conference | The Life of Lot IV

The Life of Lot IV

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Special Conference | The Life of Lot III

The Life of Lot III

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Special Conference | The Life of Lot I

The Life of Lot I

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Conferencia Pastoral 2006 | John (Juan) Bunyan -Un estudio breve

John (Juan) Bunyan -Un estudio breve

Hay un libro cuyo título en inglés The Pilgrim’s Progress, y en español El progreso del peregrino o sencillamente, El peregrino. Ese libro fue publicado en inglés en el año 1678 y ha sido publicado continuamente hasta el día de hoy en muchos otros idiomas. Incluso se han hecho películas del libro. Después de la Biblia, es el libro cristiano que más se ha vendido en el mundo. Con todo, en el entorno superficial de las iglesias evangélicas de hoy, un mundo de mucha televisión y poca lectura, hay personas que profesan fe en el Señor Jesucristo y que no saben de Juan Bunyan ni de su famoso libro.

Sé que eso no es el caso de muchos que leerán esto, y espero que este breve estudio sirva para que seamos estimulados a leer los libros de Bunyan, especialmente “El peregrino” y “Gracia abundante” (en inglés Grace Abounding to the Chief of Sinners) que es una auto-biografía de Bunyan con la historia de sus experiencias hasta que la gracia triunfó en él. También, es posible que puedan encontrar una copia de La guerra santa (título en inglés, The Holy War) y les aseguro que ese libro será de bendición a cualquier persona que ama la gracia de Dios y admira lo que Dios hace para salvar a las almas. Espero que al leer esta pequeña biografía estimulen a otros a leer los libros de Bunyan, porque son libros prácticos.

Tanto Gracia abundante como ambas partes del Progreso del peregrino, o sea, El peregrino y La peregrina, están disponibles en varias editoriales. Hay versiones abreviadas del Peregrino, incluso algunos libritos hechos para niños. También fue publicado un libro por de Bunyan sobre el tema de la oración cuyo título en español es precisamente el objeto de su tema: La oración. Si puede conseguir una copia sería excelente. La edición hecha por Estandarte de la Verdad (Banner of Truth Trust), contiene una pequeña reseña biográfica. Ese mismo libro fue publicado por Portavoz con el título “Cómo orar en el Espíritu”. CLIE hizo una edición de La guerra santa, pero hoy día no creo que ese libro esté disponible. En cuanto a los datos de los que dispongo, la única biografía de Bunyan bastante completa en español fue escrito por Alfredo S. Rodríguez y García. Luego daré más detalles sobre ese libro.

Basado en el testimonio de sus biógrafos, podemos decir que aunque Bunyan nunca hubiera escrito una página, aún así habría tenido un ministerio bendecido por Dios para la salvación de pecadores y la edificación de la iglesia del Señor. Pero probablemente hubiéramos sabido muy poco de él si no hubiera escrito esos libros que son reconocidos como clásicos, aun en el mundo no cristiano. En sus propios tiempos esos libros fueron usados para influir grandemente a nivel espiritual en la vida de las ovejas del Señor.

Bunyan obtuvo una fama duradera por sus libros. Y como es natural en el ser humano, hay un deseo de saber qué clase de persona escribió un libro como El progreso del peregrino, o La guerra santa. Especialmente para el creyente, la lectura de algunos de los libros de Bunyan despiertan el deseo de conocer al autor, de tener alguna información sobre él, de oírle predicar si fuera posible. De esta manera Bunyan nos ha ayudado a conocerle en parte mediante su autobiografía, Gracia abundante. Pero, gracias al Señor, otros nos han dado biografías con información que también es edificante y nos estimula al amor y buenas obras.

Por la autobiografía de Bunyan y por esas otras biografías, o bien notas y memorias de otros, sabemos que además de ser autor, Bunyan sirvió y sufrió como predicador evangelista y pastor. Con un sentido profundo de un llamamiento de Dios, reconocido e impuesto por el pueblo de Dios, Bunyan creía que era su deber predicar el evangelio para que los pecadores se convirtieran. Para él, suponía haber desobedecido a Dios si no hubiera predicado el evangelio. Por eso nunca aceptó callarse y estuvo dispuesto a sufrir hasta la muerte si hubiera sido necesario antes de desobedecer al Señor.

En un sentido, la historia de la iglesia es la historia de pecadores salvados por la gracia de Dios y luego llevando a cabo la voluntad de Dios por esa misma gracia. Toda persona que oye esa palabra “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”, confesará que está allí en ese Reino por la redención en Cristo Jesús, una redención que fue planificada en la eternidad, llevada a cabo en la cruz y aplicada por el Espíritu Santo, todo por la pura y libre gracia y misericordia de Dios. Dirán todos, “…tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios…” Cada hijo de Adán que habitará al en el cielo (con la excepción de Aquel que es Hijo de Dios e Hijo del Hombre a la vez), lo habitará porque fue salvo por la pura gracia del Señor mediante la redención por la sangre de Jesucristo.

Esa gracia de Dios que solamente lleva a los pecadores al cielo tiene que ser aplicada a los escogidos. En su aplicación a los seres caídos, a veces el Señor en su gracia obra en los niños desde una temprana edad, como en el caso de Samuel, de Juan el bautista, de Timoteo y otros. Pero también hay casos que tienen semejanzas con la conversión de Saulo de Tarso y la experiencia es sumamente notable. Según su propio testimonio, la experiencia de Bunyan guarda algunas semejanzas a con la experiencia de Pablo, pero especialmente con la de Martín Lutero. Pasaba tiempos de agonía, pensando que había cometido el pecado imperdonable, pensando que era como Esaú, que vendió su primogenitura. Pero, a la larga el Señor le enseñó y le atrajo y una vez rescatado de sus pecados, habiendo recibido la seguridad del perdón de sus pecados, Bunyan sabía que todo era de gracia y nunca olvidó ese hecho. Experimentó el poder de la gracia del Señor operando en su ser y sabia que el Señor fue el autor de esa transformación y poder. Sabía que Dios podía salvar a cualquier persona y él deseaba la salvación de otros.

Todos los que sabemos algo de lo que debemos a la gracia de Dios nos sentimos atraídos hacia Juan Bunyan como a un hermano querido, viendo en él los triunfos de la grandeza de la gracia de Dios en medio de sus sufrimientos y también en tiempos de paz. Deseamos tener el celo que tenía.

Bunyan nació en Inglaterra en noviembre del año 1628 en un pequeño pueblo llamado Elstow, no muy lejos de Bedford, un pueblo más grande, en medio del cual pasa un rio llamado Ouse. Bedford está al norte y un poco al oeste de Londres.

El padre de Bunyan era un calderero, o estañador. Reparaba calderos. En aquellos tiempos muchos gitanos hacían esa clase de trabajo y por eso algunos biógrafos presentan la idea de que el padre o antepasados de Juan Bunyan eran gitanos. Esa idea no ha sido aceptada por muchos. Pero por esa asociación entre gitanos y estañadores entendemos como la familia de Bunyan no era importante. Aun si Bunyan hubiera sido gitano, ese hecho solamente nos haría ver la gracia de Dios más excelente.

John recibió una educación rudimentaria en su pequeño pueblo. Aprendió a leer y a escribir pero no tuvo la oportunidad de continuar con una educación clásica. A los diez años de edad su padre le puso a aprender el oficio de calderero y Bunyan lo aprendió bien. A pesar de que era joven pudo hacer bien su trabajo y a los 14 años ya había terminado su periodo de aprendizaje y pudo trabajar por su cuenta. Deducimos que Bunyan era un joven fuerte y robusto, alegre y lleno de vida en el sentido popular. Parece que era atrevido y no muy precavido y por eso estuvo a punto de perecer ahogado en un par de ocasiones. También, según él, podría haber perdido su vida cuando estuvo jugando con una serpiente venenosa. Estas cosas demuestran la bondad del Señor hacia él, que no le permitió perecer. Bunyan nos dice que en su tiempo libre le gustaba jugar a un juego llamado “tipcat” y eso en los domingos, el día del Señor. Aprendió a bailar. Leyó una novela que no le hizo ningún bien en cuanto a la moralidad se refiere. A veces hacía sonar las campanas de la iglesia a horas intempestivas. Pero una de sus costumbres más horribles fue la de jurar, maldecir y blasfemar.

Bunyan vivió en tiempos turbulentos. En el año 1643 cuando Bunyan tenía 15 años, el Parlamento de Inglaterra formuló más de 200 acusaciones contra el rey Carlos I. Se libró una guerra civil. Bajo el liderazgo de Oliver Cromwell los ejércitos del Parlamento pudieron derrotar a los que mantenían lealtad al rey. El rey fue decapitado. Con el apoyo del Parlamento, Cromwell luego dirigió el país como Protector, pero no aceptó que le hicieran rey. Logró aplastar a toda oposición y que la nación de Inglaterra fuera respetada. Era muy anti-católico y favorecía a los presbiterianos y a los anglicanos que tenían principios protestantes, pero había tolerancia de bautistas, congregacionalistas, independientes y otros disidentes siempre y cuando fueran pacíficos, llevando su fe y manteniendo una buena conciencia. En esa época se redactó la confesión de fe de Westminster. También 7 congregaciones bautistas publicaron una confesión de fe en el año 1644 firmado por William Kiffin y Hanserd Knollys entre otros.

Como un aparte, pero como algo de interés a los que somos bautistas, Cromwell comisionó a un hombre llamado Samuel Morland para visitar a los Valdenses que estaban siendo perseguidos en Europa y por esa visita sabemos mucho de esas iglesias antiguas, ya que Morland logró traer muchos de sus documentos que fueron publicados posteriormente. En algunas cosas los bautistas tienen semejanzas en algunos de esas iglesias valdenses.

Ese tiempo sin rey duró desde 1644 hasta 1660 cuando el hijo de Carlos I, Carlos II, logró sentarse en el trono de Inglaterra, aproximadamente 2 años después de la muerte de Cromwell. Carlos II básicamente creía en el catolicismo romano y mediante la iglesia anglicana buscó aplastar el protestantismo y obligar a todos a asistir a la iglesia anglicana, aportar sus recursos económicos y conformarse a todas las reglas de la iglesia anglicana. Cualquier ministro que no quisiera someterse a estos preceptos serían despojados de su ministerio y en un día en el año 1662, 2.000 ministros fueron despedidos. Muchas leyes opresivas fueron hechas para tapar la boca de cualquier ministro no conformista. Fueron multados, encarcelados, desterrados y hasta matados por no aceptar lo que el rey y los líderes anglicanos querían. Como veremos, todo esto afectó a Juan Bunyan.

Volvemos ahora a Bunyan y el año 1643, ese año es importante en la historia de Inglaterra. En aquel tiempo murieron la madre de Bunyan y también una hermana. El padre de Bunyan se casó de nuevo a los 2 meses de la muerte de la esposa y parece que eso trajo turbación a John y provocó un conflicto con su padre. En el año 1644 Bunyan se unió con el ejército. Creo que la mayoría de los biógrafos, especialmente los más recientes, piensan que él se unió con los ejércitos del Parlamento, pero otros han afirmado que se unió con los ejércitos reales, o sea con los leales al rey. (P.e., Offor defiende esta última posición en “Memoír of John Bunyan” en tomo 1 de The Whole Works of John Bunyan, edición de 1877, reproducido por Baker, Grand Rapids, 1975.) Ambos grupos presentan sus argumentos y algunos que creen que se unió al ejército del parlamento se apoyan en un documento hallado después y que fue escrito por otros biógrafos. Bunyan no nos dice con qué ejército sirvió como soldado, pero nos da a entender que era soldado y nos cuenta una ocasión cuando cambió su turno de guardia con otro soldado y ese soldado fue matado en ese mismo turno. Dios hizo muchas cosas que Bunyan debiera haber meditado bien, pero parece que solo después vio la gran misericordia de Dios hacia su alma.

Después de salir del ejército a los 19 años de edad (quizá en julio de 1648 si él es el “John Bunion” del documento hallado), Bunyan se casó como a los 20 años de edad. La mujer con la que se casó era pobre, pero religiosa. Como dote solamente trajo con ella 2 libros de su padre: The Plain Man´s Pathway to Heaven (El camino al cielo del hombre sencillo) por Arthur Dent, y Practice of Piety (Práctica de la piedad) por Lewis Bayly. Bunyan dice que eran tan pobres que no tenían entre ellos ni plato ni cuchara, o sea no tenían casi nada de las cosas necesarias para su casa.

Por qué razón una mujer religiosa pudiera haberse casado con él, es un misterio. No cabe duda que ella violó las normas de la voluntad de Dios. Sin embargo, en su gran misericordia hacia Bunyan (y hacia ella), Dios, a la larga, usó a esa joven esposa y a esos 2 libros que ella llevó al matrimonio para la conversión de John Bunyan.

La conversión no sucedió pronto o de una vez, sino tras una gran lucha. Bunyan sintió gran carga por algunos pecados, así como falta de paz y quería encontrar aquello que no tenía. Al principio buscó en la iglesia anglicana (no era algo muy popular en los días de Cromwell), pero experimentó un fracaso tras otro en su “búsqueda”. En uno de esos momentos de fracaso comenzó a pecar más que nunca, especialmente, con la lengua, con juramentos y maldiciones. Sin embargo, Dios en su providencia le mandó una reprensión por la boca de una mujer de baja vida que le dijo a Bunyan que a ella le hizo temblar al oírle hablar como él hablaba y que él podría corromper a toda la juventud del pueblo con su lengua. Debido a esa reprensión hecha por esa mujer de mala fama, Bunyan trató de nuevo de reformarse.

Otro suceso importante en la vida de Bunyan en el camino por el cual el Señor le llevó a la salvación fue que oyó una conversación entre tres mujeres de Bedford muy pobres. Hablaron sobre las cosas del Señor y de la Biblia, en cuanto a la fe y de sus experiencias con un gozo y una realidad que dejó a Bunyan con el deseo de tener lo que ellas tenían. Antes de seguir con esta historia hay una lección obvia aquí, y es que debemos siempre hablar como personas que tememos al Señor y gozarnos en la realidad de su salvación y presencia con nosotros. En Malaquías 3:16 vemos que Dios bendijo a los israelitas que temían al SEÑOR y que se hablaron unos a otros, y el SEÑOR prestó atención y escuchó, y fue escrito delante de Él un libro memorial para los que temían al SEÑOR y para los que estimaban su Nombre. Debemos hablar así porque le agrada a Dios. Y si está en su propósito, entonces otras personas pueden oír algunas de las cosas que decimos, como Bunyan las oyó, y nunca sabremos el efecto de una conversación sana entre los que nos oyen. Esas 3 mujeres pobrísimas no estaban hablando para el beneficio de Bunyan, pero el sacó benefició y luego habló con ellas en otras ocasiones.

Todas esas cosas y muchas más que Bunyan nos cuenta en su autobiografía – de pesadillas, de tentaciones satánicas para quitarle toda esperanza, de ideas no bíblicas y de cómo comenzó a leer la Biblia y a orar. Todas esas cosas fueron usadas por el Señor para convencerle de pecado, para mostrarle su incapacidad para salvarse a sí mismo y así salvarle y darle la seguridad de que en y por Jesucristo sus pecados fueron perdonados y él había sido declarado justo por la obediencia de Jesús por medio de la fe en Él.

Por medio de esas mujeres pobres que ya mencionamos, Bunyan conoció al recién instalado pastor bautista en Bedford, John Gifford, aquel que es identificado como Evangelista en el Progreso del peregrino. Dios usó a Gifford para el bien de Bunyan. Especialmente, Bunyan aprendió a buscar todo en la Biblia y a ser guiado por la Biblia solamente. Bunyan aprendió bien esa lección y comenzó a estudiar su Biblia con más amor e interés que nunca. Sin embargo, de alguna manera u otra, Bunyan también pudo leer el comentario de Lutero sobre la epístola a los gálatas, y ese libro fue un canal de gran bendición para su vida. Bunyan casi nunca habló de un libro aparte de la Biblia, pero menciona ese de Lutero como de mucho beneficio para la conciencia herida.

Finalmente, Bunyan recibió la paz del Señor, después de 5 o 6 años llenos de temores. Fue bautizado el 13 de mayo de 1653, teniendo 24 años de edad, en el río Ouse por el pastor John Gifford y se unió con la iglesia donde estaban las tres mujeres que le llevaron a Gifford y donde había otros fieles también. Poco después de su bautismo enfermó gravemente y tuvo que luchar de nuevo con las dudas, pero el Señor le dio la victoria y Bunyan se dedicó con nuevo poder a sus deberes como esposo y padre, y a sus deberes delante de Dios sobre todo.

En el año 1655 murió la joven esposa de Bunyan y le dejó 4 hijos para cuidar. La mayor de los hijos era una chica que nació ciega, llamada Mary (María). Bunyan la amaba grandemente. Es difícil para muchos leer el libro clásico de Sally Rochester Ford sobre esa niña sin llorar.

Como señala Rodríguez y García, los hermanos y hermanas de la iglesia de Bedford pronto reconocieron que Bunyan tenía dos cualidades o condiciones muy dignas de ser apreciadas en su justo valor, a saber: la sinceridad y robustez de sus convicciones religiosas y su gran facilidad de palabra. Convencido de que Bunyan tenía los requisitos morales e intelectuales, algunos le instaban para que predicara el evangelio. En su humildad y sabiduría dada por el Espíritu, Bunyan no los escuchó en seguida, pero “al fin… creyó que era su deber ante el Señor hacer un o dos sermones en las humildes viviendas de los contornos.” Como resultado los oyentes fueron convencidos de que Bunyan era un verdadero predicador que podría ayudar a cualquier congregación.

La iglesia le nombró diácono y luego predicador laico y Bunyan fue predicando en varios sitios. La bendición del Señor estaba sobre su predicación. Poco a poco fue adquiriendo fama como predicador del evangelio. Muchos se reunían para oírle dondequiera que iba y muchos se convirtieron, hasta un profesor de la universidad de Cambridge.

En 1656 Bunyan publicó su primer libro, un ataque a las doctrinas de los Cuáqueros. El año siguiente defendió sus planteamientos contra un Cuáquero que había respondido a ese primer libro. En 1658 fue publicado el libro A Few Sighs from Hell (Lamentaciones del infierno) y en 1959, The Doctrine of the Law and Grace Unfolded (La doctrina de la ley y la gracia).

Ahora bien, como ya dije, en el año 1660 Carlos II comenzó a reinar. En ese año hubo una rebelión protagonizada por unos religiosos de la “Quinta monarquía” que no aceptaban al rey. Se llamaron de la 5ta monarquía por su interpretación de los 5 reinos presentados en Daniel capítulo 2. Dijeron que eran de la 5ta monarquía que es la del Señor Jesucristo. Aunque fueron aplastados, el rey quiso vengarse a la vez de los puritanos, bautistas y otros, porque consideró que ellos habían sido los enemigos de su padre y de él también.

Aunque el parlamento no había aprobado todavía leyes de opresión religiosa, sin embargo Bunyan fue imputado con cargos en base a una ley antigua, que no estaba en vigor y en realidad no podría ser aplicable, pero fue usada como una excusa para hacerle callar. Bunyan fue encarcelado al final de 1660 y no fue liberado hasta 1666. No quedó libre por mucho tiempo siendo de nuevo encarcelado hasta 1672, cuando al fin le dieron su libertad.

Hay razones para creer que Bunyan gozó del favor de uno de los carceleros y en momentos dados pudo salir de la cárcel. Sin embargo, él y su familia pasaron por tiempos sumamente difíciles porque realmente era un preso con libertad grandemente restringida.

Bunyan podría haber tenido libertad si hubiera aceptado no predicar más, pero él estaba convencido de que la predicación del evangelio era su deber y por lo tanto nunca aceptó el compromiso ante las autoridades de que no predicaría más. Al contrario, dijo claramente que volvería a predicar si le soltaran de la cárcel. En la prisión estuvo haciendo encajes que su hija ciega vendía. Leía y escribía también durante los primeros 6 años (en torno a 10 publicaciones), pero nada de Bunyan fue publicado durante los últimos 6 años (con la posible excepción de algo durante su último año en la cárcel).

Por supuesto, ese tiempo era difícil, pero Dios proveyó para él y para su familia. Bunyan se había casado de nuevo en 1659 con una buena mujer cristiana llamada Elizabeth (Isabel). Ella trabajó mucho para buscar su libertad, y no hizo nada para socavar las convicciones de Bunyan, muy diferente a la mujer de Job.

Finalmente Bunyan salió de la cárcel en 1672 y fue llamado para ser pastor de la iglesia bautista de Bedford. Aunque predicó en otros lugares, sirvió como pastor hasta su muerte en 1688. Como pastor hizo lo que hacen los pastores fieles – predicó, disciplinó, exhortó. Buscó el verdadero bien del pueblo del Señor y les instó a que vivieran por la fe en Él. Sobrevivieron unos documentos de la iglesia desde los días de Bunyan y se han encontrado notas hechas por él mismo sobre casos de disciplina y otros asuntos. Parece que cuidaba la bien iglesia, deseoso de que cada miembro anduviera en santidad. Sin embargo, no estaba de acuerdo con todos sus hermanos bautistas.

Ahora hacemos unas observaciones más sobre Bunyan para nuestra información y edificación.
Bunyan era bautista. No creía en el bautismo de los bebés, y tuvo que llevar el reproche que los bautistas hemos llevado por no haber seguido una práctica de una iglesia apóstata. Hay hombres que se rinden en ese punto por motivos que sólo Dios sabe, pero las Escrituras no conducen al camino del bautismo de los bebés.

Bunyan era bautista, pero tenía el permiso de predicar y pastorear por una licencia del rey Carlos que le fue otorgada a él como “congregacionalista”. No sabemos por qué él aceptó eso, pero debemos creer que no lo hizo violando su conciencia.

Bunyan era bautista, pero en algunos puntos entró en controversia con otros bautistas, como William Kiffin, porque Bunyan celebraba la comunión de forma abierta en su iglesia. Cualquier persona que decía ser creyente, no importaba si esa persona era bautizada como creyente o si fue bautizado cuando era un bebé, esa persona estaba invitada a participar de la Santa Cena. Los bautistas como Kiffin y otros que firmaron la confesión de 1677 (publicada en 1689) insistieron en el orden establecido de fe, bautismo, comunión con la iglesia. Para ellos como para muchos de nosotros, ese es el orden que las Escrituras señalan. Pero Bunyan no aceptó sus planteamientos.

Como predicador, algunos han comparado a Bunyan con Spurgeon. Era un gran predicador, poderoso por el Espíritu de Dios, y había congregaciones nutridas de personas que querían oírle predicar.

Hay una anécdota de que el puritano John Owen tenía algún contacto personal con el rey Carlos II de vez en cuando. Según informan hubo una vez en la que el rey se enteró de que Owen había ido a oír a Bunyan predicar. El rey le preguntó por qué un hombre erudito como Owen iría a oír la charla de un calderero. Owen supuestamente contestó que cambiaría toda su erudición para tener el poder que Bunyan tenía en su predicación. No sé la fuente de esto, pero he visto esta cita en varias biografías o memorias de Bunyan.

Bunyan era calvinista estricto en sus creencias, y predicaba de la ley y de la gracia, pero fervorosamente como una persona que ha experimentado el poder de la gracia y sabe lo que la gracia de Dios puede hacer. Sus sermones publicados y todos sus escritos reflejan lo que llamamos calvinismo estricto. Defendió fuertemente la doctrina de la imputación de la justicia de Cristo para la justificación de pecadores, aunque hacia el fin de su ministerio tomó una posición sobre la justificación que tenía más en común con los antinomianos e hiper-calvinistas que con los calvinistas estrictos, afirmando que por la fe los hombres se dan cuenta de que ya son justificados en Cristo y por la fe tienen paz.

Bunyan creía en la dirección e iluminación del Espíritu Santo, pero nunca aparte de la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras. No estaba fríamente apegado a su Biblia, sino en comunión con el Señor, buscando la ayuda del Espíritu, y con esa disposición estudiaba y predicaba.

Bunyan era un pastor fiel que atendía su grey, pero como pastor Bunyan también dedicó tiempo para escribir. Durante los años en los que fue pastor escribió el Progreso del peregrino (aunque parece que la idea comenzó cuando estaba encarcelado), y La guerra santa y la The Death of Mr. Badman (Muerte del Sr. Hombre-malo), y muchos otros. Entre sus libros y monografías, hay como 60 obras que fueron publicadas durante su vida así como después de su muerte. Era un trabajador incansable. Dice uno de sus biógrafos que solía escribir sus sermones después de predicarlos, algo que exige mucha disciplina. Los libros son prácticos, bíblicos, profundos sencillos y populares en su estilo. Hay una variedad de estilos literarios usado por Bunyan, pero todos sus libros buscan el bien del pueblo de Dios y la conversión de los pecadores.

Bunyan era un hombre fiel. Pensaba en la Palabra de Dios y en lo que Dios exige en esa Palabra. No quiso hacer a nadie a tropezar. Pensó que hubiera sido infiel al callarse y no predicar el evangelio.

Bunyan era un hombre de mucha humildad. No se promovía a sí mismo. Sabemos que escuchó a unas mujeres pobres, les consultaba en sus tiempos de angustia y a través de ellas recibió ayuda. En su trato con otros, en sus escritos, se nota que no pensaba de sí mismo indebidamente.

Bunyan también era un hombre pacificador. Dice Rodríguez y García, que algunos llamaron a Bunyan el “reconciliador” porque buscaba que la gente viviera en paz. Es notable que Bunyan murió después de un esfuerzo exitoso para persuadir a un padre que no desheredara a su hijo. Bunyan viajó unas cuantas millas para visitarles y al regresar le sobrevino una lluvia y se mojó mucho. Llegó a la casa de un amigo pero le sobrevino una fiebre. Bunyan nunca mejoró lo suficiente como para regresar a su casa y no sabemos si su esposa pudo estar con él en la hora de su muerte. Murió con su fe colocada firmemente en el Señor Jesucristo solamente.

Hay muchas cosas que podemos aprender de la vida y los escritos de Bunyan, pero me limito ahora a unas pocas cosas más que me parecen excelentes.

Una de las cosas admirables en Bunyan es su conocimiento de las Escrituras y su precisión como teólogo en muchas áreas. Aun cuando una persona no esté de acuerdo con algunas de sus conclusiones e interpretaciones, nadie puede negar que usó la Biblia para todo y con una fuerte lógica, aunque nunca estudió la lógica como tal, ni latín, ni griego, ni hebreo. Tenía su Biblia en inglés solamente y no tenía biblioteca. Llegó a leer muy pocos libros escritos por los hombres. Es cierto que sabía escuchar sermones y parece que conoció personalmente a John Owen y otros eruditos, aunque su contacto con ellos fue muy limitado. Así que, mayor y principalmente con su Biblia en inglés Bunyan dominó áreas difíciles de teología y predicó con gran poder y la bendición del Espíritu Santo, como muchos testificaron, hasta el mismo Owen, como hemos visto.

Sus libros están llenos de citas y frases de las Escrituras y de alusiones a ellas. Spurgeon dijo de Bunyan que su sangre era bíblica. Puedes pincharle en cualquier parte de su cuerpo y la Biblia sale. Todos los que saben algo de la Biblia y que han leído sus libros, reconocen que el vocabulario lenguaje y especialmente la enseñanza, son bíblicos.

Si una persona cree en la suficiencia de las Sagradas Escrituras para todo lo relacionado a con la salvación y con la vida y si una persona cree en la realidad de la iluminación del Espíritu Santo para entender esa revelación y para creer en ella como la Palabra de Dios y para vivir conforme a ella por la fe, entonces esa persona tendrá en Juan Bunyan un ejemplo sobresaliente de esa suficiencia. Alabamos al Dios de toda gracia porque vemos ilustrado maravillosamente en el caso de Juan Bunyan lo que Dios puede hacer con un hombre que, dotado de su gracia y la presencia del Espíritu, estudia detenida, celosa y cuidadosamente su Biblia en su propio idioma. Espero que el ejemplo de Bunyan anime a todos nosotros a vivir en las páginas de las Sagradas Escrituras con un espíritu humilde y con el deseo dado por su Espíritu Santo de saber la voluntad de Dios y hacerla.

Otra manifestación de la bondad y misericordia de Dios que es admirable en la vida de Bunyan es cómo aprendió tanto sin tener el beneficio de conocer la Biblia en su juventud. Después de los veinte años comenzó a conocer la Biblia, sin embargo, sobrepasó a muchísimos que como Timoteo habían conocido las Sagradas Escrituras desde su juventud. Digo eso para animar a cualquiera que recibe el llamamiento eficaz después de años de pecado. El Señor sabe quitar los años que comieron las langostas y hacer a uno fructificar como si nunca hubiera pasado hambre.

El Señor nos muestra lo que Él puede hacer con un hombre que se dedica a escudriñar las Escrituras. Bunyan era mejor teólogo pastor y predicador que muchos que tenían conocimiento de los idiomas bíblicos. No menospreciamos eso, pero vemos que no es absolutamente necesario para poder predicar con poder.

Apéndice sobre la biografía de Juan Bunyan por Alfredo S. Rodríguez y García.

De lo que yo conozco, la única biografía de John Bunyan que existe en español es la de Alfredo S. Rodríguez y García, publicado originalmente por Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, EEUU, en el año 1929. El autor escribió la biografía aproximadamente unos 300 años después del nacimiento de Bunyan.

En 1986 el libro fue publicado por CLIE de España, usando una copia del original de Casa Bautista. Todavía estaba disponible en mayo de 2006.

En términos generales es una biografía buena, bien organizada, con información sobre los tiempos, vida y carácter de Bunyan y de sus labores como pastor y escritor. El vocabulario usado exigirá el uso de un buen diccionario para algunos, como pasó en el caso mío.

Disfruté mucho del libro. Hay algunas opiniones del autor que no son bíblicas, o que no son presentadas claramente. Un ejemplo es su opinión de que no hay pecado grande o pequeño (página 92). Aun con el “pero” que puso, se quedó corto. Juan 19:11 y otras declaraciones del Señor nos enseñan que hay pecados más grandes que otros. Estamos de acuerdo en que la infracción de cualquier ley de Dios es suficiente para condenarnos y solamente la sangre de Jesucristo puede quitar la culpa de cualquier pecado.

Hay también algunas especulaciones del autor sobre la educación y unas cosas relacionadas con la juventud de Bunyan que parecen más sicológicas que bíblicas, que para mí no contribuyen a la edificación, pero tampoco son una distracción insuperable.

Y su uso de la palabra “inspirar / inspirado” me parece inadecuado, especialmente en una frase en la introducción debajo de una pintura de Bunyan que se titula “El inspirado soñador”. El biógrafo no pone El peregrino al nivel de la Biblia, pero parece que casi deja la idea de que el Espíritu Santo inspiró al autor sin aclarar bien el asunto de que tal inspiración no se puede comparar con la de Moisés y la de los profetas. Por mi parte prefiero un uso de la palabra “inspirar” más preciso en los libros cristianos, de manera que no dejemos la idea en la mente de nadie de que el Espíritu Santo hace todavía en algunos lo que hizo en los escritores de las Sagradas Escrituras.

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Conferencia Pastoral 2006 | John (Juan) Bunyan -Un estudio breve

John (Juan) Bunyan -Un estudio breve

Hay un libro cuyo título en inglés The Pilgrim’s Progress, y en español El progreso del peregrino o sencillamente, El peregrino. Ese libro fue publicado en inglés en el año 1678 y ha sido publicado continuamente hasta el día de hoy en muchos otros idiomas. Incluso se han hecho películas del libro. Después de la Biblia, es el libro cristiano que más se ha vendido en el mundo. Con todo, en el entorno superficial de las iglesias evangélicas de hoy, un mundo de mucha televisión y poca lectura, hay personas que profesan fe en el Señor Jesucristo y que no saben de Juan Bunyan ni de su famoso libro.

Sé que eso no es el caso de muchos que leerán esto, y espero que este breve estudio sirva para que seamos estimulados a leer los libros de Bunyan, especialmente “El peregrino” y “Gracia abundante” (en inglés Grace Abounding to the Chief of Sinners) que es una auto-biografía de Bunyan con la historia de sus experiencias hasta que la gracia triunfó en él. También, es posible que puedan encontrar una copia de La guerra santa (título en inglés, The Holy War) y les aseguro que ese libro será de bendición a cualquier persona que ama la gracia de Dios y admira lo que Dios hace para salvar a las almas. Espero que al leer esta pequeña biografía estimulen a otros a leer los libros de Bunyan, porque son libros prácticos.

Tanto Gracia abundante como ambas partes del Progreso del peregrino, o sea, El peregrino y La peregrina, están disponibles en varias editoriales. Hay versiones abreviadas del Peregrino, incluso algunos libritos hechos para niños. También fue publicado un libro por de Bunyan sobre el tema de la oración cuyo título en español es precisamente el objeto de su tema: La oración. Si puede conseguir una copia sería excelente. La edición hecha por Estandarte de la Verdad (Banner of Truth Trust), contiene una pequeña reseña biográfica. Ese mismo libro fue publicado por Portavoz con el título “Cómo orar en el Espíritu”. CLIE hizo una edición de La guerra santa, pero hoy día no creo que ese libro esté disponible. En cuanto a los datos de los que dispongo, la única biografía de Bunyan bastante completa en español fue escrito por Alfredo S. Rodríguez y García. Luego daré más detalles sobre ese libro.

Basado en el testimonio de sus biógrafos, podemos decir que aunque Bunyan nunca hubiera escrito una página, aún así habría tenido un ministerio bendecido por Dios para la salvación de pecadores y la edificación de la iglesia del Señor. Pero probablemente hubiéramos sabido muy poco de él si no hubiera escrito esos libros que son reconocidos como clásicos, aun en el mundo no cristiano. En sus propios tiempos esos libros fueron usados para influir grandemente a nivel espiritual en la vida de las ovejas del Señor.

Bunyan obtuvo una fama duradera por sus libros. Y como es natural en el ser humano, hay un deseo de saber qué clase de persona escribió un libro como El progreso del peregrino, o La guerra santa. Especialmente para el creyente, la lectura de algunos de los libros de Bunyan despiertan el deseo de conocer al autor, de tener alguna información sobre él, de oírle predicar si fuera posible. De esta manera Bunyan nos ha ayudado a conocerle en parte mediante su autobiografía, Gracia abundante. Pero, gracias al Señor, otros nos han dado biografías con información que también es edificante y nos estimula al amor y buenas obras.

Por la autobiografía de Bunyan y por esas otras biografías, o bien notas y memorias de otros, sabemos que además de ser autor, Bunyan sirvió y sufrió como predicador evangelista y pastor. Con un sentido profundo de un llamamiento de Dios, reconocido e impuesto por el pueblo de Dios, Bunyan creía que era su deber predicar el evangelio para que los pecadores se convirtieran. Para él, suponía haber desobedecido a Dios si no hubiera predicado el evangelio. Por eso nunca aceptó callarse y estuvo dispuesto a sufrir hasta la muerte si hubiera sido necesario antes de desobedecer al Señor.

En un sentido, la historia de la iglesia es la historia de pecadores salvados por la gracia de Dios y luego llevando a cabo la voluntad de Dios por esa misma gracia. Toda persona que oye esa palabra “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”, confesará que está allí en ese Reino por la redención en Cristo Jesús, una redención que fue planificada en la eternidad, llevada a cabo en la cruz y aplicada por el Espíritu Santo, todo por la pura y libre gracia y misericordia de Dios. Dirán todos, “…tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios…” Cada hijo de Adán que habitará al en el cielo (con la excepción de Aquel que es Hijo de Dios e Hijo del Hombre a la vez), lo habitará porque fue salvo por la pura gracia del Señor mediante la redención por la sangre de Jesucristo.

Esa gracia de Dios que solamente lleva a los pecadores al cielo tiene que ser aplicada a los escogidos. En su aplicación a los seres caídos, a veces el Señor en su gracia obra en los niños desde una temprana edad, como en el caso de Samuel, de Juan el bautista, de Timoteo y otros. Pero también hay casos que tienen semejanzas con la conversión de Saulo de Tarso y la experiencia es sumamente notable. Según su propio testimonio, la experiencia de Bunyan guarda algunas semejanzas a con la experiencia de Pablo, pero especialmente con la de Martín Lutero. Pasaba tiempos de agonía, pensando que había cometido el pecado imperdonable, pensando que era como Esaú, que vendió su primogenitura. Pero, a la larga el Señor le enseñó y le atrajo y una vez rescatado de sus pecados, habiendo recibido la seguridad del perdón de sus pecados, Bunyan sabía que todo era de gracia y nunca olvidó ese hecho. Experimentó el poder de la gracia del Señor operando en su ser y sabia que el Señor fue el autor de esa transformación y poder. Sabía que Dios podía salvar a cualquier persona y él deseaba la salvación de otros.

Todos los que sabemos algo de lo que debemos a la gracia de Dios nos sentimos atraídos hacia Juan Bunyan como a un hermano querido, viendo en él los triunfos de la grandeza de la gracia de Dios en medio de sus sufrimientos y también en tiempos de paz. Deseamos tener el celo que tenía.

Bunyan nació en Inglaterra en noviembre del año 1628 en un pequeño pueblo llamado Elstow, no muy lejos de Bedford, un pueblo más grande, en medio del cual pasa un rio llamado Ouse. Bedford está al norte y un poco al oeste de Londres.

El padre de Bunyan era un calderero, o estañador. Reparaba calderos. En aquellos tiempos muchos gitanos hacían esa clase de trabajo y por eso algunos biógrafos presentan la idea de que el padre o antepasados de Juan Bunyan eran gitanos. Esa idea no ha sido aceptada por muchos. Pero por esa asociación entre gitanos y estañadores entendemos como la familia de Bunyan no era importante. Aun si Bunyan hubiera sido gitano, ese hecho solamente nos haría ver la gracia de Dios más excelente.

John recibió una educación rudimentaria en su pequeño pueblo. Aprendió a leer y a escribir pero no tuvo la oportunidad de continuar con una educación clásica. A los diez años de edad su padre le puso a aprender el oficio de calderero y Bunyan lo aprendió bien. A pesar de que era joven pudo hacer bien su trabajo y a los 14 años ya había terminado su periodo de aprendizaje y pudo trabajar por su cuenta. Deducimos que Bunyan era un joven fuerte y robusto, alegre y lleno de vida en el sentido popular. Parece que era atrevido y no muy precavido y por eso estuvo a punto de perecer ahogado en un par de ocasiones. También, según él, podría haber perdido su vida cuando estuvo jugando con una serpiente venenosa. Estas cosas demuestran la bondad del Señor hacia él, que no le permitió perecer. Bunyan nos dice que en su tiempo libre le gustaba jugar a un juego llamado “tipcat” y eso en los domingos, el día del Señor. Aprendió a bailar. Leyó una novela que no le hizo ningún bien en cuanto a la moralidad se refiere. A veces hacía sonar las campanas de la iglesia a horas intempestivas. Pero una de sus costumbres más horribles fue la de jurar, maldecir y blasfemar.

Bunyan vivió en tiempos turbulentos. En el año 1643 cuando Bunyan tenía 15 años, el Parlamento de Inglaterra formuló más de 200 acusaciones contra el rey Carlos I. Se libró una guerra civil. Bajo el liderazgo de Oliver Cromwell los ejércitos del Parlamento pudieron derrotar a los que mantenían lealtad al rey. El rey fue decapitado. Con el apoyo del Parlamento, Cromwell luego dirigió el país como Protector, pero no aceptó que le hicieran rey. Logró aplastar a toda oposición y que la nación de Inglaterra fuera respetada. Era muy anti-católico y favorecía a los presbiterianos y a los anglicanos que tenían principios protestantes, pero había tolerancia de bautistas, congregacionalistas, independientes y otros disidentes siempre y cuando fueran pacíficos, llevando su fe y manteniendo una buena conciencia. En esa época se redactó la confesión de fe de Westminster. También 7 congregaciones bautistas publicaron una confesión de fe en el año 1644 firmado por William Kiffin y Hanserd Knollys entre otros.

Como un aparte, pero como algo de interés a los que somos bautistas, Cromwell comisionó a un hombre llamado Samuel Morland para visitar a los Valdenses que estaban siendo perseguidos en Europa y por esa visita sabemos mucho de esas iglesias antiguas, ya que Morland logró traer muchos de sus documentos que fueron publicados posteriormente. En algunas cosas los bautistas tienen semejanzas en algunos de esas iglesias valdenses.

Ese tiempo sin rey duró desde 1644 hasta 1660 cuando el hijo de Carlos I, Carlos II, logró sentarse en el trono de Inglaterra, aproximadamente 2 años después de la muerte de Cromwell. Carlos II básicamente creía en el catolicismo romano y mediante la iglesia anglicana buscó aplastar el protestantismo y obligar a todos a asistir a la iglesia anglicana, aportar sus recursos económicos y conformarse a todas las reglas de la iglesia anglicana. Cualquier ministro que no quisiera someterse a estos preceptos serían despojados de su ministerio y en un día en el año 1662, 2.000 ministros fueron despedidos. Muchas leyes opresivas fueron hechas para tapar la boca de cualquier ministro no conformista. Fueron multados, encarcelados, desterrados y hasta matados por no aceptar lo que el rey y los líderes anglicanos querían. Como veremos, todo esto afectó a Juan Bunyan.

Volvemos ahora a Bunyan y el año 1643, ese año es importante en la historia de Inglaterra. En aquel tiempo murieron la madre de Bunyan y también una hermana. El padre de Bunyan se casó de nuevo a los 2 meses de la muerte de la esposa y parece que eso trajo turbación a John y provocó un conflicto con su padre. En el año 1644 Bunyan se unió con el ejército. Creo que la mayoría de los biógrafos, especialmente los más recientes, piensan que él se unió con los ejércitos del Parlamento, pero otros han afirmado que se unió con los ejércitos reales, o sea con los leales al rey. (P.e., Offor defiende esta última posición en “Memoír of John Bunyan” en tomo 1 de The Whole Works of John Bunyan, edición de 1877, reproducido por Baker, Grand Rapids, 1975.) Ambos grupos presentan sus argumentos y algunos que creen que se unió al ejército del parlamento se apoyan en un documento hallado después y que fue escrito por otros biógrafos. Bunyan no nos dice con qué ejército sirvió como soldado, pero nos da a entender que era soldado y nos cuenta una ocasión cuando cambió su turno de guardia con otro soldado y ese soldado fue matado en ese mismo turno. Dios hizo muchas cosas que Bunyan debiera haber meditado bien, pero parece que solo después vio la gran misericordia de Dios hacia su alma.

Después de salir del ejército a los 19 años de edad (quizá en julio de 1648 si él es el “John Bunion” del documento hallado), Bunyan se casó como a los 20 años de edad. La mujer con la que se casó era pobre, pero religiosa. Como dote solamente trajo con ella 2 libros de su padre: The Plain Man´s Pathway to Heaven (El camino al cielo del hombre sencillo) por Arthur Dent, y Practice of Piety (Práctica de la piedad) por Lewis Bayly. Bunyan dice que eran tan pobres que no tenían entre ellos ni plato ni cuchara, o sea no tenían casi nada de las cosas necesarias para su casa.

Por qué razón una mujer religiosa pudiera haberse casado con él, es un misterio. No cabe duda que ella violó las normas de la voluntad de Dios. Sin embargo, en su gran misericordia hacia Bunyan (y hacia ella), Dios, a la larga, usó a esa joven esposa y a esos 2 libros que ella llevó al matrimonio para la conversión de John Bunyan.

La conversión no sucedió pronto o de una vez, sino tras una gran lucha. Bunyan sintió gran carga por algunos pecados, así como falta de paz y quería encontrar aquello que no tenía. Al principio buscó en la iglesia anglicana (no era algo muy popular en los días de Cromwell), pero experimentó un fracaso tras otro en su “búsqueda”. En uno de esos momentos de fracaso comenzó a pecar más que nunca, especialmente, con la lengua, con juramentos y maldiciones. Sin embargo, Dios en su providencia le mandó una reprensión por la boca de una mujer de baja vida que le dijo a Bunyan que a ella le hizo temblar al oírle hablar como él hablaba y que él podría corromper a toda la juventud del pueblo con su lengua. Debido a esa reprensión hecha por esa mujer de mala fama, Bunyan trató de nuevo de reformarse.

Otro suceso importante en la vida de Bunyan en el camino por el cual el Señor le llevó a la salvación fue que oyó una conversación entre tres mujeres de Bedford muy pobres. Hablaron sobre las cosas del Señor y de la Biblia, en cuanto a la fe y de sus experiencias con un gozo y una realidad que dejó a Bunyan con el deseo de tener lo que ellas tenían. Antes de seguir con esta historia hay una lección obvia aquí, y es que debemos siempre hablar como personas que tememos al Señor y gozarnos en la realidad de su salvación y presencia con nosotros. En Malaquías 3:16 vemos que Dios bendijo a los israelitas que temían al SEÑOR y que se hablaron unos a otros, y el SEÑOR prestó atención y escuchó, y fue escrito delante de Él un libro memorial para los que temían al SEÑOR y para los que estimaban su Nombre. Debemos hablar así porque le agrada a Dios. Y si está en su propósito, entonces otras personas pueden oír algunas de las cosas que decimos, como Bunyan las oyó, y nunca sabremos el efecto de una conversación sana entre los que nos oyen. Esas 3 mujeres pobrísimas no estaban hablando para el beneficio de Bunyan, pero el sacó benefició y luego habló con ellas en otras ocasiones.

Todas esas cosas y muchas más que Bunyan nos cuenta en su autobiografía – de pesadillas, de tentaciones satánicas para quitarle toda esperanza, de ideas no bíblicas y de cómo comenzó a leer la Biblia y a orar. Todas esas cosas fueron usadas por el Señor para convencerle de pecado, para mostrarle su incapacidad para salvarse a sí mismo y así salvarle y darle la seguridad de que en y por Jesucristo sus pecados fueron perdonados y él había sido declarado justo por la obediencia de Jesús por medio de la fe en Él.

Por medio de esas mujeres pobres que ya mencionamos, Bunyan conoció al recién instalado pastor bautista en Bedford, John Gifford, aquel que es identificado como Evangelista en el Progreso del peregrino. Dios usó a Gifford para el bien de Bunyan. Especialmente, Bunyan aprendió a buscar todo en la Biblia y a ser guiado por la Biblia solamente. Bunyan aprendió bien esa lección y comenzó a estudiar su Biblia con más amor e interés que nunca. Sin embargo, de alguna manera u otra, Bunyan también pudo leer el comentario de Lutero sobre la epístola a los gálatas, y ese libro fue un canal de gran bendición para su vida. Bunyan casi nunca habló de un libro aparte de la Biblia, pero menciona ese de Lutero como de mucho beneficio para la conciencia herida.

Finalmente, Bunyan recibió la paz del Señor, después de 5 o 6 años llenos de temores. Fue bautizado el 13 de mayo de 1653, teniendo 24 años de edad, en el río Ouse por el pastor John Gifford y se unió con la iglesia donde estaban las tres mujeres que le llevaron a Gifford y donde había otros fieles también. Poco después de su bautismo enfermó gravemente y tuvo que luchar de nuevo con las dudas, pero el Señor le dio la victoria y Bunyan se dedicó con nuevo poder a sus deberes como esposo y padre, y a sus deberes delante de Dios sobre todo.

En el año 1655 murió la joven esposa de Bunyan y le dejó 4 hijos para cuidar. La mayor de los hijos era una chica que nació ciega, llamada Mary (María). Bunyan la amaba grandemente. Es difícil para muchos leer el libro clásico de Sally Rochester Ford sobre esa niña sin llorar.

Como señala Rodríguez y García, los hermanos y hermanas de la iglesia de Bedford pronto reconocieron que Bunyan tenía dos cualidades o condiciones muy dignas de ser apreciadas en su justo valor, a saber: la sinceridad y robustez de sus convicciones religiosas y su gran facilidad de palabra. Convencido de que Bunyan tenía los requisitos morales e intelectuales, algunos le instaban para que predicara el evangelio. En su humildad y sabiduría dada por el Espíritu, Bunyan no los escuchó en seguida, pero “al fin… creyó que era su deber ante el Señor hacer un o dos sermones en las humildes viviendas de los contornos.” Como resultado los oyentes fueron convencidos de que Bunyan era un verdadero predicador que podría ayudar a cualquier congregación.

La iglesia le nombró diácono y luego predicador laico y Bunyan fue predicando en varios sitios. La bendición del Señor estaba sobre su predicación. Poco a poco fue adquiriendo fama como predicador del evangelio. Muchos se reunían para oírle dondequiera que iba y muchos se convirtieron, hasta un profesor de la universidad de Cambridge.

En 1656 Bunyan publicó su primer libro, un ataque a las doctrinas de los Cuáqueros. El año siguiente defendió sus planteamientos contra un Cuáquero que había respondido a ese primer libro. En 1658 fue publicado el libro A Few Sighs from Hell (Lamentaciones del infierno) y en 1959, The Doctrine of the Law and Grace Unfolded (La doctrina de la ley y la gracia).

Ahora bien, como ya dije, en el año 1660 Carlos II comenzó a reinar. En ese año hubo una rebelión protagonizada por unos religiosos de la “Quinta monarquía” que no aceptaban al rey. Se llamaron de la 5ta monarquía por su interpretación de los 5 reinos presentados en Daniel capítulo 2. Dijeron que eran de la 5ta monarquía que es la del Señor Jesucristo. Aunque fueron aplastados, el rey quiso vengarse a la vez de los puritanos, bautistas y otros, porque consideró que ellos habían sido los enemigos de su padre y de él también.

Aunque el parlamento no había aprobado todavía leyes de opresión religiosa, sin embargo Bunyan fue imputado con cargos en base a una ley antigua, que no estaba en vigor y en realidad no podría ser aplicable, pero fue usada como una excusa para hacerle callar. Bunyan fue encarcelado al final de 1660 y no fue liberado hasta 1666. No quedó libre por mucho tiempo siendo de nuevo encarcelado hasta 1672, cuando al fin le dieron su libertad.

Hay razones para creer que Bunyan gozó del favor de uno de los carceleros y en momentos dados pudo salir de la cárcel. Sin embargo, él y su familia pasaron por tiempos sumamente difíciles porque realmente era un preso con libertad grandemente restringida.

Bunyan podría haber tenido libertad si hubiera aceptado no predicar más, pero él estaba convencido de que la predicación del evangelio era su deber y por lo tanto nunca aceptó el compromiso ante las autoridades de que no predicaría más. Al contrario, dijo claramente que volvería a predicar si le soltaran de la cárcel. En la prisión estuvo haciendo encajes que su hija ciega vendía. Leía y escribía también durante los primeros 6 años (en torno a 10 publicaciones), pero nada de Bunyan fue publicado durante los últimos 6 años (con la posible excepción de algo durante su último año en la cárcel).

Por supuesto, ese tiempo era difícil, pero Dios proveyó para él y para su familia. Bunyan se había casado de nuevo en 1659 con una buena mujer cristiana llamada Elizabeth (Isabel). Ella trabajó mucho para buscar su libertad, y no hizo nada para socavar las convicciones de Bunyan, muy diferente a la mujer de Job.

Finalmente Bunyan salió de la cárcel en 1672 y fue llamado para ser pastor de la iglesia bautista de Bedford. Aunque predicó en otros lugares, sirvió como pastor hasta su muerte en 1688. Como pastor hizo lo que hacen los pastores fieles – predicó, disciplinó, exhortó. Buscó el verdadero bien del pueblo del Señor y les instó a que vivieran por la fe en Él. Sobrevivieron unos documentos de la iglesia desde los días de Bunyan y se han encontrado notas hechas por él mismo sobre casos de disciplina y otros asuntos. Parece que cuidaba la bien iglesia, deseoso de que cada miembro anduviera en santidad. Sin embargo, no estaba de acuerdo con todos sus hermanos bautistas.

Ahora hacemos unas observaciones más sobre Bunyan para nuestra información y edificación.
Bunyan era bautista. No creía en el bautismo de los bebés, y tuvo que llevar el reproche que los bautistas hemos llevado por no haber seguido una práctica de una iglesia apóstata. Hay hombres que se rinden en ese punto por motivos que sólo Dios sabe, pero las Escrituras no conducen al camino del bautismo de los bebés.

Bunyan era bautista, pero tenía el permiso de predicar y pastorear por una licencia del rey Carlos que le fue otorgada a él como “congregacionalista”. No sabemos por qué él aceptó eso, pero debemos creer que no lo hizo violando su conciencia.

Bunyan era bautista, pero en algunos puntos entró en controversia con otros bautistas, como William Kiffin, porque Bunyan celebraba la comunión de forma abierta en su iglesia. Cualquier persona que decía ser creyente, no importaba si esa persona era bautizada como creyente o si fue bautizado cuando era un bebé, esa persona estaba invitada a participar de la Santa Cena. Los bautistas como Kiffin y otros que firmaron la confesión de 1677 (publicada en 1689) insistieron en el orden establecido de fe, bautismo, comunión con la iglesia. Para ellos como para muchos de nosotros, ese es el orden que las Escrituras señalan. Pero Bunyan no aceptó sus planteamientos.

Como predicador, algunos han comparado a Bunyan con Spurgeon. Era un gran predicador, poderoso por el Espíritu de Dios, y había congregaciones nutridas de personas que querían oírle predicar.

Hay una anécdota de que el puritano John Owen tenía algún contacto personal con el rey Carlos II de vez en cuando. Según informan hubo una vez en la que el rey se enteró de que Owen había ido a oír a Bunyan predicar. El rey le preguntó por qué un hombre erudito como Owen iría a oír la charla de un calderero. Owen supuestamente contestó que cambiaría toda su erudición para tener el poder que Bunyan tenía en su predicación. No sé la fuente de esto, pero he visto esta cita en varias biografías o memorias de Bunyan.

Bunyan era calvinista estricto en sus creencias, y predicaba de la ley y de la gracia, pero fervorosamente como una persona que ha experimentado el poder de la gracia y sabe lo que la gracia de Dios puede hacer. Sus sermones publicados y todos sus escritos reflejan lo que llamamos calvinismo estricto. Defendió fuertemente la doctrina de la imputación de la justicia de Cristo para la justificación de pecadores, aunque hacia el fin de su ministerio tomó una posición sobre la justificación que tenía más en común con los antinomianos e hiper-calvinistas que con los calvinistas estrictos, afirmando que por la fe los hombres se dan cuenta de que ya son justificados en Cristo y por la fe tienen paz.

Bunyan creía en la dirección e iluminación del Espíritu Santo, pero nunca aparte de la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras. No estaba fríamente apegado a su Biblia, sino en comunión con el Señor, buscando la ayuda del Espíritu, y con esa disposición estudiaba y predicaba.

Bunyan era un pastor fiel que atendía su grey, pero como pastor Bunyan también dedicó tiempo para escribir. Durante los años en los que fue pastor escribió el Progreso del peregrino (aunque parece que la idea comenzó cuando estaba encarcelado), y La guerra santa y la The Death of Mr. Badman (Muerte del Sr. Hombre-malo), y muchos otros. Entre sus libros y monografías, hay como 60 obras que fueron publicadas durante su vida así como después de su muerte. Era un trabajador incansable. Dice uno de sus biógrafos que solía escribir sus sermones después de predicarlos, algo que exige mucha disciplina. Los libros son prácticos, bíblicos, profundos sencillos y populares en su estilo. Hay una variedad de estilos literarios usado por Bunyan, pero todos sus libros buscan el bien del pueblo de Dios y la conversión de los pecadores.

Bunyan era un hombre fiel. Pensaba en la Palabra de Dios y en lo que Dios exige en esa Palabra. No quiso hacer a nadie a tropezar. Pensó que hubiera sido infiel al callarse y no predicar el evangelio.

Bunyan era un hombre de mucha humildad. No se promovía a sí mismo. Sabemos que escuchó a unas mujeres pobres, les consultaba en sus tiempos de angustia y a través de ellas recibió ayuda. En su trato con otros, en sus escritos, se nota que no pensaba de sí mismo indebidamente.

Bunyan también era un hombre pacificador. Dice Rodríguez y García, que algunos llamaron a Bunyan el “reconciliador” porque buscaba que la gente viviera en paz. Es notable que Bunyan murió después de un esfuerzo exitoso para persuadir a un padre que no desheredara a su hijo. Bunyan viajó unas cuantas millas para visitarles y al regresar le sobrevino una lluvia y se mojó mucho. Llegó a la casa de un amigo pero le sobrevino una fiebre. Bunyan nunca mejoró lo suficiente como para regresar a su casa y no sabemos si su esposa pudo estar con él en la hora de su muerte. Murió con su fe colocada firmemente en el Señor Jesucristo solamente.

Hay muchas cosas que podemos aprender de la vida y los escritos de Bunyan, pero me limito ahora a unas pocas cosas más que me parecen excelentes.

Una de las cosas admirables en Bunyan es su conocimiento de las Escrituras y su precisión como teólogo en muchas áreas. Aun cuando una persona no esté de acuerdo con algunas de sus conclusiones e interpretaciones, nadie puede negar que usó la Biblia para todo y con una fuerte lógica, aunque nunca estudió la lógica como tal, ni latín, ni griego, ni hebreo. Tenía su Biblia en inglés solamente y no tenía biblioteca. Llegó a leer muy pocos libros escritos por los hombres. Es cierto que sabía escuchar sermones y parece que conoció personalmente a John Owen y otros eruditos, aunque su contacto con ellos fue muy limitado. Así que, mayor y principalmente con su Biblia en inglés Bunyan dominó áreas difíciles de teología y predicó con gran poder y la bendición del Espíritu Santo, como muchos testificaron, hasta el mismo Owen, como hemos visto.

Sus libros están llenos de citas y frases de las Escrituras y de alusiones a ellas. Spurgeon dijo de Bunyan que su sangre era bíblica. Puedes pincharle en cualquier parte de su cuerpo y la Biblia sale. Todos los que saben algo de la Biblia y que han leído sus libros, reconocen que el vocabulario lenguaje y especialmente la enseñanza, son bíblicos.

Si una persona cree en la suficiencia de las Sagradas Escrituras para todo lo relacionado a con la salvación y con la vida y si una persona cree en la realidad de la iluminación del Espíritu Santo para entender esa revelación y para creer en ella como la Palabra de Dios y para vivir conforme a ella por la fe, entonces esa persona tendrá en Juan Bunyan un ejemplo sobresaliente de esa suficiencia. Alabamos al Dios de toda gracia porque vemos ilustrado maravillosamente en el caso de Juan Bunyan lo que Dios puede hacer con un hombre que, dotado de su gracia y la presencia del Espíritu, estudia detenida, celosa y cuidadosamente su Biblia en su propio idioma. Espero que el ejemplo de Bunyan anime a todos nosotros a vivir en las páginas de las Sagradas Escrituras con un espíritu humilde y con el deseo dado por su Espíritu Santo de saber la voluntad de Dios y hacerla.

Otra manifestación de la bondad y misericordia de Dios que es admirable en la vida de Bunyan es cómo aprendió tanto sin tener el beneficio de conocer la Biblia en su juventud. Después de los veinte años comenzó a conocer la Biblia, sin embargo, sobrepasó a muchísimos que como Timoteo habían conocido las Sagradas Escrituras desde su juventud. Digo eso para animar a cualquiera que recibe el llamamiento eficaz después de años de pecado. El Señor sabe quitar los años que comieron las langostas y hacer a uno fructificar como si nunca hubiera pasado hambre.

El Señor nos muestra lo que Él puede hacer con un hombre que se dedica a escudriñar las Escrituras. Bunyan era mejor teólogo pastor y predicador que muchos que tenían conocimiento de los idiomas bíblicos. No menospreciamos eso, pero vemos que no es absolutamente necesario para poder predicar con poder.

Apéndice sobre la biografía de Juan Bunyan por Alfredo S. Rodríguez y García.

De lo que yo conozco, la única biografía de John Bunyan que existe en español es la de Alfredo S. Rodríguez y García, publicado originalmente por Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, EEUU, en el año 1929. El autor escribió la biografía aproximadamente unos 300 años después del nacimiento de Bunyan.

En 1986 el libro fue publicado por CLIE de España, usando una copia del original de Casa Bautista. Todavía estaba disponible en mayo de 2006.

En términos generales es una biografía buena, bien organizada, con información sobre los tiempos, vida y carácter de Bunyan y de sus labores como pastor y escritor. El vocabulario usado exigirá el uso de un buen diccionario para algunos, como pasó en el caso mío.

Disfruté mucho del libro. Hay algunas opiniones del autor que no son bíblicas, o que no son presentadas claramente. Un ejemplo es su opinión de que no hay pecado grande o pequeño (página 92). Aun con el “pero” que puso, se quedó corto. Juan 19:11 y otras declaraciones del Señor nos enseñan que hay pecados más grandes que otros. Estamos de acuerdo en que la infracción de cualquier ley de Dios es suficiente para condenarnos y solamente la sangre de Jesucristo puede quitar la culpa de cualquier pecado.

Hay también algunas especulaciones del autor sobre la educación y unas cosas relacionadas con la juventud de Bunyan que parecen más sicológicas que bíblicas, que para mí no contribuyen a la edificación, pero tampoco son una distracción insuperable.

Y su uso de la palabra “inspirar / inspirado” me parece inadecuado, especialmente en una frase en la introducción debajo de una pintura de Bunyan que se titula “El inspirado soñador”. El biógrafo no pone El peregrino al nivel de la Biblia, pero parece que casi deja la idea de que el Espíritu Santo inspiró al autor sin aclarar bien el asunto de que tal inspiración no se puede comparar con la de Moisés y la de los profetas. Por mi parte prefiero un uso de la palabra “inspirar” más preciso en los libros cristianos, de manera que no dejemos la idea en la mente de nadie de que el Espíritu Santo hace todavía en algunos lo que hizo en los escritores de las Sagradas Escrituras.

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza IV

Males que minan el respeto y la confianza IV

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza IV

Males que minan el respeto y la confianza IV

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza III

Males que minan el respeto y la confianza III

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza III

Males que minan el respeto y la confianza III

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza II

Males que minan el respeto y la confianza II

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Conferencia Pastoral 2004 | Males que minan el respeto y la confianza I

Males que minan el respeto y la confianza I

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2006 Pastors’ Conference | The Pattern of Christ’s Preaching III

The Pattern of Christ’s Preaching III

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The Pattern of Christ’s Preaching III

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2006 Pastors’ Conference | The Pattern of Christ’s Preaching II

The Pattern of Christ’s Preaching II

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2006 Pastors’ Conference | The Pattern of Christ’s Preaching II

The Pattern of Christ’s Preaching II

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2006 Pastors’ Conference | The Pattern of Christ’s Preaching I

The Pattern of Christ’s Preaching I

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2006 Pastors’ Conference | Signs of the End Impending Judgement

Signs of the End Impending Judgement

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Conferencia Pastoral 2003 | La predicación eficaz II

La predicación eficaz II

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Conferencia Pastoral 2003 | La predicación eficaz I

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2005 Pastors’ Conference | Discerning the Word of God III

Discerning the Word of God III

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2010 Pastors’ Conference | Faithfulness in the Ministry II

Faithfulness in the Ministry II

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2010 Pastors’ Conference | The Adult-Oriented Church III

The Adult-Oriented Church III

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2010 Pastors’ Conference | Habakkuk’s Word to Us

Habakkuk’s Word to Us

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2010 Pastors’ Conference | Jehovah’s Word to Habakkuk

Jehovah’s Word to Habakkuk

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Jehovah’s Word to Habakkuk

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Conferencia Pastoral 2010 | La misericordia del rey

La misericordia del rey

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Conferencia Pastoral 2010 | La misericordia del rey

La misericordia del rey

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un amor desinteresado

La disposición del pastor: Un amor desinteresado

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Vamos a tener un momento de oración.

Oh Padre,

Te damos gracias por la manifestación de tu poder salvador, en la persona y obra del Señor Jesucristo, que aquello que Él hizo por nosotros en la cruz para salvarnos nos lleve a amarle más, a dar muerte al pecado que todavía permanece en nuestros corazones para que podamos servirte. Ven sobre nosotros hoy y enséñanos algo más de esa disposición con la cual debemos pastorear a las ovejas. Danos pues ese corazón para que manifestemos el pastoreo de Cristo, para el bien de sus ovejas.

Pedimos la unción de tu Espíritu, que tu siervo pueda hablar con amor, con ternura, dependiendo solamente de Ti. Que la exposición de tu Palabra sea para la edificación de tus siervos. En el nombre de tu Hijo amado, te lo suplicamos. Amén.

El Príncipe de los pastores manda a los pastores de su iglesia a pastorear las ovejas de su rebaño con una disposición pastoral que consiste de varios elementos esenciales. Hemos considerado tres de estos elementos: un corazón de siervo, un corazón compasivo y un espíritu manso y tierno. Otro elemento esencial es un amor sacrificial y desinteresado. Jesucristo pastoreó a sus ovejas con esta disposición.

Juan capítulo 13, versículo 1, habla de este amor por sus discípulos, habla del amor de Cristo por sus discípulos, dice que:

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

Juan capítulo 10, versículos 7 al 18, enseña que el buen pastor da su vida por las ovejas. Esta es la prueba contundente de su amor por ellas. Él ama a sus ovejas con un amor sincero, sacrificial, desinteresado y desprendido. El buen pastor no es un asalariado; el asalariado ve a las ovejas como un medio para su sostén. No se preocupa por el bienestar de ellas. Sólo trabaja por el pago o la remuneración que recibirá, pero a él no le importan las ovejas.

En cambio, el buen pastor ama a sus ovejas, busca y promueve constantemente el bien de las ovejas. Así también nosotros debemos amar a las ovejas que Cristo ha puesto bajo nuestro cuidado. Por esta razón, Pedro en su 1ª epístola, capítulo 5, versículo 2, dice a los ancianos:

“Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios, no por avaricia del dinero, sino con sincero deseo”, un sincero deseo de buscar y promover su bien espiritual.

Ahora, pastorear con un deseo sincero y desinteresado, no prohíbe al pastor procurar legítimamente un sustento razonable y suficiente para proveer para las necesidades básicas de su familia. El hecho de que él es un pastor, no le libra de la responsabilidad de proveer para su hogar. Si él no provee de una manera responsable y adecuada para las necesidades básicas de su hogar, según las Escrituras, tal individuo niega la fe.

1ª a Timoteo, capítulo 5, versículo 8, declara:

“Pero si alguno no provee para los suyos, especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Si el pastor no provee para su familia peca contra Dios y peca contra su familia. Y aún más, niega la fe o el evangelio que Dios le llamó a predicar. Esto no es consecuente con su llamado; por un lado predica y por otro niega la fe. El pastor debe predicar todo el consejo de Dios, pero para que él sea consecuente con lo que predica debe proveer para su casa de una manera legítima, adecuada, responsable y suficiente.

Esta es una de las razones por la que Pablo en su 1ª epístola a los Corintios, capítulo 9, versículo 14, dice:

“El que predica el evangelio, que viva del evangelio”.

En la 1ª epístola a Timoteo, capítulo 5, versículo 18, Pablo añade: “El obrero es digno de su salario”.

Por tanto, cuando Pedro llama a los pastores a pastorear el rebaño, no por obligación sino voluntariamente, no por avaricia de dinero sino con sincero deseo, no prohíbe que el pastor procure una remuneración adecuada para sostener a su familia. Lo que estos versículos prohíben es que el pastor pastoree a las ovejas con un corazón codicioso y para obtener ganancias deshonestas.

Los pastores deben servir y pastorear el rebaño con un deseo genuino que desea y busca el bien espiritual de las ovejas. La queja principal de Dios contra los líderes de Israel era que ellos pastoreaban para trasquilar y aprovecharse de las ovejas.

El Señor dice:

“Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos y no apacientan mis ovejas, no las cuidan, no las alimentan, no las reúnen, no las protegen, viven de las ovejas”.

No les importa la condición de las ovejas, ¿porqué? Porque no aman a las ovejas. Los pastores de Cristo no deben seguir tal ejemplo. Debemos evaluar nuestras vidas, nuestros corazones y preguntarnos, ¿qué es lo que nos mueve a servir en la iglesia?

¿Estamos pastoreando al pueblo de Dios porque amamos a Cristo, porque amamos a las ovejas? o ¿Estamos aquí por pago, estamos aquí por alguna remuneración, algún retiro, etc.? Debemos pastorear la iglesia por amor a Cristo y por amor a las ovejas. Los pastores de Cristo deben imitar a Cristo. Él por amor entregó su vida para procurar y asegurar el bienestar y la salvación de sus ovejas, o como otro dijo:

“Jesús mismo entregó su vida por sus ovejas. Él no era ningún peón asalariado que hacía el trabajo por dinero. A Él le interesaban genuinamente las ovejas, incluso hasta el punto de estar dispuesto a morir por ellas. Su gran amor reveló su sacrificio y servicio. Jesús pastoreó a las ovejas con una amor sincero, sacrificial y desinteresado”. Esa disposición con la que Jesucristo, el Príncipe de los pastores, pastorea sus ovejas es la que nosotros debemos imitar. Esta disposición fue la que el apóstol Pablo imitó y manifestó en su vida y ministerio. En 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 8, él les dijo a estos hermanos:

“Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues nos llegasteis a ser muy amados”.

He aquí el motivo por el cual este hombre se entregó a servir y, ¿con qué disposición se entregó y sirvió a aquellas ovejas? Dice, “pues nos llegasteis a ser amados, no, muy amados”. Este amor que ardía en el corazón del apóstol por sus ovejas le llevó a decir a los corintios, aun cuando estos cuestionaban su integridad y la autoridad de su ministerio:

“Yo muy gustosamente gastaré lo mío y aún más, yo mismo me gastaré por vuestras almas. ¿Si os amo más, seré amado menos?”.

A pesar de la oposición y las falsas acusaciones que el apóstol encontró en Corinto, aquello que lo constreñía a seguir sirviendo a estos hermanos fue su amor por ellos.

Ahora, traten de ponerse en el lugar de Pablo. Él era el padre espiritual de los creyentes en Corinto. Padeció en aquel lugar dolores de parto para que Cristo fuera formado en ellos. Trabajó fuertemente para establecer aquella iglesia en circunstancias muy difíciles y peligrosas. Tomó de otros ministerios para no agraviarlos; trabajó allí en circunstancias complejas. Al principio él predicó en Corinto en medio de mucha oposición, Hechos 18.

En su 1ª epístola a los Corintios, él les dijo:

“Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y con mucho temblor”.

El Señor por medio de una visión le dijo a Pablo:

“No temas, sigue hablando y no calles”.

Establecer una iglesia en Corinto no fue algo fácil.

Después de un tiempo, falsos maestros, hombres prejuiciados, entraron en esta congregación e indispusieron el corazón de algunos creyentes hacia el apóstol. En vez de defender a su padre espiritual, estos creyentes influidos por estas personas, cuestionaban la integridad de este hombre de Dios. Insinuaban que Pablo no cumplía sus promesas, que decía una cosa aquí pero su intención era otra. Todas estas cosas quebrantaron profundamente el corazón de Pablo. ¿Qué fue lo que le llevó a seguir sirviendo a estas personas, a tomar su tiempo para escribir la 1ª epístola y después la 2ª epístola a los Corintios, y pensar bien sus argumentos? ¿Qué fue lo que llevó a este siervo de Dios a tratar con sus hijos espirituales, quienes vinieron a la verdad y fueron salvos por medio de su ministerio? ¿Qué fue lo que lo mantuvo tratando con el corazón de estas personas?

Hermanos, fue un verdadero amor por ellos, un amor sacrificial y desinteresado que se entrega a sí mismo a buscar el bien y la felicidad de otros. Ciertamente no fue por algún beneficio monetario, pues él no quiso recibir de ellos ayuda financiera.

1º Corintios, capítulo 9, versículo 15, aquello que le movió a servirles fue un amor sincero, sacrificial y desinteresado.2ª epístola a los Corintios, capítulo 6, versículo 11:

“Nuestra boca (dice Pablo a los corintios), os ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par”.

En otras palabras, “No estoy escondiendo nada; no tengo motivos ulteriores. Les hablo con toda franqueza al decir que nuestro corazón está lleno de un afecto compasivo y amoroso por ustedes. Realmente les amamos”.

Mi hermano, ¿qué es aquello que te llevará a continuar en el ministerio año tras año, cuando te encuentres en circunstancias similares? ¿Qué impedirá que tires la toalla? El amor sincero, el amor por Cristo y el amor sincero, sacrificial y desinteresado por las ovejas. En la 2ª epístola a Timoteo, capítulo 2, versículo 9 y 10, Pablo dijo:

“Por el cual sufro penalidades, hasta encarcelamiento como un malhechor, pero la palabra no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna”. No era suficiente que ellos entraran, sino que siguieran y concluyeran y gozaran de la gloria eterna. Y por ese fin él estaba dispuesto a sufrir todo, todo lo soportó por amor a los elegidos.

En su libro “El pastor renovado”, Richard Baxter, describe este amor sincero:

“Todo nuestro ministerio debe llevarse a cabo con un amor tierno hacia nuestra gente. Tenemos que mostrarles que no tenemos mayor placer que su progreso y prosperidad. Tenemos que mostrarles que nos entristece y nos preocupa cuando ellos son heridos y afectados. Debemos sentirnos hacia nuestra gente como un padre se siente hacia sus hijos. El amor tierno de una madre no debe sobrepasar el nuestro. Debemos sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ellos. Ellos deben ver que en comparación a su salvación ninguna cosa externa nos interesa, sea riqueza, libertad, honor o la vida. Además debemos estar dispuestos a que nos saquen del número de los vivientes con tal de que ellos se encuentren en el libro del Cordero”.

Debemos estar dispuestos a decir con Juan:

“Estoy listo para dar mi vida por los hermanos”.

O como Pablo:

“No estimemos nuestras vidas con tal de que terminemos con gozo el ministerio que recibimos del Señor Jesucristo”.

Esta es la disposición con la que debemos pastorear a nuestras ovejas. Debemos preguntarnos nuevamente en oración delante de Dios: ¿Qué me lleva al púlpito, domingo tras domingo? ¿Es simplemente cumplir con una tarea? ¿Con un compromiso? ¿Amo realmente a mis ovejas? Queridos hermanos, si vamos a manifestar el espíritu de Cristo, si vamos a pastorear a las ovejas de Cristo, por las que Él vertió su sangre, debemos asegurarnos que lo hacemos con un amor sincero, sacrificial y desinteresado que se entrega a sí mismo.

Después de haber visto algo de la motivación con que debemos cumplir nuestro ministerio hago la siguiente pregunta: ¿Cómo nos ayudará este amor a pastorear fielmente a nuestras ovejas? Esta disposición nos ayudará a ganar los oídos y los corazones de nuestras ovejas. Tal vez no conozcan tanto de teología de Berkhof y de Calvino, pero nuestras ovejas saben que es amor y pueden discernirlo. Cuando ellas vean que les amamos, abrirán sus corazones hacia nosotros y prestarán atención a lo que debemos decirles.

Si realmente quieres que tu gente escuche el mensaje de la Palabra de Dios, es importante que prediques la palabra con un amor sincero y sacrificial. Este amor por tus ovejas les animará a buscar y a oír tus consejos. Si vas a ser fiel a sus almas, tendrás que decir verdades que serán difíciles de aceptar, verdades que quebrantarán sus corazones, pero verdades que ellas deben oír para que puedan crecer espiritualmente y obedecer al Señor Jesucristo.

Vendrán ocasiones en las cuales debemos reprender y amonestar. Si nuestras ovejas no están convencidas de nuestro amor, pensarán que tenemos algo personal contra ellas, pero si saben que les amamos, estarán dispuestas a oír nuestra enseñanza, exhortación, reprensión y amonestación bíblicas, no importa cuán fuertes sean. Las ovejas oirán con prontitud la palabra porque ellas conocen que aquel que les enseña o amonesta les ama con un amor sincero, que realmente busca su bien.

La mayoría de las personas juzgan el consejo según juzgan el afecto de aquel que da el consejo. Por tanto, cultiva un amor tierno y sincero por tu gente. Es verdad que nuestras ovejas deben seguir nuestra enseñanza sólo si es bíblica. Sin embargo, no debemos soslayar la realidad de que nuestras ovejas juzgan nuestra enseñanza según el afecto que vean en nosotros hacia ellas.

Nuestras ovejas deben seguirnos, sí. Pero deben seguirnos si estamos mostrándoles la palabra de Dios, y sus conciencias y mentes están convencidas que así es. No deben seguirnos solo porque nos aman. Para seguir lo que el pastor enseña, ellas deben estar convencidas de que esto es lo que la palabra de Dios enseña, pues no seguimos a los hombres sino a Cristo. Si lo que el pastor enseña es lo que la Biblia enseña, aunque sea fuerte y cause dolor, la oveja estará más dispuesta a oírlo porque sabe que su pastor le ama. Pastor, cultiva un amor sincero y sacrificial por tu gente. Esfuérzate por aumentar este amor de una manera tangible por medios legítimos para que puedan percibir que están en tu mente y tu corazón, están en tus pensamientos, están en tus oraciones.

Ante las ofensas debemos cuidarnos de no reaccionar incorrectamente. La ocasión vendrá cuando la oveja diga algo que nos va a herir profundamente. En tal ocasión debemos poner un freno en nuestra lengua para no ofenderles o tomar represalia.

Este amor sincero no sólo ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas.

En segundo lugar, también nos animará a nosotros a seguir pastoreando a las ovejas. En Hechos, capítulo 20, del versículo 33 al 35, Pablo dice:

“Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y de las que estaban conmigo. En todo os mostré que así, trabajando debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras de Jesucristo, del Señor Jesús, que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir’”.

Más bienaventurado es dar que recibir.

Estos versículos se usan a menudo para animar a los creyentes a ser generosos y sensibles a las necesidades de otros. Aunque se pueden aplicar de esta manera, ésta no es la aplicación principal de esta porción bíblica. No es la razón inmediata que llevó a Pablo a hacer estas declaraciones. Si consideran el pasaje cuidadosamente, se darán cuenta que Pablo no se dirige a la iglesia sino a los ancianos, o a los pastores de la iglesia. La intención de Pablo al decir estas cosas, fue recordar a estos ancianos, que lo que le animó a pastorearles y a servirles no fue su afán por enriquecerse, no fue lo que ellos podían hacer por él, sino el amor que él sentía por ellos. El amor le llevó a darse a ellos, a entregarse a ellos para servirles. El amor le llevó a dar, y para Pablo esto era una mayor bendición, como el Señor indica: “Más bienaventurado es dar que recibir”.

Es decir, la bendición mayor de los ancianos se encuentra, no en lo que sus ovejas pueden hacer por ellos, no en las atenciones con que ellas puedan atenderlos, sino en lo que los ancianos, por amor, se entregan a hacer por sus ovejas.

“En todo os mostré que así trabajando debéis ayudar a los débiles. Oh ancianos, sigan mi ejemplo, entréguense a servir a los necesitados, a sus ovejas; cumplan con su labor. Tened cuidado de vosotros y del rebaño”.

Este es el ejemplo que el mismo Señor nos mostró con su vida, ministerio y palabras. Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Más bienaventurado es amar; Dios amó y ¿qué hizo? dio a su Hijo unigénito. El amor le llevó a dar. Pastores, el amor por sus ovejas les llevará a entregarse a ellas como deben hacerlo. Recuerden que el darse por amor a ellas trae una mayor bendición. Vendrán ocasiones cuando algunos de nuestros hermanos no nos tratarán con amor, al contrario, nos tratarán mal. Pero pastor, recuerda que aquello que trae una mayor bendición no es que te amen sino que tú imitando a Cristo ames a tus ovejas. Que seamos más prontos en darnos a ellas. El amor sincero nos ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas. En segundo lugar, nos animará a seguir pastoreando a nuestras ovejas.

En tercer lugar, el amor sincero, sacrificial y desinteresado, nos impedirá abandonar a las ovejas cuando ellas se encuentren en dificultad o peligro. En Juan, capítulo 10, versículos 12 y 13, Jesús dijo:

“Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa”.

¿Y cuál es la explicación? Él huye porque sólo trabaja por el pago. El enemigo principal y mortal de las ovejas en aquellos días era el lobo rapaz. Las ovejas no tenían defensa contra este depredador. El pastor era el único que podía protegerlas. Pero si el pastor era un asalariado, las ovejas serían presas fáciles, porque al ver al lobo, el asalariado las abandonaría, huiría para proteger su propia vida o sus propios intereses. Sólo el buen pastor permanecía con las ovejas. Sólo él arriesgaba su vida para defender y rescatar a sus ovejas. ¿Por qué estaba dispuesto a arriesgar su vida para proteger y salvar a las ovejas? Por su amor sincero y sacrificial por las ovejas.

Esto es lo que nos impedirá a nosotros abandonar a las ovejas y huir cuando ellas se encuentren en peligro. El amor no nos dejará que abandonemos a las ovejas cuando aparezca el lobo de los falsos profetas, el lobo de las artimañas engañosas del error, el lobo del que quiere dañar al mensajero para que las ovejas no escuchen el mensaje de su pastor. El amor sincero y sacrificial impide al pastor huir y dejar a las ovejas por las que Cristo murió. Le impide huir y dejarlas en medio de la crisis o en manos de los falsos profetas.

“Sería fácil irme a otro lugar, con un mejor salario y no tendría que enfrentar los rostros de aquellos que me vituperan domingo tras domingo, que me acusan, que me injurian injustamente, pero el amor por Cristo y por mis ovejas, ovejas por las que tendré que dar cuenta, me impide abandonarlas”.

No es fácil introducir reformas bíblicas en las iglesias porque muchas veces nos encontramos con personas que no quieren la verdad por la influencia de los lobos en la iglesia. Estos lobos promueven una clase de vida para los cristianos en la que no tienen que luchar contra el pecado remanente, el diablo y el mundo. Esta clase de vida apela a la carne y atrae a la gente. El pastor fiel no se dejará intimidar por la popularidad de estos lobos o falsos maestros, ni por sus falsas enseñanzas, sino que continuará predicando y aplicando fielmente la palabra de Cristo.

El pastor fiel no abandonará a sus ovejas, a pesar de las amenazas que recibe contra su persona, a pesar de las acusaciones sin fundamento que dicen contra él. Él no se deja intimidar, no está allí por los elogios de la gente, por el salario que recibe, por el retiro que recibirá, por la influencia que puede ejercer en mucha gente. Él está allí porque ama a Cristo y ama a las ovejas por las cuales tendrá que dar cuenta. Es el amor que le constriñe a predicar a tiempo y fuera de tiempo, que le constriñe a trabajar arduamente hasta que Cristo sea formado en ellas.

El amor nos ayudará a mantenernos en nuestro lugar de servicio, no importa las corrientes que vengan. El pastor no huye ante el lobo o el problema. El asalariado cuando ve el peligro huye. Teme enfrentarse a los problemas de la gente, teme confrontar el pecado de su gente porque sabe que esto puede costarle su salario o la sonrisa o la aprobación de su gente. Teme que si dice la verdad, algunos se ofenderán y se irán de la iglesia. No se atreve a resistir la presión de la gente que quiere que la iglesia adopte las costumbres y los métodos del mundo.

Aarón en un momento de debilidad, cedió a la presión, no pudo resistir la presión de la multitud. Aunque conocía que la petición de la gente violaba el mandato de Dios, cedió a la presión de la gente. Tal vez pensó que su vida corría peligro, tal vez pensó que su posición estaba en peligro, “Moisés no aparece, tal vez debo preparar algo aquí por si acaso…”. En fin, dejó que el lobo de la presión le infundiera temor y huyó de su deber, no fue celoso por guardar la pureza de la adoración.

La norma de la adoración dada por Dios para aquella gente no era suficiente, no era suficiente porque ellos querían adorar a Dios a su manera. Ellos querían entretenimiento. Éxodo 32 nos dice:

“El pueblo se sentó a comer y a beber y se levantó a regocijarse”.

Josué oyó el ruido del pueblo que gritaba, dijo a Moisés:

“Hay gritos de guerra en el campamento”.

Pero Moisés dijo:

“No es ruido de gritos de victoria, oigo voces de canto”. Música.

No debemos sorprendernos por lo que está sucediendo hoy en las iglesias pues no hay nada nuevo bajo el sol. Lo que sucedió con el pueblo de Israel es lo que está sucediendo hoy. Con pretextos religiosos, se sientan a comer y a beber para ser entretenidos. Moisés vio el becerro y las danzas. ¿Qué deseaba el pueblo? Entretenimiento. Querían satisfacer su carne. La adoración era un mero pretexto para ir tras sus verdaderas intenciones. Aarón sucumbió a la presión del pueblo, dejó que el lobo de la presión y del temor a los hombres le llevara a hacer aquello que se oponía a la voluntad de Dios. Le dio al pueblo lo que el pueblo quería. Pensaban que adoraban a Dios al cantar y danzar delante del becerro, pero estaban equivocados porque la verdadera adoración a Dios no se trata de satisfacer nuestros deseos vanos y carnales sino exaltar y honrar su nombre. Por permitir que la presión le controlara, Aarón no fue fiel a Dios y no guió al pueblo a entender y someterse a la voluntad de Dios. Mientras el pueblo gozaba de su fiesta religiosa, deshonraba a Dios.

Ceder a la presión y al deseo de la gente, en lo que respecta a la adoración es una ofensa muy seria. Aarón cedió a la presión y si Moisés no hubiera intercedido por él, Dios lo hubiera destruido. Lean Deuteronomio, capítulo 9. Así que, cuando te veas tentado a ceder a la presión, piensa en la conducta de Aarón y la reacción divina para que esto te sirva como un antídoto poderoso contra la presión.

Hay un artículo, el cual no puedo apoyar en su totalidad porque creo que le falta equilibrio en ciertos puntos, sin embargo, las cosas que este artículo enseña son importantes. El título del artículo es: “La unión del calvinismo con la mundanalidad”, por el pastor Peter Masters. El autor nos llama a guardarnos del lobo de la mundanalidad:

“Cuando era más joven y recientemente convertido parecía que la meta principal de todos los cristianos celosos, fueran calvinistas o arminianos, era la consagración. Sermones, libros y conferencias enfatizaban esto, en el espíritu de Romanos 12:1 y 2, donde el apóstol encarecidamente llama a los creyentes a presentar sus cuerpos en sacrificio vivo y a no ser conformados a este mundo. El corazón era retado y despertado (eso es lo que hace el calvinismo cuando se entienden sus implicaciones). Cristo había de ser Señor de la vida de uno y el ego debía ser rendido sobre el altar en sacrificio a Él. Pero ahora, parece, hay un nuevo calvinismo con nuevos calvinistas que ha echado los objetivos antiguos a un lado. Aprendemos que cuando un rapero secular fue convertido, su instinto cristiano, como nacido de nuevo, le llevó a dejar su antigua manera de vivir y su estilo de canto. Pero el pastor evidentemente lo persuadió a no hacerlo para que pudiera cantar para el Señor. Los nuevos calvinistas no temen en invalidar la conciencia instintiva cristiana aconsejando a las personas a hacerse amigos del mundo. La soberanía de Dios proclamada verdaderamente debe incluir consagración, reverencia, obediencia sincera a su voluntad y separación del mundo. No puedes tener una soteriología puritana sin una santificación puritana. No debes atraer a personas a una predicación calvinista o de cualquier tipo usando carnada mundana. El nuevo calvinismo no es una resurgencia sino una fórmula completamente nueva que arranca la doctrina bíblica de su práctica histórica y la une con el mundo”.

El verdadero calvinismo y la mundanalidad están opuestos.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado trayendo salvación a todos los hombres”.

Y les dice a los raperos:

“Si tú rapeabas música rock, sigue rapeando. Aunque la música que se desea usar en la iglesia fue compuesta para promover la promiscuidad, la violencia, la inmoralidad, el desorden, aun así, sigue usándola, ahora para el Señor”.

¡No! La gracia de Dios se ha manifestado enseñándonos que, negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente.

El amor muchas veces nos lleva a decir “no”. Queridos hermanos, aprendamos a luchar y luchemos contra los lobos de la presión, de la mundanalidad y el pragmatismo, etc.

La Biblia enseña a los pastores que ellos deben pastorear el rebaño con la disposición que Cristo pastorea sus ovejas. Esta disposición consta de varios elementos esenciales: un corazón de siervo, un espíritu manso y tierno, una compasión afectuosa, un amor que se entrega a sí mismo. Este amor nos ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas, nos animará a pastorear a las ovejas y a no tirar la toalla. Nos impedirá abandonar a las ovejas de Cristo.

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un amor desinteresado

La disposición del pastor: Un amor desinteresado

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Vamos a tener un momento de oración.

Oh Padre,

Te damos gracias por la manifestación de tu poder salvador, en la persona y obra del Señor Jesucristo, que aquello que Él hizo por nosotros en la cruz para salvarnos nos lleve a amarle más, a dar muerte al pecado que todavía permanece en nuestros corazones para que podamos servirte. Ven sobre nosotros hoy y enséñanos algo más de esa disposición con la cual debemos pastorear a las ovejas. Danos pues ese corazón para que manifestemos el pastoreo de Cristo, para el bien de sus ovejas.

Pedimos la unción de tu Espíritu, que tu siervo pueda hablar con amor, con ternura, dependiendo solamente de Ti. Que la exposición de tu Palabra sea para la edificación de tus siervos. En el nombre de tu Hijo amado, te lo suplicamos. Amén.

El Príncipe de los pastores manda a los pastores de su iglesia a pastorear las ovejas de su rebaño con una disposición pastoral que consiste de varios elementos esenciales. Hemos considerado tres de estos elementos: un corazón de siervo, un corazón compasivo y un espíritu manso y tierno. Otro elemento esencial es un amor sacrificial y desinteresado. Jesucristo pastoreó a sus ovejas con esta disposición.

Juan capítulo 13, versículo 1, habla de este amor por sus discípulos, habla del amor de Cristo por sus discípulos, dice que:

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

Juan capítulo 10, versículos 7 al 18, enseña que el buen pastor da su vida por las ovejas. Esta es la prueba contundente de su amor por ellas. Él ama a sus ovejas con un amor sincero, sacrificial, desinteresado y desprendido. El buen pastor no es un asalariado; el asalariado ve a las ovejas como un medio para su sostén. No se preocupa por el bienestar de ellas. Sólo trabaja por el pago o la remuneración que recibirá, pero a él no le importan las ovejas.

En cambio, el buen pastor ama a sus ovejas, busca y promueve constantemente el bien de las ovejas. Así también nosotros debemos amar a las ovejas que Cristo ha puesto bajo nuestro cuidado. Por esta razón, Pedro en su 1ª epístola, capítulo 5, versículo 2, dice a los ancianos:

“Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios, no por avaricia del dinero, sino con sincero deseo”, un sincero deseo de buscar y promover su bien espiritual.

Ahora, pastorear con un deseo sincero y desinteresado, no prohíbe al pastor procurar legítimamente un sustento razonable y suficiente para proveer para las necesidades básicas de su familia. El hecho de que él es un pastor, no le libra de la responsabilidad de proveer para su hogar. Si él no provee de una manera responsable y adecuada para las necesidades básicas de su hogar, según las Escrituras, tal individuo niega la fe.

1ª a Timoteo, capítulo 5, versículo 8, declara:

“Pero si alguno no provee para los suyos, especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo”.

Si el pastor no provee para su familia peca contra Dios y peca contra su familia. Y aún más, niega la fe o el evangelio que Dios le llamó a predicar. Esto no es consecuente con su llamado; por un lado predica y por otro niega la fe. El pastor debe predicar todo el consejo de Dios, pero para que él sea consecuente con lo que predica debe proveer para su casa de una manera legítima, adecuada, responsable y suficiente.

Esta es una de las razones por la que Pablo en su 1ª epístola a los Corintios, capítulo 9, versículo 14, dice:

“El que predica el evangelio, que viva del evangelio”.

En la 1ª epístola a Timoteo, capítulo 5, versículo 18, Pablo añade: “El obrero es digno de su salario”.

Por tanto, cuando Pedro llama a los pastores a pastorear el rebaño, no por obligación sino voluntariamente, no por avaricia de dinero sino con sincero deseo, no prohíbe que el pastor procure una remuneración adecuada para sostener a su familia. Lo que estos versículos prohíben es que el pastor pastoree a las ovejas con un corazón codicioso y para obtener ganancias deshonestas.

Los pastores deben servir y pastorear el rebaño con un deseo genuino que desea y busca el bien espiritual de las ovejas. La queja principal de Dios contra los líderes de Israel era que ellos pastoreaban para trasquilar y aprovecharse de las ovejas.

El Señor dice:

“Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos y no apacientan mis ovejas, no las cuidan, no las alimentan, no las reúnen, no las protegen, viven de las ovejas”.

No les importa la condición de las ovejas, ¿porqué? Porque no aman a las ovejas. Los pastores de Cristo no deben seguir tal ejemplo. Debemos evaluar nuestras vidas, nuestros corazones y preguntarnos, ¿qué es lo que nos mueve a servir en la iglesia?

¿Estamos pastoreando al pueblo de Dios porque amamos a Cristo, porque amamos a las ovejas? o ¿Estamos aquí por pago, estamos aquí por alguna remuneración, algún retiro, etc.? Debemos pastorear la iglesia por amor a Cristo y por amor a las ovejas. Los pastores de Cristo deben imitar a Cristo. Él por amor entregó su vida para procurar y asegurar el bienestar y la salvación de sus ovejas, o como otro dijo:

“Jesús mismo entregó su vida por sus ovejas. Él no era ningún peón asalariado que hacía el trabajo por dinero. A Él le interesaban genuinamente las ovejas, incluso hasta el punto de estar dispuesto a morir por ellas. Su gran amor reveló su sacrificio y servicio. Jesús pastoreó a las ovejas con una amor sincero, sacrificial y desinteresado”. Esa disposición con la que Jesucristo, el Príncipe de los pastores, pastorea sus ovejas es la que nosotros debemos imitar. Esta disposición fue la que el apóstol Pablo imitó y manifestó en su vida y ministerio. En 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 8, él les dijo a estos hermanos:

“Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues nos llegasteis a ser muy amados”.

He aquí el motivo por el cual este hombre se entregó a servir y, ¿con qué disposición se entregó y sirvió a aquellas ovejas? Dice, “pues nos llegasteis a ser amados, no, muy amados”. Este amor que ardía en el corazón del apóstol por sus ovejas le llevó a decir a los corintios, aun cuando estos cuestionaban su integridad y la autoridad de su ministerio:

“Yo muy gustosamente gastaré lo mío y aún más, yo mismo me gastaré por vuestras almas. ¿Si os amo más, seré amado menos?”.

A pesar de la oposición y las falsas acusaciones que el apóstol encontró en Corinto, aquello que lo constreñía a seguir sirviendo a estos hermanos fue su amor por ellos.

Ahora, traten de ponerse en el lugar de Pablo. Él era el padre espiritual de los creyentes en Corinto. Padeció en aquel lugar dolores de parto para que Cristo fuera formado en ellos. Trabajó fuertemente para establecer aquella iglesia en circunstancias muy difíciles y peligrosas. Tomó de otros ministerios para no agraviarlos; trabajó allí en circunstancias complejas. Al principio él predicó en Corinto en medio de mucha oposición, Hechos 18.

En su 1ª epístola a los Corintios, él les dijo:

“Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y con mucho temblor”.

El Señor por medio de una visión le dijo a Pablo:

“No temas, sigue hablando y no calles”.

Establecer una iglesia en Corinto no fue algo fácil.

Después de un tiempo, falsos maestros, hombres prejuiciados, entraron en esta congregación e indispusieron el corazón de algunos creyentes hacia el apóstol. En vez de defender a su padre espiritual, estos creyentes influidos por estas personas, cuestionaban la integridad de este hombre de Dios. Insinuaban que Pablo no cumplía sus promesas, que decía una cosa aquí pero su intención era otra. Todas estas cosas quebrantaron profundamente el corazón de Pablo. ¿Qué fue lo que le llevó a seguir sirviendo a estas personas, a tomar su tiempo para escribir la 1ª epístola y después la 2ª epístola a los Corintios, y pensar bien sus argumentos? ¿Qué fue lo que llevó a este siervo de Dios a tratar con sus hijos espirituales, quienes vinieron a la verdad y fueron salvos por medio de su ministerio? ¿Qué fue lo que lo mantuvo tratando con el corazón de estas personas?

Hermanos, fue un verdadero amor por ellos, un amor sacrificial y desinteresado que se entrega a sí mismo a buscar el bien y la felicidad de otros. Ciertamente no fue por algún beneficio monetario, pues él no quiso recibir de ellos ayuda financiera.

1º Corintios, capítulo 9, versículo 15, aquello que le movió a servirles fue un amor sincero, sacrificial y desinteresado.2ª epístola a los Corintios, capítulo 6, versículo 11:

“Nuestra boca (dice Pablo a los corintios), os ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par”.

En otras palabras, “No estoy escondiendo nada; no tengo motivos ulteriores. Les hablo con toda franqueza al decir que nuestro corazón está lleno de un afecto compasivo y amoroso por ustedes. Realmente les amamos”.

Mi hermano, ¿qué es aquello que te llevará a continuar en el ministerio año tras año, cuando te encuentres en circunstancias similares? ¿Qué impedirá que tires la toalla? El amor sincero, el amor por Cristo y el amor sincero, sacrificial y desinteresado por las ovejas. En la 2ª epístola a Timoteo, capítulo 2, versículo 9 y 10, Pablo dijo:

“Por el cual sufro penalidades, hasta encarcelamiento como un malhechor, pero la palabra no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna”. No era suficiente que ellos entraran, sino que siguieran y concluyeran y gozaran de la gloria eterna. Y por ese fin él estaba dispuesto a sufrir todo, todo lo soportó por amor a los elegidos.

En su libro “El pastor renovado”, Richard Baxter, describe este amor sincero:

“Todo nuestro ministerio debe llevarse a cabo con un amor tierno hacia nuestra gente. Tenemos que mostrarles que no tenemos mayor placer que su progreso y prosperidad. Tenemos que mostrarles que nos entristece y nos preocupa cuando ellos son heridos y afectados. Debemos sentirnos hacia nuestra gente como un padre se siente hacia sus hijos. El amor tierno de una madre no debe sobrepasar el nuestro. Debemos sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ellos. Ellos deben ver que en comparación a su salvación ninguna cosa externa nos interesa, sea riqueza, libertad, honor o la vida. Además debemos estar dispuestos a que nos saquen del número de los vivientes con tal de que ellos se encuentren en el libro del Cordero”.

Debemos estar dispuestos a decir con Juan:

“Estoy listo para dar mi vida por los hermanos”.

O como Pablo:

“No estimemos nuestras vidas con tal de que terminemos con gozo el ministerio que recibimos del Señor Jesucristo”.

Esta es la disposición con la que debemos pastorear a nuestras ovejas. Debemos preguntarnos nuevamente en oración delante de Dios: ¿Qué me lleva al púlpito, domingo tras domingo? ¿Es simplemente cumplir con una tarea? ¿Con un compromiso? ¿Amo realmente a mis ovejas? Queridos hermanos, si vamos a manifestar el espíritu de Cristo, si vamos a pastorear a las ovejas de Cristo, por las que Él vertió su sangre, debemos asegurarnos que lo hacemos con un amor sincero, sacrificial y desinteresado que se entrega a sí mismo.

Después de haber visto algo de la motivación con que debemos cumplir nuestro ministerio hago la siguiente pregunta: ¿Cómo nos ayudará este amor a pastorear fielmente a nuestras ovejas? Esta disposición nos ayudará a ganar los oídos y los corazones de nuestras ovejas. Tal vez no conozcan tanto de teología de Berkhof y de Calvino, pero nuestras ovejas saben que es amor y pueden discernirlo. Cuando ellas vean que les amamos, abrirán sus corazones hacia nosotros y prestarán atención a lo que debemos decirles.

Si realmente quieres que tu gente escuche el mensaje de la Palabra de Dios, es importante que prediques la palabra con un amor sincero y sacrificial. Este amor por tus ovejas les animará a buscar y a oír tus consejos. Si vas a ser fiel a sus almas, tendrás que decir verdades que serán difíciles de aceptar, verdades que quebrantarán sus corazones, pero verdades que ellas deben oír para que puedan crecer espiritualmente y obedecer al Señor Jesucristo.

Vendrán ocasiones en las cuales debemos reprender y amonestar. Si nuestras ovejas no están convencidas de nuestro amor, pensarán que tenemos algo personal contra ellas, pero si saben que les amamos, estarán dispuestas a oír nuestra enseñanza, exhortación, reprensión y amonestación bíblicas, no importa cuán fuertes sean. Las ovejas oirán con prontitud la palabra porque ellas conocen que aquel que les enseña o amonesta les ama con un amor sincero, que realmente busca su bien.

La mayoría de las personas juzgan el consejo según juzgan el afecto de aquel que da el consejo. Por tanto, cultiva un amor tierno y sincero por tu gente. Es verdad que nuestras ovejas deben seguir nuestra enseñanza sólo si es bíblica. Sin embargo, no debemos soslayar la realidad de que nuestras ovejas juzgan nuestra enseñanza según el afecto que vean en nosotros hacia ellas.

Nuestras ovejas deben seguirnos, sí. Pero deben seguirnos si estamos mostrándoles la palabra de Dios, y sus conciencias y mentes están convencidas que así es. No deben seguirnos solo porque nos aman. Para seguir lo que el pastor enseña, ellas deben estar convencidas de que esto es lo que la palabra de Dios enseña, pues no seguimos a los hombres sino a Cristo. Si lo que el pastor enseña es lo que la Biblia enseña, aunque sea fuerte y cause dolor, la oveja estará más dispuesta a oírlo porque sabe que su pastor le ama. Pastor, cultiva un amor sincero y sacrificial por tu gente. Esfuérzate por aumentar este amor de una manera tangible por medios legítimos para que puedan percibir que están en tu mente y tu corazón, están en tus pensamientos, están en tus oraciones.

Ante las ofensas debemos cuidarnos de no reaccionar incorrectamente. La ocasión vendrá cuando la oveja diga algo que nos va a herir profundamente. En tal ocasión debemos poner un freno en nuestra lengua para no ofenderles o tomar represalia.

Este amor sincero no sólo ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas.

En segundo lugar, también nos animará a nosotros a seguir pastoreando a las ovejas. En Hechos, capítulo 20, del versículo 33 al 35, Pablo dice:

“Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y de las que estaban conmigo. En todo os mostré que así, trabajando debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras de Jesucristo, del Señor Jesús, que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir’”.

Más bienaventurado es dar que recibir.

Estos versículos se usan a menudo para animar a los creyentes a ser generosos y sensibles a las necesidades de otros. Aunque se pueden aplicar de esta manera, ésta no es la aplicación principal de esta porción bíblica. No es la razón inmediata que llevó a Pablo a hacer estas declaraciones. Si consideran el pasaje cuidadosamente, se darán cuenta que Pablo no se dirige a la iglesia sino a los ancianos, o a los pastores de la iglesia. La intención de Pablo al decir estas cosas, fue recordar a estos ancianos, que lo que le animó a pastorearles y a servirles no fue su afán por enriquecerse, no fue lo que ellos podían hacer por él, sino el amor que él sentía por ellos. El amor le llevó a darse a ellos, a entregarse a ellos para servirles. El amor le llevó a dar, y para Pablo esto era una mayor bendición, como el Señor indica: “Más bienaventurado es dar que recibir”.

Es decir, la bendición mayor de los ancianos se encuentra, no en lo que sus ovejas pueden hacer por ellos, no en las atenciones con que ellas puedan atenderlos, sino en lo que los ancianos, por amor, se entregan a hacer por sus ovejas.

“En todo os mostré que así trabajando debéis ayudar a los débiles. Oh ancianos, sigan mi ejemplo, entréguense a servir a los necesitados, a sus ovejas; cumplan con su labor. Tened cuidado de vosotros y del rebaño”.

Este es el ejemplo que el mismo Señor nos mostró con su vida, ministerio y palabras. Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Más bienaventurado es amar; Dios amó y ¿qué hizo? dio a su Hijo unigénito. El amor le llevó a dar. Pastores, el amor por sus ovejas les llevará a entregarse a ellas como deben hacerlo. Recuerden que el darse por amor a ellas trae una mayor bendición. Vendrán ocasiones cuando algunos de nuestros hermanos no nos tratarán con amor, al contrario, nos tratarán mal. Pero pastor, recuerda que aquello que trae una mayor bendición no es que te amen sino que tú imitando a Cristo ames a tus ovejas. Que seamos más prontos en darnos a ellas. El amor sincero nos ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas. En segundo lugar, nos animará a seguir pastoreando a nuestras ovejas.

En tercer lugar, el amor sincero, sacrificial y desinteresado, nos impedirá abandonar a las ovejas cuando ellas se encuentren en dificultad o peligro. En Juan, capítulo 10, versículos 12 y 13, Jesús dijo:

“Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa”.

¿Y cuál es la explicación? Él huye porque sólo trabaja por el pago. El enemigo principal y mortal de las ovejas en aquellos días era el lobo rapaz. Las ovejas no tenían defensa contra este depredador. El pastor era el único que podía protegerlas. Pero si el pastor era un asalariado, las ovejas serían presas fáciles, porque al ver al lobo, el asalariado las abandonaría, huiría para proteger su propia vida o sus propios intereses. Sólo el buen pastor permanecía con las ovejas. Sólo él arriesgaba su vida para defender y rescatar a sus ovejas. ¿Por qué estaba dispuesto a arriesgar su vida para proteger y salvar a las ovejas? Por su amor sincero y sacrificial por las ovejas.

Esto es lo que nos impedirá a nosotros abandonar a las ovejas y huir cuando ellas se encuentren en peligro. El amor no nos dejará que abandonemos a las ovejas cuando aparezca el lobo de los falsos profetas, el lobo de las artimañas engañosas del error, el lobo del que quiere dañar al mensajero para que las ovejas no escuchen el mensaje de su pastor. El amor sincero y sacrificial impide al pastor huir y dejar a las ovejas por las que Cristo murió. Le impide huir y dejarlas en medio de la crisis o en manos de los falsos profetas.

“Sería fácil irme a otro lugar, con un mejor salario y no tendría que enfrentar los rostros de aquellos que me vituperan domingo tras domingo, que me acusan, que me injurian injustamente, pero el amor por Cristo y por mis ovejas, ovejas por las que tendré que dar cuenta, me impide abandonarlas”.

No es fácil introducir reformas bíblicas en las iglesias porque muchas veces nos encontramos con personas que no quieren la verdad por la influencia de los lobos en la iglesia. Estos lobos promueven una clase de vida para los cristianos en la que no tienen que luchar contra el pecado remanente, el diablo y el mundo. Esta clase de vida apela a la carne y atrae a la gente. El pastor fiel no se dejará intimidar por la popularidad de estos lobos o falsos maestros, ni por sus falsas enseñanzas, sino que continuará predicando y aplicando fielmente la palabra de Cristo.

El pastor fiel no abandonará a sus ovejas, a pesar de las amenazas que recibe contra su persona, a pesar de las acusaciones sin fundamento que dicen contra él. Él no se deja intimidar, no está allí por los elogios de la gente, por el salario que recibe, por el retiro que recibirá, por la influencia que puede ejercer en mucha gente. Él está allí porque ama a Cristo y ama a las ovejas por las cuales tendrá que dar cuenta. Es el amor que le constriñe a predicar a tiempo y fuera de tiempo, que le constriñe a trabajar arduamente hasta que Cristo sea formado en ellas.

El amor nos ayudará a mantenernos en nuestro lugar de servicio, no importa las corrientes que vengan. El pastor no huye ante el lobo o el problema. El asalariado cuando ve el peligro huye. Teme enfrentarse a los problemas de la gente, teme confrontar el pecado de su gente porque sabe que esto puede costarle su salario o la sonrisa o la aprobación de su gente. Teme que si dice la verdad, algunos se ofenderán y se irán de la iglesia. No se atreve a resistir la presión de la gente que quiere que la iglesia adopte las costumbres y los métodos del mundo.

Aarón en un momento de debilidad, cedió a la presión, no pudo resistir la presión de la multitud. Aunque conocía que la petición de la gente violaba el mandato de Dios, cedió a la presión de la gente. Tal vez pensó que su vida corría peligro, tal vez pensó que su posición estaba en peligro, “Moisés no aparece, tal vez debo preparar algo aquí por si acaso…”. En fin, dejó que el lobo de la presión le infundiera temor y huyó de su deber, no fue celoso por guardar la pureza de la adoración.

La norma de la adoración dada por Dios para aquella gente no era suficiente, no era suficiente porque ellos querían adorar a Dios a su manera. Ellos querían entretenimiento. Éxodo 32 nos dice:

“El pueblo se sentó a comer y a beber y se levantó a regocijarse”.

Josué oyó el ruido del pueblo que gritaba, dijo a Moisés:

“Hay gritos de guerra en el campamento”.

Pero Moisés dijo:

“No es ruido de gritos de victoria, oigo voces de canto”. Música.

No debemos sorprendernos por lo que está sucediendo hoy en las iglesias pues no hay nada nuevo bajo el sol. Lo que sucedió con el pueblo de Israel es lo que está sucediendo hoy. Con pretextos religiosos, se sientan a comer y a beber para ser entretenidos. Moisés vio el becerro y las danzas. ¿Qué deseaba el pueblo? Entretenimiento. Querían satisfacer su carne. La adoración era un mero pretexto para ir tras sus verdaderas intenciones. Aarón sucumbió a la presión del pueblo, dejó que el lobo de la presión y del temor a los hombres le llevara a hacer aquello que se oponía a la voluntad de Dios. Le dio al pueblo lo que el pueblo quería. Pensaban que adoraban a Dios al cantar y danzar delante del becerro, pero estaban equivocados porque la verdadera adoración a Dios no se trata de satisfacer nuestros deseos vanos y carnales sino exaltar y honrar su nombre. Por permitir que la presión le controlara, Aarón no fue fiel a Dios y no guió al pueblo a entender y someterse a la voluntad de Dios. Mientras el pueblo gozaba de su fiesta religiosa, deshonraba a Dios.

Ceder a la presión y al deseo de la gente, en lo que respecta a la adoración es una ofensa muy seria. Aarón cedió a la presión y si Moisés no hubiera intercedido por él, Dios lo hubiera destruido. Lean Deuteronomio, capítulo 9. Así que, cuando te veas tentado a ceder a la presión, piensa en la conducta de Aarón y la reacción divina para que esto te sirva como un antídoto poderoso contra la presión.

Hay un artículo, el cual no puedo apoyar en su totalidad porque creo que le falta equilibrio en ciertos puntos, sin embargo, las cosas que este artículo enseña son importantes. El título del artículo es: “La unión del calvinismo con la mundanalidad”, por el pastor Peter Masters. El autor nos llama a guardarnos del lobo de la mundanalidad:

“Cuando era más joven y recientemente convertido parecía que la meta principal de todos los cristianos celosos, fueran calvinistas o arminianos, era la consagración. Sermones, libros y conferencias enfatizaban esto, en el espíritu de Romanos 12:1 y 2, donde el apóstol encarecidamente llama a los creyentes a presentar sus cuerpos en sacrificio vivo y a no ser conformados a este mundo. El corazón era retado y despertado (eso es lo que hace el calvinismo cuando se entienden sus implicaciones). Cristo había de ser Señor de la vida de uno y el ego debía ser rendido sobre el altar en sacrificio a Él. Pero ahora, parece, hay un nuevo calvinismo con nuevos calvinistas que ha echado los objetivos antiguos a un lado. Aprendemos que cuando un rapero secular fue convertido, su instinto cristiano, como nacido de nuevo, le llevó a dejar su antigua manera de vivir y su estilo de canto. Pero el pastor evidentemente lo persuadió a no hacerlo para que pudiera cantar para el Señor. Los nuevos calvinistas no temen en invalidar la conciencia instintiva cristiana aconsejando a las personas a hacerse amigos del mundo. La soberanía de Dios proclamada verdaderamente debe incluir consagración, reverencia, obediencia sincera a su voluntad y separación del mundo. No puedes tener una soteriología puritana sin una santificación puritana. No debes atraer a personas a una predicación calvinista o de cualquier tipo usando carnada mundana. El nuevo calvinismo no es una resurgencia sino una fórmula completamente nueva que arranca la doctrina bíblica de su práctica histórica y la une con el mundo”.

El verdadero calvinismo y la mundanalidad están opuestos.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado trayendo salvación a todos los hombres”.

Y les dice a los raperos:

“Si tú rapeabas música rock, sigue rapeando. Aunque la música que se desea usar en la iglesia fue compuesta para promover la promiscuidad, la violencia, la inmoralidad, el desorden, aun así, sigue usándola, ahora para el Señor”.

¡No! La gracia de Dios se ha manifestado enseñándonos que, negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente.

El amor muchas veces nos lleva a decir “no”. Queridos hermanos, aprendamos a luchar y luchemos contra los lobos de la presión, de la mundanalidad y el pragmatismo, etc.

La Biblia enseña a los pastores que ellos deben pastorear el rebaño con la disposición que Cristo pastorea sus ovejas. Esta disposición consta de varios elementos esenciales: un corazón de siervo, un espíritu manso y tierno, una compasión afectuosa, un amor que se entrega a sí mismo. Este amor nos ayudará a ganar los oídos y corazones de nuestras ovejas, nos animará a pastorear a las ovejas y a no tirar la toalla. Nos impedirá abandonar a las ovejas de Cristo.

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón manso y tierno

La disposición del pastor: Un corazón manso y tierno

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En esta ocasión, continuamos nuestro estudio sobre la disposición predominante con la que el pastor debe realizar la obra pastoral en la Iglesia.

Esta disposición es la que el Señor Jesucristo manifiesta al pastorear a sus ovejas. Debemos imitar el pastoreo del Señor Jesucristo, porque es el patrón perfecto de cómo deben ser pastoreadas sus ovejas. Debemos imitar este pastoreo porque los Apóstoles lo imitaron.

La disposición predominante con la que debemos pastorear el rebaño del Señor Jesucristo consiste en varios elementos esenciales.

Hemos estudiado dos de estos elementos:

El primero es “un corazón de siervo”. El servicio del pastor debe revelar el corazón de siervo de Cristo hacia su pueblo, corazón que el Señor reveló cuando dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

El segundo elemento esencial es “un corazón compasivo”. Dios nos llama a ministrar a nuestra gente con un corazón compasivo. Él nos llama a identificarnos con la condición y el dolor de nuestra gente, y a que nosotros dejemos que esto conmueva nuestros corazones para que le ministremos de una manera correcta y adecuada.

Otro elemento esencial de la disposición con la que el pastor debe pastorear a sus ovejas es la de “un espíritu manso y sereno”. Debemos ministrar y pastorear a nuestras ovejas con un corazón de siervo, con un corazón compasivo y con un espíritu manso y tierno.

Jesucristo trata a sus ovejas con mansedumbre y ternura. Pablo menciona estas gracias del Señor en 2 Corintios 10: 1, “Yo mismo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo.”

Jesús habló de su mansedumbre cuando invitó a los pecadores a venir a Él, para que recibieran perdón, alivio y descanso para sus almas. Él dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y trabajados”. “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.”

¿Cómo anima el Señor a los pecadores a venir a Él? Revelando la mansedumbre y la humildad de su corazón. Los pecadores que vienen a Jesús quebrantados por sus pecados, arrepentidos, confiando en Él, queriendo servirle y obedecerle, encontrarán que Jesús es manso y humilde de corazón.

Pablo rogó a los discípulos por la mansedumbre y ternura de Cristo. Según Hodge: “Esto es la mansedumbre y ternura que son propias de Cristo y que, por tanto, sus discípulos están obligados a imitar. La mansedumbre se refiere principalmente a la virtud interior; la ternura se refiere a su expresión externa”. En este capítulo, Pablo alude a los escarnios de sus denigradores en Corinto. Estos le acusan de conducirse humildemente cuando estaba entre ellos, pero con osadía cuando estaba lejos. Sus detractores le consideraban como un hombre cobarde y asustadizo. Manifestaba su supuesto coraje cuando no corría peligro.

Pablo se ocupa de responder al cargo que se presenta en su contra y que le acusa de ser contencioso, duro y pretencioso. Observen como responde a estos cargos. No lo hace de una manera irrespetuosa, ruda u hostil. Siguiendo el ejemplo de su Salvador, dice a los corintios que deseaba y prefería tratar con ellos con mansedumbre y ternura. Y esto ante una gran provocación.

¿Qué es la mansedumbre? La mansedumbre tiene dos aspectos. Es sobre todo una actitud de sumisión a Dios. De esto se desprende una disposición para tratar al prójimo de forma paciente y afable.

R. C. Trench escribe: “Trauntes, que se traduce al español como mansedumbre, no solo consiste en la conducta externa de una persona y mucho menos en una mera condición o disposición natural. Más bien es una gracia del alma entretejida en sus fibras más íntimas cuyo ejercicio se dirige primero y por encima de todo a Dios. Es el temperamento espiritual que nos permite aceptar su trato hacia nosotros considerándolo como bueno y, por tanto, hacerlo sin debate ni resistencia.”

En lo que respecta al nivel horizontal, la mansedumbre es una actitud humilde y afable que se manifiesta en una sumisión paciente ante la ofensa. Está libre de malicia y venganza. Es esa gracia espiritual que nos permite sobrellevar o soportar pacientemente la provocación y ofensa, sin represalias contra aquellos que nos ofenden o nos injurian. Mansedumbre no significa debilidad, sino poder bajo control. La mansedumbre es lo opuesto a la arrogancia, a la aspereza, a la falta de tacto. El hombre manso no se inclina a contender por sus derechos ni a insistir para que sus puntos de vista personales sean aceptados. Su vida se caracteriza por la modestia y la discreción. La persona mansa tiene un concepto correcto de la soberanía de Dios, de sí misma y de su propia pecaminosidad no es pronta a airarse, ni se precipita a reclamar sus derechos.

El salmo 37 habla sobre el hombre manso. Hendriksen dice: “Este salmo describe a la persona que no tiene resentimiento, no guarda rencor. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y le entrega su camino enteramente. Lo hace con mayor razón porque ha muerto a toda justicia propia. Sabe que no puede pretender méritos de ningún tipo delante del Señor. Puesto que el favor de Dios significa todo para él, ha aprendido a soportar con gozo el despojo de sus bienes, sabiendo que tiene una herencia mejor y perdurable. Sin embargo, la mansedumbre no es debilidad, no consiste en tener una columna vertebral de goma, no es una característica que haga que la persona esté dispuesta a doblegarse ante toda brisa”.

Mansedumbre es mostrar un carácter sumiso ante la provocación, la disposición a sufrir y no causar daño. La persona mansa deja todo en las manos de Aquel que le ama y le cuida.

Hasta aquí hemos visto algo de la naturaleza de la mansedumbre, de esta gracia espiritual que es fruto de la obra de Espíritu Santo.

En segundo lugar, consideremos el ejemplo perfecto de la mansedumbre. El Señor Jesucristo es el ejemplo supremo de la mansedumbre. Él es el ejemplo que todos nosotros debemos imitar.

En su primera epístola, capitulo 2, versículo 21 al 23, Pedro declara: “Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por nosotros, o por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia.”

He aquí el ejemplo encarnado que debemos imitar; aquel que tenía todo el derecho en este mundo y no había cometido ningún pecado; aun así, ante el vituperio, la provocación y la ofensa, ¿qué hizo? Cuando le ultrajaban, no respondió ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.

¿Qué le permitió al Hijo de Dios encarnado continuar su ministerio a sus discípulos cuando éstos discutían entre sí, cuando eran tardos para creer lo que Él les enseñaba, cuando uno de ellos hasta se atrevió injustamente a reprenderlo, cuando mostraban que su fe era débil a pesar de todos los milagros que ellos habían presenciado y que el Señor había realizado? ¿Qué fue lo que llevó al Señor a sentarse con sus discípulos para instruirles cuando ellos eran tardos para oír? ¿Qué fue lo que le mantuvo siendo el Pastor de este pequeño rebaño? ¿Qué fue lo que le permitió seguir su ministerio cuando los hombres le vituperaban y le amenazaban? La gracia de la mansedumbre. Compañeros en el ministerio, si hemos de pastorear a nuestras ovejas según la voluntad de Dios, esta gracia debe gobernar nuestro corazón.

Moisés, el siervo de Dios, se distinguió por ser un hombre manso. Sin embargo, cuando Moisés no ejerció esta gracia en un momento de debilidad, ante la provocación pecaminosa del pueblo, él pecó. Se enojó contra el pueblo de Dios. Su enojo le impidió honrar a Dios delante del pueblo. Por causa de su pecado, Dios no le permitió introducir al pueblo a la tierra prometida.

Lamentablemente, algunos pastores tampoco pueden conducir a sus ovejas a un estado de madurez y mayor bendición espiritual, porque cuando son provocados por algún miembro o algunos miembros de la iglesia, no ejercen la gracia de la mansedumbre. Su falta de mansedumbre les impide ministrar eficazmente al pueblo de Dios mientras éste camina hacia la patria celestial. Probablemente, ésta es una de las razones por las cuales algunos pastores no duran mucho tiempo en las iglesias.

Les es difícil llevar a la congregación desde la infancia a la madurez por falta de mansedumbre. Muchas veces nuestras ovejas, sin darse cuenta, dicen cosas que hieren profundamente. Y si no ejercemos la gracia de la mansedumbre, entonces no podremos ministrar a sus corazones, sentarnos pacientemente para instruirles a fin de que puedan llegar a un estado de madurez espiritual.

Hemos considerado la naturaleza de la mansedumbre. Hemos visto algo del ejemplo supremo de la mansedumbre. Ahora mencionaré algunos de los beneficios de la mansedumbre.

La mansedumbre capacita al pastor a sobrellevar las ofensas contra su persona, para poder entregarse a pastorear a sus ovejas. La falta de mansedumbre no le permitirá ayudar a las ovejas de Cristo cuando éstas necesiten guía y ayuda. Si el pastor se siente ofendido y deja que su ofensa controle su corazón, su enojo y su resentimiento contra la o las ovejas por esa ofensa, o por los agravios cometidos contra él, serán obstáculos que le impedirán entregarse a estas ovejas para pastorearlas. Esa condición o resentimiento le llevará a ver a estas personas como sus enemigos, sus adversarios y no como sus ovejas.

El enojo, el resentimiento o la amargura opacarán su mente, le incapacitarán para buscar o percibir la manera bíblica de afrontar esa situación, o la mejor manera para ayudarles. No podrá ver la forma de ganar la buena voluntad de esa oveja que le ha herido, o que ha hecho algo que no debió hacer. No podrá ver la forma de percibir o entender lo que enseña la palabra de Dios para tratar dicha situación, porque su mente estará concentrada en lo que esa persona le hizo.

Su resentimiento no le permitirá elevar su corazón al cielo para pedir al Señor la sabiduría para poder tratar a su oveja con amor y ternura.

La falta de mansedumbre no le permitirá buscar el bien o la restauración de la oveja descarriada, porque su preocupación principal será la vindicación de su persona. Esto no agrada al Señor, y si él permite que esa ofensa siga afectando su corazón, levantará una pared entre él y esa oveja; en tal condición puede verse tentado a convertir el púlpito en una plataforma para atacar a su oveja.

Por otra parte, la mansedumbre nos capacitará para pastorear a aquellas ovejas que nos ofenden, o que en un momento dado nos vituperan. Nos permitirá soportar pacientemente la injuria o el agravio. Calmará nuestros corazones para que podamos pensar con cordura. No nos dejará tomar represalias, nos llevará a encomendar nuestra causa a Aquel que juzga con justicia. En esto imitaremos al Señor Jesucristo que, cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.

“Pastor, sigue repitiendo ese versículo”, lo hago para que se grabe en sus mentes y corazones porque este versículo nos muestra como debemos tratar las injurias, la persecución, la opresión y las ofensas. Nos llama a traer el problema al Señor. Al dejar el problema o la ofensa delante de aquel que juzga con justicia la carga será quitada podremos realizar la obra del Señor.

Es verdad que esta oveja me ofendió, me hirió, me hizo daño, pensó y habló mal de mí, sin razón, pero aún así es… mi oveja. Fue por ella que Cristo vertió su sangre. A pesar de lo que esta oveja hizo, debe ser pastoreada para su santificación, restauración y preservación.

La mansedumbre nos llevará a tratar a la oveja, no según lo que merece por su ofensa, sino según indican las normas del amor: “El amor no busca lo suyo sino que busca el bien del otro, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

La mansedumbre lleva al pastor a sobrellevar las ofensas contra su persona, para que pueda entregarse a pastorear a sus ovejas

En segundo lugar, la mansedumbre animará a las ovejas a buscar el pastoreo bíblico de sus pastores. Cuando pastoreamos a las ovejas con mansedumbre y ternura, las ovejas se animarán a buscar nuestra supervisión, guía o cuidado pastoral. Se sentirán atraídas hacia su pastor, hacia su pastoreo bíblico. Pero un espíritu arrogante, contencioso, recriminador, un trato rudo les alejará del pastor.

La insistencia carnal por la vindicación personal alejará al pastor de la gente. Cuando la gente se da cuenta del alejamiento de su pastor, no se sentirá libre o animada a buscar su ayuda y guía pastoral en momentos de dificultad o en momentos de crisis.

Otro pastor dijo correctamente: “La accesibilidad, la ternura, la afabilidad y el decoro son gracias que acompañan a la mansedumbre.”

La mansedumbre permite que la gente vea a su pastor como una persona accesible. La gente siente que puede acercarse a su pastor, tiene acceso a él porque no la rechazará, no la recriminará, no será pronto a irritarse o a enojarse. Las ovejas se animarán a acercarse a su pastor porque le ve como una persona agradable, afable, razonable, sensata, tratable y amable, que tiene control de su espíritu.

Te pregunto hermano, ¿desearías tú acercarte a una persona áspera, difícil de tratar, contenciosa, impulsiva, que se enoja por cualquier cosa, y que actúa caprichosamente? ¿Te animarías a acercarte a alguien que te inspire temor, sabiendo que probablemente reaccionará pecaminosamente? Creo que no desearás acercarte a esa persona. Nuestra gente no debe tener razones para pensar así de nosotros. Por consiguiente, debemos vestirnos de la gracia de la mansedumbre.

La mansedumbre del Señor atraía a las personas a acercarse a Él. Él usa la mansedumbre como un medio para atraer, para invitar a las personas a venir a Él.

Él dijo: “Venid a mí… Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. La invitación a los pecadores a venir a Él estaba basada en la realidad de su mansedumbre.

Si realmente queremos que la gente se acerque a nosotros para poder pastorearla, para poder guiarla, debemos ser hombres mansos y tiernos como Jesús. Nuestra persona y la manera de conducirnos debe ser tal que, aunque nosotros no digamos las palabras del Señor Jesucristo, nuestras ovejas puedan percibir por nuestra conducta que encontrarán al acercarse a nosotros a una persona mansa y humilde de corazón.

Si el Señor hubiera sido una persona obstinada, ruda, contenciosa, caprichosa, arrogante, insensible, vengativa, no podría haber dicho: “Venid a mi porque soy manso y humilde de corazón.”

La mansedumbre no solo permite que la gente vea a su pastor como una persona accesible, sino que también, le vea como una persona tierna y afable. Una persona arrogante, ruda, contenciosa y vengativa no es tierna ni afable. Pero la persona mansa, es tierna y afable porque la mansedumbre libra su corazón de la arrogancia de la contienda y del rencor.

Porque Pablo era un hombre manso, podía tratar al pueblo de Dios con ternura y afabilidad. En 1Tesalonicenses 2: 7, dijo a estos hermanos: “Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre cría con ternura a sus propios hijos”.

Este cuadro materno que Pablo presenta, no llama a los pastores a ser personas débiles, afeminadas, cobardes. Lo que este cuadro muestra es que los siervos de Dios deben tratar con ternura a los creyentes, como una madre o nodriza trata a sus propios hijos.

La mansedumbre no solo viene acompañada de accesibilidad, ternura y afabilidad. Viene acompañada también de decoro. La mansedumbre conducirá al pastor a la circunspección, a tratar a otras personas con respeto aunque ellas no le hayan tratado de la misma manera. Pablo exhortó a Timoteo a ser un hombre manso y a llevar a cabo su ministerio con mansedumbre. 1 Timoteo 6:11 dice: “Mas tú hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre…”.

En 2 Timoteo 2: 24 y 25, Pablo le dice a Timoteo: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amables para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente, o con mansedumbre, a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento”.

El siervo del Señor no debe ser un hombre dado a la contienda, sino amable, apto para enseñar, sufrido, que corrige con mansedumbre. Esta mansedumbre implica decoro. Por esta razón, cuando Timoteo va a corregir al anciano, debe hacerlo con decoro y con respeto.

“Timoteo cuando vayas a corregir a un anciano, no te olvides del respeto con que debes tratar a una persona mayor que tú. Tu oficio o posición como pastor no te exime de las normas del amor, del decoro con que tú debes corregirle. No le corrijas con dureza, sino más bien exhórtalo como un padre. A los más jóvenes como a hermanos.”

Comentando sobre este asunto, William Hendriksen dijo:

“En el curso de su obra pastoral, Timoteo tendrá a veces que corregir las faltas de algunos de los miembros de la iglesia. Ninguno de estos debe ser tratado con aspereza, especialmente los miembros mayores de la congregación. En vez de tratar duramente a los que necesitan corrección, Timoteo debe amonestar.”

El verbo usado en el original, en el capítulo 5, versículo 1, significa: “llamar aparte”. Este llamar aparte puede ser con el propósito de alentar, consolar, exhortar, rogar, apelar o amonestar. Es obvio que este último pensamiento predomina en este pasaje.

William Hendriksen declara:

“Ahora bien, debería hacer hincapié en que, aquí, también Pablo conserva un hermoso equilibrio. Por una parte no quiere que Timoteo pase por alto a la gente de mayor edad, permitiéndoles seguir en sus pecados. Por otra parte, desea que sean tratados con el debido respeto. Timoteo debe amonestar al anciano como si éste fuera su propio padre y con cuanta consideración, con qué tacto, gentileza y moderación trataría a una persona tan íntimamente ligada a él. Timoteo debía recordar que su posición de líder en la iglesia no justificaba que él fuera irrespetuoso, aun cuando las personas que él pastoreaba debieran ser corregidas. Su autoridad como pastor no le eximía de honrar a cada miembro de la iglesia, según su edad, sexo y posición. Su oficio no le daba derecho a tratarles con desdén, o a tratar al anciano como si fuera un niño”.

El siervo de Dios no debe reaccionar como un perro bravo cuando es provocado, o ladrar cada vez que alguien no esté de acuerdo con su punto de vista doctrinal o con su posición, o cuando alguien ataque las enseñanzas que tanto ama y aprecia. El pastor debe tratar a cada miembro de la iglesia con el respeto que demanda la edad de esa persona, la experiencia, el sexo o la posición de esa persona.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad donde este principio se ignora. El igualitarismo y el feminismo, con su afán de eliminar las diferencias, toda clase de diferencias, toda distinción establecida por Dios, socavan el orden social establecido por Dios en la creación.

Resultado: el respeto que se debe a los ancianos, o personas mayores, ha desaparecido en ciertos círculos. El joven habla al anciano como si fuera su colega o su igual. Los niños no hablan a las personas mayores con respeto, no respetan la autoridad de sus padres. La mujer no respeta a su marido. Y, tristemente, tenemos que decir que incluso hay ministros que hablan a otros ministros con mayor experiencia y edad como si ellos fueran sus iguales.

Hermanos, igualdad de autoridad entre los ancianos no quita, ni reduce, ni elimina el amor, el respeto, el decoro. Al contrario, la piedad promueve estas cosas. Aunque todos somos iguales en lo que respecta a nuestra dignidad como seres humanos, creados a la imagen de Dios, esto no elimina el orden social establecido por Dios en la creación.

Por esta razón, la Biblia demanda que nosotros, los pastores, tratemos al anciano no como si nosotros fuéramos su igual en todo aspecto, sino como aquel que es digno de un honor especial.

Hermanos, la experiencia no se compra, la experiencia se vive y aunque tú tengas mas teología que él, hayas ido a un seminario y conozcas griego, arameo, o cualquier otra lengua (latín también) no quiere decir que tú tienes la misma experiencia que aquel que tiene 70 años de edad.

A las ancianas, Timoteo tenía que tratarlas como a madres, a las jóvenes como hermanas. La mansedumbre no elimina sino que promueve el decoro.

Ahora es necesario hacer una salvedad: La mansedumbre no significa que el pastor no pueda aseverar la verdad con fervor, firmeza y autoridad. No significa que no pueda mostrar su disgusto, desaprobación o indignación ante el mal, ante el pecado o la impenitencia, o que el pastor nunca pueda reprender severamente a los que persistan en pecar o se opongan a la verdad.

Un concepto equivocado de la mansedumbre ha llevado a algunos a pensar que si el pastor reprende o muestra su indignación santa, no es un hombre manso. Esta manera de pensar es incorrecta. La mansedumbre no prohíbe al pastor hablar con autoridad, fervor y firmeza. No le prohíbe mostrar su indignación cuando es legítimo, no le prohíbe reprender severamente cuando es necesario.

En su epístola a Tito, en el capítulo 2, versículo 15, Pablo le dice: “Esto habla exhorta y reprende con toda autoridad.”

En Tito, capítulo 1, versículo 12, Pablo dice: “Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero. Por esto, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe.”

La mansedumbre no prohíbe la indignación justa. La mansedumbre detiene al hombre de la indignación carnal pero no le prohíbe mostrar su indignación santa cuando es necesario. Moisés no fue reprendido por su ira o indignación santa, sino por su enojo carnal; enojo que le impidió honrar a Dios delante del pueblo. Pero cuando Moisés se enojó por el pecado escandaloso del pueblo de Dios no fue reprendido.

Éxodo 32: 19 declara: “Y al ver el becerro, las danzas, se encendió en ira”. Esta fue una ira santa. Si Moisés no hubiera mostrado su ira en aquel momento, habría pecado contra Dios, habría socavado la verdad.

Jesús también se enojó, sintió y manifestó indignación. Marcos 3:5, dice: “Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones…”

Marcos 10:14, declara: “Pero cuando Jesús vio esto, se indignó”. Su ira como indignación honró a Dios. Su indignación, su ira, fueron actitudes consecuentes con la mansedumbre.

Jesús y Moisés no pecaron porque la motivación de su ira o indignación no surgió de una pasión pecaminosa. Aquello que les indignó fue la ofensa contra la bondad, santidad y gloria de Dios.

Por otra parte, es necesario aseverar que la ira o la indignación de Moisés y Jesús no fueron las características que destacaron sus personas o ministerios; generalmente, algo no está bien cuando lo que destaca en un ministerio pastoral son las reprensiones severas que continuamente se emiten desde el púlpito en la iglesia. Lo que caracterizó a nuestro Señor no fue que uso continuamente el látigo. Algo no está bien cuando lo que caracteriza a un ministro como patrón son sus arranques de ira e indignación.

Cuando Moisés fue vituperado por su hermana María y por Aarón, él no abrió su boca para quejarse, sino que encomendó su causa a Dios. Cuando Cristo fue vituperado no respondió vituperando.

Si hemos de reaccionar correctamente ante los múltiples vituperios, injusticias, agravios y ofensas contra nosotros en el ministerio, debemos ejercer la gracia de la mansedumbre. Si esta gracia no gobierna nuestro corazón nos encontraremos luchando contra nuestra gente. El púlpito se convertirá en una plataforma para expresar nuestro disgusto, resentimiento y amargura contra aquellos que nos vituperan, con aquellos que no están de acuerdo.

La disposición de un espíritu manso y tierno nos enseña que debemos asumir una actitud humilde, paciente y sumisa ante la injuria. Que debemos guardar el corazón de la malicia y la represalia, y encomendar nuestra causa a Aquel que juzga con justicia. Ante la injuria, las calumnias, vituperios, falsas acusaciones, debemos imitar el espíritu de David expresado en el salmo 37: “Encomienda al Señor tu camino, confía en El, que El actuará.”

He aquí algunos de los beneficios de la mansedumbre:

Da al pastor la capacidad para sobrellevar las ofensas para poder ayudar a las ovejas.

La mansedumbre animará a las ovejas a buscar el pastoreo bíblico de sus pastores.

Le verán como una persona accesible, tierna, afable y decorosa.

En tercer lugar, la mansedumbre nos permitirá ministrar correctamente a los incrédulos.

Aunque debemos presentar, explicar y aplicar la ley moral a los incrédulos para que ellos se conviertan, o sean convencidos de sus pecados y se conviertan al Señor, para que ellos vean su condición, necesidad y busquen el remedio que ofrece el evangelio, nunca debemos pasar por alto que nuestra manera de tratarles debe ser un ejemplo de la mansedumbre y la ternura. No debemos pagar al incrédulo mal por mal, no debemos alejarnos de ellos por su incredulidad. Debemos vestirnos de mansedumbre para que podamos corresponder correctamente a sus vituperios, y así podamos por todo medio legítimo impartir el conocimiento de la verdad salvadora que conduce a la salvación. Si nosotros somos fieles a Cristo y a las almas de los hombres, seremos injuriados, vituperados. El diablo nos atacará fuertemente por medio de sus emisarios; tratará de provocarnos a ira. ¿Para qué? Para desacreditar y neutralizar nuestro ministerio y apartarnos de nuestras ovejas.

Queridos hermanos, por amor a Cristo, por amor a las almas de nuestras ovejas, ¡no se lo permitamos! Agarrados al Señor por la oración, entreguémonos a ejercer la gracia de la mansedumbre.

Hemos considerado la naturaleza, el ejemplo supremo de la mansedumbre, y algunos de los beneficios de la mansedumbre.

Ahora, permítanme hablarles de cómo podemos cultivar esta gracia.

¿Cómo podemos o debemos, cómo debemos cultivar esta gracia? Imitando al Señor Jesucristo, imitando al Señor Jesucristo. Él dijo, “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Sigamos su ejemplo de mansedumbre y encomendemos nuestra causa a Aquel que juzga justamente. ¿Saben lo que eso nos permite? Que cuando en el pensamiento vienen las imágenes de aquellos que nos han ofendido, ahí mismo podemos, tranquilamente, elevar una oración al Señor para que Dios bendiga a tales personas y trate con ellas según su voluntad.

“Todo lo soportó por amor a los escogidos, para que ellos también alcancen la salvación”. Si nuestra gente va a alcanzar madurez espiritual, nos urge, ejercer la gracia de la mansedumbre. Imitemos al Señor que, aun cuando le crucificaron, Él dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Estudiemos y consideremos la vida emocional del Señor Jesucristo, especialmente en los Evangelios, para ver cómo reaccionó ante el agravio, la ofensa, la dureza de corazón, la incredulidad de la gente, la ingratitud, los ataques contra su persona. ¡Entonces imitemos su ejemplo!

En segundo lugar, estudiemos y repasemos periódicamente aquellos pasajes que hablan de esta gracia, como el Sal.mo 37; 1 Pedro 2:5-7. Realmente toda esta epístola nos habla de cómo debemos reaccionar contra la persecución, las aflicciones, el maltrato. Santiago 3: 13 al 18. El libro de Proverbios trata este tema. Nos habla de la mansedumbre.

En tercer lugar, si vamos a crecer en esta gracia, consideremos el gran valor que Dios le da a la gracia de la mansedumbre. 1 Pedro 3:4: “Que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu manso tierno y sereno, lo cual es, valioso, precioso delante de Dios.”

Cuando nuestra gente vea esa clase de ejemplos, ellos serán animados a ejercer esta gracia. Cuando veamos a otros siendo ejemplos de esa gracia, oremos por esa persona para que siga siendo mansa pero, a la misma vez, imitémosla.

El mundo no aprecia estas cosas, pero para el Señor son preciosas. Y, si pudiéramos decirlo, esta es nuestra mejor defensa.

Sobre todo, hermanos, cultivemos la gracia de la humildad. No pensemos más alto de lo que debemos pensar de nuestra persona de manera que si alguien nos ofende esto nos permita no sentir ese agravio de forma más profunda de lo que deberíamos sentirlo; haya pues en nosotros esa actitud humilde y esto nos ayudará a ejercer la gracia de la mansedumbre. Tratemos hermanos con seriedad las amonestaciones bíblicas contra la falta de la mansedumbre. Que el Señor nos ayude, hermanos, a tener ministerios prósperos y bendecidos por la presencia de Dios, porque ejercemos la gracia de la mansedumbre.

Que Dios continúe bendiciendo nuestros ministerios, porque la mansedumbre atrae a los hombres no a nosotros, sino a Cristo y a su Verdad.

Oremos.

Padre, gracias por estas exhortaciones para nuestras almas. ¡Cuánto las necesitamos! Perdónanos cuando no hemos reflejado al Señor Jesucristo en nuestros hogares, delante de nuestras esposas, nuestros familiares y nuestros amigos. Ayúdanos para que esta gracia abunde en nosotros. Ayúdanos a ver la importancia de esta gracia en el ministerio, para que podamos dirigir las almas al cielo. Que esta gracia y la palabra de Dios atraiga a muchos a Cristo.

Te lo suplicamos en Él.

Amén

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón manso y tierno

La disposición del pastor: Un corazón manso y tierno

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En esta ocasión, continuamos nuestro estudio sobre la disposición predominante con la que el pastor debe realizar la obra pastoral en la Iglesia.

Esta disposición es la que el Señor Jesucristo manifiesta al pastorear a sus ovejas. Debemos imitar el pastoreo del Señor Jesucristo, porque es el patrón perfecto de cómo deben ser pastoreadas sus ovejas. Debemos imitar este pastoreo porque los Apóstoles lo imitaron.

La disposición predominante con la que debemos pastorear el rebaño del Señor Jesucristo consiste en varios elementos esenciales.

Hemos estudiado dos de estos elementos:

El primero es “un corazón de siervo”. El servicio del pastor debe revelar el corazón de siervo de Cristo hacia su pueblo, corazón que el Señor reveló cuando dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

El segundo elemento esencial es “un corazón compasivo”. Dios nos llama a ministrar a nuestra gente con un corazón compasivo. Él nos llama a identificarnos con la condición y el dolor de nuestra gente, y a que nosotros dejemos que esto conmueva nuestros corazones para que le ministremos de una manera correcta y adecuada.

Otro elemento esencial de la disposición con la que el pastor debe pastorear a sus ovejas es la de “un espíritu manso y sereno”. Debemos ministrar y pastorear a nuestras ovejas con un corazón de siervo, con un corazón compasivo y con un espíritu manso y tierno.

Jesucristo trata a sus ovejas con mansedumbre y ternura. Pablo menciona estas gracias del Señor en 2 Corintios 10: 1, “Yo mismo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo.”

Jesús habló de su mansedumbre cuando invitó a los pecadores a venir a Él, para que recibieran perdón, alivio y descanso para sus almas. Él dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y trabajados”. “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.”

¿Cómo anima el Señor a los pecadores a venir a Él? Revelando la mansedumbre y la humildad de su corazón. Los pecadores que vienen a Jesús quebrantados por sus pecados, arrepentidos, confiando en Él, queriendo servirle y obedecerle, encontrarán que Jesús es manso y humilde de corazón.

Pablo rogó a los discípulos por la mansedumbre y ternura de Cristo. Según Hodge: “Esto es la mansedumbre y ternura que son propias de Cristo y que, por tanto, sus discípulos están obligados a imitar. La mansedumbre se refiere principalmente a la virtud interior; la ternura se refiere a su expresión externa”. En este capítulo, Pablo alude a los escarnios de sus denigradores en Corinto. Estos le acusan de conducirse humildemente cuando estaba entre ellos, pero con osadía cuando estaba lejos. Sus detractores le consideraban como un hombre cobarde y asustadizo. Manifestaba su supuesto coraje cuando no corría peligro.

Pablo se ocupa de responder al cargo que se presenta en su contra y que le acusa de ser contencioso, duro y pretencioso. Observen como responde a estos cargos. No lo hace de una manera irrespetuosa, ruda u hostil. Siguiendo el ejemplo de su Salvador, dice a los corintios que deseaba y prefería tratar con ellos con mansedumbre y ternura. Y esto ante una gran provocación.

¿Qué es la mansedumbre? La mansedumbre tiene dos aspectos. Es sobre todo una actitud de sumisión a Dios. De esto se desprende una disposición para tratar al prójimo de forma paciente y afable.

R. C. Trench escribe: “Trauntes, que se traduce al español como mansedumbre, no solo consiste en la conducta externa de una persona y mucho menos en una mera condición o disposición natural. Más bien es una gracia del alma entretejida en sus fibras más íntimas cuyo ejercicio se dirige primero y por encima de todo a Dios. Es el temperamento espiritual que nos permite aceptar su trato hacia nosotros considerándolo como bueno y, por tanto, hacerlo sin debate ni resistencia.”

En lo que respecta al nivel horizontal, la mansedumbre es una actitud humilde y afable que se manifiesta en una sumisión paciente ante la ofensa. Está libre de malicia y venganza. Es esa gracia espiritual que nos permite sobrellevar o soportar pacientemente la provocación y ofensa, sin represalias contra aquellos que nos ofenden o nos injurian. Mansedumbre no significa debilidad, sino poder bajo control. La mansedumbre es lo opuesto a la arrogancia, a la aspereza, a la falta de tacto. El hombre manso no se inclina a contender por sus derechos ni a insistir para que sus puntos de vista personales sean aceptados. Su vida se caracteriza por la modestia y la discreción. La persona mansa tiene un concepto correcto de la soberanía de Dios, de sí misma y de su propia pecaminosidad no es pronta a airarse, ni se precipita a reclamar sus derechos.

El salmo 37 habla sobre el hombre manso. Hendriksen dice: “Este salmo describe a la persona que no tiene resentimiento, no guarda rencor. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y le entrega su camino enteramente. Lo hace con mayor razón porque ha muerto a toda justicia propia. Sabe que no puede pretender méritos de ningún tipo delante del Señor. Puesto que el favor de Dios significa todo para él, ha aprendido a soportar con gozo el despojo de sus bienes, sabiendo que tiene una herencia mejor y perdurable. Sin embargo, la mansedumbre no es debilidad, no consiste en tener una columna vertebral de goma, no es una característica que haga que la persona esté dispuesta a doblegarse ante toda brisa”.

Mansedumbre es mostrar un carácter sumiso ante la provocación, la disposición a sufrir y no causar daño. La persona mansa deja todo en las manos de Aquel que le ama y le cuida.

Hasta aquí hemos visto algo de la naturaleza de la mansedumbre, de esta gracia espiritual que es fruto de la obra de Espíritu Santo.

En segundo lugar, consideremos el ejemplo perfecto de la mansedumbre. El Señor Jesucristo es el ejemplo supremo de la mansedumbre. Él es el ejemplo que todos nosotros debemos imitar.

En su primera epístola, capitulo 2, versículo 21 al 23, Pedro declara: “Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por nosotros, o por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia.”

He aquí el ejemplo encarnado que debemos imitar; aquel que tenía todo el derecho en este mundo y no había cometido ningún pecado; aun así, ante el vituperio, la provocación y la ofensa, ¿qué hizo? Cuando le ultrajaban, no respondió ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.

¿Qué le permitió al Hijo de Dios encarnado continuar su ministerio a sus discípulos cuando éstos discutían entre sí, cuando eran tardos para creer lo que Él les enseñaba, cuando uno de ellos hasta se atrevió injustamente a reprenderlo, cuando mostraban que su fe era débil a pesar de todos los milagros que ellos habían presenciado y que el Señor había realizado? ¿Qué fue lo que llevó al Señor a sentarse con sus discípulos para instruirles cuando ellos eran tardos para oír? ¿Qué fue lo que le mantuvo siendo el Pastor de este pequeño rebaño? ¿Qué fue lo que le permitió seguir su ministerio cuando los hombres le vituperaban y le amenazaban? La gracia de la mansedumbre. Compañeros en el ministerio, si hemos de pastorear a nuestras ovejas según la voluntad de Dios, esta gracia debe gobernar nuestro corazón.

Moisés, el siervo de Dios, se distinguió por ser un hombre manso. Sin embargo, cuando Moisés no ejerció esta gracia en un momento de debilidad, ante la provocación pecaminosa del pueblo, él pecó. Se enojó contra el pueblo de Dios. Su enojo le impidió honrar a Dios delante del pueblo. Por causa de su pecado, Dios no le permitió introducir al pueblo a la tierra prometida.

Lamentablemente, algunos pastores tampoco pueden conducir a sus ovejas a un estado de madurez y mayor bendición espiritual, porque cuando son provocados por algún miembro o algunos miembros de la iglesia, no ejercen la gracia de la mansedumbre. Su falta de mansedumbre les impide ministrar eficazmente al pueblo de Dios mientras éste camina hacia la patria celestial. Probablemente, ésta es una de las razones por las cuales algunos pastores no duran mucho tiempo en las iglesias.

Les es difícil llevar a la congregación desde la infancia a la madurez por falta de mansedumbre. Muchas veces nuestras ovejas, sin darse cuenta, dicen cosas que hieren profundamente. Y si no ejercemos la gracia de la mansedumbre, entonces no podremos ministrar a sus corazones, sentarnos pacientemente para instruirles a fin de que puedan llegar a un estado de madurez espiritual.

Hemos considerado la naturaleza de la mansedumbre. Hemos visto algo del ejemplo supremo de la mansedumbre. Ahora mencionaré algunos de los beneficios de la mansedumbre.

La mansedumbre capacita al pastor a sobrellevar las ofensas contra su persona, para poder entregarse a pastorear a sus ovejas. La falta de mansedumbre no le permitirá ayudar a las ovejas de Cristo cuando éstas necesiten guía y ayuda. Si el pastor se siente ofendido y deja que su ofensa controle su corazón, su enojo y su resentimiento contra la o las ovejas por esa ofensa, o por los agravios cometidos contra él, serán obstáculos que le impedirán entregarse a estas ovejas para pastorearlas. Esa condición o resentimiento le llevará a ver a estas personas como sus enemigos, sus adversarios y no como sus ovejas.

El enojo, el resentimiento o la amargura opacarán su mente, le incapacitarán para buscar o percibir la manera bíblica de afrontar esa situación, o la mejor manera para ayudarles. No podrá ver la forma de ganar la buena voluntad de esa oveja que le ha herido, o que ha hecho algo que no debió hacer. No podrá ver la forma de percibir o entender lo que enseña la palabra de Dios para tratar dicha situación, porque su mente estará concentrada en lo que esa persona le hizo.

Su resentimiento no le permitirá elevar su corazón al cielo para pedir al Señor la sabiduría para poder tratar a su oveja con amor y ternura.

La falta de mansedumbre no le permitirá buscar el bien o la restauración de la oveja descarriada, porque su preocupación principal será la vindicación de su persona. Esto no agrada al Señor, y si él permite que esa ofensa siga afectando su corazón, levantará una pared entre él y esa oveja; en tal condición puede verse tentado a convertir el púlpito en una plataforma para atacar a su oveja.

Por otra parte, la mansedumbre nos capacitará para pastorear a aquellas ovejas que nos ofenden, o que en un momento dado nos vituperan. Nos permitirá soportar pacientemente la injuria o el agravio. Calmará nuestros corazones para que podamos pensar con cordura. No nos dejará tomar represalias, nos llevará a encomendar nuestra causa a Aquel que juzga con justicia. En esto imitaremos al Señor Jesucristo que, cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.

“Pastor, sigue repitiendo ese versículo”, lo hago para que se grabe en sus mentes y corazones porque este versículo nos muestra como debemos tratar las injurias, la persecución, la opresión y las ofensas. Nos llama a traer el problema al Señor. Al dejar el problema o la ofensa delante de aquel que juzga con justicia la carga será quitada podremos realizar la obra del Señor.

Es verdad que esta oveja me ofendió, me hirió, me hizo daño, pensó y habló mal de mí, sin razón, pero aún así es… mi oveja. Fue por ella que Cristo vertió su sangre. A pesar de lo que esta oveja hizo, debe ser pastoreada para su santificación, restauración y preservación.

La mansedumbre nos llevará a tratar a la oveja, no según lo que merece por su ofensa, sino según indican las normas del amor: “El amor no busca lo suyo sino que busca el bien del otro, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

La mansedumbre lleva al pastor a sobrellevar las ofensas contra su persona, para que pueda entregarse a pastorear a sus ovejas

En segundo lugar, la mansedumbre animará a las ovejas a buscar el pastoreo bíblico de sus pastores. Cuando pastoreamos a las ovejas con mansedumbre y ternura, las ovejas se animarán a buscar nuestra supervisión, guía o cuidado pastoral. Se sentirán atraídas hacia su pastor, hacia su pastoreo bíblico. Pero un espíritu arrogante, contencioso, recriminador, un trato rudo les alejará del pastor.

La insistencia carnal por la vindicación personal alejará al pastor de la gente. Cuando la gente se da cuenta del alejamiento de su pastor, no se sentirá libre o animada a buscar su ayuda y guía pastoral en momentos de dificultad o en momentos de crisis.

Otro pastor dijo correctamente: “La accesibilidad, la ternura, la afabilidad y el decoro son gracias que acompañan a la mansedumbre.”

La mansedumbre permite que la gente vea a su pastor como una persona accesible. La gente siente que puede acercarse a su pastor, tiene acceso a él porque no la rechazará, no la recriminará, no será pronto a irritarse o a enojarse. Las ovejas se animarán a acercarse a su pastor porque le ve como una persona agradable, afable, razonable, sensata, tratable y amable, que tiene control de su espíritu.

Te pregunto hermano, ¿desearías tú acercarte a una persona áspera, difícil de tratar, contenciosa, impulsiva, que se enoja por cualquier cosa, y que actúa caprichosamente? ¿Te animarías a acercarte a alguien que te inspire temor, sabiendo que probablemente reaccionará pecaminosamente? Creo que no desearás acercarte a esa persona. Nuestra gente no debe tener razones para pensar así de nosotros. Por consiguiente, debemos vestirnos de la gracia de la mansedumbre.

La mansedumbre del Señor atraía a las personas a acercarse a Él. Él usa la mansedumbre como un medio para atraer, para invitar a las personas a venir a Él.

Él dijo: “Venid a mí… Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. La invitación a los pecadores a venir a Él estaba basada en la realidad de su mansedumbre.

Si realmente queremos que la gente se acerque a nosotros para poder pastorearla, para poder guiarla, debemos ser hombres mansos y tiernos como Jesús. Nuestra persona y la manera de conducirnos debe ser tal que, aunque nosotros no digamos las palabras del Señor Jesucristo, nuestras ovejas puedan percibir por nuestra conducta que encontrarán al acercarse a nosotros a una persona mansa y humilde de corazón.

Si el Señor hubiera sido una persona obstinada, ruda, contenciosa, caprichosa, arrogante, insensible, vengativa, no podría haber dicho: “Venid a mi porque soy manso y humilde de corazón.”

La mansedumbre no solo permite que la gente vea a su pastor como una persona accesible, sino que también, le vea como una persona tierna y afable. Una persona arrogante, ruda, contenciosa y vengativa no es tierna ni afable. Pero la persona mansa, es tierna y afable porque la mansedumbre libra su corazón de la arrogancia de la contienda y del rencor.

Porque Pablo era un hombre manso, podía tratar al pueblo de Dios con ternura y afabilidad. En 1Tesalonicenses 2: 7, dijo a estos hermanos: “Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre cría con ternura a sus propios hijos”.

Este cuadro materno que Pablo presenta, no llama a los pastores a ser personas débiles, afeminadas, cobardes. Lo que este cuadro muestra es que los siervos de Dios deben tratar con ternura a los creyentes, como una madre o nodriza trata a sus propios hijos.

La mansedumbre no solo viene acompañada de accesibilidad, ternura y afabilidad. Viene acompañada también de decoro. La mansedumbre conducirá al pastor a la circunspección, a tratar a otras personas con respeto aunque ellas no le hayan tratado de la misma manera. Pablo exhortó a Timoteo a ser un hombre manso y a llevar a cabo su ministerio con mansedumbre. 1 Timoteo 6:11 dice: “Mas tú hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre…”.

En 2 Timoteo 2: 24 y 25, Pablo le dice a Timoteo: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amables para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente, o con mansedumbre, a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento”.

El siervo del Señor no debe ser un hombre dado a la contienda, sino amable, apto para enseñar, sufrido, que corrige con mansedumbre. Esta mansedumbre implica decoro. Por esta razón, cuando Timoteo va a corregir al anciano, debe hacerlo con decoro y con respeto.

“Timoteo cuando vayas a corregir a un anciano, no te olvides del respeto con que debes tratar a una persona mayor que tú. Tu oficio o posición como pastor no te exime de las normas del amor, del decoro con que tú debes corregirle. No le corrijas con dureza, sino más bien exhórtalo como un padre. A los más jóvenes como a hermanos.”

Comentando sobre este asunto, William Hendriksen dijo:

“En el curso de su obra pastoral, Timoteo tendrá a veces que corregir las faltas de algunos de los miembros de la iglesia. Ninguno de estos debe ser tratado con aspereza, especialmente los miembros mayores de la congregación. En vez de tratar duramente a los que necesitan corrección, Timoteo debe amonestar.”

El verbo usado en el original, en el capítulo 5, versículo 1, significa: “llamar aparte”. Este llamar aparte puede ser con el propósito de alentar, consolar, exhortar, rogar, apelar o amonestar. Es obvio que este último pensamiento predomina en este pasaje.

William Hendriksen declara:

“Ahora bien, debería hacer hincapié en que, aquí, también Pablo conserva un hermoso equilibrio. Por una parte no quiere que Timoteo pase por alto a la gente de mayor edad, permitiéndoles seguir en sus pecados. Por otra parte, desea que sean tratados con el debido respeto. Timoteo debe amonestar al anciano como si éste fuera su propio padre y con cuanta consideración, con qué tacto, gentileza y moderación trataría a una persona tan íntimamente ligada a él. Timoteo debía recordar que su posición de líder en la iglesia no justificaba que él fuera irrespetuoso, aun cuando las personas que él pastoreaba debieran ser corregidas. Su autoridad como pastor no le eximía de honrar a cada miembro de la iglesia, según su edad, sexo y posición. Su oficio no le daba derecho a tratarles con desdén, o a tratar al anciano como si fuera un niño”.

El siervo de Dios no debe reaccionar como un perro bravo cuando es provocado, o ladrar cada vez que alguien no esté de acuerdo con su punto de vista doctrinal o con su posición, o cuando alguien ataque las enseñanzas que tanto ama y aprecia. El pastor debe tratar a cada miembro de la iglesia con el respeto que demanda la edad de esa persona, la experiencia, el sexo o la posición de esa persona.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad donde este principio se ignora. El igualitarismo y el feminismo, con su afán de eliminar las diferencias, toda clase de diferencias, toda distinción establecida por Dios, socavan el orden social establecido por Dios en la creación.

Resultado: el respeto que se debe a los ancianos, o personas mayores, ha desaparecido en ciertos círculos. El joven habla al anciano como si fuera su colega o su igual. Los niños no hablan a las personas mayores con respeto, no respetan la autoridad de sus padres. La mujer no respeta a su marido. Y, tristemente, tenemos que decir que incluso hay ministros que hablan a otros ministros con mayor experiencia y edad como si ellos fueran sus iguales.

Hermanos, igualdad de autoridad entre los ancianos no quita, ni reduce, ni elimina el amor, el respeto, el decoro. Al contrario, la piedad promueve estas cosas. Aunque todos somos iguales en lo que respecta a nuestra dignidad como seres humanos, creados a la imagen de Dios, esto no elimina el orden social establecido por Dios en la creación.

Por esta razón, la Biblia demanda que nosotros, los pastores, tratemos al anciano no como si nosotros fuéramos su igual en todo aspecto, sino como aquel que es digno de un honor especial.

Hermanos, la experiencia no se compra, la experiencia se vive y aunque tú tengas mas teología que él, hayas ido a un seminario y conozcas griego, arameo, o cualquier otra lengua (latín también) no quiere decir que tú tienes la misma experiencia que aquel que tiene 70 años de edad.

A las ancianas, Timoteo tenía que tratarlas como a madres, a las jóvenes como hermanas. La mansedumbre no elimina sino que promueve el decoro.

Ahora es necesario hacer una salvedad: La mansedumbre no significa que el pastor no pueda aseverar la verdad con fervor, firmeza y autoridad. No significa que no pueda mostrar su disgusto, desaprobación o indignación ante el mal, ante el pecado o la impenitencia, o que el pastor nunca pueda reprender severamente a los que persistan en pecar o se opongan a la verdad.

Un concepto equivocado de la mansedumbre ha llevado a algunos a pensar que si el pastor reprende o muestra su indignación santa, no es un hombre manso. Esta manera de pensar es incorrecta. La mansedumbre no prohíbe al pastor hablar con autoridad, fervor y firmeza. No le prohíbe mostrar su indignación cuando es legítimo, no le prohíbe reprender severamente cuando es necesario.

En su epístola a Tito, en el capítulo 2, versículo 15, Pablo le dice: “Esto habla exhorta y reprende con toda autoridad.”

En Tito, capítulo 1, versículo 12, Pablo dice: “Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero. Por esto, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe.”

La mansedumbre no prohíbe la indignación justa. La mansedumbre detiene al hombre de la indignación carnal pero no le prohíbe mostrar su indignación santa cuando es necesario. Moisés no fue reprendido por su ira o indignación santa, sino por su enojo carnal; enojo que le impidió honrar a Dios delante del pueblo. Pero cuando Moisés se enojó por el pecado escandaloso del pueblo de Dios no fue reprendido.

Éxodo 32: 19 declara: “Y al ver el becerro, las danzas, se encendió en ira”. Esta fue una ira santa. Si Moisés no hubiera mostrado su ira en aquel momento, habría pecado contra Dios, habría socavado la verdad.

Jesús también se enojó, sintió y manifestó indignación. Marcos 3:5, dice: “Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones…”

Marcos 10:14, declara: “Pero cuando Jesús vio esto, se indignó”. Su ira como indignación honró a Dios. Su indignación, su ira, fueron actitudes consecuentes con la mansedumbre.

Jesús y Moisés no pecaron porque la motivación de su ira o indignación no surgió de una pasión pecaminosa. Aquello que les indignó fue la ofensa contra la bondad, santidad y gloria de Dios.

Por otra parte, es necesario aseverar que la ira o la indignación de Moisés y Jesús no fueron las características que destacaron sus personas o ministerios; generalmente, algo no está bien cuando lo que destaca en un ministerio pastoral son las reprensiones severas que continuamente se emiten desde el púlpito en la iglesia. Lo que caracterizó a nuestro Señor no fue que uso continuamente el látigo. Algo no está bien cuando lo que caracteriza a un ministro como patrón son sus arranques de ira e indignación.

Cuando Moisés fue vituperado por su hermana María y por Aarón, él no abrió su boca para quejarse, sino que encomendó su causa a Dios. Cuando Cristo fue vituperado no respondió vituperando.

Si hemos de reaccionar correctamente ante los múltiples vituperios, injusticias, agravios y ofensas contra nosotros en el ministerio, debemos ejercer la gracia de la mansedumbre. Si esta gracia no gobierna nuestro corazón nos encontraremos luchando contra nuestra gente. El púlpito se convertirá en una plataforma para expresar nuestro disgusto, resentimiento y amargura contra aquellos que nos vituperan, con aquellos que no están de acuerdo.

La disposición de un espíritu manso y tierno nos enseña que debemos asumir una actitud humilde, paciente y sumisa ante la injuria. Que debemos guardar el corazón de la malicia y la represalia, y encomendar nuestra causa a Aquel que juzga con justicia. Ante la injuria, las calumnias, vituperios, falsas acusaciones, debemos imitar el espíritu de David expresado en el salmo 37: “Encomienda al Señor tu camino, confía en El, que El actuará.”

He aquí algunos de los beneficios de la mansedumbre:

Da al pastor la capacidad para sobrellevar las ofensas para poder ayudar a las ovejas.

La mansedumbre animará a las ovejas a buscar el pastoreo bíblico de sus pastores.

Le verán como una persona accesible, tierna, afable y decorosa.

En tercer lugar, la mansedumbre nos permitirá ministrar correctamente a los incrédulos.

Aunque debemos presentar, explicar y aplicar la ley moral a los incrédulos para que ellos se conviertan, o sean convencidos de sus pecados y se conviertan al Señor, para que ellos vean su condición, necesidad y busquen el remedio que ofrece el evangelio, nunca debemos pasar por alto que nuestra manera de tratarles debe ser un ejemplo de la mansedumbre y la ternura. No debemos pagar al incrédulo mal por mal, no debemos alejarnos de ellos por su incredulidad. Debemos vestirnos de mansedumbre para que podamos corresponder correctamente a sus vituperios, y así podamos por todo medio legítimo impartir el conocimiento de la verdad salvadora que conduce a la salvación. Si nosotros somos fieles a Cristo y a las almas de los hombres, seremos injuriados, vituperados. El diablo nos atacará fuertemente por medio de sus emisarios; tratará de provocarnos a ira. ¿Para qué? Para desacreditar y neutralizar nuestro ministerio y apartarnos de nuestras ovejas.

Queridos hermanos, por amor a Cristo, por amor a las almas de nuestras ovejas, ¡no se lo permitamos! Agarrados al Señor por la oración, entreguémonos a ejercer la gracia de la mansedumbre.

Hemos considerado la naturaleza, el ejemplo supremo de la mansedumbre, y algunos de los beneficios de la mansedumbre.

Ahora, permítanme hablarles de cómo podemos cultivar esta gracia.

¿Cómo podemos o debemos, cómo debemos cultivar esta gracia? Imitando al Señor Jesucristo, imitando al Señor Jesucristo. Él dijo, “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Sigamos su ejemplo de mansedumbre y encomendemos nuestra causa a Aquel que juzga justamente. ¿Saben lo que eso nos permite? Que cuando en el pensamiento vienen las imágenes de aquellos que nos han ofendido, ahí mismo podemos, tranquilamente, elevar una oración al Señor para que Dios bendiga a tales personas y trate con ellas según su voluntad.

“Todo lo soportó por amor a los escogidos, para que ellos también alcancen la salvación”. Si nuestra gente va a alcanzar madurez espiritual, nos urge, ejercer la gracia de la mansedumbre. Imitemos al Señor que, aun cuando le crucificaron, Él dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Estudiemos y consideremos la vida emocional del Señor Jesucristo, especialmente en los Evangelios, para ver cómo reaccionó ante el agravio, la ofensa, la dureza de corazón, la incredulidad de la gente, la ingratitud, los ataques contra su persona. ¡Entonces imitemos su ejemplo!

En segundo lugar, estudiemos y repasemos periódicamente aquellos pasajes que hablan de esta gracia, como el Sal.mo 37; 1 Pedro 2:5-7. Realmente toda esta epístola nos habla de cómo debemos reaccionar contra la persecución, las aflicciones, el maltrato. Santiago 3: 13 al 18. El libro de Proverbios trata este tema. Nos habla de la mansedumbre.

En tercer lugar, si vamos a crecer en esta gracia, consideremos el gran valor que Dios le da a la gracia de la mansedumbre. 1 Pedro 3:4: “Que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu manso tierno y sereno, lo cual es, valioso, precioso delante de Dios.”

Cuando nuestra gente vea esa clase de ejemplos, ellos serán animados a ejercer esta gracia. Cuando veamos a otros siendo ejemplos de esa gracia, oremos por esa persona para que siga siendo mansa pero, a la misma vez, imitémosla.

El mundo no aprecia estas cosas, pero para el Señor son preciosas. Y, si pudiéramos decirlo, esta es nuestra mejor defensa.

Sobre todo, hermanos, cultivemos la gracia de la humildad. No pensemos más alto de lo que debemos pensar de nuestra persona de manera que si alguien nos ofende esto nos permita no sentir ese agravio de forma más profunda de lo que deberíamos sentirlo; haya pues en nosotros esa actitud humilde y esto nos ayudará a ejercer la gracia de la mansedumbre. Tratemos hermanos con seriedad las amonestaciones bíblicas contra la falta de la mansedumbre. Que el Señor nos ayude, hermanos, a tener ministerios prósperos y bendecidos por la presencia de Dios, porque ejercemos la gracia de la mansedumbre.

Que Dios continúe bendiciendo nuestros ministerios, porque la mansedumbre atrae a los hombres no a nosotros, sino a Cristo y a su Verdad.

Oremos.

Padre, gracias por estas exhortaciones para nuestras almas. ¡Cuánto las necesitamos! Perdónanos cuando no hemos reflejado al Señor Jesucristo en nuestros hogares, delante de nuestras esposas, nuestros familiares y nuestros amigos. Ayúdanos para que esta gracia abunde en nosotros. Ayúdanos a ver la importancia de esta gracia en el ministerio, para que podamos dirigir las almas al cielo. Que esta gracia y la palabra de Dios atraiga a muchos a Cristo.

Te lo suplicamos en Él.

Amén

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón compasivo

La disposición del pastor: Un corazón compasivo

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Nuestra suficiencia viene del Señor. Busquemos, pues, el rostro de nuestro Dios.

¡Oh Padre!

Te damos gracias por el Salvador que Tú enviaste para librarnos de las tinieblas y del poder del pecado; al considerar la compasión del Señor Jesucristo, la disposición con la que debemos pastorear a la grey, te suplicamos que Tú nos ayudes a ver algo de su compasión, para que esto nos lleve a ser pastores que sirven a las ovejas con compasión. Ven pues, danos la capacitación que viene de tu Espíritu para oír tu Palabra. Te lo suplicamos en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

La disposición predominante con la que los pastores deben pastorear a sus ovejas consiste en varios elementos esenciales.

Anteriormente consideramos “La disposición de siervo”. Ahora vamos a considerar: “La disposición compasiva” y vamos a ver la importancia, y la necesidad de esta disposición para pastorear las ovejas como Cristo quiere que lo hagamos.

Busquemos en Mateo 9:36. Este versículo bíblico enseña que Jesús ministró a la multitud con una disposición compasiva.

“Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor”.

Al ver las consecuencias funestas y trágicas de lo que es vivir sin el ministerio de pastores fieles, Jesús tuvo compasión de las multitudes. Su alma se conmovió ante aquel cuadro de miseria espiritual. Él vio a las multitudes desatendidas por quienes tendrían que haber sido sus maestros y guías espirituales.

Basándose en la descripción que Mateo da de estas multitudes, Robertson declaró:

“Estaban acosados, importunados, aturdidos por aquellos que deberían haberles enseñado. Se les estorbaba para entrar en el Reino de los Cielos. Estaban abrumados por las cargas que los fariseos habían puesto sobre ellos. Estas personas eran como ovejas cuyo pastor las había abandonado. En esta situación, las ovejas están angustiadas y desamparadas; están completamente exhaustas y expuestas a las bestias rapaces, a la intemperie, a las inclemencias del tiempo; expuestas al hambre y a la sed. Así se encontraban las multitudes que Mateo describió. Estas personas carecían del alimento de la Palabra de Dios. Estaban oprimidas, desalentadas, abatidas, moribundas y sin esperanza. No estaban preparadas para morir”.

Carlson dice:

“Frente a tales problemas estas personas estaban indefensas, estaban incapacitadas para rescatarse a sí mismas o para escapar de los que las atormentaban. Este cuadro trágico de pecadores abandonados y oprimidos conmovió el corazón de nuestro amado y bendito Salvador. Literalmente se le conmovieron las entrañas.”

Mateo dice:

“Y viendo (un acto deliberado) la multitud, tuvo compasión”.

Su alma fue profundamente afectada, sintió dolor. Este cuadro llevó al Salvador a decir a sus discípulos:

“La mies es mucha pero los obreros son poco. Por tanto rogad al Señor de la mies que Él envíe obreros a la mies.”

La compasión que sintió Jesús le llevó a animar, y aun a mandar, a los discípulos que oraran a Aquél que podía suplir para los que se encontraban abatidos y abandonados.

La compasión por las almas de los hombres debe llevarnos a la oración, debe llevarnos a orar para que el Señor proporcione verdaderos pastores de ovejas, hombres que proclamen su Palabra con un espíritu compasivo y que se identifiquen realmente con aquellos a quienes el Señor les llama a servir.

Marcos 6:34 declara:

“Al desembarcar Él (Jesús) vio una gran multitud, y tuvo compasión de ella, porque eran como ovejas sin pastor”.

Cuando Jesús vio a la gente desamparada, sin líderes que les enseñaran la Palabra de Dios, sin guías que suplieran las necesidades espirituales de la gente, Marcos también dice:

“Jesús tuvo compasión de esta gran multitud”.

Literalmente se le conmovieron las entrañas. La compasión activa de Jesús se expresa en hechos o en acciones. Al conocer la necesidad de estas personas, Jesús se entregó a suplirla. El texto dice: “Y comenzó a enseñarles muchas cosas.” La visión de la condición de la gente conmovió su corazón. Este sentimiento compasivo creó un anhelo profundo por ayudarles.

Hendriksen declara:

“Con la mente, Jesús explora sus penas, les comprende. En su corazón lleva sus cargas, les ama. Con su voluntad les quita sus aflicciones, les sana. Para Él, la compasión no sólo es una emoción, es un tierno sentimiento que se transforma en acción, en una acción eficaz; no es una mera emoción, sino una acción, mejor aún, toda una serie de acciones. Él les enseña, les sana, les alimenta”.

La manifestación de la compasión de Jesús hacia sus criaturas es una ilustración maravillosa de ese amor que no busca lo suyo, que se olvida de sus propias necesidades, cargas y dolor para corresponder adecuadamente a las necesidades, cargas y aflicciones de otros.

Marcos 1:40-41 declara:

“Y vino a Él un leproso, y arrodillándose le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, le tocó y le dijo: Quiero, sé limpio. Y al instante la lepra lo dejó y quedó limpio”.

Aquí, la palabra compasión no sólo supone un sentimiento de pena ante el sufrimiento, sino que habla también de un fuerte deseo de aliviar ese sufrimiento.

Al explicar lo que significa la palabra compasión en Marcos 1:41, Lensky dijo:

“El verbo splanchnizomai (σπλαγχνίζομαι) significa conmoverse las entrañas, los pulmones, el corazón, el hígado, que eran considerados como la base de los sentimientos, el amor, la conmiseración. Podemos decir: su corazón se conmovió. La palabra griega que se usa es la más expresiva de las tres que se traducen por ‘movido a compasión’, porque no sólo supone un sentimiento de pena ante el sufrimiento sino, además, un fuerte deseo de aliviarlo o suprimirlo”.

Cuando Jesús vio a aquel hombre leproso, su corazón se conmovió. Es decir, Él dejó que aquel cuadro de aflicción, miseria y dolor humano conmoviera su propio corazón. La condición dolorosa de aquel hombre le causó un dolor real y profundo. Le llevó a sentir un fuerte deseo de sanarlo y de librarle de su dolor y miseria. Su compasión le llevó a sanarlo. Esto nos enseña que cuando Jesús sanaba a los enfermos o ayudaba a los necesitados, no lo hacía de una manera fría o sin interesarse personalmente en las personas a las que servía o ministraba. Él no correspondió al dolor y a la necesidad humana de una manera impersonal, para simplemente demostrar que Él era en realidad el Mesías”. ¡No! Cuando el Señor ministró a las almas no lo hizo con una objetividad clínica divorciada de una simpatía y empatía real hacia el que sufría. Él se compadeció verdaderamente de ellos. Sintió pena por la desgracia o el sufrimiento ajenos. Cuando Jesús sanó al enfermo y ayudó al necesitado lo hizo con compasión; se identificó con las preocupaciones, aspiraciones, necesidades y temores de estas personas. Él permitió que el dolor afectara su corazón, se colocó en el lugar de estas personas y esto le llevó a compadecerse de ellas.

Él vio y permitió que aquello que estaba contemplando afectara su propio corazón. Él vio la aflicción y la miseria y dejó que esto afectara y conmoviera su ser. Ese cuadro le llevó a corresponder a la necesidad de una manera adecuada. Vio a la multitud como ovejas sin pastor y, ¿qué hizo? Comenzó a enseñarles. Al oír los ruegos del leproso, ¿qué hizo? Lo tocó y lo sanó. ¡Lo tocó! Jesús pudo haber dicho que este hombre fuera limpio, no tenía porqué tocarlo, pero lo tocó. Se identificó con este hombre.

Los casos en que se menciona expresamente la compasión de Jesús, prueban que su corazón estaba siempre lleno de misericordiosa bondad y sentimientos de misericordia hacia los afligidos de todas clases. En cualquier ocasión y dondequiera que sus ojos contemplaran sufrimiento o pesar de cuerpo, o alma, se sentía llamado a prestar ayuda. La compasión de Jesús es una de las más profundas, ricas y consoladoras cualidades del Salvador. Lo llevó a la cruz y, aún hoy, en gloria, continúa demostrando esta gracia. De ahí que se nos anime ¿a qué? A acercarnos al trono de la gracia. ¿Por qué? Porque allí encontraremos a Jesús compadeciéndose de nosotros:

“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que transcendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sacerdote que no puede compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, (porque Él es un Salvador compasivo) acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”.

La compasión que Jesús manifestó durante su ministerio se manifestó también en el ministerio de Pablo. En Hechos 20:31 dijo:

“Recordando que por tres años, de noche y día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas”.

Pablo no llevó a cabo su ministerio entre los efesios de una manera fría, clínica e impersonal. Él ministró con lágrimas. La condición de estos hombres afectó su corazón; los peligros a los cuales ellos estaban expuestos conmovieron su corazón, y le llevaron a corresponder correctamente a su necesidad.

Cuando Pablo abrió su boca para enseñar y reprender a los corintios, lo hizo con un corazón lleno de un afecto compasivo y misericordioso.

En 2ª Corintios 6:11, Pablo dice:

“Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par”.

Cuando Pablo dice: “nuestro corazón se ha abierto de par en par”, está dando a conocer lo que sentía hacia los corintios. Esto no era un secreto. Su corazón estaba abierto hacia ellos. Un corazón abierto o ensanchado posee generosos y cálidos sentimientos.

Hodge tiene razón cuando dice que “Pablo había volcado su corazón sobre los corintios. Ha estado hablando con la máxima libertad, sin trabas y al hacerlo así su corazón se ha ensanchado hacia ellos. Estaba dispuesto a abrazarlos a todos y a estrecharlos en sus brazos como hijos amados”. Esto es lo que hace la compasión. ¿Pero a quién le estaba hablando? A aquellos que le estaban acusando falsamente, al menos algunos de ellos. Se habían dejado arrastrar por los falsos maestros que se habían infiltrado. ¿Qué le llevó a él a hablar de esa manera? La compasión por la condición en la que se encontraban estas personas. Él vio más allá de esas acusaciones. Vio lo que estaba allí, lo que realmente era la causa que había llevado a los corintios a conducirse de aquella manera y, al verlos bajo la influencia de estos falsos maestros, su corazón fue conmovido. Él les dijo: “Oh corintios a pesar de esto, ustedes todavía están en mi corazón. Y yo deseo tenerles allí porque les amo y busco lo mejor para ustedes. Mi ministerio lo llevo a cabo por el amor entrañable y profundo que siento hacia ustedes.”

Y, más adelante, en el capítulo 7, versículo 3 Pablo les dice:

“No hablo para condenaros; porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos”.

La expresión “estáis en nuestro corazón” es otra manera de decir que Pablo les amaba. La expresión “para morir juntos y para vivir juntos” significa que estos hermanos estaban tan arraigados en su corazón que él gustosa o alegremente vive y muere con ellos; ni la vida ni la muerte podrá separarlos.

Si nosotros vamos a ministrar a nuestras ovejas con una disposición compasiva, debemos orar para que el Señor nos de la compasión que nos lleve a identificarnos con el sufrimiento, la necesidad y la condición de cada una de nuestras ovejas. Debemos clamar: “¡Señor, ayúdanos! Danos un corazón más grande, más compasivo.” Debemos pedirle que aumente en nosotros la gracia de la empatía, la capacidad para sentir lo que otros sienten para que esto nos lleve a ser más sensibles a su condición. Esta compasión y empatía ayudarán a crear en nosotros ese fuerte deseo de consolar a los que sufren, de hacer lo que legítimamente alivie o quite su dolor. La compasión nos llevará a corresponder adecuadamente a sus necesidades. Si nosotros hemos de ministrar eficazmente a nuestras ovejas, ellas tienen que percibir que nosotros nos compadecemos de ellas y que realmente queremos corresponder bíblicamente a su necesidad. Esto abrirá sus oídos y sus corazones para que escuchen la enseñanza, exhortación y amonestación que Dios nos manda darles.

Observen cómo ministró Pablo a los corintios. No les exhortó diciendo: “Aquí estoy, con la verdad reformada, las doctrinas de la gracia, ahora escúchenme”. Él no les enseñó ni les exhortó de esa manera. Él no lo hizo de una manera fría ni impersonal, sino que les habló con el corazón. Él les dijo:

“Nuestro corazón está abierto a ustedes de par en par. Entonces, corintios, abran su corazón y escuchen las palabras de aquel que les ama y que les dice la verdad”.

A veces, nuestras ovejas no reciben la instrucción o amonestación porque ven en nosotros un corazón frío que no se compadece de ellas. No ven un corazón compasivo que busca su bien, que trata de entender su condición. Hay pastores que tratan a las ovejas como algunos doctores tratan a sus pacientes. Hablan como si estuvieran dando una receta, “He aquí este versículo; y después lea este otro. Y no se olvide de este otro versículo”. Muchos versículos, pero las ovejas no ven un corazón que siente con ellas, que se identifica con su dolor. Esto cierra sus oídos porque ven que el pastor no se ha interesado realmente por ellas como personas. Cuando un doctor no tiene empatía puede dar la prescripción correcta pero el paciente siente que falta algo importante. Lo que falta es un trato personal; el doctor le trató de forma fría, no mostró un interés sincero, una preocupación genuina por ayudarle y sanarle. Resultado: el paciente no vuelve. Se dice a si mismo, “No quiero que ese doctor vuelva a tratarme. Tal vez conozca bien su profesión pero yo no quiero que me vuelva a atender. Buscaré a otro doctor que me trate como una persona.” Por otro lado, cuando el doctor trata al paciente de un modo personal y muestra un interés verdadero, el enfermo está dispuesto a escuchar lo que tiene que decirle, y quiere regresar para que él continúe atendiéndole.

Si nuestras ovejas no perciben en nosotros un interés genuino por sus personas, una identificación sincera con su dolor o condición, no nos escucharan. Les será difícil oír nuestras palabras, nuestras exhortaciones y amonestaciones. En algunos casos no prestarán atención a nuestras palabras. Aunque hayas preparado un buen sermón para tus ovejas, fruto directo de una exégesis responsable y sana, y conceptos teológicos correctos y equilibrados, si tú no muestras un interés genuino por su bienestar y un corazón compasivo que se identifique con sus personas, aflicciones, problemas y necesidades, les será difícil oír lo que tienes que decirles.

Al ministrar a nuestras ovejas tenemos que recordar que entre ellas hay algunas abatidas, afligidas, heridas y quebrantadas. Otras estarán preocupadas o atemorizadas. Si ellas no perciben o ven que les pastoreamos con un corazón compasivo no apreciaran realmente nada de lo que debemos decirles. No prestarán atención a ninguno de los versículos que podamos citar. Estas cosas no les llegarán con el peso necesario para que puedan ser ayudadas de una forma real y eficaz. Podrás citar las mejores fuentes de consulta, a los hombres más destacados, pero si tú no pastoreas a tus ovejas con un corazón compasivo no podrás comunicar el mensaje de Dios a sus corazones de una manera eficaz.

Dios es compasivo. Esta es la manera en la que Él se acerca y se revela a cada uno de sus hijos. Por tanto, cuando predicamos, no sólo debemos comunicar el contenido de la Escritura sino que también debemos comunicar el corazón de las Escrituras. Para lograr este fin, nuestras vidas deben manifestar esta gracia.

Pablo dice: “Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”.

Queridos pastores, Dios no solo nos llamó a comunicar el contenido de las Escrituras, sino también su corazón. Por tanto, al hablar de la compasión de Cristo, ¿manifiestas tú esa compasión? Si no es así, no estás representando correctamente al Señor Jesucristo que te llamó a manifestar su compasión y que te llama a hablar y a tratar a las ovejas con compasión.

Vendrán días de gran aflicción y adversidad en los que Dios te llamará a consolar a tu gente. Su dolor será tan fuerte que no podrás más que llorar con ellas y sentir el dolor que ellas sienten.

Si los amigos de Job hubieran tenido compasión, si se hubieran sentado delante de este hombre a llorar con él, eso habría sido una gran medicina que habría consolado a Job.

Hay situaciones en las que no podemos más que llorar con nuestras ovejas, orar con ellas y encomendarlas a la misericordia de Dios, conociendo que Dios tiene un propósito sabio en esto que les ha ocurrido.

Hay ocasiones en las que solo podremos consolar con lágrimas. Para esto tú y yo necesitamos un corazón compasivo. ¿Te das cuenta de que no es ir simplemente a un seminario? ¿Que no sólo es tomar diferentes clases y poder defender la fe? No; necesitamos un corazón pastoral, un corazón compasivo, y eso no surge simplemente así porque sí. Tiene mucho que ver con nuestra relación diaria con Cristo y como esa relación afecta y guía nuestra vida.

Necesitas un corazón que se compadezca de tus ovejas. Un corazón que se identifique con sus sufrimientos, que sienta, se sienta afectado por lo que le afecta a ellas. ¡Oh hermanos, que el Señor nos conceda cada día más de esta gracia!

Es verdad que nuestras ovejas necesitan nuestro consejo y guía espiritual, pero una de las cosas que las preparará para que puedan domingo tras domingo, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, estar dispuestas a recibir la instrucción bíblica es nuestra compasión. Eso no es todo, pero es un ingrediente importante y esencial.

Alguien dijo: “Hay un lenguaje del corazón que sobrepasa el de las palabras que une a un corazón con otro corazón y abre la puerta para que nuestras palabras sean recibidas.”

A veces tenemos que comunicar palabras que hieren, verdades que son muy difíciles de aceptar, pero si estas verdades proceden de un corazón amoroso y compasivo serán más fáciles de recibir.

Recuerda, hermano, que el Señor ministró a sus ovejas movido por la compasión. Entonces tú y yo debemos pastorear nuestras a ovejas de la misma manera. La Biblia dice: “Llorad con los que lloran”. Esta es otra forma de decirnos que nuestro deber es mostrar compasión hacia aquellos que sufren.

Hasta aquí hemos visto algo de la importancia y necesidad de la compasión pastoral.

Ahora quiero dar, brevemente, algunas instrucciones prácticas para desarrollar la gracia de la compasión.

En primer lugar, ya que la compasión es un fruto del Espíritu Santo, debemos orar para que Dios aumente esta gracia en nuestro corazón por medio de las operaciones e influencias del Espíritu Santo y Su Palabra. Debemos leer y estudiar las Escrituras y la verdad, pero debemos hacerlo con un espíritu de oración: ¡Señor, ven y obra!

Algunos de nosotros nos criamos en hogares donde, literalmente, nos castraron emocionalmente y se nos hace difícil llorar con los que lloran. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¡Clamar a nuestro Dios! La promesa divina debe animarnos a orar por una mayor manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas; manifestación que, entre otra cosas, obre en nosotros mayor compasión. Cristo nos dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.

Y dice el Señor: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Necesitamos el Espíritu de Dios para que esta gracia sea aumentada en nosotros y se manifieste en nuestras vidas.

En segundo lugar, medita deliberadamente en la manera compasiva en que Dios te ha tratado.

El Salmo 103, versículo 14, nos habla de la compasión de nuestro Dios. Él dice en su palabra, en el versículo 13 de este Salmo:

“Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen Porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos solo polvo.”

Él se acuerda de que somos polvo. Consciente de nuestra condición él nos trata conforme a su misericordia; esta verdad conmoverá nuestros corazones y nos animará a reflejar el carácter y la compasión de nuestro Dios. Nosotros también debemos recordar la constitución de nuestro prójimo y de nuestras ovejas y dejar que esto afecte, conmueva nuestro corazón y nos lleve a corresponder bíblicamente a sus necesidades.

¿Cómo podemos desarrollar este fruto del Espíritu? En tercer lugar, imita al Señor Jesucristo. Él es el ejemplo perfecto de lo que un hombre debe ser en su vida emocional. Su ejemplo de la compasión está plasmado de una manera especial en los evangelios. Entonces, lee una y otra vez los Evangelios. En ellos, el Señor se manifiesta como el Dios encarnado. Considera, con un espíritu de oración, la manera en que Jesús reaccionó ante el sufrimiento; ve como se identificó con el que sufría; observa como Él dejó que el sufrimiento de otros afectara su corazón. Deja que el Señor, lo que Él es, lo que Él hizo y la manera en que Él reaccionó, sea tu patrón. Lee buenos libros que tratan este tema. Uno de ellos es, “La persona y la obra del Señor Jesucristo”, escrito por B. B. Warfield. Este excelente libro habla sobre la vida emocional de nuestro Señor. Otro libro es: “La hermosura de Jesús”, por Clifford Pond.

En cuarto lugar, considera la situación o condición peculiar de cada una de tus ovejas, y deja que ese cuadro afecte y conmueva tu corazón y te lleve a corresponder a sus necesidades como Dios manda en su Palabra. Proverbios 27:23 declara: “Conoce bien la condición de tus rebaños…”. En Juan 3:14, Jesús declara, “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y las mías me conocen”. El conocimiento de sus ovejas conmovió su corazón y le llevó a corresponder correctamente y adecuadamente a su condición. Tal conocimiento y compasión le llevó a dar su vida por sus ovejas.

En quinto lugar, busca la dirección de las Escrituras para corresponder adecuadamente a la condición de tus ovejas. Querido hermano, la compasión no es un mero sentimiento. ¡No! También es acción, es corresponder, pero no es corresponder como yo pienso sino como Cristo me manda en su Palabra. ¿Qué me dice el Señor en su Palabra?

Las Escrituras son suficientes y pertinentes para guiarnos y enseñarnos cómo debemos responder a las necesidades de nuestras ovejas; son suficientes para enseñarnos cómo debemos mostrar esa compasión. Querido hermano, para esto no necesitas las últimas declaraciones de los gurús o los expertos en psicología, ¡no! No necesitas las enseñanzas ni las declaraciones de estos hombres para tratar con un corazón quebrantado por el pecado, la injusticia, la crueldad y la maldad. Todo lo que necesitas es conocer bien tu Biblia. Para esto vive según la Biblia, aprende a aplicarla a tu propia vida y podrás aplicarla a otros.

Pablo le dice a Timoteo:

“Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido, de las cuales te convenciste, sabiendo de quienes las has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (llegue a la madurez espiritual) esté equipado para toda buena obra”, (2Tim. 3:16,17).

“Timoteo, aplica la Biblia; aplícate la Biblia; aplica sus verdades a tu propio corazón; a tu propia vida para que alcances ese estado de madurez que te permita estar preparado para toda buena obra. Y mostrar compasión es una buena obra. Entonces, Timoteo, en la Biblia encontrarás todo lo que necesitas para esta buena obra. La Biblia es suficiente y pertinente para tratar con el corazón humano, con el pecado, la aflicción, la depresión, la ira, la decadencia espiritual, la adversidad. Es suficiente para dar consuelo, fortaleza y esperanza.”

Pero muchos no piensan así. ¿Por qué? Porque desconocen su Biblia. La razón por la que muchos ministros dependen de otras fuentes es porque no conocen ni aplican a sus vidas la Palabra de Dios. Estos hombres van a otras fuentes porque no creen lo que la Biblia dice de sí misma. Su testimonio es que es suficiente y pertinente para guiarnos en todo lo que Dios requiere de nosotros.

He aquí algunas de las instrucciones prácticas para que nosotros podamos crecer en la gracia de la compasión. Si vamos a pastorear a las ovejas como lo hace el Señor Jesucristo, entonces debemos hacerlo de una manera compasiva.

¡Oh hermanos, estamos tan ocupados! Corremos de un lado para otro, pero tenemos que detenernos para contemplar la condición de nuestras ovejas. Es así como podremos desarrollar la compasión. Que nuestras ovejas encuentren en nosotros un corazón compasivo y, al verlo, vean mas allá de nosotros, vean el corazón compasivo de Cristo y den gloria a Él por su pastoreo a través de personas tan insuficientes como nosotros. ¡Oh que al ver estas cosas ellas amen más y más a Cristo!

Oremos:

Padre, gracias te damos por las enseñanzas de tu palabra.

En verdad tu palabra es suficiente y pertinente. Pedimos perdón porque no hemos mostrado la compasión de Cristo como deberíamos; nos hemos quedado cortos, ¡perdónanos!

¡Ayúdanos, oh Dios, a crecer en esta gracia!

Que la enseñanza de tu palabra hoy, junto a la operación misericordiosa de tu espíritu, grabe esto en nuestras mentes y corazones para que podamos ser ministros fieles y competentes del Nuevo Pacto.

Te suplicamos esto para que podamos glorificarte y promover el bien de las ovejas.

Padre, tu hijo murió por esto. ¡Danos mayor compasión!

Te lo pedimos en Cristo.

Amén.

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón compasivo

La disposición del pastor: Un corazón compasivo

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Nuestra suficiencia viene del Señor. Busquemos, pues, el rostro de nuestro Dios.

¡Oh Padre!

Te damos gracias por el Salvador que Tú enviaste para librarnos de las tinieblas y del poder del pecado; al considerar la compasión del Señor Jesucristo, la disposición con la que debemos pastorear a la grey, te suplicamos que Tú nos ayudes a ver algo de su compasión, para que esto nos lleve a ser pastores que sirven a las ovejas con compasión. Ven pues, danos la capacitación que viene de tu Espíritu para oír tu Palabra. Te lo suplicamos en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

La disposición predominante con la que los pastores deben pastorear a sus ovejas consiste en varios elementos esenciales.

Anteriormente consideramos “La disposición de siervo”. Ahora vamos a considerar: “La disposición compasiva” y vamos a ver la importancia, y la necesidad de esta disposición para pastorear las ovejas como Cristo quiere que lo hagamos.

Busquemos en Mateo 9:36. Este versículo bíblico enseña que Jesús ministró a la multitud con una disposición compasiva.

“Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor”.

Al ver las consecuencias funestas y trágicas de lo que es vivir sin el ministerio de pastores fieles, Jesús tuvo compasión de las multitudes. Su alma se conmovió ante aquel cuadro de miseria espiritual. Él vio a las multitudes desatendidas por quienes tendrían que haber sido sus maestros y guías espirituales.

Basándose en la descripción que Mateo da de estas multitudes, Robertson declaró:

“Estaban acosados, importunados, aturdidos por aquellos que deberían haberles enseñado. Se les estorbaba para entrar en el Reino de los Cielos. Estaban abrumados por las cargas que los fariseos habían puesto sobre ellos. Estas personas eran como ovejas cuyo pastor las había abandonado. En esta situación, las ovejas están angustiadas y desamparadas; están completamente exhaustas y expuestas a las bestias rapaces, a la intemperie, a las inclemencias del tiempo; expuestas al hambre y a la sed. Así se encontraban las multitudes que Mateo describió. Estas personas carecían del alimento de la Palabra de Dios. Estaban oprimidas, desalentadas, abatidas, moribundas y sin esperanza. No estaban preparadas para morir”.

Carlson dice:

“Frente a tales problemas estas personas estaban indefensas, estaban incapacitadas para rescatarse a sí mismas o para escapar de los que las atormentaban. Este cuadro trágico de pecadores abandonados y oprimidos conmovió el corazón de nuestro amado y bendito Salvador. Literalmente se le conmovieron las entrañas.”

Mateo dice:

“Y viendo (un acto deliberado) la multitud, tuvo compasión”.

Su alma fue profundamente afectada, sintió dolor. Este cuadro llevó al Salvador a decir a sus discípulos:

“La mies es mucha pero los obreros son poco. Por tanto rogad al Señor de la mies que Él envíe obreros a la mies.”

La compasión que sintió Jesús le llevó a animar, y aun a mandar, a los discípulos que oraran a Aquél que podía suplir para los que se encontraban abatidos y abandonados.

La compasión por las almas de los hombres debe llevarnos a la oración, debe llevarnos a orar para que el Señor proporcione verdaderos pastores de ovejas, hombres que proclamen su Palabra con un espíritu compasivo y que se identifiquen realmente con aquellos a quienes el Señor les llama a servir.

Marcos 6:34 declara:

“Al desembarcar Él (Jesús) vio una gran multitud, y tuvo compasión de ella, porque eran como ovejas sin pastor”.

Cuando Jesús vio a la gente desamparada, sin líderes que les enseñaran la Palabra de Dios, sin guías que suplieran las necesidades espirituales de la gente, Marcos también dice:

“Jesús tuvo compasión de esta gran multitud”.

Literalmente se le conmovieron las entrañas. La compasión activa de Jesús se expresa en hechos o en acciones. Al conocer la necesidad de estas personas, Jesús se entregó a suplirla. El texto dice: “Y comenzó a enseñarles muchas cosas.” La visión de la condición de la gente conmovió su corazón. Este sentimiento compasivo creó un anhelo profundo por ayudarles.

Hendriksen declara:

“Con la mente, Jesús explora sus penas, les comprende. En su corazón lleva sus cargas, les ama. Con su voluntad les quita sus aflicciones, les sana. Para Él, la compasión no sólo es una emoción, es un tierno sentimiento que se transforma en acción, en una acción eficaz; no es una mera emoción, sino una acción, mejor aún, toda una serie de acciones. Él les enseña, les sana, les alimenta”.

La manifestación de la compasión de Jesús hacia sus criaturas es una ilustración maravillosa de ese amor que no busca lo suyo, que se olvida de sus propias necesidades, cargas y dolor para corresponder adecuadamente a las necesidades, cargas y aflicciones de otros.

Marcos 1:40-41 declara:

“Y vino a Él un leproso, y arrodillándose le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, le tocó y le dijo: Quiero, sé limpio. Y al instante la lepra lo dejó y quedó limpio”.

Aquí, la palabra compasión no sólo supone un sentimiento de pena ante el sufrimiento, sino que habla también de un fuerte deseo de aliviar ese sufrimiento.

Al explicar lo que significa la palabra compasión en Marcos 1:41, Lensky dijo:

“El verbo splanchnizomai (σπλαγχνίζομαι) significa conmoverse las entrañas, los pulmones, el corazón, el hígado, que eran considerados como la base de los sentimientos, el amor, la conmiseración. Podemos decir: su corazón se conmovió. La palabra griega que se usa es la más expresiva de las tres que se traducen por ‘movido a compasión’, porque no sólo supone un sentimiento de pena ante el sufrimiento sino, además, un fuerte deseo de aliviarlo o suprimirlo”.

Cuando Jesús vio a aquel hombre leproso, su corazón se conmovió. Es decir, Él dejó que aquel cuadro de aflicción, miseria y dolor humano conmoviera su propio corazón. La condición dolorosa de aquel hombre le causó un dolor real y profundo. Le llevó a sentir un fuerte deseo de sanarlo y de librarle de su dolor y miseria. Su compasión le llevó a sanarlo. Esto nos enseña que cuando Jesús sanaba a los enfermos o ayudaba a los necesitados, no lo hacía de una manera fría o sin interesarse personalmente en las personas a las que servía o ministraba. Él no correspondió al dolor y a la necesidad humana de una manera impersonal, para simplemente demostrar que Él era en realidad el Mesías”. ¡No! Cuando el Señor ministró a las almas no lo hizo con una objetividad clínica divorciada de una simpatía y empatía real hacia el que sufría. Él se compadeció verdaderamente de ellos. Sintió pena por la desgracia o el sufrimiento ajenos. Cuando Jesús sanó al enfermo y ayudó al necesitado lo hizo con compasión; se identificó con las preocupaciones, aspiraciones, necesidades y temores de estas personas. Él permitió que el dolor afectara su corazón, se colocó en el lugar de estas personas y esto le llevó a compadecerse de ellas.

Él vio y permitió que aquello que estaba contemplando afectara su propio corazón. Él vio la aflicción y la miseria y dejó que esto afectara y conmoviera su ser. Ese cuadro le llevó a corresponder a la necesidad de una manera adecuada. Vio a la multitud como ovejas sin pastor y, ¿qué hizo? Comenzó a enseñarles. Al oír los ruegos del leproso, ¿qué hizo? Lo tocó y lo sanó. ¡Lo tocó! Jesús pudo haber dicho que este hombre fuera limpio, no tenía porqué tocarlo, pero lo tocó. Se identificó con este hombre.

Los casos en que se menciona expresamente la compasión de Jesús, prueban que su corazón estaba siempre lleno de misericordiosa bondad y sentimientos de misericordia hacia los afligidos de todas clases. En cualquier ocasión y dondequiera que sus ojos contemplaran sufrimiento o pesar de cuerpo, o alma, se sentía llamado a prestar ayuda. La compasión de Jesús es una de las más profundas, ricas y consoladoras cualidades del Salvador. Lo llevó a la cruz y, aún hoy, en gloria, continúa demostrando esta gracia. De ahí que se nos anime ¿a qué? A acercarnos al trono de la gracia. ¿Por qué? Porque allí encontraremos a Jesús compadeciéndose de nosotros:

“Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que transcendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sacerdote que no puede compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, (porque Él es un Salvador compasivo) acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”.

La compasión que Jesús manifestó durante su ministerio se manifestó también en el ministerio de Pablo. En Hechos 20:31 dijo:

“Recordando que por tres años, de noche y día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas”.

Pablo no llevó a cabo su ministerio entre los efesios de una manera fría, clínica e impersonal. Él ministró con lágrimas. La condición de estos hombres afectó su corazón; los peligros a los cuales ellos estaban expuestos conmovieron su corazón, y le llevaron a corresponder correctamente a su necesidad.

Cuando Pablo abrió su boca para enseñar y reprender a los corintios, lo hizo con un corazón lleno de un afecto compasivo y misericordioso.

En 2ª Corintios 6:11, Pablo dice:

“Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par”.

Cuando Pablo dice: “nuestro corazón se ha abierto de par en par”, está dando a conocer lo que sentía hacia los corintios. Esto no era un secreto. Su corazón estaba abierto hacia ellos. Un corazón abierto o ensanchado posee generosos y cálidos sentimientos.

Hodge tiene razón cuando dice que “Pablo había volcado su corazón sobre los corintios. Ha estado hablando con la máxima libertad, sin trabas y al hacerlo así su corazón se ha ensanchado hacia ellos. Estaba dispuesto a abrazarlos a todos y a estrecharlos en sus brazos como hijos amados”. Esto es lo que hace la compasión. ¿Pero a quién le estaba hablando? A aquellos que le estaban acusando falsamente, al menos algunos de ellos. Se habían dejado arrastrar por los falsos maestros que se habían infiltrado. ¿Qué le llevó a él a hablar de esa manera? La compasión por la condición en la que se encontraban estas personas. Él vio más allá de esas acusaciones. Vio lo que estaba allí, lo que realmente era la causa que había llevado a los corintios a conducirse de aquella manera y, al verlos bajo la influencia de estos falsos maestros, su corazón fue conmovido. Él les dijo: “Oh corintios a pesar de esto, ustedes todavía están en mi corazón. Y yo deseo tenerles allí porque les amo y busco lo mejor para ustedes. Mi ministerio lo llevo a cabo por el amor entrañable y profundo que siento hacia ustedes.”

Y, más adelante, en el capítulo 7, versículo 3 Pablo les dice:

“No hablo para condenaros; porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos”.

La expresión “estáis en nuestro corazón” es otra manera de decir que Pablo les amaba. La expresión “para morir juntos y para vivir juntos” significa que estos hermanos estaban tan arraigados en su corazón que él gustosa o alegremente vive y muere con ellos; ni la vida ni la muerte podrá separarlos.

Si nosotros vamos a ministrar a nuestras ovejas con una disposición compasiva, debemos orar para que el Señor nos de la compasión que nos lleve a identificarnos con el sufrimiento, la necesidad y la condición de cada una de nuestras ovejas. Debemos clamar: “¡Señor, ayúdanos! Danos un corazón más grande, más compasivo.” Debemos pedirle que aumente en nosotros la gracia de la empatía, la capacidad para sentir lo que otros sienten para que esto nos lleve a ser más sensibles a su condición. Esta compasión y empatía ayudarán a crear en nosotros ese fuerte deseo de consolar a los que sufren, de hacer lo que legítimamente alivie o quite su dolor. La compasión nos llevará a corresponder adecuadamente a sus necesidades. Si nosotros hemos de ministrar eficazmente a nuestras ovejas, ellas tienen que percibir que nosotros nos compadecemos de ellas y que realmente queremos corresponder bíblicamente a su necesidad. Esto abrirá sus oídos y sus corazones para que escuchen la enseñanza, exhortación y amonestación que Dios nos manda darles.

Observen cómo ministró Pablo a los corintios. No les exhortó diciendo: “Aquí estoy, con la verdad reformada, las doctrinas de la gracia, ahora escúchenme”. Él no les enseñó ni les exhortó de esa manera. Él no lo hizo de una manera fría ni impersonal, sino que les habló con el corazón. Él les dijo:

“Nuestro corazón está abierto a ustedes de par en par. Entonces, corintios, abran su corazón y escuchen las palabras de aquel que les ama y que les dice la verdad”.

A veces, nuestras ovejas no reciben la instrucción o amonestación porque ven en nosotros un corazón frío que no se compadece de ellas. No ven un corazón compasivo que busca su bien, que trata de entender su condición. Hay pastores que tratan a las ovejas como algunos doctores tratan a sus pacientes. Hablan como si estuvieran dando una receta, “He aquí este versículo; y después lea este otro. Y no se olvide de este otro versículo”. Muchos versículos, pero las ovejas no ven un corazón que siente con ellas, que se identifica con su dolor. Esto cierra sus oídos porque ven que el pastor no se ha interesado realmente por ellas como personas. Cuando un doctor no tiene empatía puede dar la prescripción correcta pero el paciente siente que falta algo importante. Lo que falta es un trato personal; el doctor le trató de forma fría, no mostró un interés sincero, una preocupación genuina por ayudarle y sanarle. Resultado: el paciente no vuelve. Se dice a si mismo, “No quiero que ese doctor vuelva a tratarme. Tal vez conozca bien su profesión pero yo no quiero que me vuelva a atender. Buscaré a otro doctor que me trate como una persona.” Por otro lado, cuando el doctor trata al paciente de un modo personal y muestra un interés verdadero, el enfermo está dispuesto a escuchar lo que tiene que decirle, y quiere regresar para que él continúe atendiéndole.

Si nuestras ovejas no perciben en nosotros un interés genuino por sus personas, una identificación sincera con su dolor o condición, no nos escucharan. Les será difícil oír nuestras palabras, nuestras exhortaciones y amonestaciones. En algunos casos no prestarán atención a nuestras palabras. Aunque hayas preparado un buen sermón para tus ovejas, fruto directo de una exégesis responsable y sana, y conceptos teológicos correctos y equilibrados, si tú no muestras un interés genuino por su bienestar y un corazón compasivo que se identifique con sus personas, aflicciones, problemas y necesidades, les será difícil oír lo que tienes que decirles.

Al ministrar a nuestras ovejas tenemos que recordar que entre ellas hay algunas abatidas, afligidas, heridas y quebrantadas. Otras estarán preocupadas o atemorizadas. Si ellas no perciben o ven que les pastoreamos con un corazón compasivo no apreciaran realmente nada de lo que debemos decirles. No prestarán atención a ninguno de los versículos que podamos citar. Estas cosas no les llegarán con el peso necesario para que puedan ser ayudadas de una forma real y eficaz. Podrás citar las mejores fuentes de consulta, a los hombres más destacados, pero si tú no pastoreas a tus ovejas con un corazón compasivo no podrás comunicar el mensaje de Dios a sus corazones de una manera eficaz.

Dios es compasivo. Esta es la manera en la que Él se acerca y se revela a cada uno de sus hijos. Por tanto, cuando predicamos, no sólo debemos comunicar el contenido de la Escritura sino que también debemos comunicar el corazón de las Escrituras. Para lograr este fin, nuestras vidas deben manifestar esta gracia.

Pablo dice: “Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”.

Queridos pastores, Dios no solo nos llamó a comunicar el contenido de las Escrituras, sino también su corazón. Por tanto, al hablar de la compasión de Cristo, ¿manifiestas tú esa compasión? Si no es así, no estás representando correctamente al Señor Jesucristo que te llamó a manifestar su compasión y que te llama a hablar y a tratar a las ovejas con compasión.

Vendrán días de gran aflicción y adversidad en los que Dios te llamará a consolar a tu gente. Su dolor será tan fuerte que no podrás más que llorar con ellas y sentir el dolor que ellas sienten.

Si los amigos de Job hubieran tenido compasión, si se hubieran sentado delante de este hombre a llorar con él, eso habría sido una gran medicina que habría consolado a Job.

Hay situaciones en las que no podemos más que llorar con nuestras ovejas, orar con ellas y encomendarlas a la misericordia de Dios, conociendo que Dios tiene un propósito sabio en esto que les ha ocurrido.

Hay ocasiones en las que solo podremos consolar con lágrimas. Para esto tú y yo necesitamos un corazón compasivo. ¿Te das cuenta de que no es ir simplemente a un seminario? ¿Que no sólo es tomar diferentes clases y poder defender la fe? No; necesitamos un corazón pastoral, un corazón compasivo, y eso no surge simplemente así porque sí. Tiene mucho que ver con nuestra relación diaria con Cristo y como esa relación afecta y guía nuestra vida.

Necesitas un corazón que se compadezca de tus ovejas. Un corazón que se identifique con sus sufrimientos, que sienta, se sienta afectado por lo que le afecta a ellas. ¡Oh hermanos, que el Señor nos conceda cada día más de esta gracia!

Es verdad que nuestras ovejas necesitan nuestro consejo y guía espiritual, pero una de las cosas que las preparará para que puedan domingo tras domingo, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, estar dispuestas a recibir la instrucción bíblica es nuestra compasión. Eso no es todo, pero es un ingrediente importante y esencial.

Alguien dijo: “Hay un lenguaje del corazón que sobrepasa el de las palabras que une a un corazón con otro corazón y abre la puerta para que nuestras palabras sean recibidas.”

A veces tenemos que comunicar palabras que hieren, verdades que son muy difíciles de aceptar, pero si estas verdades proceden de un corazón amoroso y compasivo serán más fáciles de recibir.

Recuerda, hermano, que el Señor ministró a sus ovejas movido por la compasión. Entonces tú y yo debemos pastorear nuestras a ovejas de la misma manera. La Biblia dice: “Llorad con los que lloran”. Esta es otra forma de decirnos que nuestro deber es mostrar compasión hacia aquellos que sufren.

Hasta aquí hemos visto algo de la importancia y necesidad de la compasión pastoral.

Ahora quiero dar, brevemente, algunas instrucciones prácticas para desarrollar la gracia de la compasión.

En primer lugar, ya que la compasión es un fruto del Espíritu Santo, debemos orar para que Dios aumente esta gracia en nuestro corazón por medio de las operaciones e influencias del Espíritu Santo y Su Palabra. Debemos leer y estudiar las Escrituras y la verdad, pero debemos hacerlo con un espíritu de oración: ¡Señor, ven y obra!

Algunos de nosotros nos criamos en hogares donde, literalmente, nos castraron emocionalmente y se nos hace difícil llorar con los que lloran. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¡Clamar a nuestro Dios! La promesa divina debe animarnos a orar por una mayor manifestación del Espíritu Santo en nuestras vidas; manifestación que, entre otra cosas, obre en nosotros mayor compasión. Cristo nos dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.

Y dice el Señor: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Necesitamos el Espíritu de Dios para que esta gracia sea aumentada en nosotros y se manifieste en nuestras vidas.

En segundo lugar, medita deliberadamente en la manera compasiva en que Dios te ha tratado.

El Salmo 103, versículo 14, nos habla de la compasión de nuestro Dios. Él dice en su palabra, en el versículo 13 de este Salmo:

“Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen Porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos solo polvo.”

Él se acuerda de que somos polvo. Consciente de nuestra condición él nos trata conforme a su misericordia; esta verdad conmoverá nuestros corazones y nos animará a reflejar el carácter y la compasión de nuestro Dios. Nosotros también debemos recordar la constitución de nuestro prójimo y de nuestras ovejas y dejar que esto afecte, conmueva nuestro corazón y nos lleve a corresponder bíblicamente a sus necesidades.

¿Cómo podemos desarrollar este fruto del Espíritu? En tercer lugar, imita al Señor Jesucristo. Él es el ejemplo perfecto de lo que un hombre debe ser en su vida emocional. Su ejemplo de la compasión está plasmado de una manera especial en los evangelios. Entonces, lee una y otra vez los Evangelios. En ellos, el Señor se manifiesta como el Dios encarnado. Considera, con un espíritu de oración, la manera en que Jesús reaccionó ante el sufrimiento; ve como se identificó con el que sufría; observa como Él dejó que el sufrimiento de otros afectara su corazón. Deja que el Señor, lo que Él es, lo que Él hizo y la manera en que Él reaccionó, sea tu patrón. Lee buenos libros que tratan este tema. Uno de ellos es, “La persona y la obra del Señor Jesucristo”, escrito por B. B. Warfield. Este excelente libro habla sobre la vida emocional de nuestro Señor. Otro libro es: “La hermosura de Jesús”, por Clifford Pond.

En cuarto lugar, considera la situación o condición peculiar de cada una de tus ovejas, y deja que ese cuadro afecte y conmueva tu corazón y te lleve a corresponder a sus necesidades como Dios manda en su Palabra. Proverbios 27:23 declara: “Conoce bien la condición de tus rebaños…”. En Juan 3:14, Jesús declara, “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y las mías me conocen”. El conocimiento de sus ovejas conmovió su corazón y le llevó a corresponder correctamente y adecuadamente a su condición. Tal conocimiento y compasión le llevó a dar su vida por sus ovejas.

En quinto lugar, busca la dirección de las Escrituras para corresponder adecuadamente a la condición de tus ovejas. Querido hermano, la compasión no es un mero sentimiento. ¡No! También es acción, es corresponder, pero no es corresponder como yo pienso sino como Cristo me manda en su Palabra. ¿Qué me dice el Señor en su Palabra?

Las Escrituras son suficientes y pertinentes para guiarnos y enseñarnos cómo debemos responder a las necesidades de nuestras ovejas; son suficientes para enseñarnos cómo debemos mostrar esa compasión. Querido hermano, para esto no necesitas las últimas declaraciones de los gurús o los expertos en psicología, ¡no! No necesitas las enseñanzas ni las declaraciones de estos hombres para tratar con un corazón quebrantado por el pecado, la injusticia, la crueldad y la maldad. Todo lo que necesitas es conocer bien tu Biblia. Para esto vive según la Biblia, aprende a aplicarla a tu propia vida y podrás aplicarla a otros.

Pablo le dice a Timoteo:

“Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido, de las cuales te convenciste, sabiendo de quienes las has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (llegue a la madurez espiritual) esté equipado para toda buena obra”, (2Tim. 3:16,17).

“Timoteo, aplica la Biblia; aplícate la Biblia; aplica sus verdades a tu propio corazón; a tu propia vida para que alcances ese estado de madurez que te permita estar preparado para toda buena obra. Y mostrar compasión es una buena obra. Entonces, Timoteo, en la Biblia encontrarás todo lo que necesitas para esta buena obra. La Biblia es suficiente y pertinente para tratar con el corazón humano, con el pecado, la aflicción, la depresión, la ira, la decadencia espiritual, la adversidad. Es suficiente para dar consuelo, fortaleza y esperanza.”

Pero muchos no piensan así. ¿Por qué? Porque desconocen su Biblia. La razón por la que muchos ministros dependen de otras fuentes es porque no conocen ni aplican a sus vidas la Palabra de Dios. Estos hombres van a otras fuentes porque no creen lo que la Biblia dice de sí misma. Su testimonio es que es suficiente y pertinente para guiarnos en todo lo que Dios requiere de nosotros.

He aquí algunas de las instrucciones prácticas para que nosotros podamos crecer en la gracia de la compasión. Si vamos a pastorear a las ovejas como lo hace el Señor Jesucristo, entonces debemos hacerlo de una manera compasiva.

¡Oh hermanos, estamos tan ocupados! Corremos de un lado para otro, pero tenemos que detenernos para contemplar la condición de nuestras ovejas. Es así como podremos desarrollar la compasión. Que nuestras ovejas encuentren en nosotros un corazón compasivo y, al verlo, vean mas allá de nosotros, vean el corazón compasivo de Cristo y den gloria a Él por su pastoreo a través de personas tan insuficientes como nosotros. ¡Oh que al ver estas cosas ellas amen más y más a Cristo!

Oremos:

Padre, gracias te damos por las enseñanzas de tu palabra.

En verdad tu palabra es suficiente y pertinente. Pedimos perdón porque no hemos mostrado la compasión de Cristo como deberíamos; nos hemos quedado cortos, ¡perdónanos!

¡Ayúdanos, oh Dios, a crecer en esta gracia!

Que la enseñanza de tu palabra hoy, junto a la operación misericordiosa de tu espíritu, grabe esto en nuestras mentes y corazones para que podamos ser ministros fieles y competentes del Nuevo Pacto.

Te suplicamos esto para que podamos glorificarte y promover el bien de las ovejas.

Padre, tu hijo murió por esto. ¡Danos mayor compasión!

Te lo pedimos en Cristo.

Amén.

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón de siervo

La disposición del pastor: Un corazón de siervo

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La Biblia usa cuadros de la vida diaria para describir la obra de los pastores en la Iglesia. Estos cuadros presentan a los siervos de Dios como pastores del rebaño (Hch. 20:28); también como padres de familia (1 Ti. 3:4). Los presentan como gobernadores de la congregación (He. 13:7 y 13), como centinelas (1 P. 5:2), también como administradores de los misterios de Dios (1 Co. 4:1-3).

La Palabra de Dios no solo describe la obra pastoral, sino que también presenta la disposición con la que los pastores deben realizar esta obra. En esta ocasión comenzaremos a tratar el tema de la disposición predominante del corazón del pastor; esa disposición con la que cada pastor o anciano debe llevar a cabo la obra pastoral.

Al hablar de la disposición del pastor me refiero a la actitud o inclinación que principalmente domina el corazón. Las santas Escrituras nos enseñan que la disposición predominante con la que el pastor debe llevar a cabo la obra pastoral es la disposición con la que el Señor Jesucristo pastorea a sus ovejas. Los pastores deben imitar su ejemplo porque este es el modelo perfecto de pastorear las ovejas. Jesús dijo: Yo soy el buen pastor (Jn. 10:11). Es decir, Él es el pastor por excelencia. El significado básico de la palabra griega traducida al español por “buen” significa básicamente bueno, hermoso en el sentido del ideal o del modelo de perfección. En este caso, según William Hendrickson, significa excelente. Este pastor corresponde al ideal tanto en su carácter como en su obra. Jesucristo es el pastor bueno; es el pastor excelente. Aunque en un sentido el Señor es el único de esta clase, su manera de pastorear a sus ovejas forma el patrón que deben imitar aquellos que Él llama a pastorear a sus ovejas. La declaración: Yo soy el buen pastor implica que el divino pastor revelado en el Antiguo Testamento encuentra su expresión encarnada en la persona del Señor Jesucristo. Él es aquel que, como Dios del pacto y Pastor de su pueblo, se comprometió a salvarlo y a pastorearlo. El Salmo 23 describe el pastoreo perfecto del Señor. David dice: El Señor es mi pastor y nada me faltará. En otras palabras, su pastoreo sobre mí y sobre su pueblo es todo lo que debe ser. Por tanto Él es el modelo perfecto que todos los pastores deben imitar.

En su primera epístola capítulo 5, versículo 4, Pedro declara: Cuando aparezca el príncipe de los pastores recibiréis la corona inmarcesible de gloria. Esta declaración enseña que el Señor Jesús es el Pastor Supremo de todo el rebaño y, al mismo tiempo, es el Príncipe y Gobernante de todos los pastores que Él llama al oficio pastoral. Estos pastores no solo reciben su comisión y sus instrucciones del Supremo Pastor, sino que también reciben de Él aquel ejemplo de pastor que ellos deben imitar. El ejemplo que los pastores deben seguir no debe ser formado de los patrones sociales populares y sensacionales del mundo ni de la tradición eclesiástica, ni del pragmatismo, sino del patrón perfecto del Pastor Supremo. Nuestro modelo de lo que un pastor debe ser, a quién debe imitar, no debe proceder de aquello que produce resultados, de lo que trae a mucha gente. Nuestro modelo perfecto o nuestro patrón excelente es el Señor Jesucristo. No hay deficiencia en este patrón. El Pastor Supremo es todo lo que debe ser como pastor de su pueblo; por tanto, pastores, es a Él a quien nosotros tenemos que imitar. Debemos imitar el pastoreo del Señor Jesucristo, porque es el patrón perfecto.

En segundo lugar, debemos imitar este pastoreo porque los Apóstoles lo imitaron. La conducta de los Apóstoles y las instrucciones que ellos dieron acerca del ministerio pastoral demuestran esta afirmación. En varios pasajes bíblicos encontramos que los Apóstoles llamaron a sus seguidores a imitar su ejemplo. ¿Por qué? Porque ellos imitaron a Cristo. En 1 Corintios 11:1 Pablo dice: Sed imitadores de mí como también yo lo soy de Cristo. Hay una doctrina de imitación en las Escrituras, y aquel que socava esto o que lo pasa por alto no representará correctamente al Señor Jesucristo; ni manifestará la manera en que Él pastorea a sus ovejas.

En Filipenses 3:17 Pablo declara: Hermanos sed imitadores míos y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros. En Hechos 20:18 vemos que Pablo llamó a los pastores o a los ancianos de Éfeso y les dijo: Vosotros bien sabéis como he sido con vosotros todo el tiempo […] sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas y con pruebas […]. A pesar de todo esto, v. 20: No rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil. Más adelante, en el versículo 33 a 35, Pablo dice, Ni la plata ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. V. 34: Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y la de los que estaban conmigo. En todo os mostré [fui vuestro ejemplo] que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Observen; es a los ancianos a quienes Pablo dice: Os mostré. En otras palabras: os di mi ejemplo cuando estuve entre vosotros; me entregué a serviros con un corazón desinteresado, bondadoso y generoso. Esta forma de servir o pastorear la aprendí del Señor Jesucristo que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Ahora ustedes imiten mi ejemplo así como yo imito a Cristo. De esta manera, Pablo dio a entender que el ejemplo de pastorear a las ovejas que él recibió del Señor Jesucristo, y que él siguió a través de toda su vida, era también el ejemplo y la norma que deben seguir todos los pastores en la Iglesia. Considerar e imitar el ejemplo apostólico en este asunto significa seguir el ejemplo de Jesucristo como pastor del rebaño. Una de las cosas que debemos imitar de este ejemplo es la disposición con la que Cristo pastorea a sus ovejas.

Alguien con percepción declaró: “Pablo es un ejemplo exegético de la disposición pastoral del Señor Jesucristo. En otras palabras, la disposición con la que Cristo pastorea a sus ovejas se manifiesta claramente por medio de la vida y el ministerio de Pablo. Esta disposición cristológica que Pablo manifestó en su propio ministerio pastoral es la que los pastores también deben imitar”.

Después de haber señalado la disposición pastoral con la que los pastores deben desempeñar la obra pastoral, la disposición pastoral del Señor Jesucristo, pasemos a considerar los elementos esenciales de esta disposición predominante.

Esta disposición incluye varios elementos esenciales:

* Un corazón de siervo
* Un corazón compasivo
* Un espíritu manso y tierno
* Un amor desinteresado
* Una solicitud constante

Agradecido por la ayuda que he recibido de otros siervos del Señor para tratar este tema, consideremos el primer elemento esencial de la disposición predominante con la que debemos realizar la obra pastoral.

Uno de los elementos de esta disposición es un corazón que está dispuesto a servir a otros para la gloria de Dios y para el bien de ellos. Según Marcos 9:33-37, surgió una discusión entre los discípulos de Jesús acerca de quién de ellos era el mayor: Y llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino? Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. Lamentablemente, este espíritu que se manifestó entre los discípulos continua manifestándose en nuestros días entre algunos de los que profesan ser sus discípulos. Sentándose [Jesús, ¡con qué calma y paciencia!] llamó a los doce y les dijo: Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. Obviamente, los discípulos no habían comprendido lo que era ser grande en el Reino de Cristo. Su concepto de la grandeza procedía del mundo. Cristo les explicó lo que significa ser el primero en su reino. Versículo 35: ser el último de todos y el servidor de todos; que el Señor grabe esta verdad en nuestros corazones. “La idea de grandeza que tiene el mundo —dice R _________— consiste en gobernar, pero la grandeza cristiana consiste en servir. La ambición del mundo es recibir honor y atención, pero el deseo del cristiano debe ser dar más que recibir y ayudar a los demás”.

El comentario de Strauch sobre la grandeza personal es pertinente. En Marcos 9:35, Jesús declara que la verdadera grandeza no se logra luchando por sobresalir entre los demás ni aferrándose al poder, sino mostrando una actitud humilde, modesta, de servicio a todos. Por esta razón Jesús dijo: si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. La sabia advertencia de C_________ a los líderes cristianos merece repetirse: “El poder es como el agua salada. Cuanto más se bebe, más sed se tiene. El ansia de poder puede alejar al más resuelto cristiano de la verdadera naturaleza del liderazgo cristiano que es el servicio a otros”.

El liderazgo y la autoridad que ejercen los pastores sobre la grey deben surgir y ser gobernados por un corazón que, sobre todo, quiera servir a otros. Esta disposición ha de prevalecer. El pastor debe mantener en sus pensamientos que él es sobre todo un siervo; siervo de Cristo, siervo del rebaño.

En Mateo 20:20-28, Jesús manda a los líderes de su reino a servir a otros con un corazón de siervo. El incidente que dio lugar a este mandato fue la petición de la madre de Jacobo y Juan. Sus hijos deseaban ocupar un lugar de preeminencia en el Reino de Cristo. Parece que ellos animaron a su madre a pedir al Señor que en su reino se les permitiese sentarse el uno a su izquierda y el otro a su derecha. Esta petición incomodó a los discípulos, creó malos sentimientos entre ellos. El versículo 24 declara que los diez se indignaron contra los dos hermanos. Probablemente esta reacción se debe a la envidia o al temor de salir perdiendo. Tal vez querían estas posiciones para sí mismos. Jesús usó este incidente para enseñar a todos sus discípulos que el liderazgo en su reino no es para que los líderes se enseñoreen del pueblo de Dios. El liderazgo cristiano es un llamado al sacrificio, servicio y sufrimiento. ¡Sacrificio! ¡Negarse a uno mismo! El ministerio no es una plataforma para obtener poder y gloria. Sobre este asunto un escritor cristiano dijo:

“Sin embargo, el mundo e incluso la iglesia están llenos de jacobos y de juanes, emprendedores y buscadores de posición, sedientos de honor y prestigio, que miden la vida por los logros y los interminables sueños de éxito. Son agresivamente ambiciosos para sí mismos. Esta mentalidad es incompatible con el camino de la cruz”.

El hijo del hombre no vino para ser servido sino para servir y para dar. Renunció al poder y a la gloria del cielo, es decir, se negó a manifestar la plenitud de su gloria divina, velándola al tomar una forma de siervo y se humilló a sí mismo para ser un siervo. El hijo de Dios, Dios, la segunda persona de la Trinidad, se dio a sí mismo sin reservas y sin temor, a los despreciados y olvidados de la comunidad. Su obsesión fue la gloria de Dios, el bien de los seres humanos. Para promover esto estuvo dispuesto a soportar hasta la vergüenza de la cruz. Ahora, Él nos llama a seguirlo; Él no nos llama a buscar grandes cosas para nosotros, sino más bien a buscar primero la voluntad de Dios, su reino y su justicia. Si hemos de buscar el bienestar de los hombres, los pastores deben imitar al Señor Jesucristo. Él dijo a sus discípulos: Sin embargo entre vosotros yo soy como el que sirve (Lucas 22:27).

El Señor Jesucristo no usó su autoridad ni liderazgo para aprovecharse de sus discípulos, para oprimirlos, o abusarlos. El usó su autoridad para procurar y promover el bienestar de ellos. No son pocos los gobernantes que se aprovechan de su posición para promover sus propios intereses. No buscan realmente el bienestar de sus súbditos. Otros como Diótrefes procuran el liderazgo porque les gusta la preeminencia. El apóstol Juan, en su tercera epístola, dice: “Escribí algo a la iglesia pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos”.

Otros ejercen su autoridad despóticamente, para controlar u obtener ventajas materiales para sí mismos. En Mateo 20:25 Jesús dice: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. La palabra griega katakurieuousin (κατακυριεύουσιν) que se traduce “ejercen autoridad” habla de un gobierno caprichoso y despótico. Según el Señor hay líderes que se enseñorean de la gente para lograr sus ambiciones caprichosas, vanas y egoístas. El pueblo existe para ellos, para propiciar sus intereses monetarios o para satisfacer sus vanas aspiraciones. Estos gobernantes viven entregados a sus placeres, a expensas de su gente. Ellos no sirven, más bien quieren que la gente les sirva. Jesús dice a sus discípulos: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande sea vuestro servidor”. La actitud de los siervos de Cristo no debe ser: “Aquí estoy para ser servido”; más bien debe ser: “Aquí estoy para servir”, y deben servir con un corazón humilde y servicial. No deben usar su autoridad para imponer sus preferencias personales o su voluntad sobre el pueblo de Dios, o para exigir que la gente se someta a mandamientos que el Señor Jesucristo no hada dado a su pueblo en su palabra. Esto es lo que Pedro enseña en su primera epístola capítulo 5 v. 2 y 3. Él exhorta a los ancianos y les dice: Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, supervisándolo, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios, no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño. La autoridad que Cristo da a los pastores para gobernar al rebaño no se confiere para que ellos se enseñoreen de la grey o se conviertan en señores de la conciencia de las ovejas. ¡No! Solo Cristo es el Señor y el dueño de la conciencia.

Antes de seguir adelante quiero hacer una salvedad, subrayar un principio bíblico y es el siguiente:

Aunque los pastores son siervos, esto no niega su autoridad para gobernar a la iglesia. La Biblia enseña claramente que Cristo ha dado autoridad a los pastores para dirigir a la iglesia. Hebreos 13:17 declara: Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Y claro, en aquel momento no era necesario añadir “si ellos os dirigen de una manera bíblica”, porque esa es la manera en que los pastores fieles (que enseñan la Palabra y que son dignos de imitación v.7) dirigen la iglesia. Mientras los pastores nos dirijan según la enseñanza bíblica, debemos seguirles.

El versículo 17 de Hebreos 13 identifica a los líderes de la iglesia como dirigentes o gobernantes. Strauch indica que la palabra griega traducida al español “pastores” o “guías” es un término genérico. Se puede usar para describir a líderes militares, políticos o religiosos. En el Antiguo Testamento griego, esta palabra ēgoumenois (ἡγουμένοις) se usaba para describir a los jefes de la tribu. Por ejemplo, en Deuteronomio 5:23, el jefe de un ejército; en Jueces 11:11, gobernante de la nación de Israel; en 1 Samuel 5:2, el superintendente de todos los bienes; en 1 Crónica 26:24, el sacerdote principal y en 2 Crónicas 19:11 el sumo sacerdote. En Hechos, a Pablo y a Silas se les llama varones principales entre los hermanos (Hch. 15:22). El uso que hace el escritor de la palabra griega traducida “pastores” en Hebreos 13:7, 17 y 24 habla de la tarea de los ancianos o pastores de la iglesia local. Estos hombres tienen la tarea de enseñar en la iglesia, vers. 7. Estos hombres son líderes, gobernantes, dirigentes, pastores de la grey. Enseñan, protegen, guían y velan el rebaño. A los miembros de ese rebaño, o iglesia local, se les manda a obedecer y a estar sujetos a estos hombres. Mientras ellos dirijan, gobiernen o guíen a la congregación según las normas bíblicas, los miembros deben seguirles. El título que define tanto a los pastores como a los deberes de aquellos que se encuentran bajo el cuidado de estos hombres indica que han sido investidos con autoridad para gobernar a la iglesia.

Pablo dice a los tesalonicenses, en su primera epístola, capítulo 5, versículo 12: Pero os rogamos hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor y os instruyen. Estos líderes tienen la responsabilidad de dirigir e instruir a la iglesia. En la primera epístola a Timoteo, capítulo 5:17 se habla de los ancianos que gobiernan. Estos deben ser considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y la enseñanza. En la misma epístola, capítulo 3, versículos 4 y 5 dice que el obispo debe ser un buen gobernador o administrador, o dirigente de su hogar, porque si un hombre no es capaz de gobernar bien su casa y sus hijos, no es apto para que pueda cuidar y dirigir la iglesia.

Aunque los pastores son siervos, aun así tienen autoridad para gobernar a la iglesia. Una cosa no niega la otra. Jesús fue un siervo, pero este hecho no niega su autoridad sobre sus ovejas. Aquel que dijo: Yo no he venido para ser servido, sino para servir, también dijo: ¿Por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo os digo? En otras palabras, el que Él viniera a servir no niega su autoridad. Su autoridad no solo procedía de su posición como Señor sino también de su posición como pastor. Por eso no debe sorprendernos que Jesús hable de sus ovejas como aquellas que le reconocen como Señor y se someten a su autoridad. Él dijo: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Jesús ejerció su autoridad como pastor sin sentirse intimidado ni avergonzado. ¿Y cómo se llamaba a los gobernantes en el Antiguo Testamento? Se les llamaba igual que a los pastores. La palabra pastor implica autoridad.

La autoridad pastoral es algo inherente al oficio de pastor. En el antiguo testamento, se llamaba a los gobernantes pastores. La palabra pastor implica autoridad. Este término habla de su autoridad para gobernar. Ellos gobernaban a sus súbditos. El Señor no se avergonzó de ejercer su autoridad como pastor de las ovejas. Aun más, Él esperaba que aquellos que Él vino a servir y que le habían recibido como pastor, le obedecieran. El que Jesús fuera un siervo entre los discípulos, que Él les sirviera y aun le lavara sus pies no negó su autoridad como pastor de ellos. Por tanto sus discípulos no podían ser indiferentes a las instrucciones de Jesús.

Por otro lado, un líder puede ejercer su autoridad y aun así ser un siervo verdadero de los que se encuentran bajo su gobierno. Pablo entendía este principio; por esta razón vio su posición como un medio para servir a otros. Alguien correctamente dijo: “Él percibió sus dones y autoridad como medio para edificar y proteger a otros. No como medio para controlar u obtener posición, ventajas para sí mismo”. ¡No! Él utilizó su autoridad apostólica para edificar, guardar y proteger a la Iglesia de Cristo. En Corinto usó su autoridad para mantener la pureza moral de la iglesia. En 1 Co. 5:4 dice a los corintios: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, cuando vosotros estéis reunidos y yo con vosotros en espíritu y con el poder de nuestro Señor Jesucristo, entregad (esto es un mandato) a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. Observad. Pablo no utilizó su autoridad como Diótrefes. Este disciplinaba para mantener la preeminencia. En cambio, Pablo utilizó su autoridad para que la iglesia cumpliera la voluntad de Cristo. Ejerció su autoridad para que el pecador impenitente se arrepintiera, para que los miembros de la iglesia no se contaminaran pues la Biblia dice: un poco de levadura fermenta toda la masa (1 Co. 5:6). Por tanto, él dijo a la iglesia: “Expulsad de entre vosotros al impenitente”. Pablo ejerció su autoridad para procurar el bien, el gozo, la paz y la unidad de la iglesia.

Esta perspectiva debe gobernar la autoridad del esposo en el hogar. Él, como cabeza, tiene autoridad (Ef. 5:25). Él fue investido de autoridad para que él procure el bienestar, la santidad, y la felicidad de los miembros de su hogar. El esposo debe ser un líder amoroso y servicial. En su hogar, él es sobretodo un siervo. Tal vez esto no le guste a algunos esposos pero para este fin fue que Dios les dio autoridad. En el hogar el esposo no es solamente un líder, es también un siervo. Su autoridad fue concedida para que él promueva el bienestar y la felicidad de aquellos que se encuentran bajo su cuidado.

El esposo es un siervo, pero el que sea un siervo no niega su autoridad como cabeza de su hogar. Su rol como siervo en el hogar le indica el propósito de su autoridad y la manera en que debe ejercerla. ¿Ves la sabiduría de Dios? Ellos son siervos y deben ejercer su autoridad para lograr el propósito divino.

El rol de siervo de los pastores no niega su autoridad, pero les recuerda el propósito y la manera en la que ellos deben ejercerla. El Dr. Wayne Mack tenía mucha razón cuando aseveró que el concepto bíblico de un líder, según Mateo 20:20-28, es que “en primer y principal lugar él es un siervo. Su preocupación no debe ser por sí mismo ni por dar órdenes, ni mangonear, ni imponer su voluntad. Debe preocuparse por satisfacer las necesidades de otros. En verdad, si los intereses de otro no están sobre su corazón, si no está dispuesto a sacrificar sus necesidades personales, sus deseos y aspiraciones, su tiempo y su dinero; si las necesidades de otro no son más importantes que las suyas propias, tal hombre no está en condiciones de ser un líder. El líder debe tener un corazón de siervo. Y lo que sigue es muy importante: si tiene un corazón de siervo actuará como siervo y reaccionará como tal cuando le traten como un siervo”.

Hay mucho fango que comer en el ministerio. La única manera de comernos ese fango es recordando lo que somos: siervos. Strauch resume lo que dije de la siguiente manera: “El carácter de humilde siervo, de liderazgo, no implica ausencia de autoridad. Los términos del nuevo testamento, que describen la posición y el trabajo del líder como mayordomo de Dios, supervisor, guía, implican autoridad tanto como responsabilidad. Pedro no podría haber advertido a los ancianos de Asia contra el señorío sobre los que estaban a su cargo si no hubieran tenido autoridad para guiar y proteger a la iglesia local. La clave es la actitud, la disposición con la cual los ancianos deben ejercer su autoridad”.

Uno de los elementos de la disposición predominante con la que un pastor debe pastorear a las ovejas es un corazón de siervo, un corazón dispuesto a servir a otros. En segundo lugar consideremos algunas de las implicaciones prácticas de este elemento esencial.

Estimado pastor, si mantienes en tu corazón tu identidad como siervo no te molestará ni te quejaras por tener que realizar ciertos deberes diaconales en la iglesia. En las iglesias pequeñas habrá ocasiones en que será necesario que el pastor cumpla ciertas tareas diaconales. Cuando esto ocurra, debes estar dispuesto a realizar estas tareas para servir a las ovejas de Cristo. Debes recordar, que no eres solamente un siervo de tu gente, sino que también su esclavo.

Si había una verdad que constreñía el corazón de Pablo, a predicar a Cristo, a servir a Cristo, a servir a la iglesia de Cristo; si había algo que le llevó a sufrir los sinsabores, tensiones, aflicciones, vituperios del ministerio, fue que él conocía que era ante todo un esclavo de Cristo y de su pueblo. Mucho fue lo que Pablo sufrió. Lo azotaron; lo apedrearon. Se levantaba y seguía sirviendo. ¡Yo soy siervo de Cristo! ¡Soy esclavo de Cristo, para servir a Cristo, para servir al pueblo de Cristo! Él declaró: Porque no nos predicamos a nosotros mismos sino a Cristo Jesús como Señor y a nosotros como siervos (literalmente esclavos). Aquí, la palabra griega no es dikanoi (siervos) sino douloi (esclavos). Y a nosotros, como esclavos vuestros por amor de Jesús.

Compañero en el ministerio, ¿qué imagen tienen de ti? O ¿qué imagen tienes de tu persona? Si no te consideras un siervo o esclavo del rebaño, dispuesto a ser todo lo que esto implica, no podrás ministrar a las ovejas de Cristo.

Por otro lado, la convicción de que eres un siervo será un antídoto poderoso contra la ingratitud y el desaliento. Muchas veces no se reconoce el esfuerzo y trabajo pastoral que toma lugar en privado. Hay muchas cosas de nuestra tarea ministerial que nuestra gente no ve; entre estas cosas podemos mencionar el tiempo dedicado a la oración, las horas que dedicamos al estudio de la palabra, la educación en general, la preparación de los sermones, el tiempo de visitar a los enfermos, débiles y necesitados; la preocupación por la condición espiritual y física de las ovejas. Esto es una carga sobre nuestro corazón. Hemos dado consejo, hemos enseñado, pero la persona no entiende. Eso nos preocupa. Nos lleva a orar por esta persona. Su condición espiritual se convierte en una carga para nosotros. Vemos nuestra debilidad e insuficiencia y esto nos lleva al trono de la gracia y decimos: ¡Señor ten misericordia de nosotros! Danos más de tu gracia para poder servir a tu pueblo. Después, el domingo, ven al pastor que le abraza, y le da la mano; y lo hace con sinceridad porque los ama. Pero eso no quita toda la aflicción, toda esa carga. Mientras muchos duermen, los pastores están pensando y orando para ver cómo pueden ayudarles a resolver su problema. Piensan cómo van a tratar a aquel hermano para que no se ofenda innecesariamente y que pueda ver el principio, lo aplique y pueda servir al Señor de corazón, siendo ejemplo para otros.

Nosotros no somos profesionales. No podemos limitarnos a decir: “Estoy aquí, hago mi trabajo y me voy. ¡No! Pero la gente no ve muchas de esas cosas. No ven las lágrimas; el dolor que sentimos al ver la indiferencia de las personas hacia la palabra; no tienen conocimiento de las decisiones difíciles que debemos tomar para guardar la unidad y el testimonio de Cristo y de su iglesia; del tiempo que empleamos para organizar los ministerios de la iglesia; de las reuniones en el liderazgo de la iglesia; de las conversaciones y reuniones con otros líderes…Muchos desconocen estas cosas.

¿Y qué del dolor que sentimos al ver la indiferencia de las personas hacia la palabra? Esto nos trae tristeza. A menudo, la gente pasa por alto y no da gracias por el ministerio de la palabra. Muchas veces no aprecian ni dan gracias por el ministerio público de la palabra. Semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Hay personas que creen que han sido llamadas a mantener a sus pastores humildes y no les dan gracias. Nosotros, los pastores, los que somos fieles, no queremos aduladores, pero sí queremos saber si nuestra oración, si la oración del pueblo de Dios, si la enseñanza que ha sido explicada y aplicada, ha sido usada por el Señor para edificar y bendecir a su pueblo. Nos alienta oír: “Pastor, aunque no le habíamos dicho nada; sin embargo, ¡esas inquietudes que teníamos desaparecieron cuando usted estaba predicando!” “Pastor, el otro día, mientras usted predicaba la palabra la flecha del Altísimo vino a mi conciencia, traspasó mi corazón, me vi desnudo y en falta, y allí mismo tuve que pedir perdón al Señor”. “Pastor gracias por ser fiel a mi alma”.

Pastor, si no tienes un corazón de siervo, la ingratitud e indiferencia te desplomarán; estas actitudes pueden convertir estas cosas que debes hacer en cargas pesadas que no desearás cargar. Si te olvidas que eres un siervo, la ingratitud de la gente, la falta de reconocimiento por tu labor, tus esfuerzos, puede crear en ti amargura, resentimiento y un espíritu murmurador. Y esto te impedirá entregarte con gozo y entusiasmo a tus labores ministeriales. Tu corazón se enfriará. El fervor y el deseo de servir al pueblo de Dios y a Cristo menguarán o desaparecerán. Por tanto, es necesario que siempre recuerdes que eres un siervo. Y cuando servimos o hacemos lo que el Señor nos dice, debemos decir: “Siervo inútil soy. No he hecho más que lo que debía hacer”.

Aunque debemos trabajar con la esperanza de que seremos recompensados (1 Co. 9:10), aunque la Biblia nos dice que a su tiempo si no nos cansamos segaremos, estas promesas no significan que seremos necesariamente recompensados por nuestro esfuerzo y labor de forma inmediata. Puede ser que el Señor dilate la recompensa como hizo con siervos más fieles que tú y yo. Puede ser que el fruto no aparezca inmediatamente. Puede ser que tu gente no manifieste agradecimiento por tu trabajo.

Entonces, recuerda, somos siervos, eso es lo que somos. Somos siervos… ¿pero de quién? De Cristo. El asimilar este concepto es fundamental para que el pastor pueda realizar la obra pastoral. Traerá estabilidad, sosiego y tranquilidad al corazón. Le animará a seguir adelante, porque entiende que es un siervo inútil que sólo ha hecho lo que debía. Siervos inútiles; literalmente somos esclavos inútiles. Es decir, no merecemos ninguna gratitud especial porque, como Lenski comenta, no tenemos derecho especial alguno sobre el Señor. Hemos de llamarnos a nosotros mismos inútiles, porque no hemos hecho más que lo que estábamos obligados a hacer. Dejamos a un lado cualquier derecho puesto que, ciertamente, delante de Dios no tenemos ninguno. Somos esclavos inútiles y, aunque no recibamos nuestra recompensa inmediatamente, esta perspectiva nos llevará a ver las necesidades del pueblo de Dios como un llamado a usar nuestro tiempo, nuestras energías, nuestros dones, oraciones y lagrimas para seguir sirviendo al pueblo de Dios.

Hermano y compañero en el ministerio, si no puedes recibir esto de Cristo, si no es grato para ti servir como siervo u esclavo, entonces debes salir del ministerio.

Estimado pastor, ¿ven tus ovejas en ti un corazón de siervo? ¿Ven en ti la disposición del Señor Jesucristo, que no vino para ser servido sino para servir? No dije: “¿Ven tus ovejas que tienes una mente lógica, brillante o que presentas tus tesis teológicas con una precisión clínica?” No dije: “¿Ven que puedes presentar y defender magistralmente la doctrinas de la gracia?” No. Mi pregunta es: “¿Ven ellos en ti un corazón de siervo?” La pregunta no es: “¿Ven una gran capacidad para dialogar o debatir?” Sino, “¿Ven tus ovejas la disposición de siervo que Pablo manifestó entre los efesios?” El apóstol dijo: Vosotros bien sabéis como he sido con vosotros todo el tiempo, sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas. Hay cosas que quebrantaron el corazón de Pablo, pero aun así él dijo: No rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil. Pero de ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mi mismo a fin de terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesucristo.

¿Puedes tú decir a tu gente lo que mismo que Pablo dijo a los ancianos en Éfeso? Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y los que estaban conmigo. ¿Cómo te ven los hermanos, como un siervo o como un amo, esperando que te sirvan? Quiero recordarte que tu servicio a tu iglesia debe ser una revelación del corazón de Cristo a su pueblo. Para que esto sea una realidad, tú tienes que ministrar o servir a tus ovejas con un corazón de siervo. La disposición de siervo atraerá a la oveja tímida y temerosa hacia tu persona. La llevará a buscar y a recibir de ti guía y el consejo que necesita. Las ovejas deben conocer que tú verdaderamente quieres ayudarles. Por tanto, querido hermano, no tengas temor de involucrarte en los problemas, las adversidades y las aflicciones de tus ovejas. En estos tiempos donde hay tantos charlatanes, engañadores y hombres sin escrúpulos que buscan una posición de autoridad y liderazgo en la iglesia para promoverse a sí mismos o enriquecerse a expensas de la gente; hombres como los que Pablo describe en su epístola a los filipenses, porque muchos andan como os he dicho muchas veces: y ahora lo digo aun llorando que son enemigos de la cruz cuyo fin es su perdición, cuya Dios es su apetito y cuya gloria es su vergüenza, en tiempos como estos, donde abundan esta clase de hombres, es necesario que se destaque mucho más en nosotros un corazón de siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Queridos hermanos, oren por nosotros los pastores. Oren y clamen a Dios: ¡Señor, que cada año que pase, al contemplar al Señor Jesucristo, ellos reflejen cada día más y más su corazón!

Amigo incrédulo, Cristo dejó la manifestación plena de su gloria divina y la veló tomando una forma de siervo, para hacerse obediente y obediente hasta la cruz, para pagar la deuda que el hombre pecador le debe a Dios. Cuando él habla de si como siervo, no lo hace simplemente para darnos un ejemplo de abnegación. Él se describe así mismo como siervo para dar a conocer lo que Él tuvo que hacer para rescatar a los hombres del diablo, del pecado y del mundo; para que recibieran vida y salvación. Querido amigo, niño, joven, Jesucristo se hizo siervo para salvar a pecadores y Él continúa, por su palabra y el evangelio, salvando pecadores. Tú no puedes pagar la deuda por tu pecado. Tú no puedes pagar esa gran deuda que debes a Dios. Por amor a tu alma, clama hoy a Aquel que vino a ser siervo, que murió en la cruz para que pecadores como tú sean salvos. Ven, confía en Él, cree en Él y sé salvo. No continúes en esa condición. Cree en Él y serás salvo.

Iglesia, Dios nos llama a manifestar el espíritu de siervo del Señor Jesucristo. ¡Que el Señor use su palabra para que nosotros los pastores, sirvamos a Cristo y a su pueblo!

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Conferencia Pastoral 2010 | La disposición del pastor: Un corazón de siervo

La disposición del pastor: Un corazón de siervo

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La Biblia usa cuadros de la vida diaria para describir la obra de los pastores en la Iglesia. Estos cuadros presentan a los siervos de Dios como pastores del rebaño (Hch. 20:28); también como padres de familia (1 Ti. 3:4). Los presentan como gobernadores de la congregación (He. 13:7 y 13), como centinelas (1 P. 5:2), también como administradores de los misterios de Dios (1 Co. 4:1-3).

La Palabra de Dios no solo describe la obra pastoral, sino que también presenta la disposición con la que los pastores deben realizar esta obra. En esta ocasión comenzaremos a tratar el tema de la disposición predominante del corazón del pastor; esa disposición con la que cada pastor o anciano debe llevar a cabo la obra pastoral.

Al hablar de la disposición del pastor me refiero a la actitud o inclinación que principalmente domina el corazón. Las santas Escrituras nos enseñan que la disposición predominante con la que el pastor debe llevar a cabo la obra pastoral es la disposición con la que el Señor Jesucristo pastorea a sus ovejas. Los pastores deben imitar su ejemplo porque este es el modelo perfecto de pastorear las ovejas. Jesús dijo: Yo soy el buen pastor (Jn. 10:11). Es decir, Él es el pastor por excelencia. El significado básico de la palabra griega traducida al español por “buen” significa básicamente bueno, hermoso en el sentido del ideal o del modelo de perfección. En este caso, según William Hendrickson, significa excelente. Este pastor corresponde al ideal tanto en su carácter como en su obra. Jesucristo es el pastor bueno; es el pastor excelente. Aunque en un sentido el Señor es el único de esta clase, su manera de pastorear a sus ovejas forma el patrón que deben imitar aquellos que Él llama a pastorear a sus ovejas. La declaración: Yo soy el buen pastor implica que el divino pastor revelado en el Antiguo Testamento encuentra su expresión encarnada en la persona del Señor Jesucristo. Él es aquel que, como Dios del pacto y Pastor de su pueblo, se comprometió a salvarlo y a pastorearlo. El Salmo 23 describe el pastoreo perfecto del Señor. David dice: El Señor es mi pastor y nada me faltará. En otras palabras, su pastoreo sobre mí y sobre su pueblo es todo lo que debe ser. Por tanto Él es el modelo perfecto que todos los pastores deben imitar.

En su primera epístola capítulo 5, versículo 4, Pedro declara: Cuando aparezca el príncipe de los pastores recibiréis la corona inmarcesible de gloria. Esta declaración enseña que el Señor Jesús es el Pastor Supremo de todo el rebaño y, al mismo tiempo, es el Príncipe y Gobernante de todos los pastores que Él llama al oficio pastoral. Estos pastores no solo reciben su comisión y sus instrucciones del Supremo Pastor, sino que también reciben de Él aquel ejemplo de pastor que ellos deben imitar. El ejemplo que los pastores deben seguir no debe ser formado de los patrones sociales populares y sensacionales del mundo ni de la tradición eclesiástica, ni del pragmatismo, sino del patrón perfecto del Pastor Supremo. Nuestro modelo de lo que un pastor debe ser, a quién debe imitar, no debe proceder de aquello que produce resultados, de lo que trae a mucha gente. Nuestro modelo perfecto o nuestro patrón excelente es el Señor Jesucristo. No hay deficiencia en este patrón. El Pastor Supremo es todo lo que debe ser como pastor de su pueblo; por tanto, pastores, es a Él a quien nosotros tenemos que imitar. Debemos imitar el pastoreo del Señor Jesucristo, porque es el patrón perfecto.

En segundo lugar, debemos imitar este pastoreo porque los Apóstoles lo imitaron. La conducta de los Apóstoles y las instrucciones que ellos dieron acerca del ministerio pastoral demuestran esta afirmación. En varios pasajes bíblicos encontramos que los Apóstoles llamaron a sus seguidores a imitar su ejemplo. ¿Por qué? Porque ellos imitaron a Cristo. En 1 Corintios 11:1 Pablo dice: Sed imitadores de mí como también yo lo soy de Cristo. Hay una doctrina de imitación en las Escrituras, y aquel que socava esto o que lo pasa por alto no representará correctamente al Señor Jesucristo; ni manifestará la manera en que Él pastorea a sus ovejas.

En Filipenses 3:17 Pablo declara: Hermanos sed imitadores míos y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros. En Hechos 20:18 vemos que Pablo llamó a los pastores o a los ancianos de Éfeso y les dijo: Vosotros bien sabéis como he sido con vosotros todo el tiempo […] sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas y con pruebas […]. A pesar de todo esto, v. 20: No rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil. Más adelante, en el versículo 33 a 35, Pablo dice, Ni la plata ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. V. 34: Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y la de los que estaban conmigo. En todo os mostré [fui vuestro ejemplo] que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Observen; es a los ancianos a quienes Pablo dice: Os mostré. En otras palabras: os di mi ejemplo cuando estuve entre vosotros; me entregué a serviros con un corazón desinteresado, bondadoso y generoso. Esta forma de servir o pastorear la aprendí del Señor Jesucristo que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Ahora ustedes imiten mi ejemplo así como yo imito a Cristo. De esta manera, Pablo dio a entender que el ejemplo de pastorear a las ovejas que él recibió del Señor Jesucristo, y que él siguió a través de toda su vida, era también el ejemplo y la norma que deben seguir todos los pastores en la Iglesia. Considerar e imitar el ejemplo apostólico en este asunto significa seguir el ejemplo de Jesucristo como pastor del rebaño. Una de las cosas que debemos imitar de este ejemplo es la disposición con la que Cristo pastorea a sus ovejas.

Alguien con percepción declaró: “Pablo es un ejemplo exegético de la disposición pastoral del Señor Jesucristo. En otras palabras, la disposición con la que Cristo pastorea a sus ovejas se manifiesta claramente por medio de la vida y el ministerio de Pablo. Esta disposición cristológica que Pablo manifestó en su propio ministerio pastoral es la que los pastores también deben imitar”.

Después de haber señalado la disposición pastoral con la que los pastores deben desempeñar la obra pastoral, la disposición pastoral del Señor Jesucristo, pasemos a considerar los elementos esenciales de esta disposición predominante.

Esta disposición incluye varios elementos esenciales:

* Un corazón de siervo
* Un corazón compasivo
* Un espíritu manso y tierno
* Un amor desinteresado
* Una solicitud constante

Agradecido por la ayuda que he recibido de otros siervos del Señor para tratar este tema, consideremos el primer elemento esencial de la disposición predominante con la que debemos realizar la obra pastoral.

Uno de los elementos de esta disposición es un corazón que está dispuesto a servir a otros para la gloria de Dios y para el bien de ellos. Según Marcos 9:33-37, surgió una discusión entre los discípulos de Jesús acerca de quién de ellos era el mayor: Y llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino? Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. Lamentablemente, este espíritu que se manifestó entre los discípulos continua manifestándose en nuestros días entre algunos de los que profesan ser sus discípulos. Sentándose [Jesús, ¡con qué calma y paciencia!] llamó a los doce y les dijo: Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. Obviamente, los discípulos no habían comprendido lo que era ser grande en el Reino de Cristo. Su concepto de la grandeza procedía del mundo. Cristo les explicó lo que significa ser el primero en su reino. Versículo 35: ser el último de todos y el servidor de todos; que el Señor grabe esta verdad en nuestros corazones. “La idea de grandeza que tiene el mundo —dice R _________— consiste en gobernar, pero la grandeza cristiana consiste en servir. La ambición del mundo es recibir honor y atención, pero el deseo del cristiano debe ser dar más que recibir y ayudar a los demás”.

El comentario de Strauch sobre la grandeza personal es pertinente. En Marcos 9:35, Jesús declara que la verdadera grandeza no se logra luchando por sobresalir entre los demás ni aferrándose al poder, sino mostrando una actitud humilde, modesta, de servicio a todos. Por esta razón Jesús dijo: si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. La sabia advertencia de C_________ a los líderes cristianos merece repetirse: “El poder es como el agua salada. Cuanto más se bebe, más sed se tiene. El ansia de poder puede alejar al más resuelto cristiano de la verdadera naturaleza del liderazgo cristiano que es el servicio a otros”.

El liderazgo y la autoridad que ejercen los pastores sobre la grey deben surgir y ser gobernados por un corazón que, sobre todo, quiera servir a otros. Esta disposición ha de prevalecer. El pastor debe mantener en sus pensamientos que él es sobre todo un siervo; siervo de Cristo, siervo del rebaño.

En Mateo 20:20-28, Jesús manda a los líderes de su reino a servir a otros con un corazón de siervo. El incidente que dio lugar a este mandato fue la petición de la madre de Jacobo y Juan. Sus hijos deseaban ocupar un lugar de preeminencia en el Reino de Cristo. Parece que ellos animaron a su madre a pedir al Señor que en su reino se les permitiese sentarse el uno a su izquierda y el otro a su derecha. Esta petición incomodó a los discípulos, creó malos sentimientos entre ellos. El versículo 24 declara que los diez se indignaron contra los dos hermanos. Probablemente esta reacción se debe a la envidia o al temor de salir perdiendo. Tal vez querían estas posiciones para sí mismos. Jesús usó este incidente para enseñar a todos sus discípulos que el liderazgo en su reino no es para que los líderes se enseñoreen del pueblo de Dios. El liderazgo cristiano es un llamado al sacrificio, servicio y sufrimiento. ¡Sacrificio! ¡Negarse a uno mismo! El ministerio no es una plataforma para obtener poder y gloria. Sobre este asunto un escritor cristiano dijo:

“Sin embargo, el mundo e incluso la iglesia están llenos de jacobos y de juanes, emprendedores y buscadores de posición, sedientos de honor y prestigio, que miden la vida por los logros y los interminables sueños de éxito. Son agresivamente ambiciosos para sí mismos. Esta mentalidad es incompatible con el camino de la cruz”.

El hijo del hombre no vino para ser servido sino para servir y para dar. Renunció al poder y a la gloria del cielo, es decir, se negó a manifestar la plenitud de su gloria divina, velándola al tomar una forma de siervo y se humilló a sí mismo para ser un siervo. El hijo de Dios, Dios, la segunda persona de la Trinidad, se dio a sí mismo sin reservas y sin temor, a los despreciados y olvidados de la comunidad. Su obsesión fue la gloria de Dios, el bien de los seres humanos. Para promover esto estuvo dispuesto a soportar hasta la vergüenza de la cruz. Ahora, Él nos llama a seguirlo; Él no nos llama a buscar grandes cosas para nosotros, sino más bien a buscar primero la voluntad de Dios, su reino y su justicia. Si hemos de buscar el bienestar de los hombres, los pastores deben imitar al Señor Jesucristo. Él dijo a sus discípulos: Sin embargo entre vosotros yo soy como el que sirve (Lucas 22:27).

El Señor Jesucristo no usó su autoridad ni liderazgo para aprovecharse de sus discípulos, para oprimirlos, o abusarlos. El usó su autoridad para procurar y promover el bienestar de ellos. No son pocos los gobernantes que se aprovechan de su posición para promover sus propios intereses. No buscan realmente el bienestar de sus súbditos. Otros como Diótrefes procuran el liderazgo porque les gusta la preeminencia. El apóstol Juan, en su tercera epístola, dice: “Escribí algo a la iglesia pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos”.

Otros ejercen su autoridad despóticamente, para controlar u obtener ventajas materiales para sí mismos. En Mateo 20:25 Jesús dice: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. La palabra griega katakurieuousin (κατακυριεύουσιν) que se traduce “ejercen autoridad” habla de un gobierno caprichoso y despótico. Según el Señor hay líderes que se enseñorean de la gente para lograr sus ambiciones caprichosas, vanas y egoístas. El pueblo existe para ellos, para propiciar sus intereses monetarios o para satisfacer sus vanas aspiraciones. Estos gobernantes viven entregados a sus placeres, a expensas de su gente. Ellos no sirven, más bien quieren que la gente les sirva. Jesús dice a sus discípulos: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande sea vuestro servidor”. La actitud de los siervos de Cristo no debe ser: “Aquí estoy para ser servido”; más bien debe ser: “Aquí estoy para servir”, y deben servir con un corazón humilde y servicial. No deben usar su autoridad para imponer sus preferencias personales o su voluntad sobre el pueblo de Dios, o para exigir que la gente se someta a mandamientos que el Señor Jesucristo no hada dado a su pueblo en su palabra. Esto es lo que Pedro enseña en su primera epístola capítulo 5 v. 2 y 3. Él exhorta a los ancianos y les dice: Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, supervisándolo, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios, no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño. La autoridad que Cristo da a los pastores para gobernar al rebaño no se confiere para que ellos se enseñoreen de la grey o se conviertan en señores de la conciencia de las ovejas. ¡No! Solo Cristo es el Señor y el dueño de la conciencia.

Antes de seguir adelante quiero hacer una salvedad, subrayar un principio bíblico y es el siguiente:

Aunque los pastores son siervos, esto no niega su autoridad para gobernar a la iglesia. La Biblia enseña claramente que Cristo ha dado autoridad a los pastores para dirigir a la iglesia. Hebreos 13:17 declara: Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Y claro, en aquel momento no era necesario añadir “si ellos os dirigen de una manera bíblica”, porque esa es la manera en que los pastores fieles (que enseñan la Palabra y que son dignos de imitación v.7) dirigen la iglesia. Mientras los pastores nos dirijan según la enseñanza bíblica, debemos seguirles.

El versículo 17 de Hebreos 13 identifica a los líderes de la iglesia como dirigentes o gobernantes. Strauch indica que la palabra griega traducida al español “pastores” o “guías” es un término genérico. Se puede usar para describir a líderes militares, políticos o religiosos. En el Antiguo Testamento griego, esta palabra ēgoumenois (ἡγουμένοις) se usaba para describir a los jefes de la tribu. Por ejemplo, en Deuteronomio 5:23, el jefe de un ejército; en Jueces 11:11, gobernante de la nación de Israel; en 1 Samuel 5:2, el superintendente de todos los bienes; en 1 Crónica 26:24, el sacerdote principal y en 2 Crónicas 19:11 el sumo sacerdote. En Hechos, a Pablo y a Silas se les llama varones principales entre los hermanos (Hch. 15:22). El uso que hace el escritor de la palabra griega traducida “pastores” en Hebreos 13:7, 17 y 24 habla de la tarea de los ancianos o pastores de la iglesia local. Estos hombres tienen la tarea de enseñar en la iglesia, vers. 7. Estos hombres son líderes, gobernantes, dirigentes, pastores de la grey. Enseñan, protegen, guían y velan el rebaño. A los miembros de ese rebaño, o iglesia local, se les manda a obedecer y a estar sujetos a estos hombres. Mientras ellos dirijan, gobiernen o guíen a la congregación según las normas bíblicas, los miembros deben seguirles. El título que define tanto a los pastores como a los deberes de aquellos que se encuentran bajo el cuidado de estos hombres indica que han sido investidos con autoridad para gobernar a la iglesia.

Pablo dice a los tesalonicenses, en su primera epístola, capítulo 5, versículo 12: Pero os rogamos hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor y os instruyen. Estos líderes tienen la responsabilidad de dirigir e instruir a la iglesia. En la primera epístola a Timoteo, capítulo 5:17 se habla de los ancianos que gobiernan. Estos deben ser considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y la enseñanza. En la misma epístola, capítulo 3, versículos 4 y 5 dice que el obispo debe ser un buen gobernador o administrador, o dirigente de su hogar, porque si un hombre no es capaz de gobernar bien su casa y sus hijos, no es apto para que pueda cuidar y dirigir la iglesia.

Aunque los pastores son siervos, aun así tienen autoridad para gobernar a la iglesia. Una cosa no niega la otra. Jesús fue un siervo, pero este hecho no niega su autoridad sobre sus ovejas. Aquel que dijo: Yo no he venido para ser servido, sino para servir, también dijo: ¿Por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo os digo? En otras palabras, el que Él viniera a servir no niega su autoridad. Su autoridad no solo procedía de su posición como Señor sino también de su posición como pastor. Por eso no debe sorprendernos que Jesús hable de sus ovejas como aquellas que le reconocen como Señor y se someten a su autoridad. Él dijo: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Jesús ejerció su autoridad como pastor sin sentirse intimidado ni avergonzado. ¿Y cómo se llamaba a los gobernantes en el Antiguo Testamento? Se les llamaba igual que a los pastores. La palabra pastor implica autoridad.

La autoridad pastoral es algo inherente al oficio de pastor. En el antiguo testamento, se llamaba a los gobernantes pastores. La palabra pastor implica autoridad. Este término habla de su autoridad para gobernar. Ellos gobernaban a sus súbditos. El Señor no se avergonzó de ejercer su autoridad como pastor de las ovejas. Aun más, Él esperaba que aquellos que Él vino a servir y que le habían recibido como pastor, le obedecieran. El que Jesús fuera un siervo entre los discípulos, que Él les sirviera y aun le lavara sus pies no negó su autoridad como pastor de ellos. Por tanto sus discípulos no podían ser indiferentes a las instrucciones de Jesús.

Por otro lado, un líder puede ejercer su autoridad y aun así ser un siervo verdadero de los que se encuentran bajo su gobierno. Pablo entendía este principio; por esta razón vio su posición como un medio para servir a otros. Alguien correctamente dijo: “Él percibió sus dones y autoridad como medio para edificar y proteger a otros. No como medio para controlar u obtener posición, ventajas para sí mismo”. ¡No! Él utilizó su autoridad apostólica para edificar, guardar y proteger a la Iglesia de Cristo. En Corinto usó su autoridad para mantener la pureza moral de la iglesia. En 1 Co. 5:4 dice a los corintios: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, cuando vosotros estéis reunidos y yo con vosotros en espíritu y con el poder de nuestro Señor Jesucristo, entregad (esto es un mandato) a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. Observad. Pablo no utilizó su autoridad como Diótrefes. Este disciplinaba para mantener la preeminencia. En cambio, Pablo utilizó su autoridad para que la iglesia cumpliera la voluntad de Cristo. Ejerció su autoridad para que el pecador impenitente se arrepintiera, para que los miembros de la iglesia no se contaminaran pues la Biblia dice: un poco de levadura fermenta toda la masa (1 Co. 5:6). Por tanto, él dijo a la iglesia: “Expulsad de entre vosotros al impenitente”. Pablo ejerció su autoridad para procurar el bien, el gozo, la paz y la unidad de la iglesia.

Esta perspectiva debe gobernar la autoridad del esposo en el hogar. Él, como cabeza, tiene autoridad (Ef. 5:25). Él fue investido de autoridad para que él procure el bienestar, la santidad, y la felicidad de los miembros de su hogar. El esposo debe ser un líder amoroso y servicial. En su hogar, él es sobretodo un siervo. Tal vez esto no le guste a algunos esposos pero para este fin fue que Dios les dio autoridad. En el hogar el esposo no es solamente un líder, es también un siervo. Su autoridad fue concedida para que él promueva el bienestar y la felicidad de aquellos que se encuentran bajo su cuidado.

El esposo es un siervo, pero el que sea un siervo no niega su autoridad como cabeza de su hogar. Su rol como siervo en el hogar le indica el propósito de su autoridad y la manera en que debe ejercerla. ¿Ves la sabiduría de Dios? Ellos son siervos y deben ejercer su autoridad para lograr el propósito divino.

El rol de siervo de los pastores no niega su autoridad, pero les recuerda el propósito y la manera en la que ellos deben ejercerla. El Dr. Wayne Mack tenía mucha razón cuando aseveró que el concepto bíblico de un líder, según Mateo 20:20-28, es que “en primer y principal lugar él es un siervo. Su preocupación no debe ser por sí mismo ni por dar órdenes, ni mangonear, ni imponer su voluntad. Debe preocuparse por satisfacer las necesidades de otros. En verdad, si los intereses de otro no están sobre su corazón, si no está dispuesto a sacrificar sus necesidades personales, sus deseos y aspiraciones, su tiempo y su dinero; si las necesidades de otro no son más importantes que las suyas propias, tal hombre no está en condiciones de ser un líder. El líder debe tener un corazón de siervo. Y lo que sigue es muy importante: si tiene un corazón de siervo actuará como siervo y reaccionará como tal cuando le traten como un siervo”.

Hay mucho fango que comer en el ministerio. La única manera de comernos ese fango es recordando lo que somos: siervos. Strauch resume lo que dije de la siguiente manera: “El carácter de humilde siervo, de liderazgo, no implica ausencia de autoridad. Los términos del nuevo testamento, que describen la posición y el trabajo del líder como mayordomo de Dios, supervisor, guía, implican autoridad tanto como responsabilidad. Pedro no podría haber advertido a los ancianos de Asia contra el señorío sobre los que estaban a su cargo si no hubieran tenido autoridad para guiar y proteger a la iglesia local. La clave es la actitud, la disposición con la cual los ancianos deben ejercer su autoridad”.

Uno de los elementos de la disposición predominante con la que un pastor debe pastorear a las ovejas es un corazón de siervo, un corazón dispuesto a servir a otros. En segundo lugar consideremos algunas de las implicaciones prácticas de este elemento esencial.

Estimado pastor, si mantienes en tu corazón tu identidad como siervo no te molestará ni te quejaras por tener que realizar ciertos deberes diaconales en la iglesia. En las iglesias pequeñas habrá ocasiones en que será necesario que el pastor cumpla ciertas tareas diaconales. Cuando esto ocurra, debes estar dispuesto a realizar estas tareas para servir a las ovejas de Cristo. Debes recordar, que no eres solamente un siervo de tu gente, sino que también su esclavo.

Si había una verdad que constreñía el corazón de Pablo, a predicar a Cristo, a servir a Cristo, a servir a la iglesia de Cristo; si había algo que le llevó a sufrir los sinsabores, tensiones, aflicciones, vituperios del ministerio, fue que él conocía que era ante todo un esclavo de Cristo y de su pueblo. Mucho fue lo que Pablo sufrió. Lo azotaron; lo apedrearon. Se levantaba y seguía sirviendo. ¡Yo soy siervo de Cristo! ¡Soy esclavo de Cristo, para servir a Cristo, para servir al pueblo de Cristo! Él declaró: Porque no nos predicamos a nosotros mismos sino a Cristo Jesús como Señor y a nosotros como siervos (literalmente esclavos). Aquí, la palabra griega no es dikanoi (siervos) sino douloi (esclavos). Y a nosotros, como esclavos vuestros por amor de Jesús.

Compañero en el ministerio, ¿qué imagen tienen de ti? O ¿qué imagen tienes de tu persona? Si no te consideras un siervo o esclavo del rebaño, dispuesto a ser todo lo que esto implica, no podrás ministrar a las ovejas de Cristo.

Por otro lado, la convicción de que eres un siervo será un antídoto poderoso contra la ingratitud y el desaliento. Muchas veces no se reconoce el esfuerzo y trabajo pastoral que toma lugar en privado. Hay muchas cosas de nuestra tarea ministerial que nuestra gente no ve; entre estas cosas podemos mencionar el tiempo dedicado a la oración, las horas que dedicamos al estudio de la palabra, la educación en general, la preparación de los sermones, el tiempo de visitar a los enfermos, débiles y necesitados; la preocupación por la condición espiritual y física de las ovejas. Esto es una carga sobre nuestro corazón. Hemos dado consejo, hemos enseñado, pero la persona no entiende. Eso nos preocupa. Nos lleva a orar por esta persona. Su condición espiritual se convierte en una carga para nosotros. Vemos nuestra debilidad e insuficiencia y esto nos lleva al trono de la gracia y decimos: ¡Señor ten misericordia de nosotros! Danos más de tu gracia para poder servir a tu pueblo. Después, el domingo, ven al pastor que le abraza, y le da la mano; y lo hace con sinceridad porque los ama. Pero eso no quita toda la aflicción, toda esa carga. Mientras muchos duermen, los pastores están pensando y orando para ver cómo pueden ayudarles a resolver su problema. Piensan cómo van a tratar a aquel hermano para que no se ofenda innecesariamente y que pueda ver el principio, lo aplique y pueda servir al Señor de corazón, siendo ejemplo para otros.

Nosotros no somos profesionales. No podemos limitarnos a decir: “Estoy aquí, hago mi trabajo y me voy. ¡No! Pero la gente no ve muchas de esas cosas. No ven las lágrimas; el dolor que sentimos al ver la indiferencia de las personas hacia la palabra; no tienen conocimiento de las decisiones difíciles que debemos tomar para guardar la unidad y el testimonio de Cristo y de su iglesia; del tiempo que empleamos para organizar los ministerios de la iglesia; de las reuniones en el liderazgo de la iglesia; de las conversaciones y reuniones con otros líderes…Muchos desconocen estas cosas.

¿Y qué del dolor que sentimos al ver la indiferencia de las personas hacia la palabra? Esto nos trae tristeza. A menudo, la gente pasa por alto y no da gracias por el ministerio de la palabra. Muchas veces no aprecian ni dan gracias por el ministerio público de la palabra. Semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Hay personas que creen que han sido llamadas a mantener a sus pastores humildes y no les dan gracias. Nosotros, los pastores, los que somos fieles, no queremos aduladores, pero sí queremos saber si nuestra oración, si la oración del pueblo de Dios, si la enseñanza que ha sido explicada y aplicada, ha sido usada por el Señor para edificar y bendecir a su pueblo. Nos alienta oír: “Pastor, aunque no le habíamos dicho nada; sin embargo, ¡esas inquietudes que teníamos desaparecieron cuando usted estaba predicando!” “Pastor, el otro día, mientras usted predicaba la palabra la flecha del Altísimo vino a mi conciencia, traspasó mi corazón, me vi desnudo y en falta, y allí mismo tuve que pedir perdón al Señor”. “Pastor gracias por ser fiel a mi alma”.

Pastor, si no tienes un corazón de siervo, la ingratitud e indiferencia te desplomarán; estas actitudes pueden convertir estas cosas que debes hacer en cargas pesadas que no desearás cargar. Si te olvidas que eres un siervo, la ingratitud de la gente, la falta de reconocimiento por tu labor, tus esfuerzos, puede crear en ti amargura, resentimiento y un espíritu murmurador. Y esto te impedirá entregarte con gozo y entusiasmo a tus labores ministeriales. Tu corazón se enfriará. El fervor y el deseo de servir al pueblo de Dios y a Cristo menguarán o desaparecerán. Por tanto, es necesario que siempre recuerdes que eres un siervo. Y cuando servimos o hacemos lo que el Señor nos dice, debemos decir: “Siervo inútil soy. No he hecho más que lo que debía hacer”.

Aunque debemos trabajar con la esperanza de que seremos recompensados (1 Co. 9:10), aunque la Biblia nos dice que a su tiempo si no nos cansamos segaremos, estas promesas no significan que seremos necesariamente recompensados por nuestro esfuerzo y labor de forma inmediata. Puede ser que el Señor dilate la recompensa como hizo con siervos más fieles que tú y yo. Puede ser que el fruto no aparezca inmediatamente. Puede ser que tu gente no manifieste agradecimiento por tu trabajo.

Entonces, recuerda, somos siervos, eso es lo que somos. Somos siervos… ¿pero de quién? De Cristo. El asimilar este concepto es fundamental para que el pastor pueda realizar la obra pastoral. Traerá estabilidad, sosiego y tranquilidad al corazón. Le animará a seguir adelante, porque entiende que es un siervo inútil que sólo ha hecho lo que debía. Siervos inútiles; literalmente somos esclavos inútiles. Es decir, no merecemos ninguna gratitud especial porque, como Lenski comenta, no tenemos derecho especial alguno sobre el Señor. Hemos de llamarnos a nosotros mismos inútiles, porque no hemos hecho más que lo que estábamos obligados a hacer. Dejamos a un lado cualquier derecho puesto que, ciertamente, delante de Dios no tenemos ninguno. Somos esclavos inútiles y, aunque no recibamos nuestra recompensa inmediatamente, esta perspectiva nos llevará a ver las necesidades del pueblo de Dios como un llamado a usar nuestro tiempo, nuestras energías, nuestros dones, oraciones y lagrimas para seguir sirviendo al pueblo de Dios.

Hermano y compañero en el ministerio, si no puedes recibir esto de Cristo, si no es grato para ti servir como siervo u esclavo, entonces debes salir del ministerio.

Estimado pastor, ¿ven tus ovejas en ti un corazón de siervo? ¿Ven en ti la disposición del Señor Jesucristo, que no vino para ser servido sino para servir? No dije: “¿Ven tus ovejas que tienes una mente lógica, brillante o que presentas tus tesis teológicas con una precisión clínica?” No dije: “¿Ven que puedes presentar y defender magistralmente la doctrinas de la gracia?” No. Mi pregunta es: “¿Ven ellos en ti un corazón de siervo?” La pregunta no es: “¿Ven una gran capacidad para dialogar o debatir?” Sino, “¿Ven tus ovejas la disposición de siervo que Pablo manifestó entre los efesios?” El apóstol dijo: Vosotros bien sabéis como he sido con vosotros todo el tiempo, sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas. Hay cosas que quebrantaron el corazón de Pablo, pero aun así él dijo: No rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil. Pero de ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mi mismo a fin de terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesucristo.

¿Puedes tú decir a tu gente lo que mismo que Pablo dijo a los ancianos en Éfeso? Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y los que estaban conmigo. ¿Cómo te ven los hermanos, como un siervo o como un amo, esperando que te sirvan? Quiero recordarte que tu servicio a tu iglesia debe ser una revelación del corazón de Cristo a su pueblo. Para que esto sea una realidad, tú tienes que ministrar o servir a tus ovejas con un corazón de siervo. La disposición de siervo atraerá a la oveja tímida y temerosa hacia tu persona. La llevará a buscar y a recibir de ti guía y el consejo que necesita. Las ovejas deben conocer que tú verdaderamente quieres ayudarles. Por tanto, querido hermano, no tengas temor de involucrarte en los problemas, las adversidades y las aflicciones de tus ovejas. En estos tiempos donde hay tantos charlatanes, engañadores y hombres sin escrúpulos que buscan una posición de autoridad y liderazgo en la iglesia para promoverse a sí mismos o enriquecerse a expensas de la gente; hombres como los que Pablo describe en su epístola a los filipenses, porque muchos andan como os he dicho muchas veces: y ahora lo digo aun llorando que son enemigos de la cruz cuyo fin es su perdición, cuya Dios es su apetito y cuya gloria es su vergüenza, en tiempos como estos, donde abundan esta clase de hombres, es necesario que se destaque mucho más en nosotros un corazón de siervo. Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Queridos hermanos, oren por nosotros los pastores. Oren y clamen a Dios: ¡Señor, que cada año que pase, al contemplar al Señor Jesucristo, ellos reflejen cada día más y más su corazón!

Amigo incrédulo, Cristo dejó la manifestación plena de su gloria divina y la veló tomando una forma de siervo, para hacerse obediente y obediente hasta la cruz, para pagar la deuda que el hombre pecador le debe a Dios. Cuando él habla de si como siervo, no lo hace simplemente para darnos un ejemplo de abnegación. Él se describe así mismo como siervo para dar a conocer lo que Él tuvo que hacer para rescatar a los hombres del diablo, del pecado y del mundo; para que recibieran vida y salvación. Querido amigo, niño, joven, Jesucristo se hizo siervo para salvar a pecadores y Él continúa, por su palabra y el evangelio, salvando pecadores. Tú no puedes pagar la deuda por tu pecado. Tú no puedes pagar esa gran deuda que debes a Dios. Por amor a tu alma, clama hoy a Aquel que vino a ser siervo, que murió en la cruz para que pecadores como tú sean salvos. Ven, confía en Él, cree en Él y sé salvo. No continúes en esa condición. Cree en Él y serás salvo.

Iglesia, Dios nos llama a manifestar el espíritu de siervo del Señor Jesucristo. ¡Que el Señor use su palabra para que nosotros los pastores, sirvamos a Cristo y a su pueblo!

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Conferencia Pastoral 2010 | Las prioridades en la iglesia

Las prioridades en la iglesia

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2008 Pastors’ Conference | Exposition of the Epistle to Titus IV

Exposition of the Epistle to Titus IV

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2008 Pastors’ Conference | Exposition of the Epistle to Titus III

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2008 Pastors’ Conference | Exposition of the Epistle to Titus II

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2008 Pastors’ Conference | Exposition of the Epistle to Titus I

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2008 Pastors’ Conference | Preaching Christ from the Old Testament II

Preaching Christ from the Old Testament II

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2008 Pastors’ Conference | Preaching Christ from the Old Testament I

Preaching Christ from the Old Testament I

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Preaching Christ from the Old Testament I

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Conferencia Pastoral 2010 | Reseña biográfica de Charles Haddon Spurgeon

Reseña biográfica de Charles Haddon Spurgeon

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La palabra de Dios nos dice que Jesucristo ha dado dones a su pueblo (Efesios 4:11ss). Estos hombres de Dios, dones de Jesucristo a su pueblo, son nuestros, dijo Pablo a los corintios: Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios (1 Cor 3:21-23, LBA). Hay que imitar lo bueno y correcto que vemos en los siervos del Señor (véase 1 Corintios 4:16-17; Hebreos 13:7).

Entre los hombres escogidos que Cristo ha dado a su pueblo encontramos a aquellos que escribieron buenos libros. Esos siervos de Dios son conocidos todavía por sus escritos. Hay otros siervos de Él de los cuales sabemos algunas cosas por unas historias preservadas. Damos gracias al Señor por fieles historiadores y por los siervos del Señor que, además de predicar y pastorear, dejaron escritos útiles.

Entre los muchos hombres de Dios que vemos como un gran don a su iglesia quisiera señalar a uno muy conocido y admirado por muchos de nosotros. Su nombre es Charles Haddon Spurgeon y a pesar de haber muerto en enero de 1892, es conocido todavía entre cristianos en toda parte del mundo. Cientos de sus sermones y libros están disponibles, muchos de ellos español. Hay también biografías disponibles, algunos enfocando aspectos especiales de su vida y ministerio, como hace el señor Murray en el libro, Spurgeon: un príncipe olvidado.

Me toca presentar en esta noche unos aspectos selectivos de la vida y ministerio de Spurgeon. Hay mucha información disponible sobre Spurgeon. Por ejemplo, hay una autobiografía, a la cual su esposa y otros colocaron materiales, que fue publicada en 4 tomos. No tengo esos 4 tomos, pero están disponibles. Estandarte de la Verdad publicó una edición de 2 tomos (en inglés) de selecciones de esos 4 tomos. Además hay unas anécdotas y cosas sobre su vida que se pueden notar en algunos sermones y en algunos de los libros. Sus creencias y convicciones bíblicas están claras en todo lo que predicó y escribió.

Observamos que hay ciertos dones especiales en la vida de muchos conocidos siervos del Señor. Muchos no tenemos tales dones. Además hay obras de la providencia que son especiales y peculiares, hechas por el Dios soberano en la vida de cada uno que son para él que las experimenta. Estas cosas peculiares existen en la vida de cada individuo. Pero hay cosas que todos los cristianos tenemos en común. Por eso hay cosas que vemos en los siervos de Dios, algunas gracias que todo cristiano puede tener y debe imitar.

En el caso de Spurgeon vamos a ver como Dios obró de una manera especial en él y vamos a ver las cosas que podemos aprender e imitar, entre ellos lo que vemos en Judas 3, Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo: Misericordia, paz y amor os sean multiplicados. Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.

El deber de contender ardientemente por la fe es un deber de todos los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo, o sea, es un deber de toda persona salva por la gracia y la misericordia de Dios, de todo aquel que comparte la “común salvación”, de toda persona que necesita que la misericordia y paz y amor le sean multiplicados. Spurgeon cumplía ese deber y podemos observar la gracia de Dios operando en él y anhelar y buscar y seguir esa misma gracia.

Por supuesto, nadie puede contender por la fe si no conoce la fe, y nadie puede conocer la fe sin un conocimiento de la Palabra de Dios y la iluminación del Espíritu Santo. Vamos a ver como Spurgeon recibió esas bendiciones.

Spurgeon nació el 19 de junio de 1834 (10 días después que Guillermo Carey murió). Nació en el condado de Essex, un condado que tenía fama porque había tantas iglesias “no conformista” (o sea, no de acuerdo con la Iglesia de Inglaterra, la oficial). El padre de Spurgeon (John) era un hombre de negocios y pastor de una iglesia no-conformista, y la madre de Spurgeon era una mujer piadosa. El abuelo de Spurgeon también era pastor de una iglesia no-conformista. No eran bautistas y Spurgeon fue “bautizado” cuando bebé. Pero, Spurgeon nunca dudó de la salvación y piedad de sus padres y abuelos, y aun después de seguir la fe como bautista, mostró mucho amor a ellos.

Spurgeon tuvo catorce meses cuando fue llevado por los abuelos paternos. Pasó los próximos seis años de su vida criado por ellos y una tía, hermana menor de su padre, que todavía vivía con ellos. No podemos estar seguros porque eso sucedió: quizás por la juventud de su madre y/o la llegada pronto de otro bebé y/o motivos económicos. Lo que sabemos es que el arreglo fue bendito para su bien. Se nota que había mucho amor y respeto hacia los abuelos y los padres. En la casa de sus abuelos Spurgeon aprendió a leer y llegó a poder leer la Biblia en el tiempo del culto familiar. Por la providencia de Dios Spurgeon amaba los libros y la lectura y la situación con el abuelo pastor figura en eso. Fue criado en un ambiente en el cual la Biblia tenía un lugar especial y Spurgeon no dudaba de eso. Además, parece que su abuela pasó mucho tiempo con él y vio y oyó muchas cosas en la casa pastoral que despertaron su interés.

No cabe duda que Spurgeon era precoz y atrevido. Hubo un momento cuando se enteró de un miembro de la iglesia de su abuelo que estaba bebiendo indebidamente en la taberna del pueblo y causando dolor al corazón de su abuelo. Fue y le halló y le reprendió de tal manera que el hombre se arrepintió.

Al volver a la casa de sus padres, estudiaba con dos o tres maestros, pero el que más le ayudó fue un hombre llamado Leeding. Bajo su tutoría Spurgeon dominaba bastante bien el latín y geometría entre otras cosas. Cuando tenía como 14 años su padre le envió a un colegio, junto con su hermano menor. Un tío de ellos era el principal. Los maestros eran mayormente anglicanos, aun oficiales de la iglesia anglicana. Había 2 incidentes interesantes que sucedieron durante ese tiempo, y uno de ellos tenía efectos duraderos en su vida personal.

Spurgeon era muy buena en la matemática y una vez descubrió un error en unos cálculos de su tío. Hizo la corrección frente a la clase y el tío decidió que sería mejor que estudiara aparte, aunque con una tarea de hacer unos cálculos. Así que Spurgeon pudo estudiar solo, debajo de un árbol y los cálculos que hizo fueron entregados por su tío a una compañía de seguros que los usaba por varios años.

Otro incidente tuvo efecto duradero en su vida porque influyó profundamente en su decisión de ser bautista. Estaba en una clase de religión con un clérigo anglicano y el clérigo entró en una discusión con él sobre el bautismo. Como resultado, Spurgeon, después de estudiar el tema para poder contestar al clérigo, decidió que si la gracia divina obrara en él, entonces sería bautizado. (Véase la conversación interesante traducida por Allan Román en Otro peregrino, páginas 39-42).

Todo esto demuestra como Spurgeon aun antes de su conversión tenía una conciencia dominada por las Escrituras y luego vemos que estaba dispuesto a sufrir reproches y aun necesidades por sus convicciones.

Después de un año en el colegio Spurgeon fue ofrecido la oportunidad de asistir en una escuela en la ciudad de Newmarket y a la vez continuar estudiando. Llamaron tal posición la de “ujier”. El padre de Spurgeon estaba de acuerdo y a 15 años de edad Spurgeon comenzó esa etapa de su vida. He leído que Spurgeon pudo estudiar algo de griego y me parece que fue en aquel lugar.

Spurgeon hacía su trabajo y estudiaba, pero se sintió perdido. No tenía paz. Se sintió un gran peso encima, como el peregrino de Bunyan. Asistía la iglesia pero parece que en Newmarket no había muy buen ministerio para que se salvara. Allí conoció a una mujer, Mary King, la cocinera en la escuela, que era de los bautistas estrictos o particulares. Era un aficionado de un predicador llamado J C Philpot y leía sus sermones que trataban de lo que algunos llamarían “calvinismo experimental”. Ella y Spurgeon tenían muchas conversaciones sobre las doctrinas de la gracia, muy provechosas y Spurgeon dijo que aprendió sus primeras lecciones en teología de ella, y otras cosas prácticas sobre cómo sobrevivir en un sitio donde no hay buena predicación. Spurgeon entendió la elección y predestinación pero no creía que estaba bien con el Señor y estaba pasando por mucha tribulación del alma. Dijo que había 10 caballos negros arrastrando un arado muy afilado por su corazón – los diez mandamientos y la justicia de Dios.

Estaba en esa condición de sufrimiento espiritual cuando le tocó unas vacaciones al final del año 1849. Fue a la casa de sus padres en un sitio llamado Colchester y decidió visitar varias iglesias. El primer domingo de 1850 el tiempo fue muy malo, tanto que Spurgeon no fue con su padre ni tampoco al pueblo en sí, sino visitó una capilla cercana de metodistas primitivos. Había muy poca gente. Por el mal tiempo el pastor no llegó y tocó a un hermano dar un mensaje.

Cito ahora a Rodríguez y García (ASRG) y al señor Dallimore (AD) para que sepamos lo que pasó cuando, por el mal tiempo, Spurgeon visitó esa capilla:

Al fin, un hombre de apariencia muy delgada, subió al púlpito, abrió la Biblia, y leyó las palabras: “Mirad a mí todos los términos de la tierra y sed salvos”. (ASRG) Ni siquiera pronunciaba las palabras correctamente, dice Spurgeon, pero eso no importaba: pensé que en ese pasaje había un rayo de esperanza para mí. (AD)

El predicador comenzó de esta manera: “Este versículo es de lo más sencillo; dice: ‘Mirad’. La verdad es que mirar no cuesta mucho trabajo. No es como levantar el pie o el dedo; es simplemente ‘mirar’. Bueno, no hace falta ir a la universidad para aprender a mirar: uno puede ser tonto de remate y, sin embargo, mirar. No hace falta tener una renta de 1000 libras al año para mirar. Todo el mundo puede mirar; hasta un niño puede mirar. (AD)

Pero luego, el versículo dice: ‘Mirad a mí’. ¡Ay!, exclamó… Muchos de ustedes se estarán mirando a sí mismos; pero de nada vale mirar ahí. Jamás hallarán consuelo en ustedes mismos. Algunos dice: ‘Mirad a Dios Padre?. ¡No, a El mírenlo más adelante! Jesucristo dice: ‘Miradme a Mí’. Algunos de ustedes dirán:’Debemos esperar a que el Espíritu obre’. Ahora mismo no se trata de eso: miren a Cristo. El testo dice: ‘Mirad a mí’. (AD)

Luego aquel buen hombre siguió con su versículo diciendo lo siguiente: “Miradme a mí: estoy sudando grandes gotas de sangre. Miradme a mí: estoy colgado de la Cruz. Miradme a mí: estoy muerto y sepultado. Miradme a mí: resucito. Miradme a mí: asciendo al Cielo. Miradme a mí: estoy sentado a la diestra del Padre. ¡Pobre pecador, mírame a mí, mírame a mí!”. (AD)

Tras haber […] logrado extenderse durante diez minutos, poco más o menos, estaba en las últimas; pero luego miró hacia mí, sentado debajo de la galería, y supongo que con tan pocas personas presentes, supo que era un extraño. (AD)

Entonces, fijando en mí sus ojos, como si conociera por entero mi corazón, dijo: “Joven, pareces muy desdichado”. En verdad lo era; pero no estaba acostumbrado a que se hicieran comentarios acerca de mi aspecto personal desde el púlpito. Sin embargo, aquel fue un golpe certero que me alcanzó de lleno. Luego siguió diciendo, “Y siempre serás desdichado – desdichado en la vida y desdichado en la muerte – si no obedeces al versículo que he escogido; pero si lo haces, ahora, en este momento, serás salvo”. Y levantando las manos gritó como solo es capaz de hacerlo un metodista primitivo, “¡Joven, mira a Cristo! ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¡No tienes más que mirar y vivir!”. (AD)

Y en ese momento vi el camino de la salvación, ¡Oh! ¡Cómo salté de gozo en aquel momento! No sé si otra cosa dijo. No presté mucha atención, tan poseído estaba por aquella sola idea. Cuando la serpiente fue levantada en el desierto, el pueblo sólo tenía que mirar para curarse. Yo estaba esperando para hacer lo que correspondiera, pero cuando oí esta palabra, “mira”, ¡qué agradable me pareció! Oh, miré hasta casi saltárseme los ojos y en el cielo seguiré mirando en mi indecible gozo. (ASRG)

***
En 1979, en la primera edición de Heraldo de Gracia, escribí lo siguiente:

“En abril de 1854 aceptó pastorear una iglesia bautista en Londres. El edificio en el cual se reunieron tenía capacidad para 1,200 personas. Sin embargo, sólo alrededor de 200 personas se reunían. Pasado apenas un año, el edificio se llenaba completamente de personas, por lo que se vieron obligados a mudarse de un lugar a otro hasta que construyeron el Tabernáculo Metropolitano, el cual fue dedicado en el año 1861. En el Tabernáculo, Spurgeon predicó por 31 años a una congregación de más de 5.000 personas. Sus sermones fueron enviados a todas partes del mundo, y muchos periódicos los publicaron regularmente.

“¿A qué se debió su éxito? Ciertamente no a campañas utilizando los métodos de las agencias de publicidad, ni a ómnibuses o minibuses, ni a atracciones musicales, etc. Su popularidad se debió a su fidelidad a la Palabra de Dios proclamada poderosamente por la bendición del Espíritu Santo.

“¿Qué predicaba Spurgeon? Todo el consejo de Dios. Muchos que desean tener un gran nombre como Spurgeon y a veces le alaban, no se atreven a predicar lo que Spurgeon predicó porque no tienen confianza en la predicación de la verdad y creen que tienen que hacer algo más. Hay algunos que admiran la manera simple, popular y bien ilustrada de la predicación de Spurgeon, pero no quieren tener nada que ver con sus enseñanzas. Hay algunos que han sido tan deshonestos que se han atrevido a cambiar partes de sus sermones antes de publicarlos.

“Hay cristianos de habla hispana que por falta de oportunidad no han tenido la bendición de ser edificados por los sermones de Spurgeon. En parte esto se debe al hecho de que se han agotado algunos de sus libros de sermones (No hay otro evangelio y Sermones del año de avivamiento). También se debe al hecho de que algunos pastores no instan a sus congregaciones a leer sermones de otros pastores. (A veces los pastores menosprecian aquellos hombres que Dios ha dado a su Iglesia y que ha usado como instrumentos en avivamiento y tiempos de reforma).”

***
Bosquejo de NDV para la presentación de la conferencia sobre Spurgeon.

Providencia de Dios y dones “naturales”
En crianza y educación
Poderes mentales y voz
Gracia especial
(Hay cosas que ninguno tenemos; pero hay cosas que podemos imitar)
Su disciplina, diligencia, deseo de ser santo
Obediencia en el bautismo
Deseo de ver a otros convertidos y ser un siervo
Uso de tratados desde el principio de su conversión
Respondió a peticiones de otros para ayudar en clases dominicales
No buscó eminencia; aceptó responsablemente invitaciones para ayudar
Oración
Lugar de las Escrituras
Convicción de la verdad
Valor
Sabiduría
Dirección del Señor – selección de los textos; otros sucesos, p.e., no universidad
Convicciones “Calvinistas” desde antes de su conversión
5 puntos en dedicación del Tabernáculo Metropolitano
El declive y como lo vio

***
Breve cronología de su vida (1834-1892).

1834, 19 junio Nacimiento
1850, enero Conversión, Isaías 45:22
1851, 3 mayo Bautismo en el rió Lark
1851-1853 Enseñando y ministrando de varias maneras
1853, 18 diciembre Primer sermón en “New Park Street” capilla bautista
1854 Comienza a pastorear en “New Park Street”
1855 Sermones publicados desde el principio del año
1887 Controversia sobre el declive entre bautistas; deja la Unión
1892, 31 enero Con el Señor.

Libros usados en la preparación de la conferencia:

Spurgeon por Arnold Dallimore
The Forgotten Spurgeon por Ian Murray
Autobiography, 2 volúmenes, edición de Banner of Truth
Otro peregrino, por Allan Román, disponible en PDF
Muchos sermones de CHS y escritos de él o sobre él, leídos durante los últimos 50 años.

***
OJO, nota de NDV, 16 junio, 2016 – hay que actualizar la lista de las obras de Spurgeon y de biografías, disponibles en español.
Lo que sigue es de 1979 y NO sirve

No hay otro evangelio
Sermones del año del avivamiento
Ganador de hombres
Spurgeon: El príncipe olvidado
por I. Murray
Todos estos fueron publicados por Estandarte de la Verdad y si usted tiene la oportunidad de conseguir uno, debe aprovecharse.

Discursos a mis estudiantes también se halla en las bibliotecas de unos pastores. El editor de esta revista estaría muy agradecido de recibir información sobre este libro (quién lo publicó, dónde, cuándo, etc.).

Los siguientes libros todavía están disponibles en español:

El ministerio ideal (2 tomos), Estandarte de la Verdad
Biografía de Spurgeon, A. S. Rodríguez y García, Casa Bautista de Publicaciones
Apuntes de sermones, Publicaciones Portavoz Evangélica

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Conferencia Pastoral 2010 | Reseña biográfica de Charles Haddon Spurgeon

Reseña biográfica de Charles Haddon Spurgeon

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La palabra de Dios nos dice que Jesucristo ha dado dones a su pueblo (Efesios 4:11ss). Estos hombres de Dios, dones de Jesucristo a su pueblo, son nuestros, dijo Pablo a los corintios: Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es vuestro: ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios (1 Cor 3:21-23, LBA). Hay que imitar lo bueno y correcto que vemos en los siervos del Señor (véase 1 Corintios 4:16-17; Hebreos 13:7).

Entre los hombres escogidos que Cristo ha dado a su pueblo encontramos a aquellos que escribieron buenos libros. Esos siervos de Dios son conocidos todavía por sus escritos. Hay otros siervos de Él de los cuales sabemos algunas cosas por unas historias preservadas. Damos gracias al Señor por fieles historiadores y por los siervos del Señor que, además de predicar y pastorear, dejaron escritos útiles.

Entre los muchos hombres de Dios que vemos como un gran don a su iglesia quisiera señalar a uno muy conocido y admirado por muchos de nosotros. Su nombre es Charles Haddon Spurgeon y a pesar de haber muerto en enero de 1892, es conocido todavía entre cristianos en toda parte del mundo. Cientos de sus sermones y libros están disponibles, muchos de ellos español. Hay también biografías disponibles, algunos enfocando aspectos especiales de su vida y ministerio, como hace el señor Murray en el libro, Spurgeon: un príncipe olvidado.

Me toca presentar en esta noche unos aspectos selectivos de la vida y ministerio de Spurgeon. Hay mucha información disponible sobre Spurgeon. Por ejemplo, hay una autobiografía, a la cual su esposa y otros colocaron materiales, que fue publicada en 4 tomos. No tengo esos 4 tomos, pero están disponibles. Estandarte de la Verdad publicó una edición de 2 tomos (en inglés) de selecciones de esos 4 tomos. Además hay unas anécdotas y cosas sobre su vida que se pueden notar en algunos sermones y en algunos de los libros. Sus creencias y convicciones bíblicas están claras en todo lo que predicó y escribió.

Observamos que hay ciertos dones especiales en la vida de muchos conocidos siervos del Señor. Muchos no tenemos tales dones. Además hay obras de la providencia que son especiales y peculiares, hechas por el Dios soberano en la vida de cada uno que son para él que las experimenta. Estas cosas peculiares existen en la vida de cada individuo. Pero hay cosas que todos los cristianos tenemos en común. Por eso hay cosas que vemos en los siervos de Dios, algunas gracias que todo cristiano puede tener y debe imitar.

En el caso de Spurgeon vamos a ver como Dios obró de una manera especial en él y vamos a ver las cosas que podemos aprender e imitar, entre ellos lo que vemos en Judas 3, Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo: Misericordia, paz y amor os sean multiplicados. Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.

El deber de contender ardientemente por la fe es un deber de todos los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo, o sea, es un deber de toda persona salva por la gracia y la misericordia de Dios, de todo aquel que comparte la “común salvación”, de toda persona que necesita que la misericordia y paz y amor le sean multiplicados. Spurgeon cumplía ese deber y podemos observar la gracia de Dios operando en él y anhelar y buscar y seguir esa misma gracia.

Por supuesto, nadie puede contender por la fe si no conoce la fe, y nadie puede conocer la fe sin un conocimiento de la Palabra de Dios y la iluminación del Espíritu Santo. Vamos a ver como Spurgeon recibió esas bendiciones.

Spurgeon nació el 19 de junio de 1834 (10 días después que Guillermo Carey murió). Nació en el condado de Essex, un condado que tenía fama porque había tantas iglesias “no conformista” (o sea, no de acuerdo con la Iglesia de Inglaterra, la oficial). El padre de Spurgeon (John) era un hombre de negocios y pastor de una iglesia no-conformista, y la madre de Spurgeon era una mujer piadosa. El abuelo de Spurgeon también era pastor de una iglesia no-conformista. No eran bautistas y Spurgeon fue “bautizado” cuando bebé. Pero, Spurgeon nunca dudó de la salvación y piedad de sus padres y abuelos, y aun después de seguir la fe como bautista, mostró mucho amor a ellos.

Spurgeon tuvo catorce meses cuando fue llevado por los abuelos paternos. Pasó los próximos seis años de su vida criado por ellos y una tía, hermana menor de su padre, que todavía vivía con ellos. No podemos estar seguros porque eso sucedió: quizás por la juventud de su madre y/o la llegada pronto de otro bebé y/o motivos económicos. Lo que sabemos es que el arreglo fue bendito para su bien. Se nota que había mucho amor y respeto hacia los abuelos y los padres. En la casa de sus abuelos Spurgeon aprendió a leer y llegó a poder leer la Biblia en el tiempo del culto familiar. Por la providencia de Dios Spurgeon amaba los libros y la lectura y la situación con el abuelo pastor figura en eso. Fue criado en un ambiente en el cual la Biblia tenía un lugar especial y Spurgeon no dudaba de eso. Además, parece que su abuela pasó mucho tiempo con él y vio y oyó muchas cosas en la casa pastoral que despertaron su interés.

No cabe duda que Spurgeon era precoz y atrevido. Hubo un momento cuando se enteró de un miembro de la iglesia de su abuelo que estaba bebiendo indebidamente en la taberna del pueblo y causando dolor al corazón de su abuelo. Fue y le halló y le reprendió de tal manera que el hombre se arrepintió.

Al volver a la casa de sus padres, estudiaba con dos o tres maestros, pero el que más le ayudó fue un hombre llamado Leeding. Bajo su tutoría Spurgeon dominaba bastante bien el latín y geometría entre otras cosas. Cuando tenía como 14 años su padre le envió a un colegio, junto con su hermano menor. Un tío de ellos era el principal. Los maestros eran mayormente anglicanos, aun oficiales de la iglesia anglicana. Había 2 incidentes interesantes que sucedieron durante ese tiempo, y uno de ellos tenía efectos duraderos en su vida personal.

Spurgeon era muy buena en la matemática y una vez descubrió un error en unos cálculos de su tío. Hizo la corrección frente a la clase y el tío decidió que sería mejor que estudiara aparte, aunque con una tarea de hacer unos cálculos. Así que Spurgeon pudo estudiar solo, debajo de un árbol y los cálculos que hizo fueron entregados por su tío a una compañía de seguros que los usaba por varios años.

Otro incidente tuvo efecto duradero en su vida porque influyó profundamente en su decisión de ser bautista. Estaba en una clase de religión con un clérigo anglicano y el clérigo entró en una discusión con él sobre el bautismo. Como resultado, Spurgeon, después de estudiar el tema para poder contestar al clérigo, decidió que si la gracia divina obrara en él, entonces sería bautizado. (Véase la conversación interesante traducida por Allan Román en Otro peregrino, páginas 39-42).

Todo esto demuestra como Spurgeon aun antes de su conversión tenía una conciencia dominada por las Escrituras y luego vemos que estaba dispuesto a sufrir reproches y aun necesidades por sus convicciones.

Después de un año en el colegio Spurgeon fue ofrecido la oportunidad de asistir en una escuela en la ciudad de Newmarket y a la vez continuar estudiando. Llamaron tal posición la de “ujier”. El padre de Spurgeon estaba de acuerdo y a 15 años de edad Spurgeon comenzó esa etapa de su vida. He leído que Spurgeon pudo estudiar algo de griego y me parece que fue en aquel lugar.

Spurgeon hacía su trabajo y estudiaba, pero se sintió perdido. No tenía paz. Se sintió un gran peso encima, como el peregrino de Bunyan. Asistía la iglesia pero parece que en Newmarket no había muy buen ministerio para que se salvara. Allí conoció a una mujer, Mary King, la cocinera en la escuela, que era de los bautistas estrictos o particulares. Era un aficionado de un predicador llamado J C Philpot y leía sus sermones que trataban de lo que algunos llamarían “calvinismo experimental”. Ella y Spurgeon tenían muchas conversaciones sobre las doctrinas de la gracia, muy provechosas y Spurgeon dijo que aprendió sus primeras lecciones en teología de ella, y otras cosas prácticas sobre cómo sobrevivir en un sitio donde no hay buena predicación. Spurgeon entendió la elección y predestinación pero no creía que estaba bien con el Señor y estaba pasando por mucha tribulación del alma. Dijo que había 10 caballos negros arrastrando un arado muy afilado por su corazón – los diez mandamientos y la justicia de Dios.

Estaba en esa condición de sufrimiento espiritual cuando le tocó unas vacaciones al final del año 1849. Fue a la casa de sus padres en un sitio llamado Colchester y decidió visitar varias iglesias. El primer domingo de 1850 el tiempo fue muy malo, tanto que Spurgeon no fue con su padre ni tampoco al pueblo en sí, sino visitó una capilla cercana de metodistas primitivos. Había muy poca gente. Por el mal tiempo el pastor no llegó y tocó a un hermano dar un mensaje.

Cito ahora a Rodríguez y García (ASRG) y al señor Dallimore (AD) para que sepamos lo que pasó cuando, por el mal tiempo, Spurgeon visitó esa capilla:

Al fin, un hombre de apariencia muy delgada, subió al púlpito, abrió la Biblia, y leyó las palabras: “Mirad a mí todos los términos de la tierra y sed salvos”. (ASRG) Ni siquiera pronunciaba las palabras correctamente, dice Spurgeon, pero eso no importaba: pensé que en ese pasaje había un rayo de esperanza para mí. (AD)

El predicador comenzó de esta manera: “Este versículo es de lo más sencillo; dice: ‘Mirad’. La verdad es que mirar no cuesta mucho trabajo. No es como levantar el pie o el dedo; es simplemente ‘mirar’. Bueno, no hace falta ir a la universidad para aprender a mirar: uno puede ser tonto de remate y, sin embargo, mirar. No hace falta tener una renta de 1000 libras al año para mirar. Todo el mundo puede mirar; hasta un niño puede mirar. (AD)

Pero luego, el versículo dice: ‘Mirad a mí’. ¡Ay!, exclamó… Muchos de ustedes se estarán mirando a sí mismos; pero de nada vale mirar ahí. Jamás hallarán consuelo en ustedes mismos. Algunos dice: ‘Mirad a Dios Padre?. ¡No, a El mírenlo más adelante! Jesucristo dice: ‘Miradme a Mí’. Algunos de ustedes dirán:’Debemos esperar a que el Espíritu obre’. Ahora mismo no se trata de eso: miren a Cristo. El testo dice: ‘Mirad a mí’. (AD)

Luego aquel buen hombre siguió con su versículo diciendo lo siguiente: “Miradme a mí: estoy sudando grandes gotas de sangre. Miradme a mí: estoy colgado de la Cruz. Miradme a mí: estoy muerto y sepultado. Miradme a mí: resucito. Miradme a mí: asciendo al Cielo. Miradme a mí: estoy sentado a la diestra del Padre. ¡Pobre pecador, mírame a mí, mírame a mí!”. (AD)

Tras haber […] logrado extenderse durante diez minutos, poco más o menos, estaba en las últimas; pero luego miró hacia mí, sentado debajo de la galería, y supongo que con tan pocas personas presentes, supo que era un extraño. (AD)

Entonces, fijando en mí sus ojos, como si conociera por entero mi corazón, dijo: “Joven, pareces muy desdichado”. En verdad lo era; pero no estaba acostumbrado a que se hicieran comentarios acerca de mi aspecto personal desde el púlpito. Sin embargo, aquel fue un golpe certero que me alcanzó de lleno. Luego siguió diciendo, “Y siempre serás desdichado – desdichado en la vida y desdichado en la muerte – si no obedeces al versículo que he escogido; pero si lo haces, ahora, en este momento, serás salvo”. Y levantando las manos gritó como solo es capaz de hacerlo un metodista primitivo, “¡Joven, mira a Cristo! ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¡No tienes más que mirar y vivir!”. (AD)

Y en ese momento vi el camino de la salvación, ¡Oh! ¡Cómo salté de gozo en aquel momento! No sé si otra cosa dijo. No presté mucha atención, tan poseído estaba por aquella sola idea. Cuando la serpiente fue levantada en el desierto, el pueblo sólo tenía que mirar para curarse. Yo estaba esperando para hacer lo que correspondiera, pero cuando oí esta palabra, “mira”, ¡qué agradable me pareció! Oh, miré hasta casi saltárseme los ojos y en el cielo seguiré mirando en mi indecible gozo. (ASRG)

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En 1979, en la primera edición de Heraldo de Gracia, escribí lo siguiente:

“En abril de 1854 aceptó pastorear una iglesia bautista en Londres. El edificio en el cual se reunieron tenía capacidad para 1,200 personas. Sin embargo, sólo alrededor de 200 personas se reunían. Pasado apenas un año, el edificio se llenaba completamente de personas, por lo que se vieron obligados a mudarse de un lugar a otro hasta que construyeron el Tabernáculo Metropolitano, el cual fue dedicado en el año 1861. En el Tabernáculo, Spurgeon predicó por 31 años a una congregación de más de 5.000 personas. Sus sermones fueron enviados a todas partes del mundo, y muchos periódicos los publicaron regularmente.

“¿A qué se debió su éxito? Ciertamente no a campañas utilizando los métodos de las agencias de publicidad, ni a ómnibuses o minibuses, ni a atracciones musicales, etc. Su popularidad se debió a su fidelidad a la Palabra de Dios proclamada poderosamente por la bendición del Espíritu Santo.

“¿Qué predicaba Spurgeon? Todo el consejo de Dios. Muchos que desean tener un gran nombre como Spurgeon y a veces le alaban, no se atreven a predicar lo que Spurgeon predicó porque no tienen confianza en la predicación de la verdad y creen que tienen que hacer algo más. Hay algunos que admiran la manera simple, popular y bien ilustrada de la predicación de Spurgeon, pero no quieren tener nada que ver con sus enseñanzas. Hay algunos que han sido tan deshonestos que se han atrevido a cambiar partes de sus sermones antes de publicarlos.

“Hay cristianos de habla hispana que por falta de oportunidad no han tenido la bendición de ser edificados por los sermones de Spurgeon. En parte esto se debe al hecho de que se han agotado algunos de sus libros de sermones (No hay otro evangelio y Sermones del año de avivamiento). También se debe al hecho de que algunos pastores no instan a sus congregaciones a leer sermones de otros pastores. (A veces los pastores menosprecian aquellos hombres que Dios ha dado a su Iglesia y que ha usado como instrumentos en avivamiento y tiempos de reforma).”

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Bosquejo de NDV para la presentación de la conferencia sobre Spurgeon.

Providencia de Dios y dones “naturales”
En crianza y educación
Poderes mentales y voz
Gracia especial
(Hay cosas que ninguno tenemos; pero hay cosas que podemos imitar)
Su disciplina, diligencia, deseo de ser santo
Obediencia en el bautismo
Deseo de ver a otros convertidos y ser un siervo
Uso de tratados desde el principio de su conversión
Respondió a peticiones de otros para ayudar en clases dominicales
No buscó eminencia; aceptó responsablemente invitaciones para ayudar
Oración
Lugar de las Escrituras
Convicción de la verdad
Valor
Sabiduría
Dirección del Señor – selección de los textos; otros sucesos, p.e., no universidad
Convicciones “Calvinistas” desde antes de su conversión
5 puntos en dedicación del Tabernáculo Metropolitano
El declive y como lo vio

***
Breve cronología de su vida (1834-1892).

1834, 19 junio Nacimiento
1850, enero Conversión, Isaías 45:22
1851, 3 mayo Bautismo en el rió Lark
1851-1853 Enseñando y ministrando de varias maneras
1853, 18 diciembre Primer sermón en “New Park Street” capilla bautista
1854 Comienza a pastorear en “New Park Street”
1855 Sermones publicados desde el principio del año
1887 Controversia sobre el declive entre bautistas; deja la Unión
1892, 31 enero Con el Señor.

Libros usados en la preparación de la conferencia:

Spurgeon por Arnold Dallimore
The Forgotten Spurgeon por Ian Murray
Autobiography, 2 volúmenes, edición de Banner of Truth
Otro peregrino, por Allan Román, disponible en PDF
Muchos sermones de CHS y escritos de él o sobre él, leídos durante los últimos 50 años.

***
OJO, nota de NDV, 16 junio, 2016 – hay que actualizar la lista de las obras de Spurgeon y de biografías, disponibles en español.
Lo que sigue es de 1979 y NO sirve

No hay otro evangelio
Sermones del año del avivamiento
Ganador de hombres
Spurgeon: El príncipe olvidado
por I. Murray
Todos estos fueron publicados por Estandarte de la Verdad y si usted tiene la oportunidad de conseguir uno, debe aprovecharse.

Discursos a mis estudiantes también se halla en las bibliotecas de unos pastores. El editor de esta revista estaría muy agradecido de recibir información sobre este libro (quién lo publicó, dónde, cuándo, etc.).

Los siguientes libros todavía están disponibles en español:

El ministerio ideal (2 tomos), Estandarte de la Verdad
Biografía de Spurgeon, A. S. Rodríguez y García, Casa Bautista de Publicaciones
Apuntes de sermones, Publicaciones Portavoz Evangélica

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Conferencia Pastoral 2009 | William (Guillermo) Carey “Padre de las misiones modernas”

William (Guillermo) Carey “Padre de las misiones modernas”

“Padre de las misiones modernas”
Unos apuntes sobre su vida

William (Guillermo) Carey nació en la aldea de Paulerspury, Northamptonshire, Inglaterra, 17 agosto 1761. No debe caber duda que era un instrumento escogido para llevar a cabo muchas obras en el mundo. Lo que hizo le llevó a ser conocido por muchos y conmovió a muchos de manera que ha sido llamado el “padre de las misiones modernas”.

Pero, ¿quién es William Carey? ¿Cómo sucedió esto? Podemos observar como Dios en su providencia dispuso muchas cosas para que todo esto sucediera en el mundo, incluyendo el llamamiento de Carey a la salvación y la labor de dar a conocer el evangelio entre personas de lenguas que nunca oyeron el nombre de Jesús y no sabían nada de las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios.

Su hogar, su juventud y los tiempos en los cuales vivió (1761-1775)

Los padres de William Carey pertenecían a la Iglesia de Inglaterra, llamada también la Iglesia Anglicana. Su abuelo paterno, que William nunca conoció, fue el maestro de una escuela en la aldea, mantenida por filántropos. También era empleado por la Iglesia para atender asuntos administrativos (como registrar los nacimientos y bautismos, mantener las minutas y otras cosas). Luego el padre de William ocupó las mismas posiciones.

En aquellos tiempos (desde los años de 1660 en adelante) sólo los de la Iglesia Anglicana podrían ser empleados del gobierno, oficiales en el ejército y la marina así como maestros de escuelas que serían reconocidas por las autoridades (“acreditadas”). Los que no eran de esa iglesia no podían graduarse en las universidades, y tenían la obligación de que los edificios donde se reunían estuvieran registrados ante las autoridades, a fin de limitar sus actividades públicas a esos edificios. Es decir, había tolerancia religiosa de aquellos que no eran anglicanos (como presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, cuáqueros y otros “no conformistas”, “disidentes”, o “independientes”), pero sus libertades o derechos civiles fueron restringidos y muchas veces fueron mirados con sospecha como potenciales enemigos del Estado, revolucionarios, “terroristas”.

Por supuesto, William no tuvo que preocuparse con eso porque, aunque su familia era pobre, fue criado entre los privilegiados y absorbía el desdén de ellos hacia los “no conformistas”.
Con todo, si hubiera vivido unos años antes es muy posible que no hubiera recibido una educación formal. Debido al Señor y a su gracia común y también a lo que el Señor hizo en conexión con lo que se llama el “Gran Despertamiento” o “Gran Avivamiento” estaban ocurriendo en el país algunas cosas buenas a pesar del trato que recibían aquellos que no pertenecían a la Iglesia de Inglaterra.

Por ejemplo, la educación estaba llegando a los hijos de los pobres y William pudo cursar 7 años de estudios con su propio padre, incluyendo los rudimentos de latín.
Además, otras cosas estaban sucediendo en Inglaterra que sirvieron para preparar el camino para lo que el Señor hizo por medio de Carey y sus compañeros y los que apoyaban su visión misionera. Por ejemplo, la expansión colonial había aumentado el punto de vista internacional y la responsabilidad hacia esas colonias, abriendo rutas de comercio y viajes. El capitán Cook estaba haciendo mapas del mar Pacífico y las islas y costas de los distintos países; el mundo industrial (como las grandes empresas que tenían mucho control en la India) comenzó a oír las razones para abrir las puertas cerradas; y tener el conocimiento de muchos pueblos del mundo que no tenían el evangelio tocó la conciencia de algunos ingleses y los impulsó hacia el camino de la labor misionera.

Entre otros factores que influyeron en esos tiempos el Sr. S P Carey también apunta que, en las colonias de América del norte, los hijos de los padres puritanos estaban obteniendo nuevas libertades a costo de su sangre; en Inglaterra en el parlamento y en la prensa el pueblo estaba ganando unas campañas para tener más libertades; los de las iglesias que no eran de la Iglesia de Inglaterra estaban protestando sobre los estatutos que les negaban una ciudadanía igual a los de la iglesia “oficial”; Francia estaba en medio de una revolución para obtener más justicia; Gran Bretaña estaba dándose cuenta de la vergüenza del comercio de esclavos; se estaba despertando la compasión hacia los locos y prisioneros; el gran avivamiento había demostrado el poder del evangelio predicado; los redimidos estaban alabando al Señor en poesía; el hipercalvinismo estaba cediendo a un evangelio ofrecido a todos; las iglesias estaban aprendiendo a cooperar; la oración colectiva fue estimada y practicada constantemente.

Carey vivió en la aldea de Paulerspury hasta terminar su educación a los 14 años de edad. Le gustaba la ciencia y los libros sobre viajes que otros habían realizado. Tuvo deleite especial en los libros sobre “Colón” de manera que algunos de sus conocidos le llamaron “Columbus” (o sea, Colón). A los doce (12) años de edad memorizó 60 páginas de vocabulario en latín (Vocabulium Latiale por Thomas Dyche), el cual muestra su aptitud para los idiomas. Pero, no aprendió nada de griego en esos años.

Fue buen estudiante, pero sus intereses se extendieron más allá de los libros. Cerca de la aldea donde vivía había campos y bosques. William prestó mucha atención a las plantas, aves y animales – un interés que nunca perdió.

Tenía un tío llamado Peter que había pasado unos años en Canadá y después de regresar a Inglaterra trabajó como jardinero. Varios opinan que mediante el contacto con ese tío y las conversaciones con él, los horizontes de la educación de Carey fueron grandemente expandidos. Su interés en las plantas y en el mundo fuera de Inglaterra se debía en parte a su contacto con ese tío.
Aunque los padres de Carey no eran cristianos evangélicos, con todo Dios proveyó un ambiente serio en cuanto a educación se refiere. Pero Carey no aprendió las verdades netamente evangélicas y de piedad, no tenía fe salvadora y en el principio de su tiempo fuera del hogar, sin las restricciones del mismo, juraba y mentía.

Aunque Carey carecía de unas cosas importantes en su crianza, nos dan ganas de llorar al ver tantos niños hoy día que no tienen casi nada semejante a lo de Carey, sino que se están criando mayormente con el televisor y las locuras que se presentan. Aun peor, estas cosas muchas veces están expuestas en las escuelas públicas que, frecuentemente, son dominadas por los enemigos de Jesucristo y en contra de su pueblo fiel. El amor a las cosas creadas que nos rodean, amor a los libros y a la educación, son elementos cada vez más desconocidos en el mundo moderno de los Estados Unidos, Puerto Rico y muchos otros sitios. ¡Cuán importante es la crianza de los niños!

Los años de aprendizaje, conversión, matrimonio y desarrollo en la fe (1775-1784)

A los catorce años de edad, como los padres de Carey no pensaron en darle más educación o no pudieron hacerlo, Carey quiso trabajar en la jardinería, pero una enfermedad de su piel, que no le permitía trabajar bajo el sol, hizo necesario un cambio de planes. ¡Quién hubiera pensado que este joven que tuvo que cambiar la carrera deseada porque no pudo aguantar el sol de su país serviría al Señor durante años y años con el clima de la India! Todo ayuda a bien.
Se presentó una oportunidad de aprender cómo hacer zapatos en una aldea de Buckinghamshire (Piddington). Su padre pensó que había futuro en ese campo para su hijo y buscó la manera de planificar para que su hijo William pudiera aprender.

El dueño de ese negocio era un hombre severo, especialmente si estaba ebrio, pero Carey perseveró en su empleo como aprendiz. Dios hizo muchas cosas allí en su providencia. El otro aprendiz, John Warr, tres años mayor que Carey, había sido criado por sus padres en una iglesia no conformista. Al principio de su contacto como compañeros de cuarto y de trabajo Warr discutía sobre asuntos religiosos con Carey y Carey se molestó y le menospreció, aunque confesó luego que lo que Warr dijo le inquietó. Pasado un tiempo el Señor obró en la vida de Warr para salvarle de verdad y como creyente él buscó la salvación de su amo y de Carey, suplicando, persuadiendo y prestando libros, de tal manera que Carey comenzó a oír el evangelio. Al principio la forma de su religión fue una determinación, como dijo, de dejar de mentir, jurar y cometer otros pecados. A veces trató de orar cuando estaba solo. Asistió a las reuniones de oración en la iglesia de Warr, pero en su religiosidad asistió 3 veces cada domingo a la Iglesia anglicana de la parroquia. No obstante, no había visto todavía su verdadera pecaminosidad y la gracia de Dios en Cristo Jesús.

Finalmente, mediante un suceso en el cual Carey trató de robar un chelín, mintiendo, y siendo descubierto, Dios le humilló al máximo aunque tuvo misericordia de él, perdonándole y aun preservándole en su empleo, salvándole de vergüenza pública. De allí en adelante vio su falta de justicia propia, recibió la justicia de Cristo y vivió como un hijo de Dios, redimido, transformado y dedicado.

Junto con sus inquietudes y aun antes de convertirse hubo otra experiencia que vale la pena mencionar. Carey iba mirando un comentario sobre el Nuevo Testamento que pertenecía a su amo. (Parece que los libros del amo eran mejores que la vida de su dueño.) Carey encontró unas palabras que no entendió. Las copió y las llevó a un amigo que había recibido una educación mejor que Carey. El amigo le informó que eran letras griegas, esto le sirvió para estudiar con él, quien también le buscó un libro de gramática y un libro de vocabulario griego. A Carey le apasionó esta lengua.

Pasado algún tiempo después de su nuevo nacimiento, Carey tomó la decisión de continuar con las iglesias no conformistas. Sucedió que oyó un sermón el 10 de febrero de 1779 que le persuadió para aceptar el reproche de las iglesias no conformistas (y él sabía muy bien lo que era). Aunque identificado con los no conformistas, Carey pasó por unos caminos difíciles antes de llegar a tener convicciones firmes y fuertes sobre las enseñanzas bíblicas y su fe.

En septiembre de ese año 1779 su amo murió y él fue recogido por un pariente de su amo en otra aldea cercana donde estaba la iglesia no conformista a la que asistía. Allí en ese pueblo Carey conoció a Thomas Scott (luego conocido por sus comentarios). Scott fue una influencia positiva en la vida de Carey. Pero Carey también conoció a otros que eran seguidores de las enseñanzas de William Law, autor de un libro famoso, A Serious Call to a Devout and Holy Life (Una llamada seria a una vida piadosa y santa). Los seguidores de Law eran místicos en el sentido peor de la palabra y Carey se confundió hasta que vio que solamente las Escrituras son la guía segura para todo lo que debemos pensar y hacer. Dios usó a Scott y a otros en esa etapa de la vida de Carey para salvarle de la confusión y darle una seguridad bíblica, como el libro del bautista Robert Hall, Help for Zion’s Travellers (Ayuda para los viajeros a Zión).

Al acercarse al fin de su tiempo de aprendizaje, en junio de 1781, a los 20 años de edad, Carey se casó con una creyente, Dorothy, hija de un líder de la capilla no conformista, cuñada del dueño de la zapatería. Era buena mujer, aunque, como muchas mujeres de aquel entonces, ella nunca había aprendido a leer ni escribir (Carey le enseñó luego). Carey estaba feliz en su hogar, trabajando, estudiando latín y griego (en el “Colegio Carey” como Scott llamó a su casa), cuidando su jardín uniéndose en adoración con los hermanos de la aldea. Allí le nació una hija, llamada Ann.

El año siguiente Carey y su hija enfermaron de fiebre. La niña murió y Carey padeció como año y medio con esa fiebre, sufriendo, pero sin dejar de cumplir sus responsabilidades. Esa enfermedad le dejó calvo a los 22 años de edad. Además su cuñado, el dueño de la zapatería murió y le tocó a Carey ayudar con el cuidado de la viuda y sus 4 hijos. Los tiempos eran difíciles. Le tocó sufrir la pobreza.

A pesar de la carga pesada y sus luchas doctrinales y espirituales, Carey siempre fue activo en el servicio del Señor. Adoraba regularmente en la iglesia no conformista de la aldea. De hecho, un mes antes de casarse, hizo pacto con otros para establecer formalmente la iglesia disidente de la aldea. Participó activamente en algunas conferencias celebradas por la noche en el día de reposo.
En 1782 pudo asistir a una reunión de una asociación de iglesias bautistas, celebrada en el pueblo de Olney. Era un desconocido, y no tenía comida, pero pudo escuchar 3 sermones excelentes, uno de ellos predicado por Andrew Fuller, un hombre que luego influyó grandemente en la vida de Carey. Ese fue un momento inolvidable.

En junio de ese año, junto con otro hermano, comenzó a ayudar con la predicación, en semanas alternas, en una iglesia bautista que no tenía pastor. Además, la gente no conformista de la aldea donde se crió oyeron de él y pidieron que predicara para ellos también. Aceptó ir una vez al mes. Así pudo visitar a sus padres y hermanas, a los cuales quiso ver convertidos y sirviendo en una iglesia de creyentes en vez de estar en la iglesia anglicana. Sus hermanas se acordaron de su celo y como “quiso derrumbar todos los altares de Baal de una vez”.

El grupo de no conformistas con los cuales Carey servía no requirieron que una persona como Carey se bautizara como creyente. En el año 1983 Carey oyó un sermón sobre el bautismo de los creyentes que le inquietó. Estudió el Nuevo Testamento cuidadosamente y llegó a la conclusión de que el bautismo no es para los bebés sino una ordenanza dada por Dios para los que son conscientes de su fe. Habló con el bautista calvinista John Ryland padre de Northampton sobre el asunto. El padre tenía 60 años de edad en aquel tiempo y refirió el caso a su hijo John Ryland, el cual bautizó a Carey en el rio Nen, el domingo 5 de octubre a las 6 de la mañana.

Más o menos en ese tiempo leyó las jornadas de Capitán Cook (conocido por el motín en su barco Bounty). La lectura de los apuntes de Cook despertó en su ser un fuerte deseo de llevar el evangelio a los paganos. Cook presentó las condiciones de las gentes del mar Pacífico, pero también añadió que la religión no les llegaría porque “no serviría el propósito de la ambición pública ni la avaricia privada; y sin tales incentivos, nunca se intentaría semejante empresa. Carey pensó de manera diferente. A la vez que deseaba la salvación de los paganos de otros países, predicaba el evangelio en su propio país y buscaba la salvación de sus familiares.

El Señor llenó su vida con muchas experiencias formativas en los diez años de su vida después de su educación. Aprendió su oficio; tuvo su inicio en griego; descubrió sus pecados y a su Salvador; aceptó el reproche de pertenecer a iglesias no conformistas; llegó a convicciones propias y bíblicas sobre su fe cristiana y sus doctrinas; conoció lo bueno de estar casado y tener un hogar; experimentó el gozo de ser padre y también la angustia de perder un hijo y la prueba de la pobreza. Trabajó en enseñar, dio testimonio cristiano, se unió a una iglesia, predicó su primer sermón, obedeció la ordenanza del bautismo, sintió profundamente la condición perdida de los paganos y llevó a sus hermanas al Señor y a su servicio hasta el fin de sus vidas.

Pastor en Inglaterra y misionero escogido (1785-1793)

Carey trabajaba en su oficio, estudiaba y predicaba. Entonces llegó el día cuando los santos de la aldea de Earls Barton, los de la iglesia en la cual Carey predicaba cada 2 semanas, que quisieron llamarle como su pastor. A la vez, consultaron con un pastor bautista llamado John Sutcliff de Olney (un pueblo en el cual John Newton había vivido y pastoreado por un tiempo). Sutcliff visitó al sitio, les predicó y habló con Carey. Como Carey era miembro de una iglesia débil en algunos sentidos, Sutcliff le aconsejó que se uniera con una iglesia sólida para continuar su ministerio como parte de una iglesia bautista sana en la fe.

Carey oyó el consejo y se unió a la iglesia bautista en Olney con Sutcliff como su pastor, sin embargo, la primera vez que predicó delante de esa iglesia, en un edificio que podía acomodar a 700 personas, la predicación fue tan pobre que la iglesia no pudo ver los dones de un pastor. Pero, con el apoyo de ellos siguió predicando en Earls Barton y también en un pueblo llamado Moulton.

Carey se había mudado a Moulton en marzo de 1785 para abrir una escuela y seguir con su oficio. Allí había una pobre iglesia bautista bien cerca de su casa. El edificio de ellos estaba muy deteriorado y también el ánimo y la condición de los miembros. Carey predicó y les ayudó en los domingos que tenía libres y en otras ocasiones. Hubo conversiones, se animaron de nuevo los pocos creyentes de manera que ellos también quisieron que fuera su pastor.
En el verano de 1786 Carey predicó otra vez en Olney y esa vez la iglesia quedó satisfecha y por tanto, le comisionó a predicar a “dondequiera que Dios en su providencia le llamase”, reconociendo así sus dones para predicar.

Con dos iglesias pidiendo su ayuda, Carey consultó con Sutcliff. Decidió entonces aceptar la invitación de la iglesia de Moulton donde vivía. Fue ordenado al ministerio el 1 agosto de 1787. Había como 20 ministros presentes entre los que se encontraba John Sutcliff de Olney, Andrew Fuller de Kettering y John Ryland hijo de Northampton quienes participaron de una manera especial.
Antes de su ordenación, la iglesia de Moulton tuvo que hacer arreglos para reparar su lugar de reunión. Después de la ordenación Dios siguió derramando bendiciones sobre la predicación de Carey y la iglesia tuvo que reedificar y agrandar su edificio, sin embargo eran tan pobres que no pudieron pagarle a Carey lo suficiente para cuidar a su familia.

Durante ese tiempo Carey obtuvo sus ingresos enseñando a muchachos de la aldea y haciendo zapatos. Hizo un arreglo con Thomas Gotch, un diácono próspero de la iglesia en Kettering, quien le compraba cada dos semanas los zapatos que él fabricaba. Pero, después de un tiempo Fuller descubrió el celo y la perseverancia de Carey en estudios lingüísticos y le comentó esto a Gotch, el cual le dijo a Carey que se olvidara de hacer zapatos ya que él le pagaría para dedicarse a esos estudios.

Carey creció como predicador. Creció también en sus inquietudes sobre el deber que la iglesia tienen de proclamar el evangelio por todo el mundo. Leyó sobre las vidas de John Eliot (trabajó casi 60 años entre los indios de América del norte y tradujo la Biblia a una de sus lenguas, el primer hombre que logró poner la Biblia en una lengua pagana). Leyó también la vida de David Brainerd. Estos hombres sirvieron de héroes y modelos. Y, por supuesto, habló de estas cosas a otros ministros, especialmente a sus 3 amigos.

Un día Carey estaba hablando con Thomas Potts un joven diácono de la iglesia bautista en Birmingham. Potts había viajado a América y había hecho negocios con los indios en la zona que hoy corresponde a la ciudad de New Orleans. Al contar Potts a Carey algunas de sus experiencias allí como cristiano, entraron en una conversación sobre misiones y Carey expuso sus pensamientos. Potts le preguntó si no había pensado en escribir un librito sobre el asunto y Carey dijo que sí, pero que no tenía el dinero para publicarlo. Potts le dijo que le daría una cantidad suficiente para comenzar el proyecto. Ese librito no fue publicado hasta 3 o 4 años después (en 1792), pero tuvo una gran influencia. Aun antes de la publicación Fuller lo había leído y probablemente Sutcliff y Ryland, porque ellos, junto con Potts le habían animado trabajar en ese asunto. Se llama “Una investigación sobre la obligación de los cristianos de usar medios para la conversión de los paganos”.

En mayo de 1789, tras una lucha interna y consultas con varios consejeros, William Carey aceptó la invitación de la iglesia bautista de Harvey Lane en la ciudad de Leicester. Esa iglesia tenía un edificio en el que podía acomodar entre 200 y 300 personas, pero había pasado por divisiones y numerosos problemas. Al principio todo fue bien. Aun ampliaron el edificio para acomodar a los oyentes, pero salieron a la luz problemas no resueltos y afectó tanto a la obra que Carey propuso que la iglesia se deshiciera en septiembre de 1790 y comenzará de nuevo solamente con aquellos que realmente se comprometieran mediante un pacto solemne. Esto se realizó y algunos de los que se quedaron fuera en el proceso se convirtieron en enemigos, pero desde ese día el Señor comenzó a bendecir a la iglesia y Carey fue ordenado pastor de la misma en la primavera de 1791. Otra vez sus tres amigos participaron en el servicio de ordenación y un gran predicador Samuel Pearce predicó un excelente mensaje por la noche, titulado: “Gloriándonos en la cruz de Cristo”.

Aunque Carey recibía más ingresos como pastor en Leicester que en el lugar donde estaba, sin embargo no era suficiente para cuidar a su familia, lo cual le obligó a seguir manteniendo una escuela y haciendo zapatos también. Pero, era disciplinado y perseverante y nunca dejó de estudiar sistemáticamente por su propia cuenta: libros clásicos, ciencia, historia, la Biblia en Hebreo y Griego. Tenía amigos como el viejo Robert Hall que le aconsejaban y criticaban. Por ejemplo, Hall le dijo una vez que hacían falta mas “ventanas” en sus sermones.

Carey predicó 7 veces cada 2 semanas en la iglesia Harvey Lane, pero no estaba satisfecho por trabajar solamente en Leicester, por lo que salió y predicó en 5 aldeas cercanas poniendo el fundamento para el establecimiento de nuevas iglesias. En una aldea había muchas conversiones y más de 100 personas se reunían para la predicación. En su primera carta desde la India a esa iglesia él expresó su interés en esas aldeas y en lo que estaba pasando allí.

Todo esto nos muestra el corazón de Carey y como era el hombre escogido para servir al Señor en la India. Era de carácter probado y experiencia en el ministerio. Tenía compasión y había visto la bendición del Señor sobre sus trabajos en la predicación del evangelio a los pobres y a otros. No era un soñador y nada más. Trabajaba arduamente como evangelista y pastor mientras que seguía estudiando y proveyendo para su familia haciendo trabajos extra.

Junto con todo eso, Carey quería ver llegar el evangelio a los paganos. Dios estaba obrando en otros también que buscaban su gloria esperando avivamientos. Influenciado por los escritos de Jonathan Edwards, desde 1784 varias iglesias en la asociación bautista de Northamptonshire habían orado para que ocurriera un avivamiento mundial. Algunos tenían sus corazones dispuestos hacia las misiones, pero nadie pensó que ellos pudieran hacer algo. Solo Carey tenía esa visión y esperanza y lo cual le llevó a hablarle a sus amigos que le respetaban y le amaban, pero no vieron ninguna posibilidad de hacer algo. Sin embargo, en 1791 le animaron a que terminara y publicara su “Investigación… sobre el uso de medios” para que las iglesias pudieran estudiar el asunto y tomar una decisión sabia.

Finalmente en 1792 Carey vio a sus hermanos tomar unos pasos hacia la obediencia de la gran comisión. En mayo de ese año en la reunión de la asociación Carey predicó su sermón famoso sobre Isaías 54:2-3 con el bosquejo simple de dos puntos: Espera grandes cosas y ensaya grandes cosas (en inglés: Expect great things; attempt great things). Los pastores fueron conmovidos pero con todo estaban a punto de terminar la reunión sin tomar ninguna decisión, entonces Carey le instó a Fuller y Fuller persuadió al moderador a que consideraran el asunto de formar una sociedad misionera. Aprobaron que fuera presentado un plan en la próxima reunión en octubre. Carey estaba seguro que la sociedad sería formada y quiso ser el primer donante prometiendo dar lo que recibiera de la venta de su Investigación…” a la sociedad.

Así sucedió. En octubre de 1792 nació la “Sociedad de bautistas particulares para la propagación del evangelio entre los paganos” (inglés: Particular Baptist Society for the Propagation of the Gospel among the Heathen). Los “miembros” hicieron promesas para contribuir a este asunto y lo que recibieron ese día y las notas de las promesas de 13 hombres fueron colocadas en una caja de tabaco vacía que pertenecía a Fuller. La caja estaba decorada con un dibujo de la conversión de Saulo de Tarso en la tapa.

Habían comenzado. Ahora, ¿a quién enviar? Conocían a un hombre, John Thomas, un médico, que había servido como “misionero” en Bengali en la India. Él quería volver y llevarse a un compañero. En enero de 1793 Thomas visitó a la Sociedad Bautista y después de oírle Carey que antes quería ir a Tahiti se ofreció como voluntario para acompañar a Thomas a la India. La Sociedad dio su apoyo y buscó la cooperación de otras iglesias y personas. Thomas tenía unos contactos valiosos también. Decidieron salir en abril de ese mismo año.

La esposa de Carey estaba encinta y faltaba poco para su alumbramiento. Esa noticia fue impactante para ella y para la iglesia de Harvey Lane quienes lloraban ante el hecho de perder su pastor. Pero Harvey Lane se sometió al Señor y envió a Carey con su bendición. En la providencia del Señor, después de tiempos de prueba y angustia, Carey y Thomas no pudieron salir en abril. Finalmente salieron en junio de 1973 y Carey fue acompañado por su esposa, la hermana de ella y los cuatro hijos todavía vivos. Fue maravilloso como sucedió todo, pero la verdad es que muchos fueron probados en su fe por el tiempo que transcurrió entre abril y junio, porque todo parecía frustrado y perdido.

Aquí, podemos observar que el concepto de la obra misionera visualizado por Carey no era que el misionero recibiera ayuda económica constante, sino que fuera ayudado a mudarse, para quedarse y que buscaría como mantenerse a sí mismo en el campo misionero. Carey nunca volvió a Inglaterra. Una vez que su esposa estuvo a su lado nunca pensó o planificó volver. Lo que sí pidió de sus amigos fue su apoyo en oración. Cinco hombres (Pearce, Fuller, Sutcliff, Ryland y Carey) hicieron un pacto de apoyo espiritual. La figura que Fuller usó fue: Carey bajaría a la mina pero los cuatro tendrían que jurar su compromiso de que no soltarían las sogas mientras tuvieran vida.
Todos cumplieron su pacto.

Los cuarenta años en India (1793-1834)

El viaje a la India fue realizado en un barco danés y tardaron 5 meses en llegar, pero al fin el barco entró en el puerto de Calcuta en el río Hugli. Los misioneros no pudieron usar ese nombre porque la compañía de Bretaña que controlaba esa parte de la India no permitía la entrada a los misioneros. Además, salieron del barco usando un pequeño bote del lugar para evitar que otros los vieran e hicieran preguntas.

Al principio vivieron en una casa en una zona bajo control de los portugueses, evadiendo así la interferencia de los ingleses. Thomas comenzó a predicar a los bengalís inmediatamente.
Poco después, Thomas comenzó a trabajar como médico en Calcuta y Carey solicitó unas tierras de las autoridades para cultivarlas, pero mientras esperaba la respuesta a su petición recibió ayuda de un usurero que le proveyó una casa gratis. Thomas le informó que el dinero que trajeron se había acabado y no había esperanza de más ingresos para los próximos meses. En esos días de gran pobreza la esposa de Carey y su hijo Felix padecieron de disentería y comenzaron los problemas mentales de la esposa de Carey que duraron hasta su muerte 13 años después. En diciembre de 1793 y enero de 1794 Carey se dio cuenta de que sólo Dios podía sostenerle. Los sufrimientos fueron grandes.

En febrero tuvo la oportunidad de mudarse a un lugar donde había terrenos para trabajar y el Señor también proveyó un amigo en ese lugar, Charles Short. El clima era mejor y la esposa de Carey mejoró un poco allí. Carey tenía su propio maestro del idioma Bengalí que vivía con ellos. Trabajó en su “finca” allí y estudió el idioma hasta que recibió una carta de Thomas invitándole a un área llamada Malda donde Carey podría trabajar para un hombre cristiano en calidad de gerente de una plantación de índigo. Carey aceptó y en junio de 1794 comenzó sus trabajos en esa industria.

Carey dominó bien las responsabilidades. Escribió a la Sociedad Misionera el 5 de agosto, como Culross explica, “Al aceptar la oferta y cambiarse para allá, Carey escribió a sus amigos en Inglaterra informándoles que no pediría más ayuda a la Sociedad, y que el sueldo destinado para él debía usarse de otro modo; sólo deseaba que le enviaran herramientas para la agricultura y un surtido anual de semillas, por el cual prometió remitir con regularidad el dinero. Al mismo tiempo les aseguró que sería su gozo mantener con ellos la misma relación como si necesitara su ayuda y que esperaba tener la misma correspondencia con ellos como antes.”

En aquel entonces algunos criticaron a Carey porque pensaron que estaba demasiado envuelto en los negocios de este mundo. Pero progresó en sus estudios y comenzó a predicar en el idioma bengalí. Los que estaban preocupados jamás se imaginaron lo que estaba por delante. Carey fue fiel en lo poco, siguiendo al Señor. Luego pudo ser fiel en lo mucho.

Siempre pasó por sufrimientos. Su segundo hijo llamado Peter murió de fiebre. Su esposa se enfermó de nuevo a principios del año 1795 y de allí en adelante nunca estuvo bien mentalmente. (Carey la cuidó aunque ella se puso tan mala que se volvía violenta. Con el paso del tiempo, algunos amigos le aconsejaron que la pusiera en una institución, pero sabiendo como cuidaban a la gente en esos lugares, Carey nunca aceptó ese consejo, haciendo provisión en su casa hasta que ella murió en 1808.)

En octubre de 1796 el primer recluta misionero sorprendió a Carey entrando en su casa una tarde. Su nombre era John Fountain; su presencia animó a Carey. En 1798 el dueño de la plantación, Sr Udny, compró una imprenta para Carey y Fountain. Luego de esta bendición Carey recibió una carta de William Ward, un creyente que sabía cómo imprimir libros. La Sociedad iba a enviarle para ayudar a Carey, junto con algunos otros misioneros. Esa carta llegó en mayo de 1799, pero a la vez en ese mismo mes el dueño de la plantación, debido a inundaciones, sequías y otros problemas, vio la necesidad de cerrar sus operaciones y dio aviso de que lo haría al fin del año 1899.

Carey había servido en la India durante casi seis años, sin ver ni a un indio convertido de verdad y ahora estaba enfrentando el desempleo mientras que un grupo de misioneros venían de camino. Carey hizo arreglos para trabajar en otro lugar y gastó en los arreglos para lograr este fin. Pero cuando los misioneros llegaron a Serampore que pertenecía a los daneses los ingleses no los permitieron entrar en territorio controlado por ellos y aun trataron de obligar a los daneses a que los entregaran para deportarlos. Pero los daneses dijeron que no. Carey abandonó el lugar donde estaba, perdiendo el tiempo y el dinero invertido, pero no dudando de su deber. Llevaron la prensa a Serampore y allí comenzó un nuevo capítulo en la obra misionera en la India.

El famoso trio de Carey, Marshman y Ward mantuvieron contacto con la Sociedad misionera y sus cartas e informes fueron publicados hasta que el mundo pudo ver que a pesar de que eran poca gente, por medio de la fe y la oración podrían esperar grandes cosas y esforzarse para hacer grandes cosas. Por eso, Carey se llama el “padre de las misiones modernas”, un título que jamás buscó, esperó o se hubiera imaginado. Él sabía muy bien de las labores de otros y fue animado por esas labores. Pero los logros de traducciones de las Escrituras, las conversiones que eventualmente se vieron, fueron como llamamientos a otros para servir al Señor alrededor del mundo. Carey oró para que la Sociedad Bautista pudiera enviar misioneros a África y a muchos otros lugares, y la exhortó a que lo hiciera.

En Serampore, Carey rehusó hacerse jefe de los cinco misioneros (Carey, Fountain, Brunsdon, Marshman y Ward) e hicieron un acuerdo. Uso la descripción de Culross para explicarlo:

Teniendo en mente el tipo de organización comunal que asumieron los cristianos moravos cuando salieron de Bohemia a causa de las persecuciones ellos también adoptaron la idea de la iglesia en Pentecostés. Decidieron constituirse como si fueran una sola familia. Tendrían un fondo común en el que realizar los ingresos. (sean cuales fueren los medios de adquirirlos), una mesa común, y un hogar común, siendo dada a cada uno una pequeña suma separada como dinero particular. Todo lo que sobraba debía de dedicarse al sostenimiento de las viudas y huérfanos y a la propagación del evangelio, bajo la dirección de los hermanos así unidos. Los misioneros debían de considerarse como iguales, y tendrían que predicar y dirigir los cultos por turnos. Establecieron turnos por los que cada uno debería de ser responsable cada mes de los arreglos y gastos domésticos. Carey fue nombrado tesorero y guardián de la caja de medicinas, y Fountain era el bibliotecario.

El espíritu que los lideraba se ve en la “Forma de Acuerdo” que firmaron y que debería de leerse públicamente tres veces al año en cada misión.

1. Debía preservarse vivo “un sentido profundo del valor de las almas;” considerando a las multitudes como “inmortales.”
2. Debían esforzarse para entender bien a aquellos entre quienes trabajaban, familiarizándose con sus modos de pensar y sentir.
3. Debían evitar todo lo que aumentara la preocupación nativa en contra del evangelio, todas las palabras y actos descuidados, y deberían prestar atención para no ser ásperos en su predicación, acordándose de que las verdaderas conquistas del evangelio son las del amor.
4. El secreto de ser útil no consiste en estar siempre de pie; sino que debían estar alerta para usar todas las oportunidades para hacer el bien.
5. Debían centrar en “Cristo” el asunto de su predicación; es su amor, sólo Él, es Quien que puede ganar a las almas, y no hay esperanzas sino en un ministerio de amor.
6. Debían conquistar la confianza del pueblo.
7. Debían cuidar de los conversos con paciencia y ternura, porque las plantas nuevas en semejante clima deben ser nutridas con afecto especial.
8. Deben animarlos a hacer conocer el evangelio a sus compatriotas; porque “sólo por medio de los ministros nativos puede difundirse el conocimiento de la salvación en todas partes de la India; y a la vez que se forman iglesias deben escogerse pastores y diáconos de entre sus propios compatriotas aconsejándolos el misionero del distrito cuando sea necesario, pero dirigiendo sus propios esfuerzos especialmente a la extensión del evangelio y la organización de nuevas iglesias.
9. Deben trabajar con todas sus fuerzas para hacer traducciones de la Biblia en los distintos idiomas de la India; en hacer circular estas traducciones; y en establecer escuelas gratuitas para los nativos.
10. Y para que sean idóneos para ejercer estos ‘trabajos’ de vital importancia deben ser constantes en la oración y en el cultivo de la religión personal”.
11. “Finalmente,” dicen, “consagrémonos sin reserva a esta causa gloriosa. Que no pensemos nunca que nuestro tiempo, nuestros dones, nuestra fuerza, nuestra familia, o aun la ropa que usamos, nos pertenecen. Santifiquémoslos todos a Dios y a su causa. ¡Oh, que nos santifique Él a nosotros para su obra! Deshagámonos para siempre de la idea de atesorar aun un centavo para nosotros o nuestros hijos. Si abandonamos la resolución que tomamos sobre el asunto del comercio privado cuando al principio hicimos nuestra unión en Serampore la misión será, desde esa hora, una causa perdida. Un espíritu mundano, disputas y toda obra mala sobrevendrán en el momento en que se admita que cada hermano pueda hacer algo de su propia cuenta. ¡Ay de aquel hombre que alguna vez haga algún movimiento hacia semejante camino!”
Este “Acuerdo” no fue escrito sino hasta el año 1805; pero exhibe el propósito y la manera de vida a que los hermanos de Serampore se destinaron desde el principio. De haber obrado en conformidad con él desde el principio, la Sociedad en Inglaterra, podría haber impedido muchas de las molestias de los años siguientes.

En ese año de 1800 trabajaron en la traducción del Nuevo Testamento al Bengalí, página por página. Predicaron el evangelio y el 28 de diciembre de 1800 bautizaron a Krishna Pal, un carpintero, el primer hombre convertido del hinduismo que confesó a Cristo y pidió ser bautizado, las primicias de la cosecha que esperaban.

El 5 de marzo de 1801 la primera copia encuadernada del Nuevo Testamento en bengalí fue presentado en un culto especial. Carey había trabajado durante más de 7 años para ver esa meta realizada. La última página fue impresa el 7 de febrero. Luego vino la encuadernación y el tiempo especial de acción de gracias al Señor.

En abril de ese año, Carey fue invitado a ocupar la posición de profesor de bengalí en un nuevo colegio llamado Fort William College en Calcuta. Bretaña estaba haciendo unas reformas, entre ellas proveyendo una buena educación con la esperanza de tener buenos líderes en el futuro.
Sin embargo, como Carey no era anglicano no le llamaron “profesor” sino “tutor” para evitar problemas. Le pagaron bien y todo fue aportado para la bolsa común. Pronto, pusieron a Carey a enseñar en Sánscrito también. Carey continuó en esa posición de profesor durante 30 años y eso le dio de la oportunidad de trabajar en los idiomas de tal manera que antes de morir había traducido la Biblia completa en 6 idiomas, casi toda la Biblia en 3 idiomas más, el Nuevo Testamento en 21 idiomas y porciones del Nuevo Testamento en 5 otros idiomas.

Después del bautismo de Krishna Pal, otros se convirtieron y Krishna Pal y algunos de ellos fueron enseñados y viendo sus dones, fueron enviados a predicar a otros. Las puertas estaban abiertas. Los misioneros en Serampore querían establecer un centro en el cual otros podrían aprender los idiomas y salir para predicar hasta los confines de la tierra.

Desde 1806 hasta 1812 los deseos de los misioneros encontraron la oposición de muchos ingleses e indios, pero Dios levantó amigos bien posicionados que protegieron a los misioneros de manera que pudieron continuar sus labores.

Durante esos años también Carey vio a Dorothy morir en diciembre de 1807. Seis meses después Carey se casó de nuevo con Charlotte Rumohr, una mujer danesa de una familia conocida, enfermiza físicamente, pero de carácter muy espiritual y experta en el asunto de los idiomas. Parece que había mucho amor entre ellos. Carey también tuvo el gozo de ver a sus hijos sirviendo al Señor, aunque Felix el mayor se apartó por un tiempo, atraído por altas posiciones con los gobernantes en diferentes lugares.

La obra recibió un duro golpe en el año 1812, porque un fuego devoró gran parte del edificio principal de la misión en Serampore. Valiosos manuscritos, diccionarios y gramáticas de Carey perecieron y no había copias. Tuvo que comenzar de nuevo sus trabajos de todo cuanto se perdió.
En 1813 el parlamento de Inglaterra comunicó a la compañía que controlaba la India que permitieran la entrada de misioneros y que no estorbaran sus labores. En Serampore Carey y sus compañeros comenzaron una escuela para educar a los indios, especialmente los hijos de los creyentes para el futuro de la obra cristiana. Junto con el progreso y las bendiciones llegaron también los problemas, entre los mismos misioneros y con la Sociedad. Con la muerte de los fundadores y el crecimiento de la Sociedad Misionera Bautista hubo quienes la querían controlar y dirigir. Además, algunos de los nuevos misioneros no estaban preparados para vivir como Carey y sus compañeros. Hubo conflictos, pero Carey buscó la manera más apacible para resolverlos.

Carey perdió a su esposa Charlotte en 1821. Krishna Pal murió en 1822 y también Felix, el hijo mayor de Carey, a los 37 años de edad. El misionero veterano Ward, parte del “trio de Serampore” murió en 1823. En 1825 Carey oyó la noticia de la muerte de Ryland, el último del “trío” de los que eran los íntimos amigos de Carey (Sutcliff murió en 1814, Fuller en 1815).

En 1823 Carey halló una buena esposa en Grace Hughes, con quien vivió hasta que él fue llamado a la presencia del Señor en 1834.

Carey vio muchos cambios en la India. El evangelio llegó a muchas partes. Las Escrituras también. Socialmente, Carey y otros empujaron a los ingleses para que prohibieran el sacrificio de bebés en el río (costumbre que llevaban a cabo cumpliendo votos hechos por mujeres estériles que harían tal cosa si su dios les diera un hijo) y el quemar a las viudas vivas junto al cuerpo de sus esposos que habían muerto. Carey estaba muy opuesto a la esclavitud también. Pero sobre todo reconoció que solo Dios puede rescatar a los pecadores y hace eso mediante la predicación del evangelio y la obra Soberana de su Espíritu Santo.

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Conferencia Pastoral 2009 | William (Guillermo) Carey “Padre de las misiones modernas”

William (Guillermo) Carey “Padre de las misiones modernas”

“Padre de las misiones modernas”
Unos apuntes sobre su vida

William (Guillermo) Carey nació en la aldea de Paulerspury, Northamptonshire, Inglaterra, 17 agosto 1761. No debe caber duda que era un instrumento escogido para llevar a cabo muchas obras en el mundo. Lo que hizo le llevó a ser conocido por muchos y conmovió a muchos de manera que ha sido llamado el “padre de las misiones modernas”.

Pero, ¿quién es William Carey? ¿Cómo sucedió esto? Podemos observar como Dios en su providencia dispuso muchas cosas para que todo esto sucediera en el mundo, incluyendo el llamamiento de Carey a la salvación y la labor de dar a conocer el evangelio entre personas de lenguas que nunca oyeron el nombre de Jesús y no sabían nada de las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios.

Su hogar, su juventud y los tiempos en los cuales vivió (1761-1775)

Los padres de William Carey pertenecían a la Iglesia de Inglaterra, llamada también la Iglesia Anglicana. Su abuelo paterno, que William nunca conoció, fue el maestro de una escuela en la aldea, mantenida por filántropos. También era empleado por la Iglesia para atender asuntos administrativos (como registrar los nacimientos y bautismos, mantener las minutas y otras cosas). Luego el padre de William ocupó las mismas posiciones.

En aquellos tiempos (desde los años de 1660 en adelante) sólo los de la Iglesia Anglicana podrían ser empleados del gobierno, oficiales en el ejército y la marina así como maestros de escuelas que serían reconocidas por las autoridades (“acreditadas”). Los que no eran de esa iglesia no podían graduarse en las universidades, y tenían la obligación de que los edificios donde se reunían estuvieran registrados ante las autoridades, a fin de limitar sus actividades públicas a esos edificios. Es decir, había tolerancia religiosa de aquellos que no eran anglicanos (como presbiterianos, congregacionalistas, bautistas, cuáqueros y otros “no conformistas”, “disidentes”, o “independientes”), pero sus libertades o derechos civiles fueron restringidos y muchas veces fueron mirados con sospecha como potenciales enemigos del Estado, revolucionarios, “terroristas”.

Por supuesto, William no tuvo que preocuparse con eso porque, aunque su familia era pobre, fue criado entre los privilegiados y absorbía el desdén de ellos hacia los “no conformistas”.
Con todo, si hubiera vivido unos años antes es muy posible que no hubiera recibido una educación formal. Debido al Señor y a su gracia común y también a lo que el Señor hizo en conexión con lo que se llama el “Gran Despertamiento” o “Gran Avivamiento” estaban ocurriendo en el país algunas cosas buenas a pesar del trato que recibían aquellos que no pertenecían a la Iglesia de Inglaterra.

Por ejemplo, la educación estaba llegando a los hijos de los pobres y William pudo cursar 7 años de estudios con su propio padre, incluyendo los rudimentos de latín.
Además, otras cosas estaban sucediendo en Inglaterra que sirvieron para preparar el camino para lo que el Señor hizo por medio de Carey y sus compañeros y los que apoyaban su visión misionera. Por ejemplo, la expansión colonial había aumentado el punto de vista internacional y la responsabilidad hacia esas colonias, abriendo rutas de comercio y viajes. El capitán Cook estaba haciendo mapas del mar Pacífico y las islas y costas de los distintos países; el mundo industrial (como las grandes empresas que tenían mucho control en la India) comenzó a oír las razones para abrir las puertas cerradas; y tener el conocimiento de muchos pueblos del mundo que no tenían el evangelio tocó la conciencia de algunos ingleses y los impulsó hacia el camino de la labor misionera.

Entre otros factores que influyeron en esos tiempos el Sr. S P Carey también apunta que, en las colonias de América del norte, los hijos de los padres puritanos estaban obteniendo nuevas libertades a costo de su sangre; en Inglaterra en el parlamento y en la prensa el pueblo estaba ganando unas campañas para tener más libertades; los de las iglesias que no eran de la Iglesia de Inglaterra estaban protestando sobre los estatutos que les negaban una ciudadanía igual a los de la iglesia “oficial”; Francia estaba en medio de una revolución para obtener más justicia; Gran Bretaña estaba dándose cuenta de la vergüenza del comercio de esclavos; se estaba despertando la compasión hacia los locos y prisioneros; el gran avivamiento había demostrado el poder del evangelio predicado; los redimidos estaban alabando al Señor en poesía; el hipercalvinismo estaba cediendo a un evangelio ofrecido a todos; las iglesias estaban aprendiendo a cooperar; la oración colectiva fue estimada y practicada constantemente.

Carey vivió en la aldea de Paulerspury hasta terminar su educación a los 14 años de edad. Le gustaba la ciencia y los libros sobre viajes que otros habían realizado. Tuvo deleite especial en los libros sobre “Colón” de manera que algunos de sus conocidos le llamaron “Columbus” (o sea, Colón). A los doce (12) años de edad memorizó 60 páginas de vocabulario en latín (Vocabulium Latiale por Thomas Dyche), el cual muestra su aptitud para los idiomas. Pero, no aprendió nada de griego en esos años.

Fue buen estudiante, pero sus intereses se extendieron más allá de los libros. Cerca de la aldea donde vivía había campos y bosques. William prestó mucha atención a las plantas, aves y animales – un interés que nunca perdió.

Tenía un tío llamado Peter que había pasado unos años en Canadá y después de regresar a Inglaterra trabajó como jardinero. Varios opinan que mediante el contacto con ese tío y las conversaciones con él, los horizontes de la educación de Carey fueron grandemente expandidos. Su interés en las plantas y en el mundo fuera de Inglaterra se debía en parte a su contacto con ese tío.
Aunque los padres de Carey no eran cristianos evangélicos, con todo Dios proveyó un ambiente serio en cuanto a educación se refiere. Pero Carey no aprendió las verdades netamente evangélicas y de piedad, no tenía fe salvadora y en el principio de su tiempo fuera del hogar, sin las restricciones del mismo, juraba y mentía.

Aunque Carey carecía de unas cosas importantes en su crianza, nos dan ganas de llorar al ver tantos niños hoy día que no tienen casi nada semejante a lo de Carey, sino que se están criando mayormente con el televisor y las locuras que se presentan. Aun peor, estas cosas muchas veces están expuestas en las escuelas públicas que, frecuentemente, son dominadas por los enemigos de Jesucristo y en contra de su pueblo fiel. El amor a las cosas creadas que nos rodean, amor a los libros y a la educación, son elementos cada vez más desconocidos en el mundo moderno de los Estados Unidos, Puerto Rico y muchos otros sitios. ¡Cuán importante es la crianza de los niños!

Los años de aprendizaje, conversión, matrimonio y desarrollo en la fe (1775-1784)

A los catorce años de edad, como los padres de Carey no pensaron en darle más educación o no pudieron hacerlo, Carey quiso trabajar en la jardinería, pero una enfermedad de su piel, que no le permitía trabajar bajo el sol, hizo necesario un cambio de planes. ¡Quién hubiera pensado que este joven que tuvo que cambiar la carrera deseada porque no pudo aguantar el sol de su país serviría al Señor durante años y años con el clima de la India! Todo ayuda a bien.
Se presentó una oportunidad de aprender cómo hacer zapatos en una aldea de Buckinghamshire (Piddington). Su padre pensó que había futuro en ese campo para su hijo y buscó la manera de planificar para que su hijo William pudiera aprender.

El dueño de ese negocio era un hombre severo, especialmente si estaba ebrio, pero Carey perseveró en su empleo como aprendiz. Dios hizo muchas cosas allí en su providencia. El otro aprendiz, John Warr, tres años mayor que Carey, había sido criado por sus padres en una iglesia no conformista. Al principio de su contacto como compañeros de cuarto y de trabajo Warr discutía sobre asuntos religiosos con Carey y Carey se molestó y le menospreció, aunque confesó luego que lo que Warr dijo le inquietó. Pasado un tiempo el Señor obró en la vida de Warr para salvarle de verdad y como creyente él buscó la salvación de su amo y de Carey, suplicando, persuadiendo y prestando libros, de tal manera que Carey comenzó a oír el evangelio. Al principio la forma de su religión fue una determinación, como dijo, de dejar de mentir, jurar y cometer otros pecados. A veces trató de orar cuando estaba solo. Asistió a las reuniones de oración en la iglesia de Warr, pero en su religiosidad asistió 3 veces cada domingo a la Iglesia anglicana de la parroquia. No obstante, no había visto todavía su verdadera pecaminosidad y la gracia de Dios en Cristo Jesús.

Finalmente, mediante un suceso en el cual Carey trató de robar un chelín, mintiendo, y siendo descubierto, Dios le humilló al máximo aunque tuvo misericordia de él, perdonándole y aun preservándole en su empleo, salvándole de vergüenza pública. De allí en adelante vio su falta de justicia propia, recibió la justicia de Cristo y vivió como un hijo de Dios, redimido, transformado y dedicado.

Junto con sus inquietudes y aun antes de convertirse hubo otra experiencia que vale la pena mencionar. Carey iba mirando un comentario sobre el Nuevo Testamento que pertenecía a su amo. (Parece que los libros del amo eran mejores que la vida de su dueño.) Carey encontró unas palabras que no entendió. Las copió y las llevó a un amigo que había recibido una educación mejor que Carey. El amigo le informó que eran letras griegas, esto le sirvió para estudiar con él, quien también le buscó un libro de gramática y un libro de vocabulario griego. A Carey le apasionó esta lengua.

Pasado algún tiempo después de su nuevo nacimiento, Carey tomó la decisión de continuar con las iglesias no conformistas. Sucedió que oyó un sermón el 10 de febrero de 1779 que le persuadió para aceptar el reproche de las iglesias no conformistas (y él sabía muy bien lo que era). Aunque identificado con los no conformistas, Carey pasó por unos caminos difíciles antes de llegar a tener convicciones firmes y fuertes sobre las enseñanzas bíblicas y su fe.

En septiembre de ese año 1779 su amo murió y él fue recogido por un pariente de su amo en otra aldea cercana donde estaba la iglesia no conformista a la que asistía. Allí en ese pueblo Carey conoció a Thomas Scott (luego conocido por sus comentarios). Scott fue una influencia positiva en la vida de Carey. Pero Carey también conoció a otros que eran seguidores de las enseñanzas de William Law, autor de un libro famoso, A Serious Call to a Devout and Holy Life (Una llamada seria a una vida piadosa y santa). Los seguidores de Law eran místicos en el sentido peor de la palabra y Carey se confundió hasta que vio que solamente las Escrituras son la guía segura para todo lo que debemos pensar y hacer. Dios usó a Scott y a otros en esa etapa de la vida de Carey para salvarle de la confusión y darle una seguridad bíblica, como el libro del bautista Robert Hall, Help for Zion’s Travellers (Ayuda para los viajeros a Zión).

Al acercarse al fin de su tiempo de aprendizaje, en junio de 1781, a los 20 años de edad, Carey se casó con una creyente, Dorothy, hija de un líder de la capilla no conformista, cuñada del dueño de la zapatería. Era buena mujer, aunque, como muchas mujeres de aquel entonces, ella nunca había aprendido a leer ni escribir (Carey le enseñó luego). Carey estaba feliz en su hogar, trabajando, estudiando latín y griego (en el “Colegio Carey” como Scott llamó a su casa), cuidando su jardín uniéndose en adoración con los hermanos de la aldea. Allí le nació una hija, llamada Ann.

El año siguiente Carey y su hija enfermaron de fiebre. La niña murió y Carey padeció como año y medio con esa fiebre, sufriendo, pero sin dejar de cumplir sus responsabilidades. Esa enfermedad le dejó calvo a los 22 años de edad. Además su cuñado, el dueño de la zapatería murió y le tocó a Carey ayudar con el cuidado de la viuda y sus 4 hijos. Los tiempos eran difíciles. Le tocó sufrir la pobreza.

A pesar de la carga pesada y sus luchas doctrinales y espirituales, Carey siempre fue activo en el servicio del Señor. Adoraba regularmente en la iglesia no conformista de la aldea. De hecho, un mes antes de casarse, hizo pacto con otros para establecer formalmente la iglesia disidente de la aldea. Participó activamente en algunas conferencias celebradas por la noche en el día de reposo.
En 1782 pudo asistir a una reunión de una asociación de iglesias bautistas, celebrada en el pueblo de Olney. Era un desconocido, y no tenía comida, pero pudo escuchar 3 sermones excelentes, uno de ellos predicado por Andrew Fuller, un hombre que luego influyó grandemente en la vida de Carey. Ese fue un momento inolvidable.

En junio de ese año, junto con otro hermano, comenzó a ayudar con la predicación, en semanas alternas, en una iglesia bautista que no tenía pastor. Además, la gente no conformista de la aldea donde se crió oyeron de él y pidieron que predicara para ellos también. Aceptó ir una vez al mes. Así pudo visitar a sus padres y hermanas, a los cuales quiso ver convertidos y sirviendo en una iglesia de creyentes en vez de estar en la iglesia anglicana. Sus hermanas se acordaron de su celo y como “quiso derrumbar todos los altares de Baal de una vez”.

El grupo de no conformistas con los cuales Carey servía no requirieron que una persona como Carey se bautizara como creyente. En el año 1983 Carey oyó un sermón sobre el bautismo de los creyentes que le inquietó. Estudió el Nuevo Testamento cuidadosamente y llegó a la conclusión de que el bautismo no es para los bebés sino una ordenanza dada por Dios para los que son conscientes de su fe. Habló con el bautista calvinista John Ryland padre de Northampton sobre el asunto. El padre tenía 60 años de edad en aquel tiempo y refirió el caso a su hijo John Ryland, el cual bautizó a Carey en el rio Nen, el domingo 5 de octubre a las 6 de la mañana.

Más o menos en ese tiempo leyó las jornadas de Capitán Cook (conocido por el motín en su barco Bounty). La lectura de los apuntes de Cook despertó en su ser un fuerte deseo de llevar el evangelio a los paganos. Cook presentó las condiciones de las gentes del mar Pacífico, pero también añadió que la religión no les llegaría porque “no serviría el propósito de la ambición pública ni la avaricia privada; y sin tales incentivos, nunca se intentaría semejante empresa. Carey pensó de manera diferente. A la vez que deseaba la salvación de los paganos de otros países, predicaba el evangelio en su propio país y buscaba la salvación de sus familiares.

El Señor llenó su vida con muchas experiencias formativas en los diez años de su vida después de su educación. Aprendió su oficio; tuvo su inicio en griego; descubrió sus pecados y a su Salvador; aceptó el reproche de pertenecer a iglesias no conformistas; llegó a convicciones propias y bíblicas sobre su fe cristiana y sus doctrinas; conoció lo bueno de estar casado y tener un hogar; experimentó el gozo de ser padre y también la angustia de perder un hijo y la prueba de la pobreza. Trabajó en enseñar, dio testimonio cristiano, se unió a una iglesia, predicó su primer sermón, obedeció la ordenanza del bautismo, sintió profundamente la condición perdida de los paganos y llevó a sus hermanas al Señor y a su servicio hasta el fin de sus vidas.

Pastor en Inglaterra y misionero escogido (1785-1793)

Carey trabajaba en su oficio, estudiaba y predicaba. Entonces llegó el día cuando los santos de la aldea de Earls Barton, los de la iglesia en la cual Carey predicaba cada 2 semanas, que quisieron llamarle como su pastor. A la vez, consultaron con un pastor bautista llamado John Sutcliff de Olney (un pueblo en el cual John Newton había vivido y pastoreado por un tiempo). Sutcliff visitó al sitio, les predicó y habló con Carey. Como Carey era miembro de una iglesia débil en algunos sentidos, Sutcliff le aconsejó que se uniera con una iglesia sólida para continuar su ministerio como parte de una iglesia bautista sana en la fe.

Carey oyó el consejo y se unió a la iglesia bautista en Olney con Sutcliff como su pastor, sin embargo, la primera vez que predicó delante de esa iglesia, en un edificio que podía acomodar a 700 personas, la predicación fue tan pobre que la iglesia no pudo ver los dones de un pastor. Pero, con el apoyo de ellos siguió predicando en Earls Barton y también en un pueblo llamado Moulton.

Carey se había mudado a Moulton en marzo de 1785 para abrir una escuela y seguir con su oficio. Allí había una pobre iglesia bautista bien cerca de su casa. El edificio de ellos estaba muy deteriorado y también el ánimo y la condición de los miembros. Carey predicó y les ayudó en los domingos que tenía libres y en otras ocasiones. Hubo conversiones, se animaron de nuevo los pocos creyentes de manera que ellos también quisieron que fuera su pastor.
En el verano de 1786 Carey predicó otra vez en Olney y esa vez la iglesia quedó satisfecha y por tanto, le comisionó a predicar a “dondequiera que Dios en su providencia le llamase”, reconociendo así sus dones para predicar.

Con dos iglesias pidiendo su ayuda, Carey consultó con Sutcliff. Decidió entonces aceptar la invitación de la iglesia de Moulton donde vivía. Fue ordenado al ministerio el 1 agosto de 1787. Había como 20 ministros presentes entre los que se encontraba John Sutcliff de Olney, Andrew Fuller de Kettering y John Ryland hijo de Northampton quienes participaron de una manera especial.
Antes de su ordenación, la iglesia de Moulton tuvo que hacer arreglos para reparar su lugar de reunión. Después de la ordenación Dios siguió derramando bendiciones sobre la predicación de Carey y la iglesia tuvo que reedificar y agrandar su edificio, sin embargo eran tan pobres que no pudieron pagarle a Carey lo suficiente para cuidar a su familia.

Durante ese tiempo Carey obtuvo sus ingresos enseñando a muchachos de la aldea y haciendo zapatos. Hizo un arreglo con Thomas Gotch, un diácono próspero de la iglesia en Kettering, quien le compraba cada dos semanas los zapatos que él fabricaba. Pero, después de un tiempo Fuller descubrió el celo y la perseverancia de Carey en estudios lingüísticos y le comentó esto a Gotch, el cual le dijo a Carey que se olvidara de hacer zapatos ya que él le pagaría para dedicarse a esos estudios.

Carey creció como predicador. Creció también en sus inquietudes sobre el deber que la iglesia tienen de proclamar el evangelio por todo el mundo. Leyó sobre las vidas de John Eliot (trabajó casi 60 años entre los indios de América del norte y tradujo la Biblia a una de sus lenguas, el primer hombre que logró poner la Biblia en una lengua pagana). Leyó también la vida de David Brainerd. Estos hombres sirvieron de héroes y modelos. Y, por supuesto, habló de estas cosas a otros ministros, especialmente a sus 3 amigos.

Un día Carey estaba hablando con Thomas Potts un joven diácono de la iglesia bautista en Birmingham. Potts había viajado a América y había hecho negocios con los indios en la zona que hoy corresponde a la ciudad de New Orleans. Al contar Potts a Carey algunas de sus experiencias allí como cristiano, entraron en una conversación sobre misiones y Carey expuso sus pensamientos. Potts le preguntó si no había pensado en escribir un librito sobre el asunto y Carey dijo que sí, pero que no tenía el dinero para publicarlo. Potts le dijo que le daría una cantidad suficiente para comenzar el proyecto. Ese librito no fue publicado hasta 3 o 4 años después (en 1792), pero tuvo una gran influencia. Aun antes de la publicación Fuller lo había leído y probablemente Sutcliff y Ryland, porque ellos, junto con Potts le habían animado trabajar en ese asunto. Se llama “Una investigación sobre la obligación de los cristianos de usar medios para la conversión de los paganos”.

En mayo de 1789, tras una lucha interna y consultas con varios consejeros, William Carey aceptó la invitación de la iglesia bautista de Harvey Lane en la ciudad de Leicester. Esa iglesia tenía un edificio en el que podía acomodar entre 200 y 300 personas, pero había pasado por divisiones y numerosos problemas. Al principio todo fue bien. Aun ampliaron el edificio para acomodar a los oyentes, pero salieron a la luz problemas no resueltos y afectó tanto a la obra que Carey propuso que la iglesia se deshiciera en septiembre de 1790 y comenzará de nuevo solamente con aquellos que realmente se comprometieran mediante un pacto solemne. Esto se realizó y algunos de los que se quedaron fuera en el proceso se convirtieron en enemigos, pero desde ese día el Señor comenzó a bendecir a la iglesia y Carey fue ordenado pastor de la misma en la primavera de 1791. Otra vez sus tres amigos participaron en el servicio de ordenación y un gran predicador Samuel Pearce predicó un excelente mensaje por la noche, titulado: “Gloriándonos en la cruz de Cristo”.

Aunque Carey recibía más ingresos como pastor en Leicester que en el lugar donde estaba, sin embargo no era suficiente para cuidar a su familia, lo cual le obligó a seguir manteniendo una escuela y haciendo zapatos también. Pero, era disciplinado y perseverante y nunca dejó de estudiar sistemáticamente por su propia cuenta: libros clásicos, ciencia, historia, la Biblia en Hebreo y Griego. Tenía amigos como el viejo Robert Hall que le aconsejaban y criticaban. Por ejemplo, Hall le dijo una vez que hacían falta mas “ventanas” en sus sermones.

Carey predicó 7 veces cada 2 semanas en la iglesia Harvey Lane, pero no estaba satisfecho por trabajar solamente en Leicester, por lo que salió y predicó en 5 aldeas cercanas poniendo el fundamento para el establecimiento de nuevas iglesias. En una aldea había muchas conversiones y más de 100 personas se reunían para la predicación. En su primera carta desde la India a esa iglesia él expresó su interés en esas aldeas y en lo que estaba pasando allí.

Todo esto nos muestra el corazón de Carey y como era el hombre escogido para servir al Señor en la India. Era de carácter probado y experiencia en el ministerio. Tenía compasión y había visto la bendición del Señor sobre sus trabajos en la predicación del evangelio a los pobres y a otros. No era un soñador y nada más. Trabajaba arduamente como evangelista y pastor mientras que seguía estudiando y proveyendo para su familia haciendo trabajos extra.

Junto con todo eso, Carey quería ver llegar el evangelio a los paganos. Dios estaba obrando en otros también que buscaban su gloria esperando avivamientos. Influenciado por los escritos de Jonathan Edwards, desde 1784 varias iglesias en la asociación bautista de Northamptonshire habían orado para que ocurriera un avivamiento mundial. Algunos tenían sus corazones dispuestos hacia las misiones, pero nadie pensó que ellos pudieran hacer algo. Solo Carey tenía esa visión y esperanza y lo cual le llevó a hablarle a sus amigos que le respetaban y le amaban, pero no vieron ninguna posibilidad de hacer algo. Sin embargo, en 1791 le animaron a que terminara y publicara su “Investigación… sobre el uso de medios” para que las iglesias pudieran estudiar el asunto y tomar una decisión sabia.

Finalmente en 1792 Carey vio a sus hermanos tomar unos pasos hacia la obediencia de la gran comisión. En mayo de ese año en la reunión de la asociación Carey predicó su sermón famoso sobre Isaías 54:2-3 con el bosquejo simple de dos puntos: Espera grandes cosas y ensaya grandes cosas (en inglés: Expect great things; attempt great things). Los pastores fueron conmovidos pero con todo estaban a punto de terminar la reunión sin tomar ninguna decisión, entonces Carey le instó a Fuller y Fuller persuadió al moderador a que consideraran el asunto de formar una sociedad misionera. Aprobaron que fuera presentado un plan en la próxima reunión en octubre. Carey estaba seguro que la sociedad sería formada y quiso ser el primer donante prometiendo dar lo que recibiera de la venta de su Investigación…” a la sociedad.

Así sucedió. En octubre de 1792 nació la “Sociedad de bautistas particulares para la propagación del evangelio entre los paganos” (inglés: Particular Baptist Society for the Propagation of the Gospel among the Heathen). Los “miembros” hicieron promesas para contribuir a este asunto y lo que recibieron ese día y las notas de las promesas de 13 hombres fueron colocadas en una caja de tabaco vacía que pertenecía a Fuller. La caja estaba decorada con un dibujo de la conversión de Saulo de Tarso en la tapa.

Habían comenzado. Ahora, ¿a quién enviar? Conocían a un hombre, John Thomas, un médico, que había servido como “misionero” en Bengali en la India. Él quería volver y llevarse a un compañero. En enero de 1793 Thomas visitó a la Sociedad Bautista y después de oírle Carey que antes quería ir a Tahiti se ofreció como voluntario para acompañar a Thomas a la India. La Sociedad dio su apoyo y buscó la cooperación de otras iglesias y personas. Thomas tenía unos contactos valiosos también. Decidieron salir en abril de ese mismo año.

La esposa de Carey estaba encinta y faltaba poco para su alumbramiento. Esa noticia fue impactante para ella y para la iglesia de Harvey Lane quienes lloraban ante el hecho de perder su pastor. Pero Harvey Lane se sometió al Señor y envió a Carey con su bendición. En la providencia del Señor, después de tiempos de prueba y angustia, Carey y Thomas no pudieron salir en abril. Finalmente salieron en junio de 1973 y Carey fue acompañado por su esposa, la hermana de ella y los cuatro hijos todavía vivos. Fue maravilloso como sucedió todo, pero la verdad es que muchos fueron probados en su fe por el tiempo que transcurrió entre abril y junio, porque todo parecía frustrado y perdido.

Aquí, podemos observar que el concepto de la obra misionera visualizado por Carey no era que el misionero recibiera ayuda económica constante, sino que fuera ayudado a mudarse, para quedarse y que buscaría como mantenerse a sí mismo en el campo misionero. Carey nunca volvió a Inglaterra. Una vez que su esposa estuvo a su lado nunca pensó o planificó volver. Lo que sí pidió de sus amigos fue su apoyo en oración. Cinco hombres (Pearce, Fuller, Sutcliff, Ryland y Carey) hicieron un pacto de apoyo espiritual. La figura que Fuller usó fue: Carey bajaría a la mina pero los cuatro tendrían que jurar su compromiso de que no soltarían las sogas mientras tuvieran vida.
Todos cumplieron su pacto.

Los cuarenta años en India (1793-1834)

El viaje a la India fue realizado en un barco danés y tardaron 5 meses en llegar, pero al fin el barco entró en el puerto de Calcuta en el río Hugli. Los misioneros no pudieron usar ese nombre porque la compañía de Bretaña que controlaba esa parte de la India no permitía la entrada a los misioneros. Además, salieron del barco usando un pequeño bote del lugar para evitar que otros los vieran e hicieran preguntas.

Al principio vivieron en una casa en una zona bajo control de los portugueses, evadiendo así la interferencia de los ingleses. Thomas comenzó a predicar a los bengalís inmediatamente.
Poco después, Thomas comenzó a trabajar como médico en Calcuta y Carey solicitó unas tierras de las autoridades para cultivarlas, pero mientras esperaba la respuesta a su petición recibió ayuda de un usurero que le proveyó una casa gratis. Thomas le informó que el dinero que trajeron se había acabado y no había esperanza de más ingresos para los próximos meses. En esos días de gran pobreza la esposa de Carey y su hijo Felix padecieron de disentería y comenzaron los problemas mentales de la esposa de Carey que duraron hasta su muerte 13 años después. En diciembre de 1793 y enero de 1794 Carey se dio cuenta de que sólo Dios podía sostenerle. Los sufrimientos fueron grandes.

En febrero tuvo la oportunidad de mudarse a un lugar donde había terrenos para trabajar y el Señor también proveyó un amigo en ese lugar, Charles Short. El clima era mejor y la esposa de Carey mejoró un poco allí. Carey tenía su propio maestro del idioma Bengalí que vivía con ellos. Trabajó en su “finca” allí y estudió el idioma hasta que recibió una carta de Thomas invitándole a un área llamada Malda donde Carey podría trabajar para un hombre cristiano en calidad de gerente de una plantación de índigo. Carey aceptó y en junio de 1794 comenzó sus trabajos en esa industria.

Carey dominó bien las responsabilidades. Escribió a la Sociedad Misionera el 5 de agosto, como Culross explica, “Al aceptar la oferta y cambiarse para allá, Carey escribió a sus amigos en Inglaterra informándoles que no pediría más ayuda a la Sociedad, y que el sueldo destinado para él debía usarse de otro modo; sólo deseaba que le enviaran herramientas para la agricultura y un surtido anual de semillas, por el cual prometió remitir con regularidad el dinero. Al mismo tiempo les aseguró que sería su gozo mantener con ellos la misma relación como si necesitara su ayuda y que esperaba tener la misma correspondencia con ellos como antes.”

En aquel entonces algunos criticaron a Carey porque pensaron que estaba demasiado envuelto en los negocios de este mundo. Pero progresó en sus estudios y comenzó a predicar en el idioma bengalí. Los que estaban preocupados jamás se imaginaron lo que estaba por delante. Carey fue fiel en lo poco, siguiendo al Señor. Luego pudo ser fiel en lo mucho.

Siempre pasó por sufrimientos. Su segundo hijo llamado Peter murió de fiebre. Su esposa se enfermó de nuevo a principios del año 1795 y de allí en adelante nunca estuvo bien mentalmente. (Carey la cuidó aunque ella se puso tan mala que se volvía violenta. Con el paso del tiempo, algunos amigos le aconsejaron que la pusiera en una institución, pero sabiendo como cuidaban a la gente en esos lugares, Carey nunca aceptó ese consejo, haciendo provisión en su casa hasta que ella murió en 1808.)

En octubre de 1796 el primer recluta misionero sorprendió a Carey entrando en su casa una tarde. Su nombre era John Fountain; su presencia animó a Carey. En 1798 el dueño de la plantación, Sr Udny, compró una imprenta para Carey y Fountain. Luego de esta bendición Carey recibió una carta de William Ward, un creyente que sabía cómo imprimir libros. La Sociedad iba a enviarle para ayudar a Carey, junto con algunos otros misioneros. Esa carta llegó en mayo de 1799, pero a la vez en ese mismo mes el dueño de la plantación, debido a inundaciones, sequías y otros problemas, vio la necesidad de cerrar sus operaciones y dio aviso de que lo haría al fin del año 1899.

Carey había servido en la India durante casi seis años, sin ver ni a un indio convertido de verdad y ahora estaba enfrentando el desempleo mientras que un grupo de misioneros venían de camino. Carey hizo arreglos para trabajar en otro lugar y gastó en los arreglos para lograr este fin. Pero cuando los misioneros llegaron a Serampore que pertenecía a los daneses los ingleses no los permitieron entrar en territorio controlado por ellos y aun trataron de obligar a los daneses a que los entregaran para deportarlos. Pero los daneses dijeron que no. Carey abandonó el lugar donde estaba, perdiendo el tiempo y el dinero invertido, pero no dudando de su deber. Llevaron la prensa a Serampore y allí comenzó un nuevo capítulo en la obra misionera en la India.

El famoso trio de Carey, Marshman y Ward mantuvieron contacto con la Sociedad misionera y sus cartas e informes fueron publicados hasta que el mundo pudo ver que a pesar de que eran poca gente, por medio de la fe y la oración podrían esperar grandes cosas y esforzarse para hacer grandes cosas. Por eso, Carey se llama el “padre de las misiones modernas”, un título que jamás buscó, esperó o se hubiera imaginado. Él sabía muy bien de las labores de otros y fue animado por esas labores. Pero los logros de traducciones de las Escrituras, las conversiones que eventualmente se vieron, fueron como llamamientos a otros para servir al Señor alrededor del mundo. Carey oró para que la Sociedad Bautista pudiera enviar misioneros a África y a muchos otros lugares, y la exhortó a que lo hiciera.

En Serampore, Carey rehusó hacerse jefe de los cinco misioneros (Carey, Fountain, Brunsdon, Marshman y Ward) e hicieron un acuerdo. Uso la descripción de Culross para explicarlo:

Teniendo en mente el tipo de organización comunal que asumieron los cristianos moravos cuando salieron de Bohemia a causa de las persecuciones ellos también adoptaron la idea de la iglesia en Pentecostés. Decidieron constituirse como si fueran una sola familia. Tendrían un fondo común en el que realizar los ingresos. (sean cuales fueren los medios de adquirirlos), una mesa común, y un hogar común, siendo dada a cada uno una pequeña suma separada como dinero particular. Todo lo que sobraba debía de dedicarse al sostenimiento de las viudas y huérfanos y a la propagación del evangelio, bajo la dirección de los hermanos así unidos. Los misioneros debían de considerarse como iguales, y tendrían que predicar y dirigir los cultos por turnos. Establecieron turnos por los que cada uno debería de ser responsable cada mes de los arreglos y gastos domésticos. Carey fue nombrado tesorero y guardián de la caja de medicinas, y Fountain era el bibliotecario.

El espíritu que los lideraba se ve en la “Forma de Acuerdo” que firmaron y que debería de leerse públicamente tres veces al año en cada misión.

1. Debía preservarse vivo “un sentido profundo del valor de las almas;” considerando a las multitudes como “inmortales.”
2. Debían esforzarse para entender bien a aquellos entre quienes trabajaban, familiarizándose con sus modos de pensar y sentir.
3. Debían evitar todo lo que aumentara la preocupación nativa en contra del evangelio, todas las palabras y actos descuidados, y deberían prestar atención para no ser ásperos en su predicación, acordándose de que las verdaderas conquistas del evangelio son las del amor.
4. El secreto de ser útil no consiste en estar siempre de pie; sino que debían estar alerta para usar todas las oportunidades para hacer el bien.
5. Debían centrar en “Cristo” el asunto de su predicación; es su amor, sólo Él, es Quien que puede ganar a las almas, y no hay esperanzas sino en un ministerio de amor.
6. Debían conquistar la confianza del pueblo.
7. Debían cuidar de los conversos con paciencia y ternura, porque las plantas nuevas en semejante clima deben ser nutridas con afecto especial.
8. Deben animarlos a hacer conocer el evangelio a sus compatriotas; porque “sólo por medio de los ministros nativos puede difundirse el conocimiento de la salvación en todas partes de la India; y a la vez que se forman iglesias deben escogerse pastores y diáconos de entre sus propios compatriotas aconsejándolos el misionero del distrito cuando sea necesario, pero dirigiendo sus propios esfuerzos especialmente a la extensión del evangelio y la organización de nuevas iglesias.
9. Deben trabajar con todas sus fuerzas para hacer traducciones de la Biblia en los distintos idiomas de la India; en hacer circular estas traducciones; y en establecer escuelas gratuitas para los nativos.
10. Y para que sean idóneos para ejercer estos ‘trabajos’ de vital importancia deben ser constantes en la oración y en el cultivo de la religión personal”.
11. “Finalmente,” dicen, “consagrémonos sin reserva a esta causa gloriosa. Que no pensemos nunca que nuestro tiempo, nuestros dones, nuestra fuerza, nuestra familia, o aun la ropa que usamos, nos pertenecen. Santifiquémoslos todos a Dios y a su causa. ¡Oh, que nos santifique Él a nosotros para su obra! Deshagámonos para siempre de la idea de atesorar aun un centavo para nosotros o nuestros hijos. Si abandonamos la resolución que tomamos sobre el asunto del comercio privado cuando al principio hicimos nuestra unión en Serampore la misión será, desde esa hora, una causa perdida. Un espíritu mundano, disputas y toda obra mala sobrevendrán en el momento en que se admita que cada hermano pueda hacer algo de su propia cuenta. ¡Ay de aquel hombre que alguna vez haga algún movimiento hacia semejante camino!”
Este “Acuerdo” no fue escrito sino hasta el año 1805; pero exhibe el propósito y la manera de vida a que los hermanos de Serampore se destinaron desde el principio. De haber obrado en conformidad con él desde el principio, la Sociedad en Inglaterra, podría haber impedido muchas de las molestias de los años siguientes.

En ese año de 1800 trabajaron en la traducción del Nuevo Testamento al Bengalí, página por página. Predicaron el evangelio y el 28 de diciembre de 1800 bautizaron a Krishna Pal, un carpintero, el primer hombre convertido del hinduismo que confesó a Cristo y pidió ser bautizado, las primicias de la cosecha que esperaban.

El 5 de marzo de 1801 la primera copia encuadernada del Nuevo Testamento en bengalí fue presentado en un culto especial. Carey había trabajado durante más de 7 años para ver esa meta realizada. La última página fue impresa el 7 de febrero. Luego vino la encuadernación y el tiempo especial de acción de gracias al Señor.

En abril de ese año, Carey fue invitado a ocupar la posición de profesor de bengalí en un nuevo colegio llamado Fort William College en Calcuta. Bretaña estaba haciendo unas reformas, entre ellas proveyendo una buena educación con la esperanza de tener buenos líderes en el futuro.
Sin embargo, como Carey no era anglicano no le llamaron “profesor” sino “tutor” para evitar problemas. Le pagaron bien y todo fue aportado para la bolsa común. Pronto, pusieron a Carey a enseñar en Sánscrito también. Carey continuó en esa posición de profesor durante 30 años y eso le dio de la oportunidad de trabajar en los idiomas de tal manera que antes de morir había traducido la Biblia completa en 6 idiomas, casi toda la Biblia en 3 idiomas más, el Nuevo Testamento en 21 idiomas y porciones del Nuevo Testamento en 5 otros idiomas.

Después del bautismo de Krishna Pal, otros se convirtieron y Krishna Pal y algunos de ellos fueron enseñados y viendo sus dones, fueron enviados a predicar a otros. Las puertas estaban abiertas. Los misioneros en Serampore querían establecer un centro en el cual otros podrían aprender los idiomas y salir para predicar hasta los confines de la tierra.

Desde 1806 hasta 1812 los deseos de los misioneros encontraron la oposición de muchos ingleses e indios, pero Dios levantó amigos bien posicionados que protegieron a los misioneros de manera que pudieron continuar sus labores.

Durante esos años también Carey vio a Dorothy morir en diciembre de 1807. Seis meses después Carey se casó de nuevo con Charlotte Rumohr, una mujer danesa de una familia conocida, enfermiza físicamente, pero de carácter muy espiritual y experta en el asunto de los idiomas. Parece que había mucho amor entre ellos. Carey también tuvo el gozo de ver a sus hijos sirviendo al Señor, aunque Felix el mayor se apartó por un tiempo, atraído por altas posiciones con los gobernantes en diferentes lugares.

La obra recibió un duro golpe en el año 1812, porque un fuego devoró gran parte del edificio principal de la misión en Serampore. Valiosos manuscritos, diccionarios y gramáticas de Carey perecieron y no había copias. Tuvo que comenzar de nuevo sus trabajos de todo cuanto se perdió.
En 1813 el parlamento de Inglaterra comunicó a la compañía que controlaba la India que permitieran la entrada de misioneros y que no estorbaran sus labores. En Serampore Carey y sus compañeros comenzaron una escuela para educar a los indios, especialmente los hijos de los creyentes para el futuro de la obra cristiana. Junto con el progreso y las bendiciones llegaron también los problemas, entre los mismos misioneros y con la Sociedad. Con la muerte de los fundadores y el crecimiento de la Sociedad Misionera Bautista hubo quienes la querían controlar y dirigir. Además, algunos de los nuevos misioneros no estaban preparados para vivir como Carey y sus compañeros. Hubo conflictos, pero Carey buscó la manera más apacible para resolverlos.

Carey perdió a su esposa Charlotte en 1821. Krishna Pal murió en 1822 y también Felix, el hijo mayor de Carey, a los 37 años de edad. El misionero veterano Ward, parte del “trio de Serampore” murió en 1823. En 1825 Carey oyó la noticia de la muerte de Ryland, el último del “trío” de los que eran los íntimos amigos de Carey (Sutcliff murió en 1814, Fuller en 1815).

En 1823 Carey halló una buena esposa en Grace Hughes, con quien vivió hasta que él fue llamado a la presencia del Señor en 1834.

Carey vio muchos cambios en la India. El evangelio llegó a muchas partes. Las Escrituras también. Socialmente, Carey y otros empujaron a los ingleses para que prohibieran el sacrificio de bebés en el río (costumbre que llevaban a cabo cumpliendo votos hechos por mujeres estériles que harían tal cosa si su dios les diera un hijo) y el quemar a las viudas vivas junto al cuerpo de sus esposos que habían muerto. Carey estaba muy opuesto a la esclavitud también. Pero sobre todo reconoció que solo Dios puede rescatar a los pecadores y hace eso mediante la predicación del evangelio y la obra Soberana de su Espíritu Santo.

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Conferencia Pastoral 2009 | Amigos de William (Guillermo) Carey

Notas sobre la vida y los tiempos de los hombres
principales que apoyaron a Carey en su misión a la India

Estas notas están basadas en el libro One Heart and One Soul (Un corazón y una alma) escrito por Michael A. G. Haykin, y publicado por Evangelical Press, Durham, England, 1994.

El propósito de este estudio es examinar lo que estaba detrás de la misión de William Carey que tuvo una influencia mundial y efectos directos e indirectos hasta el día de hoy en asuntos de misiones.

Condiciones en Inglaterra en las iglesias bautistas y otras iglesias no conformistas (presbiterianas, congregacionalistas, etc.)

Durante los tiempos de tolerancia religiosa de Cromwell el señor protector de Inglaterra, los bautistas particulares (“calvinista”) prosperaron; sus congregaciones crecieron. Publicaron una confesión de fe en 1643 que definió ciertos puntos de vista bautista. El documento demuestra su fe en las doctrinas de la gracia. Pastores representando 7 congregaciones en Londres firmaron esa primera confesión de fe. Cuando en 1677 hicieron una nueva confesión, más completa y diseñada para mostrar su unidad con presbiterianos y congregacionalistas en muchos asuntos esenciales, había muchos más pastores firmando (incluyendo 2 que firmaron la confesión de 1643 que estaban vivos todavía). Dios había bendecido sus oraciones, celo y predicación.

Como noto en otro lugar, esos tiempos sin rey duraron desde 1644 hasta 1660 cuando el hijo de Carlos I, Carlos II, logró sentarse en el trono de Inglaterra, como 2 años después de la muerte de Cromwell. Carlos II básicamente creía en el catolicismo romano y mediante la iglesia anglicana buscó aplastar el protestantismo y obligar a todos a presentarse en los cultos de la iglesia anglicana, aportar a la iglesia anglicana, estar en comunión con ella y conformarse a todas sus reglas. Cualquier ministro que no quiso conformarse fue despojado de su ministerio y en un día en el año 1662, 2000 ministros fueron despedidos. Muchas leyes opresivas fueron hechas para tapar la boca de todo ministro no conformista. Fueron multados, encarcelados, desterrados y hasta matados por no aceptar lo que el rey y los líderes anglicanos quisieron.

En 1688 Inglaterra fue liberada del yugo de los pro-católicos y los protestantes William y Mary comenzaron a reinar. Una vez más había tolerancia de las reuniones y adoración de iglesias que no eran anglicanas. Sin embargo, había unas leyes pasadas por parlamento en los días de Carlos II que no fueron cambiadas. Por ejemplo, sólo los que estaban en comunión con la Iglesia Anglicana podrían ser empleados del gobierno, oficiales en el ejército o marina y maestros de escuelas reconocidas por las autoridades (“acreditadas”). Los que no eran de la iglesia oficial de Inglaterra no pudieron graduarse de las universidades de renombre como Oxford y Cambridge. También era necesario registrar los edificios donde se reunían y limitar sus actividades públicas a esos edificios. O sea, había tolerancia de la religión de otros que no eran anglicanos (como bautistas, presbiterianos, congregacionalistas, cuáqueros y otros “no conformistas”, “disidentes”, o “independientes”), pero sus libertades o derechos civiles fueron restringidos y muchas veces fueron mirados con sospecho como potenciales enemigos del estado, revolucionarios, “terroristas”.

Esa clase de restricciones contribuyó a la rebeldía de los habitantes de las trece colonias de Inglaterra en norte América que resultó en la Declaración de Independencia en el 4 de julio de 1776 y la consecuente Revolución que tuvo éxito después de varios años de guerra (formalmente terminado en 1783).

Este discrimen legal y social afectó a los bautistas y su crecimiento en los años del siglo 18, y no solo eso, sino el hipercalvinismo de muchos también. John Gill (cuyos comentarios todavía están disponibles) y John Brine y otros tuvieron una influencia negativa en muchos pastores e iglesias. Además, había controversias entre los bautistas que causaron problemas (por ejemplo, si era correcto cantar himnos en el culto de adoración). Las distancias entre las iglesias y los caminos feos que tuvieron que usar para visitar unos a otros limitaron el contacto y los beneficios que acompañan el compañerismo cristiano. Hay evidencias de declinación entre los bautistas. Un historiador estimó que entre 1715 y 1718 había como 220 iglesias bautistas en Inglaterra y Gales. En 1750 había un estimado de cómo 150 iglesias bautistas, y esto a pesar de lo que estaba pasando en Inglaterra.

Comenzando en los 1730 había avivamientos en partes de Inglaterra y luego en América del norte. Los nombres de George Whitefield y los Wesleys son unos famosos asociados con ese tiempo. En las colonias los bautistas fueron afectados para bien, pero en Inglaterra por muchos años el “avivamiento” no tocó a la mayoría de los bautistas, que eran estrictos en su doctrina y sospechosos de “entusiasmo” (parecido a lo que llamaríamos “carismatismo” o “pentecostalismo” o “misticismo” en el día de hoy).

Pero en las últimas 3 décadas del siglo 18 hubo cambios grandes entre los bautistas calvinistas (Particular Baptists). Cosas buenas sucedieron en sus iglesias en Inglaterra y en sus esfuerzos para establecer iglesias en otros países. En relación a misiones hay cuatro nombres prominentes en estos cambios: John Sutcliff, Andrew Fuller, John Ryland, hijo, y William Carey. Una contemplación de sus vidas y ministerios es edificante.

John Sutcliff

Sutcliff nació 9 agosto 1752 en el área de Yorkshire en el norte de Inglaterra. Sus padres eran piadosos. Criaron a sus hijos en el temor del Señor, enseñándoles de evitar malos compañeros y otras verdades útiles. Se reunieron en iglesias bautistas. El pastor que más influencia tenía en la vida de John era John Fawcett, un bautista calvinista evangélico, convertido por medio del ministerio de personas asociadas con el Gran “Despertamiento” (Avivamiento). Sutcliff fue llamado eficazmente cuando tenía como 15 o 16 años (en 1767 o 1768). Fue aceptado como miembro de la iglesia el 28 de mayo de 1769, supuestamente habiendo sido bautizado por Fawcett. Mostró un gran interés en las Escrituras, y le gustó leer. Ayudó enseñar a niños. Fawcett era su mentor y viendo los dones de un ministro del evangelio recomendó que estudiara en la única institución que existía en Inglaterra para la buena preparación de ministros bautistas (dado el discrimen contra ellos), Bristol Baptist Academy.

En enero de 1772 John Sutcliff caminó como 200 millas hacia el sur y oeste para llegar a la ciudad de Bristol, la iglesia bautista (calvinista) Broadmead y su academia. Muchos años antes un hombre próspero dejó un fondo a la iglesia de Broadmead para que uno de sus ministros, capacitado en Hebreo y Griego, enseñara a otros en el contexto de una iglesia local para que los bautistas pudieron tener una sucesión de pastores preparados. Bautistas conocidos, como Benjamin Beddome y John Ryland, padre, habían estudiado allí y después de ellos, muchos más estudiaron. En los días de Sutcliff, el pastor y maestro principal fue Hugh Evans. Su hijo Caleb Evans ayudó y después de la muerte de su padre en 1781, Caleb fue llamado como pastor de la iglesia y principal de la Academia.

Los estudios eran fuertes y a la vez los estudiantes tuvieron que ejercitar sus dones. Sutcliff predicó regularmente especialmente en un sitio llamado Trowbridge. Hizo amigos. Hacia el final de sus estudios, predicó en Northampton por John Ryland padre y conoció a su hijo John Ryland, el cual se convirtió en amigo hasta la muerte. Sutcliff terminó sus estudios formales en mayo de 1774.

Es importante mencionar que Sutcliff fue introducido a los escritos de Jonathan Edwards, el gran teólogo de Nueva Inglaterra, amigo de Whitefield y testigo de grandes obras de Dios en sus tiempos. No sabemos si fue Fawcett o los Evans, pero Sutcliff leía con cuidado las publicaciones de Edwards. Luego podemos ver que quizás indirectamente podríamos llamar a Edwards el padre de las misiones calvinistas modernas, porque por sus libros ejercitó una fuerte influencia en Sutcliff, Carey y otros: en sus sermones y teología y en la publicación del diario y vida de David Brainerd.

Después de terminar sus estudios en 1774, Sutcliff fue invitado a Shrewsbury para ministrar en la iglesia allá. Pasó unos tiempos difíciles en esa iglesia dividida y finalmente tomó el consejo de unos amigos, renunció como pastor y viajó a la ciudad de Birmingham. Ayudó allí al pastor desde enero hasta junio de 1775.

En julio visitó por primera vez la ciudad de Olney. Los bautistas tenían un edificio en el cual 700 pudieron reunirse. Había una asistencia de cómo 300 a 400, pero hacía más de un año que no habían tenido un pastor.

La iglesia en Olney tenía más de 100 años de historia y había pasado por varias divisiones y problemas. Por poco desapareció en un tiempo de su historia. Su último pastor, antes de cansarse de lidiar con tantos problemas pastorales, había trabajado mucho y ayudó en la organización de una asociación de esa iglesia y 5 otras iglesias bautistas. La asociación fue llamada por el nombre de esa área, Asociación Bautista de Northamptonshire. Esa asociación creció pero nunca fue muy grande, sin embargo algunos de los pastores de esa asociación fueron el instrumento de una obra misionera bautista mundial.

Olney también era la ciudad en la cual John Newton fue cura de la iglesia anglicana desde 1764 hasta 1779. Además de las iglesias bautista y anglicana, había otra iglesia independiente, congregacional que creía en bautismo de los bebés. Sin embargo, en los días de Newton los tres pastores eran calvinistas y evangélicos. Newton no era sectario e hizo esfuerzos para tener y mantener amistad entre los pastores y sus iglesias, y vio sus deseos realizados. Había mucha paz entre los cristianos de Olney en general.

Sin embargo, como sucede frecuentemente, los bautistas no eran fáciles. Había entre ellos algunos miembros de tendencias “híper calvinistas” y otros que todavía no estaban muy de acuerdo con el uso de himnos en el culto. Sutcliff aceptó trabajar entre ellos. Tuvo una buena relación con Newton y el otro pastor y con la mayoría de los miembros, pero tuvo que hacer frente a contiendas y otros problemas entre algunos de los miembros. Trabajó duró para tener la iglesia unida y a la larga hasta los “híper calvinistas” que habían salido volvieron.

Por muchos años Sutcliff vivió soltero. Una mujer viuda proveyó alojamiento y él en cambio sirvió como tutor de su hijo. Ese arreglo fue idóneo. Sutcliff pudo gastar gran parte de su entrada económica en libros. Así adquirió una biblioteca excelente. Vivió de manera sencilla y estudiaba mucho.

En 1783 produjo un catecismo para niños. Fue reconocido como muy bueno, y aceptado por muchos. Varias impresiones fueron hechas.

En 1784 Sutcliff y sus amigos Andrew Fuller y John Ryland (hijo) hicieron una llamada a la oración. Conmovido por los escritos de Jonathan Edwards, después de un sermón predicado por Fuller en una reunión de la asociación, Sutcliff exhortó a las iglesias que una vez al mes celebraran una reunión para orar por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo. Las iglesias de la asociación tomaron en serio este llamamiento a la oración (un llamamiento hecho también por medio de una hoja impresa). Este llamamiento fue conocido por otros pastores e iglesias en otros lugares fuera de la Asociación y muchas otras iglesias bautistas y no bautistas también establecieron un tiempo mensual para pedir por estas cosas.

No nos sorprende saber que había un avivamiento de las iglesias bautistas y la extensión de sus enseñanzas y metas, y después la formación de la Sociedad Misionera en 1792. Como Sutcliff dijo una vez, Cada vez que llega un avivamiento de religión (cristiana) deseado por mucho tiempo, seguramente será efectuado por un derramamiento abundante del Espíritu Santo. Hay razones para creer que este evento bendito será precedido por o su acercamiento evidenciado por un espíritu de oración entre las iglesias. El deseo de ver a Dios glorificado en sus propias vidas y en el conocimiento de su nombre en el mundo era muy fuerte y se ve en la dependencia de El expresada en la oración constante.

Todos los pastores unidos en la Asociación Northamptonshire participaron con Sutcliff en ese esfuerzo, pero había dos de esos pastores que eran muy amigos de Sutcliff: John Ryland hijo y Andrew Fuller. William Carey no era pastor ordenado todavía, ni parte del grupo original, pero pronto estaba asociado con ellos en la asociación y en el compromiso de orar regularmente.

Miremos brevemente a unos datos sobre las vidas de los amigos de Sutcliff.

John Ryland (hijo)

John Ryland nació en 1753 (¿29 enero?) en Warwick. Su padre, John Ryland, era pastor de una iglesia bautista calvinista, un hombre conocido en y fuera de los círculos bautista, amigo de hombres bautistas como John Gill y Abraham Booth, y de hombres no bautista como George Whitefield y John Newton.

John Ryland hijo, el amigo de Sutcliff, Fuller y Carey, fue criado en un ambiente piadoso y de buena preparación educacional. Se dice que cuando tenía 5 años solamente citó el Salmo 23 en hebreo por un amigo de su papá. Antes de tener 12 años sabía latín, había leído Génesis en hebreo como 5 veces y había leído el Nuevo Testamento en griego.

Cuando tenía catorce años tuvo una gran preocupación en cuanto a su condición espiritual. El 8 de septiembre de 1767 oyó a Whitefield predicar y 5 días luego fue bautizado por su padre en el río Nen. Con todo, parece que luchaba con dudas sobre su salvación hasta mayo del año 1768 después de haber oído a su padre predicar dos sermones diferentes. El Señor los bendijo para mucho bien en su vida.

Tuvo la oportunidad de conocer los amigos de su padre. John Newton tenía un interés especial en John hijo y hay una colección de unas cuantas cartas que Newton le escribió, corrigiendo, animando, exhortando al joven en quien vio mucho potencial para bien.

Ryland comenzó a predicar cuando tenía 17 años de edad. Desde 1771 ayudó a su padre en la escuela que mantenía en Northampton. En 1781 fue ordenado en la iglesia bautista College Lane de Northampton para servir como pastor con su padre, y después de su padre aceptar servir en otro lugar en 1786 entonces John siguió allí como pastor principal, hasta 1793 cuando aceptó servir como pastor en la iglesia bautista Broadmead en Bristol y como tutor principal en la Academia.

Los Ryland conocieron a William Carey en el año 1983 cuando Carey fue persuadido de la enseñanza bíblica sobre el bautismo y quiso bautizarse conforme a las Escrituras. Carey buscó y consultó con John Ryland padre sobre el asunto. El padre tenía 60 años de edad en aquel tiempo y refirió el caso a su hijo. Sin tener idea alguna de los planes del Señor, John bautizó a Carey en el río Nen, el domingo 5 de octubre a las 6 de la mañana.

La iglesia donde servía en Northampton fue nutrida y Ryland predicó el evangelio en muchos otros lugares alredor también.

Ryland cooperó con Sutcliff y Fuller en el llamamiento a la oración y luego en la organización de la sociedad bautista para misiones y la gran empresa de enviar misioneros a otros países, comenzando con la India.

Andrew Fuller

Fuller nació el 6 de febrero de 1754 en Wicken, Cambridgeshire, Inglaterra. Sus padres eran creyentes, miembros de una iglesia bautista. Parece que ellos, como los padres de Sutcliff, cuidaban de su crianza.

Habiendo sido compungido de sus pecados y temeroso en cuanto a su salvación, tuvo muchas luchas en el ambiente hipercalvinista de su iglesia, pero a la larga el Señor triunfó por su palabra y en noviembre de 1769 conoció paz con el Señor, teniendo 15 años de edad. En marzo de 1770, vio un bautismo y deseó obedecer a su Señor de esa manera de modo que como un mes mas tarde fue bautizado. Pronto después Dios probó su fe cuando unos jóvenes del lugar se mofaron de él porque había sido “sumergido”. Dios le dio la gracia de aceptar tal oposición y aun desear el bien eterno de los que hicieron eso.

Desde su conversión Fuller amó a los hermanos y comunión con ellos. Un hombre de cómo 40 años de edad, bautizado con él, muy piadoso y estudioso, era buen amigo y le introdujo a unos buenos libros y también el pastor de la iglesia. Pero la paz de la iglesia fue interrumpida porque Fuller criticó a un hermano que tuvo problemas serios con el alcohol y se embriagaba. Ese hombre dijo que no tenía poder para corregir el problema. La iglesia disciplinó al borracho, pero se dividió sobre una pelea doctrinal que resultó como consecuencia y el pastor se fue.

Después el amigo de Fuller enseñaba regularmente en la iglesia, pero no como pastor. Una vez ese amigo tuvo un accidente un domingo por la mañana y dijo a la gente que Andrew podría enseñar. Después de eso sintió un interés en enseñar, pero hasta 1774 no enseñó mucho. En 1774 la iglesia misma le empujó hacia el ministerio y finalmente en 1775 fue ordenado en la iglesia de Soham, en la cual había sido criado desde 6 años de edad. Sirvió en Soham hasta 1782 y luego en Kettering hasta su muerte en 1815.

Fuller siempre consultaba su Biblia en todo y pensaba profundamente sobre todo tema presentado. En el día de su ordenación en Soham, Robert Hall, un pastor bautista conocido participó en la ordenación de Fuller. Durante la ordenación preguntaron sobre como vio los asuntos doctrinales envueltos en el problema que dividió la iglesia. Oyeron la explicación de Fuller basado en unas enseñanzas de John Gill y estaban satisfechos, pero después el pastor Hall recomendó que leyera el libro de Jonathan Edwards sobre la libertad de la voluntad (albedrío) humana. Fuller nunca había oído de Jonathan Edwards o de ese libró. Le confundió con un John Edwards y leyó otro libró y no entendió la relación con los asuntos que salieron durante la ordenación. Luego descubrió su error y leyó el libro de Jonathan Edwards. El y Carey, Ryland y Sutcliff, todos aceptaron la distinción de Edwards entre una incapacidad moral y una incapacidad “física” o “natural” y con ese argumento hicieron frente al hipercalvinismo de sus tiempos.

Fuller leía los libros que pudo conseguir o tomar prestado, pero no tenía las ventajas de Sutcliff y Ryland. Al principio leía mayormente los escritos de los bautistas Gill y Bunyan y Brine. Leyó el libro de Gill sobre las doctrinas de la gracia The cause of God and Truth (La causa de Dios y de la verdad) y su libro de teología A Body of Divinity (Un cuerpo de divinidad, o sea teología). Observó que había una diferencia entre Bunyan y Gill en lo que se llama la “oferta” del evangelio o salvación a todos. Gill predicó el evangelio pero no de la misma manera que Bunyan la había predicado. Pero como Fuller no pudo armonizar la elección y la predestinación con tal clase de predicación como la de Bunyan, concluyó que Gill tenía más luz y que Bunyan se había equivocado en ese asunto.

Luego, Fuller tuvo la oportunidad de leer otros escritos y se dio cuenta de lo que la Biblia enseña. Como resultado hizo un estudio profundo y bíblico que resultó en la publicación (primera edición en 1785) de un libro llamado The Gospel Worthy of all Acceptation mostrando los errores del hipercalvinismo en su manera restringida de predicar el evangelio en el cual estaban exigiendo que una persona tuviera evidencias de su elección para que pudiera creer en Cristo. Esto no hicieron en tantas palabras, pero práctica e implícitamente eso es lo que estaban haciendo. Para algunos hipercalvinistas solamente los “pecadores sensibles” (o sea, sensibles de sus pecados) fueron invitados a Jesús, pero el “pecador sensible” es aquel en el cual Dios está obrando porque es uno de sus escogidos. Unos cuantos hipercalvinistas creyeron que el arrepentimiento y la fe no fueron deberes de todos, sino solamente de aquellos llamados eficazmente por el Espíritu Santo.

Una vez que Fuller y Sutcliff y Ryland conocieron los unos a los otros (en 1776) y se dieron cuenta que cada uno había tenido luchas con el hipercalvinismo en años anteriores, sus almas se unieron y ayudaron grandemente los unos a los otros. Sutcliff y Ryland y Robert Hall leyeron el manuscrito de Fuller sobre El evangelio digno de toda aceptación y le instaron que lo publicara. Fuller no quiso porque sabía que iba a traer controversia, pero se sometió al consejo de otros hombres de Dios.

La liberación del hipercalvinismo (o del “calvinismo falso” como Fuller lo llamó frecuentemente) y la aceptación del calvinismo evangélico, visto en la fe de hombres como Bunyan y Owen y Whitefield y muchísimos otros, trajo como consecuencia más proclamación del evangelio en los lugares de su ministerio y finalmente en la proclamación en otros lugares del mundo.

Ninguno de estos hombres dejó su fe en la gracia soberana de Dios, en lo que se llama las doctrinas de la gracia o el calvinismo. Nunca se avergonzaron de esas verdades y fueron grandes oponentes al arminianismo. A la vez, Fuller declaró su creencia en que había gente regenerada tanto entre los arminianos como entre los hipercalvinistas, porque, como él explicó, había hombres santos que tenían principios espirituales arraigados en su ser mientras que tenían a la vez opiniones flotando en sus cabezas que nunca afectaron la práctica (Memoir, Pág. 16).

Antes de seguir, quisiera observar 2 cosas. Primero, cuán bueno es la comunión con otros hermanos que han experimentado la gracia de Dios. Para Sutcliff y Ryland y Fuller su amistad trajo mucho bien a su vida. Después de la instalación de Fuller como pastor en Kettering (comenzó a servir en 1782 y fue ordenado en 1783) tuvieron mucho más contacto porque estaban más cerca geográficamente.

Segundo, vemos en el caso de estos tres pastores amigos que los tres fueron criados en hogares de cristianos piadosos. No eran de la iglesia oficial, sus hijos no fueron bautizados como bebés sino criados en iglesias bautistas particulares (“calvinistas”), enseñados el evangelio, aunque Ryland y Fuller estaban bajo fuertes influencias de hipercalvinismo. Pero vieron su necesidad de salvación y fueron atraídos a Jesucristo por la obra salvadora de Dios en sus vidas cuando eran adolescentes: Ryland a los 14 años; Fuller convertido a 15 y bautizado a 16; y Sucliff, convertido a 15 o 16 años de edad (no hay mucha información precisa en su caso) y bautizado como a 16 años (como se supone, porque fue aceptado como miembro de la iglesia en mayo de 1769, no teniendo 17 años de edad todavía).

Estos son los hombres que fueron unidos en la Asociación Bautista de Northamptonshire, junto con otros pastores de iglesias bautistas conocidas como calvinistas. Estos son los hombres que hicieron un compromiso de orar unidos regularmente en tiempos establecidos “por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo” y cumplieron con gozo.

Hacia el fin de 1784 Sutcliff fue invitado por la iglesia bautista de Earls Barton para que los aconsejara en el llamamiento e instalación de un pastor. La iglesia tenía interés en un hombre joven llamado William Carey que desde 1782 había predicado por ellos regularmente cada 2 semanas.

Sutcliff visitó al sitio temprano en el año 1785, predicó a ellos y habló con Carey. Como Carey era miembro de una iglesia floja en algunos sentidos, Sutcliff le aconsejó que se uniera con una iglesia sólida para continuar su ministerio como parte de una iglesia bautista sana en la fe.

Carey oyó el consejo y pidió unirse a la iglesia bautista en Olney con Sutcliff como su pastor. Carey había predicado con la bendición del Señor en otros lugares, pero la primera vez que predicó delante de esa iglesia de Olney, en un edificio que podía acomodar a 700 personas, la predicación fue tan pobre que la iglesia no pudo ver los dones de un pastor. No obstante, con el consejo y apoyo de ellos, siguió predicando en Earls Barton y también en un pueblo llamado Moulton.

Carey se había mudado a una aldea llamada Moulton en marzo de 1785 para abrir una escuela y seguir su oficio. Allí había una pobre iglesia bautista bien cerca de su casa. El edificio de ellos estaba muy deteriorado y también el ánimo y condición de los miembros. Carey predicó y ayudó a ellos en los domingos cuando no estaba en Earls Barton y en otros tiempos. Había unas conversiones, se animaron de nuevo los pocos creyentes de manera que ellos también quisieron que Carey fuera su pastor.

En el verano de 1786 Carey predicó otra vez en Olney y esa vez la iglesia estaba satisfecha y le comisionó a predicar a “dondequiera que Dios en su providencia le llamaría”, así reconociendo sus dones para predicar.

Con dos iglesias pidiendo su ayuda Carey consultó con Sutcliff. Decidió entonces aceptar la invitación de la iglesia de Moulton donde vivía. Fue ordenado al ministerio 1 agosto 1787. Había como 20 ministros presentes y John Sutcliff de Olney, Andrew Fuller de Kettering y John Ryland (hijo) de Northampton participaron de manera especial.

Desde el tiempo de su ordenación Carey tuvo más oportunidades de reunirse con los tres amigos y conocerles. Se formó una gran amistad entre los cuatro. Estaban unidos en los tiempos señalados para oración en las iglesias en las cuales cada uno servía.

Carey tenía gran interés en la condición de los paganos en el mundo y leía cada cosa que podía obtener sobre la condición espiritual de las naciones. Estaba persuadido que el uso de medios para buscar la conversión de los perdidos en todo lugar era una obligación perpetua de las iglesias del Señor Jesucristo. Las iglesias estaban orando por la extensión del reino del Señor en el mundo entero, pero ¿no tenían una obligación de hacer algo más que orar y esperar? Carey creía que sí y habló con todos sus amigos por separado y aun propuso que consideraran el tema en una de las reuniones de la asociación.

Además, con la aprobación de sus amigos trabajó en un panfleto sobre el asunto. Se llama “Una investigación sobre la obligación de los cristianos de usar medios para la conversión de los paganos”. Es reconocido como una presentación clásica del argumento para las misiones. Había cinco (5) secciones: la primera trató los argumentos usado contra la obligación; la segunda dio una historia de misiones en el mundo; la tercera contenía datos sobre la condición del mundo; la cuarta contestó las objeciones prácticas presentadas por la gente; finalmente, los medios necesarios, comenzando con la oración y dependencia conciente del Señor porque sólo El puede salvar a cualquier persona y sin El toda labor es en vano.

Carey había oído muchos argumentos en contra y había recibido reprensiones por algunos. Algunos de los que andaban en hipercalvinismo le llamaron “arminiano”. Por ejemplo, una vez Ryland le invitó a predicar en la iglesia de Northampton y algunos no quisieron oírle y otros criticaron su mensaje injustamente según la lamentación de Ryland. Supuestamente fue el padre de Ryland que en una reunión de algunos de la Asociación dijo a Carey: “Siéntate joven, cuando Dios quiere salvar a las naciones lo hará sin tu ayuda o la mía”. Hay varias versiones de lo que pasó y no podemos estar seguros. El hijo de Ryland dijo que no se acordó de haber oído a su padre decir tal cosa. Pero sabemos que había oposición.

Los tres amigos simpatizaron mucho con Carey y sus deseos. Todos continuaron orando con sus iglesias “por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo”.

En el año 1791 había una reunión de los pastores de la Asociación. Sutcliff y Fuller habían sido seleccionados para predicar. Sutcliff predicó un sermón sobre “Celos por el Señor” basado en 1 Reyes 19:14. Los que oyeron fueron tocados profundamente. El sermón fue publicado junto con el sermón que Fuller ese mismo día en la reunión. Fuller predicó sobre la “Influencia perniciosa de postergar” basado en Hageo 1:2. Después de oír los mensajes y viendo la reacción de los pastores Carey los instó que hicieran algo para realizar misiones entre los paganos. (El mismo tenía deseos de servir, especialmente en Tahiti en el Mar Pacífico, habiendo leído tanto sobre esa isla en los escritos de Capitán Cook.) Todos sintieron su pequeñez, pobreza y limitaciones y Sutcliff dijo que era necesario tener cuidado y no apresurarse. Lo positivo que salió de la reunión fue el apoyo que dieron a Carey para que publicara la “Investigación…”

En mayo de 1792 en la reunión de la asociación Carey predicó su sermón famoso sobre Isaías 54:2-3 con el bosquejo simple de dos puntos: Espera grandes cosas y ensaya (o, esfuérzate para hacer) grandes cosas (en inglés: Expect great things; attempt great things). Los pastores fueron conmovidos. Sin embargo, estaban a punto de cerrar la reunión sin tomar ninguna decisión, cuando Carey suplicó a Fuller y Fuller persuadió al moderador que todos consideraran el asunto de formar una sociedad para misiones. Aprobaron que un plan fuera presentado en la próxima reunión en octubre. Carey estaba seguro que la sociedad sería formado y quiso ser el primer donante prometiendo dar a la sociedad lo que recibiera de la venta de su ya publicada “Investigación…”.

En octubre de 1792 nació la “Sociedad de bautistas particulares para la propagación del evangelio entre los paganos” (inglés: Particular Baptist Society for the Propagation of the Gospel among the Heathen). Los “miembros” hicieron promesas de contribuciones y lo que recibieron ese día y las notas de las promesas de 13 hombres fueron colocadas en una caja de tabaco vacía que pertenecía a Fuller. La caja fue decorada con un dibujo de la conversión de Saulo de Tarso en la tapa.

El primer nombre en la lista de donantes es el de Ryland quien prometió 2 libras (esterlinas) y 2 chelines a la causa. El segundo nombre fue el del pastor Reynold Hogg por la misma cantidad; los nombres de Fuller y Sutcliff siguen con promesas de 1 libra y 1 chelín cada uno; y después hay 9 nombres más. Once de los 13 eran pastores. Sus iglesias no tenían grandes recursos económicos; los sueldos de los pastores eran bajos. Uno de los pastores presente en la formación de la sociedad fue Samuel Pearce, hombre piadoso, tremendo predicador, de buen nombre. Era pastor en la iglesia bautista de Birmingham, y esa iglesia pertenecía a otra sociedad. Estaba presente porque fue invitado por ellos para que predicara. Pearce también era de un solo corazón y una sola alma con Carey, Fuller, Ryland y Sutcliff. Dentro de poco pudo traer un regalo de 70 libras de su iglesia para la obra misionera.

El comité ejecutiva de la Sociedad fue: Ryland, Carey, Fuller (secretario), Sutcliff y Hogg (tesorero). Luego Hogg tuvo que renunciar como tesorero porque no tenía tiempo, pero Fuller continuó como secretario hasta su muerte en 1815. Un amigo de Fuller le llamó un “mártir de la misión”.

Habían hecho un comienzo. Ahora, ¿a quién enviar? Conocieron a un hombre, John Thomas, un médico, que había servido como “misionero” en Bengali en la India. Sabía el idioma. Quiso volver y llevar con él un compañero. En enero de 1793 Thomas visitó la Sociedad Bautista y después de oírle Carey se ofreció como voluntario de acompañar a Thomas a la India. La Sociedad dio su apoyo y buscó la cooperación de otras iglesias e individuos. Decidieron que debieron salir en abril de ese año.

Antes de la salida de Carey, él llamó aparte a Fuller, Ryland, Sutcliff y Pearce y entró en un pacto con ellos. El iba, pero quiso que prometieran solemnemente nunca dejar de orar por él o abandonar la amistad. Fuller luego usó la figura, Carey iba a descender a la mina y ellos iban a sostener las sogas. Así prometieron y así cumplieron. Parece que eran de un solo corazón y una sola alma.

La compañía que representó los intereses de Inglaterra en la India no permitía a misioneros. Cualquier persona que quiso ir necesitaba permiso, una “licencia”. Thomas y Carey enfrentaron muchos contratiempos y por un tiempo pareció que su salida en 1793 sería imposible. Fue un tiempo difícil para todos, anticipando la vergüenza de ver sus planes frustrados y anticipando la crítica de muchos y el efecto en sus deseos y planes. Pero el Señor obró en su providencia y salieron en junio, llegando en noviembre, 1793.

Sutcliff recibió su primera carta de Carey el 29 de julio de 1794 (escrito por Carey el 3 de enero). Vemos el problema que enfrentaron en enviar y recibir correspondencia. Inglaterra y Francia estaban batallando y se complicó la situación aun más por eso. Muchas veces las situaciones habían cambiado durante el tiempo entre cartas y lo dicho o aconsejado no tenía aplicación.

Cuando Carey se ocupó en el trabajo de supervisar una plantación de índigo, había preocupación de que no estaba realmente atendiendo a la meta y misión principal, aunque Carey siempre quería ver a toda misión sosteniendo a sí misma lo más pronto posible. También Carey siempre tenía mucho interés en plantas y pedía frecuentemente que le enviaran herramientas agrícolas y semillas, plantas y pedazos de plantas cortadas de manera que sirvieran para sembrar en la India. Sutcliff cuyo deleite fue estudiar no pudo simpatizar mucho con ese “pasatiempo” de Carey. Prefirió enviarle libros más que plantas.

Los amigos de Carey cumplieron su promesa y cada uno fue fiel hasta la muerte. Pearce murió joven, pero los otros tenían más de 20 años de amistad antes de morir. Todos murieron antes de Carey. La fidelidad de ellos se nota en la gran cantidad de cartas enviadas unos a otros. Gracias al Señor muchas de esas cartas fueron preservadas.

La fidelidad se ve de maneras prácticas porque buscaron otros obreros para enviar a los mieses. Enviaron a John Fountain primero; luego, en 1799 enviaron a Ward, Marshman, Brunsdon y un hombre llamado Grant que murió poco después de llegar. De estos, los tres que trabajaron unidos y productivos por muchos años fueron Carey, Ward y Marshman, llamados a veces el “trio de Serampore”.

A través de los años suplieron otros hombres y materiales, aunque una vez allí Carey buscó cómo pudieron sostener a sí mismos y no depender de fondos de afuera. Los que vinieron luego no trabajaron con la misma armonía de Carey, Ward y Marshman, pero el evangelio fue proclamado más y más.

Además de su interés en la India la Sociedad buscó entrar en otros lugares, por ejemplo, en Africa. También, en Inglaterra las iglesias bautistas calvinistas experimentaban bendiciones de conversiones, aumento de miembros y crecimiento espiritual; como si fuera un pequeño avivamiento. Parece que su interés en la conversión de los paganos de otros países iba acompañado de un interés en la conversión de sus prójimos.

Podemos leer de lo que Dios hizo por medio de Carey, y fue mucho, pero debemos reconocer que Dios usó sus amigos y su apoyo también para que todo fuera realizado. Necesitamos trabajar unidos en la obra del Señor.

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Conferencia Pastoral 2009 | Amigos de William (Guillermo) Carey

Notas sobre la vida y los tiempos de los hombres
principales que apoyaron a Carey en su misión a la India

Estas notas están basadas en el libro One Heart and One Soul (Un corazón y una alma) escrito por Michael A. G. Haykin, y publicado por Evangelical Press, Durham, England, 1994.

El propósito de este estudio es examinar lo que estaba detrás de la misión de William Carey que tuvo una influencia mundial y efectos directos e indirectos hasta el día de hoy en asuntos de misiones.

Condiciones en Inglaterra en las iglesias bautistas y otras iglesias no conformistas (presbiterianas, congregacionalistas, etc.)

Durante los tiempos de tolerancia religiosa de Cromwell el señor protector de Inglaterra, los bautistas particulares (“calvinista”) prosperaron; sus congregaciones crecieron. Publicaron una confesión de fe en 1643 que definió ciertos puntos de vista bautista. El documento demuestra su fe en las doctrinas de la gracia. Pastores representando 7 congregaciones en Londres firmaron esa primera confesión de fe. Cuando en 1677 hicieron una nueva confesión, más completa y diseñada para mostrar su unidad con presbiterianos y congregacionalistas en muchos asuntos esenciales, había muchos más pastores firmando (incluyendo 2 que firmaron la confesión de 1643 que estaban vivos todavía). Dios había bendecido sus oraciones, celo y predicación.

Como noto en otro lugar, esos tiempos sin rey duraron desde 1644 hasta 1660 cuando el hijo de Carlos I, Carlos II, logró sentarse en el trono de Inglaterra, como 2 años después de la muerte de Cromwell. Carlos II básicamente creía en el catolicismo romano y mediante la iglesia anglicana buscó aplastar el protestantismo y obligar a todos a presentarse en los cultos de la iglesia anglicana, aportar a la iglesia anglicana, estar en comunión con ella y conformarse a todas sus reglas. Cualquier ministro que no quiso conformarse fue despojado de su ministerio y en un día en el año 1662, 2000 ministros fueron despedidos. Muchas leyes opresivas fueron hechas para tapar la boca de todo ministro no conformista. Fueron multados, encarcelados, desterrados y hasta matados por no aceptar lo que el rey y los líderes anglicanos quisieron.

En 1688 Inglaterra fue liberada del yugo de los pro-católicos y los protestantes William y Mary comenzaron a reinar. Una vez más había tolerancia de las reuniones y adoración de iglesias que no eran anglicanas. Sin embargo, había unas leyes pasadas por parlamento en los días de Carlos II que no fueron cambiadas. Por ejemplo, sólo los que estaban en comunión con la Iglesia Anglicana podrían ser empleados del gobierno, oficiales en el ejército o marina y maestros de escuelas reconocidas por las autoridades (“acreditadas”). Los que no eran de la iglesia oficial de Inglaterra no pudieron graduarse de las universidades de renombre como Oxford y Cambridge. También era necesario registrar los edificios donde se reunían y limitar sus actividades públicas a esos edificios. O sea, había tolerancia de la religión de otros que no eran anglicanos (como bautistas, presbiterianos, congregacionalistas, cuáqueros y otros “no conformistas”, “disidentes”, o “independientes”), pero sus libertades o derechos civiles fueron restringidos y muchas veces fueron mirados con sospecho como potenciales enemigos del estado, revolucionarios, “terroristas”.

Esa clase de restricciones contribuyó a la rebeldía de los habitantes de las trece colonias de Inglaterra en norte América que resultó en la Declaración de Independencia en el 4 de julio de 1776 y la consecuente Revolución que tuvo éxito después de varios años de guerra (formalmente terminado en 1783).

Este discrimen legal y social afectó a los bautistas y su crecimiento en los años del siglo 18, y no solo eso, sino el hipercalvinismo de muchos también. John Gill (cuyos comentarios todavía están disponibles) y John Brine y otros tuvieron una influencia negativa en muchos pastores e iglesias. Además, había controversias entre los bautistas que causaron problemas (por ejemplo, si era correcto cantar himnos en el culto de adoración). Las distancias entre las iglesias y los caminos feos que tuvieron que usar para visitar unos a otros limitaron el contacto y los beneficios que acompañan el compañerismo cristiano. Hay evidencias de declinación entre los bautistas. Un historiador estimó que entre 1715 y 1718 había como 220 iglesias bautistas en Inglaterra y Gales. En 1750 había un estimado de cómo 150 iglesias bautistas, y esto a pesar de lo que estaba pasando en Inglaterra.

Comenzando en los 1730 había avivamientos en partes de Inglaterra y luego en América del norte. Los nombres de George Whitefield y los Wesleys son unos famosos asociados con ese tiempo. En las colonias los bautistas fueron afectados para bien, pero en Inglaterra por muchos años el “avivamiento” no tocó a la mayoría de los bautistas, que eran estrictos en su doctrina y sospechosos de “entusiasmo” (parecido a lo que llamaríamos “carismatismo” o “pentecostalismo” o “misticismo” en el día de hoy).

Pero en las últimas 3 décadas del siglo 18 hubo cambios grandes entre los bautistas calvinistas (Particular Baptists). Cosas buenas sucedieron en sus iglesias en Inglaterra y en sus esfuerzos para establecer iglesias en otros países. En relación a misiones hay cuatro nombres prominentes en estos cambios: John Sutcliff, Andrew Fuller, John Ryland, hijo, y William Carey. Una contemplación de sus vidas y ministerios es edificante.

John Sutcliff

Sutcliff nació 9 agosto 1752 en el área de Yorkshire en el norte de Inglaterra. Sus padres eran piadosos. Criaron a sus hijos en el temor del Señor, enseñándoles de evitar malos compañeros y otras verdades útiles. Se reunieron en iglesias bautistas. El pastor que más influencia tenía en la vida de John era John Fawcett, un bautista calvinista evangélico, convertido por medio del ministerio de personas asociadas con el Gran “Despertamiento” (Avivamiento). Sutcliff fue llamado eficazmente cuando tenía como 15 o 16 años (en 1767 o 1768). Fue aceptado como miembro de la iglesia el 28 de mayo de 1769, supuestamente habiendo sido bautizado por Fawcett. Mostró un gran interés en las Escrituras, y le gustó leer. Ayudó enseñar a niños. Fawcett era su mentor y viendo los dones de un ministro del evangelio recomendó que estudiara en la única institución que existía en Inglaterra para la buena preparación de ministros bautistas (dado el discrimen contra ellos), Bristol Baptist Academy.

En enero de 1772 John Sutcliff caminó como 200 millas hacia el sur y oeste para llegar a la ciudad de Bristol, la iglesia bautista (calvinista) Broadmead y su academia. Muchos años antes un hombre próspero dejó un fondo a la iglesia de Broadmead para que uno de sus ministros, capacitado en Hebreo y Griego, enseñara a otros en el contexto de una iglesia local para que los bautistas pudieron tener una sucesión de pastores preparados. Bautistas conocidos, como Benjamin Beddome y John Ryland, padre, habían estudiado allí y después de ellos, muchos más estudiaron. En los días de Sutcliff, el pastor y maestro principal fue Hugh Evans. Su hijo Caleb Evans ayudó y después de la muerte de su padre en 1781, Caleb fue llamado como pastor de la iglesia y principal de la Academia.

Los estudios eran fuertes y a la vez los estudiantes tuvieron que ejercitar sus dones. Sutcliff predicó regularmente especialmente en un sitio llamado Trowbridge. Hizo amigos. Hacia el final de sus estudios, predicó en Northampton por John Ryland padre y conoció a su hijo John Ryland, el cual se convirtió en amigo hasta la muerte. Sutcliff terminó sus estudios formales en mayo de 1774.

Es importante mencionar que Sutcliff fue introducido a los escritos de Jonathan Edwards, el gran teólogo de Nueva Inglaterra, amigo de Whitefield y testigo de grandes obras de Dios en sus tiempos. No sabemos si fue Fawcett o los Evans, pero Sutcliff leía con cuidado las publicaciones de Edwards. Luego podemos ver que quizás indirectamente podríamos llamar a Edwards el padre de las misiones calvinistas modernas, porque por sus libros ejercitó una fuerte influencia en Sutcliff, Carey y otros: en sus sermones y teología y en la publicación del diario y vida de David Brainerd.

Después de terminar sus estudios en 1774, Sutcliff fue invitado a Shrewsbury para ministrar en la iglesia allá. Pasó unos tiempos difíciles en esa iglesia dividida y finalmente tomó el consejo de unos amigos, renunció como pastor y viajó a la ciudad de Birmingham. Ayudó allí al pastor desde enero hasta junio de 1775.

En julio visitó por primera vez la ciudad de Olney. Los bautistas tenían un edificio en el cual 700 pudieron reunirse. Había una asistencia de cómo 300 a 400, pero hacía más de un año que no habían tenido un pastor.

La iglesia en Olney tenía más de 100 años de historia y había pasado por varias divisiones y problemas. Por poco desapareció en un tiempo de su historia. Su último pastor, antes de cansarse de lidiar con tantos problemas pastorales, había trabajado mucho y ayudó en la organización de una asociación de esa iglesia y 5 otras iglesias bautistas. La asociación fue llamada por el nombre de esa área, Asociación Bautista de Northamptonshire. Esa asociación creció pero nunca fue muy grande, sin embargo algunos de los pastores de esa asociación fueron el instrumento de una obra misionera bautista mundial.

Olney también era la ciudad en la cual John Newton fue cura de la iglesia anglicana desde 1764 hasta 1779. Además de las iglesias bautista y anglicana, había otra iglesia independiente, congregacional que creía en bautismo de los bebés. Sin embargo, en los días de Newton los tres pastores eran calvinistas y evangélicos. Newton no era sectario e hizo esfuerzos para tener y mantener amistad entre los pastores y sus iglesias, y vio sus deseos realizados. Había mucha paz entre los cristianos de Olney en general.

Sin embargo, como sucede frecuentemente, los bautistas no eran fáciles. Había entre ellos algunos miembros de tendencias “híper calvinistas” y otros que todavía no estaban muy de acuerdo con el uso de himnos en el culto. Sutcliff aceptó trabajar entre ellos. Tuvo una buena relación con Newton y el otro pastor y con la mayoría de los miembros, pero tuvo que hacer frente a contiendas y otros problemas entre algunos de los miembros. Trabajó duró para tener la iglesia unida y a la larga hasta los “híper calvinistas” que habían salido volvieron.

Por muchos años Sutcliff vivió soltero. Una mujer viuda proveyó alojamiento y él en cambio sirvió como tutor de su hijo. Ese arreglo fue idóneo. Sutcliff pudo gastar gran parte de su entrada económica en libros. Así adquirió una biblioteca excelente. Vivió de manera sencilla y estudiaba mucho.

En 1783 produjo un catecismo para niños. Fue reconocido como muy bueno, y aceptado por muchos. Varias impresiones fueron hechas.

En 1784 Sutcliff y sus amigos Andrew Fuller y John Ryland (hijo) hicieron una llamada a la oración. Conmovido por los escritos de Jonathan Edwards, después de un sermón predicado por Fuller en una reunión de la asociación, Sutcliff exhortó a las iglesias que una vez al mes celebraran una reunión para orar por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo. Las iglesias de la asociación tomaron en serio este llamamiento a la oración (un llamamiento hecho también por medio de una hoja impresa). Este llamamiento fue conocido por otros pastores e iglesias en otros lugares fuera de la Asociación y muchas otras iglesias bautistas y no bautistas también establecieron un tiempo mensual para pedir por estas cosas.

No nos sorprende saber que había un avivamiento de las iglesias bautistas y la extensión de sus enseñanzas y metas, y después la formación de la Sociedad Misionera en 1792. Como Sutcliff dijo una vez, Cada vez que llega un avivamiento de religión (cristiana) deseado por mucho tiempo, seguramente será efectuado por un derramamiento abundante del Espíritu Santo. Hay razones para creer que este evento bendito será precedido por o su acercamiento evidenciado por un espíritu de oración entre las iglesias. El deseo de ver a Dios glorificado en sus propias vidas y en el conocimiento de su nombre en el mundo era muy fuerte y se ve en la dependencia de El expresada en la oración constante.

Todos los pastores unidos en la Asociación Northamptonshire participaron con Sutcliff en ese esfuerzo, pero había dos de esos pastores que eran muy amigos de Sutcliff: John Ryland hijo y Andrew Fuller. William Carey no era pastor ordenado todavía, ni parte del grupo original, pero pronto estaba asociado con ellos en la asociación y en el compromiso de orar regularmente.

Miremos brevemente a unos datos sobre las vidas de los amigos de Sutcliff.

John Ryland (hijo)

John Ryland nació en 1753 (¿29 enero?) en Warwick. Su padre, John Ryland, era pastor de una iglesia bautista calvinista, un hombre conocido en y fuera de los círculos bautista, amigo de hombres bautistas como John Gill y Abraham Booth, y de hombres no bautista como George Whitefield y John Newton.

John Ryland hijo, el amigo de Sutcliff, Fuller y Carey, fue criado en un ambiente piadoso y de buena preparación educacional. Se dice que cuando tenía 5 años solamente citó el Salmo 23 en hebreo por un amigo de su papá. Antes de tener 12 años sabía latín, había leído Génesis en hebreo como 5 veces y había leído el Nuevo Testamento en griego.

Cuando tenía catorce años tuvo una gran preocupación en cuanto a su condición espiritual. El 8 de septiembre de 1767 oyó a Whitefield predicar y 5 días luego fue bautizado por su padre en el río Nen. Con todo, parece que luchaba con dudas sobre su salvación hasta mayo del año 1768 después de haber oído a su padre predicar dos sermones diferentes. El Señor los bendijo para mucho bien en su vida.

Tuvo la oportunidad de conocer los amigos de su padre. John Newton tenía un interés especial en John hijo y hay una colección de unas cuantas cartas que Newton le escribió, corrigiendo, animando, exhortando al joven en quien vio mucho potencial para bien.

Ryland comenzó a predicar cuando tenía 17 años de edad. Desde 1771 ayudó a su padre en la escuela que mantenía en Northampton. En 1781 fue ordenado en la iglesia bautista College Lane de Northampton para servir como pastor con su padre, y después de su padre aceptar servir en otro lugar en 1786 entonces John siguió allí como pastor principal, hasta 1793 cuando aceptó servir como pastor en la iglesia bautista Broadmead en Bristol y como tutor principal en la Academia.

Los Ryland conocieron a William Carey en el año 1983 cuando Carey fue persuadido de la enseñanza bíblica sobre el bautismo y quiso bautizarse conforme a las Escrituras. Carey buscó y consultó con John Ryland padre sobre el asunto. El padre tenía 60 años de edad en aquel tiempo y refirió el caso a su hijo. Sin tener idea alguna de los planes del Señor, John bautizó a Carey en el río Nen, el domingo 5 de octubre a las 6 de la mañana.

La iglesia donde servía en Northampton fue nutrida y Ryland predicó el evangelio en muchos otros lugares alredor también.

Ryland cooperó con Sutcliff y Fuller en el llamamiento a la oración y luego en la organización de la sociedad bautista para misiones y la gran empresa de enviar misioneros a otros países, comenzando con la India.

Andrew Fuller

Fuller nació el 6 de febrero de 1754 en Wicken, Cambridgeshire, Inglaterra. Sus padres eran creyentes, miembros de una iglesia bautista. Parece que ellos, como los padres de Sutcliff, cuidaban de su crianza.

Habiendo sido compungido de sus pecados y temeroso en cuanto a su salvación, tuvo muchas luchas en el ambiente hipercalvinista de su iglesia, pero a la larga el Señor triunfó por su palabra y en noviembre de 1769 conoció paz con el Señor, teniendo 15 años de edad. En marzo de 1770, vio un bautismo y deseó obedecer a su Señor de esa manera de modo que como un mes mas tarde fue bautizado. Pronto después Dios probó su fe cuando unos jóvenes del lugar se mofaron de él porque había sido “sumergido”. Dios le dio la gracia de aceptar tal oposición y aun desear el bien eterno de los que hicieron eso.

Desde su conversión Fuller amó a los hermanos y comunión con ellos. Un hombre de cómo 40 años de edad, bautizado con él, muy piadoso y estudioso, era buen amigo y le introdujo a unos buenos libros y también el pastor de la iglesia. Pero la paz de la iglesia fue interrumpida porque Fuller criticó a un hermano que tuvo problemas serios con el alcohol y se embriagaba. Ese hombre dijo que no tenía poder para corregir el problema. La iglesia disciplinó al borracho, pero se dividió sobre una pelea doctrinal que resultó como consecuencia y el pastor se fue.

Después el amigo de Fuller enseñaba regularmente en la iglesia, pero no como pastor. Una vez ese amigo tuvo un accidente un domingo por la mañana y dijo a la gente que Andrew podría enseñar. Después de eso sintió un interés en enseñar, pero hasta 1774 no enseñó mucho. En 1774 la iglesia misma le empujó hacia el ministerio y finalmente en 1775 fue ordenado en la iglesia de Soham, en la cual había sido criado desde 6 años de edad. Sirvió en Soham hasta 1782 y luego en Kettering hasta su muerte en 1815.

Fuller siempre consultaba su Biblia en todo y pensaba profundamente sobre todo tema presentado. En el día de su ordenación en Soham, Robert Hall, un pastor bautista conocido participó en la ordenación de Fuller. Durante la ordenación preguntaron sobre como vio los asuntos doctrinales envueltos en el problema que dividió la iglesia. Oyeron la explicación de Fuller basado en unas enseñanzas de John Gill y estaban satisfechos, pero después el pastor Hall recomendó que leyera el libro de Jonathan Edwards sobre la libertad de la voluntad (albedrío) humana. Fuller nunca había oído de Jonathan Edwards o de ese libró. Le confundió con un John Edwards y leyó otro libró y no entendió la relación con los asuntos que salieron durante la ordenación. Luego descubrió su error y leyó el libro de Jonathan Edwards. El y Carey, Ryland y Sutcliff, todos aceptaron la distinción de Edwards entre una incapacidad moral y una incapacidad “física” o “natural” y con ese argumento hicieron frente al hipercalvinismo de sus tiempos.

Fuller leía los libros que pudo conseguir o tomar prestado, pero no tenía las ventajas de Sutcliff y Ryland. Al principio leía mayormente los escritos de los bautistas Gill y Bunyan y Brine. Leyó el libro de Gill sobre las doctrinas de la gracia The cause of God and Truth (La causa de Dios y de la verdad) y su libro de teología A Body of Divinity (Un cuerpo de divinidad, o sea teología). Observó que había una diferencia entre Bunyan y Gill en lo que se llama la “oferta” del evangelio o salvación a todos. Gill predicó el evangelio pero no de la misma manera que Bunyan la había predicado. Pero como Fuller no pudo armonizar la elección y la predestinación con tal clase de predicación como la de Bunyan, concluyó que Gill tenía más luz y que Bunyan se había equivocado en ese asunto.

Luego, Fuller tuvo la oportunidad de leer otros escritos y se dio cuenta de lo que la Biblia enseña. Como resultado hizo un estudio profundo y bíblico que resultó en la publicación (primera edición en 1785) de un libro llamado The Gospel Worthy of all Acceptation mostrando los errores del hipercalvinismo en su manera restringida de predicar el evangelio en el cual estaban exigiendo que una persona tuviera evidencias de su elección para que pudiera creer en Cristo. Esto no hicieron en tantas palabras, pero práctica e implícitamente eso es lo que estaban haciendo. Para algunos hipercalvinistas solamente los “pecadores sensibles” (o sea, sensibles de sus pecados) fueron invitados a Jesús, pero el “pecador sensible” es aquel en el cual Dios está obrando porque es uno de sus escogidos. Unos cuantos hipercalvinistas creyeron que el arrepentimiento y la fe no fueron deberes de todos, sino solamente de aquellos llamados eficazmente por el Espíritu Santo.

Una vez que Fuller y Sutcliff y Ryland conocieron los unos a los otros (en 1776) y se dieron cuenta que cada uno había tenido luchas con el hipercalvinismo en años anteriores, sus almas se unieron y ayudaron grandemente los unos a los otros. Sutcliff y Ryland y Robert Hall leyeron el manuscrito de Fuller sobre El evangelio digno de toda aceptación y le instaron que lo publicara. Fuller no quiso porque sabía que iba a traer controversia, pero se sometió al consejo de otros hombres de Dios.

La liberación del hipercalvinismo (o del “calvinismo falso” como Fuller lo llamó frecuentemente) y la aceptación del calvinismo evangélico, visto en la fe de hombres como Bunyan y Owen y Whitefield y muchísimos otros, trajo como consecuencia más proclamación del evangelio en los lugares de su ministerio y finalmente en la proclamación en otros lugares del mundo.

Ninguno de estos hombres dejó su fe en la gracia soberana de Dios, en lo que se llama las doctrinas de la gracia o el calvinismo. Nunca se avergonzaron de esas verdades y fueron grandes oponentes al arminianismo. A la vez, Fuller declaró su creencia en que había gente regenerada tanto entre los arminianos como entre los hipercalvinistas, porque, como él explicó, había hombres santos que tenían principios espirituales arraigados en su ser mientras que tenían a la vez opiniones flotando en sus cabezas que nunca afectaron la práctica (Memoir, Pág. 16).

Antes de seguir, quisiera observar 2 cosas. Primero, cuán bueno es la comunión con otros hermanos que han experimentado la gracia de Dios. Para Sutcliff y Ryland y Fuller su amistad trajo mucho bien a su vida. Después de la instalación de Fuller como pastor en Kettering (comenzó a servir en 1782 y fue ordenado en 1783) tuvieron mucho más contacto porque estaban más cerca geográficamente.

Segundo, vemos en el caso de estos tres pastores amigos que los tres fueron criados en hogares de cristianos piadosos. No eran de la iglesia oficial, sus hijos no fueron bautizados como bebés sino criados en iglesias bautistas particulares (“calvinistas”), enseñados el evangelio, aunque Ryland y Fuller estaban bajo fuertes influencias de hipercalvinismo. Pero vieron su necesidad de salvación y fueron atraídos a Jesucristo por la obra salvadora de Dios en sus vidas cuando eran adolescentes: Ryland a los 14 años; Fuller convertido a 15 y bautizado a 16; y Sucliff, convertido a 15 o 16 años de edad (no hay mucha información precisa en su caso) y bautizado como a 16 años (como se supone, porque fue aceptado como miembro de la iglesia en mayo de 1769, no teniendo 17 años de edad todavía).

Estos son los hombres que fueron unidos en la Asociación Bautista de Northamptonshire, junto con otros pastores de iglesias bautistas conocidas como calvinistas. Estos son los hombres que hicieron un compromiso de orar unidos regularmente en tiempos establecidos “por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo” y cumplieron con gozo.

Hacia el fin de 1784 Sutcliff fue invitado por la iglesia bautista de Earls Barton para que los aconsejara en el llamamiento e instalación de un pastor. La iglesia tenía interés en un hombre joven llamado William Carey que desde 1782 había predicado por ellos regularmente cada 2 semanas.

Sutcliff visitó al sitio temprano en el año 1785, predicó a ellos y habló con Carey. Como Carey era miembro de una iglesia floja en algunos sentidos, Sutcliff le aconsejó que se uniera con una iglesia sólida para continuar su ministerio como parte de una iglesia bautista sana en la fe.

Carey oyó el consejo y pidió unirse a la iglesia bautista en Olney con Sutcliff como su pastor. Carey había predicado con la bendición del Señor en otros lugares, pero la primera vez que predicó delante de esa iglesia de Olney, en un edificio que podía acomodar a 700 personas, la predicación fue tan pobre que la iglesia no pudo ver los dones de un pastor. No obstante, con el consejo y apoyo de ellos, siguió predicando en Earls Barton y también en un pueblo llamado Moulton.

Carey se había mudado a una aldea llamada Moulton en marzo de 1785 para abrir una escuela y seguir su oficio. Allí había una pobre iglesia bautista bien cerca de su casa. El edificio de ellos estaba muy deteriorado y también el ánimo y condición de los miembros. Carey predicó y ayudó a ellos en los domingos cuando no estaba en Earls Barton y en otros tiempos. Había unas conversiones, se animaron de nuevo los pocos creyentes de manera que ellos también quisieron que Carey fuera su pastor.

En el verano de 1786 Carey predicó otra vez en Olney y esa vez la iglesia estaba satisfecha y le comisionó a predicar a “dondequiera que Dios en su providencia le llamaría”, así reconociendo sus dones para predicar.

Con dos iglesias pidiendo su ayuda Carey consultó con Sutcliff. Decidió entonces aceptar la invitación de la iglesia de Moulton donde vivía. Fue ordenado al ministerio 1 agosto 1787. Había como 20 ministros presentes y John Sutcliff de Olney, Andrew Fuller de Kettering y John Ryland (hijo) de Northampton participaron de manera especial.

Desde el tiempo de su ordenación Carey tuvo más oportunidades de reunirse con los tres amigos y conocerles. Se formó una gran amistad entre los cuatro. Estaban unidos en los tiempos señalados para oración en las iglesias en las cuales cada uno servía.

Carey tenía gran interés en la condición de los paganos en el mundo y leía cada cosa que podía obtener sobre la condición espiritual de las naciones. Estaba persuadido que el uso de medios para buscar la conversión de los perdidos en todo lugar era una obligación perpetua de las iglesias del Señor Jesucristo. Las iglesias estaban orando por la extensión del reino del Señor en el mundo entero, pero ¿no tenían una obligación de hacer algo más que orar y esperar? Carey creía que sí y habló con todos sus amigos por separado y aun propuso que consideraran el tema en una de las reuniones de la asociación.

Además, con la aprobación de sus amigos trabajó en un panfleto sobre el asunto. Se llama “Una investigación sobre la obligación de los cristianos de usar medios para la conversión de los paganos”. Es reconocido como una presentación clásica del argumento para las misiones. Había cinco (5) secciones: la primera trató los argumentos usado contra la obligación; la segunda dio una historia de misiones en el mundo; la tercera contenía datos sobre la condición del mundo; la cuarta contestó las objeciones prácticas presentadas por la gente; finalmente, los medios necesarios, comenzando con la oración y dependencia conciente del Señor porque sólo El puede salvar a cualquier persona y sin El toda labor es en vano.

Carey había oído muchos argumentos en contra y había recibido reprensiones por algunos. Algunos de los que andaban en hipercalvinismo le llamaron “arminiano”. Por ejemplo, una vez Ryland le invitó a predicar en la iglesia de Northampton y algunos no quisieron oírle y otros criticaron su mensaje injustamente según la lamentación de Ryland. Supuestamente fue el padre de Ryland que en una reunión de algunos de la Asociación dijo a Carey: “Siéntate joven, cuando Dios quiere salvar a las naciones lo hará sin tu ayuda o la mía”. Hay varias versiones de lo que pasó y no podemos estar seguros. El hijo de Ryland dijo que no se acordó de haber oído a su padre decir tal cosa. Pero sabemos que había oposición.

Los tres amigos simpatizaron mucho con Carey y sus deseos. Todos continuaron orando con sus iglesias “por el avivamiento de verdadera religión y la extensión del reino de Cristo en el mundo”.

En el año 1791 había una reunión de los pastores de la Asociación. Sutcliff y Fuller habían sido seleccionados para predicar. Sutcliff predicó un sermón sobre “Celos por el Señor” basado en 1 Reyes 19:14. Los que oyeron fueron tocados profundamente. El sermón fue publicado junto con el sermón que Fuller ese mismo día en la reunión. Fuller predicó sobre la “Influencia perniciosa de postergar” basado en Hageo 1:2. Después de oír los mensajes y viendo la reacción de los pastores Carey los instó que hicieran algo para realizar misiones entre los paganos. (El mismo tenía deseos de servir, especialmente en Tahiti en el Mar Pacífico, habiendo leído tanto sobre esa isla en los escritos de Capitán Cook.) Todos sintieron su pequeñez, pobreza y limitaciones y Sutcliff dijo que era necesario tener cuidado y no apresurarse. Lo positivo que salió de la reunión fue el apoyo que dieron a Carey para que publicara la “Investigación…”

En mayo de 1792 en la reunión de la asociación Carey predicó su sermón famoso sobre Isaías 54:2-3 con el bosquejo simple de dos puntos: Espera grandes cosas y ensaya (o, esfuérzate para hacer) grandes cosas (en inglés: Expect great things; attempt great things). Los pastores fueron conmovidos. Sin embargo, estaban a punto de cerrar la reunión sin tomar ninguna decisión, cuando Carey suplicó a Fuller y Fuller persuadió al moderador que todos consideraran el asunto de formar una sociedad para misiones. Aprobaron que un plan fuera presentado en la próxima reunión en octubre. Carey estaba seguro que la sociedad sería formado y quiso ser el primer donante prometiendo dar a la sociedad lo que recibiera de la venta de su ya publicada “Investigación…”.

En octubre de 1792 nació la “Sociedad de bautistas particulares para la propagación del evangelio entre los paganos” (inglés: Particular Baptist Society for the Propagation of the Gospel among the Heathen). Los “miembros” hicieron promesas de contribuciones y lo que recibieron ese día y las notas de las promesas de 13 hombres fueron colocadas en una caja de tabaco vacía que pertenecía a Fuller. La caja fue decorada con un dibujo de la conversión de Saulo de Tarso en la tapa.

El primer nombre en la lista de donantes es el de Ryland quien prometió 2 libras (esterlinas) y 2 chelines a la causa. El segundo nombre fue el del pastor Reynold Hogg por la misma cantidad; los nombres de Fuller y Sutcliff siguen con promesas de 1 libra y 1 chelín cada uno; y después hay 9 nombres más. Once de los 13 eran pastores. Sus iglesias no tenían grandes recursos económicos; los sueldos de los pastores eran bajos. Uno de los pastores presente en la formación de la sociedad fue Samuel Pearce, hombre piadoso, tremendo predicador, de buen nombre. Era pastor en la iglesia bautista de Birmingham, y esa iglesia pertenecía a otra sociedad. Estaba presente porque fue invitado por ellos para que predicara. Pearce también era de un solo corazón y una sola alma con Carey, Fuller, Ryland y Sutcliff. Dentro de poco pudo traer un regalo de 70 libras de su iglesia para la obra misionera.

El comité ejecutiva de la Sociedad fue: Ryland, Carey, Fuller (secretario), Sutcliff y Hogg (tesorero). Luego Hogg tuvo que renunciar como tesorero porque no tenía tiempo, pero Fuller continuó como secretario hasta su muerte en 1815. Un amigo de Fuller le llamó un “mártir de la misión”.

Habían hecho un comienzo. Ahora, ¿a quién enviar? Conocieron a un hombre, John Thomas, un médico, que había servido como “misionero” en Bengali en la India. Sabía el idioma. Quiso volver y llevar con él un compañero. En enero de 1793 Thomas visitó la Sociedad Bautista y después de oírle Carey se ofreció como voluntario de acompañar a Thomas a la India. La Sociedad dio su apoyo y buscó la cooperación de otras iglesias e individuos. Decidieron que debieron salir en abril de ese año.

Antes de la salida de Carey, él llamó aparte a Fuller, Ryland, Sutcliff y Pearce y entró en un pacto con ellos. El iba, pero quiso que prometieran solemnemente nunca dejar de orar por él o abandonar la amistad. Fuller luego usó la figura, Carey iba a descender a la mina y ellos iban a sostener las sogas. Así prometieron y así cumplieron. Parece que eran de un solo corazón y una sola alma.

La compañía que representó los intereses de Inglaterra en la India no permitía a misioneros. Cualquier persona que quiso ir necesitaba permiso, una “licencia”. Thomas y Carey enfrentaron muchos contratiempos y por un tiempo pareció que su salida en 1793 sería imposible. Fue un tiempo difícil para todos, anticipando la vergüenza de ver sus planes frustrados y anticipando la crítica de muchos y el efecto en sus deseos y planes. Pero el Señor obró en su providencia y salieron en junio, llegando en noviembre, 1793.

Sutcliff recibió su primera carta de Carey el 29 de julio de 1794 (escrito por Carey el 3 de enero). Vemos el problema que enfrentaron en enviar y recibir correspondencia. Inglaterra y Francia estaban batallando y se complicó la situación aun más por eso. Muchas veces las situaciones habían cambiado durante el tiempo entre cartas y lo dicho o aconsejado no tenía aplicación.

Cuando Carey se ocupó en el trabajo de supervisar una plantación de índigo, había preocupación de que no estaba realmente atendiendo a la meta y misión principal, aunque Carey siempre quería ver a toda misión sosteniendo a sí misma lo más pronto posible. También Carey siempre tenía mucho interés en plantas y pedía frecuentemente que le enviaran herramientas agrícolas y semillas, plantas y pedazos de plantas cortadas de manera que sirvieran para sembrar en la India. Sutcliff cuyo deleite fue estudiar no pudo simpatizar mucho con ese “pasatiempo” de Carey. Prefirió enviarle libros más que plantas.

Los amigos de Carey cumplieron su promesa y cada uno fue fiel hasta la muerte. Pearce murió joven, pero los otros tenían más de 20 años de amistad antes de morir. Todos murieron antes de Carey. La fidelidad de ellos se nota en la gran cantidad de cartas enviadas unos a otros. Gracias al Señor muchas de esas cartas fueron preservadas.

La fidelidad se ve de maneras prácticas porque buscaron otros obreros para enviar a los mieses. Enviaron a John Fountain primero; luego, en 1799 enviaron a Ward, Marshman, Brunsdon y un hombre llamado Grant que murió poco después de llegar. De estos, los tres que trabajaron unidos y productivos por muchos años fueron Carey, Ward y Marshman, llamados a veces el “trio de Serampore”.

A través de los años suplieron otros hombres y materiales, aunque una vez allí Carey buscó cómo pudieron sostener a sí mismos y no depender de fondos de afuera. Los que vinieron luego no trabajaron con la misma armonía de Carey, Ward y Marshman, pero el evangelio fue proclamado más y más.

Además de su interés en la India la Sociedad buscó entrar en otros lugares, por ejemplo, en Africa. También, en Inglaterra las iglesias bautistas calvinistas experimentaban bendiciones de conversiones, aumento de miembros y crecimiento espiritual; como si fuera un pequeño avivamiento. Parece que su interés en la conversión de los paganos de otros países iba acompañado de un interés en la conversión de sus prójimos.

Podemos leer de lo que Dios hizo por medio de Carey, y fue mucho, pero debemos reconocer que Dios usó sus amigos y su apoyo también para que todo fuera realizado. Necesitamos trabajar unidos en la obra del Señor.

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Conferencia Pastoral 2009 | Integridad pastoral

Integridad pastoral

En noviembre de 2008 me pidieron que diera un estudio a una reunión de pastores bautistas en Puerto Rico sobre el tema “la integridad pastoral”. A los encargados de esta conferencia también les pareció bien que tratare este tema en esta conferencia.

En español la palabra integridad significa rectitud y honradez. Unos antónimos (palabras opuestas) son: corrupción, deshonestidad, parcialidad. [La definición de la Real Academia Española es: Calidad de íntegro (recto, intachable)]. Pastoral es lo que tiene que ver con el pastor y su trabajo.

Hay tantos aspectos de este tema que sin más definición y dirección particular es difícil saber a dónde ir y qué hacer en un tiempo o espacio limitado. En un sentido este tema puede encerrar casi el todo de lo que se llama “teología pastoral.” Pero vamos a comenzar con el uso de las palabras “íntegro” e “integridad” en la Biblia en español.

“Integro” e “integridad” en la Biblia en español:

En el Nuevo Testamento

Si buscamos la palabra “íntegro” o “integridad” en la Biblia en español veremos que esas palabras no se encuentren en el NT en la LBA* y solamente una vez en el NT en la R60* (“integridad” aparece en Tito 2:7).

La NVI* utiliza estas palabras 14 veces para traducir diferentes cosas, entre ellos “verdad” en el sentido de “genuino”. NVI la utiliza en Tito 2:7, igual al R60.

En versículos 6-8 de capítulo 2 de la epístola a Tito, Pablo manda:

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”

La palabra correspondiente en el texto griego¹ es una palabra usada una sola vez en el griego bíblico. Señala algo no corrupto, puro, sano o íntegro. LBA traduce:

“Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros.”

La RVA* y NVI están de acuerdo con las versiones de la Sociedad Bíblica (SRV*, R60 y R95*) no sólo en el uso de “integridad”, sino en su entendimiento de la relación de esa palabra con la enseñanza y las otras cosas que siguen. La enseñanza es con integridad y seriedad, etc.

RVA Tito 2:6, “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes, 7 mostrándote en todo como ejemplo de buenas obras. Demuestra en tu enseñanza integridad, seriedad 8 y palabra sana e irreprensible, para que el que se nos oponga se avergüence, no teniendo nada malo que decir de ninguno de nosotros”.

NVI Titus 2:6, “A los jóvenes, exhórtalos a ser sensatos. 7 Con tus buenas obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y seriedad, 8 y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que se oponga, pues no podrá decir nada malo de nosotros”.

No cabe duda que este es un aspecto importante de la integridad pastoral. Si entendemos enseñanza como lo que enseñamos, tiene que haber integridad, o sea, la presentación de todo el consejo de Dios, no rehusando nada a los oyentes.

O si miramos enseñanza como la manera de enseñar o la acción de enseñar, también tiene que ser con integridad: no torciendo las palabras o gramática; no haciendo caso omiso del contexto, no insensibles al progreso de la revelación (“teología bíblica); no presentando ideas propias usando el texto como una razón para exponer tales ideas; no presentando lo que la gente quiere oír sin tener convicciones propias sobre lo que el Señor dice; sino, exponiendo el texto fielmente con toda enseñanza y aplicación saliendo del texto mismo entendido correctamente. Sin estas cosas no hay integridad pastoral en esta área.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento “íntegro” o “integridad” aparecen en la Biblia en español como 39 veces en la R60 y en la LBA como 51 veces. Frecuentemente traducen palabras en hebreo que señalan lo que es “perfecto”, o sea completo, que no faltan cosas esenciales. El griego utiliza a veces una palabra que significa sin engaño, u otras veces, una palabra que significa “sin mancha, intachable”, o inocente o sin culpa.

Algunas de estas palabras no aparecen en el NT y las que aparecen a veces son descripciones de Cristo o de su pueblo pero pocas veces se refieren a pastores y/o su obra.

Siguiendo nuestras versiones en español, entonces es en el estudio del AT donde vemos la importancia de este tema. Podemos verlo en un texto como el Salmo 15:1-2:

“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón”. (LBA)

En los requisitos para los pastores, aparte del requisito de ser apto para enseñar, vemos que todo lo que el Señor exige de los supervisores son también deberes de todos los redimidos. Pero los pastores tienen que ser ejemplos en ellos. Así aquí.

Toda persona que habitará con el Señor anda en integridad. Entonces, el pastor de manera especial tiene que andar en integridad, y tiene que andar en integridad, no solamente en los asuntos de la vida como cualquier cristiano, sino también en su vocación u oficio como pastor. Y ese es el aspecto que debemos mirar.

El Salmo 78 termina con estos 3 versículos:

“Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos.”

Vemos el amor y cuidado de Dios hacia su pueblo en la elección de David para que fuera pastor de su pueblo. Y vemos que David cumplió su vocación, pastoreando, apacentando, conforme a la integridad de su corazón. En contraste con Saúl el rey que rebeló y no apacentó al pueblo de Dios, David lo hizo y lo hizo como tipo de su gran Hijo Jesús, el perfecto Pastor en todo sentido.

Pero el primer uso en la Biblia de la palabra que a veces es traducido “íntegro” nos atrae porque enfatiza un aspecto de mucha importancia en todo este asunto. En Génesis 17:1 leemos:

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”.

La palabra traducida aquí perfecto es la misma que a veces es traducida íntegro. Anda en mi presencia y sé íntegro.

Esa frase, “Anda delante de mí; anda en mi presencia” encierra lo que es absolutamente indispensable para una vida íntegra en cualquier persona. Saber que siempre estamos delante del Dios santísimo, glorioso, incomparable y que nos ha visitado en y por Jesucristo para rescatarnos – saber eso y conducirnos de acuerdo con esa realidad es el alma de la piedad bíblica, del verdadero temor de Dios. Por lo tanto es el alma de la fe reformada.

No son los cinco puntos del calvinismo el alma de la fe reformada, sino son esas las verdades que nos llevan a vivir esta realidad. No hay, ni puede haber, integridad en el pastor que no anda concientemente en la presencia de Dios como el rumbo básico y fundamental de su vida. Tal integridad viene por la gracia poderosa de Dios por medio de Cristo Jesús aplicada por su Espíritu Santo.

Cuando olvidemos que estamos en su presencia y así ignoramos su presencia entonces podemos hacer cosas que no son de acuerdo con su voluntad revelada en las Escrituras. Esperamos que el Dios fiel nos compunja por su Espíritu Santo y nos lleve al arrepentimiento.

O puede haber áreas de ofuscación y/o confusión y podemos pensar que estamos bien delante de El, pero si desviamos de su palabra, estamos simplemente engañando a nosotros mismos y usando el nombre de Dios para defendernos. Debemos orar que el Señor abra nuestros ojos para que veamos nuestros errores.

Peor y hasta fatal es tener la conciencia endurecida y hacer caso omiso de la presencia del Señor. No hay integridad mientras que esa condición permanezca.

Pero, suponiendo que el pastor desea ser todo lo que debe ser delante de Dios, entonces, ¿cuáles son las cosas necesarias para ser pastor íntegro?

Como observé al principio, la respuesta a esa pregunta podría llevarnos a un estudio de cada parte de lo que llamamos teología pastoral (porque necesito saber esa teología si voy a andar en integridad pastoral).

Lo que vamos estudiando y aprendiendo en esta conferencia de pastores (véase el programa) es necesario para que seamos pastores íntegros. Por ejemplo, esas prioridades de los pastores son todas necesarias si vamos a ser pastores íntegros. No hay la “perfección” / integridad que el Señor exige si no ponemos por práctica las cosas que el Señor exige de nosotros como pastores, cosas que hemos oído aquí en estos días.

Solamente tengo tiempo para hacer como un bosquejo con unas sugerencias sobre unas áreas que considero necesarias en relación a este asunto de la integridad pastoral.

Muchas veces si un equipo de béisbol o fútbol o lo que sea no juega como puede y debe es porque los jugadores no prestan atención a los fundamentales. Sugiero que si vamos a tener y mantener integridad pastoral entonces tenemos que acudir a los fundamentos. Espero que el repaso de cosas básicas sirva para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia para que como hombres de Dios seamos enteramente preparados para toda buena obra en el ministerio. Quisiera que sirva para consolación y exhortación y ánimo.

Entonces en forma breve y bosquejada, digo que si vamos a andar en integridad como pastores, entre otras cosas, tenemos que tomar en cuenta estos asuntos:

En general, tenemos que cuidar nuestra manera de vivir como hombres
delante de Dios
En todas las áreas de la vida
Tenemos que hacer esto en privado
Tenemos que hacerlo en la familia
Tenemos que hacerlo en las relaciones con todos:
en la iglesia y el mundo
Algunas razones porque esta integridad es tan importante
Para que la conciencia de otros sea tocada por la enseñanza,
2 Cor 4:2
Para que tengamos el testimonio de una buena conciencia
Para que no seamos hipócritas
Para que no seamos “profesionales”
Para que esta sea una realidad tiene que haber:
Piedad – verdadero temor de Dios
Vida santa – pureza de corazón, perseverancia en todo lo
que nos manda
Pablo mantuvo buena conciencia: Hch 24:16; 2 Tim 1:3; 2 Cor 2:12
Exhortó a Timoteo que tuviera buena conciencia: 1 Timoteo 1:5, 19

En particular, tenemos que cuidar nuestra manera de pastorear
como hombres delante de Dios
Cumpliendo con los requisitos para el oficio del pastor
(1 Timoteo 3 y Tito 2).
Prestando atención a los deberes de los pastores
revelados en la Biblia, p.e.,
Buscando que todos crezcan y se maduren en Cristo (Colosenses 1:28)
Sin excepción de personas
Hacia los que pueden causarnos problemas
Hacia los que aportan mucho (o de dinero o de otras maneras),
o poco
Tenemos que conocer a nuestras ovejas
No debemos tener reglas diferentes para situaciones parecidas

Usando otro bosquejo para resumir, el pastor íntegro debe tener estas cosas básicas en su vida:

Creer firmemente toda la palabra de Dios
Predicar fielmente toda la palabra de Dios
Practicar con perseverancia, diligencia y sinceridad lo que predica
En privado
En la familia
En la iglesia
No como un asalariado o profesional
Con diligencia – Es labor; tenemos que entregarnos a estas cosas
Con auto negación – por ejemplo, 1 Corintios 9:18-27
Con metas bíblicas claras – por ejemplo, Colosenses 1:28
Sin excepción de personas
En sus relaciones con otras iglesias

En cuanto a ese último punto en el bosquejo, una de las áreas de peligro para cualquier pastor tiene que ver con sus relaciones con otras iglesias y pastores.

Si tenemos que tener cuidado con nuestras ovejas que Jesús ha puesto bajo nuestro cuidado, entonces hay que tener mucho cuidado con todo nuestro trato con pastores y miembros de otras iglesias para no socavar a ningún hombre de Dios o hacer algo que va en contra del fruto del Espíritu, o sea, en contra del amor, gozo, paz, etc., de una iglesia o de varias iglesias.

Hay personas que quieren usar a otro pastor o pastores como algunos niños quieren hacer con sus padres: buscan a ver cual padre le permitirá salir con lo suyo. Tenemos trabajo suficiente con las ovejas nuestras sin echar encima problemas de otros innecesariamente.

Esto no quiere decir que no debemos cooperar y ayudar a otras iglesias y pastores. Debe haber comunión entre iglesias para mutua edificación, pero debemos siempre respetar a cada iglesia y sus líderes y miembros y promover el bien de todas las iglesias.

Es necesario tener integridad bíblica en todas las relaciones con pastores e iglesias en todo lugar. Pero hay que ejercitar un cuidado especial si una persona de un país, idioma y cultura comienza a trabajar con personas de otro país, idioma y cultura. Los que no saben el idioma y costumbres, que no consulten o que hacen caso omiso de los consejos pueden tener problemas y causar y promulgar problemas para sí y para muchos.

Hemos visto casos en los cuales los líderes competentes y reconocidos en un país han sido menospreciados por líderes de otros países. Esto sucede cuando algún líder que no quiere resolver sus diferencias con los líderes de su propio país invita a personas de afuera (extranjeros) que vengan a ayudarle. Los de afuera aceptan la invitación sin consultar con los líderes locales probados y reconocidos o peor aún aceptan la invitación a pesar de los consejos y deseos de los líderes locales, así despreciando a esos hombres de Dios.

De esa manera las diferencias nunca (o raras veces) se resuelven entre las iglesias. Por eso hay muchas iglesias que viven con problemas y conflictos innecesarios que posiblemente, sino probablemente, hubieran sido resueltos si los líderes extranjeros no hubieran interferido. Hombres de integridad analizarán cuidadosamente cada situación en otro país o entre los de otro idioma o cultura y no se meterán indebidamente y sin buscar el bien y paz y unidad de todas las iglesias del Señor.

Confesamos que lo que se puede hacer trabajando fuera de nuestro país, idioma o cultura también puede suceder y ha sucedido en el mismo país y entre iglesias hermanas. Hay que tener mucho cuidado si buscamos ayudar a otra iglesia que no sea aquella misma donde el Señor nos ha puesto, aun si esa otra iglesia esté en nuestra propia vecindad y sus miembros y líderes del mismo trasfondo cultural.

La integridad pastoral nos llevará a seguir la palabra de Dios en todo y no buscar soluciones que no sean bíblicas en cualquier asunto que tiene que ver con otras iglesias y nuestra relación con ellas.

Durante los años que tengo en el ministerio, me ha causado mucha tristeza ver la ofuscación de varios pastores que profesando ser íntegros, en diferente ocasiones (algunos una vez; otros otra vez), han hecho ataques a hombres de Dios tratando de dañar sus nombres y socavar sus ministerios. Esos ataques se han llevado a cabo por medio de declaraciones falsas (incluyendo medias verdades y exageraciones) y aseveraciones injustas (no conforme a las Escrituras) y sin amor.

No se ve ninguna razón espiritual obvia y necesaria para tales ataques y la manera de hacerlos ha sido obviamente carnal. La integridad pastoral bíblica excluiría tales violaciones de la voluntad de Dios revelada claramente en su palabra. La integridad pastoral más bien buscaría hacer todo procurando la paz y la edificación de las iglesias del Señor, haciendo todo decentemente y en orden.

Nota final del autor:

Gran parte de estas notas y de lo que está escrito arriba fue preparado para la Conferencia de Pastores de la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, NJ, llevada a cabo en los días 2-7 de mayo de 2009. No todo lo que hay en estas notas fue presentado en la conferencia, y había cosas dichas que no están incluidos, pero espero que lo que se presenta aquí sea de provecho y para el bien de pastores e iglesias.

Noble Vater, San Juan, PR, 5 de junio de 2009

Notas al calce.
* Abreviaciones de varias versiones de la Biblia en español:

* LBA. Biblia de las Américas, publicada por Lockman Foundation.
* NVI. Nueva Versión Internacional, publicada por Zondervan/Vida.
* R60. Reina Valera de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* R95. Reina Valera de 1995, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* RVA. Versión Actualizada, publicada por Mundo Hispano.
* SRV. Reina Valera de 1909, publicada por las Sociedades Bíblicas (“versión antigua”).

1. avfqori,an (sustantivo acusativo femenino singular de avfqori,a)

<em>Derechos Reservados ©2009</em>

<a href=”http://www.ibrnj.org/integridad-pastoral/pastorvaterblue/” rel=”attachment wp-att-4939″><img src=”http://www.ibrnj.org/wp-content/uploads/pastorvaterblue.jpg” alt=”” title=”pastorvaterblue” width=”200″ height=”224″ class=”alignleft size-full wp-image-4939″ /></a><strong>Pastor Noble Vater</strong>

En noviembre de 2008 me pidieron que diera un estudio a una reunión de pastores bautistas en Puerto Rico sobre el tema “la integridad pastoral”. A los encargados de esta conferencia también les pareció bien que tratare este tema en esta conferencia.

En español la palabra integridad significa rectitud y honradez. Unos antónimos (palabras opuestas) son: corrupción, deshonestidad, parcialidad. [La definición de la Real Academia Española es: Calidad de íntegro (recto, intachable)]. Pastoral es lo que tiene que ver con el pastor y su trabajo.

Hay tantos aspectos de este tema que sin más definición y dirección particular es difícil saber a dónde ir y qué hacer en un tiempo o espacio limitado. En un sentido este tema puede encerrar casi el todo de lo que se llama “teología pastoral.” Pero vamos a comenzar con el uso de las palabras “íntegro” e “integridad” en la Biblia en español.

“Integro” e “integridad” en la Biblia en español:

En el Nuevo Testamento

Si buscamos la palabra “íntegro” o “integridad” en la Biblia en español veremos que esas palabras no se encuentren en el NT en la LBA* y solamente una vez en el NT en la R60* (“integridad” aparece en Tito 2:7).

La NVI* utiliza estas palabras 14 veces para traducir diferentes cosas, entre ellos “verdad” en el sentido de “genuino”. NVI la utiliza en Tito 2:7, igual al R60.

En versículos 6-8 de capítulo 2 de la epístola a Tito, Pablo manda:

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”

La palabra correspondiente en el texto griego¹ es una palabra usada una sola vez en el griego bíblico. Señala algo no corrupto, puro, sano o íntegro. LBA traduce:

“Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros.”

La RVA* y NVI están de acuerdo con las versiones de la Sociedad Bíblica (SRV*, R60 y R95*) no sólo en el uso de “integridad”, sino en su entendimiento de la relación de esa palabra con la enseñanza y las otras cosas que siguen. La enseñanza es con integridad y seriedad, etc.

RVA Tito 2:6, “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes, 7 mostrándote en todo como ejemplo de buenas obras. Demuestra en tu enseñanza integridad, seriedad 8 y palabra sana e irreprensible, para que el que se nos oponga se avergüence, no teniendo nada malo que decir de ninguno de nosotros”.

NVI Titus 2:6, “A los jóvenes, exhórtalos a ser sensatos. 7 Con tus buenas obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y seriedad, 8 y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que se oponga, pues no podrá decir nada malo de nosotros”.

No cabe duda que este es un aspecto importante de la integridad pastoral. Si entendemos enseñanza como lo que enseñamos, tiene que haber integridad, o sea, la presentación de todo el consejo de Dios, no rehusando nada a los oyentes.

O si miramos enseñanza como la manera de enseñar o la acción de enseñar, también tiene que ser con integridad: no torciendo las palabras o gramática; no haciendo caso omiso del contexto, no insensibles al progreso de la revelación (“teología bíblica); no presentando ideas propias usando el texto como una razón para exponer tales ideas; no presentando lo que la gente quiere oír sin tener convicciones propias sobre lo que el Señor dice; sino, exponiendo el texto fielmente con toda enseñanza y aplicación saliendo del texto mismo entendido correctamente. Sin estas cosas no hay integridad pastoral en esta área.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento “íntegro” o “integridad” aparecen en la Biblia en español como 39 veces en la R60 y en la LBA como 51 veces. Frecuentemente traducen palabras en hebreo que señalan lo que es “perfecto”, o sea completo, que no faltan cosas esenciales. El griego utiliza a veces una palabra que significa sin engaño, u otras veces, una palabra que significa “sin mancha, intachable”, o inocente o sin culpa.

Algunas de estas palabras no aparecen en el NT y las que aparecen a veces son descripciones de Cristo o de su pueblo pero pocas veces se refieren a pastores y/o su obra.

Siguiendo nuestras versiones en español, entonces es en el estudio del AT donde vemos la importancia de este tema. Podemos verlo en un texto como el Salmo 15:1-2:

“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón”. (LBA)

En los requisitos para los pastores, aparte del requisito de ser apto para enseñar, vemos que todo lo que el Señor exige de los supervisores son también deberes de todos los redimidos. Pero los pastores tienen que ser ejemplos en ellos. Así aquí.

Toda persona que habitará con el Señor anda en integridad. Entonces, el pastor de manera especial tiene que andar en integridad, y tiene que andar en integridad, no solamente en los asuntos de la vida como cualquier cristiano, sino también en su vocación u oficio como pastor. Y ese es el aspecto que debemos mirar.

El Salmo 78 termina con estos 3 versículos:

“Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos.”

Vemos el amor y cuidado de Dios hacia su pueblo en la elección de David para que fuera pastor de su pueblo. Y vemos que David cumplió su vocación, pastoreando, apacentando, conforme a la integridad de su corazón. En contraste con Saúl el rey que rebeló y no apacentó al pueblo de Dios, David lo hizo y lo hizo como tipo de su gran Hijo Jesús, el perfecto Pastor en todo sentido.

Pero el primer uso en la Biblia de la palabra que a veces es traducido “íntegro” nos atrae porque enfatiza un aspecto de mucha importancia en todo este asunto. En Génesis 17:1 leemos:

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”.

La palabra traducida aquí perfecto es la misma que a veces es traducida íntegro. Anda en mi presencia y sé íntegro.

Esa frase, “Anda delante de mí; anda en mi presencia” encierra lo que es absolutamente indispensable para una vida íntegra en cualquier persona. Saber que siempre estamos delante del Dios santísimo, glorioso, incomparable y que nos ha visitado en y por Jesucristo para rescatarnos – saber eso y conducirnos de acuerdo con esa realidad es el alma de la piedad bíblica, del verdadero temor de Dios. Por lo tanto es el alma de la fe reformada.

No son los cinco puntos del calvinismo el alma de la fe reformada, sino son esas las verdades que nos llevan a vivir esta realidad. No hay, ni puede haber, integridad en el pastor que no anda concientemente en la presencia de Dios como el rumbo básico y fundamental de su vida. Tal integridad viene por la gracia poderosa de Dios por medio de Cristo Jesús aplicada por su Espíritu Santo.

Cuando olvidemos que estamos en su presencia y así ignoramos su presencia entonces podemos hacer cosas que no son de acuerdo con su voluntad revelada en las Escrituras. Esperamos que el Dios fiel nos compunja por su Espíritu Santo y nos lleve al arrepentimiento.

O puede haber áreas de ofuscación y/o confusión y podemos pensar que estamos bien delante de El, pero si desviamos de su palabra, estamos simplemente engañando a nosotros mismos y usando el nombre de Dios para defendernos. Debemos orar que el Señor abra nuestros ojos para que veamos nuestros errores.

Peor y hasta fatal es tener la conciencia endurecida y hacer caso omiso de la presencia del Señor. No hay integridad mientras que esa condición permanezca.

Pero, suponiendo que el pastor desea ser todo lo que debe ser delante de Dios, entonces, ¿cuáles son las cosas necesarias para ser pastor íntegro?

Como observé al principio, la respuesta a esa pregunta podría llevarnos a un estudio de cada parte de lo que llamamos teología pastoral (porque necesito saber esa teología si voy a andar en integridad pastoral).

Lo que vamos estudiando y aprendiendo en esta conferencia de pastores (véase el programa) es necesario para que seamos pastores íntegros. Por ejemplo, esas prioridades de los pastores son todas necesarias si vamos a ser pastores íntegros. No hay la “perfección” / integridad que el Señor exige si no ponemos por práctica las cosas que el Señor exige de nosotros como pastores, cosas que hemos oído aquí en estos días.

Solamente tengo tiempo para hacer como un bosquejo con unas sugerencias sobre unas áreas que considero necesarias en relación a este asunto de la integridad pastoral.

Muchas veces si un equipo de béisbol o fútbol o lo que sea no juega como puede y debe es porque los jugadores no prestan atención a los fundamentales. Sugiero que si vamos a tener y mantener integridad pastoral entonces tenemos que acudir a los fundamentos. Espero que el repaso de cosas básicas sirva para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia para que como hombres de Dios seamos enteramente preparados para toda buena obra en el ministerio. Quisiera que sirva para consolación y exhortación y ánimo.

Entonces en forma breve y bosquejada, digo que si vamos a andar en integridad como pastores, entre otras cosas, tenemos que tomar en cuenta estos asuntos:

En general, tenemos que cuidar nuestra manera de vivir como hombres
delante de Dios
En todas las áreas de la vida
Tenemos que hacer esto en privado
Tenemos que hacerlo en la familia
Tenemos que hacerlo en las relaciones con todos:
en la iglesia y el mundo
Algunas razones porque esta integridad es tan importante
Para que la conciencia de otros sea tocada por la enseñanza,
2 Cor 4:2
Para que tengamos el testimonio de una buena conciencia
Para que no seamos hipócritas
Para que no seamos “profesionales”
Para que esta sea una realidad tiene que haber:
Piedad – verdadero temor de Dios
Vida santa – pureza de corazón, perseverancia en todo lo
que nos manda
Pablo mantuvo buena conciencia: Hch 24:16; 2 Tim 1:3; 2 Cor 2:12
Exhortó a Timoteo que tuviera buena conciencia: 1 Timoteo 1:5, 19

En particular, tenemos que cuidar nuestra manera de pastorear
como hombres delante de Dios
Cumpliendo con los requisitos para el oficio del pastor
(1 Timoteo 3 y Tito 2).
Prestando atención a los deberes de los pastores
revelados en la Biblia, p.e.,
Buscando que todos crezcan y se maduren en Cristo (Colosenses 1:28)
Sin excepción de personas
Hacia los que pueden causarnos problemas
Hacia los que aportan mucho (o de dinero o de otras maneras),
o poco
Tenemos que conocer a nuestras ovejas
No debemos tener reglas diferentes para situaciones parecidas

Usando otro bosquejo para resumir, el pastor íntegro debe tener estas cosas básicas en su vida:

Creer firmemente toda la palabra de Dios
Predicar fielmente toda la palabra de Dios
Practicar con perseverancia, diligencia y sinceridad lo que predica
En privado
En la familia
En la iglesia
No como un asalariado o profesional
Con diligencia – Es labor; tenemos que entregarnos a estas cosas
Con auto negación – por ejemplo, 1 Corintios 9:18-27
Con metas bíblicas claras – por ejemplo, Colosenses 1:28
Sin excepción de personas
En sus relaciones con otras iglesias

En cuanto a ese último punto en el bosquejo, una de las áreas de peligro para cualquier pastor tiene que ver con sus relaciones con otras iglesias y pastores.

Si tenemos que tener cuidado con nuestras ovejas que Jesús ha puesto bajo nuestro cuidado, entonces hay que tener mucho cuidado con todo nuestro trato con pastores y miembros de otras iglesias para no socavar a ningún hombre de Dios o hacer algo que va en contra del fruto del Espíritu, o sea, en contra del amor, gozo, paz, etc., de una iglesia o de varias iglesias.

Hay personas que quieren usar a otro pastor o pastores como algunos niños quieren hacer con sus padres: buscan a ver cual padre le permitirá salir con lo suyo. Tenemos trabajo suficiente con las ovejas nuestras sin echar encima problemas de otros innecesariamente.

Esto no quiere decir que no debemos cooperar y ayudar a otras iglesias y pastores. Debe haber comunión entre iglesias para mutua edificación, pero debemos siempre respetar a cada iglesia y sus líderes y miembros y promover el bien de todas las iglesias.

Es necesario tener integridad bíblica en todas las relaciones con pastores e iglesias en todo lugar. Pero hay que ejercitar un cuidado especial si una persona de un país, idioma y cultura comienza a trabajar con personas de otro país, idioma y cultura. Los que no saben el idioma y costumbres, que no consulten o que hacen caso omiso de los consejos pueden tener problemas y causar y promulgar problemas para sí y para muchos.

Hemos visto casos en los cuales los líderes competentes y reconocidos en un país han sido menospreciados por líderes de otros países. Esto sucede cuando algún líder que no quiere resolver sus diferencias con los líderes de su propio país invita a personas de afuera (extranjeros) que vengan a ayudarle. Los de afuera aceptan la invitación sin consultar con los líderes locales probados y reconocidos o peor aún aceptan la invitación a pesar de los consejos y deseos de los líderes locales, así despreciando a esos hombres de Dios.

De esa manera las diferencias nunca (o raras veces) se resuelven entre las iglesias. Por eso hay muchas iglesias que viven con problemas y conflictos innecesarios que posiblemente, sino probablemente, hubieran sido resueltos si los líderes extranjeros no hubieran interferido. Hombres de integridad analizarán cuidadosamente cada situación en otro país o entre los de otro idioma o cultura y no se meterán indebidamente y sin buscar el bien y paz y unidad de todas las iglesias del Señor.

Confesamos que lo que se puede hacer trabajando fuera de nuestro país, idioma o cultura también puede suceder y ha sucedido en el mismo país y entre iglesias hermanas. Hay que tener mucho cuidado si buscamos ayudar a otra iglesia que no sea aquella misma donde el Señor nos ha puesto, aun si esa otra iglesia esté en nuestra propia vecindad y sus miembros y líderes del mismo trasfondo cultural.

La integridad pastoral nos llevará a seguir la palabra de Dios en todo y no buscar soluciones que no sean bíblicas en cualquier asunto que tiene que ver con otras iglesias y nuestra relación con ellas.

Durante los años que tengo en el ministerio, me ha causado mucha tristeza ver la ofuscación de varios pastores que profesando ser íntegros, en diferente ocasiones (algunos una vez; otros otra vez), han hecho ataques a hombres de Dios tratando de dañar sus nombres y socavar sus ministerios. Esos ataques se han llevado a cabo por medio de declaraciones falsas (incluyendo medias verdades y exageraciones) y aseveraciones injustas (no conforme a las Escrituras) y sin amor.

No se ve ninguna razón espiritual obvia y necesaria para tales ataques y la manera de hacerlos ha sido obviamente carnal. La integridad pastoral bíblica excluiría tales violaciones de la voluntad de Dios revelada claramente en su palabra. La integridad pastoral más bien buscaría hacer todo procurando la paz y la edificación de las iglesias del Señor, haciendo todo decentemente y en orden.

Nota final del autor:

Gran parte de estas notas y de lo que está escrito arriba fue preparado para la Conferencia de Pastores de la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, NJ, llevada a cabo en los días 2-7 de mayo de 2009. No todo lo que hay en estas notas fue presentado en la conferencia, y había cosas dichas que no están incluidos, pero espero que lo que se presenta aquí sea de provecho y para el bien de pastores e iglesias.

Noble Vater, San Juan, PR, 5 de junio de 2009

Notas al calce.
* Abreviaciones de varias versiones de la Biblia en español:

* LBA. Biblia de las Américas, publicada por Lockman Foundation.
* NVI. Nueva Versión Internacional, publicada por Zondervan/Vida.
* R60. Reina Valera de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* R95. Reina Valera de 1995, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* RVA. Versión Actualizada, publicada por Mundo Hispano.
* SRV. Reina Valera de 1909, publicada por las Sociedades Bíblicas (“versión antigua”).

1. avfqori,an (sustantivo acusativo femenino singular de avfqori,a)

© Copyright | Derechos Reservados

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Conferencia Pastoral 2009 | Integridad pastoral

Integridad pastoral

En noviembre de 2008 me pidieron que diera un estudio a una reunión de pastores bautistas en Puerto Rico sobre el tema “la integridad pastoral”. A los encargados de esta conferencia también les pareció bien que tratare este tema en esta conferencia.

En español la palabra integridad significa rectitud y honradez. Unos antónimos (palabras opuestas) son: corrupción, deshonestidad, parcialidad. [La definición de la Real Academia Española es: Calidad de íntegro (recto, intachable)]. Pastoral es lo que tiene que ver con el pastor y su trabajo.

Hay tantos aspectos de este tema que sin más definición y dirección particular es difícil saber a dónde ir y qué hacer en un tiempo o espacio limitado. En un sentido este tema puede encerrar casi el todo de lo que se llama “teología pastoral.” Pero vamos a comenzar con el uso de las palabras “íntegro” e “integridad” en la Biblia en español.

“Integro” e “integridad” en la Biblia en español:

En el Nuevo Testamento

Si buscamos la palabra “íntegro” o “integridad” en la Biblia en español veremos que esas palabras no se encuentren en el NT en la LBA* y solamente una vez en el NT en la R60* (“integridad” aparece en Tito 2:7).

La NVI* utiliza estas palabras 14 veces para traducir diferentes cosas, entre ellos “verdad” en el sentido de “genuino”. NVI la utiliza en Tito 2:7, igual al R60.

En versículos 6-8 de capítulo 2 de la epístola a Tito, Pablo manda:

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”

La palabra correspondiente en el texto griego¹ es una palabra usada una sola vez en el griego bíblico. Señala algo no corrupto, puro, sano o íntegro. LBA traduce:

“Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros.”

La RVA* y NVI están de acuerdo con las versiones de la Sociedad Bíblica (SRV*, R60 y R95*) no sólo en el uso de “integridad”, sino en su entendimiento de la relación de esa palabra con la enseñanza y las otras cosas que siguen. La enseñanza es con integridad y seriedad, etc.

RVA Tito 2:6, “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes, 7 mostrándote en todo como ejemplo de buenas obras. Demuestra en tu enseñanza integridad, seriedad 8 y palabra sana e irreprensible, para que el que se nos oponga se avergüence, no teniendo nada malo que decir de ninguno de nosotros”.

NVI Titus 2:6, “A los jóvenes, exhórtalos a ser sensatos. 7 Con tus buenas obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y seriedad, 8 y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que se oponga, pues no podrá decir nada malo de nosotros”.

No cabe duda que este es un aspecto importante de la integridad pastoral. Si entendemos enseñanza como lo que enseñamos, tiene que haber integridad, o sea, la presentación de todo el consejo de Dios, no rehusando nada a los oyentes.

O si miramos enseñanza como la manera de enseñar o la acción de enseñar, también tiene que ser con integridad: no torciendo las palabras o gramática; no haciendo caso omiso del contexto, no insensibles al progreso de la revelación (“teología bíblica); no presentando ideas propias usando el texto como una razón para exponer tales ideas; no presentando lo que la gente quiere oír sin tener convicciones propias sobre lo que el Señor dice; sino, exponiendo el texto fielmente con toda enseñanza y aplicación saliendo del texto mismo entendido correctamente. Sin estas cosas no hay integridad pastoral en esta área.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento “íntegro” o “integridad” aparecen en la Biblia en español como 39 veces en la R60 y en la LBA como 51 veces. Frecuentemente traducen palabras en hebreo que señalan lo que es “perfecto”, o sea completo, que no faltan cosas esenciales. El griego utiliza a veces una palabra que significa sin engaño, u otras veces, una palabra que significa “sin mancha, intachable”, o inocente o sin culpa.

Algunas de estas palabras no aparecen en el NT y las que aparecen a veces son descripciones de Cristo o de su pueblo pero pocas veces se refieren a pastores y/o su obra.

Siguiendo nuestras versiones en español, entonces es en el estudio del AT donde vemos la importancia de este tema. Podemos verlo en un texto como el Salmo 15:1-2:

“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón”. (LBA)

En los requisitos para los pastores, aparte del requisito de ser apto para enseñar, vemos que todo lo que el Señor exige de los supervisores son también deberes de todos los redimidos. Pero los pastores tienen que ser ejemplos en ellos. Así aquí.

Toda persona que habitará con el Señor anda en integridad. Entonces, el pastor de manera especial tiene que andar en integridad, y tiene que andar en integridad, no solamente en los asuntos de la vida como cualquier cristiano, sino también en su vocación u oficio como pastor. Y ese es el aspecto que debemos mirar.

El Salmo 78 termina con estos 3 versículos:

“Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos.”

Vemos el amor y cuidado de Dios hacia su pueblo en la elección de David para que fuera pastor de su pueblo. Y vemos que David cumplió su vocación, pastoreando, apacentando, conforme a la integridad de su corazón. En contraste con Saúl el rey que rebeló y no apacentó al pueblo de Dios, David lo hizo y lo hizo como tipo de su gran Hijo Jesús, el perfecto Pastor en todo sentido.

Pero el primer uso en la Biblia de la palabra que a veces es traducido “íntegro” nos atrae porque enfatiza un aspecto de mucha importancia en todo este asunto. En Génesis 17:1 leemos:

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”.

La palabra traducida aquí perfecto es la misma que a veces es traducida íntegro. Anda en mi presencia y sé íntegro.

Esa frase, “Anda delante de mí; anda en mi presencia” encierra lo que es absolutamente indispensable para una vida íntegra en cualquier persona. Saber que siempre estamos delante del Dios santísimo, glorioso, incomparable y que nos ha visitado en y por Jesucristo para rescatarnos – saber eso y conducirnos de acuerdo con esa realidad es el alma de la piedad bíblica, del verdadero temor de Dios. Por lo tanto es el alma de la fe reformada.

No son los cinco puntos del calvinismo el alma de la fe reformada, sino son esas las verdades que nos llevan a vivir esta realidad. No hay, ni puede haber, integridad en el pastor que no anda concientemente en la presencia de Dios como el rumbo básico y fundamental de su vida. Tal integridad viene por la gracia poderosa de Dios por medio de Cristo Jesús aplicada por su Espíritu Santo.

Cuando olvidemos que estamos en su presencia y así ignoramos su presencia entonces podemos hacer cosas que no son de acuerdo con su voluntad revelada en las Escrituras. Esperamos que el Dios fiel nos compunja por su Espíritu Santo y nos lleve al arrepentimiento.

O puede haber áreas de ofuscación y/o confusión y podemos pensar que estamos bien delante de El, pero si desviamos de su palabra, estamos simplemente engañando a nosotros mismos y usando el nombre de Dios para defendernos. Debemos orar que el Señor abra nuestros ojos para que veamos nuestros errores.

Peor y hasta fatal es tener la conciencia endurecida y hacer caso omiso de la presencia del Señor. No hay integridad mientras que esa condición permanezca.

Pero, suponiendo que el pastor desea ser todo lo que debe ser delante de Dios, entonces, ¿cuáles son las cosas necesarias para ser pastor íntegro?

Como observé al principio, la respuesta a esa pregunta podría llevarnos a un estudio de cada parte de lo que llamamos teología pastoral (porque necesito saber esa teología si voy a andar en integridad pastoral).

Lo que vamos estudiando y aprendiendo en esta conferencia de pastores (véase el programa) es necesario para que seamos pastores íntegros. Por ejemplo, esas prioridades de los pastores son todas necesarias si vamos a ser pastores íntegros. No hay la “perfección” / integridad que el Señor exige si no ponemos por práctica las cosas que el Señor exige de nosotros como pastores, cosas que hemos oído aquí en estos días.

Solamente tengo tiempo para hacer como un bosquejo con unas sugerencias sobre unas áreas que considero necesarias en relación a este asunto de la integridad pastoral.

Muchas veces si un equipo de béisbol o fútbol o lo que sea no juega como puede y debe es porque los jugadores no prestan atención a los fundamentales. Sugiero que si vamos a tener y mantener integridad pastoral entonces tenemos que acudir a los fundamentos. Espero que el repaso de cosas básicas sirva para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia para que como hombres de Dios seamos enteramente preparados para toda buena obra en el ministerio. Quisiera que sirva para consolación y exhortación y ánimo.

Entonces en forma breve y bosquejada, digo que si vamos a andar en integridad como pastores, entre otras cosas, tenemos que tomar en cuenta estos asuntos:

En general, tenemos que cuidar nuestra manera de vivir como hombres
delante de Dios
En todas las áreas de la vida
Tenemos que hacer esto en privado
Tenemos que hacerlo en la familia
Tenemos que hacerlo en las relaciones con todos:
en la iglesia y el mundo
Algunas razones porque esta integridad es tan importante
Para que la conciencia de otros sea tocada por la enseñanza,
2 Cor 4:2
Para que tengamos el testimonio de una buena conciencia
Para que no seamos hipócritas
Para que no seamos “profesionales”
Para que esta sea una realidad tiene que haber:
Piedad – verdadero temor de Dios
Vida santa – pureza de corazón, perseverancia en todo lo
que nos manda
Pablo mantuvo buena conciencia: Hch 24:16; 2 Tim 1:3; 2 Cor 2:12
Exhortó a Timoteo que tuviera buena conciencia: 1 Timoteo 1:5, 19

En particular, tenemos que cuidar nuestra manera de pastorear
como hombres delante de Dios
Cumpliendo con los requisitos para el oficio del pastor
(1 Timoteo 3 y Tito 2).
Prestando atención a los deberes de los pastores
revelados en la Biblia, p.e.,
Buscando que todos crezcan y se maduren en Cristo (Colosenses 1:28)
Sin excepción de personas
Hacia los que pueden causarnos problemas
Hacia los que aportan mucho (o de dinero o de otras maneras),
o poco
Tenemos que conocer a nuestras ovejas
No debemos tener reglas diferentes para situaciones parecidas

Usando otro bosquejo para resumir, el pastor íntegro debe tener estas cosas básicas en su vida:

Creer firmemente toda la palabra de Dios
Predicar fielmente toda la palabra de Dios
Practicar con perseverancia, diligencia y sinceridad lo que predica
En privado
En la familia
En la iglesia
No como un asalariado o profesional
Con diligencia – Es labor; tenemos que entregarnos a estas cosas
Con auto negación – por ejemplo, 1 Corintios 9:18-27
Con metas bíblicas claras – por ejemplo, Colosenses 1:28
Sin excepción de personas
En sus relaciones con otras iglesias

En cuanto a ese último punto en el bosquejo, una de las áreas de peligro para cualquier pastor tiene que ver con sus relaciones con otras iglesias y pastores.

Si tenemos que tener cuidado con nuestras ovejas que Jesús ha puesto bajo nuestro cuidado, entonces hay que tener mucho cuidado con todo nuestro trato con pastores y miembros de otras iglesias para no socavar a ningún hombre de Dios o hacer algo que va en contra del fruto del Espíritu, o sea, en contra del amor, gozo, paz, etc., de una iglesia o de varias iglesias.

Hay personas que quieren usar a otro pastor o pastores como algunos niños quieren hacer con sus padres: buscan a ver cual padre le permitirá salir con lo suyo. Tenemos trabajo suficiente con las ovejas nuestras sin echar encima problemas de otros innecesariamente.

Esto no quiere decir que no debemos cooperar y ayudar a otras iglesias y pastores. Debe haber comunión entre iglesias para mutua edificación, pero debemos siempre respetar a cada iglesia y sus líderes y miembros y promover el bien de todas las iglesias.

Es necesario tener integridad bíblica en todas las relaciones con pastores e iglesias en todo lugar. Pero hay que ejercitar un cuidado especial si una persona de un país, idioma y cultura comienza a trabajar con personas de otro país, idioma y cultura. Los que no saben el idioma y costumbres, que no consulten o que hacen caso omiso de los consejos pueden tener problemas y causar y promulgar problemas para sí y para muchos.

Hemos visto casos en los cuales los líderes competentes y reconocidos en un país han sido menospreciados por líderes de otros países. Esto sucede cuando algún líder que no quiere resolver sus diferencias con los líderes de su propio país invita a personas de afuera (extranjeros) que vengan a ayudarle. Los de afuera aceptan la invitación sin consultar con los líderes locales probados y reconocidos o peor aún aceptan la invitación a pesar de los consejos y deseos de los líderes locales, así despreciando a esos hombres de Dios.

De esa manera las diferencias nunca (o raras veces) se resuelven entre las iglesias. Por eso hay muchas iglesias que viven con problemas y conflictos innecesarios que posiblemente, sino probablemente, hubieran sido resueltos si los líderes extranjeros no hubieran interferido. Hombres de integridad analizarán cuidadosamente cada situación en otro país o entre los de otro idioma o cultura y no se meterán indebidamente y sin buscar el bien y paz y unidad de todas las iglesias del Señor.

Confesamos que lo que se puede hacer trabajando fuera de nuestro país, idioma o cultura también puede suceder y ha sucedido en el mismo país y entre iglesias hermanas. Hay que tener mucho cuidado si buscamos ayudar a otra iglesia que no sea aquella misma donde el Señor nos ha puesto, aun si esa otra iglesia esté en nuestra propia vecindad y sus miembros y líderes del mismo trasfondo cultural.

La integridad pastoral nos llevará a seguir la palabra de Dios en todo y no buscar soluciones que no sean bíblicas en cualquier asunto que tiene que ver con otras iglesias y nuestra relación con ellas.

Durante los años que tengo en el ministerio, me ha causado mucha tristeza ver la ofuscación de varios pastores que profesando ser íntegros, en diferente ocasiones (algunos una vez; otros otra vez), han hecho ataques a hombres de Dios tratando de dañar sus nombres y socavar sus ministerios. Esos ataques se han llevado a cabo por medio de declaraciones falsas (incluyendo medias verdades y exageraciones) y aseveraciones injustas (no conforme a las Escrituras) y sin amor.

No se ve ninguna razón espiritual obvia y necesaria para tales ataques y la manera de hacerlos ha sido obviamente carnal. La integridad pastoral bíblica excluiría tales violaciones de la voluntad de Dios revelada claramente en su palabra. La integridad pastoral más bien buscaría hacer todo procurando la paz y la edificación de las iglesias del Señor, haciendo todo decentemente y en orden.

Nota final del autor:

Gran parte de estas notas y de lo que está escrito arriba fue preparado para la Conferencia de Pastores de la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, NJ, llevada a cabo en los días 2-7 de mayo de 2009. No todo lo que hay en estas notas fue presentado en la conferencia, y había cosas dichas que no están incluidos, pero espero que lo que se presenta aquí sea de provecho y para el bien de pastores e iglesias.

Noble Vater, San Juan, PR, 5 de junio de 2009

Notas al calce.
* Abreviaciones de varias versiones de la Biblia en español:

* LBA. Biblia de las Américas, publicada por Lockman Foundation.
* NVI. Nueva Versión Internacional, publicada por Zondervan/Vida.
* R60. Reina Valera de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* R95. Reina Valera de 1995, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* RVA. Versión Actualizada, publicada por Mundo Hispano.
* SRV. Reina Valera de 1909, publicada por las Sociedades Bíblicas (“versión antigua”).

1. avfqori,an (sustantivo acusativo femenino singular de avfqori,a)

<em>Derechos Reservados ©2009</em>

<a href=”http://www.ibrnj.org/integridad-pastoral/pastorvaterblue/” rel=”attachment wp-att-4939″><img src=”http://www.ibrnj.org/wp-content/uploads/pastorvaterblue.jpg” alt=”” title=”pastorvaterblue” width=”200″ height=”224″ class=”alignleft size-full wp-image-4939″ /></a><strong>Pastor Noble Vater</strong>

En noviembre de 2008 me pidieron que diera un estudio a una reunión de pastores bautistas en Puerto Rico sobre el tema “la integridad pastoral”. A los encargados de esta conferencia también les pareció bien que tratare este tema en esta conferencia.

En español la palabra integridad significa rectitud y honradez. Unos antónimos (palabras opuestas) son: corrupción, deshonestidad, parcialidad. [La definición de la Real Academia Española es: Calidad de íntegro (recto, intachable)]. Pastoral es lo que tiene que ver con el pastor y su trabajo.

Hay tantos aspectos de este tema que sin más definición y dirección particular es difícil saber a dónde ir y qué hacer en un tiempo o espacio limitado. En un sentido este tema puede encerrar casi el todo de lo que se llama “teología pastoral.” Pero vamos a comenzar con el uso de las palabras “íntegro” e “integridad” en la Biblia en español.

“Integro” e “integridad” en la Biblia en español:

En el Nuevo Testamento

Si buscamos la palabra “íntegro” o “integridad” en la Biblia en español veremos que esas palabras no se encuentren en el NT en la LBA* y solamente una vez en el NT en la R60* (“integridad” aparece en Tito 2:7).

La NVI* utiliza estas palabras 14 veces para traducir diferentes cosas, entre ellos “verdad” en el sentido de “genuino”. NVI la utiliza en Tito 2:7, igual al R60.

En versículos 6-8 de capítulo 2 de la epístola a Tito, Pablo manda:

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”

La palabra correspondiente en el texto griego¹ es una palabra usada una sola vez en el griego bíblico. Señala algo no corrupto, puro, sano o íntegro. LBA traduce:

“Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros.”

La RVA* y NVI están de acuerdo con las versiones de la Sociedad Bíblica (SRV*, R60 y R95*) no sólo en el uso de “integridad”, sino en su entendimiento de la relación de esa palabra con la enseñanza y las otras cosas que siguen. La enseñanza es con integridad y seriedad, etc.

RVA Tito 2:6, “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes, 7 mostrándote en todo como ejemplo de buenas obras. Demuestra en tu enseñanza integridad, seriedad 8 y palabra sana e irreprensible, para que el que se nos oponga se avergüence, no teniendo nada malo que decir de ninguno de nosotros”.

NVI Titus 2:6, “A los jóvenes, exhórtalos a ser sensatos. 7 Con tus buenas obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y seriedad, 8 y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que se oponga, pues no podrá decir nada malo de nosotros”.

No cabe duda que este es un aspecto importante de la integridad pastoral. Si entendemos enseñanza como lo que enseñamos, tiene que haber integridad, o sea, la presentación de todo el consejo de Dios, no rehusando nada a los oyentes.

O si miramos enseñanza como la manera de enseñar o la acción de enseñar, también tiene que ser con integridad: no torciendo las palabras o gramática; no haciendo caso omiso del contexto, no insensibles al progreso de la revelación (“teología bíblica); no presentando ideas propias usando el texto como una razón para exponer tales ideas; no presentando lo que la gente quiere oír sin tener convicciones propias sobre lo que el Señor dice; sino, exponiendo el texto fielmente con toda enseñanza y aplicación saliendo del texto mismo entendido correctamente. Sin estas cosas no hay integridad pastoral en esta área.

En el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento “íntegro” o “integridad” aparecen en la Biblia en español como 39 veces en la R60 y en la LBA como 51 veces. Frecuentemente traducen palabras en hebreo que señalan lo que es “perfecto”, o sea completo, que no faltan cosas esenciales. El griego utiliza a veces una palabra que significa sin engaño, u otras veces, una palabra que significa “sin mancha, intachable”, o inocente o sin culpa.

Algunas de estas palabras no aparecen en el NT y las que aparecen a veces son descripciones de Cristo o de su pueblo pero pocas veces se refieren a pastores y/o su obra.

Siguiendo nuestras versiones en español, entonces es en el estudio del AT donde vemos la importancia de este tema. Podemos verlo en un texto como el Salmo 15:1-2:

“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón”. (LBA)

En los requisitos para los pastores, aparte del requisito de ser apto para enseñar, vemos que todo lo que el Señor exige de los supervisores son también deberes de todos los redimidos. Pero los pastores tienen que ser ejemplos en ellos. Así aquí.

Toda persona que habitará con el Señor anda en integridad. Entonces, el pastor de manera especial tiene que andar en integridad, y tiene que andar en integridad, no solamente en los asuntos de la vida como cualquier cristiano, sino también en su vocación u oficio como pastor. Y ese es el aspecto que debemos mirar.

El Salmo 78 termina con estos 3 versículos:

“Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de sus manos.”

Vemos el amor y cuidado de Dios hacia su pueblo en la elección de David para que fuera pastor de su pueblo. Y vemos que David cumplió su vocación, pastoreando, apacentando, conforme a la integridad de su corazón. En contraste con Saúl el rey que rebeló y no apacentó al pueblo de Dios, David lo hizo y lo hizo como tipo de su gran Hijo Jesús, el perfecto Pastor en todo sentido.

Pero el primer uso en la Biblia de la palabra que a veces es traducido “íntegro” nos atrae porque enfatiza un aspecto de mucha importancia en todo este asunto. En Génesis 17:1 leemos:

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”.

La palabra traducida aquí perfecto es la misma que a veces es traducida íntegro. Anda en mi presencia y sé íntegro.

Esa frase, “Anda delante de mí; anda en mi presencia” encierra lo que es absolutamente indispensable para una vida íntegra en cualquier persona. Saber que siempre estamos delante del Dios santísimo, glorioso, incomparable y que nos ha visitado en y por Jesucristo para rescatarnos – saber eso y conducirnos de acuerdo con esa realidad es el alma de la piedad bíblica, del verdadero temor de Dios. Por lo tanto es el alma de la fe reformada.

No son los cinco puntos del calvinismo el alma de la fe reformada, sino son esas las verdades que nos llevan a vivir esta realidad. No hay, ni puede haber, integridad en el pastor que no anda concientemente en la presencia de Dios como el rumbo básico y fundamental de su vida. Tal integridad viene por la gracia poderosa de Dios por medio de Cristo Jesús aplicada por su Espíritu Santo.

Cuando olvidemos que estamos en su presencia y así ignoramos su presencia entonces podemos hacer cosas que no son de acuerdo con su voluntad revelada en las Escrituras. Esperamos que el Dios fiel nos compunja por su Espíritu Santo y nos lleve al arrepentimiento.

O puede haber áreas de ofuscación y/o confusión y podemos pensar que estamos bien delante de El, pero si desviamos de su palabra, estamos simplemente engañando a nosotros mismos y usando el nombre de Dios para defendernos. Debemos orar que el Señor abra nuestros ojos para que veamos nuestros errores.

Peor y hasta fatal es tener la conciencia endurecida y hacer caso omiso de la presencia del Señor. No hay integridad mientras que esa condición permanezca.

Pero, suponiendo que el pastor desea ser todo lo que debe ser delante de Dios, entonces, ¿cuáles son las cosas necesarias para ser pastor íntegro?

Como observé al principio, la respuesta a esa pregunta podría llevarnos a un estudio de cada parte de lo que llamamos teología pastoral (porque necesito saber esa teología si voy a andar en integridad pastoral).

Lo que vamos estudiando y aprendiendo en esta conferencia de pastores (véase el programa) es necesario para que seamos pastores íntegros. Por ejemplo, esas prioridades de los pastores son todas necesarias si vamos a ser pastores íntegros. No hay la “perfección” / integridad que el Señor exige si no ponemos por práctica las cosas que el Señor exige de nosotros como pastores, cosas que hemos oído aquí en estos días.

Solamente tengo tiempo para hacer como un bosquejo con unas sugerencias sobre unas áreas que considero necesarias en relación a este asunto de la integridad pastoral.

Muchas veces si un equipo de béisbol o fútbol o lo que sea no juega como puede y debe es porque los jugadores no prestan atención a los fundamentales. Sugiero que si vamos a tener y mantener integridad pastoral entonces tenemos que acudir a los fundamentos. Espero que el repaso de cosas básicas sirva para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia para que como hombres de Dios seamos enteramente preparados para toda buena obra en el ministerio. Quisiera que sirva para consolación y exhortación y ánimo.

Entonces en forma breve y bosquejada, digo que si vamos a andar en integridad como pastores, entre otras cosas, tenemos que tomar en cuenta estos asuntos:

En general, tenemos que cuidar nuestra manera de vivir como hombres
delante de Dios
En todas las áreas de la vida
Tenemos que hacer esto en privado
Tenemos que hacerlo en la familia
Tenemos que hacerlo en las relaciones con todos:
en la iglesia y el mundo
Algunas razones porque esta integridad es tan importante
Para que la conciencia de otros sea tocada por la enseñanza,
2 Cor 4:2
Para que tengamos el testimonio de una buena conciencia
Para que no seamos hipócritas
Para que no seamos “profesionales”
Para que esta sea una realidad tiene que haber:
Piedad – verdadero temor de Dios
Vida santa – pureza de corazón, perseverancia en todo lo
que nos manda
Pablo mantuvo buena conciencia: Hch 24:16; 2 Tim 1:3; 2 Cor 2:12
Exhortó a Timoteo que tuviera buena conciencia: 1 Timoteo 1:5, 19

En particular, tenemos que cuidar nuestra manera de pastorear
como hombres delante de Dios
Cumpliendo con los requisitos para el oficio del pastor
(1 Timoteo 3 y Tito 2).
Prestando atención a los deberes de los pastores
revelados en la Biblia, p.e.,
Buscando que todos crezcan y se maduren en Cristo (Colosenses 1:28)
Sin excepción de personas
Hacia los que pueden causarnos problemas
Hacia los que aportan mucho (o de dinero o de otras maneras),
o poco
Tenemos que conocer a nuestras ovejas
No debemos tener reglas diferentes para situaciones parecidas

Usando otro bosquejo para resumir, el pastor íntegro debe tener estas cosas básicas en su vida:

Creer firmemente toda la palabra de Dios
Predicar fielmente toda la palabra de Dios
Practicar con perseverancia, diligencia y sinceridad lo que predica
En privado
En la familia
En la iglesia
No como un asalariado o profesional
Con diligencia – Es labor; tenemos que entregarnos a estas cosas
Con auto negación – por ejemplo, 1 Corintios 9:18-27
Con metas bíblicas claras – por ejemplo, Colosenses 1:28
Sin excepción de personas
En sus relaciones con otras iglesias

En cuanto a ese último punto en el bosquejo, una de las áreas de peligro para cualquier pastor tiene que ver con sus relaciones con otras iglesias y pastores.

Si tenemos que tener cuidado con nuestras ovejas que Jesús ha puesto bajo nuestro cuidado, entonces hay que tener mucho cuidado con todo nuestro trato con pastores y miembros de otras iglesias para no socavar a ningún hombre de Dios o hacer algo que va en contra del fruto del Espíritu, o sea, en contra del amor, gozo, paz, etc., de una iglesia o de varias iglesias.

Hay personas que quieren usar a otro pastor o pastores como algunos niños quieren hacer con sus padres: buscan a ver cual padre le permitirá salir con lo suyo. Tenemos trabajo suficiente con las ovejas nuestras sin echar encima problemas de otros innecesariamente.

Esto no quiere decir que no debemos cooperar y ayudar a otras iglesias y pastores. Debe haber comunión entre iglesias para mutua edificación, pero debemos siempre respetar a cada iglesia y sus líderes y miembros y promover el bien de todas las iglesias.

Es necesario tener integridad bíblica en todas las relaciones con pastores e iglesias en todo lugar. Pero hay que ejercitar un cuidado especial si una persona de un país, idioma y cultura comienza a trabajar con personas de otro país, idioma y cultura. Los que no saben el idioma y costumbres, que no consulten o que hacen caso omiso de los consejos pueden tener problemas y causar y promulgar problemas para sí y para muchos.

Hemos visto casos en los cuales los líderes competentes y reconocidos en un país han sido menospreciados por líderes de otros países. Esto sucede cuando algún líder que no quiere resolver sus diferencias con los líderes de su propio país invita a personas de afuera (extranjeros) que vengan a ayudarle. Los de afuera aceptan la invitación sin consultar con los líderes locales probados y reconocidos o peor aún aceptan la invitación a pesar de los consejos y deseos de los líderes locales, así despreciando a esos hombres de Dios.

De esa manera las diferencias nunca (o raras veces) se resuelven entre las iglesias. Por eso hay muchas iglesias que viven con problemas y conflictos innecesarios que posiblemente, sino probablemente, hubieran sido resueltos si los líderes extranjeros no hubieran interferido. Hombres de integridad analizarán cuidadosamente cada situación en otro país o entre los de otro idioma o cultura y no se meterán indebidamente y sin buscar el bien y paz y unidad de todas las iglesias del Señor.

Confesamos que lo que se puede hacer trabajando fuera de nuestro país, idioma o cultura también puede suceder y ha sucedido en el mismo país y entre iglesias hermanas. Hay que tener mucho cuidado si buscamos ayudar a otra iglesia que no sea aquella misma donde el Señor nos ha puesto, aun si esa otra iglesia esté en nuestra propia vecindad y sus miembros y líderes del mismo trasfondo cultural.

La integridad pastoral nos llevará a seguir la palabra de Dios en todo y no buscar soluciones que no sean bíblicas en cualquier asunto que tiene que ver con otras iglesias y nuestra relación con ellas.

Durante los años que tengo en el ministerio, me ha causado mucha tristeza ver la ofuscación de varios pastores que profesando ser íntegros, en diferente ocasiones (algunos una vez; otros otra vez), han hecho ataques a hombres de Dios tratando de dañar sus nombres y socavar sus ministerios. Esos ataques se han llevado a cabo por medio de declaraciones falsas (incluyendo medias verdades y exageraciones) y aseveraciones injustas (no conforme a las Escrituras) y sin amor.

No se ve ninguna razón espiritual obvia y necesaria para tales ataques y la manera de hacerlos ha sido obviamente carnal. La integridad pastoral bíblica excluiría tales violaciones de la voluntad de Dios revelada claramente en su palabra. La integridad pastoral más bien buscaría hacer todo procurando la paz y la edificación de las iglesias del Señor, haciendo todo decentemente y en orden.

Nota final del autor:

Gran parte de estas notas y de lo que está escrito arriba fue preparado para la Conferencia de Pastores de la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, NJ, llevada a cabo en los días 2-7 de mayo de 2009. No todo lo que hay en estas notas fue presentado en la conferencia, y había cosas dichas que no están incluidos, pero espero que lo que se presenta aquí sea de provecho y para el bien de pastores e iglesias.

Noble Vater, San Juan, PR, 5 de junio de 2009

Notas al calce.
* Abreviaciones de varias versiones de la Biblia en español:

* LBA. Biblia de las Américas, publicada por Lockman Foundation.
* NVI. Nueva Versión Internacional, publicada por Zondervan/Vida.
* R60. Reina Valera de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* R95. Reina Valera de 1995, publicada por las Sociedades Bíblicas.
* RVA. Versión Actualizada, publicada por Mundo Hispano.
* SRV. Reina Valera de 1909, publicada por las Sociedades Bíblicas (“versión antigua”).

1. avfqori,an (sustantivo acusativo femenino singular de avfqori,a)

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2008 Pastors’ Conference | Worship IV: The Practice of Worship

¿Cómo practicamos la adoración?

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¿Cómo practicamos la adoración?

La esencia de la salvación y la esencia de la adoración es la vida con Dios. La meta de la salvación es la vida con Dios: la vida con Dios que mora con nosotros, el Dios a quien le agrada tener contacto con su pueblo. Esa es la esencia de nuestra salvación, la esencia de nuestra adoración.

Esta perspectiva se expresa desde el principio hasta el final de nuestra Biblia. Lo vemos, por ejemplo, en Éxodo capítulo veintinueve; en este capítulo tenemos este testimonio de nuestro Antiguo Testamento. Allí encontramos las bendiciones de la adoración sacrificial reglamentada por Dios, en las que Él expresa la esencia de la promesa de Su pacto.

En Éxodo capítulo veintinueve y comenzando en el versículo cuarenta y dos leemos: “Será” [aquí se refiere al holocausto y al incienso]:

“Será holocausto continuo por vuestras generaciones a la entrada de la tienda de reunión, delante del Señor, donde yo me encontraré con vosotros, para hablar allí contigo. Y me encontraré allí con los hijos de Israel, y el lugar será santificado por mi gloria. Santificaré la tienda de reunión y el altar; también santificaré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para morar yo en medio de ellos. Yo soy el Señor su Dios”.

Esta es la esencia de la bendición salvífica de Dios sobre Su pueblo que le adora: que Él mora en medio nuestro como nuestro Dios y nosotros como pueblo suyo.

Esto se expresa también en el Nuevo Testamento, en la era de la iglesia actual en segunda de Corintios, capítulo seis, desde el versículo dieciséis y hasta el versículo dieciocho leemos:

“¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor; y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

Yo habitaré en medio de ellos. Yo seré su Dios. Ellos serán mi pueblo. La nueva familia del pacto de Dios, hijos e hijas para Dios, constituidos como un templo, el templo del Dios vivo. Y aquí volvemos a tener nuestra esperanza final en la era venidera.

En Apocalipsis capítulo veintiuno, comenzando desde el versículo uno y hasta el versículo tres encontramos:

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos”.

Y luego viene el versículo más glorioso, que es el versículo siete:

“El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo”.

Dios morará con nosotros; nosotros seremos los hijos de Dios y viviremos en una creación que habrá sido transformada en el tabernáculo mismo, el santo templo de Dios. Hermanos, yo creo que si nos aferráramos a esta verdad fundamental de que Dios mora en medio nuestro, una gran parte de nuestra confusión sobre la adoración empezaría inmediatamente a despejarse.

Si sintonizáramos nuestra fe para concretar la presencia de Dios con nosotros; si nos concentráramos en que Dios mora en medio de nosotros; si aprendiéramos a identificar que esto es la esencia de la adoración aceptable, que también se encuentra en otras iglesias, distintas a las nuestras en ciertas formas, pero en medio de las cuales podemos ver, a pesar de todo, la presencia de Dios; si aprendiéramos a reconocer esa presencia de Dios en medio nuestro y en otras iglesias, en mi opinión creo que se habría conseguido hacer un gran progreso que permitiría cultivar la unidad del Espíritu en los vínculos de la paz, y haría que nos alentáramos unos a otros para ir en busca de una adoración que diera honra a Dios.

Entre las iglesias cristianas encontramos diferencias. En mi opinión no estaría de más, llegado el caso, distinguir entre los elementos de adoración y las formas en que esta se puede llevar esta a cabo; los elementos de la adoración y las formas de adoración.

Por ejemplo, la oración es un elemento; es un componente, una actividad prescrita por la Biblia como elemento de adoración. Debemos orar, pero la oración corporativa puede tomar formas distintas. Hay iglesias que recitan al unísono el Padre Nuestro. Hay otras iglesias donde la oración se escribe y se utiliza un libro de oración. En otras iglesias lo que se practica es la oración extemporánea.

Ahora bien, por nuestra tradición, por nuestros antecedentes y por nuestra experiencia, nosotros podemos preferir una forma u otra. Sin embargo, podemos reconocer el elemento de la oración y, por este medio, nuestra conciencia puede ser dirigida. Por medio de la oración podemos llegar a creer que Dios está presente en medio de unas personas que, ciertamente están orando pero que, quizás, lo están haciendo de una forma distinta a lo que nosotros estamos acostumbrados y practicamos en nuestra iglesia local.

Luego, claro está, tenemos el elemento del cántico. Aquí nos encontramos con un verdadero reto hoy en día. Me produce temor incluso el simple tanteo del terreno en el que se encuentra este tema ya que es una mina que, sin duda, explotará bajo mis pies. Sin embargo, seguiré adelante con ello.

Cantar es un elemento de la adoración bíblica, pero existe toda una variedad de formas en las que se pueden presentar los cánticos en la adoración. Algunas iglesias tienen un coro y un tipo de música especial; en otras iglesias solo se practica el canto congregacional; otras solo cantan los Salmos.

Algunas iglesias usan coritos, en otras se usan los himnarios; las hay en las que se proyectan las palabras en una pantalla y en otras se canta a capela sin instrumentos; o solo con el piano; a veces solo la guitarra, y así sucesivamente. En algunas iglesias hay una pequeña orquesta.

Bueno, evidentemente yo tengo mis preferencias en estas cosas, y creo que tengo buenas razones para ello. Sin embargo, como hermano en Cristo que intenta fomentar la unidad de espíritu en los lazos de la paz, puedo al menos reconocer el elemento aunque admita que haya diferencias en las formas.

Ahora bien, yo creo que en consciencia podemos ser guiados a preferir una forma más que otra, según la información bíblica que tengamos. Pero lo que pretendo decir, en principio, es que debemos aprender a distinguir entre el elemento y la forma. Esto os liberará, y no constituirá una atadura ¿me comprendéis? Os liberará y hará que os sintáis hijos de Dios, alguien conciliador, e hijos del Altísimo; actuareis en gracia y os sentiréis unificados con los hermanos en la forma en que el Espíritu nos ha dado esa unidad.

Ahora, necesitamos conseguir un equilibrio en estas cosas; un equilibrio entre lo que está establecido y lo que está permitido; un equilibrio entre la ley y la gracia; un equilibrio en el compromiso con las normas bíblicas inflexibles, aunque reconociendo la presencia de Dios en las tradiciones y formas de adoración que expresan los elementos bíblicos. Quizás se trate de formas que son un tanto distintas a las que, de otro modo, contarían con nuestra preferencia y serían las que nosotros practicásemos.

Queremos tener una buena conciencia y, mientras adoramos, queremos saber que lo estamos haciendo en una forma de adoración bíblicamente establecida, en vez de hacerlo mediante elementos de adoración. Queremos tener una buena conciencia hacia los hermanos cuyas formas de adoración puedan ser distintas a las nuestras, aunque tengan igualmente sus principios y también sean bíblicas.

Necesitamos discernimiento, y para ello debemos darnos cuenta de que aquí hay un factor que entra en juego: el papel legítimo que tenemos como ancianos y pastores en la iglesia a la hora de dirigir la adoración a Dios.

Debemos dirigir a nuestra gente en adoración, y guiarles en una adoración que sea según las normas bíblicas. Pero debemos liderar a nuestra gente en la adoración. Esto significa que debe haber una sensibilidad hacia quiénes son, hacia su condición de pueblo de Dios. De este modo, junto con el pueblo de Dios y con nuestras Biblias abiertas, los líderes debemos guiar al rebaño a esa adoración que es según las normas bíblicas y que expresa la verdadera adoración que sale del corazón, en medio de ese pueblo en particular.

Somos específicamente responsables de generar el clima en el que se dirige la adoración, y gran parte de las formas de nuestra adoración proporcionará la información sobre el ambiente que se está generando en nuestra adoración. Si nuestras formas son descuidadas; si la forma en la que oramos, la forma en la que se presenta nuestra música; si las formas son informales y mundanas y no se distinguen por su reverencia; por darle honra a Dios, entonces el clima que estamos generando hace que a las personas les resulte difícil entender que han salido del mundo para entrar en la presencia de Dios.

Hay ciertas libertades que podríamos utilizar a la hora de expresarnos, pero por amor a la honra que hay que darle a Dios, necesitamos ser sabios en la forma en la que adoramos a Dios, en las formas de nuestra adoración en cualquier entorno cultural y en cualquier generación y tiempo.

Necesitamos dirigir a nuestra gente ejerciendo la autoridad bíblica, para poder establecer la clara distinción de que ahora hemos entrado en la presencia de Dios. Esto no solo debe hacerse por medio de los elementos de adoración, sino también por medio del ambiente, que tanto dice de las formas que usamos y, también, por la manera en la que llevamos a cabo nuestra adoración.

Debemos dirigir a nuestra congregación en estas cosas también, y cabe ejercer la autoridad legítima; esa autoridad de la que habla la Biblia que debemos utilizar a la hora de decir, como líderes o como ancianos, que esas son las formas que hemos elegido utilizar.

Es posible que algunos no estén expresamente de acuerdo con ello, o que quizás no les guste específicamente; pero cuando se trata de hacerlo, vosotros sois los ancianos y no ellos. Vosotros tenéis la responsabilidad de poner orden en la casa de Dios, en el tema de la adoración, y necesitáis tomar el liderazgo y guiar a vuestra gente a lo que sea más reverente y aquello que más honra le dé a Dios.

Así pues, debéis tener discernimiento; tenéis que tener sabiduría y aquí es donde el Espíritu Santo está más involucrado. Nos proporciona la gracia para ejercer nuestro liderazgo de manera que, por una parte, no ordenemos cosas que violen las normas bíblicas y que no seamos unos tiranos con respecto a la conciencia del hombre. Por otra parte, se encarga de que no seamos tan descuidados, negligentes y ególatras como para no tener la sensibilidad necesaria en el tema de conducir a las personas a una experiencia de santidad, una experiencia sagrada porque nos estamos acercando a la presencia de Dios.

No somos una reunión como otra cualquiera de las que se mantienen en nuestra cultura. A veces siento pena por mucha gente, especialmente por los jóvenes, por los niños, porque les puede resultar difícil expresar cuál es la diferencia entre ir a un concierto de música o ir a la iglesia. ¡Y debería haber una diferencia!

Nos corresponde a nosotros como líderes asegurarnos de que la diferencia sea palpable, que se pueda experimentar, de manera que en nuestras reuniones vengan a la presencia de Dios, que se postren y digan de verdad “Dios está en medio de vosotros”.

No tienen esa experiencia en una sala de conferencias en la universidad. No experimentan esto en un concierto de música. No tienen esa experiencia en una manifestación política, pero ¡sí la tienen en la iglesia! Por ese motivo tenemos que ser sabios en los tipos de formas que introducimos en la adoración a Dios y debemos guiar a las personas hacia elementos de adoración que estén dentro de la normativa bíblica.

Y bien, ¿cuáles son esos elementos? Propongo que sigamos el principio que se expresa, de forma sucinta, en Santiago capítulo cuatro y versículo ocho. En ese texto encontramos una exhortación que vamos a leer: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros”.

Aquí es donde voy a dividir nuestro estudio, en la hora final, en dos partes: las cosas que hacemos y por las que nos acercamos a Dios, y las cosas que se hacen en adoración por medio de las cuales Dios se acerca a nosotros. Como veis, la adoración es una dinámica en dos sentidos: lo que le damos a Dios y lo que recibimos de Él. Le ofrecemos nuestro sacrificio espiritual como sacerdotes, y Él responde morando en medio de nosotros y transmitiendo su presencia y su amor hacia nosotros.

Ahora bien, ¿cuáles son las actividades por medio de las cuales le damos nuestro sacrificio espiritual? En mi opinión el primero es la oración. En Mateo capítulo veintiuno, versículo trece, Jesús dice: “Mi casa será llamada casa de oración”. En Hebreos, capítulo trece y versículo quince: “Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre”.

Dar gracias y alabar son sacrificios. Son la adoración del sacerdocio del nuevo pacto. Nuestras oraciones deben expresar nuestra gratitud a Dios; debemos hacer oraciones en las que le demos gracias, oraciones de alabanza y adoración. La ingratitud mata a la adoración; un pueblo desagradecido no puede adorar.

Pablo nos habla acerca de la raíz de la idolatría, en Romanos capítulo uno, versículo veintiuno. Nos dice que aunque ellos conocían a Dios, no le honraban como Dios, ni le daban gracias, sino que se volvieron fútiles en sus especulaciones.

Era un pueblo incapaz de venir delante de Él con acción de gracias, y de ser agradecido en todo. Cualquiera que sea nuestra situación, sean cuales sean los retos a los que tengamos que enfrentarnos, somos un pueblo bendecido con la presencia de Dios; somos salvos.

Tenemos un Dios en el que nos gozamos y debemos ser agradecidos. Las oraciones de acción de gracias y alabanza son también oraciones de confesión de pecado. Una vez más es una adoración sacrificial y así lo vemos en el Salmo cincuenta y uno, versículo diecisiete: “Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”.

Adoramos a Dios en nuestra condición de pecadores creyentes; por consiguiente, en nuestra adoración corporativa, nuestras oraciones deben expresar la confesión de nuestro pecado. Estamos confiando en Jesús como sacrificio expiatorio por nuestro pecado. Venimos delante de Dios y confesamos nuestro pecado, con humildad y con un corazón quebrantado y contrito.

Si la esencia de la adoración es conocer y experimentar a Dios en medio nuestro, entonces en Isaías cincuenta y siete, versículo quince Él nos dice dónde podemos encontrarle:

“Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos”.

Si adorar es conocer al Dios que mora en medio nuestro, entonces Dios dice: he aquí el pueblo en medio del cual yo habito, un pueblo contrito, un pueblo humilde, un pueblo que confiesa sus pecados, que ofrece el sacrificio de la oración y la confesión que procede de un corazón contrito. Tenemos también la oración de intercesión en primera de Timoteo, capítulo dos, versículos uno y dos:

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad”.

El versículo catorce del capítulo tres dice: “Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto, pero en caso que me tarde, te escribo estas cosas para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad”.

Pablo, ¿qué quieres que hagamos? Pues bien, en primer lugar quiero que oréis y quiero que vuestras oraciones incluyan peticiones de intercesión en favor de los hombres, pidiendo por aquellos que están en puestos de autoridad, para que podamos vivir vidas pacíficas. Esto es aceptable a Dios, y también que intercedamos por los que aún tienen que venir al conocimiento del único Dios y el único mediador entre Dios y los hombres, que es Cristo Jesús, porque Dios desea que los hombres sean salvos. Orad por ellos, elevad oraciones de intercesión. “Quiero”, dice el capítulo dos, versículo ocho, “que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones”.

¿Qué más deberíamos hacer para acercarnos a Dios? Junto con la oración, creo que la congregación debería cantar; pienso que nuestros cánticos son una expresión de la oración; es una aproximación a Dios.

En el antiguo pacto, la música era algo muy destacado cuando el pueblo adoraba a Dios. En Éxodo 15, Israel canta el cántico de Moisés. Los Salmos son cánticos al Señor, oraciones a las que se les pone música. Sabemos que en el templo había un coro formado por la tribu de Leví; estos eran los cantores en el templo de Dios.

En primera de Crónicas capítulo nueve, versículo treinta y tres vemos: un coro compuesto por los sacerdotes escogidos de Dios. ¿Pero quiénes son los sacerdotes escogidos en el Nuevo Pacto? Son el pueblo de Dios.

En Mateo capítulo veintiséis y versículo treinta el propio Jesús, junto con Sus discípulos, cantó un himno al concluir la Pascua cuando instituyó la Cena del Señor para Su iglesia. En Colosenses capítulo tres, versículo dieciséis leemos: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones”.

La palabra de Cristo tiene que gobernar todo nuestro corazón a la hora de expresar nuestra adoración. Debemos enseñar y amonestar con toda sabiduría, y debemos cantar con salmos, himnos y cánticos espirituales.

Todo esto debe hacerse con gratitud en nuestros corazones hacia Dios, para que constituya lo que Hebreos capítulo trece, versículo quince define como “un sacrificio espiritual”. Por medio de Él ofrezcamos sacrificio de alabanza con salmos, himnos, cánticos espirituales, fruto de nuestros labios que dan gracias a su nombre. El canto congregacional es un elemento de adoración por medio del cual nos acercamos a Dios.

En tercer lugar, yo incluiría los diezmos y las ofrendas económicas. Las contribuciones del pueblo de Dios han sostenido siempre el templo; han promocionado y fomentado la adoración a Dios, y han constituido una provisión para los necesitados dentro del pueblo de Dios.

Así pues, en primera de Corintios capítulo dieciséis, Pablo dice a la iglesia de Corinto en el versículo uno: “Ahora bien, en cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también como instruí a las iglesias de Galacia. Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas”.

Pablo no quiere que se le vea como alguien que solo viene a recaudar sostén económico. Esto debe formar parte de la adoración a Dios. El primer día de la semana debe hacerse esta contribución, para que la obra de Dios sea llevada adelante por medio del pueblo de Dios, en beneficio de esos hermanos, incluso del más insignificante de ellos que necesite ser alimentado, vestido y visitado, como vemos en Mateo capítulo veinticinco.

La iglesia debe recoger donativos como parte de su adoración. Yo he estado en iglesias donde el cepillo se encuentra en la parte trasera, en el vestíbulo, y los miembros saben que es allí donde deben aportar sus contribuciones. He asistido a iglesias donde los diáconos pasan al frente y se recoge la ofrenda. Esta es la forma.

Yo creo que el elemento implica esto mismo: que debemos contribuir como acto de sacrificio, como acto de adoración de nuestros primeros frutos. En Filipenses capítulo cuatro, versículo dieciocho, leemos: “Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que habéis enviado”. ¿Cómo lo describe? “Fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios”.

Era lo que la iglesia ofrendaba como expresión de su adoración. Estaba destinado al sostén del evangelio para que el reino y la extensión de la adoración de Dios prosiguieran adelante. Y Pablo les da las gracias por haber suplido sus necesidades, pero esto era un acto de adoración a Dios, un aroma fragante, un sacrificio aceptable.

Ahora bien, algunos debatirán que no hay ningún versículo en el Nuevo Testamento donde se diga que el creyente del Nuevo Pacto deba diezmar el diez por ciento de sus ingresos.

En realidad no hay ningún mandamiento en el Nuevo Testamento que nos exija dar el diez por ciento de nuestros primeros frutos en el diezmo. Entonces ¿de dónde me saco yo que el diezmo sea parte de un elemento de adoración? Pues bien, lo deduzco de lo siguiente: Yo creo que somos los verdaderos hijos de Abraham, y en Juan capítulo ocho, versículo treinta y nueve, Jesús dice: “Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham”. Debemos seguir el ejemplo de Abraham, y responder a Dios con un corazón de fe.

Los hechos de Abraham quedaron demostrados cuando entregó a Melquisedec el diez por ciento de sus ingresos, en forma de adoración, en Génesis capítulo catorce. Estoy de acuerdo con los que ven esto como un precedente bíblico, como un punto de referencia fundamental para las finanzas bíblicas. Este es un punto de referencia por el cual podemos dirigir nuestra conciencia.

Si somos hijos de Abraham, nuestro corazón debe honrar ciertamente a Dios en la manera que Abraham dejó como ejemplo cuando ofrendó el diez por ciento. Esto se instituyó posteriormente como norma en el Antiguo Pacto, pero como hijos de Dios en el Nuevo Pacto quedamos libres para dar incluso más del diez por ciento.

Al menos esto me da un nivel para mi conciencia, de forma que pueda saber si estoy dando demasiado poco. ¿No os lo habéis preguntado nunca? Cuándo se trata de cuantificar ¿cuánto debería dar?

Si echo en la colecta el cambio suelto que llevo encima y, de vez en cuando un billete de cinco dólares, algo debería acercarse a mi conciencia y preguntar: “¿Estás dando lo suficiente? ¿Es esto lo que le agrada a Dios?

Bueno, entonces ¿cuánto tengo que dar? ¿Cómo puedo saberlo? Aquí tenéis un punto de referencia. Como hijo de Abraham puedo ver lo que hizo mi antepasado, y de ahí puedo sacar una medida de justicia que regule mi propia conciencia. Como hijo de Abraham soy libre en Cristo de dar bastante más.

De hecho, el Nuevo Testamento no pone el énfasis en la cantidad, sino en el corazón del dador. En segunda de Corintios capítulo nueve, versículo siete vemos: “Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre”.

Lo que importa es el corazón, no la cantidad, pero el importe es el tema en cuestión porque lo que se da es una cantidad. ¿Cuánto? Bueno, yo creo que la conciencia va dirigida por el ejemplo de Abraham.

Nosotros, como hijos de Abraham, podemos hacer lo que nuestro padre hizo y dar diez por ciento, no de nuestro neto, sino del bruto de nuestros primeros frutos. Debe ser sobre la misma cantidad que reclama el gobierno. Si el gobierno reclama los impuestos sobre la base del total de mis ingresos, entonces mi rey reclama ciertamente que se tome esa cantidad como referencia para que yo le de esa porción que en realidad dice: “Señor, todo es tuyo”. Y el diez por ciento es simplemente para declarar que todo es tuyo. Creo que estos son elementos prescritos en la Biblia para acercarnos a Dios.

Pero entonces ¿qué es lo que se hace en la adoración para que Dios se acerque a nosotros? En primer lugar yo diría que son las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena. En Romanos capítulo seis, versículos tres y cuatro leemos:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”.

En el bautismo hay una demostración de nuestra unión con Jesucristo en su muerte y su resurrección. En el bautismo hay una comunicación visual del Evangelio. Cuando el discípulo es sumergido en el agua, Cristo nos está dando una imagen que describe nuestra unión con Jesús en su muerte.

¿Os habéis fijado en el discípulo justo después de haber sido sumergido en el agua? Intentad reproducir en vuestra mente la imagen de ese individuo que está justo debajo de la superficie del agua, cuando le estás bautizando. ¿Qué parece? Parece que está en su ataúd.

Hemos tenido bautismos en nuestra iglesia en los que he llevado a toda la iglesia hasta el borde del bautisterio, he puesto a los niños delante y los demás mirando por encima y les he dicho: “quiero que veáis lo que yo veo cuando bautizo a esta persona, porque lo que se ve es una imagen de la muerte”.

Si tomas una fotografía justo cuando está sumergido, y el agua se calma, y lo miras ahí debajo del agua, yaciendo sin más, os digo que parece estar muerto. ¿Qué representa eso? Es su unión con Cristo en su muerte.

Pero no lo dejas ahí, bajo el agua. Vuelve a levantarse porque ahí en la muerte se encuentra con alguien, en el momento en el que toma su cruz y se niega a sí mismo, y sigue a Jesús a la muerte.

Se encuentra con Jesús en esa agua de muerte y, unido a Él ahora en su resurrección, se levanta a una vida nueva. Es una imagen del Evangelio. Es una comunicación de Dios sobre nuestra unión con Jesucristo en la ordenanza del bautismo.

En primera de Corintios capítulo diez, versículo dieciséis, acerca de la Santa Cena dice:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?”

Pablo nos dice que así como los sacerdotes comían los alimentos sacrificiales, en el Antiguo Pacto, así nosotros también, en el Nuevo Pacto, tenemos que comer nuestro cordero pascual. Tenemos que comer nuestra cena sacrificial, y es una comida que nos recuerda la obra completa que Jesucristo llevó a cabo en el pasado.

Es una comida que nos proporciona también una comunión presente con el Cristo resucitado Quien es el Cordero de Dios. En un culto de adoración sacrificial, los adoradores saben qué hacer cuando encuentran al cordero. ¡Se lo comen!

En el Nuevo Pacto nosotros también somos conducidos a la comunión con el Cordero. ¿Qué hacemos con esto? ¡Nos lo comemos! Tenemos contacto con Él en su comida sacrificial. Y es también un testimonio, no solo de nuestra comunión presente sino un anticipo de la fiesta de las bodas del Cordero, donde comeremos con el Señor, y Él nos cumplimentará en esa glorificada comida escatológica del Cordero.

Este es el motivo por el cual Pablo dice, en primera de Corintios capítulo once, versículo veintiséis: “Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga”.

La proclamáis, la recordáis; tenéis contacto con Él ahora comiéndolo, y a causa de ello testificáis que Él vuelve otra vez. En Hechos capítulo veinte, versículo siete, leemos que la iglesia estaba reunida para partir el pan.

Esta es una declaración de intenciones que señala que la iglesia se reunía con el propósito de partir el pan. En primera de Corintios capítulo once y versículo veinte, Pablo dice: “Por tanto, cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor”.

Ahora bien, este es el primer tema que Pablo aborda en esta sección de primera de Corintios, en la que da instrucciones, en el versículo diecisiete, con respecto a sus reuniones. En primer lugar, esto es lo primero que tiene en mente; el versículo dieciocho dice: “Cuando os reunís como iglesia”. Hechos capítulo veinte, versículo siete dice: “Cuando estábamos reunidos para partir el pan”.

¿Qué es lo que Pablo tiene en mente, cuando el pueblo de Dios se reúne como iglesia? La Santa Cena. Pablo los reprende porque lo que hacen no es celebrar la Cena del Señor.

Lo que está diciendo en realidad es: lo que deberíais hacer es celebrar la Santa Cena. Deberíais reuniros para tomar la Santa Cena. Lo que hacéis es un insulto. En el versículo treinta y tres leemos: “Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer […]”.

El propósito de su reunión era comer la Santa Cena y, a la vez que tenían una comida con Jesús, junto con Su presencia en Hechos capítulo 20 vemos que entonces se hacía uso de los dones y se ejercían los ministerios de la iglesia, entre los que destacaba el ministerio de la palabra de Dios.

Yo me pregunto, ¿piensa nuestra gente que se reúnen para escuchar un sermón, o que se están reuniendo para tener contacto con Cristo? La iglesia primitiva se reunía, en el Nuevo Testamento, para comer con Cristo y cenar con Cristo. Esto es lo que, en Apocalipsis capítulo tres versículo veinte, Jesús le recuerda a su iglesia díscola: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Jesús dice estas palabras a esa iglesia tibia y autocomplaciente de Laodicea.

La palabra para “cenar” en el original es la misma palabra que se utiliza para “la cena” en primera de Corintios once, en referencia a la comida de la Pascua, es decir la Santa Cena. Lo que Jesús está diciendo es: si escucháis mi voz y os arrepentís de vuestro letargo, vendré y cenaré con vosotros.

Al escuchar esto, la iglesia debería levantarse y decir: ¡arrepintámonos de esta forma de vida tibia y descuidada y adorémosle, porque Jesús va a venir a cenar con nosotros, a tomar la cena con nosotros! La Santa Cena es comer y beber de Cristo por fe; es comer y beber con Cristo por fe; y es un anticipo de comer y beber con Cristo por toda la eternidad en las glorias que han de venir.

Me gustaría exhortaros, queridos hermanos, a considerar seriamente si la Santa Cena tiene el papel destacado que debería, en la vida de vuestra asamblea. En Flemington, y solo puedo hablar de nosotros, estas consideraciones y algunas otras más nos llevaron hace unos tres años a empezar a celebrar la Santa Cena cada día del Señor.

Puedo daros testimonio de que ha resultado ser una bendición para nuestras almas, y ha sido una oportunidad de glorificar el Evangelio de Jesucristo. No importa en qué parte del paisaje de la verdad bíblica nos encontremos, siempre terminamos sentados a la mesa.

Siempre terminamos a los pies de la cruz. Siempre acabamos alabando a Cristo por su sangre y por el triunfo de su resurrección. El día del Señor implica la Santa Cena, y empezamos la semana habiendo tenido contacto con Cristo en su cena.

Sugiero que os preguntéis si le hemos dado la debida importancia al hecho de que la iglesia primitiva en Hechos capítulo dos, versículo cuarenta y dos, estaba dedicada a la predicación apostólica, a la oración, al partimiento del pan, y a la comunión.

El partimiento del pan era uno de los componentes fundamentales de la iglesia primitiva, y yo me pregunto si no haríamos bien en darle una mayor relevancia, ya que nuestra Biblia nos dice que el propósito por el cual se reunía la iglesia era para partir el pan y comer en la mesa del Señor.

Bien, en segundo lugar, junto con estas ordenanzas se encuentra la lectura pública de las Escrituras. En primera de Timoteo capítulo cuatro y versículo trece leemos: “Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza”.

Es más que probable que la mayoría de nosotros, en el transcurso de nuestro ministerio pastoral, no llegue a predicar sobre toda la Biblia. Sin embargo, deberíamos leer toda la Biblia con nuestra gente en una lectura sistemática y pública de la Palabra de Dios; de acuerdo con esto, deberíamos exhortar, alentar y enseñar por medio de ella.

En primera de Tesalonicenses capítulo cinco y versículo veintisiete leemos: “Os encargo solemnemente por el Señor que se lea esta carta a todos los hermanos”. En Colosenses capítulo cuatro y versículo dieciséis vemos: “Cuando esta carta se haya leído entre vosotros, hacedla leer también en la iglesia de los laodicenses; y vosotros, por vuestra parte, leed la carta que viene de Laodicea”.

En este caso, debemos tomar los escritos de Pablo como una carta. Esto significa que se empieza por el principio y se lee hasta el final. ¿Cuántos de vosotros recibís un e-mail, leéis la salutación, lo cerráis y lo guardáis; volvéis al día siguiente, leéis la primera frase lo cerráis, lo guardáis; al día siguiente leéis otra frase, lo cerráis… ¡No! Cuando recibís una carta la leéis de principio a fin. Eso es lo que se hace con una carta. Y eso es lo que debemos hacer con la Palabra de Dios. Debemos leerla; y lo saludable es leerla desde el principio hasta el final.

Ahora bien, lo que hacemos en nuestra iglesia es leer consecutivamente, como sé que lo hacen los hermanos en North Bergen, y sé que muchos de vosotros también lo hacéis. Leemos de forma consecutiva, y es bíblico que lo hagamos así. En nuestro culto matinal de adoración, leemos de forma consecutiva en el Nuevo Testamento. En nuestro culto vespertino de adoración, leemos de forma consecutiva en el Antiguo Testamento.

En el transcurso de los años habremos leído el Nuevo Testamento varias veces juntos, y habremos leído el Antiguo Testamento menos veces, pero habremos leído toda la Biblia en el ministerio público de la Palabra de Dios. Haciendo esto Dios se acerca a nosotros.

En tercer lugar, hay una proclamación de la Palabra de Dios. La enseñanza, la predicación, la exhortación por medio de la Palabra de Dios debe ser realmente la pieza central de lo que se hace en la presencia de Dios; por medio de esto, Dios se acerca a nosotros.

Me temo que hoy, hay demasiadas actividades no reguladas que se están introduciendo en la adoración a Dios y que desplazan a la predicación de la Palabra de Dios. Se le está dando demasiado lugar a actividades que no nos dejan suficiente tiempo, ni lugar, para la exposición de la Palabra de Dios.

Recuerdo que una vez visité una reunión de discípulos en la que me pidieron que predicara y, cuando por fin me levanté y subí al púlpito para predicar, después del tiempo dedicado a los testimonios personales; después del tiempo para los niños; después de la música especial; después de todas las cosas cuando me puse al frente, detrás del atril, el hombre me miró haciéndome una seña y me dijo: “aquí solemos terminar alrededor del mediodía”. Miré mi reloj y vi que eran las doce menos veinte, y le repliqué: “me estás tomando el pelo”.

En ese momento pensé que me iba al día siguiente y que si me pasaba de las doce, ¿qué podrían hacer? Pero esto no es más que un testimonio de la falta de respeto tan desconsiderada por la predicación.

La predicación debe ser la parte central porque nos reunimos en la presencia de Dios para recibir de Él la transmisión de su amor, la comunicación de su Verdad. La iglesia es el pilar y el sostén de la verdad.

Como nos exhortaba ayer el pastor Piñero, se nos ha encomendado la verdad. Debemos luchar con fervor por la verdad, y si la familia de verdad no da lugar a la verdad ¿cómo podemos glorificar y honrar a Dios?

Debemos predicar la Palabra, estar preparados a tiempo y fuera de tiempo, reprobar, reprender, exhortar con gran paciencia e instruir como dice segunda de Timoteo capítulo cuatro, versículo dos. En primera de Timoteo, capítulo cuatro y versículo trece leemos:

“Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio. Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan”.

Este tiene que ser el centro de vuestro compromiso pastoral y de vuestra labor de pastoreo: abrir la palabra y alimentar al rebaño con la Palabra de Dios. Reflexionad sobre estas cosas, haced progresos, cansaos en la búsqueda de estas cosas. En el capítulo cinco, versículo diecisiete dice: “Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza”.

La predicación y la enseñanza de la Biblia representan un arduo trabajo. No os asustéis del trabajo duro. Pablo sigue adelante y, más tarde, en segunda de Timoteo capítulo cuatro nos dice que llegará un tiempo en el que los hombres no querrán recibir doctrina.

Los hombres no querrán oír predicaciones. Los hombres querrán tener otras cosas que rasquen su comezón de oídos. Querrán oír algo distinto a lo que se esté predicando. No seáis transigentes en esto.

En primera de Corintios capítulo catorce, versículo veinticuatro y veinticinco encontramos: “Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado”. Los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros”.

La declaración ordenada de la palabra de Dios es un testimonio de la propia presencia de Dios. Dios no es un Dios de confusión. Él es el Dios que habla, el Dios cuya palabra nos ha sido comunicada por medio de sus profetas en nuestra Biblia, y que se ha hecho carne en su hijo y ahora está utilizando a un médium para transmitírsela a los hombres. Vosotros sois los médiums de Dios. Hubo un hombre enviado por Dios cuyo nombre era: el vuestro. Vosotros sois los médiums de Dios.

Cada vez tenemos más dependencia de los medios para la adoración. Somos los médiums de Dios, no necesitamos todos esos aparatos eléctricos, micrófonos y altavoces. ¡No! Dios ya nos ha dado un medio para la comunicación de Su palabra: el hombre, el predicador, el pastor, el que proclama la palabra y la verdad de Dios.

Lo que lleva a las personas a experimentar a este Dios es la proclamación de Su palabra, no las estrategias comerciales ni los trucos publicitarios. Es el poder de la palabra de Dios comunicada por medio de un modelo que ejemplifica la verdadera fe, el verdadero arrepentimiento, el verdadero discipulado y que pone en práctica los dones concedidos por el espíritu. Cuando esto ocurre, se oye la voz de Jesucristo.

En primera de Corintios capítulo uno, versículo veinte y veintiuno leemos: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen”.

Como el Pastor Meadows nos enseñó ayer, he aquí el método de transformación utilizado por Dios. Esto es lo que Dios usa para llevar a sus hijos e hijas a una mayor conformidad consigo, de forma que Cristo pueda tener la preeminencia como primogénito entre muchos hermanos. Él utiliza la necedad de la predicación.

Hoy en día hay muchas voces que nos dicen que lo que necesitamos es algo distinto a la predicación, que necesitamos predicar de una forma distinta a lo que se nos dice en la Biblia. ¿Dónde está el polemista? ¿Dónde está el sabio? ¿No ha silenciado Dios su necedad? ¿Cómo lo ha hecho? ¡Con la necedad de la predicación!

¡Predicad la palabra a tiempo, y fuera de tiempo! Predicad la palabra y, al hacerlo, Dios se acercará a su pueblo y ellos se postrarán sobre su rostro y dirán de verdad, “Dios está contigo”; de este modo, la predicación se vuelve transparente a la presencia de Dios.

Al finalizar nuestros cultos, al marcharse, la gente suele hacer muchas veces comentarios sobre nuestra predicación ¿no es así? “Me gusta la forma en la que usted dijo esto; me gustó la ilustración”. Yo me siento más estimulado cuando salen y dicen: “Yo no conocía a Jesús de este modo. He aprendido quién es Dios. He obtenido una apreciación mayor del amor de Dios por mi”. La predicación se vuelve transparente al Dios que está presente.

Bueno, ¿pero cuál es la respuesta de la Biblia a la pregunta: cómo debemos adorar? La respuesta no es ni más ni menos que la Biblia. Orad la Biblia, cantad la Biblia, ved la Biblia en las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena, leed la Biblia y predicad la Biblia.

Estos son los elementos, los ingredientes de la adoración por medio de la cual nos acercamos a Dios. Oramos la Biblia; cantamos la Biblia; ofrendamos los diezmos a nuestro Dios en obediencia a la Biblia. Recibimos gracia de parte de Dios en las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena, y vemos la Biblia. Leemos la Biblia y, en nuestras predicaciones, proclamamos la Biblia.

Ahora bien, esos elementos pueden ordenarse de formas distintas para ministrar al pueblo de Dios, pero caracterizarán la adoración bíblica. Se pueden expresar en una amplia gama de normas, según las distintas variantes, pero la adoración bíblica siempre tendrá estos elementos.

Y como conclusión, os traigo una descripción que he recogido de la contribución de Ligon Duncan al práctico volumen Give Praise to God [Alabad a Dios], donde ofrece cinco descripciones de una adoración regulada por la Biblia, estimulada por el Espíritu y centrada en Cristo.

Si el pueblo de Dios adora y se acerca a Dios en sacrificio y adoración regulados por la Biblia, y conocen a Dios que se va acercando a ellos en una comunión con Cristo que se centra en la palabra y en Cristo, entonces así es cómo se puede describir esa adoración: En primer lugar, es simple y yo diría que es espiritual.

Ligon Duncan dice simple, yo diría que es espiritual. Escribe: “Meramente basada en los principios sin adornos, sin pretensión, y ordenados que hallamos en la Biblia”.

Es justa, es simple, no tiene adornos y no es pretenciosa. No es llamativa. Se trata exactamente de simple compromiso espiritual. No es cuestión de satisfacer los sentidos carnales. No tiene nada que ver con incienso y sotanas llenas de colorido, ni con todos los uniformes secretos y los símbolos, y toda esa parafernalia. ¡Es algo simple!

No tiene nada que ver con esos movimientos en masa, coreografiados, mientras desfilan desplegando todo el boato. ¡No! La adoración bíblica es simple. Es espiritual; su interés está en el movimiento del corazón, no en el boato coreografiado ni en el movimiento de símbolos, vestimentas y todo lo demás.

En segundo lugar, es bíblica. Nosotros no estamos preocupados por cómo se adapta nuestra adoración a la cultura. Lo que nos interesa es: cómo ser bíblicos en todas las culturas. No se trata de cómo adaptar nuestra adoración a nuestra cultura, ¡no!, sino cómo vamos a ser bíblicos en los Estados Unidos, o cómo vamos a ser bíblicos en la República Dominicana, en España, en Paquistán, en China, en Brasil o en Islandia. Esa es la cuestión.

Se trata de ser bíblico sea cual sea la cultura, y no adaptar la adoración a la cultura. Es algo bíblico. Solo tenéis que orar la Biblia, cantar la Biblia, ver la Biblia, leer la Biblia y predicar la Biblia. Es bíblico.

En tercer lugar, es transferible. La adoración y las misiones van juntas. A medida que los elegidos de cada tribu y nación son salvos, son admitidos en la presencia de Dios, quien les da la base de su aceptación en la sangre de Cristo, y les da la salvación.

Luego, los dirige en lo que deben hacer en su presencia de manera que los hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación, nos reunamos en la presencia de Dios para hacer lo que Él nos ha dicho que hagamos. Así pues es transferible. Es mucho más transferible que los grandes ritos y rituales litúrgicos de la iglesia que hacen que, cuando viajamos al extranjero y vemos ciertas iglesias que fundan misiones, nos parezca que es la Iglesia de Inglaterra la que se ha establecido aquí.

Pero, ¡un momento! Esto no es Inglaterra. Dondequiera que encontremos una iglesia fundada debería ser una iglesia bíblica. La iglesia no puede ser lo que es a menos que lleve todos los avíos, todos los ritos, el boato y todo lo demás; la elevada iglesia litúrgica no transfiere demasiado bien. Lo que vemos hoy en día es también esta simple adoración espiritual, mucho más transferible que la adoración dependiente del sistema de sonido eléctrico que está más orientada al entretenimiento.

Participé en la adoración en algunas iglesias que, por así decirlo, se podrían denominar tercermundistas. Eran muy pequeñas y pobres, pero nadie podía hacer nada hasta que los micrófonos y los amplificadores estuvieran preparados. Este tipo de cosas no transfiere bien.

Recuerdo a mi querido hermano Amresh Semurath, de Trinidad. Fuimos juntos y predicamos en aquella pequeña iglesia en la isla de Granada, hace años. Venían predicadores invitados, venía un americano y tuvimos que asegurarnos de que todos los amplificadores estuviesen instalados, todos los micrófonos ajustados, y todo estuviese bien a punto.

El Pastor Semurath tiene una voz muy, muy fuerte. Se colocó detrás del púlpito y lo primero que hizo fue apagar el micrófono, lo quitó de allí y empezó a hablar en aquella habitación. ¡Vaya! Todos parecían pensar: este hombre no necesita micrófono. ¡No, no necesitáis toda esa parafernalia! Nada de eso es necesario para adorar.

La adoración bíblica puede transferirse a lugares donde no hay electricidad y no necesitáis ninguno de los trucos de los medios de comunicación modernos, ni todo lo demás, como si no pudiésemos adorar a menos que todo se amplifique por los altavoces. ¡No, no necesitáis nada de esto!

Ligon Duncan dice: “En los entornos más simples, con frecuencia en condiciones peligrosas, personas sacudidas por la pobreza y el terrorismo se reúnen cada Día del Señor para escuchar la proclamación de las doctrinas de gracia”.

¿En qué consiste su adoración? Leen la Biblia; predican la Biblia; cantan la Biblia; oran la Biblia. Es verdad que existen distintas costumbres y que las cosas se hacen a veces en un orden diferente, pero enseguida se reconoce su adoración bíblica. Es transferible a las diferentes culturas. No depende de las tecnologías, no está sujeta a boatos externos. Es simple; es bíblica; es transferible.

En cuarto lugar, es flexible. Podrán verse variaciones en el orden y en la presentación de la adoración bíblica, en las diferentes nacionalidades, o en las distintas tradiciones de iglesia. ¡Es flexible!

Los bautistas ofrecen una adoración bíblica. Los presbiterianos ofrecen una adoración bíblica. Las iglesias congregacionales ofrecen una adoración bíblica y las Iglesias Bajas Anglicanas ofrecen una adoración bíblica.

Es inmediatamente reconocible; es flexible, tiene algunas variantes de cultura y nacionalidad, así como factores tradicionales y socioeconómicos. Sin embargo, en todo el mundo, la adoración bíblica se está ofreciendo a Dios por fe en Jesucristo, y el Espíritu Santo la vivifica.

Duncan dice también: “No os encontraréis con algo manido, tampoco con un afán de estar al día; no encontraréis ninguna cosa excéntrica que destaque, solo carne y patatas; solo la adoración simple, espiritual, apasionada, bíblica y reverente”.

No se persigue lo que está de moda; nadie piensa: “Soy más relevante; soy más contemporáneo que tu”, solo concentrarse simplemente en el Dios que está presente. ¡Venid a Él, y orad vuestra Biblia, cantad vuestra Biblia, ved vuestra Biblia, leed vuestra Biblia y predicad vuestra Biblia!

Y, finalmente, esta adoración es reverente. Se trata de un encuentro con Dios. No es algo que se hace en broma; no es algo informal; no es algo social.

Hughes Old nos dice: “La mayor contribución simple que la herencia litúrgica reformada, es decir, el principio regulativo puede hacer al protestantismo contemporáneo es su sentido de la majestad y de la soberanía de Dios; es el sentido de reverencia y de simple dignidad; es la convicción de que la adoración debe servir sobre todo a la alabanza de Dios”.

¡Es reverente! “Dado que recibimos un reino que es inconmovible, ¡mostremos una gratitud por medio de la cual podamos ofrecer un servicio aceptable a Dios”. Él es quien nos dice lo que es aceptable; no se trata de un servicio popular sino de un servicio aceptable.

¿Cómo ofrecerlo? Con reverencia y con temor porque nuestro Dios es fuego consumidor. Todo ese juego, toda esa artificiosidad, todo ese egocentrismo… Dios es muy paciente, pero también es fuego consumidor. Llegará un día en el que el fuego del juicio de Dios quemará muchísima madera, heno y hojarasca de los ministerios de los hombres y de sus cultos de adoración.

Debemos ser sabios y traer ante Él aquello que es oro, plata y piedras preciosas porque Él es fuego consumidor y todo lo que no sea aceptable se quemará en el fuego. Así es que empecemos por no ofrecer aquello que no es aceptable, y vengamos con reverencia; vengamos con temor.

Dios está ciertamente en medio de vosotros. Dejemos de mirarnos a nosotros mismos cuando adoramos, y concentrémonos en el Dios que está en medio nuestro.

Para terminar, en Efesios capítulo dos leemos acerca de la dignidad y de la gloria de la iglesia, en el versículo diecisiete: “Y vino y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca [gentiles y judíos]; porque por medio de Él los unos y los otros [gentiles y judíos] tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu. Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

¡La morada de Dios! Mi oración es que os llevéis de estos cuatro mensajes sobre la adoración, este pensamiento tan fundamental: Dios está con nosotros. ¡Dios está con nosotros!

Si tenéis esto bien claro, todas las demás cosas entrarán en la perspectiva correcta. Habrá muchas cuestiones que ya no merezcan la pena debatirse o analizarse. El motivo es que la presencia de Dios, ese fuego consumidor, quemará todo lo que no sea esencial y no dejará más que la adoración a Dios, simple y espiritual, que se haga en espíritu y en verdad solamente.

Oraremos nuestras Biblias; cantaremos nuestras Biblias; veremos nuestras Biblias; predicaremos nuestras Biblias y daremos la gloria a Dios que nos ha dado la siguiente promesa: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y moraré en medio de vosotros”. ¡Amén!

Oremos: Padre de gracia y Dios nuestro, nuestros corazones arden dentro de nosotros y tenemos hambre y sed de Ti, que eres el Dios vivo. Oramos pidiendo que nos concedas sabiduría y gracia para que, como siervos en la familia de Dios, podamos ministrar tu palabra y que podamos conducir a tu pueblo en el camino de la adoración aceptable. Padre, confesamos que en estos tiempos nos sentimos tan fácilmente confundidos por todos los debates y análisis, todas las opiniones que se expresan sobre estas cuestiones de la adoración… Te pedimos que nos des sabiduría.

Te pedimos que nos concedas una perspectiva clara y centrada en quien Tú eres, en cómo Te has revelado en Cristo, y lo que has decidido que sea tu voluntad para nosotros, cuando por medio de la fe en Cristo nos acercamos a Ti, en adoración.

No permitas que llevemos fuegos extraños delante de Tí. No nos dejes incorporar los métodos, ni el ambiente, ni las técnicas de los paganos que adoran sus entretenimientos, sus placeres y que se adoran a sí mismos, observándose unos a otros para confeccionar una religión de servicio egocéntrico.

¡No a nosotros, Padre, no a nosotros Señor, sino a tu nombre da gloria por tu tierna bondad, por tu verdad! Haz que nuestros ojos no estén fijados sobre nosotros mismos. Haz que nuestros ojos no estén puestos en las cosas de este mundo, ni en lo que se hace a otros dioses de este mundo. Fija nuestros ojos en Tí.

Haz que nuestros oídos estén pegados a tus labios. Haz que veamos y oigamos tus palabras y hagamos tu voluntad; que vengamos delante de ti con la belleza de la santidad, con la fuerza de tu Espíritu, en unión con Cristo Jesús y para la gloria de tu gracia y amor por nosotros en Él.

¡Ven, Dios nuestro, ven y mora en medio de nosotros! Haz de nosotros un pueblo santo, un pueblo amado y que ame, para que podamos adorarte y servirte todos los días de nuestra vida. ¡Amén!

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2008 Pastors’ Conference | Worship IV: The Practice of Worship

¿Cómo practicamos la adoración?

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¿Cómo practicamos la adoración?

La esencia de la salvación y la esencia de la adoración es la vida con Dios. La meta de la salvación es la vida con Dios: la vida con Dios que mora con nosotros, el Dios a quien le agrada tener contacto con su pueblo. Esa es la esencia de nuestra salvación, la esencia de nuestra adoración.

Esta perspectiva se expresa desde el principio hasta el final de nuestra Biblia. Lo vemos, por ejemplo, en Éxodo capítulo veintinueve; en este capítulo tenemos este testimonio de nuestro Antiguo Testamento. Allí encontramos las bendiciones de la adoración sacrificial reglamentada por Dios, en las que Él expresa la esencia de la promesa de Su pacto.

En Éxodo capítulo veintinueve y comenzando en el versículo cuarenta y dos leemos: “Será” [aquí se refiere al holocausto y al incienso]:

“Será holocausto continuo por vuestras generaciones a la entrada de la tienda de reunión, delante del Señor, donde yo me encontraré con vosotros, para hablar allí contigo. Y me encontraré allí con los hijos de Israel, y el lugar será santificado por mi gloria. Santificaré la tienda de reunión y el altar; también santificaré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para morar yo en medio de ellos. Yo soy el Señor su Dios”.

Esta es la esencia de la bendición salvífica de Dios sobre Su pueblo que le adora: que Él mora en medio nuestro como nuestro Dios y nosotros como pueblo suyo.

Esto se expresa también en el Nuevo Testamento, en la era de la iglesia actual en segunda de Corintios, capítulo seis, desde el versículo dieciséis y hasta el versículo dieciocho leemos:

“¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor; y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

Yo habitaré en medio de ellos. Yo seré su Dios. Ellos serán mi pueblo. La nueva familia del pacto de Dios, hijos e hijas para Dios, constituidos como un templo, el templo del Dios vivo. Y aquí volvemos a tener nuestra esperanza final en la era venidera.

En Apocalipsis capítulo veintiuno, comenzando desde el versículo uno y hasta el versículo tres encontramos:

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos”.

Y luego viene el versículo más glorioso, que es el versículo siete:

“El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo”.

Dios morará con nosotros; nosotros seremos los hijos de Dios y viviremos en una creación que habrá sido transformada en el tabernáculo mismo, el santo templo de Dios. Hermanos, yo creo que si nos aferráramos a esta verdad fundamental de que Dios mora en medio nuestro, una gran parte de nuestra confusión sobre la adoración empezaría inmediatamente a despejarse.

Si sintonizáramos nuestra fe para concretar la presencia de Dios con nosotros; si nos concentráramos en que Dios mora en medio de nosotros; si aprendiéramos a identificar que esto es la esencia de la adoración aceptable, que también se encuentra en otras iglesias, distintas a las nuestras en ciertas formas, pero en medio de las cuales podemos ver, a pesar de todo, la presencia de Dios; si aprendiéramos a reconocer esa presencia de Dios en medio nuestro y en otras iglesias, en mi opinión creo que se habría conseguido hacer un gran progreso que permitiría cultivar la unidad del Espíritu en los vínculos de la paz, y haría que nos alentáramos unos a otros para ir en busca de una adoración que diera honra a Dios.

Entre las iglesias cristianas encontramos diferencias. En mi opinión no estaría de más, llegado el caso, distinguir entre los elementos de adoración y las formas en que esta se puede llevar esta a cabo; los elementos de la adoración y las formas de adoración.

Por ejemplo, la oración es un elemento; es un componente, una actividad prescrita por la Biblia como elemento de adoración. Debemos orar, pero la oración corporativa puede tomar formas distintas. Hay iglesias que recitan al unísono el Padre Nuestro. Hay otras iglesias donde la oración se escribe y se utiliza un libro de oración. En otras iglesias lo que se practica es la oración extemporánea.

Ahora bien, por nuestra tradición, por nuestros antecedentes y por nuestra experiencia, nosotros podemos preferir una forma u otra. Sin embargo, podemos reconocer el elemento de la oración y, por este medio, nuestra conciencia puede ser dirigida. Por medio de la oración podemos llegar a creer que Dios está presente en medio de unas personas que, ciertamente están orando pero que, quizás, lo están haciendo de una forma distinta a lo que nosotros estamos acostumbrados y practicamos en nuestra iglesia local.

Luego, claro está, tenemos el elemento del cántico. Aquí nos encontramos con un verdadero reto hoy en día. Me produce temor incluso el simple tanteo del terreno en el que se encuentra este tema ya que es una mina que, sin duda, explotará bajo mis pies. Sin embargo, seguiré adelante con ello.

Cantar es un elemento de la adoración bíblica, pero existe toda una variedad de formas en las que se pueden presentar los cánticos en la adoración. Algunas iglesias tienen un coro y un tipo de música especial; en otras iglesias solo se practica el canto congregacional; otras solo cantan los Salmos.

Algunas iglesias usan coritos, en otras se usan los himnarios; las hay en las que se proyectan las palabras en una pantalla y en otras se canta a capela sin instrumentos; o solo con el piano; a veces solo la guitarra, y así sucesivamente. En algunas iglesias hay una pequeña orquesta.

Bueno, evidentemente yo tengo mis preferencias en estas cosas, y creo que tengo buenas razones para ello. Sin embargo, como hermano en Cristo que intenta fomentar la unidad de espíritu en los lazos de la paz, puedo al menos reconocer el elemento aunque admita que haya diferencias en las formas.

Ahora bien, yo creo que en consciencia podemos ser guiados a preferir una forma más que otra, según la información bíblica que tengamos. Pero lo que pretendo decir, en principio, es que debemos aprender a distinguir entre el elemento y la forma. Esto os liberará, y no constituirá una atadura ¿me comprendéis? Os liberará y hará que os sintáis hijos de Dios, alguien conciliador, e hijos del Altísimo; actuareis en gracia y os sentiréis unificados con los hermanos en la forma en que el Espíritu nos ha dado esa unidad.

Ahora, necesitamos conseguir un equilibrio en estas cosas; un equilibrio entre lo que está establecido y lo que está permitido; un equilibrio entre la ley y la gracia; un equilibrio en el compromiso con las normas bíblicas inflexibles, aunque reconociendo la presencia de Dios en las tradiciones y formas de adoración que expresan los elementos bíblicos. Quizás se trate de formas que son un tanto distintas a las que, de otro modo, contarían con nuestra preferencia y serían las que nosotros practicásemos.

Queremos tener una buena conciencia y, mientras adoramos, queremos saber que lo estamos haciendo en una forma de adoración bíblicamente establecida, en vez de hacerlo mediante elementos de adoración. Queremos tener una buena conciencia hacia los hermanos cuyas formas de adoración puedan ser distintas a las nuestras, aunque tengan igualmente sus principios y también sean bíblicas.

Necesitamos discernimiento, y para ello debemos darnos cuenta de que aquí hay un factor que entra en juego: el papel legítimo que tenemos como ancianos y pastores en la iglesia a la hora de dirigir la adoración a Dios.

Debemos dirigir a nuestra gente en adoración, y guiarles en una adoración que sea según las normas bíblicas. Pero debemos liderar a nuestra gente en la adoración. Esto significa que debe haber una sensibilidad hacia quiénes son, hacia su condición de pueblo de Dios. De este modo, junto con el pueblo de Dios y con nuestras Biblias abiertas, los líderes debemos guiar al rebaño a esa adoración que es según las normas bíblicas y que expresa la verdadera adoración que sale del corazón, en medio de ese pueblo en particular.

Somos específicamente responsables de generar el clima en el que se dirige la adoración, y gran parte de las formas de nuestra adoración proporcionará la información sobre el ambiente que se está generando en nuestra adoración. Si nuestras formas son descuidadas; si la forma en la que oramos, la forma en la que se presenta nuestra música; si las formas son informales y mundanas y no se distinguen por su reverencia; por darle honra a Dios, entonces el clima que estamos generando hace que a las personas les resulte difícil entender que han salido del mundo para entrar en la presencia de Dios.

Hay ciertas libertades que podríamos utilizar a la hora de expresarnos, pero por amor a la honra que hay que darle a Dios, necesitamos ser sabios en la forma en la que adoramos a Dios, en las formas de nuestra adoración en cualquier entorno cultural y en cualquier generación y tiempo.

Necesitamos dirigir a nuestra gente ejerciendo la autoridad bíblica, para poder establecer la clara distinción de que ahora hemos entrado en la presencia de Dios. Esto no solo debe hacerse por medio de los elementos de adoración, sino también por medio del ambiente, que tanto dice de las formas que usamos y, también, por la manera en la que llevamos a cabo nuestra adoración.

Debemos dirigir a nuestra congregación en estas cosas también, y cabe ejercer la autoridad legítima; esa autoridad de la que habla la Biblia que debemos utilizar a la hora de decir, como líderes o como ancianos, que esas son las formas que hemos elegido utilizar.

Es posible que algunos no estén expresamente de acuerdo con ello, o que quizás no les guste específicamente; pero cuando se trata de hacerlo, vosotros sois los ancianos y no ellos. Vosotros tenéis la responsabilidad de poner orden en la casa de Dios, en el tema de la adoración, y necesitáis tomar el liderazgo y guiar a vuestra gente a lo que sea más reverente y aquello que más honra le dé a Dios.

Así pues, debéis tener discernimiento; tenéis que tener sabiduría y aquí es donde el Espíritu Santo está más involucrado. Nos proporciona la gracia para ejercer nuestro liderazgo de manera que, por una parte, no ordenemos cosas que violen las normas bíblicas y que no seamos unos tiranos con respecto a la conciencia del hombre. Por otra parte, se encarga de que no seamos tan descuidados, negligentes y ególatras como para no tener la sensibilidad necesaria en el tema de conducir a las personas a una experiencia de santidad, una experiencia sagrada porque nos estamos acercando a la presencia de Dios.

No somos una reunión como otra cualquiera de las que se mantienen en nuestra cultura. A veces siento pena por mucha gente, especialmente por los jóvenes, por los niños, porque les puede resultar difícil expresar cuál es la diferencia entre ir a un concierto de música o ir a la iglesia. ¡Y debería haber una diferencia!

Nos corresponde a nosotros como líderes asegurarnos de que la diferencia sea palpable, que se pueda experimentar, de manera que en nuestras reuniones vengan a la presencia de Dios, que se postren y digan de verdad “Dios está en medio de vosotros”.

No tienen esa experiencia en una sala de conferencias en la universidad. No experimentan esto en un concierto de música. No tienen esa experiencia en una manifestación política, pero ¡sí la tienen en la iglesia! Por ese motivo tenemos que ser sabios en los tipos de formas que introducimos en la adoración a Dios y debemos guiar a las personas hacia elementos de adoración que estén dentro de la normativa bíblica.

Y bien, ¿cuáles son esos elementos? Propongo que sigamos el principio que se expresa, de forma sucinta, en Santiago capítulo cuatro y versículo ocho. En ese texto encontramos una exhortación que vamos a leer: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros”.

Aquí es donde voy a dividir nuestro estudio, en la hora final, en dos partes: las cosas que hacemos y por las que nos acercamos a Dios, y las cosas que se hacen en adoración por medio de las cuales Dios se acerca a nosotros. Como veis, la adoración es una dinámica en dos sentidos: lo que le damos a Dios y lo que recibimos de Él. Le ofrecemos nuestro sacrificio espiritual como sacerdotes, y Él responde morando en medio de nosotros y transmitiendo su presencia y su amor hacia nosotros.

Ahora bien, ¿cuáles son las actividades por medio de las cuales le damos nuestro sacrificio espiritual? En mi opinión el primero es la oración. En Mateo capítulo veintiuno, versículo trece, Jesús dice: “Mi casa será llamada casa de oración”. En Hebreos, capítulo trece y versículo quince: “Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre”.

Dar gracias y alabar son sacrificios. Son la adoración del sacerdocio del nuevo pacto. Nuestras oraciones deben expresar nuestra gratitud a Dios; debemos hacer oraciones en las que le demos gracias, oraciones de alabanza y adoración. La ingratitud mata a la adoración; un pueblo desagradecido no puede adorar.

Pablo nos habla acerca de la raíz de la idolatría, en Romanos capítulo uno, versículo veintiuno. Nos dice que aunque ellos conocían a Dios, no le honraban como Dios, ni le daban gracias, sino que se volvieron fútiles en sus especulaciones.

Era un pueblo incapaz de venir delante de Él con acción de gracias, y de ser agradecido en todo. Cualquiera que sea nuestra situación, sean cuales sean los retos a los que tengamos que enfrentarnos, somos un pueblo bendecido con la presencia de Dios; somos salvos.

Tenemos un Dios en el que nos gozamos y debemos ser agradecidos. Las oraciones de acción de gracias y alabanza son también oraciones de confesión de pecado. Una vez más es una adoración sacrificial y así lo vemos en el Salmo cincuenta y uno, versículo diecisiete: “Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”.

Adoramos a Dios en nuestra condición de pecadores creyentes; por consiguiente, en nuestra adoración corporativa, nuestras oraciones deben expresar la confesión de nuestro pecado. Estamos confiando en Jesús como sacrificio expiatorio por nuestro pecado. Venimos delante de Dios y confesamos nuestro pecado, con humildad y con un corazón quebrantado y contrito.

Si la esencia de la adoración es conocer y experimentar a Dios en medio nuestro, entonces en Isaías cincuenta y siete, versículo quince Él nos dice dónde podemos encontrarle:

“Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos”.

Si adorar es conocer al Dios que mora en medio nuestro, entonces Dios dice: he aquí el pueblo en medio del cual yo habito, un pueblo contrito, un pueblo humilde, un pueblo que confiesa sus pecados, que ofrece el sacrificio de la oración y la confesión que procede de un corazón contrito. Tenemos también la oración de intercesión en primera de Timoteo, capítulo dos, versículos uno y dos:

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad”.

El versículo catorce del capítulo tres dice: “Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto, pero en caso que me tarde, te escribo estas cosas para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad”.

Pablo, ¿qué quieres que hagamos? Pues bien, en primer lugar quiero que oréis y quiero que vuestras oraciones incluyan peticiones de intercesión en favor de los hombres, pidiendo por aquellos que están en puestos de autoridad, para que podamos vivir vidas pacíficas. Esto es aceptable a Dios, y también que intercedamos por los que aún tienen que venir al conocimiento del único Dios y el único mediador entre Dios y los hombres, que es Cristo Jesús, porque Dios desea que los hombres sean salvos. Orad por ellos, elevad oraciones de intercesión. “Quiero”, dice el capítulo dos, versículo ocho, “que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones”.

¿Qué más deberíamos hacer para acercarnos a Dios? Junto con la oración, creo que la congregación debería cantar; pienso que nuestros cánticos son una expresión de la oración; es una aproximación a Dios.

En el antiguo pacto, la música era algo muy destacado cuando el pueblo adoraba a Dios. En Éxodo 15, Israel canta el cántico de Moisés. Los Salmos son cánticos al Señor, oraciones a las que se les pone música. Sabemos que en el templo había un coro formado por la tribu de Leví; estos eran los cantores en el templo de Dios.

En primera de Crónicas capítulo nueve, versículo treinta y tres vemos: un coro compuesto por los sacerdotes escogidos de Dios. ¿Pero quiénes son los sacerdotes escogidos en el Nuevo Pacto? Son el pueblo de Dios.

En Mateo capítulo veintiséis y versículo treinta el propio Jesús, junto con Sus discípulos, cantó un himno al concluir la Pascua cuando instituyó la Cena del Señor para Su iglesia. En Colosenses capítulo tres, versículo dieciséis leemos: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones”.

La palabra de Cristo tiene que gobernar todo nuestro corazón a la hora de expresar nuestra adoración. Debemos enseñar y amonestar con toda sabiduría, y debemos cantar con salmos, himnos y cánticos espirituales.

Todo esto debe hacerse con gratitud en nuestros corazones hacia Dios, para que constituya lo que Hebreos capítulo trece, versículo quince define como “un sacrificio espiritual”. Por medio de Él ofrezcamos sacrificio de alabanza con salmos, himnos, cánticos espirituales, fruto de nuestros labios que dan gracias a su nombre. El canto congregacional es un elemento de adoración por medio del cual nos acercamos a Dios.

En tercer lugar, yo incluiría los diezmos y las ofrendas económicas. Las contribuciones del pueblo de Dios han sostenido siempre el templo; han promocionado y fomentado la adoración a Dios, y han constituido una provisión para los necesitados dentro del pueblo de Dios.

Así pues, en primera de Corintios capítulo dieciséis, Pablo dice a la iglesia de Corinto en el versículo uno: “Ahora bien, en cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también como instruí a las iglesias de Galacia. Que el primer día de la semana, cada uno de vosotros aparte y guarde según haya prosperado, para que cuando yo vaya no se recojan entonces ofrendas”.

Pablo no quiere que se le vea como alguien que solo viene a recaudar sostén económico. Esto debe formar parte de la adoración a Dios. El primer día de la semana debe hacerse esta contribución, para que la obra de Dios sea llevada adelante por medio del pueblo de Dios, en beneficio de esos hermanos, incluso del más insignificante de ellos que necesite ser alimentado, vestido y visitado, como vemos en Mateo capítulo veinticinco.

La iglesia debe recoger donativos como parte de su adoración. Yo he estado en iglesias donde el cepillo se encuentra en la parte trasera, en el vestíbulo, y los miembros saben que es allí donde deben aportar sus contribuciones. He asistido a iglesias donde los diáconos pasan al frente y se recoge la ofrenda. Esta es la forma.

Yo creo que el elemento implica esto mismo: que debemos contribuir como acto de sacrificio, como acto de adoración de nuestros primeros frutos. En Filipenses capítulo cuatro, versículo dieciocho, leemos: “Pero lo he recibido todo y tengo abundancia; estoy bien abastecido, habiendo recibido de Epafrodito lo que habéis enviado”. ¿Cómo lo describe? “Fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios”.

Era lo que la iglesia ofrendaba como expresión de su adoración. Estaba destinado al sostén del evangelio para que el reino y la extensión de la adoración de Dios prosiguieran adelante. Y Pablo les da las gracias por haber suplido sus necesidades, pero esto era un acto de adoración a Dios, un aroma fragante, un sacrificio aceptable.

Ahora bien, algunos debatirán que no hay ningún versículo en el Nuevo Testamento donde se diga que el creyente del Nuevo Pacto deba diezmar el diez por ciento de sus ingresos.

En realidad no hay ningún mandamiento en el Nuevo Testamento que nos exija dar el diez por ciento de nuestros primeros frutos en el diezmo. Entonces ¿de dónde me saco yo que el diezmo sea parte de un elemento de adoración? Pues bien, lo deduzco de lo siguiente: Yo creo que somos los verdaderos hijos de Abraham, y en Juan capítulo ocho, versículo treinta y nueve, Jesús dice: “Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham”. Debemos seguir el ejemplo de Abraham, y responder a Dios con un corazón de fe.

Los hechos de Abraham quedaron demostrados cuando entregó a Melquisedec el diez por ciento de sus ingresos, en forma de adoración, en Génesis capítulo catorce. Estoy de acuerdo con los que ven esto como un precedente bíblico, como un punto de referencia fundamental para las finanzas bíblicas. Este es un punto de referencia por el cual podemos dirigir nuestra conciencia.

Si somos hijos de Abraham, nuestro corazón debe honrar ciertamente a Dios en la manera que Abraham dejó como ejemplo cuando ofrendó el diez por ciento. Esto se instituyó posteriormente como norma en el Antiguo Pacto, pero como hijos de Dios en el Nuevo Pacto quedamos libres para dar incluso más del diez por ciento.

Al menos esto me da un nivel para mi conciencia, de forma que pueda saber si estoy dando demasiado poco. ¿No os lo habéis preguntado nunca? Cuándo se trata de cuantificar ¿cuánto debería dar?

Si echo en la colecta el cambio suelto que llevo encima y, de vez en cuando un billete de cinco dólares, algo debería acercarse a mi conciencia y preguntar: “¿Estás dando lo suficiente? ¿Es esto lo que le agrada a Dios?

Bueno, entonces ¿cuánto tengo que dar? ¿Cómo puedo saberlo? Aquí tenéis un punto de referencia. Como hijo de Abraham puedo ver lo que hizo mi antepasado, y de ahí puedo sacar una medida de justicia que regule mi propia conciencia. Como hijo de Abraham soy libre en Cristo de dar bastante más.

De hecho, el Nuevo Testamento no pone el énfasis en la cantidad, sino en el corazón del dador. En segunda de Corintios capítulo nueve, versículo siete vemos: “Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre”.

Lo que importa es el corazón, no la cantidad, pero el importe es el tema en cuestión porque lo que se da es una cantidad. ¿Cuánto? Bueno, yo creo que la conciencia va dirigida por el ejemplo de Abraham.

Nosotros, como hijos de Abraham, podemos hacer lo que nuestro padre hizo y dar diez por ciento, no de nuestro neto, sino del bruto de nuestros primeros frutos. Debe ser sobre la misma cantidad que reclama el gobierno. Si el gobierno reclama los impuestos sobre la base del total de mis ingresos, entonces mi rey reclama ciertamente que se tome esa cantidad como referencia para que yo le de esa porción que en realidad dice: “Señor, todo es tuyo”. Y el diez por ciento es simplemente para declarar que todo es tuyo. Creo que estos son elementos prescritos en la Biblia para acercarnos a Dios.

Pero entonces ¿qué es lo que se hace en la adoración para que Dios se acerque a nosotros? En primer lugar yo diría que son las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena. En Romanos capítulo seis, versículos tres y cuatro leemos:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”.

En el bautismo hay una demostración de nuestra unión con Jesucristo en su muerte y su resurrección. En el bautismo hay una comunicación visual del Evangelio. Cuando el discípulo es sumergido en el agua, Cristo nos está dando una imagen que describe nuestra unión con Jesús en su muerte.

¿Os habéis fijado en el discípulo justo después de haber sido sumergido en el agua? Intentad reproducir en vuestra mente la imagen de ese individuo que está justo debajo de la superficie del agua, cuando le estás bautizando. ¿Qué parece? Parece que está en su ataúd.

Hemos tenido bautismos en nuestra iglesia en los que he llevado a toda la iglesia hasta el borde del bautisterio, he puesto a los niños delante y los demás mirando por encima y les he dicho: “quiero que veáis lo que yo veo cuando bautizo a esta persona, porque lo que se ve es una imagen de la muerte”.

Si tomas una fotografía justo cuando está sumergido, y el agua se calma, y lo miras ahí debajo del agua, yaciendo sin más, os digo que parece estar muerto. ¿Qué representa eso? Es su unión con Cristo en su muerte.

Pero no lo dejas ahí, bajo el agua. Vuelve a levantarse porque ahí en la muerte se encuentra con alguien, en el momento en el que toma su cruz y se niega a sí mismo, y sigue a Jesús a la muerte.

Se encuentra con Jesús en esa agua de muerte y, unido a Él ahora en su resurrección, se levanta a una vida nueva. Es una imagen del Evangelio. Es una comunicación de Dios sobre nuestra unión con Jesucristo en la ordenanza del bautismo.

En primera de Corintios capítulo diez, versículo dieciséis, acerca de la Santa Cena dice:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?”

Pablo nos dice que así como los sacerdotes comían los alimentos sacrificiales, en el Antiguo Pacto, así nosotros también, en el Nuevo Pacto, tenemos que comer nuestro cordero pascual. Tenemos que comer nuestra cena sacrificial, y es una comida que nos recuerda la obra completa que Jesucristo llevó a cabo en el pasado.

Es una comida que nos proporciona también una comunión presente con el Cristo resucitado Quien es el Cordero de Dios. En un culto de adoración sacrificial, los adoradores saben qué hacer cuando encuentran al cordero. ¡Se lo comen!

En el Nuevo Pacto nosotros también somos conducidos a la comunión con el Cordero. ¿Qué hacemos con esto? ¡Nos lo comemos! Tenemos contacto con Él en su comida sacrificial. Y es también un testimonio, no solo de nuestra comunión presente sino un anticipo de la fiesta de las bodas del Cordero, donde comeremos con el Señor, y Él nos cumplimentará en esa glorificada comida escatológica del Cordero.

Este es el motivo por el cual Pablo dice, en primera de Corintios capítulo once, versículo veintiséis: “Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga”.

La proclamáis, la recordáis; tenéis contacto con Él ahora comiéndolo, y a causa de ello testificáis que Él vuelve otra vez. En Hechos capítulo veinte, versículo siete, leemos que la iglesia estaba reunida para partir el pan.

Esta es una declaración de intenciones que señala que la iglesia se reunía con el propósito de partir el pan. En primera de Corintios capítulo once y versículo veinte, Pablo dice: “Por tanto, cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor”.

Ahora bien, este es el primer tema que Pablo aborda en esta sección de primera de Corintios, en la que da instrucciones, en el versículo diecisiete, con respecto a sus reuniones. En primer lugar, esto es lo primero que tiene en mente; el versículo dieciocho dice: “Cuando os reunís como iglesia”. Hechos capítulo veinte, versículo siete dice: “Cuando estábamos reunidos para partir el pan”.

¿Qué es lo que Pablo tiene en mente, cuando el pueblo de Dios se reúne como iglesia? La Santa Cena. Pablo los reprende porque lo que hacen no es celebrar la Cena del Señor.

Lo que está diciendo en realidad es: lo que deberíais hacer es celebrar la Santa Cena. Deberíais reuniros para tomar la Santa Cena. Lo que hacéis es un insulto. En el versículo treinta y tres leemos: “Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer […]”.

El propósito de su reunión era comer la Santa Cena y, a la vez que tenían una comida con Jesús, junto con Su presencia en Hechos capítulo 20 vemos que entonces se hacía uso de los dones y se ejercían los ministerios de la iglesia, entre los que destacaba el ministerio de la palabra de Dios.

Yo me pregunto, ¿piensa nuestra gente que se reúnen para escuchar un sermón, o que se están reuniendo para tener contacto con Cristo? La iglesia primitiva se reunía, en el Nuevo Testamento, para comer con Cristo y cenar con Cristo. Esto es lo que, en Apocalipsis capítulo tres versículo veinte, Jesús le recuerda a su iglesia díscola: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Jesús dice estas palabras a esa iglesia tibia y autocomplaciente de Laodicea.

La palabra para “cenar” en el original es la misma palabra que se utiliza para “la cena” en primera de Corintios once, en referencia a la comida de la Pascua, es decir la Santa Cena. Lo que Jesús está diciendo es: si escucháis mi voz y os arrepentís de vuestro letargo, vendré y cenaré con vosotros.

Al escuchar esto, la iglesia debería levantarse y decir: ¡arrepintámonos de esta forma de vida tibia y descuidada y adorémosle, porque Jesús va a venir a cenar con nosotros, a tomar la cena con nosotros! La Santa Cena es comer y beber de Cristo por fe; es comer y beber con Cristo por fe; y es un anticipo de comer y beber con Cristo por toda la eternidad en las glorias que han de venir.

Me gustaría exhortaros, queridos hermanos, a considerar seriamente si la Santa Cena tiene el papel destacado que debería, en la vida de vuestra asamblea. En Flemington, y solo puedo hablar de nosotros, estas consideraciones y algunas otras más nos llevaron hace unos tres años a empezar a celebrar la Santa Cena cada día del Señor.

Puedo daros testimonio de que ha resultado ser una bendición para nuestras almas, y ha sido una oportunidad de glorificar el Evangelio de Jesucristo. No importa en qué parte del paisaje de la verdad bíblica nos encontremos, siempre terminamos sentados a la mesa.

Siempre terminamos a los pies de la cruz. Siempre acabamos alabando a Cristo por su sangre y por el triunfo de su resurrección. El día del Señor implica la Santa Cena, y empezamos la semana habiendo tenido contacto con Cristo en su cena.

Sugiero que os preguntéis si le hemos dado la debida importancia al hecho de que la iglesia primitiva en Hechos capítulo dos, versículo cuarenta y dos, estaba dedicada a la predicación apostólica, a la oración, al partimiento del pan, y a la comunión.

El partimiento del pan era uno de los componentes fundamentales de la iglesia primitiva, y yo me pregunto si no haríamos bien en darle una mayor relevancia, ya que nuestra Biblia nos dice que el propósito por el cual se reunía la iglesia era para partir el pan y comer en la mesa del Señor.

Bien, en segundo lugar, junto con estas ordenanzas se encuentra la lectura pública de las Escrituras. En primera de Timoteo capítulo cuatro y versículo trece leemos: “Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza”.

Es más que probable que la mayoría de nosotros, en el transcurso de nuestro ministerio pastoral, no llegue a predicar sobre toda la Biblia. Sin embargo, deberíamos leer toda la Biblia con nuestra gente en una lectura sistemática y pública de la Palabra de Dios; de acuerdo con esto, deberíamos exhortar, alentar y enseñar por medio de ella.

En primera de Tesalonicenses capítulo cinco y versículo veintisiete leemos: “Os encargo solemnemente por el Señor que se lea esta carta a todos los hermanos”. En Colosenses capítulo cuatro y versículo dieciséis vemos: “Cuando esta carta se haya leído entre vosotros, hacedla leer también en la iglesia de los laodicenses; y vosotros, por vuestra parte, leed la carta que viene de Laodicea”.

En este caso, debemos tomar los escritos de Pablo como una carta. Esto significa que se empieza por el principio y se lee hasta el final. ¿Cuántos de vosotros recibís un e-mail, leéis la salutación, lo cerráis y lo guardáis; volvéis al día siguiente, leéis la primera frase lo cerráis, lo guardáis; al día siguiente leéis otra frase, lo cerráis… ¡No! Cuando recibís una carta la leéis de principio a fin. Eso es lo que se hace con una carta. Y eso es lo que debemos hacer con la Palabra de Dios. Debemos leerla; y lo saludable es leerla desde el principio hasta el final.

Ahora bien, lo que hacemos en nuestra iglesia es leer consecutivamente, como sé que lo hacen los hermanos en North Bergen, y sé que muchos de vosotros también lo hacéis. Leemos de forma consecutiva, y es bíblico que lo hagamos así. En nuestro culto matinal de adoración, leemos de forma consecutiva en el Nuevo Testamento. En nuestro culto vespertino de adoración, leemos de forma consecutiva en el Antiguo Testamento.

En el transcurso de los años habremos leído el Nuevo Testamento varias veces juntos, y habremos leído el Antiguo Testamento menos veces, pero habremos leído toda la Biblia en el ministerio público de la Palabra de Dios. Haciendo esto Dios se acerca a nosotros.

En tercer lugar, hay una proclamación de la Palabra de Dios. La enseñanza, la predicación, la exhortación por medio de la Palabra de Dios debe ser realmente la pieza central de lo que se hace en la presencia de Dios; por medio de esto, Dios se acerca a nosotros.

Me temo que hoy, hay demasiadas actividades no reguladas que se están introduciendo en la adoración a Dios y que desplazan a la predicación de la Palabra de Dios. Se le está dando demasiado lugar a actividades que no nos dejan suficiente tiempo, ni lugar, para la exposición de la Palabra de Dios.

Recuerdo que una vez visité una reunión de discípulos en la que me pidieron que predicara y, cuando por fin me levanté y subí al púlpito para predicar, después del tiempo dedicado a los testimonios personales; después del tiempo para los niños; después de la música especial; después de todas las cosas cuando me puse al frente, detrás del atril, el hombre me miró haciéndome una seña y me dijo: “aquí solemos terminar alrededor del mediodía”. Miré mi reloj y vi que eran las doce menos veinte, y le repliqué: “me estás tomando el pelo”.

En ese momento pensé que me iba al día siguiente y que si me pasaba de las doce, ¿qué podrían hacer? Pero esto no es más que un testimonio de la falta de respeto tan desconsiderada por la predicación.

La predicación debe ser la parte central porque nos reunimos en la presencia de Dios para recibir de Él la transmisión de su amor, la comunicación de su Verdad. La iglesia es el pilar y el sostén de la verdad.

Como nos exhortaba ayer el pastor Piñero, se nos ha encomendado la verdad. Debemos luchar con fervor por la verdad, y si la familia de verdad no da lugar a la verdad ¿cómo podemos glorificar y honrar a Dios?

Debemos predicar la Palabra, estar preparados a tiempo y fuera de tiempo, reprobar, reprender, exhortar con gran paciencia e instruir como dice segunda de Timoteo capítulo cuatro, versículo dos. En primera de Timoteo, capítulo cuatro y versículo trece leemos:

“Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio. Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan”.

Este tiene que ser el centro de vuestro compromiso pastoral y de vuestra labor de pastoreo: abrir la palabra y alimentar al rebaño con la Palabra de Dios. Reflexionad sobre estas cosas, haced progresos, cansaos en la búsqueda de estas cosas. En el capítulo cinco, versículo diecisiete dice: “Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza”.

La predicación y la enseñanza de la Biblia representan un arduo trabajo. No os asustéis del trabajo duro. Pablo sigue adelante y, más tarde, en segunda de Timoteo capítulo cuatro nos dice que llegará un tiempo en el que los hombres no querrán recibir doctrina.

Los hombres no querrán oír predicaciones. Los hombres querrán tener otras cosas que rasquen su comezón de oídos. Querrán oír algo distinto a lo que se esté predicando. No seáis transigentes en esto.

En primera de Corintios capítulo catorce, versículo veinticuatro y veinticinco encontramos: “Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado”. Los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros”.

La declaración ordenada de la palabra de Dios es un testimonio de la propia presencia de Dios. Dios no es un Dios de confusión. Él es el Dios que habla, el Dios cuya palabra nos ha sido comunicada por medio de sus profetas en nuestra Biblia, y que se ha hecho carne en su hijo y ahora está utilizando a un médium para transmitírsela a los hombres. Vosotros sois los médiums de Dios. Hubo un hombre enviado por Dios cuyo nombre era: el vuestro. Vosotros sois los médiums de Dios.

Cada vez tenemos más dependencia de los medios para la adoración. Somos los médiums de Dios, no necesitamos todos esos aparatos eléctricos, micrófonos y altavoces. ¡No! Dios ya nos ha dado un medio para la comunicación de Su palabra: el hombre, el predicador, el pastor, el que proclama la palabra y la verdad de Dios.

Lo que lleva a las personas a experimentar a este Dios es la proclamación de Su palabra, no las estrategias comerciales ni los trucos publicitarios. Es el poder de la palabra de Dios comunicada por medio de un modelo que ejemplifica la verdadera fe, el verdadero arrepentimiento, el verdadero discipulado y que pone en práctica los dones concedidos por el espíritu. Cuando esto ocurre, se oye la voz de Jesucristo.

En primera de Corintios capítulo uno, versículo veinte y veintiuno leemos: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen”.

Como el Pastor Meadows nos enseñó ayer, he aquí el método de transformación utilizado por Dios. Esto es lo que Dios usa para llevar a sus hijos e hijas a una mayor conformidad consigo, de forma que Cristo pueda tener la preeminencia como primogénito entre muchos hermanos. Él utiliza la necedad de la predicación.

Hoy en día hay muchas voces que nos dicen que lo que necesitamos es algo distinto a la predicación, que necesitamos predicar de una forma distinta a lo que se nos dice en la Biblia. ¿Dónde está el polemista? ¿Dónde está el sabio? ¿No ha silenciado Dios su necedad? ¿Cómo lo ha hecho? ¡Con la necedad de la predicación!

¡Predicad la palabra a tiempo, y fuera de tiempo! Predicad la palabra y, al hacerlo, Dios se acercará a su pueblo y ellos se postrarán sobre su rostro y dirán de verdad, “Dios está contigo”; de este modo, la predicación se vuelve transparente a la presencia de Dios.

Al finalizar nuestros cultos, al marcharse, la gente suele hacer muchas veces comentarios sobre nuestra predicación ¿no es así? “Me gusta la forma en la que usted dijo esto; me gustó la ilustración”. Yo me siento más estimulado cuando salen y dicen: “Yo no conocía a Jesús de este modo. He aprendido quién es Dios. He obtenido una apreciación mayor del amor de Dios por mi”. La predicación se vuelve transparente al Dios que está presente.

Bueno, ¿pero cuál es la respuesta de la Biblia a la pregunta: cómo debemos adorar? La respuesta no es ni más ni menos que la Biblia. Orad la Biblia, cantad la Biblia, ved la Biblia en las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena, leed la Biblia y predicad la Biblia.

Estos son los elementos, los ingredientes de la adoración por medio de la cual nos acercamos a Dios. Oramos la Biblia; cantamos la Biblia; ofrendamos los diezmos a nuestro Dios en obediencia a la Biblia. Recibimos gracia de parte de Dios en las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena, y vemos la Biblia. Leemos la Biblia y, en nuestras predicaciones, proclamamos la Biblia.

Ahora bien, esos elementos pueden ordenarse de formas distintas para ministrar al pueblo de Dios, pero caracterizarán la adoración bíblica. Se pueden expresar en una amplia gama de normas, según las distintas variantes, pero la adoración bíblica siempre tendrá estos elementos.

Y como conclusión, os traigo una descripción que he recogido de la contribución de Ligon Duncan al práctico volumen Give Praise to God [Alabad a Dios], donde ofrece cinco descripciones de una adoración regulada por la Biblia, estimulada por el Espíritu y centrada en Cristo.

Si el pueblo de Dios adora y se acerca a Dios en sacrificio y adoración regulados por la Biblia, y conocen a Dios que se va acercando a ellos en una comunión con Cristo que se centra en la palabra y en Cristo, entonces así es cómo se puede describir esa adoración: En primer lugar, es simple y yo diría que es espiritual.

Ligon Duncan dice simple, yo diría que es espiritual. Escribe: “Meramente basada en los principios sin adornos, sin pretensión, y ordenados que hallamos en la Biblia”.

Es justa, es simple, no tiene adornos y no es pretenciosa. No es llamativa. Se trata exactamente de simple compromiso espiritual. No es cuestión de satisfacer los sentidos carnales. No tiene nada que ver con incienso y sotanas llenas de colorido, ni con todos los uniformes secretos y los símbolos, y toda esa parafernalia. ¡Es algo simple!

No tiene nada que ver con esos movimientos en masa, coreografiados, mientras desfilan desplegando todo el boato. ¡No! La adoración bíblica es simple. Es espiritual; su interés está en el movimiento del corazón, no en el boato coreografiado ni en el movimiento de símbolos, vestimentas y todo lo demás.

En segundo lugar, es bíblica. Nosotros no estamos preocupados por cómo se adapta nuestra adoración a la cultura. Lo que nos interesa es: cómo ser bíblicos en todas las culturas. No se trata de cómo adaptar nuestra adoración a nuestra cultura, ¡no!, sino cómo vamos a ser bíblicos en los Estados Unidos, o cómo vamos a ser bíblicos en la República Dominicana, en España, en Paquistán, en China, en Brasil o en Islandia. Esa es la cuestión.

Se trata de ser bíblico sea cual sea la cultura, y no adaptar la adoración a la cultura. Es algo bíblico. Solo tenéis que orar la Biblia, cantar la Biblia, ver la Biblia, leer la Biblia y predicar la Biblia. Es bíblico.

En tercer lugar, es transferible. La adoración y las misiones van juntas. A medida que los elegidos de cada tribu y nación son salvos, son admitidos en la presencia de Dios, quien les da la base de su aceptación en la sangre de Cristo, y les da la salvación.

Luego, los dirige en lo que deben hacer en su presencia de manera que los hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación, nos reunamos en la presencia de Dios para hacer lo que Él nos ha dicho que hagamos. Así pues es transferible. Es mucho más transferible que los grandes ritos y rituales litúrgicos de la iglesia que hacen que, cuando viajamos al extranjero y vemos ciertas iglesias que fundan misiones, nos parezca que es la Iglesia de Inglaterra la que se ha establecido aquí.

Pero, ¡un momento! Esto no es Inglaterra. Dondequiera que encontremos una iglesia fundada debería ser una iglesia bíblica. La iglesia no puede ser lo que es a menos que lleve todos los avíos, todos los ritos, el boato y todo lo demás; la elevada iglesia litúrgica no transfiere demasiado bien. Lo que vemos hoy en día es también esta simple adoración espiritual, mucho más transferible que la adoración dependiente del sistema de sonido eléctrico que está más orientada al entretenimiento.

Participé en la adoración en algunas iglesias que, por así decirlo, se podrían denominar tercermundistas. Eran muy pequeñas y pobres, pero nadie podía hacer nada hasta que los micrófonos y los amplificadores estuvieran preparados. Este tipo de cosas no transfiere bien.

Recuerdo a mi querido hermano Amresh Semurath, de Trinidad. Fuimos juntos y predicamos en aquella pequeña iglesia en la isla de Granada, hace años. Venían predicadores invitados, venía un americano y tuvimos que asegurarnos de que todos los amplificadores estuviesen instalados, todos los micrófonos ajustados, y todo estuviese bien a punto.

El Pastor Semurath tiene una voz muy, muy fuerte. Se colocó detrás del púlpito y lo primero que hizo fue apagar el micrófono, lo quitó de allí y empezó a hablar en aquella habitación. ¡Vaya! Todos parecían pensar: este hombre no necesita micrófono. ¡No, no necesitáis toda esa parafernalia! Nada de eso es necesario para adorar.

La adoración bíblica puede transferirse a lugares donde no hay electricidad y no necesitáis ninguno de los trucos de los medios de comunicación modernos, ni todo lo demás, como si no pudiésemos adorar a menos que todo se amplifique por los altavoces. ¡No, no necesitáis nada de esto!

Ligon Duncan dice: “En los entornos más simples, con frecuencia en condiciones peligrosas, personas sacudidas por la pobreza y el terrorismo se reúnen cada Día del Señor para escuchar la proclamación de las doctrinas de gracia”.

¿En qué consiste su adoración? Leen la Biblia; predican la Biblia; cantan la Biblia; oran la Biblia. Es verdad que existen distintas costumbres y que las cosas se hacen a veces en un orden diferente, pero enseguida se reconoce su adoración bíblica. Es transferible a las diferentes culturas. No depende de las tecnologías, no está sujeta a boatos externos. Es simple; es bíblica; es transferible.

En cuarto lugar, es flexible. Podrán verse variaciones en el orden y en la presentación de la adoración bíblica, en las diferentes nacionalidades, o en las distintas tradiciones de iglesia. ¡Es flexible!

Los bautistas ofrecen una adoración bíblica. Los presbiterianos ofrecen una adoración bíblica. Las iglesias congregacionales ofrecen una adoración bíblica y las Iglesias Bajas Anglicanas ofrecen una adoración bíblica.

Es inmediatamente reconocible; es flexible, tiene algunas variantes de cultura y nacionalidad, así como factores tradicionales y socioeconómicos. Sin embargo, en todo el mundo, la adoración bíblica se está ofreciendo a Dios por fe en Jesucristo, y el Espíritu Santo la vivifica.

Duncan dice también: “No os encontraréis con algo manido, tampoco con un afán de estar al día; no encontraréis ninguna cosa excéntrica que destaque, solo carne y patatas; solo la adoración simple, espiritual, apasionada, bíblica y reverente”.

No se persigue lo que está de moda; nadie piensa: “Soy más relevante; soy más contemporáneo que tu”, solo concentrarse simplemente en el Dios que está presente. ¡Venid a Él, y orad vuestra Biblia, cantad vuestra Biblia, ved vuestra Biblia, leed vuestra Biblia y predicad vuestra Biblia!

Y, finalmente, esta adoración es reverente. Se trata de un encuentro con Dios. No es algo que se hace en broma; no es algo informal; no es algo social.

Hughes Old nos dice: “La mayor contribución simple que la herencia litúrgica reformada, es decir, el principio regulativo puede hacer al protestantismo contemporáneo es su sentido de la majestad y de la soberanía de Dios; es el sentido de reverencia y de simple dignidad; es la convicción de que la adoración debe servir sobre todo a la alabanza de Dios”.

¡Es reverente! “Dado que recibimos un reino que es inconmovible, ¡mostremos una gratitud por medio de la cual podamos ofrecer un servicio aceptable a Dios”. Él es quien nos dice lo que es aceptable; no se trata de un servicio popular sino de un servicio aceptable.

¿Cómo ofrecerlo? Con reverencia y con temor porque nuestro Dios es fuego consumidor. Todo ese juego, toda esa artificiosidad, todo ese egocentrismo… Dios es muy paciente, pero también es fuego consumidor. Llegará un día en el que el fuego del juicio de Dios quemará muchísima madera, heno y hojarasca de los ministerios de los hombres y de sus cultos de adoración.

Debemos ser sabios y traer ante Él aquello que es oro, plata y piedras preciosas porque Él es fuego consumidor y todo lo que no sea aceptable se quemará en el fuego. Así es que empecemos por no ofrecer aquello que no es aceptable, y vengamos con reverencia; vengamos con temor.

Dios está ciertamente en medio de vosotros. Dejemos de mirarnos a nosotros mismos cuando adoramos, y concentrémonos en el Dios que está en medio nuestro.

Para terminar, en Efesios capítulo dos leemos acerca de la dignidad y de la gloria de la iglesia, en el versículo diecisiete: “Y vino y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca [gentiles y judíos]; porque por medio de Él los unos y los otros [gentiles y judíos] tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu. Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

¡La morada de Dios! Mi oración es que os llevéis de estos cuatro mensajes sobre la adoración, este pensamiento tan fundamental: Dios está con nosotros. ¡Dios está con nosotros!

Si tenéis esto bien claro, todas las demás cosas entrarán en la perspectiva correcta. Habrá muchas cuestiones que ya no merezcan la pena debatirse o analizarse. El motivo es que la presencia de Dios, ese fuego consumidor, quemará todo lo que no sea esencial y no dejará más que la adoración a Dios, simple y espiritual, que se haga en espíritu y en verdad solamente.

Oraremos nuestras Biblias; cantaremos nuestras Biblias; veremos nuestras Biblias; predicaremos nuestras Biblias y daremos la gloria a Dios que nos ha dado la siguiente promesa: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y moraré en medio de vosotros”. ¡Amén!

Oremos: Padre de gracia y Dios nuestro, nuestros corazones arden dentro de nosotros y tenemos hambre y sed de Ti, que eres el Dios vivo. Oramos pidiendo que nos concedas sabiduría y gracia para que, como siervos en la familia de Dios, podamos ministrar tu palabra y que podamos conducir a tu pueblo en el camino de la adoración aceptable. Padre, confesamos que en estos tiempos nos sentimos tan fácilmente confundidos por todos los debates y análisis, todas las opiniones que se expresan sobre estas cuestiones de la adoración… Te pedimos que nos des sabiduría.

Te pedimos que nos concedas una perspectiva clara y centrada en quien Tú eres, en cómo Te has revelado en Cristo, y lo que has decidido que sea tu voluntad para nosotros, cuando por medio de la fe en Cristo nos acercamos a Ti, en adoración.

No permitas que llevemos fuegos extraños delante de Tí. No nos dejes incorporar los métodos, ni el ambiente, ni las técnicas de los paganos que adoran sus entretenimientos, sus placeres y que se adoran a sí mismos, observándose unos a otros para confeccionar una religión de servicio egocéntrico.

¡No a nosotros, Padre, no a nosotros Señor, sino a tu nombre da gloria por tu tierna bondad, por tu verdad! Haz que nuestros ojos no estén fijados sobre nosotros mismos. Haz que nuestros ojos no estén puestos en las cosas de este mundo, ni en lo que se hace a otros dioses de este mundo. Fija nuestros ojos en Tí.

Haz que nuestros oídos estén pegados a tus labios. Haz que veamos y oigamos tus palabras y hagamos tu voluntad; que vengamos delante de ti con la belleza de la santidad, con la fuerza de tu Espíritu, en unión con Cristo Jesús y para la gloria de tu gracia y amor por nosotros en Él.

¡Ven, Dios nuestro, ven y mora en medio de nosotros! Haz de nosotros un pueblo santo, un pueblo amado y que ame, para que podamos adorarte y servirte todos los días de nuestra vida. ¡Amén!

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2008 Pastors’ Conference | Worship III: The Regulative Principle of Worship

El principio regulador de la adoración

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El principio regulador de la adoración

Hermanos, volvamos a pedir la ayuda de Dios para adentrarnos en este asunto tan importante de la adoración a Dios:

Nuestro Padre misericordioso, invocamos tu nombre por la fe en Jesucristo. Nuestra confianza está en la gracia de nuestro gran Sumo Sacerdote y Rey.

Nos acercamos a ti por medio de la fe en Jesucristo, y te pedimos que glorifiques su nombre entre nosotros para que nuestros corazones sean instruidos en la Palabra de Dios, y para que el Espíritu de Dios que nos ha vivificado en Cristo sea derramado sobre nosotros para que podamos crecer en nuestro amor y adoración, en nuestra determinación de adorar y servir a nuestro Señor y Salvador.

Pedimos que tu gracia nos ayude en esta mañana para que nuestras mentes estén alertas, para que nos instruyas y podamos a cambio ser equipados para instruir a tu pueblo, a fin de que seas glorificado en la iglesia aquí y en todo el mundo. Oramos en el nombre de nuestro Salvador y Dios Jesucristo. Amén.

Bien, anteriormente en nuestra serie sobre la adoración hemos preguntado qué es adoración, y hemos respondido a esa pregunta diciendo que es una reunión colectiva del pueblo de Dios para encontrarse con Dios mismo, que la esencia de la adoración tiene que ver con que Dios esté presente entre nosotros y con que nosotros le demos el honor, la adoración y alabanza que le corresponden.

Luego preguntamos a quién adoramos, y adoramos al Dios vivo y verdadero revelado en las páginas de las Escrituras y dado a conocer en Jesucristo. ¿Y por qué adoramos? Lo hacemos porque Él es digno de nuestra adoración. Hemos sido creados y salvados para adorar, y es precisamente adoración lo que Dios desea de nosotros.

¿Dónde adoramos? En cualquier lugar del mundo donde nos reunamos, y nuestra adoración es admitida y bien recibida en la presencia misma de Cristo en el cielo. Así, verdaderamente adoramos en el cielo, y lo hacemos en el día del Señor, el primer día de la semana, el día que recuerda la resurrección de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo, ese día que marca una nueva creación y nos señala al eterno día de reposo de Dios, para que en el primer día ya comencemos a disfrutar las bendiciones que son nuestras para siempre cuando, como pueblo de Dios, nos reunimos para tener comunión con Él.

No hay duda de que esa es la esencia de la bendición del día de reposo: estar con Dios, vivir con Dios, disfrutar de su presencia entre nosotros.

Esa es, por supuesto, la esencia no sólo de la adoración, sino también de la salvación. Anoche aprendimos que debemos adorar según la prerrogativa de Dios, sabiendo quién es Él, la naturaleza de Dios que es espíritu.

Por tanto, nuestra adoración debe ser esencialmente un encuentro espiritual, el cual es, en sí mismo, una respuesta a la revelación de Dios. No podemos fabricar la adoración.

Dios es santo, es diferente a su creación. Nosotros somos finitos, y no podemos acercarnos a Dios a menos que Él inicie ese proceso de adoración, a menos que se nos revele a sí mismo.

En ningún lugar de la Biblia se nos dice que debamos congregarnos e inventar la adoración. La adoración se nos otorga por la revelación de Dios. Nuestro pecado agrava nuestra incapacidad para fabricar una adoración aceptable a Dios, pues somos pecadores y Dios es santo, y por eso no podemos llegar a su presencia y no ser consumidos inmediatamente por su ira y expulsados a la muerte eterna.

Nuestro problema, como el Adán caído, es la tendencia a confiar en nuestras hojas de higuera y a escondernos de Dios y no buscar su presencia. Nuestro problema es nuestra tendencia a la idolatría y a dirigir nuestra adoración hacia algo en la esfera de lo creado en vez de dirigirla a Él, que es el Creador, y a confiar en nuestras hojas de higuera para acallar nuestra conciencia y no sentir la vergüenza y la culpa cuando, de hecho, estamos llenos de vergüenza y de culpa.

Pero en medio de esta terrible situación de nuestro pecado, aparece Dios. Él irrumpe en la vida del pecador con bondad y responde a los rebeldes con misericordia, proveyendo un sustituto que absorbe la sentencia de muerte en lugar del pecador que cree y adora.

En el Antiguo Testamento ese sustituto era representado por los millones de animales que eran ofrecidos en el sacrificio de adoración que Dios demandaba al proveer las pieles de animales en Génesis, capítulo tres, cuando Él derramó esa sangre para cubrir el pecado de la pareja original, y esa provisión de sacrificio de sangre fue entonces institucionalizada y regulada en esta ley ceremonial del antiguo pacto.

Y todos esos corderos y machos cabríos que fueron sacrificados en altares judíos no eran sino el retrato del verdadero Cordero de Dios que anunció Juan el Bautista, Aquel que sería, sin duda, nuestro cordero pascual, y por cuya sangre nuestros pecados son expiados, es propiciada la ira de Dios, nosotros recibimos la aceptación y se nos da la justicia de ese Hijo de Dios perfecto.

En el Nuevo Testamento, nuestra adoración, por tanto, está basada en este sacrificio: la provisión que Dios nos otorgó en el sacrificio de Jesucristo. Bien, ahora y en nuestra última hora de esta mañana, comenzaremos a enfocarnos en cómo debemos adorar.

Acudimos a la presencia de Dios para experimentar la presencia de Dios entre nosotros, ser llenos del Espíritu Santo, que la Palabra de Dios abunde en nosotros, ser conformados a imagen de Jesucristo y experimentar lo que significa ser amado por Dios nuestro Padre.

Cuando acudimos a su presencia no es bueno que nos enfoquemos en nosotros mismos, en nuestros problemas, en nuestra situación, incluso en nuestros pecados, sino que hemos de conocer y experimentar la presencia de Dios entre nosotros.

Necesitamos que nos reafirme en su amor, y por eso acudimos a Él en el lenguaje del Salmo ciento quince, versículo uno: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre sea la gloria, por tu misericordia, por tu verdad”.

Por tanto, cuando estamos en la presencia de Dios hemos de hacer estas cosas que Dios nos manda hacer para que nuestra adoración le dé la gloria a Dios.

No debemos centrarnos en cómo estamos adorando, sino en Aquel a quien estamos adorando. No debemos fijarnos en nosotros mismos cuando adoramos, cosa que está ocurriendo hoy día, ya que todos se fijan en sí mismos mientras adoran: mira mi estilo de adoración; yo alzo las manos; yo me postro. Nos fijamos los unos en los otros, y eso no es adoración. Adoración es observar a Dios.

La mecánica de la adoración debería ser transparente e invisible ante el Dios que está presente. La adoración debería ser de tal forma que sirviera como el medio por el cual Dios se convierte en el centro de atención, y no la actividad de la adoración en sí misma.

Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean, porque de esa forma ya tenemos nuestra recompensa, sino que quiere que sea Dios quien nos vea y que oremos a nuestro Padre. La adoración no se hace para los hombres; por tanto, debemos hacerla como Dios ordena para que en la adoración no nos enfoquemos en la adoración misma, sino que nos enfoquemos en Dios.

No buscamos que la adoración atraiga la atención hacia sí misma, sino que sea el medio por el cual Dios se dé a conocer entre nosotros. Ahora bien, lo que estoy articulando es un punto de vista que ha sido tratado a lo largo de toda la historia de la Iglesia conocido con el nombre de principio regulador.

Esto quiere decir que la adoración está regulada por Dios, y consiste sólo en esas cosas que Él nos manda en las Escrituras. Hay algunos cristianos que se adhieren a lo que ha sido denominado el principio normativo: que la adoración debe obedecer a las Escrituras pero que el adorador es libre de traer cualquier cosa a Dios siempre que no esté específicamente prohibida en las Escrituras.

Por tanto, el principio normativo dice que si la Biblia no prohíbe un determinado acto en la adoración, entonces está permitido. El principio regulador dice que en la adoración hemos de hacer sólo lo que Dios nos ha ordenado porque Él regula lo que debe ser la adoración.

En esta hora, pues, vamos a hacer un repaso de este principio tal como lo encontramos en las páginas de nuestra Biblia, un repaso del principio regulador en la Palabra de Dios.

El principio regulador dice que la adoración ha de ser determinada por Dios. El contenido de la adoración debe ser determinado por Dios. Aquello que motiva y lleva a nuestro corazón a adorar ha de ser determinado por Dios, y el objetivo de la adoración también ha de ser determinado y regulado por Dios, siendo revelado en las Escrituras.

No hemos de fabricar la adoración a partir de cualquier premisa que queramos. Nuestra motivación para adorar no puede ser egocéntrica o por ganancia personal, ni tampoco debemos esperar lograr nada en adoración que no sea darle la gloria a Dios.

Pero Dios les enseñó a los hombres estas cosas sobre la adoración desde el principio de los tiempos. Recuerden la primera aparición de la adoración desde la caída en los eventos de Génesis capítulo cuatro, los hijos de Adán: Caín y Abel.

Acuérdense de que Abel ofrece un sacrificio, un sacrificio de sangre, en su adoración y Caín ofrece una ofrenda vegetal. Dios rechaza la adoración de Caín porque Caín no imitó el acto de Dios de cubrir el pecado por medio del derramamiento de sangre del animal.

Como puede ver, los hechos de Dios son reveladores de la voluntad de Dios de la misma forma que las palabras de Dios son reveladoras de su voluntad.

Y así es como Dios le ha dado al hombre tanto el día de reposo como el servicio sacrificial de la adoración. No por medio de un mandamiento de palabra, sino a través de un hecho que le incumbe al hombre; el hombre tiene la responsabilidad de imitar a Dios porque somos la imagen de Dios, y lo que Dios hace es lo que nosotros debemos hacer.

Hemos, pues, de imitar a Dios, por lo que nuestra obligación para con Él es mucho más profunda que simplemente obedecer un mandamiento; es la obligación de ser como Dios y hacer lo que Dios hace, y cuando Dios responde ante el pecado mediante el acto de este sacrificio de sangre, lo hace para enseñarles a Adán y a sus hijos la manera en que deben responder a ello: cuando acudan ante mí no lo hagan cubiertos con sus propias hojas de higuera, sino cubiertos con mi provisión para ustedes.

Abel lo entendió, y creyó a Dios. Su fe respondió obedientemente a la revelación de Dios. Caín no respondió a esa revelación en fe u obediencia, por lo que su adoración no fue aceptable. Y Caín mismo como adorador tampoco fue aceptado, porque su actitud al adorar fue totalmente egocéntrica.

Su corazón no estaba bien y su adoración tampoco, y por eso Dios lo llama al arrepentimiento. Pero él no se arrepintió, sino que tuvo celos de su hermano y celos de que la adoración de su hermano fuera aceptable, y por eso se levantó y asesinó a Abel; con lo cual, el primer asesinato y el primer conflicto fue una guerra religiosa, un conflicto religioso.

En Éxodo, capítulo veinte, de nuevo el segundo mandamiento es de suma importancia para estos asuntos de la adoración. Éxodo, capítulo veinte, leyendo desde el versículo tres:

“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

Aquí se nos dice que no se nos permite adorar a Dios según nuestra propia imaginación, sino que debemos hacerlo en obediencia a las palabras que fueron reveladas a través de Moisés.

El segundo mandamiento nos enseña que Dios se toma muy en serio su adoración. Dios es celoso de su adoración porque la manera en que adoramos determina la manera en que los hombres lo percibimos y lo entendemos, y Él no quiere que le representemos mal entre los hombres. Él es celoso de su reputación y de la integridad de su nombre, y de la manera en que es visto entre los hombres.

Por tanto, nos hace una advertencia en conjunción con este mandamiento relativo a la adoración: no deben adorar de una manera imaginaria y centrada en el hombre, sino que han de hacerlo de una manera bíblicamente regulada, acorde con la Palabra de Dios.

Los israelitas, en Éxodo capítulo veintidós, desobedecieron claramente este mandamiento cuando se hicieron el becerro de oro. ¿Cuál fue el problema?

Bien, en el versículo ocho de Éxodo treinta y dos, Dios le dice a Moisés: “Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”.

¿Cuál fue el problema? Se apartaron del camino que yo les mandé, y se hicieron esta imagen, y la llamaron el Dios de Israel. Pero la adoraron de una forma que violaba los mandamientos reguladores de Dios, quebrantando el segundo mandamiento.

Más tarde, en Levítico capítulo diez, aprendemos de Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, en el versículo uno, los cuales tomaron sus respectivos incensarios y, tras encenderlos, pusieron en ellos incienso y ofrecieron un fuego extraño ante el Señor, cosa que Él no les había ordenado hacer. Y descendió fuego de la presencia del Señor y los consumió, y murieron delante del Señor. Entonces Moisés le dijo a Aarón: “Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”. Por tanto, Aarón guardó silencio.

La Biblia interlineal hebrea traduce “extraño” en “fuego extraño” con la palabra “desautorizado”; fuego desautorizado. La Septuaginta usa la palabra griega que significa fuego ajeno, una palabra que significa algo que no te pertenece a ti, sino a otra persona. También podría significar fuego enemigo.

En hebreo, la raíz de este término conlleva la idea de una barrera, la idea de una frontera. En otras palabras, ellos produjeron fuego que estaba fuera de los límites, estaba fuera de las barreras que Dios había establecido en sus mandamientos; no había autorización, era extraño, ajeno, no le pertenecía al Señor.

Lo que hicieron es que trajeron fuego de fuera del complejo del templo, y pensaron: “Fuego es fuego, y cualquiera vale”. Pero procedía del otro lado de la frontera, estaba desautorizado, y Dios dice que no guardaba lo que Él había ordenado. Yo seré honrado, pues soy celoso de mi adoración. Ustedes juegan con fuego delante de mí, quieren su propio fuego, pues yo les daré fuego. Y fuego descendió y los consumió.

Aarón acababa de perder a sus dos hijos, pero no argumentó nada, sino que guardó silencio al comprender que Dios era absolutamente santo al vindicar su nombre. Porque sus dos hijos fueron descuidados en la presencia de un Dios santo y decidieron que podían ofrecer su propia adoración y poner en tela de juicio los mandamientos de Dios y hacer lo que era conveniente para ellos. En lugar de seguir las órdenes y permanecer dentro de los límites establecidos, lo trajeron del exterior.

Acuérdense en Números, capítulo dieciséis, de la rebelión de Coré, un levita que se reveló contra Moisés. Deseaba ser sacerdote junto con otros más, pero Dios dijo no, que sólo los hijos de Aarón, sólo los descendientes de Aarón serían aceptados en el lugar santo del tabernáculo para ofrecer sacrificios aceptables. Pero Coré quería ascender por sí mismo y quería cambiar la adoración de Dios.

Dios había señalado a hombres específicos para ofrecer sacrificios. Coré dijo: no, yo no quiero acatar los designios de Dios; yo creo que hay otros principios que se deberían tener en cuenta. Nosotros somos tan buenos como tú, Moisés, somos tan buenos como los hijos de Aarón. Tú te crees que eres mejor que el resto, pero aquí todos somos iguales, y deberíamos tener también el privilegio del sacerdocio.

Bueno, pues Moisés, en el versículo cinco de Números dieciséis, les da una prueba que consistía en lo siguiente: “Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a Él; al que él escogiere, él lo acercará a sí”.

Coré, tú puedes seguir hablando de ser iguales, y dar a conocer tu voto y hacerlo popular, pero esas no son las bases sobre las cuales los hombres han de acercarse a Dios. Él es quien debe acercar a los hombres a Él, Él debe escoger a los que se acercarán a Él; por tanto, esto es lo que haremos.

Saquen sus incensarios, y póstrense ante el Señor y veremos a quién escogerá el Señor. Y saben, Él no escogió a Coré; de hecho, lo destruyó a él y a todos los que se habían asociado con él. Y doscientos cincuenta hombres fueron destruidos porque ellos, al igual que Nadab y Abiú, vinieron y ofrecieron de nuevo un fuego extraño. Y Dios era muy celoso de su reputación entre el pueblo de Dios cuando comenzaron a quejarse.

La gente se quejó, pues no veían justo lo ocurrido, no creían que estaba bien, y Dios envió una plaga a la nación de Israel, y catorce mil setecientos hombres murieron hasta que Aarón corrió apresurada y rápidamente para hacer expiación por los pecados de la nación y aplacar así la ira de Dios, ya que Dios debía ser honrado.

Él es un Dios santo y celoso, y debemos acercarnos a Él según su mandamiento y ofrecer el sacrificio que Él ha escogido, el cual es aceptable, y no el más popular, no el que está de acuerdo con el principio democrático de la igualdad.

Podemos ver claramente esta declaración en Deuteronomio: Deuteronomio capítulo doce y versículo treinta y dos. Leemos, no obstante, desde el versículo veintinueve para entrar en contexto:

“Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aún a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de hacer solo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás”.

Del versículo veintinueve al treinta y uno, el Señor le dice a su pueblo: yo no quiero que se fijen en la forma en que los paganos adoran a su dioses, ni se fijen en su métodos y en su prácticas y luego implementen sus métodos y prácticas y las traigan cuando adoren al Dios verdadero.

No adoren al Dios verdadero como los paganos adoran a sus dioses. No pregunten cuál es la forma en que ellos adoran a sus dioses, pues no han de aprender a comportarse en la presencia del Dios verdadero de la forma en que los paganos se comportan en la presencia de sus falsos dioses.

Y el versículo treinta y dos declara el principio regulador: sólo deben hacer lo que Dios les ordena hacer en su presencia, nada más ni nada menos, y ninguna otra cosa, ninguna otra cosa más ni menos, y nada más. No es el lugar apropiado para dejar volar su imaginación e innovar y crear, y para que se vean a ustedes mismos adorando y diciéndoles a otras personas: miren cómo adoro, ¿acaso no soy un buen adorador?

No; se trata sólo de Dios, y su atención debe estar fijada en Dios. Y lo que Dios les manda hacer serán esas cosas que son transparentes ante su presencia, y no una actuación.

David tuvo que aprender el principio regulador cuando devolvió al arca a Jerusalén.

Vamos a Segunda de Samuel, en el capítulo seis, leyendo desde el versículo seis al ocho, cuando se disponía a devolver el arca de Dios y Uza la llevaba junto a los hijos de Abinadab:

“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy”.

Este era un evento alegre, y todos estaban siendo sinceros en su tarea de llevar el arca, y seguro que Uza actuó con toda la buena intención del mundo. ¿Se imaginan que se cayera el arca al suelo y al barro y se ensuciara?

Pero quizá hubiera sido mejor que el arca se ensuciara que la mano de Uza tocara el arca, porque Uza no estaba autorizado. Uza no tenía autorización ni siquiera para tocar el arca, y en el momento en que se desobedeció la ley de Dios y se violó la santidad de Dios, Él intervino de inmediato. Dios responde inmediatamente en la integridad de su santidad, y el pecador fue consumido al instante.

David tenía que aprender un lección con relación a la reverencia a Dios, y la lección que aprendió se nos da en Primera de Crónicas. En el libro de Primera de Crónicas, capítulo dieciséis, de nuevo encontramos este mismo acontecimiento en el que Uza es consumido por la santidad de Dios por tocar el arca.

Leemos en Primera de Crónicas quince, versículo once: “Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semanas, Eliel y Aminadab, y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado”.

Esta es la lección que aprendió: “Pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová”.

David aprendió una lección. ¿Cuál fue esa lección? Cuando intentamos llevar el arca antes con Uza, el hijo de Abinadab, que no era un levita, estábamos haciendo lo que era conveniente para nosotros; estábamos obrando con sinceridad, pero descubrimos, por el arrebato de Dios contra nosotros, que no estábamos guardando su ordenanza.

No era acorde, ya que Moisés había ordenado que obedeciéramos la Palabra de Dios. Fue una violación del mandamiento de Dios, una violación del principio regulador.

El rey Uzías, más adelante, en Segunda de Crónicas veintiséis, seguro que ustedes se acordarán, quiso cambiar la adoración prescrita por Dios.

Él pensaba que estaría autorizado para hacerlo, pues, al fin y al cabo, era el rey, y si había alguien autorizado para hacer lo que quisiera, ese era el rey. Así que decidió que quería quemar incienso en el templo, aunque él no era sacerdote. ¿Por qué?

Leemos en el versículo dieciséis de Segunda de Crónicas veintiséis que su corazón era tan orgulloso que actuó de manera corrupta y no le fue fiel al Señor su Dios. Él quería obtener más adoración. Mírenme, no sólo soy rey, sino también un sacerdote, y puedo hacer lo que me plazca, incluso en la presencia de Dios. Y su arrogancia lo llevó a traspasar las fronteras establecidas por Dios para la adoración.

Los sacerdotes acudieron al templo, y le pillaron in fraganti; advirtieron al rey de que no estaba autorizado para hacer eso. Sin embargo, el rey arrogantemente hizo caso omiso e hizo lo que quiso en la presencia de Dios, y Dios inmediatamente lo castigó nuevamente, y mientras ofrecía su ofrenda, sus manos se volvieron blancas como la nieve a causa de la lepra.

Y ustedes saben lo que debía hacer un leproso: ser apartado. Un leproso nunca podría ser admitido en el lugar santo, ya que debía pasar el resto de su vida en una casa recluido, y nunca más sería admitido en la presencia de Dios en el complejo del templo. ¿Por qué? Porque actuó con orgullo y violó los límites establecidos de la adoración a Dios.

En Mateo, capítulo quince, Jesús acusa a los fariseos de este mismo pecado: violar el principio regulador. En Mateo quince había estado enseñando sobre el quinto mandamiento, honra a tu padre y a tu madre, pero criticó duramente a los fariseos en el versículo cinco:

“Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquellos con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.

La religión de los fariseos atribuía más valor a su propia tradición creada por los hombres que a la Palabra de Dios, y por eso Jesús cita Isaías veintinueve dieciocho y les dice: miren, su religión es algo vacío, y es vana porque están más preocupados por hacer las cosas según los hombres que de ser obedientes a Dios.

Temen más al hombre y se preocupan más de ser vistos por los hombres que de temer a Dios, y su adoración está diseñada para honrarlos a ustedes mismos en lugar de honrar a Dios. Mientras adoran, están concentrados en ustedes mismos, les encanta ocupar los lugares más prominentes y les encanta usar palabras muy adornadas y términos que nadie usa; oh, qué hombre tan religioso.

Les encanta estar en las esquinas de las calles y alardear de su religión, y mientras tanto roban a las viudas y su corazón está lleno de celos, de avaricia, de lujuria y de asesinato. En vano usan el nombre de Dios con sus labios cuando lo cierto es que su corazón está lejos de Él. No siguen la Palabra de Dios, y se felicitan por su adoración.

Se están promoviendo en estas tradiciones y ritos que han hecho, fomentado y fabricado humanamente, los cuales están diseñados para hacerlos sentir bien cuando se miran. Dios dice que esto no le agrada, que es una adoración vacía y vana.

Cuando Jesús habla con la mujer en el pozo, en Juan capítulo cuatro, le enseña, si recuerdan, que Dios es espíritu y que los que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad, y que esa es la adoración que Dios busca. Él rechaza la adoración de los samaritanos en el monte Gerizim.

Él había venido y cumplido los tipos y los cuadros de la adoración aceptable que se daba en Jerusalén, llevando así esos tipos y cuadros a su plena expresión en su propia adoración a Dios llevada a cabo en el Calvario. ¿Ha pensado alguna vez que la cruz fue un acto de adoración?

La muerte de Jesús en la cruz fue un acto de adoración, la plena expresión de la adoración sacrificial; y ahora, en el nuevo pacto, es esa adoración en la que hemos de entrar.

Entramos en la adoración de Cristo en la cruz cuando acudimos a la presencia de Dios por la fe en el Cordero, esa provisión que nos fue dada en Jesucristo. Y acudimos llenos del Espíritu como hijos reales de Dios, como un sacerdocio santo cuyos sacrificios son de naturaleza espiritual en obediencia a la Palabra de Dios según la provisión que Dios nos ha dado en Jesucristo.

Todo este asunto tiene su enfoque en el vocabulario que el apóstol Pablo usa en Colosenses capítulo dos y versículo veintitrés; en Colosenses capítulo dos y versículo veintitrés, Pablo advierte contra las influencias del paganismo en nuestra adoración.

Nos advierte contra el ascetismo y sus reglas hechas por hombres, que maltratan el cuerpo y tienen una visión distorsionada de Dios como creador y nuestra como portadores de su imagen creados a su semejanza.

El versículo dieciocho nos dice que el orgullo está tras estas formas de adoración autocreadas e infladas sin causa en sus mentes carnales, y tal religión, nos dice en el versículo diecinueve, está desconectada de la cabeza que es Cristo. Y en el versículo veintitrés nos dice que esta religión y este ascetismo autocreados, esta religiosidad pagana no hace nada para batallar contra la indulgencia carnal.

Leemos en el versículo veintitrés: “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

Y, hermanos, en todo el mundo esta forma de religión es la que domina. Podemos ver a gente flagelándose la espalda, gente aporreándose la frente y la sangre corriendo por sus rostros debido al duro trato que le dan al cuerpo.

Podemos ver el trabajo mecánico y repetitivo del rosario a base de frases huecas lanzadas al viento absurdamente. Pueden ver los peregrinajes, lo que la gente da de forma sacrificial, gente que no tiene un corazón dispuesto para las cosas de Dios, sino que simplemente es una señal externa de una depravación autoascética del cuerpo.

Pablo dice: miren esto, esa religión no sirve para nada, está desconectada de la cabeza y no tiene beneficio alguno, no hace ningún bien. Y la palabra clave que hemos de considerar es la palabra traducida como “culto voluntario” en el versículo veintitrés.

El griego combina la palabra “voluntad” y la palabra “religión”, una actividad religiosa que está determinada por la voluntad del hombre, y no por la voluntad de Dios. Los puritanos lo llamaron adoración al gusto; y es interesante, hay sabiduría aquí, siendo la adoración de cualquier cosa que uno quiera.

Es la adoración de la propia voluntad del individuo. Adoración al gusto, hacer un dios de cualquier cosa que el hombre quiera en lugar de darle a Dios lo que Él quiere. Es la adoración de los deseos de uno mismo, ¿y con qué frecuencia oímos esto como el argumento de las novedades y las innovaciones que se hacen en la adoración hoy día?

Se debe a que eso es lo que la gente quiere. Eso es lo que gente quiere. Usted adora lo que quieren los demás; esto es adoración al gusto, adoración creada por el hombre.

Hermanos, como dije la pasada noche, esto es una forma de tiranía impuesta sobre el verdadero pueblo de Dios. Es una forma de tiranía, una imposición sobre el verdadero pueblo de Dios.

Me he contristado en ocasiones al estar en servicios de adoración donde la música y todo lo que ocurría estaba muy distante y desconectado de los santos más ancianos que estaban en el servicio, sobre los que estaban imponiendo tales formas. Y sus almas… les he visto ahí de pie, sin poder cantar, sin poder participar por ser algo tan ajeno a ellos, pero estaban obligados.

Y se les ha dejado atrás porque lo que impera y a lo que se sirve es a la voluntad de la generación más joven, y de esa forma la generación más anciana es ignorada, y eso es una forma de tiranía sobre ellos, una imposición.

Eso no es amor, no es ser considerado, y me entristece. Derek Thomas dice: “Si tenemos la libertad de adorar a Dios colectivamente de formas diferentes a las que Él ha revelado, estamos destinados a la tiranía y a la esclavitud, ya que estaremos a merced del gusto personal de alguien y de la nueva forma que alguien acaba de descubrir”.

William Cunningham comenta: “Ni en materia de fe ni de adoración la iglesia tiene ninguna autoridad por encima o distinta de lo que está escrito en la Biblia, ni tampoco tiene el derecho de decretar o imponer nuevas prácticas o instituciones en el apartado de la adoración bíblica más que el derecho que tiene de enseñar nuevas verdades en el apartado de fe bíblica”.

No tenemos más derecho a empezar a enseñar nuevas doctrinas diferentes del que tenemos a inventar una nueva adoración hecha por los hombres. Nuestra enseñanza y nuestra adoración deben estar reguladas por la Palabra de Dios.

Irónicamente, a quienes apoyamos el principio regulador a veces se nos tacha de legalistas porque no le damos al hombre la libertad de ser innovador en su adoración. Pero quiero decirles, amigos míos, que es la innovación lo que es legalismo, dictados hechos por el hombre que esclavizan la libertad de la conciencia y fuerzan al pueblo de Dios a presentar a Dios una forma de adoración que Él no les ha dado la libertad de llevar a cabo.

Cristo ha liberado nuestra conciencia para que sea instruida por las Escrituras. Y en esto creemos, nuestra conciencia está atada a las Escrituras y no podemos hacer otra cosa, para parafrasear a Lutero.

Derek Thomas de nuevo dice: “Mantener una buena conciencia ante Dios significa adaptarse a la normativa de Dios que Dios ha establecido, y sólo a esa ley. La alternativa es tiranía. La alternativa es tiranía”.

Y Pablo nos advierte de no incorporar las doctrinas o prácticas que han sido inventadas por los hombres y que no han sido reveladas por Dios. Las prácticas a menudo se toman de las actividades de falsas religiones, así que asegúrense de que sus prácticas religiosas están autorizadas por Dios y no influenciadas por la adoración al gusto, o la adoración creada por el hombre.

En Malaquías capítulo uno, al final de nuestro Antiguo Testamento, Dios nos hace una pregunta, en Malaquías capítulo uno versículo seis: “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? Dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?”.

Y continúa diciéndoles que están haciendo de la adoración a Dios algo diferente de lo que Él les ha dicho que fuera. En el versículo trece: “Habéis además dicho: ¡oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano?”.

Y esta es la misma pregunta que vimos la pasada noche en Isaías uno doce. ¿Debo recibir eso de su mano? ¿Quién les dijo que eso es lo que yo quería que trajeran? Ustedes dicen que mi adoración es muy aburrida, es fastidiosa, y la menosprecian. No nos gusta esta adoración, queremos algo más popular, algo que nos agrade más. Él dice: honran a su padre, ¿y no me honran a mí?

Respetan a su señor, ¿y no me respetan a mí? Cuando traen esta adoración que ustedes mismos han fabricado según las cosas que les convienen y las cosas que realmente no les cuestan mucho, ¿se supone que yo debo aceptarlo?

Imagínese que su padre le pide que le haga un sándwich, y le dice: “Quiero un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno. Por favor, hijo, hazme un sándwich”.

Usted va a la cocina, abre el mueble y ve la crema de cacahuate en la repisa. Pues bien, resulta que a usted le gusta más la crema de cacahuate que el pollo, y el pan blanco está abierto sobre la encimera.

No está seguro de dónde está el pan de centeno, y el pan blanco lo tiene ahí mismo, es lo más fácil. Así que toma el pan blanco, y unta algo de crema de cacahuate, y se come usted mismo un poco de crema de cacahuate porque le gusta mucho.

Y usted piensa: bueno, un sándwich es un sándwich, mi padre está hambriento y esto le calmará su apetito. Además, la crema de cacahuate es mi favorita. ¿Cree usted que su padre se agradará de su sándwich de crema de cacahuate? No.

Así que usted vuelve a la cocina y dice: de acuerdo, quiere un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno. Qué aburrido. Creo que debo poner unos pepinillos en este sándwich para que le dé algo más de sabor. Y además de la mostaza creo que le pondré también algo de mayonesa para mejorarlo.

Así que le voy a llevar un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, pero voy a añadirle pepinillos y le voy a poner un poco de mayonesa encima también. Y le lleva el sándwich a su padre. ¿Le va a gustar el sándwich? No, eso no es lo que él ha pedido.

Él quiere que le dé un sándwich según el principio regulador, que le traiga lo que ha pedido, nada más, nada menos. Un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, eso es lo que quiere.

Dios es un Dios celoso, y su nombre debe ser reverenciado. Por tanto, aquí está nuestro principio a la hora de acudir a su presencia según lo que Él ha ordenado, no según la fabricación de nuestros propios rituales, sino para darle adoración guardando sus ordenanzas; no siendo creativos, no siendo tiranos e imponiendo sobre otros rituales hechos por hombres y estrechando el hecho de ser sus hijos y su libertad para ser libres en su obediencia a Dios.

En una época donde lo novedoso, los trucos, el marketing, el entretenimiento, la política y toda clase de intereses han invadido la iglesia y se han adueñado de la atención y de las energías del pueblo de Dios, tenemos que alejarnos de la adoración al gusto creada por el hombre y hacernos la pregunta: ¿cómo quiere Dios que le adoremos?

Y en la siguiente hora, nuestro estudio final, intentaremos responder a esta pregunta con cuestiones más específicas, como qué debemos hacer en la presencia de Dios para ser obedientes a su Palabra. Que Dios nos conceda una adoración que glorifique su nombre. Amén.

Oremos: Padre, oramos que tú, por tu gracia y tu Espíritu, nos guíes a tu presencia, que en Cristo Jesús nos escojas para acercarnos a ti y que, en Cristo Jesús, por tu Espíritu y en obediencia a tu Palabra, podamos darte lo que deseas: adoración espiritual en espíritu y en verdad para la gloria de tu nombre, para la alabanza de Cristo Jesús. Amén.

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2008 Pastors’ Conference | Worship III: The Regulative Principle of Worship

El principio regulador de la adoración

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El principio regulador de la adoración

Hermanos, volvamos a pedir la ayuda de Dios para adentrarnos en este asunto tan importante de la adoración a Dios:

Nuestro Padre misericordioso, invocamos tu nombre por la fe en Jesucristo. Nuestra confianza está en la gracia de nuestro gran Sumo Sacerdote y Rey.

Nos acercamos a ti por medio de la fe en Jesucristo, y te pedimos que glorifiques su nombre entre nosotros para que nuestros corazones sean instruidos en la Palabra de Dios, y para que el Espíritu de Dios que nos ha vivificado en Cristo sea derramado sobre nosotros para que podamos crecer en nuestro amor y adoración, en nuestra determinación de adorar y servir a nuestro Señor y Salvador.

Pedimos que tu gracia nos ayude en esta mañana para que nuestras mentes estén alertas, para que nos instruyas y podamos a cambio ser equipados para instruir a tu pueblo, a fin de que seas glorificado en la iglesia aquí y en todo el mundo. Oramos en el nombre de nuestro Salvador y Dios Jesucristo. Amén.

Bien, anteriormente en nuestra serie sobre la adoración hemos preguntado qué es adoración, y hemos respondido a esa pregunta diciendo que es una reunión colectiva del pueblo de Dios para encontrarse con Dios mismo, que la esencia de la adoración tiene que ver con que Dios esté presente entre nosotros y con que nosotros le demos el honor, la adoración y alabanza que le corresponden.

Luego preguntamos a quién adoramos, y adoramos al Dios vivo y verdadero revelado en las páginas de las Escrituras y dado a conocer en Jesucristo. ¿Y por qué adoramos? Lo hacemos porque Él es digno de nuestra adoración. Hemos sido creados y salvados para adorar, y es precisamente adoración lo que Dios desea de nosotros.

¿Dónde adoramos? En cualquier lugar del mundo donde nos reunamos, y nuestra adoración es admitida y bien recibida en la presencia misma de Cristo en el cielo. Así, verdaderamente adoramos en el cielo, y lo hacemos en el día del Señor, el primer día de la semana, el día que recuerda la resurrección de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo, ese día que marca una nueva creación y nos señala al eterno día de reposo de Dios, para que en el primer día ya comencemos a disfrutar las bendiciones que son nuestras para siempre cuando, como pueblo de Dios, nos reunimos para tener comunión con Él.

No hay duda de que esa es la esencia de la bendición del día de reposo: estar con Dios, vivir con Dios, disfrutar de su presencia entre nosotros.

Esa es, por supuesto, la esencia no sólo de la adoración, sino también de la salvación. Anoche aprendimos que debemos adorar según la prerrogativa de Dios, sabiendo quién es Él, la naturaleza de Dios que es espíritu.

Por tanto, nuestra adoración debe ser esencialmente un encuentro espiritual, el cual es, en sí mismo, una respuesta a la revelación de Dios. No podemos fabricar la adoración.

Dios es santo, es diferente a su creación. Nosotros somos finitos, y no podemos acercarnos a Dios a menos que Él inicie ese proceso de adoración, a menos que se nos revele a sí mismo.

En ningún lugar de la Biblia se nos dice que debamos congregarnos e inventar la adoración. La adoración se nos otorga por la revelación de Dios. Nuestro pecado agrava nuestra incapacidad para fabricar una adoración aceptable a Dios, pues somos pecadores y Dios es santo, y por eso no podemos llegar a su presencia y no ser consumidos inmediatamente por su ira y expulsados a la muerte eterna.

Nuestro problema, como el Adán caído, es la tendencia a confiar en nuestras hojas de higuera y a escondernos de Dios y no buscar su presencia. Nuestro problema es nuestra tendencia a la idolatría y a dirigir nuestra adoración hacia algo en la esfera de lo creado en vez de dirigirla a Él, que es el Creador, y a confiar en nuestras hojas de higuera para acallar nuestra conciencia y no sentir la vergüenza y la culpa cuando, de hecho, estamos llenos de vergüenza y de culpa.

Pero en medio de esta terrible situación de nuestro pecado, aparece Dios. Él irrumpe en la vida del pecador con bondad y responde a los rebeldes con misericordia, proveyendo un sustituto que absorbe la sentencia de muerte en lugar del pecador que cree y adora.

En el Antiguo Testamento ese sustituto era representado por los millones de animales que eran ofrecidos en el sacrificio de adoración que Dios demandaba al proveer las pieles de animales en Génesis, capítulo tres, cuando Él derramó esa sangre para cubrir el pecado de la pareja original, y esa provisión de sacrificio de sangre fue entonces institucionalizada y regulada en esta ley ceremonial del antiguo pacto.

Y todos esos corderos y machos cabríos que fueron sacrificados en altares judíos no eran sino el retrato del verdadero Cordero de Dios que anunció Juan el Bautista, Aquel que sería, sin duda, nuestro cordero pascual, y por cuya sangre nuestros pecados son expiados, es propiciada la ira de Dios, nosotros recibimos la aceptación y se nos da la justicia de ese Hijo de Dios perfecto.

En el Nuevo Testamento, nuestra adoración, por tanto, está basada en este sacrificio: la provisión que Dios nos otorgó en el sacrificio de Jesucristo. Bien, ahora y en nuestra última hora de esta mañana, comenzaremos a enfocarnos en cómo debemos adorar.

Acudimos a la presencia de Dios para experimentar la presencia de Dios entre nosotros, ser llenos del Espíritu Santo, que la Palabra de Dios abunde en nosotros, ser conformados a imagen de Jesucristo y experimentar lo que significa ser amado por Dios nuestro Padre.

Cuando acudimos a su presencia no es bueno que nos enfoquemos en nosotros mismos, en nuestros problemas, en nuestra situación, incluso en nuestros pecados, sino que hemos de conocer y experimentar la presencia de Dios entre nosotros.

Necesitamos que nos reafirme en su amor, y por eso acudimos a Él en el lenguaje del Salmo ciento quince, versículo uno: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre sea la gloria, por tu misericordia, por tu verdad”.

Por tanto, cuando estamos en la presencia de Dios hemos de hacer estas cosas que Dios nos manda hacer para que nuestra adoración le dé la gloria a Dios.

No debemos centrarnos en cómo estamos adorando, sino en Aquel a quien estamos adorando. No debemos fijarnos en nosotros mismos cuando adoramos, cosa que está ocurriendo hoy día, ya que todos se fijan en sí mismos mientras adoran: mira mi estilo de adoración; yo alzo las manos; yo me postro. Nos fijamos los unos en los otros, y eso no es adoración. Adoración es observar a Dios.

La mecánica de la adoración debería ser transparente e invisible ante el Dios que está presente. La adoración debería ser de tal forma que sirviera como el medio por el cual Dios se convierte en el centro de atención, y no la actividad de la adoración en sí misma.

Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean, porque de esa forma ya tenemos nuestra recompensa, sino que quiere que sea Dios quien nos vea y que oremos a nuestro Padre. La adoración no se hace para los hombres; por tanto, debemos hacerla como Dios ordena para que en la adoración no nos enfoquemos en la adoración misma, sino que nos enfoquemos en Dios.

No buscamos que la adoración atraiga la atención hacia sí misma, sino que sea el medio por el cual Dios se dé a conocer entre nosotros. Ahora bien, lo que estoy articulando es un punto de vista que ha sido tratado a lo largo de toda la historia de la Iglesia conocido con el nombre de principio regulador.

Esto quiere decir que la adoración está regulada por Dios, y consiste sólo en esas cosas que Él nos manda en las Escrituras. Hay algunos cristianos que se adhieren a lo que ha sido denominado el principio normativo: que la adoración debe obedecer a las Escrituras pero que el adorador es libre de traer cualquier cosa a Dios siempre que no esté específicamente prohibida en las Escrituras.

Por tanto, el principio normativo dice que si la Biblia no prohíbe un determinado acto en la adoración, entonces está permitido. El principio regulador dice que en la adoración hemos de hacer sólo lo que Dios nos ha ordenado porque Él regula lo que debe ser la adoración.

En esta hora, pues, vamos a hacer un repaso de este principio tal como lo encontramos en las páginas de nuestra Biblia, un repaso del principio regulador en la Palabra de Dios.

El principio regulador dice que la adoración ha de ser determinada por Dios. El contenido de la adoración debe ser determinado por Dios. Aquello que motiva y lleva a nuestro corazón a adorar ha de ser determinado por Dios, y el objetivo de la adoración también ha de ser determinado y regulado por Dios, siendo revelado en las Escrituras.

No hemos de fabricar la adoración a partir de cualquier premisa que queramos. Nuestra motivación para adorar no puede ser egocéntrica o por ganancia personal, ni tampoco debemos esperar lograr nada en adoración que no sea darle la gloria a Dios.

Pero Dios les enseñó a los hombres estas cosas sobre la adoración desde el principio de los tiempos. Recuerden la primera aparición de la adoración desde la caída en los eventos de Génesis capítulo cuatro, los hijos de Adán: Caín y Abel.

Acuérdense de que Abel ofrece un sacrificio, un sacrificio de sangre, en su adoración y Caín ofrece una ofrenda vegetal. Dios rechaza la adoración de Caín porque Caín no imitó el acto de Dios de cubrir el pecado por medio del derramamiento de sangre del animal.

Como puede ver, los hechos de Dios son reveladores de la voluntad de Dios de la misma forma que las palabras de Dios son reveladoras de su voluntad.

Y así es como Dios le ha dado al hombre tanto el día de reposo como el servicio sacrificial de la adoración. No por medio de un mandamiento de palabra, sino a través de un hecho que le incumbe al hombre; el hombre tiene la responsabilidad de imitar a Dios porque somos la imagen de Dios, y lo que Dios hace es lo que nosotros debemos hacer.

Hemos, pues, de imitar a Dios, por lo que nuestra obligación para con Él es mucho más profunda que simplemente obedecer un mandamiento; es la obligación de ser como Dios y hacer lo que Dios hace, y cuando Dios responde ante el pecado mediante el acto de este sacrificio de sangre, lo hace para enseñarles a Adán y a sus hijos la manera en que deben responder a ello: cuando acudan ante mí no lo hagan cubiertos con sus propias hojas de higuera, sino cubiertos con mi provisión para ustedes.

Abel lo entendió, y creyó a Dios. Su fe respondió obedientemente a la revelación de Dios. Caín no respondió a esa revelación en fe u obediencia, por lo que su adoración no fue aceptable. Y Caín mismo como adorador tampoco fue aceptado, porque su actitud al adorar fue totalmente egocéntrica.

Su corazón no estaba bien y su adoración tampoco, y por eso Dios lo llama al arrepentimiento. Pero él no se arrepintió, sino que tuvo celos de su hermano y celos de que la adoración de su hermano fuera aceptable, y por eso se levantó y asesinó a Abel; con lo cual, el primer asesinato y el primer conflicto fue una guerra religiosa, un conflicto religioso.

En Éxodo, capítulo veinte, de nuevo el segundo mandamiento es de suma importancia para estos asuntos de la adoración. Éxodo, capítulo veinte, leyendo desde el versículo tres:

“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

Aquí se nos dice que no se nos permite adorar a Dios según nuestra propia imaginación, sino que debemos hacerlo en obediencia a las palabras que fueron reveladas a través de Moisés.

El segundo mandamiento nos enseña que Dios se toma muy en serio su adoración. Dios es celoso de su adoración porque la manera en que adoramos determina la manera en que los hombres lo percibimos y lo entendemos, y Él no quiere que le representemos mal entre los hombres. Él es celoso de su reputación y de la integridad de su nombre, y de la manera en que es visto entre los hombres.

Por tanto, nos hace una advertencia en conjunción con este mandamiento relativo a la adoración: no deben adorar de una manera imaginaria y centrada en el hombre, sino que han de hacerlo de una manera bíblicamente regulada, acorde con la Palabra de Dios.

Los israelitas, en Éxodo capítulo veintidós, desobedecieron claramente este mandamiento cuando se hicieron el becerro de oro. ¿Cuál fue el problema?

Bien, en el versículo ocho de Éxodo treinta y dos, Dios le dice a Moisés: “Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”.

¿Cuál fue el problema? Se apartaron del camino que yo les mandé, y se hicieron esta imagen, y la llamaron el Dios de Israel. Pero la adoraron de una forma que violaba los mandamientos reguladores de Dios, quebrantando el segundo mandamiento.

Más tarde, en Levítico capítulo diez, aprendemos de Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, en el versículo uno, los cuales tomaron sus respectivos incensarios y, tras encenderlos, pusieron en ellos incienso y ofrecieron un fuego extraño ante el Señor, cosa que Él no les había ordenado hacer. Y descendió fuego de la presencia del Señor y los consumió, y murieron delante del Señor. Entonces Moisés le dijo a Aarón: “Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”. Por tanto, Aarón guardó silencio.

La Biblia interlineal hebrea traduce “extraño” en “fuego extraño” con la palabra “desautorizado”; fuego desautorizado. La Septuaginta usa la palabra griega que significa fuego ajeno, una palabra que significa algo que no te pertenece a ti, sino a otra persona. También podría significar fuego enemigo.

En hebreo, la raíz de este término conlleva la idea de una barrera, la idea de una frontera. En otras palabras, ellos produjeron fuego que estaba fuera de los límites, estaba fuera de las barreras que Dios había establecido en sus mandamientos; no había autorización, era extraño, ajeno, no le pertenecía al Señor.

Lo que hicieron es que trajeron fuego de fuera del complejo del templo, y pensaron: “Fuego es fuego, y cualquiera vale”. Pero procedía del otro lado de la frontera, estaba desautorizado, y Dios dice que no guardaba lo que Él había ordenado. Yo seré honrado, pues soy celoso de mi adoración. Ustedes juegan con fuego delante de mí, quieren su propio fuego, pues yo les daré fuego. Y fuego descendió y los consumió.

Aarón acababa de perder a sus dos hijos, pero no argumentó nada, sino que guardó silencio al comprender que Dios era absolutamente santo al vindicar su nombre. Porque sus dos hijos fueron descuidados en la presencia de un Dios santo y decidieron que podían ofrecer su propia adoración y poner en tela de juicio los mandamientos de Dios y hacer lo que era conveniente para ellos. En lugar de seguir las órdenes y permanecer dentro de los límites establecidos, lo trajeron del exterior.

Acuérdense en Números, capítulo dieciséis, de la rebelión de Coré, un levita que se reveló contra Moisés. Deseaba ser sacerdote junto con otros más, pero Dios dijo no, que sólo los hijos de Aarón, sólo los descendientes de Aarón serían aceptados en el lugar santo del tabernáculo para ofrecer sacrificios aceptables. Pero Coré quería ascender por sí mismo y quería cambiar la adoración de Dios.

Dios había señalado a hombres específicos para ofrecer sacrificios. Coré dijo: no, yo no quiero acatar los designios de Dios; yo creo que hay otros principios que se deberían tener en cuenta. Nosotros somos tan buenos como tú, Moisés, somos tan buenos como los hijos de Aarón. Tú te crees que eres mejor que el resto, pero aquí todos somos iguales, y deberíamos tener también el privilegio del sacerdocio.

Bueno, pues Moisés, en el versículo cinco de Números dieciséis, les da una prueba que consistía en lo siguiente: “Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a Él; al que él escogiere, él lo acercará a sí”.

Coré, tú puedes seguir hablando de ser iguales, y dar a conocer tu voto y hacerlo popular, pero esas no son las bases sobre las cuales los hombres han de acercarse a Dios. Él es quien debe acercar a los hombres a Él, Él debe escoger a los que se acercarán a Él; por tanto, esto es lo que haremos.

Saquen sus incensarios, y póstrense ante el Señor y veremos a quién escogerá el Señor. Y saben, Él no escogió a Coré; de hecho, lo destruyó a él y a todos los que se habían asociado con él. Y doscientos cincuenta hombres fueron destruidos porque ellos, al igual que Nadab y Abiú, vinieron y ofrecieron de nuevo un fuego extraño. Y Dios era muy celoso de su reputación entre el pueblo de Dios cuando comenzaron a quejarse.

La gente se quejó, pues no veían justo lo ocurrido, no creían que estaba bien, y Dios envió una plaga a la nación de Israel, y catorce mil setecientos hombres murieron hasta que Aarón corrió apresurada y rápidamente para hacer expiación por los pecados de la nación y aplacar así la ira de Dios, ya que Dios debía ser honrado.

Él es un Dios santo y celoso, y debemos acercarnos a Él según su mandamiento y ofrecer el sacrificio que Él ha escogido, el cual es aceptable, y no el más popular, no el que está de acuerdo con el principio democrático de la igualdad.

Podemos ver claramente esta declaración en Deuteronomio: Deuteronomio capítulo doce y versículo treinta y dos. Leemos, no obstante, desde el versículo veintinueve para entrar en contexto:

“Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aún a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de hacer solo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás”.

Del versículo veintinueve al treinta y uno, el Señor le dice a su pueblo: yo no quiero que se fijen en la forma en que los paganos adoran a su dioses, ni se fijen en su métodos y en su prácticas y luego implementen sus métodos y prácticas y las traigan cuando adoren al Dios verdadero.

No adoren al Dios verdadero como los paganos adoran a sus dioses. No pregunten cuál es la forma en que ellos adoran a sus dioses, pues no han de aprender a comportarse en la presencia del Dios verdadero de la forma en que los paganos se comportan en la presencia de sus falsos dioses.

Y el versículo treinta y dos declara el principio regulador: sólo deben hacer lo que Dios les ordena hacer en su presencia, nada más ni nada menos, y ninguna otra cosa, ninguna otra cosa más ni menos, y nada más. No es el lugar apropiado para dejar volar su imaginación e innovar y crear, y para que se vean a ustedes mismos adorando y diciéndoles a otras personas: miren cómo adoro, ¿acaso no soy un buen adorador?

No; se trata sólo de Dios, y su atención debe estar fijada en Dios. Y lo que Dios les manda hacer serán esas cosas que son transparentes ante su presencia, y no una actuación.

David tuvo que aprender el principio regulador cuando devolvió al arca a Jerusalén.

Vamos a Segunda de Samuel, en el capítulo seis, leyendo desde el versículo seis al ocho, cuando se disponía a devolver el arca de Dios y Uza la llevaba junto a los hijos de Abinadab:

“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy”.

Este era un evento alegre, y todos estaban siendo sinceros en su tarea de llevar el arca, y seguro que Uza actuó con toda la buena intención del mundo. ¿Se imaginan que se cayera el arca al suelo y al barro y se ensuciara?

Pero quizá hubiera sido mejor que el arca se ensuciara que la mano de Uza tocara el arca, porque Uza no estaba autorizado. Uza no tenía autorización ni siquiera para tocar el arca, y en el momento en que se desobedeció la ley de Dios y se violó la santidad de Dios, Él intervino de inmediato. Dios responde inmediatamente en la integridad de su santidad, y el pecador fue consumido al instante.

David tenía que aprender un lección con relación a la reverencia a Dios, y la lección que aprendió se nos da en Primera de Crónicas. En el libro de Primera de Crónicas, capítulo dieciséis, de nuevo encontramos este mismo acontecimiento en el que Uza es consumido por la santidad de Dios por tocar el arca.

Leemos en Primera de Crónicas quince, versículo once: “Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semanas, Eliel y Aminadab, y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado”.

Esta es la lección que aprendió: “Pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová”.

David aprendió una lección. ¿Cuál fue esa lección? Cuando intentamos llevar el arca antes con Uza, el hijo de Abinadab, que no era un levita, estábamos haciendo lo que era conveniente para nosotros; estábamos obrando con sinceridad, pero descubrimos, por el arrebato de Dios contra nosotros, que no estábamos guardando su ordenanza.

No era acorde, ya que Moisés había ordenado que obedeciéramos la Palabra de Dios. Fue una violación del mandamiento de Dios, una violación del principio regulador.

El rey Uzías, más adelante, en Segunda de Crónicas veintiséis, seguro que ustedes se acordarán, quiso cambiar la adoración prescrita por Dios.

Él pensaba que estaría autorizado para hacerlo, pues, al fin y al cabo, era el rey, y si había alguien autorizado para hacer lo que quisiera, ese era el rey. Así que decidió que quería quemar incienso en el templo, aunque él no era sacerdote. ¿Por qué?

Leemos en el versículo dieciséis de Segunda de Crónicas veintiséis que su corazón era tan orgulloso que actuó de manera corrupta y no le fue fiel al Señor su Dios. Él quería obtener más adoración. Mírenme, no sólo soy rey, sino también un sacerdote, y puedo hacer lo que me plazca, incluso en la presencia de Dios. Y su arrogancia lo llevó a traspasar las fronteras establecidas por Dios para la adoración.

Los sacerdotes acudieron al templo, y le pillaron in fraganti; advirtieron al rey de que no estaba autorizado para hacer eso. Sin embargo, el rey arrogantemente hizo caso omiso e hizo lo que quiso en la presencia de Dios, y Dios inmediatamente lo castigó nuevamente, y mientras ofrecía su ofrenda, sus manos se volvieron blancas como la nieve a causa de la lepra.

Y ustedes saben lo que debía hacer un leproso: ser apartado. Un leproso nunca podría ser admitido en el lugar santo, ya que debía pasar el resto de su vida en una casa recluido, y nunca más sería admitido en la presencia de Dios en el complejo del templo. ¿Por qué? Porque actuó con orgullo y violó los límites establecidos de la adoración a Dios.

En Mateo, capítulo quince, Jesús acusa a los fariseos de este mismo pecado: violar el principio regulador. En Mateo quince había estado enseñando sobre el quinto mandamiento, honra a tu padre y a tu madre, pero criticó duramente a los fariseos en el versículo cinco:

“Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquellos con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”.

La religión de los fariseos atribuía más valor a su propia tradición creada por los hombres que a la Palabra de Dios, y por eso Jesús cita Isaías veintinueve dieciocho y les dice: miren, su religión es algo vacío, y es vana porque están más preocupados por hacer las cosas según los hombres que de ser obedientes a Dios.

Temen más al hombre y se preocupan más de ser vistos por los hombres que de temer a Dios, y su adoración está diseñada para honrarlos a ustedes mismos en lugar de honrar a Dios. Mientras adoran, están concentrados en ustedes mismos, les encanta ocupar los lugares más prominentes y les encanta usar palabras muy adornadas y términos que nadie usa; oh, qué hombre tan religioso.

Les encanta estar en las esquinas de las calles y alardear de su religión, y mientras tanto roban a las viudas y su corazón está lleno de celos, de avaricia, de lujuria y de asesinato. En vano usan el nombre de Dios con sus labios cuando lo cierto es que su corazón está lejos de Él. No siguen la Palabra de Dios, y se felicitan por su adoración.

Se están promoviendo en estas tradiciones y ritos que han hecho, fomentado y fabricado humanamente, los cuales están diseñados para hacerlos sentir bien cuando se miran. Dios dice que esto no le agrada, que es una adoración vacía y vana.

Cuando Jesús habla con la mujer en el pozo, en Juan capítulo cuatro, le enseña, si recuerdan, que Dios es espíritu y que los que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad, y que esa es la adoración que Dios busca. Él rechaza la adoración de los samaritanos en el monte Gerizim.

Él había venido y cumplido los tipos y los cuadros de la adoración aceptable que se daba en Jerusalén, llevando así esos tipos y cuadros a su plena expresión en su propia adoración a Dios llevada a cabo en el Calvario. ¿Ha pensado alguna vez que la cruz fue un acto de adoración?

La muerte de Jesús en la cruz fue un acto de adoración, la plena expresión de la adoración sacrificial; y ahora, en el nuevo pacto, es esa adoración en la que hemos de entrar.

Entramos en la adoración de Cristo en la cruz cuando acudimos a la presencia de Dios por la fe en el Cordero, esa provisión que nos fue dada en Jesucristo. Y acudimos llenos del Espíritu como hijos reales de Dios, como un sacerdocio santo cuyos sacrificios son de naturaleza espiritual en obediencia a la Palabra de Dios según la provisión que Dios nos ha dado en Jesucristo.

Todo este asunto tiene su enfoque en el vocabulario que el apóstol Pablo usa en Colosenses capítulo dos y versículo veintitrés; en Colosenses capítulo dos y versículo veintitrés, Pablo advierte contra las influencias del paganismo en nuestra adoración.

Nos advierte contra el ascetismo y sus reglas hechas por hombres, que maltratan el cuerpo y tienen una visión distorsionada de Dios como creador y nuestra como portadores de su imagen creados a su semejanza.

El versículo dieciocho nos dice que el orgullo está tras estas formas de adoración autocreadas e infladas sin causa en sus mentes carnales, y tal religión, nos dice en el versículo diecinueve, está desconectada de la cabeza que es Cristo. Y en el versículo veintitrés nos dice que esta religión y este ascetismo autocreados, esta religiosidad pagana no hace nada para batallar contra la indulgencia carnal.

Leemos en el versículo veintitrés: “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

Y, hermanos, en todo el mundo esta forma de religión es la que domina. Podemos ver a gente flagelándose la espalda, gente aporreándose la frente y la sangre corriendo por sus rostros debido al duro trato que le dan al cuerpo.

Podemos ver el trabajo mecánico y repetitivo del rosario a base de frases huecas lanzadas al viento absurdamente. Pueden ver los peregrinajes, lo que la gente da de forma sacrificial, gente que no tiene un corazón dispuesto para las cosas de Dios, sino que simplemente es una señal externa de una depravación autoascética del cuerpo.

Pablo dice: miren esto, esa religión no sirve para nada, está desconectada de la cabeza y no tiene beneficio alguno, no hace ningún bien. Y la palabra clave que hemos de considerar es la palabra traducida como “culto voluntario” en el versículo veintitrés.

El griego combina la palabra “voluntad” y la palabra “religión”, una actividad religiosa que está determinada por la voluntad del hombre, y no por la voluntad de Dios. Los puritanos lo llamaron adoración al gusto; y es interesante, hay sabiduría aquí, siendo la adoración de cualquier cosa que uno quiera.

Es la adoración de la propia voluntad del individuo. Adoración al gusto, hacer un dios de cualquier cosa que el hombre quiera en lugar de darle a Dios lo que Él quiere. Es la adoración de los deseos de uno mismo, ¿y con qué frecuencia oímos esto como el argumento de las novedades y las innovaciones que se hacen en la adoración hoy día?

Se debe a que eso es lo que la gente quiere. Eso es lo que gente quiere. Usted adora lo que quieren los demás; esto es adoración al gusto, adoración creada por el hombre.

Hermanos, como dije la pasada noche, esto es una forma de tiranía impuesta sobre el verdadero pueblo de Dios. Es una forma de tiranía, una imposición sobre el verdadero pueblo de Dios.

Me he contristado en ocasiones al estar en servicios de adoración donde la música y todo lo que ocurría estaba muy distante y desconectado de los santos más ancianos que estaban en el servicio, sobre los que estaban imponiendo tales formas. Y sus almas… les he visto ahí de pie, sin poder cantar, sin poder participar por ser algo tan ajeno a ellos, pero estaban obligados.

Y se les ha dejado atrás porque lo que impera y a lo que se sirve es a la voluntad de la generación más joven, y de esa forma la generación más anciana es ignorada, y eso es una forma de tiranía sobre ellos, una imposición.

Eso no es amor, no es ser considerado, y me entristece. Derek Thomas dice: “Si tenemos la libertad de adorar a Dios colectivamente de formas diferentes a las que Él ha revelado, estamos destinados a la tiranía y a la esclavitud, ya que estaremos a merced del gusto personal de alguien y de la nueva forma que alguien acaba de descubrir”.

William Cunningham comenta: “Ni en materia de fe ni de adoración la iglesia tiene ninguna autoridad por encima o distinta de lo que está escrito en la Biblia, ni tampoco tiene el derecho de decretar o imponer nuevas prácticas o instituciones en el apartado de la adoración bíblica más que el derecho que tiene de enseñar nuevas verdades en el apartado de fe bíblica”.

No tenemos más derecho a empezar a enseñar nuevas doctrinas diferentes del que tenemos a inventar una nueva adoración hecha por los hombres. Nuestra enseñanza y nuestra adoración deben estar reguladas por la Palabra de Dios.

Irónicamente, a quienes apoyamos el principio regulador a veces se nos tacha de legalistas porque no le damos al hombre la libertad de ser innovador en su adoración. Pero quiero decirles, amigos míos, que es la innovación lo que es legalismo, dictados hechos por el hombre que esclavizan la libertad de la conciencia y fuerzan al pueblo de Dios a presentar a Dios una forma de adoración que Él no les ha dado la libertad de llevar a cabo.

Cristo ha liberado nuestra conciencia para que sea instruida por las Escrituras. Y en esto creemos, nuestra conciencia está atada a las Escrituras y no podemos hacer otra cosa, para parafrasear a Lutero.

Derek Thomas de nuevo dice: “Mantener una buena conciencia ante Dios significa adaptarse a la normativa de Dios que Dios ha establecido, y sólo a esa ley. La alternativa es tiranía. La alternativa es tiranía”.

Y Pablo nos advierte de no incorporar las doctrinas o prácticas que han sido inventadas por los hombres y que no han sido reveladas por Dios. Las prácticas a menudo se toman de las actividades de falsas religiones, así que asegúrense de que sus prácticas religiosas están autorizadas por Dios y no influenciadas por la adoración al gusto, o la adoración creada por el hombre.

En Malaquías capítulo uno, al final de nuestro Antiguo Testamento, Dios nos hace una pregunta, en Malaquías capítulo uno versículo seis: “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? Dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?”.

Y continúa diciéndoles que están haciendo de la adoración a Dios algo diferente de lo que Él les ha dicho que fuera. En el versículo trece: “Habéis además dicho: ¡oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano?”.

Y esta es la misma pregunta que vimos la pasada noche en Isaías uno doce. ¿Debo recibir eso de su mano? ¿Quién les dijo que eso es lo que yo quería que trajeran? Ustedes dicen que mi adoración es muy aburrida, es fastidiosa, y la menosprecian. No nos gusta esta adoración, queremos algo más popular, algo que nos agrade más. Él dice: honran a su padre, ¿y no me honran a mí?

Respetan a su señor, ¿y no me respetan a mí? Cuando traen esta adoración que ustedes mismos han fabricado según las cosas que les convienen y las cosas que realmente no les cuestan mucho, ¿se supone que yo debo aceptarlo?

Imagínese que su padre le pide que le haga un sándwich, y le dice: “Quiero un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno. Por favor, hijo, hazme un sándwich”.

Usted va a la cocina, abre el mueble y ve la crema de cacahuate en la repisa. Pues bien, resulta que a usted le gusta más la crema de cacahuate que el pollo, y el pan blanco está abierto sobre la encimera.

No está seguro de dónde está el pan de centeno, y el pan blanco lo tiene ahí mismo, es lo más fácil. Así que toma el pan blanco, y unta algo de crema de cacahuate, y se come usted mismo un poco de crema de cacahuate porque le gusta mucho.

Y usted piensa: bueno, un sándwich es un sándwich, mi padre está hambriento y esto le calmará su apetito. Además, la crema de cacahuate es mi favorita. ¿Cree usted que su padre se agradará de su sándwich de crema de cacahuate? No.

Así que usted vuelve a la cocina y dice: de acuerdo, quiere un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno. Qué aburrido. Creo que debo poner unos pepinillos en este sándwich para que le dé algo más de sabor. Y además de la mostaza creo que le pondré también algo de mayonesa para mejorarlo.

Así que le voy a llevar un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, pero voy a añadirle pepinillos y le voy a poner un poco de mayonesa encima también. Y le lleva el sándwich a su padre. ¿Le va a gustar el sándwich? No, eso no es lo que él ha pedido.

Él quiere que le dé un sándwich según el principio regulador, que le traiga lo que ha pedido, nada más, nada menos. Un sándwich de pollo con mostaza en pan de centeno, eso es lo que quiere.

Dios es un Dios celoso, y su nombre debe ser reverenciado. Por tanto, aquí está nuestro principio a la hora de acudir a su presencia según lo que Él ha ordenado, no según la fabricación de nuestros propios rituales, sino para darle adoración guardando sus ordenanzas; no siendo creativos, no siendo tiranos e imponiendo sobre otros rituales hechos por hombres y estrechando el hecho de ser sus hijos y su libertad para ser libres en su obediencia a Dios.

En una época donde lo novedoso, los trucos, el marketing, el entretenimiento, la política y toda clase de intereses han invadido la iglesia y se han adueñado de la atención y de las energías del pueblo de Dios, tenemos que alejarnos de la adoración al gusto creada por el hombre y hacernos la pregunta: ¿cómo quiere Dios que le adoremos?

Y en la siguiente hora, nuestro estudio final, intentaremos responder a esta pregunta con cuestiones más específicas, como qué debemos hacer en la presencia de Dios para ser obedientes a su Palabra. Que Dios nos conceda una adoración que glorifique su nombre. Amén.

Oremos: Padre, oramos que tú, por tu gracia y tu Espíritu, nos guíes a tu presencia, que en Cristo Jesús nos escojas para acercarnos a ti y que, en Cristo Jesús, por tu Espíritu y en obediencia a tu Palabra, podamos darte lo que deseas: adoración espiritual en espíritu y en verdad para la gloria de tu nombre, para la alabanza de Cristo Jesús. Amén.

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2008 Pastors’ Conference | Worship II: God’s Provision for Worship

La provisión de Dios para la adoración

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La provisión de Dios para la adoración

Hermanos, inclinen su cabeza conmigo una vez más, para buscar la ayuda de Dios y que Él se revele a Sí mismo en esta noche, en el ministerio de Su palabra.

Glorioso Dios nuestro, Padre celestial, nos inclinamos ante ti en esta noche reconociendo que sólo Tú eres Dios. Confesamos que eres nuestro Creador, nuestro Hacedor, que somos las ovejas de tus pastos.

Te alabamos porque Te ha placido poner Tu amor sobre nosotros. Has derramado Tu gracia sobre nosotros al concedernos, por medio del espíritu, que estemos unidos a Jesucristo por la fe.

Oramos en el nombre de Jesucristo; Te pedimos que nos concedas Tu Espíritu en esta noche; que cumplas la promesa dada a todos los que estamos en el nuevo pacto, de ser enseñados por Dios, desde el menor hasta el mayor de nosotros.

Que en esta noche, al ministrar Tu palabra, haya comunicación de Tu espíritu con nuestros corazones, con nuestras conciencias, para instruirnos y guiarnos; para que podamos darte gloria y honra a ti. Nos encomendamos a ti sabiendo que somos siervos inútiles.

Confesamos que somos pecadores, y que si no fuera por Tu gracia, si no fuera porque te has revelado a nosotros por medio de Cristo Jesús, estaríamos adorando a dioses falsos.

Pero Tú nos has sacado de las tinieblas a la luz; Tú nos has unido a Jesucristo y, ahora, en Su rostro vemos Tu gloria. Glorifícate en medio de nosotros en esta noche, para alabanza de Cristo nuestro Salvador. Te lo rogamos, ¡Amén!

Anoche aprendimos que la adoración es la comunión espiritual con el propio Dios. La adoración es encontrarse con Dios, Quien viene y se acerca a Su pueblo reunido. La adoración está dirigida por Dios, y Le da alabanza y adoración.

Por medio de la adoración al verdadero Dios vivo, estaríamos obedeciendo el primero de los diez mandamientos: no tener ningún otro Dios delante de nosotros, más que Él, revelado en nuestro Señor y salvador Jesucristo.

Adoramos porque Él es el único supremo y digno. Hemos sido creados para adorar; hemos sido salvados para adorar; lo que Dios desea de nosotros es adoración ya que Él busca a aquellos que Le adoren en espíritu y en verdad.

Adoramos en cualquier lugar en el que nos reunimos, como discípulos de Jesucristo, para clamar a Su nombre. En el nuevo pacto ya no existe un trozo de territorio geográfico que identifiquemos como tierra santa. La presencia de Dios entre nosotros es lo que confiere a nuestra adoración un carácter santo.

En cualquier lugar que estemos con otros discípulos de Cristo y, juntos por fe clamemos al nombre de Cristo, allí Jesús se complace por medio de Su espíritu en reunirse con Sus discípulos. Su presencia con nosotros es lo que hace que ese lugar de reunión sea santo.

Adoramos en cualquier lugar sobre la tierra, pero adoramos en la presencia del Dios del cielo. Nuestras oraciones suben delante de Él y llegan ante Él para que en verdad adoremos en el cielo.

Adoramos en un día en particular como reunión corporativa de aquellos que han resucitado de los muertos; como aquellos que han nacido de lo alto; como aquellos que están vivos a Dios y que una vez estuvieron muertos en pecado y delitos, pero que ahora, por gracia, están unidos en el Cristo resucitado.

Estamos vivos a Dios, y somos el sacerdocio del nuevo pacto, formado por hijos e hijas reales de Dios nuestro Padre. En ese día glorioso de la resurrección, ese día de poder del Espíritu Santo, ese día que se en sitúa al principio de la eternidad, el primer día de la semana, dirigimos nuestra adoración hacia Dios.

Mientras vamos corriendo en esta carrera, orientamos nuestra vida hacia la meta del eterno reposo que se nos ha prometido. Nuestros ojos están fijos en Cristo. Atravesamos este desierto en busca de esa ciudad cuyo edificador y arquitecto es Dios, y proseguimos hacia adelante viviendo una vida marcada por el ritmo de la adoración.

Pasamos por pruebas, tenemos días fáciles y de prosperidad y también tiempos de dificultad, pero mantenemos el ritmo de la adoración. Caminamos con Dios en adoración corporativa, al reunirnos en Su presencia semana a semana, mes a mes, año a año, hasta que cruzamos la línea de meta.

Ahora bien, esta noche vamos a ver que la adoración no puede originarse dentro de nosotros. La adoración debe ser aquello que Dios nos revela. Él debe mostrarnos cómo tenemos que acercarnos a Él, y es Él quien tiene que proporcionarnos el camino que lleva a Su presencia.

Con esto en mente, mañana veremos con los hermanos en la conferencia de pastores qué ocurre una vez hemos sido admitidos en Su presencia, por Su provisión. ¿Qué es lo que debemos hacer? ¿De qué se compone esa actividad de la adoración? Lo primero que vamos a considerar en esta noche es que tenemos que adorar según la prerrogativa de Dios.

En realidad, queremos saber qué es lo que debemos hacer cuando venimos a la presencia de Dios. Somos admitidos ante el Rey de reyes y Señor de señores; allí es donde nos encontramos cuando nos reunimos y clamamos el nombre de Jesucristo. La iglesia, o el templo, se convierten en esa intersección, esa entrada a la presencia misma de Dios, y Él está entre nosotros.

¡Está bien! Dios nos está concediendo una audiencia. Ahora usted tiene que decidir el paso siguiente. ¿Qué le gustaría hacer? ¿Adónde le gustaría ir? Quizás podríamos realizar una encuesta para ver qué es lo que la mayoría de las personas desearían hacer

¿Es esta la pregunta correcta que deberíamos hacer? ¿Qué le gustaría hacer en la presencia de Dios? Me temo que esta pregunta es del todo incorrecta. La pregunta debe ser: ¿qué quiere Dios que hagamos? ¿Qué es lo que Dios quiere que nosotros hagamos?

En medio de toda esta confusión, de tantos análisis y debates acerca de la adoración, uno se levanta y dice:

“Yo quiero adorar a Dios de esta forma”,

“Yo quiero adorar a Dios de esta otra forma”, dice otro.

“Yo quiero este tipo de música; yo quiero este tipo de adoración; yo quiero poder hacer lo que quiero hacer”.

¿Pero quién pregunta: “¿qué es lo que Dios quiere que nosotros hagamos?”

Nuestro lugar de reunión es la presencia de Dios. Si apartamos nuestros ojos de Él para mirarnos unos a otros y decir: “Bueno, ¿qué te agrada a ti?” estaremos haciendo una pregunta absolutamente incorrecta.

Debemos mantener nuestros ojos fijos en Dios y decir: “Señor, ¿qué es lo que Te agrada a Ti? ¿qué es lo que Te complace a ti, Señor?” En Isaías, capítulo uno y versículo doce, el Señor hace una pregunta muy interesante:

“Cuando venís a presentaros delante de mí, ¿quién demanda esto de vosotros, de que pisoteéis mis atrios?”

En el texto original, la pregunta se podría parafrasear de la siguiente manera: “¿quién os dijo que pusierais esto en vuestra mano cuando venís a mi presencia?; ¿qué es lo que traéis en las manos cuando entráis a mis atrios, al venir delante de Mí?; ¿quién os dijo que esto es lo que yo quiero que me traigáis?”

Como veis, somos incapaces de inventar la adoración que honra a Dios. En ningún sitio de la Biblia se nos ordena que inventemos nuestra propia adoración. ¡Vamos a crearla nosotros mismos! ¡Vamos a elaborar una adoración! ¡Inventemos la adoración! En ningún momento se nos dice esto.

Dios debe decirnos cómo tenemos que adorarle. “Cuando aparecéis delante de Mí, ¿qué es lo que traéis en la mano?; ¿quién os dijo que eso es lo que yo quiero que hagáis?; ¿por qué hacéis esto delante de Mí?; ¿quién os dijo que esto me honraría?” Este es el tipo de pregunta que Dios hace en Isaías capítulo uno, versículo doce.

Pero tenemos que retroceder por un momento, y comprender que Dios es el único que decide cómo hay que adorar a Dios, y es por Su propia naturaleza en sí por lo que Dios decide cómo debe ser adorado. Dios es Dios.

Él es trascendente; Él es santo; Él mora en una luz inaccesible, que trasciende más allá de Su creación; Él supera nuestra capacidad de abarcarle mentalmente. Él es infinito y es exaltado por encima de todo.

¿Cómo podríamos saber qué hacer delante de Él para complacerle, a menos que Él nos lo revele, a menos que Él nos muestre lo que es una adoración aceptable? Y esa adoración que debemos aprender tiene que ceñirse a la propia naturaleza de Dios, que es Su trascendente santidad.

En Deuteronomio capítulo cuatro Dios establece la adoración de Su antiguo pacto; en Deuteronomio cuatro, desde el versículo quince hasta el versículo diecinueve leemos: “Así que guardaos bien”, esto en lo referente a nuestro acercamiento a Dios,

“Así que guardaos bien el día en que el Señor os habló en Horeb de en medio del fuego no sea que os corrompáis y hagáis para vosotros una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o hembra, semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo”.

Moisés le recuerda al pueblo que en el Monte Sinaí no se reveló ninguna figura. Dios era invisible ante los ojos de ellos; por consiguiente, no debían hacer comparaciones con nada de lo que existiera en el mundo material visible. Se Le oía y, por medio de Sus palabras, Él se dio a conocer. De este modo, en Deuteronomio cinco, desde el versículo ocho hasta el diez, el segundo mandamiento contesta la pregunta de cómo hay que adorar a este Dios.

“No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

¿Cómo deberíamos adorar a Dios? Pues bien, la respuesta es: “no te harás imágenes”. No te hagas imágenes de nada de lo que hay en la creación, nada que recree las cosas pertenecientes al orden creado y que se haya hecho por medio de la creatividad de las manos humanas. No hagas ninguna imagen que proceda de la creatividad de tu mente.

¡Con cuánta frecuencia nos hemos encontrado con personas que, al oírnos describir al Dios de la Biblia, nos contestan: “No creo que Dios sea así”. No debemos imaginar a Dios bajo ningún aspecto. No hay nada como Él. Quizás lo más parecido a Él somos nosotros, porque somos creados a Su imagen. Por ese motivo, hemos sido creados para adorarle porque sólo nosotros hemos sido hechos de una forma que corresponde a la naturaleza de Dios.

¿Cuál es la naturaleza de Dios? Juan capítulo cuatro, versículo veinticuatro:

“Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y verdad”.

¿Cómo debemos adorar? Debemos ceñirnos a la naturaleza de Dios y adaptarnos al Dios que es espíritu. Esto quiere decir que no debemos utilizar ningún material creado para fabricar una imagen.

No debemos hacer uso de nuestra imaginación para encajar en ella a Dios. La imaginación se halla dentro de la esfera de nuestro pensamiento y de nuestra actividad y, por consiguientes, son algo creado por nosotros mismos.

En Hechos diecisiete, versículo veintinueve, cuando el apóstol Pablo habla a los filósofos, en el Monte de Marte en Atenas, les dice: “no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano”.

La naturaleza divina no se va a formar por la creatividad del hombre, o por la imaginación y pensamientos de éste. La adoración aceptable no puede originarse en nosotros. Debe ser aquella que se corresponda con Dios, y que está determinada por Su prerrogativa.

Las personas con las que Pablo está hablado llevan a cabo una adoración idólatra. Están adorando la imaginación de sus propios pensamientos y el arte de sus propias manos. La adoración que realizan les está enseñando mentiras porque ella es la que determina nuestro pensamiento acerca de Dios.

Por este motivo, el segundo mandamiento tiene una enorme importancia para nuestros hijos: “No te harás falsas imágenes”. Soy un Dios celoso; si pecáis contra mí de la manera en que lo hacéis, seréis visitados del mal hasta la tercera y cuarta generación. Vuestros hijos se ceñirán a la manera en la que vosotros adoráis, y de ahí sacarán su forma de pensar acerca de Dios.

Si vuestra adoración no es según la naturaleza divina, si no se adapta al Dios que es espíritu, entonces vuestra adoración es idólatra. Es una adoración imaginativa que influenciará a vuestros hijos haciendo que piensen que Dios es algo que, en realidad, no es; vuestra adoración es instructiva con respecto a la propia naturaleza de quién es Dios.

Veréis, existen dos formas de cometer idolatría. Podemos quebrantar el primer mandamiento y tener un dios totalmente distinto al Dios vivo y verdadero. La otra manera de ser idólatras es cuando transgredimos el segundo mandamiento pensando que estamos adorando al verdadero Dios, pero lo estamos haciendo de una forma incorrecta que no Le representa adecuadamente.

Damos una falsa impresión de Dios mediante una adoración idólatra que no se ciñe a la Biblia. Es la adoración que pone nuestra confianza y nuestra certidumbre en la creación de nuestras manos o en la imaginación de nuestra mente.

No podemos inventar la adoración. Ésta debe ceñirse al propio ser de Dios. Esto significa que la revelación de Dios es la que debe determinar cómo debemos adorarle. Dios nos revela la forma en la que debemos hacerlo. La adoración no se origina en nuestra imaginación, ni en nuestra creatividad.

Cuando me gradué en el seminario, en mil novecientos ochenta y dos, mi impresión particular como graduado de un destacado seminario evangélico era que el mayor enemigo del pueblo de Dios, a la hora de adorar, era el aburrimiento.

Se suponía que esto era lo que yo debía hacer por todos los medios: asegurarme de que las personas no se aburrieran. ¿Y usted qué tiene que hacer? Bueno, esto significa que usted tiene que ser creativo, que tiene que aportar nuevas fórmulas a la hora de dirigir la adoración.

Al salir del seminario, yo pensaba que esa adoración debía ser el escenario y el teatro para la innovación y la creatividad del hombre, porque lo único que uno deseaba evitar era que las personas se aburrieran. Había que mantener su interés. Y esta manera de pensar no hace más que abrir la puerta a todo tipo de novedades, todo tipo de trucos, de entretenimientos, de cosas centradas en el hombre.

Todo esto hace que nos pongamos delante de Dios, sin poner nuestros ojos en Él. Entonces nos miramos unos a otros y decimos: “¿qué puedo hacer para que no te aburras?” ¡Pero estamos en la presencia de Dios! ¿Eso te aburre? ¿Cómo puede aburrirnos el estar en la presencia de Dios?

¡Si te aburres en la presencia de Dios es que no Le estás prestando atención porque Él es el ser más magníficamente interesante que existe! Él nos ha revelado cómo debemos adorarle. Nosotros, como criaturas, no somos infinitos.

Por lo tanto, no podemos, con nuestras limitaciones, proyectar a Dios desde nuestro interior e imaginarle según nuestra propia imagen. Sobre todo, al ser pecadores no podemos fabricar la adoración porque nuestro pecado nos ha separado de Dios.

Nuestro pecado nos ha cegado y no podemos ver Quién es Dios. A menos que Dios se revele a Sí mismo a nosotros, la imagen que tenemos de Dios nos dirigirá a adorar a un ídolo. Y este es el problema del hombre; este es el pecado central del hombre.

Cuando analicemos la cultura, cuando investiguemos las preocupaciones de nuestros amigos que no son convertidos, cuando estudiemos nuestra propia susceptibilidad al pecado, vayamos a lo más profundo, a la raíz, y hagamos la pregunta: “¿qué dios me está incitando a este pecado? ¿En qué soy susceptible a la idolatría?

Mire la condena del apóstol a la humanidad en Romanos capítulo uno, desde el versículo dieciocho:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad; porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente.

Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.

Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén.”

Ahora bien, lo que Pablo nos está diciendo es que, en un sentido, todos los hombres han recibido revelación de Dios para obligarles a adorar. Han recibido la revelación de Dios por medio de la creación, y la han recibido como portadores de Su imagen que poseen una conciencia.

Tenemos un sentido de lo que es correcto y de lo que es incorrecto pero, al haber caído en nuestro pecado, nuestra conciencia está rota. Lo que queramos hacer, mientras estemos en nuestro pecado y sin la revelación salvadora de Dios, nos desviará y nos conducirá a adorar a ídolos.

Por este motivo Pablo estaba tan ansioso de ir a Roma y predicar el evangelio, porque lejos de la revelación salvadora de Dios a los hombres, el resultado era vagar lejos de Dios y adorar a sus ídolos. Lo que un ídolo hace es darnos permiso para consentir el pecado, y nos promete que no seremos castigados por ello.

Pero eso es mentira. Es la mentira que dice que usted puede pecar sin ser castigado; que usted puede romper la ley de Dios; que Dios no es justo; que Dios no es bueno; que no se preocupa por usted. ¡Eso no es verdad!

Pero los hombres se fabricarán ídolos. Los hombres adorarán la idea de que Dios no les va a juzgar. Esta es la idea subyacente en el ateísmo. El problema del ateo no es la existencia de Dios, sino que sabe que si Dios existe entonces él tiene un montón de problemas.

En vez de confesar que tiene un problema se limita a decir: “¡no hay Dios!” que equivale a decir “¡no me vas a juzgar!” Lea el Salmo diez; lea el Salmo catorce; este es el pensamiento ateo. El necio dice: “no hay Dios”, pero en realidad está diciendo: “Dios no tiene derecho a juzgarme”. ¡Esto es mentira!

De forma que, para evitar el juicio, el hombre adorará cualquier cosa porque esto le otorga permiso a su conciencia para seguir adelante y le consiente su pecado favorito. Pero cuando Dios viene en gracia revela el vacío, la futilidad, la vanidad, y las mentiras de la idolatría.

Y cuando la gracia de Dios irrumpe y recae sobre los hombres, éstos llegan a entender que han estado ocultando la verdad y han favorecido el pecado, en aras de su injusticia. Entonces Dios viene y trata con ellos, en su pecado, por gracia. La verdad de Dios, Quien es el creador ahora revelado a nosotros como redentor, se convierte en el verdadero objeto de nuestra adoración revelada en Jesucristo.

De este modo, la adoración es una respuesta a la revelación de Dios. Es algo a lo que estamos obligados porque todos hemos recibido la revelación de Dios el Creador.

Él es el juez que ha grabado Su imagen sobre nosotros porque tenemos una conciencia y juzgamos constantemente. Todo lo que hacemos está basado en nuestra conciencia. Nuestras discusiones políticas: “Me gusta, no me gusta. Estoy de acuerdo con esto. Creo que no es correcto. Esto es terrible. Creo que es fantástico.”

¿Qué es esto? Es la conciencia. Conocemos a una persona y la juzgamos. ¡Ahora mismo me estáis juzgando! Quizás no os guste mi corbata. Podéis pensar que tengo mal gusto. Pero estáis juzgando.

¿Por qué hacéis esto? Mi perro no me hace esto. ¿Por qué lo hacéis? Porque estáis creados a imagen de Dios. Tenéis una revelación de Dios, pero necesitáis (el hombre necesita) la revelación de Dios.

Dios se revela a Sí mismo y, para recibir adoración de Su pueblo, Él toma la iniciativa y otorga la revelación de Sí mismo. Él actúa y Su pueblo responde. Él habla y Su pueblo contesta y Le escucha. Él viene a nosotros en gracia y se revela a Sí mismo en amor, y nosotros respondemos en fe y obediencia.

Hebreos capítulo once y versículo seis: “Y sin fe es imposible agradar a Dios porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan.” Venimos al Dios que es realmente, y venimos por fe.

La fe tiene un objeto: lo que ha sido revelado por Dios. La revelación de Dios en Su actividad; la revelación de Dios en Su palabra; el Dios “que es”.

Le respondemos por fe, y él dice: “aquellos que me buscan por fe, me hallarán. Es imposible encontrarme a menos que se responda a mi revelación”.

Se trata de responder al descubrimiento de Dios por medio de Su actividad y por medio de Sus palabras. Esto quiere decir que la iglesia no tiene autoridad para elaborar su propia adoración.

Jesús es el Señor de la iglesia, no el papa, no una jerarquía eclesiástica, no vuestros ancianos. La gran comisión que se le da a la iglesia es que debemos reunirnos en la presencia de Cristo y aprender allí todos los mandamientos que Jesús nos ha dado.

Él nos dirige en nuestra vida como iglesia. Los ancianos de la iglesia ministran la palabra y la autoridad de Cristo, no la suya propia. No se trata de su propia prerrogativa sino del ministerio de la palabra que imparte la autoridad de Cristo, para que podamos hacer la voluntad de Cristo y no la nuestra.

No es la voluntad de la mayoría, sino la de la Palabra, la de Cristo que se revela en la Palabra. Estamos aquí para hacer lo que Jesús quiere, no porque queremos, sino porque Él es nuestro Señor. Él es nuestro amo.

Así pues, la iglesia no puede fabricar una adoración que aparte la palabra de Dios a un lado y que diga que no le vamos a prestar atención. Así es como elaboramos nuestra adoración. Esto es poner al pueblo de Dios en atadura.

Quizás haya experimentado esto al visitar las iglesias que no tienen una adoración regulada por las Escrituras. Quizás empiece a sentirse incómodo porque le están obligando a pasar por rituales y por actividades de adoración, y no puede encontrarlos en la Biblia.

Amigo mío, usted ha sido comprado al precio de la sangre de Jesucristo. Son hijos liberados de Dios y no deben volver a la atadura de los rituales hechos por hombres, ni a una adoración que viola una conciencia bíblicamente informada.

Usted ha sido salvo para adorar y los hijos de Dios, en la libertad de su condición de hijo, son los que pueden clamar a Dios tratándole como Padre. Si alguna autoridad de la iglesia le obliga, en contra de una conciencia bíblicamente informada, a empezar a adorar a Dios de una manera que Él no ha revelado ni prescrito en las Escrituras, esto es una tiranía. Esto no es libertad.

Somos el sacerdocio del nuevo pacto y debemos ir a nuestro Padre a través del ministerio mediador de Jesucristo, revelado en Su palabra. Debemos responder con fe, siendo dirigidos por la palabra de Dios en obediencia a Jesucristo.

No debemos seguir los dictados de una generación centrada en sí misma, orientada a la diversión y conducida por la demanda popular, que se reúne para adorar y contestar a la pregunta “¿Qué quiere usted hacer?”.

Dejemos que ellos adoren a Dios en la forma que quieran hacerlo; adoremos nosotros como Dios quiere que lo hagamos. El mayor problema del hombre es esta tendencia hacia la idolatría. Juan Calvino dijo: “El Dios humano es una fábrica de ídolos”. Produce ídolos de la misma manera en que la Compañía Ford Motor fabrica nuestros coches. Podemos convertir cualquier cosa en ídolos.

Necesitamos darnos cuenta de que nuestra adoración debe ser una respuesta a la revelación de Dios, y que debe ceñirse a la naturaleza de Dios porque ni el arte de los hombres, ni su imaginación pueden servir a la naturaleza divina. Él debe revelarse a Sí mismo. Adoramos según la prerrogativa de Dios.

En segundo lugar, adoramos en base a la provisión de Dios. Adoramos en base a la provisión de Dios. Y aquí nos encontramos con nuestro problema. Dios es santo y nosotros somos pecadores.

¿Cómo podemos, entonces acercarnos a este Dios santo, cuando nuestro pecado provocará inmediatamente en Dios la justa y santa respuesta de ira e indignación?

¿Cómo vamos a entrar a la presencia de Dios, en nuestra condición pecadora, si tan pronto como nos pongamos en la luz de Su santidad, seremos consumidos?

Nosotros merecemos justamente la sentencia de muerte que recayó sobre la raza humana, cuando nuestro padre Adán desobedeció a Dios y comió del fruto prohibido.

¿Qué tuvo que hacer Adán a causa del pecado? Tuvo que utilizar una hoja de higuera para intentar satisfacer su sentido de pecado y de culpa, y luego se escondió de la presencia de Dios. Esto es lo que leemos en Génesis tres, ocho, que Adán se escondió de la presencia de Dios.

Ahora bien, si se admite la adoración en la presencia de Dios, veremos inmediatamente que los hombres pecadores no son capaces de sentir el deseo de entrar a la presencia de Dios. Esto ocurre porque si entran a Su presencia, todavía unidos a su pecado, su conciencia les dice que tienen un gran problema. Entonces prefieren la hoja de higuera, prefieren permanecer escondidos.

Los hombres son capaces incluso de fabricar ritos religiosos para mantener a Dios alejado y convencerse a sí mismos de que Dios no los va a juzgar, que no hay problema con el pecado. La ira de Dios no existe. El infierno eterno tampoco existe. No hay castigo para el pecado. No existe la seguridad de que muramos.

Y los hombres han fabricado religiones creyendo la mentira de que no serán castigados por su pecado. Pero Dios viene a los pecadores y esto es lo asombroso porque ¿quién habría sabido esto?

¿Quién hubiera dicho que cuando Dios apareció en escena en Génesis tres, no venía a ejecutar el juicio final? Vino en gracia, y vino a comenzar en plan de salvación. Vino a rescatar el orden de la creación y a llamar a los dos pecadores para que volvieran a Él.

Vino a darles la promesa de una simiente que nacería a través de la mujer y que aplastaría la cabeza de la serpiente, aunque ésta le heriría en el calcañar. Por medio de esta semilla prometida, la muerte sería vencida.

El mundo, que ahora había sido sumergido en la muerte, el hombre que ahora volvía al polvo del que había salido, y toda la creación volverían a alinearse con Dios a través de esta semilla. Ella daría vida a un planeta y a un pueblo que habían muerto.

¿Cómo ocurriría esta redención? ¿Cómo se llevaría a cabo? Lo haría Dios al establecer una adoración aceptable por medio de los pecadores. Esto es lo que quiero que penséis y entendáis conmigo a estas alturas: que la salvación de los pecadores y la adoración aceptable se superponen y se convierten en una única y misma cosa.

La redención se convierte en adoración porque la provisión de Dios para salvar a los pecadores de la muerte, para salvarles del pecado, es la misma que la que Dios da para admitirles en Su presencia en adoración.

Ser admitidos en la presencia de Dios es ser salvos, es ser liberados de la muerte. Así pues, Dios hace una provisión. ¿Qué es lo que hace? En Génesis capítulo tres, versículo veintiuno:”Y el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió”.

El intento de Adán por resolver el problema del pecado no tuvo éxito. No era más que una tirita espiritual, una hoja de higuera. Era un ritual externo confeccionado por el hombre que no tuvo ningún efecto porque Dios es espíritu.

Poner un ritual externo entre usted y la ira de Dios no le va a poner a salvo de este santo Dios. Él debe proveer, Él debe cubrir nuestro pecado. Él debe resolver la cuestión de su vergüenza. Él debe tratar el tema de nuestra culpa.

Él debe satisfacer la sentencia de muerte que recae sobre nosotros por nuestro pecado. ¿Qué hace, pues? Toma a un animal, no a un hombre, pero algo que está vivo como el hombre. En hebreo “anefish hia” que significa otro ser vivo como el hombre, pero diferente a él, que tenga la vida en su sangre igual que el hombre.

Entonces, toma al animal y lo mata. Imagínese lo que pensarían Adán y Eva cuando vieron a Dios hacer esto. Niños, ¿os acordáis de la primera vez que os cortasteis, y visteis la sangre? ¿Qué es eso?

Imagine lo que Adán y Eva pensarían cuando se derramó la sangre del animal. Con la piel del cordero, Dios confeccionó una cubierta para tapar la desnudez de la piel de los dos. Con este acto les mostró lo que era necesario para que pudieran venir ante Su presencia.

Les proporcionó un sustituto que llevara la sentencia de muerte en nombre de ellos, cuya sangre fuera el testimonio de la purificación que necesitaban para cubrir su pecado. Dios también proporcionó la base para que pudieran venir con su pecado cubierto por el derramamiento de la sangre de un animal sustituto que llevó la pena de muerte en su lugar.

Por ese medio Dios ha permitido, desde ese momento y para siempre, que los pecadores entren a Su presencia bajo la única condición de que reconozcan su condición pecadora y la santidad de Él. Deben reconocer que Él tiene derecho a juzgarles por su pecado y que merecen la sentencia de muerte.

De este modo pueden venir delante de Dios, pero no por sus propias obras buenas, porque éstas son como trapos de inmundicia delante de este Dios. Han de venir confiando en la provisión del sacrificio y de la sangre derramada y la cubierta que Dios proporciona para ellos.

De esta manera, cuando entren a Su presencia confiando en el sacrificio que Él ha proporcionado, lo que están diciendo en realidad es:

“Tú eres Dios. Tú eres santo. Tú eres justo. Tú eres recto. Tú eres bueno. Tu ley debe ser obedecida. La honra debe ser para ti. Tú eres justo en la ejecución de muerte contra mí porque soy un pecador; soy un criminal; merezco la muerte, pero Tú ha proporcionado un sustituto para mí. Tú has aceptado la sangre de mi sustituto para que yo no derramara la mía. Tú has proporcionado a otro que muriera en mi lugar y yo me salvara de la muerte que yo merecía. Por eso, ahora conozco algo sobre Ti que no conocía antes: Tu gracia. Eres misericordioso. Eres un Dios de bondad. Eres un Dios de amor, ternura y paciencia”.

Esta fue la lección que Dios enseñó a Adán y Eva cuando los vistió, y es la lección que ha enseñado a Su pueblo redimido, desde entonces. Cuando Set clamó el nombre del Señor lo hizo por medio de un sacrificio. Cuando Noé entró al arca, supo lo bastante como para tomar a los animales que estuvieran limpios para poder presentar sacrificio a Dios. Esto fue antes de la ley mosaica.

¿Dónde aprendió esto? Lo aprendió por medio del acto de Dios. Lo aprendió por la revelación de Dios, acerca de Su regalo: un sacrificio aceptable. Cuando Dios llamó a Abram para que anduviese delante de Él y fuese irreprensible ¿cómo adoró Abram a Dios? Ofreciendo sacrificio, incluso hasta llegar Dios a poner a prueba la amistad de Abram y pedirle que ofreciera a Isaac en sacrificio. Con respecto a este punto, Jesús dice: “Vio mi día y se alegró.”

Abraham tuvo doce hijos. Durante su cautividad en Egipto crecieron como nación y fueron liberados de la esclavitud y reunidos en el Monte Sinaí. Allí, Dios hizo pacto con ellos y los convirtió en Su nación, y estableció que Él sería su Dios y moraría entre ellos.

¿Cómo podía un Dios santo vivir entre ellos? Esto es lo que hizo. Les dio un templo y en él habría un orden de sacerdotes elegidos por Dios, que tendrían el privilegio de entrar a la presencia de Dios para ofrecer sacrificio, la provisión de Dios.

Mientras ellos mantuvieran las ofrendas de sacrificio de sangre y reconocieran su santidad, Su justicia, su condición de pecadores y Su provisión de gracia, Él moraría con ellos y los guiaría a través del desierto, y viviría con ellos en la tierra prometida del descanso de su Día de Reposo.

Pero Israel no pudo permanecer fiel. Siguieron a los dioses de las naciones de su alrededor, y siguieron incorporando estilos de adoración pagana en la adoración al Dios vivo y verdadero. Y Dios les advirtió. Dios les rogó.

Envió profetas a los que ellos no escucharon, y Dios los disciplinó y los dejó llevar en cautividad. Allí aprendieron finalmente la lección de que hay un solo y único Dios. Los hizo regresar y, durante ese tiempo, los profetas comenzaron a pintar el retrato de la semilla que habían estado prometiendo, aquel que vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente.

Isaías lo presentó como el varón de dolores de Jehová. En el capítulo cincuenta y tres nos enteramos de que se trata del Mesías, que es el Hijo de Dios, y que se entregaría a Sí mismo como ofrenda de culpa, como sacrificio para justificar a muchos.

Y Dios hizo estas promesas por medio de los profetas y alentó la fe de Su pueblo y ellos esperaron la venida del Mesías prometido durante cuatrocientos años. Y entonces empezó a oírse una voz en el desierto: la de Juan el Bautista que gritaba a los que serían el remanente del pueblo, que se reunió al sonido de la voz del profeta que los llamaba a arrepentirse de sus pecados. “No me digáis quién es vuestro padre” —dijo— “que tenéis a Abraham por padre”.

Dios es espíritu y las cuestiones del verdadero pueblo de Dios son temas espirituales. Arrepiéntase de sus pecados y ponga su confianza ¿en quién? “He aquí el cordero que quita el pecado del mundo.” Allí, a orillas del Rio Jordán, aquel que les había sido prometido a Adán y Eva en el Jardín.

Era la semilla prometida que resolvería la cuestión de nuestro pecado; que quitaría nuestra culpa; que vencería a la propia muerte muriendo en nuestro lugar; el Cordero que había sido representado por los miles y cientos de miles de corderos cuya sangre había sido derramada sobre los altares del templo judío.

Aquí, el Cordero perfecto ha venido y ha vivido la vida que nosotros nunca habríamos podido vivir, y murió la muerte que nosotros merecíamos como provisión de Dios para nosotros por nuestro pecado. Este es el don de Dios para los pecadores.

De este modo, en unión con Cristo Jesús somos admitidos ahora en la presencia de Dios. Estamos unidos a Él por la fe, creemos en la virtud de Su obra en la cruz, y somos limpios por esa sangre que fue derramada para propiciar la ira de Dios, con el fin de apaciguar la santa ira de Dios y su justicia contra nosotros.

De manera que cada vez que clamemos a Su nombre en oración privada, en los devocionales en familia, o en la adoración corporativa, nuestra confianza no estará en nuestras oraciones, sino en Jesucristo. Ahora venimos ante Él unidos a Jesucristo; con Él nos mantenemos en pie por fe, y confiamos en Cristo crucificado.

¿Por qué? Porque en Cristo crucificado soy aceptado delante del Padre; porque en Cristo estoy delante de mi Dios y le digo: Eres santo, eres justo, eres bueno. Tu ley es perfecta y no puede transigir, y la sentencia de muerte que Tú has ejecutado sobre mí en mi pecado es absolutamente justa y perfecta.

No puedo debatir ni discutir. Merezco la muerte. No merezco el privilegio de estar ante Tu presencia, pero Tú me has dado la base sobre la que puedo clamar a Tu nombre. Estoy delante de Ti en unión con mi Cristo; mi Rey; mi Cordero; mi sacrifico; Aquel que me amó y se entregó a Sí mismo por mí.

Tú me has dado ese don; no vengo aquí basándome en mis propias obras. Tú has venido a mí y me has dado el don de mi salvador y mi Cordero, cuya sangre ha sido derramada para que mi pecado fuera cubierto y yo pudiera estar de pie, con el crédito de Su obediencia.

Su justicia y Su muerte han pagado la penalización de mi pecado. Merezco ir al infierno, pero en vez de esto Tú me has permitido ir a la cruz. Como pecador, estas son nuestras dos únicas opciones. Como pecador, esta es la única alternativa: o va al infierno o va a la cruz porque estos son los dos únicos lugares donde la ira de Dios queda satisfecha contra usted en su pecado.

El don de Dios, la provisión de Dios, cuya prerrogativa dicta cómo debemos venir a Él, nos son dados por el Señor Jesucristo Quien murió por nuestro pecado y murió llevando la ira de Dios contra nosotros. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esta es la esencia de la adoración del nuevo pacto. Esta es la base de la adoración del nuevo pacto.

Amigo mío, en Apocalipsis capitulo 5 y versículo nueve, los redimidos cantan un nuevo cantico “Digno eres tu Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación”.

¿Puedes verlos? Hispanos, chinos, indios, brasileños, un par de irlandeses, toda tribu, lengua, pueblo y nación alabando para siempre a Dios ¿en base a qué? En base a la sangre de Jesucristo que fue derramada.

Ahora seremos admitidos para siempre en la presencia de Dios para adorarle, por causa del Cordero; por Su provisión; por la sangre que fue derramada para que los pecadores no tuvieran que ir al infierno. Ahora son admitidos en la presencia de Dios y tienen la vida eterna.

De manera que la adoración es siempre un ejercicio de fe en la revelación de Dios, sobre la base del sacrificio proporcionado por Dios en Jesucristo. Como veis, el cristianismo es una religión de pecadores.

Si no eres un pecador convencido de serlo, en la presencia de Dios, el cristianismo no es para ti. Necesitas otra religión. Necesitas una religión para gente justa que es básicamente cualquier otra religión que no sea cristianismo. Halagará tu orgullo y arrogancia.

El cristianismo es una religión para pecadores, una religión para los que vienen delante de Dios diciendo: sé que soy un pecador y que merezco tu muerte, mi muerte, pero me has dado la provisión de Cristo y sobre la base de esa sangre derramada y voy ser valiente.

Voy a tener valor. Voy a venir realmente ante la presencia del Santo Dios, confiando en el sacrificio de Jesucristo y por la virtud de Jesús no voy a ser consumido por la ira de Dios. Voy a ser amado. Voy a ser amado con un amor que se le da a Jesucristo. Voy a ser amado como si yo fuera el Hijo, porque estoy en el Hijo y soy aceptado en el Hijo, bendito en el Hijo y se me ha concedido la herencia del Hijo.

¿Lo entendéis? Porque la adoración no solo es para los pecadores. La adoración es para los pecadores salvos. La adoración es para los que han sido redimidos por la sangre de Jesucristo. Por este motivo, la adoración no es primeramente el evangelismo. Es esencialmente la celebración del que es salvo, en la presencia de su salvador. Es para los que son redimidos en la sangre de Jesucristo.

Cuando Jesucristo dijo en Juan catorce, seis: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.” No estaba hablando solamente sobre la salvación. También está hablando de la adoración.

La salvación y la adoración se superponen porque sólo los que son aceptados en la presencia de Dios, para darle Su adoración, son los que están en unión con Cristo como pecadores salvados. Ningún hombre entra en la presencia del Padre excepto por Jesucristo.

¿Cree usted esto? ¿Está usted dispuesto a ser odiado por esto? ¿Está preparado para ser aislado por causa de esto? ¿Está dispuesto a ser perseguido? Porque el mundo pensará que es usted un arrogante por causa de esto.

El mundo pensará que usted es muy, muy intolerante a causa de esto, porque usted tiene la audacia de creer en Jesús solamente, en la grada de Dios solamente; solo por fe, para la gloria de Dios solamente, como lo revela la Biblia solamente.

Las religiones del mundo, las idolatrías del mundo no serán muy tolerantes con los que dicen que ningún hombre puede entrar a la presencia del Padre sino es por medio de Jesucristo. Si usted cree que tiene el privilegio de adorar, tiene el privilegio de estar en la presencia de Dios, en la presencia de Cristo y, por lo tanto, también llevará el odio del mundo.

Porque tan seguro como que Caín se levantó y mató a su hermano Abel porque Abel y su adoración fueron aceptados, y Caín y su adoración no lo fueron. Así también el linaje de Caín ha perseguido a la descendencia de Abel desde entonces.

Y conforme se acerca el día, la lucha se intensificará ya que es donde el diablo ataca a la iglesia. Satanás quiere que seas transigente con tu adoración. ¡Introduce algunas prácticas paganas en tu adoración! ¡Se creativo! ¡Utiliza tu imaginación! ¡Empieza a traer novedades q tu adoración!

¿Porque tienta Satanás a la iglesia para que haga esto? Porque si empiezas a ofender a Dios en Su propia casa, si empiezas a ofender a Dios en Su propia adoración Él se apartará de ti. Se pondrá detrás de ti y si Dios ya no mora en medio tuyo, perderás la batalla espiritual por tu alma.

Satanás sabe, igual que hizo por medio del consejo de Balaám, que si puede conseguir que transijas en la adoración entonces acarreará la disciplina de Dios sobre ti y te hará vulnerable en el campo de batallas. Le robará el honor a Dios.

Tu fuerza mayor está en que Dios mora en medio de ti. Tu gran victoria es que Dios mora en medio de tí. Dios mora entre Su pueblo salvo que Le adora. No Le ofendas en su adoración. No Le ofendas mientras clamas a Su nombre. Nuestro Dios, el Dios del nuevo pacto, en hebreos doce veintiocho y veintinueve, nuestro Dios es fuego consumidor y los que Le adoran deben hacerlo con reverencia y temor.

La iglesia es un templo, no es un patio de recreo. Es un templo para que more el Dios vivo. ¡No entristezcas al espíritu! ¡No apagues el espíritu! ¡No ofendas al Dos vivo! ¡No hagas que se ponga detrás de ti, sino ven a él confiando en la provisión de Jesucristo y el morará en medio de ti y será tu fuerza; y será tu vida; y será tu victoria; y te enseñará a ir por el camino del Cordero!

Y en todas estas cosas seréis más que vencedores al vivir con Cristo y adorarle. Él es el Cordero de Dios, la provisión para los pecadores para que puedan entrar a la presencia del Dios santo. ¡Que Dios nos de sabiduría y discernimiento en estos días para que podamos adorar al verdadero Dios y que podamos hacerlo de verdad! ¡Amén!

Oremos: Padre de gracia, oramos esta noche que tu Espíritu se haya complacido en tomar algo de lo que se ha dicho de la palabra, algo que se haya dicho en la predicación y que lo confesemos en nuestro corazón que los que estén aquí esta noche y que no sean convertidos, puedan entender que su sensibilidad espiritual y su religiosidad apartada de Cristo es ofensiva para Tu Padre, obra por tu espíritu para glorificar a Cristo como único sacrifico suficiente para los pecadores, y enséñanos a tu pueblo a ejerce la fe en él para que no confiemos en nuestros propios métodos, que no confiemos en trucos, y que no seamos incitado e este día de confusión a incorporar novedades y creatividades en la adoración a Dios.

Padre nuestro, queremos venir a tu presencia ciñéndonos a tu prerrogativa, según tu revelación, adaptándonos contiguo que eres el Dios que es espíritu. Convéncenos de estas cosas y danos valor para estar firmes por estas cosas en nuestro tiempo.

Concédenos que en unión con el Cordero de Dios, no solo podamos adorar sino que estemos dispuestos a vivir y morir para gloria de Su santo nombre. Que juntos, nosotros, hombre, y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación podamos reunirnos alrededor de ese trono y cantar:

“Digno es el cordero cuya sangre ha redimido a su pueblo”. Alabado seas tú el Dios de gracia que nos ha dado a Jesucristo, la provisión de nuestra salvación y nuestra adoración eterna a tu santo nombre. Magnifica a Cristo en medio de nosotros esta noche, te lo suplicamos, Amen.

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2008 Pastors’ Conference | Worship II: God’s Provision for Worship

La provisión de Dios para la adoración

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La provisión de Dios para la adoración

Hermanos, inclinen su cabeza conmigo una vez más, para buscar la ayuda de Dios y que Él se revele a Sí mismo en esta noche, en el ministerio de Su palabra.

Glorioso Dios nuestro, Padre celestial, nos inclinamos ante ti en esta noche reconociendo que sólo Tú eres Dios. Confesamos que eres nuestro Creador, nuestro Hacedor, que somos las ovejas de tus pastos.

Te alabamos porque Te ha placido poner Tu amor sobre nosotros. Has derramado Tu gracia sobre nosotros al concedernos, por medio del espíritu, que estemos unidos a Jesucristo por la fe.

Oramos en el nombre de Jesucristo; Te pedimos que nos concedas Tu Espíritu en esta noche; que cumplas la promesa dada a todos los que estamos en el nuevo pacto, de ser enseñados por Dios, desde el menor hasta el mayor de nosotros.

Que en esta noche, al ministrar Tu palabra, haya comunicación de Tu espíritu con nuestros corazones, con nuestras conciencias, para instruirnos y guiarnos; para que podamos darte gloria y honra a ti. Nos encomendamos a ti sabiendo que somos siervos inútiles.

Confesamos que somos pecadores, y que si no fuera por Tu gracia, si no fuera porque te has revelado a nosotros por medio de Cristo Jesús, estaríamos adorando a dioses falsos.

Pero Tú nos has sacado de las tinieblas a la luz; Tú nos has unido a Jesucristo y, ahora, en Su rostro vemos Tu gloria. Glorifícate en medio de nosotros en esta noche, para alabanza de Cristo nuestro Salvador. Te lo rogamos, ¡Amén!

Anoche aprendimos que la adoración es la comunión espiritual con el propio Dios. La adoración es encontrarse con Dios, Quien viene y se acerca a Su pueblo reunido. La adoración está dirigida por Dios, y Le da alabanza y adoración.

Por medio de la adoración al verdadero Dios vivo, estaríamos obedeciendo el primero de los diez mandamientos: no tener ningún otro Dios delante de nosotros, más que Él, revelado en nuestro Señor y salvador Jesucristo.

Adoramos porque Él es el único supremo y digno. Hemos sido creados para adorar; hemos sido salvados para adorar; lo que Dios desea de nosotros es adoración ya que Él busca a aquellos que Le adoren en espíritu y en verdad.

Adoramos en cualquier lugar en el que nos reunimos, como discípulos de Jesucristo, para clamar a Su nombre. En el nuevo pacto ya no existe un trozo de territorio geográfico que identifiquemos como tierra santa. La presencia de Dios entre nosotros es lo que confiere a nuestra adoración un carácter santo.

En cualquier lugar que estemos con otros discípulos de Cristo y, juntos por fe clamemos al nombre de Cristo, allí Jesús se complace por medio de Su espíritu en reunirse con Sus discípulos. Su presencia con nosotros es lo que hace que ese lugar de reunión sea santo.

Adoramos en cualquier lugar sobre la tierra, pero adoramos en la presencia del Dios del cielo. Nuestras oraciones suben delante de Él y llegan ante Él para que en verdad adoremos en el cielo.

Adoramos en un día en particular como reunión corporativa de aquellos que han resucitado de los muertos; como aquellos que han nacido de lo alto; como aquellos que están vivos a Dios y que una vez estuvieron muertos en pecado y delitos, pero que ahora, por gracia, están unidos en el Cristo resucitado.

Estamos vivos a Dios, y somos el sacerdocio del nuevo pacto, formado por hijos e hijas reales de Dios nuestro Padre. En ese día glorioso de la resurrección, ese día de poder del Espíritu Santo, ese día que se en sitúa al principio de la eternidad, el primer día de la semana, dirigimos nuestra adoración hacia Dios.

Mientras vamos corriendo en esta carrera, orientamos nuestra vida hacia la meta del eterno reposo que se nos ha prometido. Nuestros ojos están fijos en Cristo. Atravesamos este desierto en busca de esa ciudad cuyo edificador y arquitecto es Dios, y proseguimos hacia adelante viviendo una vida marcada por el ritmo de la adoración.

Pasamos por pruebas, tenemos días fáciles y de prosperidad y también tiempos de dificultad, pero mantenemos el ritmo de la adoración. Caminamos con Dios en adoración corporativa, al reunirnos en Su presencia semana a semana, mes a mes, año a año, hasta que cruzamos la línea de meta.

Ahora bien, esta noche vamos a ver que la adoración no puede originarse dentro de nosotros. La adoración debe ser aquello que Dios nos revela. Él debe mostrarnos cómo tenemos que acercarnos a Él, y es Él quien tiene que proporcionarnos el camino que lleva a Su presencia.

Con esto en mente, mañana veremos con los hermanos en la conferencia de pastores qué ocurre una vez hemos sido admitidos en Su presencia, por Su provisión. ¿Qué es lo que debemos hacer? ¿De qué se compone esa actividad de la adoración? Lo primero que vamos a considerar en esta noche es que tenemos que adorar según la prerrogativa de Dios.

En realidad, queremos saber qué es lo que debemos hacer cuando venimos a la presencia de Dios. Somos admitidos ante el Rey de reyes y Señor de señores; allí es donde nos encontramos cuando nos reunimos y clamamos el nombre de Jesucristo. La iglesia, o el templo, se convierten en esa intersección, esa entrada a la presencia misma de Dios, y Él está entre nosotros.

¡Está bien! Dios nos está concediendo una audiencia. Ahora usted tiene que decidir el paso siguiente. ¿Qué le gustaría hacer? ¿Adónde le gustaría ir? Quizás podríamos realizar una encuesta para ver qué es lo que la mayoría de las personas desearían hacer

¿Es esta la pregunta correcta que deberíamos hacer? ¿Qué le gustaría hacer en la presencia de Dios? Me temo que esta pregunta es del todo incorrecta. La pregunta debe ser: ¿qué quiere Dios que hagamos? ¿Qué es lo que Dios quiere que nosotros hagamos?

En medio de toda esta confusión, de tantos análisis y debates acerca de la adoración, uno se levanta y dice:

“Yo quiero adorar a Dios de esta forma”,

“Yo quiero adorar a Dios de esta otra forma”, dice otro.

“Yo quiero este tipo de música; yo quiero este tipo de adoración; yo quiero poder hacer lo que quiero hacer”.

¿Pero quién pregunta: “¿qué es lo que Dios quiere que nosotros hagamos?”

Nuestro lugar de reunión es la presencia de Dios. Si apartamos nuestros ojos de Él para mirarnos unos a otros y decir: “Bueno, ¿qué te agrada a ti?” estaremos haciendo una pregunta absolutamente incorrecta.

Debemos mantener nuestros ojos fijos en Dios y decir: “Señor, ¿qué es lo que Te agrada a Ti? ¿qué es lo que Te complace a ti, Señor?” En Isaías, capítulo uno y versículo doce, el Señor hace una pregunta muy interesante:

“Cuando venís a presentaros delante de mí, ¿quién demanda esto de vosotros, de que pisoteéis mis atrios?”

En el texto original, la pregunta se podría parafrasear de la siguiente manera: “¿quién os dijo que pusierais esto en vuestra mano cuando venís a mi presencia?; ¿qué es lo que traéis en las manos cuando entráis a mis atrios, al venir delante de Mí?; ¿quién os dijo que esto es lo que yo quiero que me traigáis?”

Como veis, somos incapaces de inventar la adoración que honra a Dios. En ningún sitio de la Biblia se nos ordena que inventemos nuestra propia adoración. ¡Vamos a crearla nosotros mismos! ¡Vamos a elaborar una adoración! ¡Inventemos la adoración! En ningún momento se nos dice esto.

Dios debe decirnos cómo tenemos que adorarle. “Cuando aparecéis delante de Mí, ¿qué es lo que traéis en la mano?; ¿quién os dijo que eso es lo que yo quiero que hagáis?; ¿por qué hacéis esto delante de Mí?; ¿quién os dijo que esto me honraría?” Este es el tipo de pregunta que Dios hace en Isaías capítulo uno, versículo doce.

Pero tenemos que retroceder por un momento, y comprender que Dios es el único que decide cómo hay que adorar a Dios, y es por Su propia naturaleza en sí por lo que Dios decide cómo debe ser adorado. Dios es Dios.

Él es trascendente; Él es santo; Él mora en una luz inaccesible, que trasciende más allá de Su creación; Él supera nuestra capacidad de abarcarle mentalmente. Él es infinito y es exaltado por encima de todo.

¿Cómo podríamos saber qué hacer delante de Él para complacerle, a menos que Él nos lo revele, a menos que Él nos muestre lo que es una adoración aceptable? Y esa adoración que debemos aprender tiene que ceñirse a la propia naturaleza de Dios, que es Su trascendente santidad.

En Deuteronomio capítulo cuatro Dios establece la adoración de Su antiguo pacto; en Deuteronomio cuatro, desde el versículo quince hasta el versículo diecinueve leemos: “Así que guardaos bien”, esto en lo referente a nuestro acercamiento a Dios,

“Así que guardaos bien el día en que el Señor os habló en Horeb de en medio del fuego no sea que os corrompáis y hagáis para vosotros una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o hembra, semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo”.

Moisés le recuerda al pueblo que en el Monte Sinaí no se reveló ninguna figura. Dios era invisible ante los ojos de ellos; por consiguiente, no debían hacer comparaciones con nada de lo que existiera en el mundo material visible. Se Le oía y, por medio de Sus palabras, Él se dio a conocer. De este modo, en Deuteronomio cinco, desde el versículo ocho hasta el diez, el segundo mandamiento contesta la pregunta de cómo hay que adorar a este Dios.

“No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”

¿Cómo deberíamos adorar a Dios? Pues bien, la respuesta es: “no te harás imágenes”. No te hagas imágenes de nada de lo que hay en la creación, nada que recree las cosas pertenecientes al orden creado y que se haya hecho por medio de la creatividad de las manos humanas. No hagas ninguna imagen que proceda de la creatividad de tu mente.

¡Con cuánta frecuencia nos hemos encontrado con personas que, al oírnos describir al Dios de la Biblia, nos contestan: “No creo que Dios sea así”. No debemos imaginar a Dios bajo ningún aspecto. No hay nada como Él. Quizás lo más parecido a Él somos nosotros, porque somos creados a Su imagen. Por ese motivo, hemos sido creados para adorarle porque sólo nosotros hemos sido hechos de una forma que corresponde a la naturaleza de Dios.

¿Cuál es la naturaleza de Dios? Juan capítulo cuatro, versículo veinticuatro:

“Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y verdad”.

¿Cómo debemos adorar? Debemos ceñirnos a la naturaleza de Dios y adaptarnos al Dios que es espíritu. Esto quiere decir que no debemos utilizar ningún material creado para fabricar una imagen.

No debemos hacer uso de nuestra imaginación para encajar en ella a Dios. La imaginación se halla dentro de la esfera de nuestro pensamiento y de nuestra actividad y, por consiguientes, son algo creado por nosotros mismos.

En Hechos diecisiete, versículo veintinueve, cuando el apóstol Pablo habla a los filósofos, en el Monte de Marte en Atenas, les dice: “no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el arte y el pensamiento humano”.

La naturaleza divina no se va a formar por la creatividad del hombre, o por la imaginación y pensamientos de éste. La adoración aceptable no puede originarse en nosotros. Debe ser aquella que se corresponda con Dios, y que está determinada por Su prerrogativa.

Las personas con las que Pablo está hablado llevan a cabo una adoración idólatra. Están adorando la imaginación de sus propios pensamientos y el arte de sus propias manos. La adoración que realizan les está enseñando mentiras porque ella es la que determina nuestro pensamiento acerca de Dios.

Por este motivo, el segundo mandamiento tiene una enorme importancia para nuestros hijos: “No te harás falsas imágenes”. Soy un Dios celoso; si pecáis contra mí de la manera en que lo hacéis, seréis visitados del mal hasta la tercera y cuarta generación. Vuestros hijos se ceñirán a la manera en la que vosotros adoráis, y de ahí sacarán su forma de pensar acerca de Dios.

Si vuestra adoración no es según la naturaleza divina, si no se adapta al Dios que es espíritu, entonces vuestra adoración es idólatra. Es una adoración imaginativa que influenciará a vuestros hijos haciendo que piensen que Dios es algo que, en realidad, no es; vuestra adoración es instructiva con respecto a la propia naturaleza de quién es Dios.

Veréis, existen dos formas de cometer idolatría. Podemos quebrantar el primer mandamiento y tener un dios totalmente distinto al Dios vivo y verdadero. La otra manera de ser idólatras es cuando transgredimos el segundo mandamiento pensando que estamos adorando al verdadero Dios, pero lo estamos haciendo de una forma incorrecta que no Le representa adecuadamente.

Damos una falsa impresión de Dios mediante una adoración idólatra que no se ciñe a la Biblia. Es la adoración que pone nuestra confianza y nuestra certidumbre en la creación de nuestras manos o en la imaginación de nuestra mente.

No podemos inventar la adoración. Ésta debe ceñirse al propio ser de Dios. Esto significa que la revelación de Dios es la que debe determinar cómo debemos adorarle. Dios nos revela la forma en la que debemos hacerlo. La adoración no se origina en nuestra imaginación, ni en nuestra creatividad.

Cuando me gradué en el seminario, en mil novecientos ochenta y dos, mi impresión particular como graduado de un destacado seminario evangélico era que el mayor enemigo del pueblo de Dios, a la hora de adorar, era el aburrimiento.

Se suponía que esto era lo que yo debía hacer por todos los medios: asegurarme de que las personas no se aburrieran. ¿Y usted qué tiene que hacer? Bueno, esto significa que usted tiene que ser creativo, que tiene que aportar nuevas fórmulas a la hora de dirigir la adoración.

Al salir del seminario, yo pensaba que esa adoración debía ser el escenario y el teatro para la innovación y la creatividad del hombre, porque lo único que uno deseaba evitar era que las personas se aburrieran. Había que mantener su interés. Y esta manera de pensar no hace más que abrir la puerta a todo tipo de novedades, todo tipo de trucos, de entretenimientos, de cosas centradas en el hombre.

Todo esto hace que nos pongamos delante de Dios, sin poner nuestros ojos en Él. Entonces nos miramos unos a otros y decimos: “¿qué puedo hacer para que no te aburras?” ¡Pero estamos en la presencia de Dios! ¿Eso te aburre? ¿Cómo puede aburrirnos el estar en la presencia de Dios?

¡Si te aburres en la presencia de Dios es que no Le estás prestando atención porque Él es el ser más magníficamente interesante que existe! Él nos ha revelado cómo debemos adorarle. Nosotros, como criaturas, no somos infinitos.

Por lo tanto, no podemos, con nuestras limitaciones, proyectar a Dios desde nuestro interior e imaginarle según nuestra propia imagen. Sobre todo, al ser pecadores no podemos fabricar la adoración porque nuestro pecado nos ha separado de Dios.

Nuestro pecado nos ha cegado y no podemos ver Quién es Dios. A menos que Dios se revele a Sí mismo a nosotros, la imagen que tenemos de Dios nos dirigirá a adorar a un ídolo. Y este es el problema del hombre; este es el pecado central del hombre.

Cuando analicemos la cultura, cuando investiguemos las preocupaciones de nuestros amigos que no son convertidos, cuando estudiemos nuestra propia susceptibilidad al pecado, vayamos a lo más profundo, a la raíz, y hagamos la pregunta: “¿qué dios me está incitando a este pecado? ¿En qué soy susceptible a la idolatría?

Mire la condena del apóstol a la humanidad en Romanos capítulo uno, desde el versículo dieciocho:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad; porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente.

Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.

Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén.”

Ahora bien, lo que Pablo nos está diciendo es que, en un sentido, todos los hombres han recibido revelación de Dios para obligarles a adorar. Han recibido la revelación de Dios por medio de la creación, y la han recibido como portadores de Su imagen que poseen una conciencia.

Tenemos un sentido de lo que es correcto y de lo que es incorrecto pero, al haber caído en nuestro pecado, nuestra conciencia está rota. Lo que queramos hacer, mientras estemos en nuestro pecado y sin la revelación salvadora de Dios, nos desviará y nos conducirá a adorar a ídolos.

Por este motivo Pablo estaba tan ansioso de ir a Roma y predicar el evangelio, porque lejos de la revelación salvadora de Dios a los hombres, el resultado era vagar lejos de Dios y adorar a sus ídolos. Lo que un ídolo hace es darnos permiso para consentir el pecado, y nos promete que no seremos castigados por ello.

Pero eso es mentira. Es la mentira que dice que usted puede pecar sin ser castigado; que usted puede romper la ley de Dios; que Dios no es justo; que Dios no es bueno; que no se preocupa por usted. ¡Eso no es verdad!

Pero los hombres se fabricarán ídolos. Los hombres adorarán la idea de que Dios no les va a juzgar. Esta es la idea subyacente en el ateísmo. El problema del ateo no es la existencia de Dios, sino que sabe que si Dios existe entonces él tiene un montón de problemas.

En vez de confesar que tiene un problema se limita a decir: “¡no hay Dios!” que equivale a decir “¡no me vas a juzgar!” Lea el Salmo diez; lea el Salmo catorce; este es el pensamiento ateo. El necio dice: “no hay Dios”, pero en realidad está diciendo: “Dios no tiene derecho a juzgarme”. ¡Esto es mentira!

De forma que, para evitar el juicio, el hombre adorará cualquier cosa porque esto le otorga permiso a su conciencia para seguir adelante y le consiente su pecado favorito. Pero cuando Dios viene en gracia revela el vacío, la futilidad, la vanidad, y las mentiras de la idolatría.

Y cuando la gracia de Dios irrumpe y recae sobre los hombres, éstos llegan a entender que han estado ocultando la verdad y han favorecido el pecado, en aras de su injusticia. Entonces Dios viene y trata con ellos, en su pecado, por gracia. La verdad de Dios, Quien es el creador ahora revelado a nosotros como redentor, se convierte en el verdadero objeto de nuestra adoración revelada en Jesucristo.

De este modo, la adoración es una respuesta a la revelación de Dios. Es algo a lo que estamos obligados porque todos hemos recibido la revelación de Dios el Creador.

Él es el juez que ha grabado Su imagen sobre nosotros porque tenemos una conciencia y juzgamos constantemente. Todo lo que hacemos está basado en nuestra conciencia. Nuestras discusiones políticas: “Me gusta, no me gusta. Estoy de acuerdo con esto. Creo que no es correcto. Esto es terrible. Creo que es fantástico.”

¿Qué es esto? Es la conciencia. Conocemos a una persona y la juzgamos. ¡Ahora mismo me estáis juzgando! Quizás no os guste mi corbata. Podéis pensar que tengo mal gusto. Pero estáis juzgando.

¿Por qué hacéis esto? Mi perro no me hace esto. ¿Por qué lo hacéis? Porque estáis creados a imagen de Dios. Tenéis una revelación de Dios, pero necesitáis (el hombre necesita) la revelación de Dios.

Dios se revela a Sí mismo y, para recibir adoración de Su pueblo, Él toma la iniciativa y otorga la revelación de Sí mismo. Él actúa y Su pueblo responde. Él habla y Su pueblo contesta y Le escucha. Él viene a nosotros en gracia y se revela a Sí mismo en amor, y nosotros respondemos en fe y obediencia.

Hebreos capítulo once y versículo seis: “Y sin fe es imposible agradar a Dios porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le buscan.” Venimos al Dios que es realmente, y venimos por fe.

La fe tiene un objeto: lo que ha sido revelado por Dios. La revelación de Dios en Su actividad; la revelación de Dios en Su palabra; el Dios “que es”.

Le respondemos por fe, y él dice: “aquellos que me buscan por fe, me hallarán. Es imposible encontrarme a menos que se responda a mi revelación”.

Se trata de responder al descubrimiento de Dios por medio de Su actividad y por medio de Sus palabras. Esto quiere decir que la iglesia no tiene autoridad para elaborar su propia adoración.

Jesús es el Señor de la iglesia, no el papa, no una jerarquía eclesiástica, no vuestros ancianos. La gran comisión que se le da a la iglesia es que debemos reunirnos en la presencia de Cristo y aprender allí todos los mandamientos que Jesús nos ha dado.

Él nos dirige en nuestra vida como iglesia. Los ancianos de la iglesia ministran la palabra y la autoridad de Cristo, no la suya propia. No se trata de su propia prerrogativa sino del ministerio de la palabra que imparte la autoridad de Cristo, para que podamos hacer la voluntad de Cristo y no la nuestra.

No es la voluntad de la mayoría, sino la de la Palabra, la de Cristo que se revela en la Palabra. Estamos aquí para hacer lo que Jesús quiere, no porque queremos, sino porque Él es nuestro Señor. Él es nuestro amo.

Así pues, la iglesia no puede fabricar una adoración que aparte la palabra de Dios a un lado y que diga que no le vamos a prestar atención. Así es como elaboramos nuestra adoración. Esto es poner al pueblo de Dios en atadura.

Quizás haya experimentado esto al visitar las iglesias que no tienen una adoración regulada por las Escrituras. Quizás empiece a sentirse incómodo porque le están obligando a pasar por rituales y por actividades de adoración, y no puede encontrarlos en la Biblia.

Amigo mío, usted ha sido comprado al precio de la sangre de Jesucristo. Son hijos liberados de Dios y no deben volver a la atadura de los rituales hechos por hombres, ni a una adoración que viola una conciencia bíblicamente informada.

Usted ha sido salvo para adorar y los hijos de Dios, en la libertad de su condición de hijo, son los que pueden clamar a Dios tratándole como Padre. Si alguna autoridad de la iglesia le obliga, en contra de una conciencia bíblicamente informada, a empezar a adorar a Dios de una manera que Él no ha revelado ni prescrito en las Escrituras, esto es una tiranía. Esto no es libertad.

Somos el sacerdocio del nuevo pacto y debemos ir a nuestro Padre a través del ministerio mediador de Jesucristo, revelado en Su palabra. Debemos responder con fe, siendo dirigidos por la palabra de Dios en obediencia a Jesucristo.

No debemos seguir los dictados de una generación centrada en sí misma, orientada a la diversión y conducida por la demanda popular, que se reúne para adorar y contestar a la pregunta “¿Qué quiere usted hacer?”.

Dejemos que ellos adoren a Dios en la forma que quieran hacerlo; adoremos nosotros como Dios quiere que lo hagamos. El mayor problema del hombre es esta tendencia hacia la idolatría. Juan Calvino dijo: “El Dios humano es una fábrica de ídolos”. Produce ídolos de la misma manera en que la Compañía Ford Motor fabrica nuestros coches. Podemos convertir cualquier cosa en ídolos.

Necesitamos darnos cuenta de que nuestra adoración debe ser una respuesta a la revelación de Dios, y que debe ceñirse a la naturaleza de Dios porque ni el arte de los hombres, ni su imaginación pueden servir a la naturaleza divina. Él debe revelarse a Sí mismo. Adoramos según la prerrogativa de Dios.

En segundo lugar, adoramos en base a la provisión de Dios. Adoramos en base a la provisión de Dios. Y aquí nos encontramos con nuestro problema. Dios es santo y nosotros somos pecadores.

¿Cómo podemos, entonces acercarnos a este Dios santo, cuando nuestro pecado provocará inmediatamente en Dios la justa y santa respuesta de ira e indignación?

¿Cómo vamos a entrar a la presencia de Dios, en nuestra condición pecadora, si tan pronto como nos pongamos en la luz de Su santidad, seremos consumidos?

Nosotros merecemos justamente la sentencia de muerte que recayó sobre la raza humana, cuando nuestro padre Adán desobedeció a Dios y comió del fruto prohibido.

¿Qué tuvo que hacer Adán a causa del pecado? Tuvo que utilizar una hoja de higuera para intentar satisfacer su sentido de pecado y de culpa, y luego se escondió de la presencia de Dios. Esto es lo que leemos en Génesis tres, ocho, que Adán se escondió de la presencia de Dios.

Ahora bien, si se admite la adoración en la presencia de Dios, veremos inmediatamente que los hombres pecadores no son capaces de sentir el deseo de entrar a la presencia de Dios. Esto ocurre porque si entran a Su presencia, todavía unidos a su pecado, su conciencia les dice que tienen un gran problema. Entonces prefieren la hoja de higuera, prefieren permanecer escondidos.

Los hombres son capaces incluso de fabricar ritos religiosos para mantener a Dios alejado y convencerse a sí mismos de que Dios no los va a juzgar, que no hay problema con el pecado. La ira de Dios no existe. El infierno eterno tampoco existe. No hay castigo para el pecado. No existe la seguridad de que muramos.

Y los hombres han fabricado religiones creyendo la mentira de que no serán castigados por su pecado. Pero Dios viene a los pecadores y esto es lo asombroso porque ¿quién habría sabido esto?

¿Quién hubiera dicho que cuando Dios apareció en escena en Génesis tres, no venía a ejecutar el juicio final? Vino en gracia, y vino a comenzar en plan de salvación. Vino a rescatar el orden de la creación y a llamar a los dos pecadores para que volvieran a Él.

Vino a darles la promesa de una simiente que nacería a través de la mujer y que aplastaría la cabeza de la serpiente, aunque ésta le heriría en el calcañar. Por medio de esta semilla prometida, la muerte sería vencida.

El mundo, que ahora había sido sumergido en la muerte, el hombre que ahora volvía al polvo del que había salido, y toda la creación volverían a alinearse con Dios a través de esta semilla. Ella daría vida a un planeta y a un pueblo que habían muerto.

¿Cómo ocurriría esta redención? ¿Cómo se llevaría a cabo? Lo haría Dios al establecer una adoración aceptable por medio de los pecadores. Esto es lo que quiero que penséis y entendáis conmigo a estas alturas: que la salvación de los pecadores y la adoración aceptable se superponen y se convierten en una única y misma cosa.

La redención se convierte en adoración porque la provisión de Dios para salvar a los pecadores de la muerte, para salvarles del pecado, es la misma que la que Dios da para admitirles en Su presencia en adoración.

Ser admitidos en la presencia de Dios es ser salvos, es ser liberados de la muerte. Así pues, Dios hace una provisión. ¿Qué es lo que hace? En Génesis capítulo tres, versículo veintiuno:”Y el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió”.

El intento de Adán por resolver el problema del pecado no tuvo éxito. No era más que una tirita espiritual, una hoja de higuera. Era un ritual externo confeccionado por el hombre que no tuvo ningún efecto porque Dios es espíritu.

Poner un ritual externo entre usted y la ira de Dios no le va a poner a salvo de este santo Dios. Él debe proveer, Él debe cubrir nuestro pecado. Él debe resolver la cuestión de su vergüenza. Él debe tratar el tema de nuestra culpa.

Él debe satisfacer la sentencia de muerte que recae sobre nosotros por nuestro pecado. ¿Qué hace, pues? Toma a un animal, no a un hombre, pero algo que está vivo como el hombre. En hebreo “anefish hia” que significa otro ser vivo como el hombre, pero diferente a él, que tenga la vida en su sangre igual que el hombre.

Entonces, toma al animal y lo mata. Imagínese lo que pensarían Adán y Eva cuando vieron a Dios hacer esto. Niños, ¿os acordáis de la primera vez que os cortasteis, y visteis la sangre? ¿Qué es eso?

Imagine lo que Adán y Eva pensarían cuando se derramó la sangre del animal. Con la piel del cordero, Dios confeccionó una cubierta para tapar la desnudez de la piel de los dos. Con este acto les mostró lo que era necesario para que pudieran venir ante Su presencia.

Les proporcionó un sustituto que llevara la sentencia de muerte en nombre de ellos, cuya sangre fuera el testimonio de la purificación que necesitaban para cubrir su pecado. Dios también proporcionó la base para que pudieran venir con su pecado cubierto por el derramamiento de la sangre de un animal sustituto que llevó la pena de muerte en su lugar.

Por ese medio Dios ha permitido, desde ese momento y para siempre, que los pecadores entren a Su presencia bajo la única condición de que reconozcan su condición pecadora y la santidad de Él. Deben reconocer que Él tiene derecho a juzgarles por su pecado y que merecen la sentencia de muerte.

De este modo pueden venir delante de Dios, pero no por sus propias obras buenas, porque éstas son como trapos de inmundicia delante de este Dios. Han de venir confiando en la provisión del sacrificio y de la sangre derramada y la cubierta que Dios proporciona para ellos.

De esta manera, cuando entren a Su presencia confiando en el sacrificio que Él ha proporcionado, lo que están diciendo en realidad es:

“Tú eres Dios. Tú eres santo. Tú eres justo. Tú eres recto. Tú eres bueno. Tu ley debe ser obedecida. La honra debe ser para ti. Tú eres justo en la ejecución de muerte contra mí porque soy un pecador; soy un criminal; merezco la muerte, pero Tú ha proporcionado un sustituto para mí. Tú has aceptado la sangre de mi sustituto para que yo no derramara la mía. Tú has proporcionado a otro que muriera en mi lugar y yo me salvara de la muerte que yo merecía. Por eso, ahora conozco algo sobre Ti que no conocía antes: Tu gracia. Eres misericordioso. Eres un Dios de bondad. Eres un Dios de amor, ternura y paciencia”.

Esta fue la lección que Dios enseñó a Adán y Eva cuando los vistió, y es la lección que ha enseñado a Su pueblo redimido, desde entonces. Cuando Set clamó el nombre del Señor lo hizo por medio de un sacrificio. Cuando Noé entró al arca, supo lo bastante como para tomar a los animales que estuvieran limpios para poder presentar sacrificio a Dios. Esto fue antes de la ley mosaica.

¿Dónde aprendió esto? Lo aprendió por medio del acto de Dios. Lo aprendió por la revelación de Dios, acerca de Su regalo: un sacrificio aceptable. Cuando Dios llamó a Abram para que anduviese delante de Él y fuese irreprensible ¿cómo adoró Abram a Dios? Ofreciendo sacrificio, incluso hasta llegar Dios a poner a prueba la amistad de Abram y pedirle que ofreciera a Isaac en sacrificio. Con respecto a este punto, Jesús dice: “Vio mi día y se alegró.”

Abraham tuvo doce hijos. Durante su cautividad en Egipto crecieron como nación y fueron liberados de la esclavitud y reunidos en el Monte Sinaí. Allí, Dios hizo pacto con ellos y los convirtió en Su nación, y estableció que Él sería su Dios y moraría entre ellos.

¿Cómo podía un Dios santo vivir entre ellos? Esto es lo que hizo. Les dio un templo y en él habría un orden de sacerdotes elegidos por Dios, que tendrían el privilegio de entrar a la presencia de Dios para ofrecer sacrificio, la provisión de Dios.

Mientras ellos mantuvieran las ofrendas de sacrificio de sangre y reconocieran su santidad, Su justicia, su condición de pecadores y Su provisión de gracia, Él moraría con ellos y los guiaría a través del desierto, y viviría con ellos en la tierra prometida del descanso de su Día de Reposo.

Pero Israel no pudo permanecer fiel. Siguieron a los dioses de las naciones de su alrededor, y siguieron incorporando estilos de adoración pagana en la adoración al Dios vivo y verdadero. Y Dios les advirtió. Dios les rogó.

Envió profetas a los que ellos no escucharon, y Dios los disciplinó y los dejó llevar en cautividad. Allí aprendieron finalmente la lección de que hay un solo y único Dios. Los hizo regresar y, durante ese tiempo, los profetas comenzaron a pintar el retrato de la semilla que habían estado prometiendo, aquel que vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente.

Isaías lo presentó como el varón de dolores de Jehová. En el capítulo cincuenta y tres nos enteramos de que se trata del Mesías, que es el Hijo de Dios, y que se entregaría a Sí mismo como ofrenda de culpa, como sacrificio para justificar a muchos.

Y Dios hizo estas promesas por medio de los profetas y alentó la fe de Su pueblo y ellos esperaron la venida del Mesías prometido durante cuatrocientos años. Y entonces empezó a oírse una voz en el desierto: la de Juan el Bautista que gritaba a los que serían el remanente del pueblo, que se reunió al sonido de la voz del profeta que los llamaba a arrepentirse de sus pecados. “No me digáis quién es vuestro padre” —dijo— “que tenéis a Abraham por padre”.

Dios es espíritu y las cuestiones del verdadero pueblo de Dios son temas espirituales. Arrepiéntase de sus pecados y ponga su confianza ¿en quién? “He aquí el cordero que quita el pecado del mundo.” Allí, a orillas del Rio Jordán, aquel que les había sido prometido a Adán y Eva en el Jardín.

Era la semilla prometida que resolvería la cuestión de nuestro pecado; que quitaría nuestra culpa; que vencería a la propia muerte muriendo en nuestro lugar; el Cordero que había sido representado por los miles y cientos de miles de corderos cuya sangre había sido derramada sobre los altares del templo judío.

Aquí, el Cordero perfecto ha venido y ha vivido la vida que nosotros nunca habríamos podido vivir, y murió la muerte que nosotros merecíamos como provisión de Dios para nosotros por nuestro pecado. Este es el don de Dios para los pecadores.

De este modo, en unión con Cristo Jesús somos admitidos ahora en la presencia de Dios. Estamos unidos a Él por la fe, creemos en la virtud de Su obra en la cruz, y somos limpios por esa sangre que fue derramada para propiciar la ira de Dios, con el fin de apaciguar la santa ira de Dios y su justicia contra nosotros.

De manera que cada vez que clamemos a Su nombre en oración privada, en los devocionales en familia, o en la adoración corporativa, nuestra confianza no estará en nuestras oraciones, sino en Jesucristo. Ahora venimos ante Él unidos a Jesucristo; con Él nos mantenemos en pie por fe, y confiamos en Cristo crucificado.

¿Por qué? Porque en Cristo crucificado soy aceptado delante del Padre; porque en Cristo estoy delante de mi Dios y le digo: Eres santo, eres justo, eres bueno. Tu ley es perfecta y no puede transigir, y la sentencia de muerte que Tú has ejecutado sobre mí en mi pecado es absolutamente justa y perfecta.

No puedo debatir ni discutir. Merezco la muerte. No merezco el privilegio de estar ante Tu presencia, pero Tú me has dado la base sobre la que puedo clamar a Tu nombre. Estoy delante de Ti en unión con mi Cristo; mi Rey; mi Cordero; mi sacrifico; Aquel que me amó y se entregó a Sí mismo por mí.

Tú me has dado ese don; no vengo aquí basándome en mis propias obras. Tú has venido a mí y me has dado el don de mi salvador y mi Cordero, cuya sangre ha sido derramada para que mi pecado fuera cubierto y yo pudiera estar de pie, con el crédito de Su obediencia.

Su justicia y Su muerte han pagado la penalización de mi pecado. Merezco ir al infierno, pero en vez de esto Tú me has permitido ir a la cruz. Como pecador, estas son nuestras dos únicas opciones. Como pecador, esta es la única alternativa: o va al infierno o va a la cruz porque estos son los dos únicos lugares donde la ira de Dios queda satisfecha contra usted en su pecado.

El don de Dios, la provisión de Dios, cuya prerrogativa dicta cómo debemos venir a Él, nos son dados por el Señor Jesucristo Quien murió por nuestro pecado y murió llevando la ira de Dios contra nosotros. El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esta es la esencia de la adoración del nuevo pacto. Esta es la base de la adoración del nuevo pacto.

Amigo mío, en Apocalipsis capitulo 5 y versículo nueve, los redimidos cantan un nuevo cantico “Digno eres tu Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación”.

¿Puedes verlos? Hispanos, chinos, indios, brasileños, un par de irlandeses, toda tribu, lengua, pueblo y nación alabando para siempre a Dios ¿en base a qué? En base a la sangre de Jesucristo que fue derramada.

Ahora seremos admitidos para siempre en la presencia de Dios para adorarle, por causa del Cordero; por Su provisión; por la sangre que fue derramada para que los pecadores no tuvieran que ir al infierno. Ahora son admitidos en la presencia de Dios y tienen la vida eterna.

De manera que la adoración es siempre un ejercicio de fe en la revelación de Dios, sobre la base del sacrificio proporcionado por Dios en Jesucristo. Como veis, el cristianismo es una religión de pecadores.

Si no eres un pecador convencido de serlo, en la presencia de Dios, el cristianismo no es para ti. Necesitas otra religión. Necesitas una religión para gente justa que es básicamente cualquier otra religión que no sea cristianismo. Halagará tu orgullo y arrogancia.

El cristianismo es una religión para pecadores, una religión para los que vienen delante de Dios diciendo: sé que soy un pecador y que merezco tu muerte, mi muerte, pero me has dado la provisión de Cristo y sobre la base de esa sangre derramada y voy ser valiente.

Voy a tener valor. Voy a venir realmente ante la presencia del Santo Dios, confiando en el sacrificio de Jesucristo y por la virtud de Jesús no voy a ser consumido por la ira de Dios. Voy a ser amado. Voy a ser amado con un amor que se le da a Jesucristo. Voy a ser amado como si yo fuera el Hijo, porque estoy en el Hijo y soy aceptado en el Hijo, bendito en el Hijo y se me ha concedido la herencia del Hijo.

¿Lo entendéis? Porque la adoración no solo es para los pecadores. La adoración es para los pecadores salvos. La adoración es para los que han sido redimidos por la sangre de Jesucristo. Por este motivo, la adoración no es primeramente el evangelismo. Es esencialmente la celebración del que es salvo, en la presencia de su salvador. Es para los que son redimidos en la sangre de Jesucristo.

Cuando Jesucristo dijo en Juan catorce, seis: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.” No estaba hablando solamente sobre la salvación. También está hablando de la adoración.

La salvación y la adoración se superponen porque sólo los que son aceptados en la presencia de Dios, para darle Su adoración, son los que están en unión con Cristo como pecadores salvados. Ningún hombre entra en la presencia del Padre excepto por Jesucristo.

¿Cree usted esto? ¿Está usted dispuesto a ser odiado por esto? ¿Está preparado para ser aislado por causa de esto? ¿Está dispuesto a ser perseguido? Porque el mundo pensará que es usted un arrogante por causa de esto.

El mundo pensará que usted es muy, muy intolerante a causa de esto, porque usted tiene la audacia de creer en Jesús solamente, en la grada de Dios solamente; solo por fe, para la gloria de Dios solamente, como lo revela la Biblia solamente.

Las religiones del mundo, las idolatrías del mundo no serán muy tolerantes con los que dicen que ningún hombre puede entrar a la presencia del Padre sino es por medio de Jesucristo. Si usted cree que tiene el privilegio de adorar, tiene el privilegio de estar en la presencia de Dios, en la presencia de Cristo y, por lo tanto, también llevará el odio del mundo.

Porque tan seguro como que Caín se levantó y mató a su hermano Abel porque Abel y su adoración fueron aceptados, y Caín y su adoración no lo fueron. Así también el linaje de Caín ha perseguido a la descendencia de Abel desde entonces.

Y conforme se acerca el día, la lucha se intensificará ya que es donde el diablo ataca a la iglesia. Satanás quiere que seas transigente con tu adoración. ¡Introduce algunas prácticas paganas en tu adoración! ¡Se creativo! ¡Utiliza tu imaginación! ¡Empieza a traer novedades q tu adoración!

¿Porque tienta Satanás a la iglesia para que haga esto? Porque si empiezas a ofender a Dios en Su propia casa, si empiezas a ofender a Dios en Su propia adoración Él se apartará de ti. Se pondrá detrás de ti y si Dios ya no mora en medio tuyo, perderás la batalla espiritual por tu alma.

Satanás sabe, igual que hizo por medio del consejo de Balaám, que si puede conseguir que transijas en la adoración entonces acarreará la disciplina de Dios sobre ti y te hará vulnerable en el campo de batallas. Le robará el honor a Dios.

Tu fuerza mayor está en que Dios mora en medio de ti. Tu gran victoria es que Dios mora en medio de tí. Dios mora entre Su pueblo salvo que Le adora. No Le ofendas en su adoración. No Le ofendas mientras clamas a Su nombre. Nuestro Dios, el Dios del nuevo pacto, en hebreos doce veintiocho y veintinueve, nuestro Dios es fuego consumidor y los que Le adoran deben hacerlo con reverencia y temor.

La iglesia es un templo, no es un patio de recreo. Es un templo para que more el Dios vivo. ¡No entristezcas al espíritu! ¡No apagues el espíritu! ¡No ofendas al Dos vivo! ¡No hagas que se ponga detrás de ti, sino ven a él confiando en la provisión de Jesucristo y el morará en medio de ti y será tu fuerza; y será tu vida; y será tu victoria; y te enseñará a ir por el camino del Cordero!

Y en todas estas cosas seréis más que vencedores al vivir con Cristo y adorarle. Él es el Cordero de Dios, la provisión para los pecadores para que puedan entrar a la presencia del Dios santo. ¡Que Dios nos de sabiduría y discernimiento en estos días para que podamos adorar al verdadero Dios y que podamos hacerlo de verdad! ¡Amén!

Oremos: Padre de gracia, oramos esta noche que tu Espíritu se haya complacido en tomar algo de lo que se ha dicho de la palabra, algo que se haya dicho en la predicación y que lo confesemos en nuestro corazón que los que estén aquí esta noche y que no sean convertidos, puedan entender que su sensibilidad espiritual y su religiosidad apartada de Cristo es ofensiva para Tu Padre, obra por tu espíritu para glorificar a Cristo como único sacrifico suficiente para los pecadores, y enséñanos a tu pueblo a ejerce la fe en él para que no confiemos en nuestros propios métodos, que no confiemos en trucos, y que no seamos incitado e este día de confusión a incorporar novedades y creatividades en la adoración a Dios.

Padre nuestro, queremos venir a tu presencia ciñéndonos a tu prerrogativa, según tu revelación, adaptándonos contiguo que eres el Dios que es espíritu. Convéncenos de estas cosas y danos valor para estar firmes por estas cosas en nuestro tiempo.

Concédenos que en unión con el Cordero de Dios, no solo podamos adorar sino que estemos dispuestos a vivir y morir para gloria de Su santo nombre. Que juntos, nosotros, hombre, y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación podamos reunirnos alrededor de ese trono y cantar:

“Digno es el cordero cuya sangre ha redimido a su pueblo”. Alabado seas tú el Dios de gracia que nos ha dado a Jesucristo, la provisión de nuestra salvación y nuestra adoración eterna a tu santo nombre. Magnifica a Cristo en medio de nosotros esta noche, te lo suplicamos, Amen.

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2008 Pastors’ Conference | Worship I: The Supreme Duty

La obligación suprema

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La obligación suprema

Es un privilegio para mí estar con ustedes esta noche y estudiar juntos la Palabra de Dios.

Consideraremos el tema de la adoración de nuestro Dios.

De todas las tareas, de todas las obligaciones, de todas las demandas y presiones que están sobre ustedes a lo largo del curso de la vida, ¿cuál es la más importante?

¿Cuál es esa obligación suprema y más importante que destaca sobre todas las demás obligaciones? Quizá muchas cosas comiencen a agolparse en sus mentes; piensan ustedes en la importancia de mantener su salud, en cuidar de sus hijos, en cumplir con las demandas del trabajo y de las responsabilidades de su puesto, o quizá sus mentes tiendan a valores más trascendentes.

¿Qué podría ser más importante que cuidar de la tierra e interesarse por la ecología? O quizá el cese de la guerra, la lucha contra el hambre y la pobreza, corregir las injusticias, quizá esas cosas vengan a sus mente como cosas que son, sin duda alguna, personalmente importantes, universalmente importantes.

Pero espero que, como pueblo de Dios, cuando les hagan la pregunta: ¿Cuál es el mayor bien? ¿Qué es lo más valioso? ¿Qué cosa es extremadamente importante? comiencen a pensar en términos de los mandamientos de Dios: que no tengan ningunos otros dioses delante, que no se hagan para ustedes mismos una imagen grabada, que no tomen el nombre del Señor su Dios en vano, que se acuerden del día de reposo para santificarlo.

Ciertamente, la primera tabla de la ley prescribe para nosotros lo que es de suprema importancia, porque nuestra obligación hacia Dios es lo que tiene importancia suprema. Antes de que se nos enseñe que debemos honrar a nuestro padre y a nuestra madre, que no debemos matar, que no debemos cometer adulterio, que no debemos robar, que no debemos dar falso testimonio, que no debemos codiciar, de suprema importancia es lo que se resume como amor a Dios.

Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Amar a Dios es la empresa de suprema importancia para nosotros, que somos creados a imagen de Él y redimidos por la sangre de Cristo.

Es lo que debemos hacer con toda nuestra mente, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas; es la suprema obligación que está sobre nosotros, un amor que se expresa por la obediencia a la ley de Dios, y, en particular, ese mandato que nos obliga a adorar al Señor como nuestro Dios.

Quiero darles, a ustedes y a los hermanos que están aquí como pastores, cuatro sermones a fin de estudiar temas relacionados con la adoración eclesial colectiva, con la adoración del pueblo de Dios reunido.

No voy a hablar sobre nuestra adoración privada y personal a Dios ni sobre nuestra adoración familiar a Dios, sino concretamente sobre la adoración de la Iglesia de Cristo, la adoración a Dios colectiva, y este es un tema sobre el que se debate y se habla mucho, un tema en el cual muchos son creativos e innovadores, un tema en el cual existe mucha confusión, pero espero que, por la gracia de Dios, este estudio sobre el tema de la adoración ayude a aclarar en nuestras mentes algunos de los asuntos primordiales, algunos de los principios importantes que se derivan de nuestras Biblias con respecto al tema de la adoración colectiva.

Esta noche quiero abordar cinco preguntas que conciernen a nuestra prioridad en cuanto a la adoración de Dios, y la primera pregunta es esta: ¿Qué es adoración?
¿Qué es adoración?

Bien, adoración significa dar a Dios honor, alabar a Dios, otorgarle a Él suprema dignidad y valía. En la adoración, la iglesia se acerca a Dios según los mandamientos de Él, apoyándose en su gracia que nos es dada en el sacrificio de Jesucristo.

Nos acercamos a Dios y Él se acerca a nosotros. Él se reúne con nosotros como pueblo suyo, y Él viene a nuestra asamblea a fin de alimentarnos y darnos una experiencia, la experiencia de ser amados por Dios.

Adoración es la comunión del pueblo adorador de Dios con su Dios amoroso, quien se reúne personalmente con su congregación reunida. Adoración no es esencialmente evangelismo. Adoración no es esencialmente y principalmente edificación. Adoración es una empresa esencialmente enfocada en Dios y dirigida a Dios.

Edificación y evangelismo son subproductos del principal enfoque de la adoración, de modo que, si un hombre no convertido o sin instrucción entra en la asamblea, y todos están profetizando, prestando su atención a la lectura de la Palabra de Dios, él se quebrantará al ser sacados a la luz sus pensamientos; él se quebrantará y dirá de la verdad: “Dios está entre ustedes. Dios está entre ustedes”; y no: “¿Ven mi tarjeta de visitante? ¿No ven que estoy aquí?”. No; Dios está entre ustedes. Ese es el enfoque de la adoración.

Edificación y evangelismo son subproductos de la principal empresa: que acudamos a dar adoración y alabanza a Dios como su familia de redimidos, quienes, cuando nos reunimos, somos edificados como un templo santo, como piedras vivas conectadas a una morada de Dios en el Espíritu, y llegamos a su presencia, y Él se nos da a conocer, revelándose a sí mismo por su Espíritu mediante su Palabra, una palabra que glorifica a su Hijo: nuestro Señor Jesucristo.

El principio se expresa sencillamente en Santiago, capítulo cuatro y versículo ocho. Yo ya he expresado el principio; ahora quiero que ustedes lo vean en Santiago cuatro, versículo ocho:

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”.

En nuestra adoración somos a la vez activos y pasivos. Nos acercamos a Dios como respuesta a su llamado, como respuesta a su convocatoria. Como respuesta a la invitación de Él, nos acercamos como nación de reyes sacerdotales que acuden a ofrecerle a Él sacrificio espiritual de alabanza y de acción de gracias; y cuando nos acercamos a Él, Él se acerca a nosotros. Y por su Espíritu, mediante su Palabra, Él mora en medio de nosotros.

Oímos su voz mediante la locura de la predicación, y vemos la demostración de su gracia hacia nosotros en el evangelio cuando practicamos las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena: la familia de Dios teniendo comunión con Dios como su Padre.

En Efesios, capítulo dos, hemos de entender que la adoración del nuevo pacto está definida por la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En Efesios dos, versículo dieciocho, leemos, hablando de Cristo:

“Porque por medio de él los unos y los otros”, o sea, los judíos y los gentiles, “tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.

Por medio de Él, Cristo, nosotros (los redimidos) tenemos acceso en un Espíritu al Padre, para que ya no seamos extraños y extranjeros, sino ciudadanos con los santos y miembros de la casa de Dios, de la familia de Dios, habiendo sido edificados en el fundamentos de los apóstoles y profetas, Cristo Jesús mismo siendo la piedra angular sobre la que todo el edificio se levanta, creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien también ustedes están siendo edificados para ser morada de Dios en el Espíritu.

La iglesia es un templo santo, el lugar de la morada de Dios en la tierra, y nuestra adoración está definida por el Dios a quien adoramos, el trino Dios: Padre, Hijo y Espíritu. Así, nos acercamos al Padre, clamando Abba Padre, por el Espíritu Santo, a través del ministerio mediador de Jesucristo.

Estamos capacitados para adorar porque hemos sido regenerados por el Espíritu. Estamos vivos para Dios por el Espíritu, y nuestra adoración es aceptada por medio de la obra mediadora de nuestro gran Sumo Sacerdote, sobre cuyo sacrificio está basada nuestra adoración; y acudimos a nuestro Padre, que depositó su amor sobre nosotros desde la eternidad, y nos llamó a Él.

Adoración es la comunidad del pueblo que Dios ha salvado. Adoración es acudir delante de Dios que es espíritu, el Dios verdadero. Por tanto, nuestra adoración es en espíritu y verdad, y acudimos a nuestro Padre como hijos e hijas redimidos, una comunidad, comunidad con Dios.

Por tanto, hemos de entender que la esencia de la adoración ―lo que es la adoración―, la esencia de la adoración es la experiencia de Dios morando entre nosotros. Es la experiencia de ser el pueblo de Dios congregado en la presencia de Dios.

Adoración es el cumplimiento de la promesa del pacto que se repite a lo largo de la historia de la redención, la esencia del compromiso de Dios con su pueblo: Yo seré su Dios; ustedes serán mi pueblo, y moraré entre ustedes.

Esa es la esencia de la adoración: vivir con Dios, vivos para Dios, amando a Dios y siendo amados por Él, y en ese amor ser transformados a la semejanza de Dios, para que reflejemos la imagen de su Hijo, para que seamos conformados según Cristo Jesús. ¿para qué? Para que Él pueda ser revelado como primogénito entre muchos hermanos. Nuestra adoración se solapa con nuestra salvación y no es sino una degustación de nuestro destino y gloria eternos: vivir con Dios.
¿A quién adoramos?

Segunda pregunta: ¿A quién adoramos? Bien, regresemos a la revelación de Dios al pueblo del antiguo pacto. Éxodo capítulo veinte, Éxodo capítulo veinte, leyendo desde el versículo uno al versículo tres:

“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí”.

Adoramos al único Dios verdadero, adoramos al Creador de los cielos y la tierra, adoramos al Salvador del pueblo de Dios, adoramos al Juez de la tierra, adoramos al Señor, Jehová, Yahweh, Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de Israel, su pueblo escogido y amado.

Hay muchos dioses y muchos señores en este mundo. Pablo nos dice, en Primera de Corintios capítulo ocho, esta verdad; hay muchos dioses, muchas deidades rivales. “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. ¿Por qué dice Dios esto? Porque el hombre, si no adora al Dios verdadero, adorará a dioses falsos. Y Pablo nos dice, en Primera de Corintios ocho, versículo cuatro:

“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”.

Este es el trino Dios, el único Dios verdadero, y nosotros adoramos al Dios verdadero, adoramos al Dios de la Biblia, y cuando nos reunimos invocamos su nombre, y nos acercamos a Él en la luz de su Palabra, esa Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros, esa Palabra que es el Hijo de Dios encarnado: Jesucristo.

Adoramos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Adoramos a Jesucristo, y con Tomás, con alegría nos postramos ante sus pies y exclamamos: “Dios mío y señor mío”. No estamos interesados en juntarnos con religiones que no confiesen que “Jesús es el Señor”, porque si Jesús no es el Señor, estaremos adorando a un dios falso.

Hay muchos dioses, y hay muchos señores, y hay muchas confesiones de deidad. Nosotros confesamos: “Jesús es el Señor”. Nosotros confesamos: “Jesucristo es el Hijo divino de Dios, el Hijo del hombre”. Muchas voces nos dicen hoy que nosotros, como cristianos, realmente adoramos al mismo dios que los judíos, al mismo dios que los musulmanes. Todos somos hijos e hijas de Abraham, según nos dicen.

Jesús dijo:

“Abraham vio este día y se regocijó”.

Si a mí me dicen que yo adoro al mismo dios que los musulmanes y los judíos, entonces mi pregunta es: ¿están ahora los musulmanes y los judíos confesando a Jesús como el Señor? Porque ese es el Dios al que yo adoro. No me interesa subirme a una plataforma y abrazarme con todos los religiosos que se postran ante este dios, y ese otro dios, y esta religión, y afirman tener cierto tipo de pseudo unidad. Donde yo me uno con mis hermanos y hermanas es en la común confesión de que Jesús es el Señor, de que Él es nuestro Dios, y nosotros somos el pueblo de este Dios revelado en Jesucristo.

Nosotros no adoramos dioses inventados por nosotros mismos. No adoramos a Mamón, ni el poder, ni adoramos el placer. Existen tantos dioses, que somos tentados a querer que sea un dios quien no lo es; somos tentados a querer adorar a un dios inventado, un dios moldeado por nosotros, un dios popular de esta era presente.

Pero decidimos no adorar a un dios inventado, un dios falso, un dios fabricado, sino que adoramos al Dios verdadero, al Dios que es, cuyo nombre le fue revelado a Moisés en Éxodo tres: Yahweh, “Yo soy”. El Dios que es, el Dios que es el Dios verdadero, ese es el Dios al que adoramos.
¿Por qué adoramos?

Tercera pregunta: ¿Por qué adoramos? Y respondo a esta pregunta con la siguientes respuestas. En primer lugar, porque Dios merece nuestra adoración, merece ser adorado. Conocerlo, obtener una vislumbre de su gloria, nos impulsa a adorarlo porque es digno y merecedor de ello. Él es valiosísimo, y se merece ser alabado y adorado.

En nuestra lectura bíblica, leemos en Apocalipsis capítulo cinco, y les pido por favor que vayan de nuevo a ver a Aquel que es digno. Leyendo en el versículo doce, las palabras de esta alabanza que rinde toda la creación de Dios, ángeles, hombres, toda la creación de Dios, y ellos cantan en voz alta:

“El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir:

Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron”.

No existe nadie en ningún lugar que merezca más nuestra alabanza que nuestro Dios glorificado en el Cordero sobre el trono. Registren el universo, los cielos; busquen por la superficie del planeta, vayan debajo del mar; analicen toda la historia de la humanidad; traigan a los mejores hombres de cada época de la Historia, y todos ellos no tendrán más remedio que arrodillarse y confesar: “Jesucristo es el Señor”, para la gloria de Dios nuestro Padre. Sólo Él es digno de abrir los sellos, de recibir gloria y alabanza de toda la creación.

Sólo Él es Dios. En palabras de Isaías, en el capítulo cuarenta y cinco, Él es digno de ser adorado porque no hay otro Dios al que adorar. Leemos en Isaías cuarenta y cinco, versículo veintiuno:

“Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua”.

Toda rodilla se postrará, toda lengua confesará. Estas palabras fueron retomadas por el apóstol Pablo en Filipenses dos, asociadas proféticamente con Jesucristo: que en el día de su gloria manifestada, nadie estará en pie salvo Él mismo, porque nadie es digno sino Él.

¿Por qué adoramos? Porque Él merece ser adorado. En segundo lugar, porque Dios nos creó para adorar, somos criaturas adoradoras. ¿Cuál es el principal fin del hombre? La respuesta más corta del catecismo: “El principal fin del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él eternamente”. Ustedes fueron hechos para glorificar a la Deidad.

Ustedes son, por definición, portadores de la imagen de Dios. Ustedes están hechos para reflejar deidad, están hechos para reflejar a Dios. Por naturaleza, ustedes están orientados hacia el Dios que les hizo. Fueron creados para adorarlo, para glorificarlo.

Ustedes fueron creados para ser adoradores. Aquí, en Isaías capítulo cuarenta y cuatro, leyendo desde el versículo dieciséis y diecisiete, Isaías describe la necedad de la idolatría, la insensatez de un hombre que llega a un bosque, corta un árbol y se lleva parte de la madera y hace una fogata para cocinar su comida, y luego toma la otra parte de la madera y talla una pequeña estatua, le llama su dios y comienza a postrarse ante ese trozo de madera.

Miren cómo está descrito aquí, en Isaías cuarenta y cuatro, versículo dieciséis:

“Parte del leño quema en el fuego; con parte de él como carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo:

Líbrame, porque mi dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y s corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?”.

Acérquese hasta ese hombre y dígale: “¿Por qué está haciendo esto? Ahí está, postrándose ante un trozo de madera. Tóquelo en el hombro: “¿Por qué está usted haciendo esto? ¿Por qué se postra ante este trozo de madera? ¿Qué le ocurre?”. ¿Cuál es la respuesta?

Él no la sabe, fue creado para adorar, y si no adora al Dios verdadero, adorará cualquier cosa, adorará todo lo que se encuentre. Y tiene que adorar algo porque fue creado a imagen de Dios, y si está separado de Dios, caerá en la idolatría, porque fue creado para ser un adorador.

¿Por qué adoramos? Dios es digno; fuimos creados para adorar y, en tercer lugar, porque Dios nos salvó para adorarlo. En Éxodo capítulo tres, ya lo vimos antes, donde Dios revela su nombre como el Dios que existe: no hay otro Dios; Él es el Dios que existe. Y en Éxodo capítulo tres, Dios le da a Moisés la razón de la redención de su pueblo de Egipto, lo cual leemos en el versículo doce:

“Y él respondió: Vé, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte”.

Y luego Moisés va al encuentro del faraón y repetidamente le dice que debe dejar salir al pueblo de Dios. ¿Por qué? Porque Dios les había emplazado en el monte Sinaí, donde le ofrecerían sacrificio de adoración, y Dios establecería un pacto con ellos y les haría una nación apartada para Él.

Serían redimidos por medio de la sangre del cordero pascual, liberados de la esclavitud de los ídolos de Egipto y sacados de esa oscuridad para salir al lugar de la presencia de Dios. Y allí, con Dios, ellos le adorarían. Por eso han de ser salvos, faraón, porque Dios desea ser adorado, y a aquellos a quienes salva, los salva con el propósito de darle adoración.

Este pueblo después fue constituido una nación, y fueron una nación liberada, y recibieron una bendición especial, la bendición de la morada de Dios en medio de ellos. Dios les estableció el complejo del templo y todo el sacerdocio y los sacrificios, y todas las ceremonias de los días de reposo, y todas las regulaciones que aseguraban que el Dios santo pudiera morar en medio del hombre pecador al proveerles los medios y los recursos para la expiación de sus pecados, para que su promesa de pacto fuera cumplida:

“Yo soy tu Dios, y tú eres mi pueblo, y habitaré en medio de ti”.

Yo les salvé para que pudieran adorarme, para que pudieran conocer mi morada. En el nuevo pacto se aplican los mismos principios. Somos salvos para adorarle. Son una nación santa, un pueblo que es posesión de Dios, un real sacerdocio. Ustedes, reunidos en la presencia del Dios viviente, no para ofrecer sacrificio de sangre, sino para ofrecer sacrificio de alabanza espiritual y acción de gracias a Dios. Ustedes son un templo, la morada de Dios, y su esperanza es ser para siempre parte de la morada eterna de Dios, el templo de Dios.

En Apocalipsis capítulo veintiuno, Juan ve descender la ciudad celestial, y tiene una forma muy poco usual en esta visión apocalíptica. Se parece a un cubo inmenso, la misma forma del arca del pacto que fue colocada en el centro del lugar santísimo en el templo, el lugar identificado como la presencia de Dios morando entre su pueblo, Dios ahora vencedor. Esta imagen de la ciudad, este lugar de morada comunal, con Dios haciendo de la totalidad del cosmos que Él creó su lugar de morada donde habitará con su pueblo para siempre, y donde le adoraremos por la eternidad viviendo y amando a nuestro Dios. Él nos salvó para adorarlo.

¿Por qué adoramos? En cuarto lugar, porque Él quiere que lo hagamos. Alguien podría decir: “Es que yo voy a una iglesia amigable con quienes buscan”. Y todos ustedes también. En Juan, capítulo cuatro y versículo veintitrés, el buscador al que usted trata amigablemente es Aquel que está buscando su adoración. Juan, capítulo cuatro, versículo veintitrés:

“Mas la hora viene ―dice Jesús―, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

Ahí está el buscador que acude a la congregación: el Padre que busca adoración en espíritu y verdad. Dios quiere que le adoremos, y que lo hagamos con la vitalidad de un encuentro espiritual. Él quiere que le adoremos de acuerdo a la provisión de su verdad, esa verdad que se hizo carne y habitó entre nosotros: Jesucristo.

Él quiere que le adoremos, Él desea nuestra adoración, y nos dice que la adoración es muy, muy importante. Es tan importante que eso es lo que Dios quiere. Eso es lo que Dios quiere, quiere adoración, verdadera adoración; eso es lo que Él busca de los hombres.
¿Dónde adoramos?

Adoramos porque Dios es digno de adoración; adoramos porque Dios nos creó para adorar; adoramos porque Dios nos salvó para adorar; adoramos porque eso es lo que Dios quiere de nosotros. Él quiere su adoración. Cuarta pregunta: ¿Dónde adoramos? ¿Dónde adoramos? Y nuevamente, en Juan, capítulo cuatro, el pasaje que tenemos delante de nosotros, leyendo desde el versículo veinte al versículo veintiuno, la mujer en el pozo dice:

“Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”.

Ven, en el antiguo pacto, el lugar de la adoración era crucial porque la presencia de Dios estaba localizada en su presencia en el templo en Jerusalén, pero ahora, en el nuevo pacto, Jesús dice que el lugar geográfico ya no es algo relevante. Ya no será ni en Gerasene ni en Jerusalén. De hecho, Él nos dice que dondequiera que su pueblo se reúna e invoque su nombre, ahí estará Él, ahí acudirá, y su lugar de asamblea será el lugar donde Dios sea adorado.

Como ven, la respuesta a la pregunta ―dónde debemos adorar a Dios― fue respondida hace mucho tiempo en Deuteronomio doce, versículo cinco. ¿Dónde debemos adorar a Dios? Deuteronomio doce, cinco:

“Sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis”.

Ese es el lugar donde, el lugar que Dios escoja, el lugar donde Dios identifica su nombre, y el lugar donde a Dios le agrada ir. Ese era el lugar en el antiguo pacto. Era el complejo del templo en Jerusalén, pero en el nuevo pacto, en Mateo, capítulo dieciocho, las cosas ahora han cambiado.

Como pueden ver, no se trata ya de un lugar geográfico específico, ya no era que ese lugar en concreto de alguna manera tuviera un significado mágico en sí, como si la tierra allí fuera diferente del resto de la tierra en cualquier otra parte del mundo. Lo que hacía a ese lugar en el antiguo pacto tan distintivo y especial era el hecho de que Dios mismo diseñó y se propuso colocar su lugar de adoración allí.

Su presencia allí era lo que hacía santo a ese lugar. No era el lugar en sí, sino la presencia de Dios en ese lugar. Y era allí donde le agradaba habitar, donde le agradaba identificar su nombre, donde le agradaba recibir a todos los pecadores que acudían a su presencia, que se habían apropiado de la provisión hecha por medio del sacrificio de sangre y la mediación sacerdotal.

Pues bien, el mismo principio se aplica en Mateo dieciocho, leyendo en el versículo veinte: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Es lo mismo que Dios le dijo a Israel en Deuteronomio doce, cinco. Ese lugar ahí, donde pongo mi nombre, reunidos en mi nombre, ahí estaré, y moraré en medio de ustedes. ¿Dónde está ese sitio ahora? Donde dos o tres discípulos unidos de corazón y llenos de fe invoquen EL NOMBRE.

Ahí Dios acude y se agrada de hacer de esa asamblea el lugar santo de su morada. No es la tierra, ni el suelo, ni la montaña, sino las piedras vivas que se juntan para hacer el templo de la morada de Dios, ahí, por su confesión de fe, por su creencia y confianza en el nombre que es sobre todo nombre dado en esta era o en la venidera, el nombre de nuestro Señor Jesucristo; ahí, Jesús dice, yo estaré.

¡Miren! Yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos ―con quién―, con ustedes mis discípulos de cada tribu, lengua, raza y nación que han sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que ahora se congregan para ser enseñados en las cosas que yo les he mandado, y cuando invoquen mi nombre yo estaré allí, porque ustedes son mi templo, el lugar donde yo habito y magnifico mi nombre.

Rechazamos la idea de un lugar santo, una tierra santa, una ciudad santa. Nosotros no vendemos entradas al final del servicio para pedirles que hagan una peregrinación a Jerusalén. No necesitamos ir a Jerusalén para experimentar la presencia de Dios.

Creer en el Señor Jesucristo e invocar su nombre hará que Él esté con nosotros ahora mismo, en este mismo lugar. No necesitamos peregrinajes a la Meca, ni tenemos que ir a los Grandes Rápidos de Michigan, que tengo entendido que le llaman la Jerusalén de los Estados Unidos; dicen que si se va un domingo por la mañana a los Grandes Rápidos de Michigan es muy probable que sea atropellado por el autobús de alguna iglesia.

Nosotros somos un pueblo que en sí somos el lugar de la morada de Dios. ¿Saben lo que es un templo? Una intersección es el lugar donde dos caminos se encuentran y se unen. Eso es un templo: la intersección entre el cielo y la tierra, el lugar donde el cielo se cruza con la tierra.

Así que, cuando nos reunimos, nos reunimos en la tierra, pero las cosas que hacemos en el templo se llevan a cabo también en el cielo, porque el templo es la intersección; y lo que hacemos como templo, nuestras oraciones, nuestra alabanza, nuestra adoración sentida, no se queda entre estas paredes, ni se queda dentro de nuestros cuerpos, sino que se eleva como un incienso aromático agradable ante el Señor Dios, que está sentado en su trono en el verdadero templo, no en un tipo ni en un dibujo, no en un habitáculo terrenal, sino en el lugar de la verdadera morada de Dios.

En Hebreos, capítulo doce, el escritor contrasta el lugar de la adoración del Antiguo Testamento con el lugar del Nuevo Testamento. En Hebreos doce, versículo dieciocho: “Porque no os habéis acercado al monte”; lo ven ¿dónde adoramos? No aquí,

“No os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando”.

Ese no es el lugar al que han venido. No han venido al monte Sinaí, no, versículo veintidós:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Se han acercado a la presencia de Jesucristo en el cielo; ahí es donde se lleva la adoración, es ahí donde se oye su alabanza, y es ahí donde sus oraciones suben como un dulce aroma de incienso ante Dios. Ustedes se reúnen en la tierra, pero se reúnen como un templo, y un templo es la intersección del cielo y la tierra, y lo que hacen en el templo se desarrolla en la presencia del Dios del cielo.

¿Donde se adora? Se adora en todos los lugares del planeta. Me encanta pensar en la mañana del día del Señor de todos nuestros hermanos y hermanas que ya se han reunido. Oramos por estas preciosas personas, y pienso en ellas.

Y ya, cuando me estoy levantando para ir a adorar con nuestra gente aquí en Nueva Jersey, nuestros queridos hermanos en Nueva Zelanda están terminando el día del Señor y ya han estado adorando. Nuestros queridos hermanos en las Filipinas… y continúo desde el horario del Pacífico y sigo por todo el oeste, y pienso en todos los hermanos y hermanas por los que oramos en China, y en todo el Oriente Medio, y por toda Europa, y a lo largo de África, y por toda la Europa occidental, luego cruzo el Atlántico y la adoración estalla de nuevo cuando alcanzo las costas del este y bajo hasta Brasil, y continúo por todo el medio oeste hasta llegar a California y Hawai, y durante todo el día toda esta alabanza de todos los templos vivientes se está alzando y uniéndose en alabanza a Dios, en el trono celestial.

¿Dónde adoramos? En todas partes. ¿Dónde adoramos? En su presencia. ¿Dónde nos unimos como una Iglesia universal? En su presencia.

Puede que sólo seamos aquí dos o tres, pero realmente estamos cantando en un gran coro porque nuestras voces se unen con las voces de los hombres justos hechos perfectos, y los ángeles en las alturas, y las miríadas de miríadas, y en la gloria de Cristo, su magnificencia en su presencia. Así que aunque seamos sólo dos o tres, veinte o treinta, cantemos lo más alto que podamos y llevemos nuestras voces ante el trono. ¿Dónde adoramos? En la presencia de nuestro Rey.
¿Cuándo adoramos?

Finalmente: ¿Cuándo adoramos? Bien, en Romanos, capítulo doce, estamos de acuerdo con los que nos dirían que adoramos cada día. Adoramos cada día. Todas nuestras actividades han de ser hechas como un ejercicio de adoración y devoción a Jesucristo:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

Cada día tenemos que adorar a Dios en nuestras tareas, en nuestras relaciones, en todo lo que hacemos en este cuerpo físico, ofrecido a Dios como adoración espiritual, como una forma de sacrificio y alabanza a Dios. Pero recuerden: no estoy hablando de la adoración privada de cada uno, sino que estoy hablando de la adoración colectiva, estoy hablando de la adoración que se lleva a cabo por el pueblo de Dios congregado en la presencia de Dios.

¿Responde la Biblia a la pregunta: cuándo ocurre esto? La respuesta del Nuevo Testamento es que esto ocurre en el primer día de la semana, el día que la Iglesia primitiva comenzó a llamar el día del Señor. En el antiguo pacto, el día de reposo, el séptimo, de adoración a Dios era un descanso de las labores cotidianas para poder dedicarse a la labor de adorar a Dios.

Se nos dieron dos razones para cumplir el cuarto mandamiento. En Éxodo veinte, en el versículo once, la razón para el día de reposo, la de acordarse de santificarlo, se dio debido a la actividad creadora de Dios. Dios creó los cielos y la tierra en seis días, y al séptimo día descansó. Y como nosotros somos portadores de la imagen del Dios que nos creó, la creación es una razón para la observancia del día de reposo.

Pero luego, en la segunda entrega de la ley, en Deuteronomio cinco, quince, la razón para el cuarto mandamiento cambió, y ahora al pueblo de Dios se le dice que se acuerde del día de reposo para santificarlo porque han sido redimidos de Egipto con brazo fuerte y poderoso.

La creación y la redención son las dos razones para guardar el día de reposo en la adoración del antiguo pacto. Ellos recibieron leyes ceremoniales que también estaban asociadas con los servicios de adoración del séptimo y el octavo día, para responder a la pregunta de cuándo se debe reunir la comunidad para adorar en la presencia de Dios en una adoración colectiva.

Ahora bien, en el nuevo pacto las cosas viejas pasaron y todas las cosas han sido hechas nuevas. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado en el nuevo pacto? Jesucristo resucitó de los muertos, y esa es la diferencia, algo sin precedente alguno. Jesucristo resucitó de los muertos, así que ahora, si algún hombre está en Cristo, es ¿qué? Es una nueva criatura.

El nuevo cosmos, el nuevo cielo y la nueva tierra, ya han comenzado a ser formados en la sustancia y el material del Jesucristo resucitado. En ese cuerpo resucitado existe un universo totalmente nuevo que se está formando. Él es el segundo Adán, y con su cuerpo glorificado y resucitado está también la promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra, glorificados y purificados.

Cuando Jesucristo resucitó de los muertos, resucitó el primer día de la semana, y en ese día se reunió con sus discípulos. Juan es específico en Juan veinte, que fue el primer día de la semana cuando Jesús se reunió con sus discípulos.

Y al hacer eso, al acudir a su asamblea, al estar Jesús con ellos, les comunicó la bendición sabática de su presencia, y mediante ese hecho, no por su mandamiento, Él cambió el día: del séptimo al primero. Y después, en el día de Pentecostés, que fue el primer día de la semana, Él derramó su Espíritu y le dio a la iglesia el inicio de la herencia, el anticipo del glorioso día de reposo que está delante de ellos en los cielos nuevos y la nueva tierra, el Espíritu Santo, el anticipo de nuestra herencia.

Así como el día de reposo del antiguo pacto estaba basado en la obra de la creación de Dios y en la obra de la redención de Dios, ahora, en el nuevo pacto, la obra de la redención es la obra de la creación, porque la redención abarca la creación.

Somos nuevas criaturas, y como nuevas criaturas, ahora tenemos nuestro día que conmemora esta gran obra redentora de la nueva creación. Y es nuestra esperanza, y es nuestra experiencia como personas nacidas de nuevo y resucitadas de entre los muertos, que nosotros ya tenemos un anticipo de esta bendición sabática gloriosa y eterna de entrar en el reposo de Dios.

Así que ahora tenemos nuestro día, un día en el que nos reunimos ante el Señor del día de reposo y experimentamos la esencia de la bendición sabática, la cual es de nuevo:

“Yo seré tu Dios, y tú serás mi pueblo, y moraré en medio de ti”.

Dios viniendo a morar con su pueblo era la esencia de su adoración asociada con la bendición sabática, y cuando Jesús vino a morar con ese grupo congregado de discípulos en el primer día de la semana, transfirió la bendición sabática al primer día de la semana. Realmente podría predicar toda una serie sobre este tema.

Como ven, la bendición sabática se le dio a los portadores de su imagen. Es parte de nuestra imitación de Dios, parte de haber sido hechos a su imagen. Es hacer lo que Él hace, estar con Él, es vivir con Él; esa es la esencia de lo que es adoración, esa es la esencia de lo que es salvación.

Esa es la esencia de lo que es la bendición sabática: Dios con nosotros, Dios con nosotros. Nosotros somos su pueblo, y Él está con nosotros. En la Iglesia primitiva, en Hechos capítulo veinte y versículo siete:

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan”.

Primera de Corintios capítulo dieciséis, versículo uno (versículo dos):

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.

En Apocalipsis capítulo uno, en el versículo diez, Juan dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”.

Luego, al final del primer siglo, cuando se escribió el libro del Apocalipsis y la Iglesia primitiva leyó las palabras de Juan: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”, no se miraron el uno al otro diciendo: “¿qué está diciendo?”. ¿Cuándo fue, entonces? Alguien dijo: “Miércoles por la mañana”; nooooo, “jueves por la tarde”; no. “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”.

Todos ellos sabían exactamente de qué día estaba hablando; estaba hablando del primer día de la semana, estaba hablando del día que marca la bendición de la resurrección, ese día que marca la redención de las nuevas criaturas, ese día que conmemora la venida de Jesucristo a la asamblea de su pueblo, ese día que marca la venida del Espíritu Santo como el anticipo de nuestra herencia, ese día que nos da una probada de las glorias del día de reposo que nos esperan.

Por tanto, en Hebreos, capítulo cuatro, versículo nueve, cuando el escritor nos dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (el original dice: “queda un reposo esperando para el pueblo de Dios”), no nos está enseñando; lo siento, no estoy de acuerdo con algunos maestros modernos a los que respeto, pero que toman este pasaje y le dicen al pueblo de Dios que el escritor aquí está enseñando sobre la justificación y el descanso de nuestras obras y confiando en la obra terminada de Jesucristo, y por eso ese entrar en el reposo de Dios es simplemente lo mismo que ser justificado sólo por la fe, por medio de la gracia, en Cristo.

Yo creo que la justificación es sólo por la fe, por medio de la gracia, en Cristo solamente, pero no creo que esto sea lo que está enseñando este pasaje. El escritor de Hebreos no está tratando de explicarle al pueblo de Dios la doctrina de la justificación, sino la doctrina de la santificación, y en particular la doctrina de la perseverancia.

Y está señalando a Jesucristo, y está diciendo, que como Cristo terminó su obra y entró en el reposo de Dios ―algo que no les dio Josué, algo que David no conoció, algo que el hombre no ha conocido desde que cayó y fue expulsado de la presencia de Dios en el huerto―, hay uno que ha entrado en ese reposo: Jesucristo.

Ahora ustedes también, que están en el desierto como lo estuvieron los israelitas, no hagan como ellos, que oyeron la palabra en incredulidad y muchos de ellos cayeron y no pudieron entrar en el reposo, no entraron en la promesa de Dios porque no perseveraron hasta el fin; Jesús perseveró hasta el fin, y ustedes, como Él, al seguirlo, deben perseverar hasta el fin.

Deben perseverar y terminar las obras que Dios les ha dado que hagan, y cuando las hagan, también entrarán en su reposo. Por eso nos espera un reposo, hay un recuerdo, hay una observancia de un día de reposo del nuevo pacto en el día del Señor. Eso nos dice que estamos en el desierto, que no hemos llegado aún a nuestro destino, pero que nos dirigimos a la tierra prometida.

Estamos de camino, y cada día del Señor recibimos un ajuste quiropráctico y enfocamos nuestra cabeza en la dirección correcta. Nos dirigimos a casa; sigamos hacia delante. Nos dirigimos a casa, estamos en la presencia de Dios, así que sigamos adorando, sigamos sirviendo, sigamos obedeciendo, y no nos demos la vuelta, sino perseveremos. Eso es lo que está diciendo en Hebreos capítulo cuatro. Terminen las buenas obras, no sólo que Dios ha terminado la buena obra en ustedes, sino que en Apocalipsis ellos entran en su reposo porque sus obras les siguen. Han descansado de sus obras.

De esto está hablando, de terminar la obra de la santificación, la obra de la perseverancia, y requiere que usted se ocupe de su salvación con temor y temblor y ponga todo de su parte, porque Dios está obrando en usted tanto en el querer como en el hacer por su buena voluntad. No ponga el punto muerto; no ponga el control de crucero ni dé marcha atrás, sino siga hacia delante.

Por tanto, acuérdese del día de reposo y santifíquelo. Reúnase con el pueblo de Dios, fije sus ojos en Cristo Jesús, y corra la carrera que tiene por delante, dejando a un lado los pecados y estorbos que tan fácilmente le acosan, y mantenga sus ojos en Cristo. Guarde el día santo, siga congregándose. No dejen de congregarse, Hebreos diez, veinticinco.

Cuando hay un día de reposo esperando, cuando la iglesia se reúne, acuda. Cuando se abre la Palabra de Dios, escúchela. Cuando se dé la Comunión, participe. Usted llega a la mesa de Cristo, Él está presente ahí con usted, y eso es una muestra del cielo; siga probando, pruebe y vea que el Señor es bueno, siga bebiéndole, siga comiéndole, siga respirándole, siga viviendo con Él y para Él, y persevere, continúe. Este es el mensaje de Hebreos, y es en este contexto que tenemos que entender lo que se dice.

Cuando dice que hay un reposo esperando, no está hablando de la justificación, sino que está hablando de la perseverancia, está hablando de terminar la carrera, de llegar a la línea de meta. Por tanto, el día de reposo fue hecho para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Es la bendición de Dios morando entre nosotros, y probar eso nos hace tener hambre para continuar.

¿Para qué está viviendo? ¿Para qué sirve su vida? ¿Qué es aquello en lo que merece la pena gastar sus energías? ¿Cuál será el pequeño epitafio que se leerá en su tumba? ¿Por qué cosa le recordarán sus familiares y amigos? Eso es lo que harán, sabía, cuando usted muera. Usted vive toda su vida; pequeño epitafio: así es como hizo todo su dinero. ¿Qué dirán ellos de usted? Ah, recuerdo a mi papá, recuerdo a mi tío, recuerdo a mi tía, recuerdo a mi hermana; saben, su vida consistió en… ¿qué? Y su vida se resumirá en una cosa que la gente sabe que es por la que usted vivía: ¿cuál es esa cosa?

Oro para que sus familiares y amigos, cuando usted muera, digan esto de usted: adoraba al Dios viviente. Adoraba al Dios viviente. Para él o ella, no había nada más importante.

En medio de una crisis económica, en medio de una crisis familiar, en medio de una crisis nacional, en medio de la enfermedad, en medio del desafío, en los buenos momentos, en los malos momentos, cada día del Señor. Ellos vivieron por una cadencia sabática. Camine en ella.

Cada séptimo día: me congrego, estoy con el pueblo de Dios. Así es como logré atravesar mi desierto: guardando el templo sabático, reuniéndome con el pueblo de Dios, ofreciendo adoración, viviendo con Él y probando el amor del Dios que me ama y me visita, y me enseña cómo amar a mis hermanos y hermanas y me da a probar algo más glorioso de lo que yo pudiera imaginar.

Quiero ir al cielo con ustedes, donde viviremos juntos en la presencia de Dios para siempre. Y eso es lo que estamos haciendo aquí, probando un poco, y sabe bastante bien ¿no es así? Lo pruebo y me hace querer probarlo más, me hace querer estar con ustedes, y con nuestro Salvador, viviendo eternamente con Dios. Esto es adoración: Yo seré tu Dios; tú serás mi pueblo, y moraré contigo.

Ahora bien, el pueblo de Dios se reúne cada día del Señor. ¿Dirían que hay algún otro lugar donde preferirían estar? ¿Dirían que hay alguna otra persona con la que preferirían estar? ¿Dirían que hay algo más importante que hacer para ustedes? Perdón, usted es una piedra viva del templo del Dios viviente y quería hacer, ¿qué? Ve, cuando agarran la bendición, nada de esto es legalismo, nada de esto nos supone un esfuerzo, sino que es vida. Esto es vida, vivir para la gloria de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo. ¡Aleluya! Gloria sea al Dios que viene a morar entre nosotros en amor, y vida, y bendición, y gracia. Adoremos y postrémonos ante Dios nuestro hacedor. Amén.

Oremos: Dios y Padre nuestro, oramos que puedas encontrarnos en nuestros corazones congregados en torno a ese trono glorioso sobre el que el Cordero es exaltado, junto a las miríadas de miríadas y alabando a nuestro Salvador y Rey. Digno es el Cordero. Digno es el Cordero.

Nos postramos, y adoramos tu santo nombre. Déjanos probar tu presencia, déjanos probarte a ti, el buen Dios viviente, y aumenta nuestra hambre, aumenta nuestro gozo, aumenta nuestra esperanza, aumenta nuestra fe, aumenta nuestro amor. Glorifica el nombre de Jesucristo entre nosotros, te rogamos. Amén.

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